Apuntes escritos por Friedrich Engels en Bruselas, probablemente entre finales de 1845 y 1846, en relación con el trabajo de La ideología alemana (véase La ideología alemana. I. Feuerbach). Publicados por primera vez por el Instituto Marx-Engels-Lenin de Moscú en 1932. Traducido de Marx-Engels-Werke, tomo 3 (Berlín, 1969), pp. 541-543, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras, salvo la marcada como de Engels. Texto original en alemán.
a) Toda la filosofía de Feuerbach desemboca en: 1. filosofía de la naturaleza – adoración pasiva, arrobada genuflexión ante la magnificencia y la omnipotencia de la naturaleza –; 2. antropología, y en concreto α) fisiología, donde no se dice nada nuevo, aparte de lo que los materialistas han dicho sobre la unidad de cuerpo y alma, solo que no de forma tan mecánica y, a cambio, algo más exaltada; β) psicología, que desemboca en ditirambos que divinizan el amor, análogos al culto de la naturaleza, y nada nuevo más; 3. moral, exigencia de corresponder al concepto «del hombre», impotencia puesta en acción.1 Compárese § 54, p. 81:2 «la relación moral y racional del hombre con el estómago consiste en tratarlo no como un ser bestial, sino humano.–» § 61: «El hombre… como ser moral», y toda la palabrería sobre la moralidad de La esencia del cristianismo.
b) Que en la fase actual de desarrollo los hombres solo puedan satisfacer sus necesidades dentro de la sociedad; que, en general, desde el primer momento, en cuanto existieron, los hombres se necesitaran unos a otros y solo pudieran desarrollar sus necesidades, capacidades, etc., entrando en intercambio unos con otros: eso lo expresa Feuerbach diciendo que
«el hombre individual por sí no tiene en sí la esencia del hombre», que «la esencia del hombre solo está contenida en la comunidad, en la unidad del hombre con el hombre, una unidad que, sin embargo, solo se apoya en la realidad de la diferencia entre el yo y el tú. – El hombre por sí es hombre (en el sentido corriente); el hombre con el hombre – la unidad del yo y el tú es Dios»
(es decir, hombre en un sentido más que corriente). § 61, 62, p. 83. –
Hasta ahí llega la filosofía: presenta como el mayor resultado, al final de toda su carrera, el hecho trivial de que el intercambio entre los hombres es indispensable, un hecho sin cuyo reconocimiento no se habría engendrado nunca la segunda generación de hombres que existió, y que está dado ya en la diferencia de los sexos. Y encima bajo la forma misteriosa de la «unidad del yo y el tú». Esta frase no sería siquiera posible si Feuerbach no hubiera pensado en el acto sexual, el acto genérico, la comunidad del yo y el tú por excelencia.34 Y en la medida en que su comunidad se hace práctica, se limita también al acto sexual y al entendimiento sobre ideas y problemas filosóficos, a la «verdadera dialéctica», § 64, al diálogo, a «la procreación del hombre, tanto del espiritual como del físico», p. 67. De lo que hace después ese hombre «procreado», aparte de volver a «procrear hombres» «espiritual» y «físicamente», no se dice nada. Feuerbach, además, solo conoce el intercambio entre dos:
«la verdad de que ningún ser por sí solo es un ser verdadero, perfecto, absoluto; de que la verdad y la perfección no son sino la unión, la unidad de dos seres esencialmente iguales». pp. 83, 84.
c) El comienzo de la Filosofía del futuro demuestra ya la diferencia entre nosotros y él:
§ 1: «La tarea de la época moderna fue la realización y humanización de Dios, la transformación y disolución de la teología en la antropología». Cf. «La negación de la teología es la esencia de la época moderna». Filosofía del futuro, p. 23.
d) La diferencia que Feuerbach establece, § 2, entre catolicismo y protestantismo –el catolicismo, «teología», «se ocupa de lo que Dios es en sí mismo», tiene «tendencia especulativa y contemplativa»; el protestantismo, mera cristología, deja a Dios en sí mismo, la especulación y la contemplación, a la filosofía– no es más que una división del trabajo nacida de una necesidad propia de una ciencia aún poco desarrollada. Feuerbach explica el protestantismo a partir de esta mera necesidad dentro de la teología, y a ello se añade luego sin esfuerzo una historia independiente de la filosofía.
e) «El ser no es un concepto general, separable de las cosas. Es uno con lo que es… El ser es la posición de la esencia. Lo que es mi esencia es mi ser. El pez está en el agua, pero de este ser no puedes separar su esencia. Ya el lenguaje identifica ser y esencia. Solo en la vida humana se separa el ser de la esencia, pero también solo en casos anormales, desgraciados; solo en ella ocurre que uno no tiene su esencia allí donde tiene su ser, pero precisamente por esa separación tampoco está de verdad, con el alma, allí donde realmente está con el cuerpo. Solo donde está tu corazón, estás tú. Pero todas las cosas –salvo casos contra natura– están a gusto donde están y son a gusto lo que son». p. 47.
Una bonita apología de lo existente. Salvo casos contra natura, pocos casos anormales, estás a gusto, a los siete años, de portero en una mina de carbón,5 catorce horas solo en la oscuridad, y como ese es tu ser, es también tu esencia. Lo mismo el piecer en una selfactor.6 Es tu «esencia» estar subsumido bajo una rama del trabajo.7 Cf. Esencia de la fe,8 p. 11, «hambre insatisfecha», esta a […]
f) § 48, p. 73. «El medio para unir sin contradicción en uno y el mismo ser determinaciones opuestas o contradictorias es solo el tiempo. Así es, al menos, en el ser vivo. Solo así se manifiesta aquí, por ejemplo en el hombre, la contradicción de que ahora me domina y me llena esta determinación, este propósito, y ahora otra completamente distinta, directamente opuesta».
A esto llama Feuerbach 1. una contradicción, 2. una unión de contradicciones, y 3. eso ha de hacerlo el tiempo. El tiempo «lleno», desde luego, pero siempre el tiempo, no lo que ocurre en él. La frase = que solo en el tiempo es posible un cambio.
En francés en el original: impuissance mise en action. ↩
Salvo indicación contraria, los parágrafos y las páginas citados remiten a los Grundsätze der Philosophie der Zukunft (Principios de la filosofía del futuro, Zúrich, 1843), de Ludwig Feuerbach. ↩
En griego en el original: κατ’ ἐξοχήν. ↩
(Nota de Engels.) Es decir, como el hombre = cabeza + corazón, y hacen falta dos para representar al hombre, en su intercambio uno aparece como cabeza y el otro como corazón: hombre y mujer. Si no, no se ve por qué dos son más humanos que uno. El individuo saint-simoniano. ↩
En las minas inglesas, niños de corta edad se pasaban el día junto a las puertas de ventilación de las galerías para abrirlas y cerrarlas al paso de las vagonetas. Engels lo describe en La situación de la clase obrera en Inglaterra (1845). ↩
En inglés en el original. El piecer era el ayudante, a menudo un niño, que anudaba los hilos rotos en la hiladora; la selfactor (self-acting mule), la hiladora automática. ↩
Este pasaje continúa la idea que en La ideología alemana queda cortada por una laguna del manuscrito, al final de la crítica de la tesis de Feuerbach según la cual el ser de una cosa o de un hombre es a la vez su esencia. ↩
Ludwig Feuerbach, Das Wesen des Glaubens im Sinne Luther’s (La esencia de la fe según Lutero), Leipzig, 1844. ↩