Escrito por Friedrich Engels en francés el 30 de octubre de 1847. Publicado en La Réforme (París) el 1 de noviembre de 1847. No disponemos del original francés: traducido de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 4 (Berlín, 1972, pp. 381-383), por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto alemán de la MEW

Hace unos dos años, los obreros cartistas fundaron una sociedad cooperativa destinada a comprar tierras para repartirlas luego entre sus miembros en pequeñas parcelas de arrendamiento.1 Se espera reducir así la competencia, cada vez mayor, de los obreros fabriles entre sí, retirando del mercado de trabajo a una parte de ellos para formar con ellos una clase enteramente nueva de pequeños campesinos, democrática por naturaleza. Este proyecto, cuyo autor no es otro que el propio Feargus O'Connor,2 ha tenido tal acogida que la Sociedad Agraria de los cartistas cuenta ya de doscientos a trescientos mil miembros, dispone de un fondo social de 60.000 libras esterlinas (un millón y medio de francos) y sus ingresos, que se publican en el Northern Star,3 superan las 2.500 libras esterlinas semanales. En fin, la sociedad, sobre la que más adelante le daré un informe más detallado, ha alcanzado tales dimensiones que empieza ya a inquietar a la aristocracia terrateniente. Es evidente que, si este movimiento sigue extendiéndose con la fuerza con que lo ha hecho hasta ahora, acabará convirtiéndose en una agitación nacional por la toma de posesión de la tierra por el pueblo. Tampoco a la burguesía le gusta esta sociedad: ve en ella una palanca en manos del pueblo que le permitirá emanciparse sin tener que recurrir a la ayuda de la clase media. Justamente la pequeña burguesía, más o menos liberal, mira con malos ojos a la Sociedad Agraria, porque se da cuenta de que los cartistas son ya mucho más independientes de su apoyo que antes de la fundación de la cooperativa. Además, esos mismos radicales, que no aciertan a explicarse por qué el pueblo les muestra tanta indiferencia —consecuencia inevitable, en realidad, de su propia tibieza—, atacan sin descanso y sin desmayo a O'Connor como el único obstáculo que se opone a la unión de los partidos cartista y radical. Bastó, pues, que la fundación de la Sociedad Agraria fuera obra de O'Connor para atraerle todo el odio de los burgueses más o menos radicales. Al principio no le hicieron caso; luego, cuando la conspiración del silencio dejó de ser sostenible, se empeñaron en demostrar que la sociedad estaba organizada de tal modo que acabaría sin remedio en la quiebra más escandalosa; y cuando tampoco este recurso sirvió y la sociedad siguió prosperando, volvieron por fin a la táctica que llevaban diez años empleando contra O'Connor sin descanso y siempre sin el menor éxito: se dedicaron a sembrar sospechas sobre su carácter, a poner en duda su desinterés, a discutirle el derecho que reclamaba de llamarse abogado incorruptible y no retribuido de los obreros. Así, cuando O'Connor publicó hace algún tiempo su informe anual de cuentas, los seis periódicos más o menos radicales —Weekly Dispatch, Globe, Nonconformist, Manchester Examiner, Lloyd's Weekly Newspaper y Nottingham Mercury—, de común acuerdo a todas luces, se lanzaron a combatirlo. Acusaron a O'Connor de los robos y desfalcos más desvergonzados, que trataban de probar, o de hacer verosímiles, con las cifras mismas del informe. Pero, lejos de darse por satisfechos con eso, hurgaron en la vida del célebre agitador: sobre él se amontonó una montaña de acusaciones, cada una más grave que la anterior, y sus adversarios bien podían creer que la montaña lo aplastaría. Pero O'Connor, que lleva diez años combatiendo sin tregua a la llamada prensa radical, no se tambaleó bajo el peso de esas calumnias. En el Northern Star del 23 de este mes publicó una respuesta a los seis periódicos. Esta respuesta, una obra maestra de la polémica que recuerda los mejores escritos de combate de William Cobbett,4 refuta acusación por acusación, pasa luego a la ofensiva y dirige contra los seis redactores ataques muy peligrosos, llenos de orgulloso desprecio. Esta respuesta ha bastado también para justificar a O'Connor a los ojos del pueblo. El Northern Star del 30 de este mes publica las votaciones con que, en más de cincuenta localidades, asambleas públicas de los cartistas reafirman su confianza sin reservas en O'Connor. Pero O'Connor quiso dar a sus adversarios ocasión de atacarlo ante el pueblo reunido. Los desafió a sostener sus acusaciones en asamblea pública en Manchester y en Nottingham. Ninguno de ellos se dejó ver. En Manchester, O'Connor habló durante cuatro horas ante más de diez mil personas, que lo colmaron de aplausos atronadores y le reafirmaron por unanimidad la confianza que tienen en él. La multitud era tan enorme que, fuera del gran meeting en que O'Connor se defendió en persona, hubo que celebrar otra asamblea al aire libre, en la que varios oradores hablaron a las diez o quince mil personas que no habían podido entrar en la sala. Al terminar los meetings, O'Connor declaró que estaba dispuesto a recibir allí mismo las suscripciones y las cuotas de los miembros de la Sociedad Agraria. La suma que se le entregó en persona aquella misma noche superó las 1.000 libras esterlinas (25.000 francos).

En Nottingham, O'Connor convocó al día siguiente una de las mayores asambleas que se habían celebrado allí nunca; su discurso despertó el mismo entusiasmo en las masas populares.

Por centésima vez al menos, O'Connor triunfó de manera tan brillante sobre las calumnias de la prensa burguesa. Imperturbable en medio de todos estos ataques, el infatigable patriota prosigue su obra, y la confianza unánime del pueblo inglés es la mejor prueba de su valor, de su energía y de su incorruptibilidad.

  1. La Chartist Co-operative Land Company, fundada en 1845 por iniciativa de O'Connor (desde 1847, National Land Company), compraba fincas, las dividía en parcelas y las sorteaba entre sus socios, que pagaban cuotas semanales. Fracasó por razones financieras y jurídicas y fue disuelta por el Parlamento en 1851. ↩

  2. Feargus O'Connor (1794-1855), abogado irlandés, jefe del ala izquierda del cartismo, fundador y propietario del Northern Star; en las elecciones de 1847 fue elegido diputado por Nottingham. ↩

  3. The Northern Star, semanario central de los cartistas, publicado de 1837 a 1852, primero en Leeds y desde 1844 en Londres. Engels colaboró en él desde 1843. ↩

  4. William Cobbett (1763-1835), publicista radical inglés, autor de panfletos muy leídos contra la corrupción del sistema político y en defensa de los pequeños campesinos. ↩