Escrito en inglés por Karl Marx en Londres el 1 de abril de 1853 y publicado en el New-York Daily Tribune, núm. 3745, del 18 de abril de 1853. El original inglés no tiene hoy fuente libre: se traduce de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 9 (Berlín, 1960, pp. 28-30), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. El título es el de la MEW. Las notas son nuestras. Texto en alemán.
Londres, viernes 1 de abril de 1853
Por fin la quinta «gran potencia», Prusia, puede disfrutar de la dicha de haber contribuido por su cuenta a los grandes descubrimientos que la policía austriaca ha hecho acerca de las «maquinaciones demagógicas» de los revolucionarios.
«El gobierno —nos aseguran sus órganos oficiales—, que había recibido la prueba de que los jefes del partido democrático mantenían relaciones continuas con la propaganda revolucionaria, ordenó el 29 de marzo practicar registros domiciliarios en Berlín, y logró detener a 40 personas, entre ellas Streckfuss y los antiguos diputados de la Asamblea Nacional prusiana Berends, Waldeck, etc. Se registraron las casas de 80 personas sospechosas de participar en una conspiración. Se encontraron armas y municiones.»1
No contento con publicar «estos hechos sensacionales» en los periódicos oficiales, el gobierno prusiano tuvo a bien transmitirlos por telégrafo al Ministerio de Asuntos Exteriores británico.
Para desvelar el secreto de esta nueva farsa policial hay que remontarse un poco. Dos meses después del golpe de Estado de Bonaparte, el señor Hinckeldey, presidente de la policía de Berlín, y su subordinado, el consejero de policía señor Stieber, se conjuraron, el uno para llegar a ser un Maupas prusiano y el otro un Piétri prusiano.2 Quizá la sublime omnipotencia de la policía francesa les quitaba el sueño. Hinckeldey se dirigió al ministro del Interior, el señor von Westphalen, y dio a este reaccionario fanático y corto de luces (como el señor von Westphalen es mi cuñado, he tenido ocasión de sobra de conocer la capacidad intelectual de este hombre)3 informes falsos para fundamentar la necesidad de concentrar todo el poder policial del Estado prusiano en manos del presidente de la policía de Berlín. Afirmaba que, para permitirle intervenir con más rapidez, había que hacer a la policía independiente del ministro del Interior y subordinarla exclusivamente a él mismo, es decir, a Hinckeldey. El ministro señor von Westphalen representa a la aristocracia ultraprusiana, mientras que el señor von Manteuffel, presidente del consejo de ministros, representa a la vieja burocracia; los dos son rivales, y el primero vio en la propuesta de Hinckeldey, aunque restringía a ojos vista el ámbito de su ministerio, un medio de asestar un golpe a su rival, cuyo hermano, el señor von Manteuffel, subsecretario de Estado en el Ministerio del Interior, tenía a su cargo en particular el control de toda la policía.4 Por eso el señor von Westphalen sometió su propuesta a un consejo de Estado presidido por el propio rey.
La discusión fue muy agitada. Manteuffel, apoyado por el príncipe de Prusia,5 atacó el plan de crear un ministerio de policía independiente. El rey se inclinaba por la propuesta del señor von Westphalen y cerró el debate con la salomónica sentencia de que seguiría el ejemplo de Bonaparte y crearía un ministerio de policía «si se le demostraba con hechos la necesidad de ese paso». Hinckeldey y Stieber eligieron entonces el asunto de los comunistas de Colonia para suministrar los hechos. Es conocida la heroica actuación de esos hombres en el proceso de Colonia.6 Terminado este, el gobierno prusiano decidió ascender a director de la policía de Colonia al perjuro manifiesto Stieber, el hombre al que abucheaban dondequiera que aparecía por las calles de Colonia. Pero el señor von Bethmann-Hollweg7 y otros diputados conservadores bienpensantes de la Prusia renana se interpusieron advirtiendo a los ministros de que una ofensa tan manifiesta a la opinión pública de esa provincia podría tener consecuencias muy funestas en un momento en que Napoleón codiciaba las fronteras naturales de Francia. El gobierno cedió y se conformó con nombrar a Stieber director de la policía de Berlín como recompensa por sus perjurios en Colonia y por los robos que había cometido en Londres. Pero ahí acabó el asunto. Era imposible satisfacer los deseos del señor Hinckeldey y crear para él un ministerio de policía independiente