Contra la Corriente, n.º 10, diciembre de 1943 (págs. 19-23). PDF del número completo

Después de doce meses de ansiedad y temor, los poseedores imperialistas de la India pueden respirar tranquilos. La ola revolucionaria que recorrió el país en los meses que siguieron al último agosto, han empezado a declinar.

No obstante, la crisis solamente ha sido aplazada. La situación económica de las masas no presenta síntomas de mejoría. Millones de personas siguen sufriendo hambre y miseria. Tampoco se ha relajado la represión totalitaria. El número de presos políticos ha alcanzado la monstruosa cifra de 20.000, y diariamente nuevas víctimas aumentan la lista. A pesar de todo ésto, sin embargo, el número de huelgas y manifestaciones en las ciudades industriales y los levantamientos de campesinos en las villas han sufrido un descenso en el año en curso. El periodo de actividad revolucionaria de masas ha pasado.

Hay gentes que pretenden explicar cada derrota popular con la cómoda fórmula: "El enemigo era demasiado fuerte". Para esta gente el enemigo será siempre demasiado fuerte. El marxismo, por otra parte, requiere, exige, el analisis mas honrado y consciente de cada aspecto de la derrota como requisito indispensable para la victoria final.

Todo menos adoptar esa fórmula fatalista como explicación de la marcha de los sucesos en la India, durante los últimos doce meses. Si el imperialismo británico ha logrado capear el temporal, no fué precisamente a causa de las fuerzas imperialistas que disponía. Fué un hecho significativo del año pasado la utilización de la fuerza, por el gobierno de Virrey, en una forma y extensión jamás conocidas en la India. Por primera vez la potencia aérea fué empleada sistemática e inexorablemente contra las masas de campesinos poseedores de las armas mas rudimentarias y, a menudo, desarmados. Pero esto se debió a que la rebelión, especialmente en los centros del movimiento agrario, asumió tales proporciones que la vieja técnica de represión resultó insuficiente. Sobre extensas áreas de Bihar, Orissa, las provincias centrales y Bengala, la tarea a la que se enfrentaron los "defensores de la democracia", no fué ya la represión de insurrecciones locales, sino la reconquista y la dominación de vastos territorios en que la administración inglesa había sido totalmente destruida.

La causa fundamental de la derrota fué que las masas de la India se enfrentaron con dos enemigos, de los cuales solo uno era visible. Fueron orientadas por líderes que consideraban su victoria como el mayor desastre posible. Cuando en Agosto del pasado año, Gandhi y sus colegas en el Congreso Ejecutivo consintieron en inaugurar un nuevo movimiento de masas, en lo último que hubiesen pensado era en llevar dicho movimiento hasta sus últimas conclusiones, ya que no podían dejar de comprender que las masas en la India hoy día no respetarían los sagrados derechos de la propiedad industrial y agrícola que tan celosamente ellos defienden. Las masas populares del campo odian tanto a los imperialistas británicos como a los señores y usureros, sus opresores inmediatos.

Una rebelión popular contra el imperialismo asumiría desde el comienzo un caracter clasista. Los acontecimientos de la India han demostrado esto ampliamente. Una India libre del imperialismo significaría también una India libre de feudalismo y capitalismo. Esto no desean ver los líderes del Congreso. Los que fueron campeones en la defensa de señores y principes, hasta el extremo de encarcelar a cientos de campesinos militantes durante el periodo del ministerio del Congreso, no tenían deseo de ir a una lucha que fuera más allá de sus extrechos intereses reformistas. Por consiguiente, cuando sancionaron el tercer movimiento de desobediencia civil, no pretendieron sino volver a recuperar su prestigio político y sus puestos en el Congreso.

La actitud real de los líderes del Congreso, en vísperas de la Revolución fué expresada claramente por Pandit Nehru, en el momento de su detención: "Gracias a Dios, han venido", dijo.

