Segundo congreso general de la Asociación Internacional de los Trabajadores, celebrado en Lausana del 2 al 7 de septiembre de 1867, con delegados de Inglaterra, Francia, Alemania, Bélgica, Italia y Suiza. Resoluciones sobre las cuestiones 3.ª, 4.ª, 5.ª, 7.ª y 8.ª y decisiones sobre la 9.ª según las Procès-verbaux du Congrès (La Chaux-de-Fonds, 1867), citadas por James Guillaume, que dirigió su impresión, en L'Internationale. Documents et souvenirs, t. I, París, 1905, cap. IV (Wikisource); resoluciones sobre las cuestiones 1.ª, 2.ª y 6.ª según E.-E. Fribourg, L'Association internationale des travailleurs, París, Le Chevalier, 1871, pp. 110-113 (archive.org). Traducción de la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en francés

Resoluciones sobre la primera cuestión (la Asociación, centro común de acción)

1.º Las secciones no solo deben prestar su concurso a toda idea de progreso en la vida pública, sino también tomar la iniciativa en la creación de instituciones de producción o de cualquier otra naturaleza que tengan una utilidad directa para la clase obrera. Los comités centrales deberán apoyarlas en sus tentativas.

2.º Si el Consejo General no puede publicar un boletín, enviará cada trimestre una comunicación escrita a la oficina central de cada país, que se encargará de hacerla reproducir en los periódicos del país y, ante todo, en los periódicos de la sección.

3.º La cuota central para el año será de diez céntimos1 para todos los miembros de la Asociación Internacional o de las sociedades afiliadas. Se pagará por trimestres.

4.º Los delegados de las ramas y de las secciones que no hayan pagado su cuota central no podrán tomar parte en el Congreso.

Resolución sobre la segunda cuestión (el crédito)

El Congreso invita encarecidamente a los miembros de la Internacional en los diferentes países a usar de su influencia para conseguir que las sociedades de oficio destinen sus fondos a la cooperación de producción, como el mejor medio de utilizar, con vistas a la emancipación de las clases obreras, el crédito que hoy conceden a la clase media y al gobierno.2

Aquellas de estas sociedades que no crean oportuno dedicar sus fondos a crear establecimientos cooperativos por cuenta propia deberían emplearlos en facilitar el establecimiento de la cooperación productiva en general, y esforzarse por establecer un sistema de crédito nacional proporcionado a los medios de quienes soliciten su ayuda, independiente de los valores metálicos, y por establecer un sistema de bancos cooperativos.

Resoluciones sobre la tercera cuestión (las asociaciones obreras y el «quinto estado»)

  1. El Congreso piensa que los esfuerzos que hoy hacen las asociaciones obreras (si se generalizan conservando su forma actual) tienden a constituir un cuarto estado que tendrá por debajo un quinto estado más miserable todavía.3

El supuesto peligro de un quinto estado, provocado por los esfuerzos actuales de las asociaciones obreras, se desvanecerá a medida que el desarrollo de la industria moderna haga imposible la producción en pequeña escala. La producción moderna en gran escala funde los esfuerzos individuales y hace del trabajo cooperativo una necesidad para todos.4

  1. Para evitar este peligro, el Congreso piensa que es necesario que el proletariado se convenza bien de esta idea: que la transformación social solo podrá realizarse de manera radical y definitiva por medios que actúen sobre el conjunto de la sociedad y sean conformes a la reciprocidad y a la justicia.

  2. No obstante, el Congreso piensa que hay que alentar todos los esfuerzos de las asociaciones obreras, siempre que se haga desaparecer en lo posible del seno de esas asociaciones la detracción que el capital hace sobre el trabajo, es decir, que se haga penetrar en ellas la idea de mutualidad y de federación.5

Declaración sobre la cuarta cuestión (trabajo y capital)

El Congreso declara que, en el estado actual de la industria, que es la guerra, hay que prestarse ayuda mutua para la defensa de los salarios, pero que cree su deber declarar que hay un fin más elevado que alcanzar, que es la abolición del salariado. Recomienda el estudio de los medios económicos basados en la justicia y la reciprocidad.6

Resoluciones sobre la quinta cuestión (la enseñanza)

