Contra la Corriente, n.º 12, febrero de 1944 (págs. 5-6). PDF del número completo
Ya está la competencia iniciada. No habiendo podido llegar a ningun arreglo con los componentes de la Junta Española de Liberación, los que hubieran querido integrarse en ella, stalinistas, cuatro republicanos y los fugitivos del anarquismo agrupados en torno a Garcia Oliver, han creado su propia juntita y escrito su propio programa.
De acuerdo con la terminología y los designios ultrapatriotas y ultraburgueses irradiados en los últimos tiempos desde Moscú, el organismo se llama Junta Suprema de Unidad Nacional; el programa, imitando a otros elaborados por los patriotas stalinistas y estalinófilos de todos los países, pone especial cuidado en satisfacer a la caverna española, a la que, sin poderlo confesar explicitamente, todo él se dirige tácitamente.
Ha sido pegado en las paredes de la ciudad, encabezado con las mismas palabras con que Alfonso XIII acostumbraba dirigirse a nosotros, sus amados e ingratos súbditos: "¡Españoles... etc.". Los de la Junta suprema han realizado de un solo plumazo el ideal de fraternidad humana. Hubo una vez unos barbudos, Marx, Engels, Bakunin, que se pusieron a blasfemar negando que éste existiera, dividiendo a la sociedad en clases e incitando perversamente a los de abajo a sublevarse contra los de arriba. Pero la providencia nos ha deparado un Stalin con una buena camada de incondicionales. Ellos van a restablecer el orden. ¿En España existir burgueses y proletarios, latifundistas y campesinos misérrimos, opresores y oprimidos, encarcelados y carceleros, asesinos y asesinados? ¡Quia!; en España no existen mas que españoles, a cuya felicidad se oponen unos cuantos malos españoles tintos de alemán. Aguárdese un momento a que los de la Suprema nos liberen de los tintos de alemán y se verá a todos los Juán March hoy obligados por Franco a reprimir sus buenos sentimientos, dar ósculos de paz y fraternidad a los millones de Juán Lanas. Pero nosotros, que aún pensamos en lo que dijeron los barbudos, sospechamos que a los nuevos nacionalistas les ocurrirá mas o menos lo que a Alfonso XIII. Los españoles de abajo, díscolos, no se resignarán a recibir la felicidad de sus manos ni a fraternizar con los de arriba. Resultará, otra vez, la lucha de clases, nuevas acometidas por la revolución social. Y los de la Surpema se verán entonces obligados a tomar descaradamente partido por los Juán March contra los Juán Lanas. Nosotros les acusamos de haberlo tomado ya, al abrigo de sus hipócritas letanías dirigidas a todos los españoles; pero en el futuro se verá mas diáfanamente.
La existencia de las dos Juntas, si con el tiempo no llegan a fundirse, originará una competencia nunca vista. Del programa de ambas está totalmente ausente el socialismo y la lucha de clases. Una y otra se proponen crear un gobierno para todos los españoles, basado en el sistema capitalista de propiedad. Eso les lleva a luchar contra las tendencias revolucionarias del proletariado. Pero mientras la junta de Prieto guarda un poco mas las formas no comprometiéndose en llamamientos públicos a generales, requetés, falangistas y clerigalla franquista, la junta stalinista pone especial énfasis en ello. Trata de dar mayores garantías a la reacción española y a los imperialismos de quienes solicita apoyo. Y como Prieto aspira también en España a una sociedad simi-corporativa y ansía encontrar los mismos apoyos imperialistas, veremos en el futuro a las dos juntas tratando de sobrepasarse en calidad y ostentación reaccionarias. Cada una procurará inspirar al capital mas confianza que la otra. No podemos recomendarles sino que continúen por ese camino. Mientras mas hagan menos podrán engañar al proletariado. Con juntas como las dos constituidas, la tarea de los revolucionarios se facilitará.