Tampoco deseaban estos líderes romper la paz industrial en un periodo en que la burguesía nacional después de un periodo de largos y tranquilos años, había empezado a recoger la cosecha de oro de la guerra. Las cifras que siguen, referentes a las ganancias en el ramo textil arrojan mas luz sobre la actitud de los líderes del Congreso, que todos los discursos juntos:

193719401941
Fabrica KohinarRupias10.171.17510.836.70044.205.140
Fábrica Madura" "9.089.96013.937.42035.776.620
Fabrica New Victory" "2.169.3503.697.18010.988.750

Desde el comienzo de la guerra, la nota dominante en la política de los líderes del Congreso fué la de frenar los movimientos de las masas. Se hizo esto evidente en el curso del movimiento de desobediencia civil abierto por Gandhi en el verano de 1941. No solo eligio Gandhi el movimiento individual de resistencia pasiva sino también cada palabra de su discurso. Se impidio en toda forma que las masas invadieran el campo político. Cuando los trabajadores de Bombay sugirieron que los esfuerzos individuales de los cruzados podían complementarse con manifestaciones de masas de las fábricas, fueron brevemente informados que no debía interrumpirse la normalidad económica del país. ¡No interrumpir las ganancias!

La transformación del movimiento de desobediencia individual en colectiva, el año siguiente, fué una continuación de su vieja política. La burguesía india no pensó que sus confiados lugartenientes hubiesen tomado el camino de la revolución. Solamente una representación del capitalismo nativo abogó por el alivio de Gandhi en su ayuno. Y su interés no fué dictado por lealtad a los ideales democráticos, sino porque deseaban su liderazgo en el movimiento como salvaguardia insuperable contra los peligros del bolchevismo en India.

Los sucesos que siguieron muestran que hasta el momento de su arresto, el Mahatma buscaba una oportunidad que le permitiese asestar un golpe al celebrado lío. En los momentos en que se suponía que preparaba y perfeccionaba el plan de campaña para la "última y decisiva lucha", sobre la consigna "Obrar o morir", el gran líder pasaba ansioso en su cabaña esperando un mensaje del Virrey que tardaba en llegar. Esto fué finalmente concedido en la correspondencia de Gandhi y Linlithgow, publicada no hace mucho. En su carta de 12 de Agosto, Gandhi escribió: "El Gobierno de la India debía haber esperado a que yo iniciase el movimiento de masas. He dicho publicamente que meditaba escribirle antes de ir a una acción concreta. Iba a hacer una apelación a Ud. para que examinase con imparcialidad el caso del Congreso. Como ya Ud. sabe el Congreso ha completado cada omisión que ha descubierto en la concepción de sus demandas. Podría haber estudiado las dificultades surgidas si Ud. me hubiese dado la oportunidad de hacerlo". Lo mismo, en su carta de 28 de Septiembre: "Me aventuro a asegurar que si el Gobierno hubiese aguardado mi carta a su Excelencia, el Virrey, y el resultado posterior, ninguna calamidad habría sucedido al país y la deplorable destrucción mencionada habría sido evitada".

[ilegible], el premier del ex-Congreso de Madrás, que a pesar de su abierta deserción al campo imperialista sigue en buenos términos de amistad con Gandhi, ha revelado que éste jamás esperó poner en práctica las resoluciones del Congreso. Esperaba -dice- "persuadir al Virrey para entablar negociaciones". "Los líderes del Congreso fueron detenidos antes de emitir instrucciones al pueblo". Esto quedó comprobado plenamente por la carta de Gandhi al Virrey, del 12 de Agosto: "El movimiento del Congreso tenía la intención de provocar en el pueblo las medidas de sacrificio suficientes para llamar la atención".

Pero las masas hindús no deseaban ser utilizadas como simples peones en manos de Gandhi y los líderes del Congreso. Ellas habían interpretado la bandera del Congreso como un símbolo de lucha revolucionaria contra el imperialismo opresor. La detención de los líderes del Congreso fué la señal para un movimiento revolucionario independiente. Pero los líderes burgueses no pudieron perdonar nunca a las masas la renuncia a los eternos principios de la no-violencia y resistencia pasiva. No necesitaban la presión del Virrey para desconocer y declinar toda responsabilidad por la acción de la "canalla" revolucionaria. "Sintieron" y "deploraron" el terror por el cual las autoridades esperaban dominar la rebelión. Pero nunca negaron el derecho del imperialismo a utilizar la violencia contra las masas.