  1. Enseñanza científica, profesional y productiva. Puesta a estudio de un programa de enseñanza integral.7

  2. Organización de la escuela-taller.

  3. Considerando que la expresión enseñanza gratuita es un sinsentido, puesto que la pagan los impuestos que se cobran a los ciudadanos, pero que la enseñanza es indispensable y que ningún padre de familia tiene derecho a privar de ella a sus hijos, el Congreso solo concede al Estado el derecho de sustituir al padre de familia cuando este no pueda cumplir su deber. En todo caso, toda enseñanza religiosa debe excluirse del programa.8

  4. El Congreso opina que una lengua universal y una reforma de la ortografía serían un beneficio general y contribuirían poderosamente a la unidad de los pueblos y a la fraternidad de las naciones.9

Resoluciones sobre la sexta cuestión (el Estado)

1.º El Estado no es, o no debería ser, más que el estricto ejecutor de las leyes votadas y reconocidas por los ciudadanos;

2.º Los esfuerzos de las naciones deben tender a hacer al Estado propietario de los medios de transporte y de circulación, para aniquilar el poderoso monopolio de las grandes compañías, que, al someter a las clases obreras a sus leyes arbitrarias, atacan a la vez la dignidad del hombre y la libertad individual. Por esta vía se llegará a satisfacer a la vez el interés colectivo y el interés individual;

3.º Formulamos el deseo de que el hombre culpable sea juzgado por ciudadanos nombrados por sufragio universal; que los ciudadanos jueces conozcan a fondo al culpable y que tengan que investigar las principales causas que han llevado al hombre al crimen o al error.

Pedimos también que ningún culpable sea juzgado fuera de su país, para que puedan examinarse, como acabamos de decir, las principales causas que han podido apartarlo de sus deberes, porque la sociedad entera es demasiado a menudo la única culpable. La falta de instrucción lleva a la miseria; la miseria, al embrutecimiento; el embrutecimiento, al crimen; el crimen, al presidio, y el presidio, al envilecimiento, que es peor que la muerte.10

Declaración sobre la séptima cuestión (las libertades políticas)

Sobre la primera parte de la cuestión,11 el Congreso, considerando que la privación de las libertades políticas es un obstáculo para la instrucción social del pueblo y para la emancipación del proletariado, declara:

1.º Que la emancipación social de los trabajadores es inseparable de su emancipación política;

2.º Que el establecimiento de las libertades políticas es una medida primera de absoluta necesidad.

Sobre la segunda parte de la cuestión, el Congreso decide:

1.º Renovar solemnemente cada año la declaración que precede;

2.º Comunicar oficialmente esta declaración a todos los miembros de la Asociación Internacional de los Trabajadores, así como a los del Congreso de la Paz, pidiéndoles su enérgico concurso para investir por fin a todos los pueblos de los derechos imprescriptibles de 1789.

Resolución sobre el Congreso de la Paz

El Congreso de la Asociación Internacional de los Trabajadores, reunido en Lausana,12

Considerando:

Que la guerra pesa principalmente sobre la clase obrera, porque no solo la priva de los medios de existencia, sino que la obliga a verter la sangre del trabajador;

Que la paz armada paraliza las fuerzas productivas, no pide al trabajo más que obras inútiles e intimida a la producción, poniéndola bajo la amenaza de la guerra;

Que la paz, primera condición del bienestar general, debe a su vez consolidarse mediante un orden nuevo de cosas que ya no conozca en la sociedad dos clases, una de las cuales es explotada por la otra,

Decide adherirse plena y enteramente al Congreso de la Paz que se reunirá en Ginebra el 9 de septiembre, sostenerlo enérgicamente y participar en todo lo que pueda emprender para conseguir la abolición de los ejércitos permanentes y el mantenimiento de la paz, con el fin de llegar lo antes posible a la emancipación de la clase obrera y a su liberación del poder y de la influencia del capital, así como a la formación de una confederación de Estados libres en toda Europa.

El Congreso,13

Considerando que la guerra tiene por causa primera y principal el pauperismo y la falta de equilibrio económico;

Que para llegar a suprimir la guerra no basta con licenciar los ejércitos, sino que hay que modificar además la organización social en el sentido de un reparto cada vez más equitativo de la producción,

Subordina su adhesión a que el Congreso de la Paz acepte la declaración que antecede.

