Escrito en inglés por Karl Marx y Friedrich Engels en Londres entre el 26 y el 29 de abril de 1853 y publicado en el New-York Daily Tribune, núm. 3768, del 14 de mayo de 1853, con la firma de Karl Marx. El original inglés no tiene hoy fuente libre: se traduce de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 9 (Berlín, 1960, pp. 83-86), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. El título es el de la MEW. Las notas son nuestras. Texto en alemán.
Londres, viernes 29 de abril de 1853
Hace pocos días llegó aquí procedente de Berlín el famoso director de policía Stieber, acompañado del teniente de policía Goldheim y del consejero de policía criminal Nörner, con el encargo especial de relacionar la conspiración de la pólvora de Rotherhithe con la conspiración de los sombreros calabreses de Berlín. Sé por fuente privada que se reunieron en casa de Fleury, en Kensington, y que en esa reunión estuvo presente también el antiguo dependiente de comercio Hirsch. Un día después, el susodicho Hirsch tuvo una entrevista secreta con el cónsul ruso, el señor Kremer. Si sus lectores recuerdan mi artículo con ocasión del proceso de Colonia, advertirán enseguida que vuelve a estar en obra la misma gente que tramó aquella conspiración.
El sábado 23 del corriente prosiguió ante el magistrado de policía señor Henry, en Bow Street, la vista contra el señor Hale,1 propietario de la fábrica de cohetes de Rotherhithe, donde se había practicado la detención a instancias del gobierno. La cuestión que se trató aquel día se limitaba a determinar si el material explosivo incautado era o no pólvora. El señor Henry, que se había reservado su decisión hasta ayer, declaró entonces, en contra de la opinión del célebre químico señor Ure,2 que se trataba de pólvora. En consecuencia, castigó al señor Hale con una multa de 2 chelines por cada libra de pólvora encontrada en su poder por encima de las cantidades autorizadas oficialmente. Se trataba de una cantidad total de 57 libras. W. Hale, su hijo R. Hale y J. Boylin tuvieron que responder además en un proceso accesorio; se les acusaba de haber fabricado o hecho fabricar, entre el 13 de septiembre de 1852 y el 13 de abril de 1853, con varias interrupciones, cantidades diversas de cohetes. El señor Bodkin, como representante legal del gobierno, hizo saber que el señor W. Hale había dirigido sin éxito varias solicitudes al gobierno en relación con sus cohetes; que desde octubre de 1852 había empleado a un número bastante grande de obreros, entre ellos algunos refugiados extranjeros; que toda su actividad se había desarrollado bajo el más riguroso secreto, y que los registros de embarque de las autoridades aduaneras desmentían la afirmación del señor Hale de que era conocido en la aduana como exportador. Para terminar, el señor Bodkin observó:
«El valor de los cohetes encontrados en poder del señor Hale se calcula entre 1000 y 2000 libras. ¿De dónde ha salido el dinero? El señor Hale había quebrado poco antes y solo pudo levantar su quiebra pagando 3 chelines por libra.»
El sargento de la policía secreta J. Saunders declaró haber incautado «1543 cohetes cargados, 3629 cabezas de cohete, 2482 partes inferiores, 1955 cohetes vacíos, 2 proyectiles de hierro y 22 lanzacohetes». A continuación compareció el testigo señor Uzner, quien declaró haber sido durante 15 años oficial de la artillería prusiana y haber servido durante la guerra de Hungría como mayor de estado mayor. Los señores Hale lo habían contratado en Rotherhithe para fabricar cohetes. Antes de entrar en la fábrica había estado cinco o seis meses en la cárcel de Maidstone por robo; la miseria absoluta lo había empujado a ello. La parte más importante de su declaración decía textualmente:
«Fue el señor Kossuth quien me presentó a los Hale. La primera vez que vi al señor Kossuth con este motivo fue el verano pasado, después de su regreso de América. Hacia mediados de septiembre vi al señor Hale padre en compañía del señor Kossuth en casa de este; su ayudante, un húngaro, estaba también presente. El señor Kossuth dijo de mí al señor Hale: "Este hombre sirvió en el ejército húngaro; es un antiguo oficial de artillería prusiano, y puedo recomendárselo para su trabajo, para que ayude a fabricar nuestros cohetes, o los suyos". No recuerdo las palabras exactas que empleó. El señor Kossuth dijo que mi salario sería de 18 chelines semanales y me recomendó que guardara el asunto en el más absoluto secreto. El señor Hale, dijo, me daría instrucciones sobre lo que tenía que hacer. El señor Kossuth habló en parte en húngaro y en parte en inglés. Creo que el señor Hale no entiende el alemán. La palabra secreto me la dijeron en alemán. R. Hale me mandó a Pimlico a ver al señor Kossuth. Lo encontré en Pickering Place. W. Hale y otro húngaro estaban también allí. Nos reunimos para probar una máquina para lanzar los cohetes. Cuando estuvimos todos reunidos, se montó la máquina y se hizo una prueba con los cohetes. La conversación se llevó en parte en inglés y giró sobre todo en torno a la calidad de los cohetes, etc. Estuvimos allí hora y media, y cuando todo hubo terminado, el señor Kossuth y el señor Hale insistieron en que saliéramos de la casa con precaución y de uno en uno. En la esquina de la calle el señor Kossuth se acercó a nosotros y en esa ocasión nos pidió repetidamente que mantuviéramos en secreto su relación con los cohetes.»