Desde sus cómodas habitaciones de la prisión, los líderes burgueses esperaban el día en que las huelgas y los pronunciamientos campesinos dieran paso a las conferencias y a las negociaciones. Toda la filosofía del liderazgo partidario de Gandhi, se resume en la carta de éste, fecha 3 de Septiembre: "La única conducta justa del Gobierno me parece que debe ser la libertad de los congresistas, la cesación de toda medida represiva y la exploración de las formas y los medios de reconciliación. Seguramente el Gobierno posee amplios recursos para dominar cualquier acto de violencia pública".

No puede dudarse que a medida que las experiencias de los últimos doce meses aceleraban la formación de la consciencia del movimiento antiimperialista, se abría un abismo entre las masas y su dirección. Los militantes, particularmente los jóvenes socialistas, están despertando a una comprensión política y de clase sobre la actual situación. Esto último se revela palpablemente en el reciente documento expedido bajo el nombre de Jai Prukash Narain, el líder fugitivo del partido socialista del Congreso: "Nuestra revolución atraviesa actualmente un periodo de decadencia. Esto no se debe a la intervención de fuerzas imperialistas superiores, sino a estos dos importantes factores: la falta de una organización eficiente y de un programa completo de Revolución Nacional. Pasada la primera fase de la insurrección no se expuso al pueblo un programa mas avanzado. Habiendo ejecutado sobre vastos territorios la tarea negativa de la destrucción, nuestra Revolución exije un programa positivo. El pueblo que destruyó los objetos y los medios de administración del poder extranjero y barrió a sus agentes, debería haber reemplazado a aquellos con sus propias unidades de Gobierno revolucionario y creado su propia política y su propia milicia. De haberse realizado ésto se habría evitado el desperdicio de una potente energía sin precedente y se hubiera abierto el camino para el trabajo constructivo; la ola revolucionaria se hubiese agigantado hasta que el pueblo hubiese tomado el poder supremo en todo el país".

Este documento da idea clara del pensamiento básico en las filas inferiores del Congreso y en la vanguardia socialista, y sus discrepancias con los líderes del Congreso. "Si hubiéramos tenido un programa las cosas hubieran sido diferentes" y se agrega "el pueblo debería de haber creado sus propias unidades de Gobierno Revolucionario". ¡Muy bien! ¿Pero, qué se hizo? ¿No era deber de los que pretendían ser líderes de la lucha formular programas justos? Si los soviets debían ser los órganos de la lucha, entonces, ¿por qué no fueron mencionados por los líderes del Congreso, antes de la lucha o en el curso de la misma? Y el último que hace el documento para contestar estas preguntas, nos muestra que el socialismo del Congreso no ha cambiado su papel de encubridor de los dirigentes burgueses: "La ansiedad, la urgencia, la determinación -escribe Narain- que caracterizó la actitud de dirigentes como Gandhi, el Dr. Prasad y Sardar Patel, se reflejó en la mente y en el corazón de los dirigentes del Congreso".