Decisiones sobre el Consejo General y el próximo congreso

Londres se aprueba por unanimidad.14

El Congreso decide nombrar él mismo el Consejo General. Se designa para formar parte de este Consejo a los antiguos miembros que han asistido con más regularidad a sus sesiones, a saber: Besson, Bobczyński, Buckley, Carter, Dell, Dupont, Eccarius, Fox, Harriet Law, Howell, Hales, Jung, Lucraft, Lessner, Lassassie, Lafargue, Lawrence, Marx, Morgan, Maurice, Odger, Shaw, Stainsby, Williams, Weston, Yarrow y Zabicki. El Congreso añade a esta lista al ciudadano Walton, de Brecon, en el País de Gales del Sur.15

El Consejo General queda autorizado para incorporar a otros miembros si lo considera necesario.

La asamblea, por unanimidad menos dos votos, se pronuncia a favor de Bruselas.16

  1. Fribourg imprime «fr. 10», errata evidente; Guillaume indica que la cuota se fijó en diez céntimos, frente a los treinta del reglamento de Ginebra. ↩

  2. El ponente francés, Charles Longuet, defendía en su informe la organización mutualista del crédito gratuito; la resolución votada es la que presentó Eccarius, miembro del Consejo General. ↩

  3. El orden del día preguntaba si los esfuerzos de las asociaciones por emancipar al «cuarto estado» (la clase obrera) no podían llevar a crear un «quinto estado» aún más miserable: es decir, si las cooperativas no crearían una nueva capa de obreros propietarios por encima de los asalariados. ↩

  4. Párrafo añadido a propuesta de Eccarius. Según Guillaume, el congreso rechazó a continuación, a propuesta de Tolain, un párrafo de Coullery que veía en la federación de las sociedades cooperativas el único medio práctico de emancipación. ↩

  5. Fribourg da de esta resolución un texto algo distinto, con «cuarta clase» y «quinta clase» en lugar de «cuarto estado» y «quinto estado». En la discusión, César De Paepe propuso estudiar la entrada del suelo en la propiedad colectiva; la cuestión quedó aplazada al congreso siguiente. ↩

  6. Es la declaración del congreso de Ginebra, que el de Lausana renovó. ↩

  7. La segunda frase se añadió a propuesta de Longuet. ↩

  8. Redacción de Tolain. La comisión había propuesto «libertad de enseñanza, aprobando a la vez la enseñanza obligatoria y gratuita por el Estado». ↩

  9. Las palabras «una lengua universal» se introdujeron a propuesta de Walton. El orden del día incluía la «fonografía», es decir, la escritura fonética. ↩

  10. Guillaume solo reproduce el comienzo de estas resoluciones; damos el texto completo de Fribourg. ↩

  11. La séptima cuestión se añadió al orden del día a petición de una asamblea popular de Ginebra, para poner a prueba, según Guillaume, la sinceridad republicana de los delegados parisinos, a los que se acusaba de bonapartismo. Todos ellos votaron la resolución. ↩

  12. El congreso de la Liga de la Paz y de la Libertad, fundada en París a iniciativa del jurista Émile Acollas y apoyada por la democracia burguesa europea (asistieron Garibaldi y Bakunin), se reunió en Ginebra del 9 al 12 de septiembre de 1867. El Consejo General, a propuesta de Marx, había decidido en agosto que la Internacional no participara oficialmente: véase el Proyecto de resolución sobre la actitud de la Internacional ante el congreso de la Liga de la Paz y de la Libertad. El congreso de Lausana nombró a Tolain, De Paepe y Guillaume para llevar a Ginebra su adhesión condicionada. ↩

  13. Adición propuesta por Tolain, a la que se sumó De Paepe. ↩

  14. Como sede del Consejo General. El delegado parisino Murat renunció a pedir ese año el traslado del Consejo. ↩

  15. Corregimos la grafía de algunos nombres que el acta da deformados (Bobcynski, Buckly, Lassasie). ↩

  16. Como lugar del congreso de 1868. Bruselas, propuesta por De Paepe, se había descartado en 1866 por la ley belga de expulsión de extranjeros; los delegados alemanes proponían Zúrich. ↩