sobre la base del proceso de Colonia. Hinckeldey y Stieber esperaron su momento. Para su fortuna llegó la insurrección de Milán. Stieber practicó en el acto 20 detenciones en Berlín. Pero la cosa era demasiado ridícula para llevarla adelante ante los tribunales. Luego llegó el atentado de Libényi,8 y entonces el rey estuvo maduro. Abrumado por terribles presentimientos, reconoció enseguida la necesidad de crear un ministerio de policía independiente, y Hinckeldey vio sus sueños hechos realidad. Una orden real lo convirtió en el Maupas prusiano, mientras que el hermano del señor von Manteuffel presentaba su dimisión. Pero lo más asombroso de la comedia estaba aún por llegar. Apenas había alcanzado el señor Hinckeldey, atropelladamente, su nueva dignidad cuando, sin más, se descubrió la «gran conspiración de Berlín». Esta conspiración se fabricó con el único fin de demostrar que hacía falta un señor Hinckeldey. Fue el regalo que el señor Hinckeldey hizo al imbécil del rey a cambio de su recién adquirida autocracia policial. El ayudante de Hinckeldey, el ingenioso Stieber, que en Colonia había descubierto que, dondequiera que se encontraban cartas que terminaban con las palabras «saludo» y «fraternidad», se trataba sin duda de una conspiración comunista, descubrió ahora que desde hacía algún tiempo aparecía en Berlín un número sospechoso de «sombreros calabreses»9 y que el calabrés era, sin duda alguna, la «señal de reunión» de los revolucionarios. Espoleado por este importante descubrimiento, Stieber practicó el 18 de marzo varias detenciones, sobre todo entre obreros y extranjeros, a los que se acusaba de llevar sombrero calabrés. El 23 del mismo mes se registró la casa de un comerciante de Magdeburgo, Karl Delius, hermano de un diputado de la Segunda Cámara, que tenía también una desgraciada predilección por los sombreros calabreses. Por último, como le comunicaba a usted al principio de este artículo, el 29 del mes pasado se consumó en Berlín el gran golpe de Estado contra los sombreros calabreses. Todos los que sepan algo de la oposición de leche aguada de los Waldeck, Berends, etc., se reirán de las «armas y municiones» encontradas en poder de estos Brutos tan inofensivos.
Pero, por absurda que parezca toda esta comedia policial, puesta en escena por los señores Hinckeldey & Stieber por motivos puramente personales, no carece de importancia. El gobierno prusiano está irritado por la resistencia pasiva con que tropieza en todas partes. Huele el aliento de la revolución en medio de una apatía aparente. Desespera de no encontrar ninguna forma tangible de ese espectro, y cada vez que la policía da en cierto modo cuerpo a ese adversario omnipresente pero invisible se siente como liberado de una pesadilla. Ataca, seguirá atacando, y logrará convertir la resistencia pasiva del pueblo en resistencia activa.
Karl Marx
Adolf Streckfuss (1823-1895), escritor demócrata berlinés; Julius Berends (1817-1891) y Benedikt Waldeck (1802-1870), diputados de la izquierda en la Asamblea Nacional prusiana de 1848. ↩
Karl Ludwig von Hinckeldey (1805-1856), presidente de la policía de Berlín desde 1848; Wilhelm Stieber (1818-1882), consejero de policía prusiano, principal artífice de la acusación en el proceso de los comunistas de Colonia. Charlemagne-Émile de Maupas (1818-1888) fue ministro de Policía de Luis Bonaparte en 1852-1853, y Pierre-Marie Piétri (1809-1864), prefecto de policía de París. ↩
Ferdinand von Westphalen (1799-1876), ministro del Interior prusiano de 1850 a 1858, hermanastro de Jenny Marx. ↩
Otto von Manteuffel (1805-1882), presidente del consejo de ministros y ministro de Asuntos Exteriores de Prusia de 1850 a 1858; su hermano Karl Otto von Manteuffel (1806-1879) era subsecretario de Estado en el Ministerio del Interior. ↩
Guillermo de Prusia (1797-1888), hermano de Federico Guillermo IV, luego rey (1861) y emperador alemán (1871). ↩
Véanse las Revelaciones sobre el proceso de los comunistas en Colonia, de Marx, donde se cuentan también el robo de documentos en Londres y los perjurios de Stieber. ↩
Moritz August von Bethmann-Hollweg (1795-1877), jurista y diputado, jefe de la fracción conservadora moderada del Preussisches Wochenblatt. ↩
El 18 de febrero de 1853 el oficial de sastre húngaro János Libényi hirió de una cuchillada al emperador Francisco José en Viena. ↩
Sombrero de fieltro de ala ancha, distintivo de los demócratas desde 1848. ↩