Tal ceguera para apreciar la realidad de los hechos, expresa o un máximo de estupidez o la decepción de las masas. Representa también la bancarrota del socialismo pequeño-burgués como fuerza independiente en la lucha india. Las masas necesitaban un programa, pero semejante programa solo podía basarse en sus necesidades económicas fundamentales. Se necesita un programa que una la lucha actual del campo y las ciudades industriales contra el imperialismo. Un programa tal, debe incluir la atrasada revolución agraria y las medidas mas radicales en interés del proletariado industrial. De haber existido un partido revolucionario en la India, que tuviese una comprensión clara del problema y que hubiese mostrado el camino de clase, oponiendo los trabajadores y campesinos al traicionero programa burgués del Congreso, la situación en la India se hubiese transformado completamente. Un partido revolucionario que propugne el establecimiento de comités de trabajadores en las ciudades y comités de campesinos en el campo, luchando para desembarazarse de imperialistas y propietarios, recibiría una ayuda valiosa. Fué -como indica Narain- por la falta de tal dirección por lo que la rebelión campesina, aislada, desvinculada, sin objetivo ni perspectiva, quedó facilmente hecha pedazos por la fuerza centralizada del estado imperialista que recorrió sistemáticamente el país, sin encontrar la debida resistencia. Esta ayuda a los campesinos debe ser suministrada por los obreros de las ciudades. Puesto que la burguesía es incapaz de dirigir el movimiento campesino, siendole incluso hostil, la dirección del mismo debe tenerla el proletariado. Es esto lo que la pequeño-burguesía radical del Congreso -el P.S.- no sabe comprender. En lugar de proclamar ésto con valentía, ellos siembran el confusionismo, descargando su responsabilidad por la derrota sobre la espalda de algunos líderes del Congreso. En lugar de un analisis político, el fracaso es achacado a defectos de organización. ¡Como si las bases de organización no surgieran de la posición política de participantes y organizadores! Y así después de doce meses de lucha la Revolución India ha llegado a un punto muerto. La historia, no obstante, suministra su propia compensación. Por su misma inmovilidad la revolución ha puesto en movimiento fuerzas ocultas que la prepararán para un nuevo periodo de levantamientos, bajo condiciones más favorables. Este alto favorecerá el desarrollo ulterior de la lucha. La contradicción entre el equipo orgánico e ideológico y las necesidades de la lucha, tuvo que producir la experiencia de la derrota, antes de hacer nuevos ajustes. Desde este punto de vista, las experiencias de los últimos doce meses contribuirán grandemente a la educación política de la vanguardia de las masas, mejor que cualquier otro periodo de los últimos años. El periodo venidero será testigo de la resurrección del marxismo en escala sin precedentes, y su desenvolvimiento tendrá lugar bajo condiciones mas ventajosas que las que envolvieron su nacimiento. La fundación de la III Internacional, por Lenin y Trotsky, trajo el nacimiento del marxismo como una corriente distinta en la India, y la formación del primer grupo comunista de trabajadores. Miles de trabajadores y estudiantes, desilusionados por la traicionera conducta de Gandhi, se reunieron bajo la bandera del marxismo revolucionario, con convicción y renovadas esperanzas. Sus luchas y sus sacrificios constituyen una de las páginas mas gloriosas en la historia de la clase trabajadora india.

Pero aun antes de que las elementales tareas de organización pudieran ser efectuadas, la burocracia soviética ha logrado establecer su marchitante dominio sobre la Internacional. Lo mismo que las demás secciones de la Internacional Comunista, el Partido Comunista de la India fué transformado en una simple sucursal de la burocracia del Kremlin y los intereses de las masas fueron sacrificados a los intereses estrechos y nacionalistas de sus amos de Moscú. Hoy día, el stalinismo indio ha llegado a convertirse en la organización más detestada del país. Estos nuevos mercenarios de Churchill no deben quejarse cuando, su periódico "World News and Views" admite que sus servicios son despreciados y sus miembros atacados por los trabajadores. Como los quislings de Hitler, estos traidores subsisten gracias a la benevolencia y al apoyo de sus aliados conquistadores. Los meses que vienen serán testigos de la completa desintegración del stalinismo como factor en la política india.

Con la decadencia y la rápida marcha hacia la muerte del stalinismo, el marxismo vuelve a la vida en los florecientes cuadros juveniles de la IV Internacional en la India. En el futuro, la vanguardia de las masas antiimperialistas indias se apartará asqueada de la política fracasada de la burguesía nacionalista y de sus "aliados" socialistas, para encontrar en el programa y los principios de la IV Internacional la garantía última de la liberación de la India.

La tarea a la que se enfrentará esta vanguardia revolucionaria de la India, es la misma a la que se enfrenta la clase trabajadora del mundo: forjar el partido de masas del proletariado indio, el único que puede transformar el caracter del movimiento disperso y tullido de las masas y conducirlas victoriosamente en su lucha contra el imperialismo y el capitalismo, hasta lograr su libertad.