Artículo publicado sin firma en la Neue Rheinische Zeitung, n.º 47, 17 de julio de 1848 (Colonia), p. 3; atribuido a Friedrich Engels por la MEGA² (I/7). Traducido del original del periódico (colección digital de la USB Köln) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán

*Turín, 7 de julio. El ministerio ha anunciado su dimisión en ambas Cámaras. Lo único sorprendente es que el ministro de Hacienda declarara con ingenuidad que habían presentado la dimisión hacía ya 14 días y que a él y al marqués Ricci se les había encargado formar un nuevo gabinete. Pero que después de la votación del 5 del corriente habían decidido enviarle a él, al ministro de Hacienda, al rey con el ruego de que se encargara de ello a otra persona, pues sin sacrificar su dignidad ya no podían formar parte de ningún gabinete. ¡Eso declaran ahora los ministros! ¿Cómo pudieron entonces, si de verdad les importaba su honor, hacer con tanta hipocresía y solemnidad cuestión de gabinete de la aprobación o el rechazo de ciertas enmiendas durante la discusión de la segunda ley de unión? Pocos llorarán a este ministerio. Antes de expirar quiso, al menos, realizar un acto políticamente honroso: ha reconocido en toda regla a la República francesa, como exigía la Cámara en su mensaje de respuesta.

*Peschiera, 4 de julio. Ayer se trasladó el cuartel general a Isola della Scala, y pronto pasará a Bovolone, pues se ha decidido un ataque contra Legnago. Ahora sí que se llegará a una batalla campal, porque Radetzky querrá en todo caso proteger Legnago.

*Venecia, 5 de julio. En la Asamblea provincial del 3 del corriente, en la que se proclamó por fin la unión inmediata con el Piamonte, Tommaseo tomó la palabra y propuso un aplazamiento. Manin exhortó a su partido, los republicanos, a ceder ante la necesidad de las circunstancias; observó que, de todos modos, todo era provisional y que más adelante decidiría el Parlamento italiano.

*Florencia, 6 de julio. Sobre la revolución de junio,1 un artículo de fondo de L'Alba se expresa, entre otras cosas, así: «Podrá ser cierto que todos los partidos hayan intentado sacar provecho de la revuelta; pero ¿qué partido o qué poder, aun de todas las facciones unidas, habría sido capaz de poner en movimiento semejante masa? ¿Dónde habría encontrado una carga semejante una palanca eficaz, si una idea popular extendida, un principio, un interés común no hubiera unido e impulsado a la acción a los innumerables (!) miles de obreros revolucionarios? No se calumnie a las repúblicas, no se condene a los gobiernos de la democracia cuando el Estado se ve sacudido por una lucha de clases. Países que, como Francia, Alemania, Bélgica e Inglaterra, se dedican al trabajo industrial, encierran en su seno el mismo problema funesto, y quizá llegue también para ellos el día de la desgracia, pues en sus numerosos centros industriales la clase sufriente de los obreros se organiza cada vez más, y su número crece día a día.»

  1. La insurrección obrera de París de junio de 1848 (22-26 de junio). ↩