No se conoce acta libre de la I Conferencia Internacional de Cooperativistas Comunistas (Moscú, 1-6 de noviembre de 1922). Esta crónica, escrita por el delegado alemán y ponente Karl Bittel, es la relación de época más completa a la que hemos tenido acceso. Se traduce del alemán de la Internationale Presse-Korrespondenz (edición alemana), año 2, n.º 225, 25 de noviembre de 1922, pp. 1630-1631 (archive.org); la International Press Correspondence inglesa publicó una traducción el 29 de noviembre de 1922 (vol. 2, n.º 104). Los documentos de la conferencia que se conservan en edición libre están en I Conferencia Internacional de Cooperativistas Comunistas. Traducción de la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán
La conferencia cooperativa internacional de Moscú
Al IV Congreso Mundial de la Internacional Comunista lo precedió la I Conferencia Internacional de Cooperativistas Comunistas, celebrada en Moscú del 1 al 6 de noviembre de 1922. Su tarea principal era encontrar para el proletariado consciente de clase una posición de principio clara ante la cuestión cooperativa y mostrar el papel del movimiento cooperativo en las distintas fases del movimiento obrero. Era sobre todo una necesidad urgente determinar, sobre la base de las experiencias internacionales, la línea táctica que debe regir el trabajo cooperativo sistemático de los comunistas dentro de las cooperativas. La conferencia cumplió plenamente estas tareas.
La Segunda Internacional no ha conseguido todavía encontrar ante las cooperativas otra posición que el oportunismo más chato, después de que su intento en su VIII Congreso (Copenhague, 1910) fracasara en un compromiso reformista.1 En ninguna parte es más patente la bancarrota del socialreformismo que en la práctica cooperativa de los socialdemócratas, sobre todo durante la guerra y después de ella.
Ya el III Congreso Mundial de la Internacional Comunista (Moscú, 1921), con sus tesis sobre las cooperativas, había puesto un fundamento marxista al trabajo cooperativo comunista en lugar de las superficiales bases teóricas del trabajo cooperativo socialdemócrata.2
Los informes principales de la conferencia cooperativa de Moscú trataron el tema «Cooperativa y comunismo» en el aspecto de los principios (ponente, Jinchuk, Rusia)3 y en el táctico (ponente, Bittel, Alemania),4 y, junto con el rico debate que siguió a cada uno, plantearon una multitud de cuestiones para llevarlas a una solución. En la cuestión más esencial hubo unanimidad entre los delegados de todos los países: en el marco de la lucha de clases proletaria no existe un «movimiento cooperativo en sí». Por consiguiente, desde el punto de vista de la lucha de clases, hay que combatir del modo más resuelto el llamado «socialismo cooperativo puro». Porque para el proletario consciente de clase solo existe un único movimiento de lucha de clases, y solo hay una política proletaria de conjunto, que tiene en lo organizativo y en lo táctico sus repercusiones sindicales y cooperativas. Eso exige la más estrecha comunidad de lucha entre el partido, el sindicato y la cooperativa. De ahí resulta, para nosotros los comunistas, la incorporación del trabajo cooperativo al trabajo del partido y la subordinación completa del trabajo cooperativo a la disciplina del partido.
El informe de la Sección Cooperativa de la Komintern creada por el III Congreso Mundial (secretario, Kramarov) y los informes de los distintos países mostraron que la III Internacional está todavía demasiado lejos de haber empezado a aplicar sus acuerdos de junio de 1921. De la Rusia soviética (informante, el camarada Kanter) pudo informarse, naturalmente, del trabajo de más éxito. En Bulgaria (Ormanov, Sofía) se ha levantado una gigantesca cooperativa comunista. En Alemania (Bittel) es donde con más profundidad y más éxito se ha emprendido la penetración de las viejas cooperativas con células de fracción; en Francia (Henriet)5 han trabajado algunos camaradas sueltos, mientras que el PCF ha fracasado por completo; en Italia (Tasca)6 los fascistas estrangulan el movimiento cooperativo igual que las bandas blancas en Hungría y Polonia; en Suiza, Austria y los países del norte se registran inicios de un trabajo cooperativo sistemático. El informe sobre el fructífero trabajo de Checoslovaquia no pudo presentarse porque la delegación no llegó a tiempo; en Inglaterra el trabajo está todavía muy mal.
Como resultado se elaboró un estatuto de organización para el trabajo práctico. La consigna es ahora: hay que ponerse ya sin falta, con toda energía, a aplicar los acuerdos sobre las cooperativas del III Congreso Mundial, que esperamos que el IV Congreso Mundial subraye con la mayor insistencia.
Sin duda, un resultado especialmente valioso de esta primera conferencia fue el contacto personal entre los comunistas que en los distintos países están al frente del trabajo cooperativo, y sobre todo con los camaradas rusos, que realizan trabajo cooperativo comunista a gran escala. Pero el mayor resultado fue para todos los delegados conocer por sí mismos la obra de destrucción —tan elogiada por los mencheviques— de los bolcheviques en el «movimiento cooperativo». Una y otra vez volvían el asombro y la admiración ante la colosal obra cooperativa que los comunistas han levantado en pocos años, y que deja muy en la sombra todas las realizaciones de las cooperativas de consumo de Europa occidental.
La conferencia cooperativa intercambió saludos con la Komintern (Zinóviev), con la Profintern (Lozovski), con el Ejército Rojo (Trotski), con Lenin y, por último, con el IV Congreso Mundial. Dirigió un manifiesto a los trabajadores de todos los países y estableció unas directrices para el trabajo cooperativo comunista, para el que fijó también un estatuto de organización.7 Por último, se eligieron los 15 miembros de la Sección Cooperativa, una presidencia (Jinchuk, Meshcheriakov,8 Kramarov, Kaminski, Bittel, Henriet y Tasca) y dos secretarios (Jinchuk y Kramarov).
Es seguro que esta primera conferencia cooperativa internacional representa un punto luminoso en el camino que recorren las cooperativas, junto con todo el movimiento obrero, del reformismo a la revolución. La estrella roja soviética con la hoz y el martillo es también para las cooperativas la bandera bajo la que vencerán a la economía capitalista.
La resolución sobre las cooperativas del Congreso Socialista Internacional de Copenhague (1910); véase Congreso de Copenhague (II Internacional). ↩
Las tesis sobre el trabajo de los comunistas en las cooperativas, aprobadas el 10 de julio de 1921 junto con la resolución que encargó al Ejecutivo crear la Sección Cooperativa. ↩
Lev Mijáilovich Jinchuk, dirigente del Tsentrosoyuz, la unión central de las cooperativas de consumo de la Rusia soviética. ↩
Karl Bittel, del Partido Comunista de Alemania, autor de esta crónica. ↩
Arthur Henriet, cooperativista comunista francés; intervino también sobre las cooperativas en el IV Congreso. ↩
Angelo Tasca, del Partido Comunista de Italia. ↩
Ninguno de estos tres textos se ha encontrado en edición de acceso libre. ↩
Nikolái Leonídovich Meshcheriakov, bolchevique, ponente sobre la cuestión cooperativa en el III Congreso de la Internacional. ↩