Luego se interrogó, con ayuda de un intérprete, a W. Gerlach, otro alemán. Lo habían empleado en la fábrica del señor Hale para fabricar cohetes. Además de él trabajaban allí tres húngaros. Lo había recomendado al señor Hale el señor Kossuth, pero nunca los vio juntos.
El señor Henry tenía dos posibilidades: podía condenar sumariamente a los acusados a 5 libras de multa o remitir el caso a los tribunales de assizes; eligió lo segundo, pero estaba dispuesto a dejar en libertad bajo fianza a los dos Hale. El señor W. Hale declaró que se negaba a pedir a ninguno de sus amigos que saliera fiador por él o por su hijo, y así fueron llevados a la cárcel de Horsemonger Lane.
Está claro que las declaraciones de los testigos están en flagrante contradicción con la carta del señor Hale padre, cuyo contenido ya le comuniqué a usted, y también con las cartas que Kossuth dirigió al capitán Mayne Reid y a lord Dudley Stuart,3 en las que asegura que no sabe nada ni de un señor Hale ni de sus cohetes. Sería injusto, sin embargo, sacar conclusiones de estas circunstancias antes de que el señor Kossuth haga nuevas declaraciones. Pero ¿no es una vergüenza que un compatriota nuestro exiliado tan capaz como el señor Uzner, perfectamente dispuesto a trabajar, como lo prueba el hecho de que aceptara trabajar como simple obrero por 18 chelines semanales, se viera obligado a robar por pura miseria, mientras ciertos refugiados alemanes, holgazanes notorios, se arrogan el derecho de despilfarrar los escasos medios destinados a los revolucionarios en viajes misioneros buscados por ellos mismos, conspiraciones ridículas y asambleas de taberna?
El viernes 22 del corriente estalló de nuevo una insurrección en Friburgo, en Suiza; es ya la quinta desde la antigua guerra del Sonderbund.4 La insurrección debía empezar a la vez en todo el territorio del cantón; pero en el momento señalado la mayoría de los conjurados no apareció. Tres «columnas» que habían prometido su colaboración no se presentaron. Los insurrectos que penetraron efectivamente en la ciudad procedían sobre todo del distrito de Farvagny y de los municipios de Autigny, Prez, Torny, Middes y otros lugares vecinos. A las cuatro y media de la mañana, un grupo de 400 campesinos, todos con los colores del Sonderbund y con banderas con el emblema de la Virgen, avanzaba por la carretera de Lausana a Friburgo, dirigido por el coronel Perrier y por el famoso campesino Carrard, cabecilla de la insurrección de 1851, que entretanto había sido amnistiado por el Gran Consejo. Hacia las cinco entraron en la ciudad por la Porte des Étangs y se apoderaron del colegio y del arsenal, del que se llevaron 150 fusiles. Dada la alarma, el consejo de la ciudad proclamó de inmediato el estado de sitio, y el mayor Gerber tomó el mando de la milicia ciudadana reunida. Dio orden de ocupar con cañones la calle de detrás del colegio y avanzó con un grupo de tiradores en un ataque frontal contra los insurrectos. Los tiradores conquistaron los dos tramos de escalera que suben al colegio y pronto echaron a los campesinos de las ventanas de los edificios. Tras un combate de cerca de una hora, en el que los atacantes contaban ya 8 muertos y 18 heridos, y después de que los insurrectos intentaran en vano escapar por las calles traseras, donde se los recibió con metralla, los insurrectos enviaron por delante a un cura con una bandera blanca y se declararon dispuestos a rendirse.
Un comité de la guardia ciudadana formó de inmediato un consejo de guerra, que condenó al coronel Perrier a 30 años de prisión; las sesiones del comité continúan. El número de prisioneros asciende a unos 200; entre ellos, los señores Wuilleret, Weck y Chollet. El señor Charles, presidente del conocido comité de Posieux,5 fue visto a las puertas de Romont, pero no fue apresado. Además del párroco de Torny-le-Grand, hay otros dos curas entre los prisioneros. En cuanto a los daños materiales que ha causado el asunto, el cantón parece estar a salvo: la mitad de la fortuna del patricio Weck bastaría para repararlos.
Karl Marx
William Hale (1797-1870), inventor inglés de un cohete de guerra. ↩
Andrew Ure (1778-1857), químico y economista escocés, autor de The Philosophy of Manufactures (1835). ↩
Thomas Mayne Reid (1818-1883), novelista angloirlandés; lord Dudley Coutts Stuart (1803-1854), diputado, protector de los refugiados polacos y húngaros. ↩
Guerra civil suiza de noviembre de 1847 entre la Confederación y la liga separatista (Sonderbund) de los cantones católicos conservadores, entre ellos Friburgo. ↩
Asamblea popular de los conservadores católicos de Friburgo celebrada en Posieux en mayo de 1852 contra el gobierno radical del cantón. ↩