Escrito en inglés por Karl Marx en Londres el 8 de abril de 1853 y publicado en el New-York Daily Tribune, núm. 3748, del 21 de abril de 1853. El original inglés no tiene hoy fuente libre: se traduce de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 9 (Berlín, 1960, pp. 36-38), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. El título es el de la MEW. Las notas son nuestras. Texto en alemán.

Londres, viernes 8 de abril de 1853

Cuando escribí mi último artículo sobre la gran conspiración descubierta por el señor Stieber, no podía sospechar que dos periódicos conservadores de Berlín iban a confirmar más o menos mis opiniones sobre el asunto. El Preussisches Wochenblatt, órgano de la fracción conservadora que dirige el señor von Bethmann-Hollweg, fue secuestrado el 2 de abril por haber recomendado a sus lectores «no creer precipitadamente los cuentos de la policía sobre las recientes detenciones». Pero mucho más importante es un artículo de la Zeit, el periódico oficioso del grupo del gobierno prusiano que dirige el señor von Manteuffel. La Zeit se ve obligada a hacer la siguiente confesión:

«Nadie que no esté ciego puede ocultarse que las múltiples complicaciones insolubles que existen en la situación general de los asuntos europeos han de provocar tarde o temprano una ruptura violenta que, a juicio humano, ni siquiera la voluntad seria e indudable de las grandes potencias de Europa podrá más que retrasar, pero en modo alguno impedir a la larga...

Es nuestro deber no seguir callando que en círculos cada vez más amplios se extiende un malestar que nos parece tanto más grave y funesto cuanto menos se manifiesta en expresiones concretas, porque se retira tanto más hondo al interior de los ánimos... Ese malestar, para decirlo clara y llanamente, lo provoca el empeño, que en los últimos tiempos se manifiesta con increíble irreflexión, de llevar a cabo una "contrarrevolución" en Prusia...»

La Zeit solo se equivoca en su conclusión. La contrarrevolución prusiana no está empezando ahora: está terminando. No es un fenómeno nuevo; empezó el 20 de marzo de 1848 y desde ese día no ha dejado de avanzar. En este preciso momento el gobierno prusiano está incubando dos proyectos de ley muy peligrosos: uno limita la libertad de dividir la propiedad territorial; el otro somete la enseñanza pública a la Iglesia. No podrían haber elegido medidas más adecuadas para indisponer a los campesinos de la Prusia renana y a las clases medias de toda la monarquía. Como circunstancia curiosa quiero mencionar también la disolución forzosa de la Asociación de Higiene (Gesundheitspflegeverein) de Berlín (una asociación de socorros mutuos para enfermos), consecuencia del «gran descubrimiento». Esta sociedad tenía cerca de 10 000 miembros, todos pertenecientes a las clases trabajadoras. Por lo visto el gobierno está convencido de que la constitución actual del Estado prusiano es incompatible con la «higiene».

La prensa de Londres, que hasta ahora no sospechaba las maniobras de la policía londinense, se muestra asombrada ante las declaraciones de la Presse de Viena y de la Émancipation, el principal periódico reaccionario de Bélgica, según las cuales la policía de Londres ha confeccionado una lista de todos los refugiados políticos que viven en Londres, con muchos detalles sobre sus circunstancias privadas y su conducta personal.

«Una vez tolerado semejante sistema respecto de los extranjeros —se indigna el Morning Advertiser—, se aplicará siempre que el gobierno o alguno de sus miembros considere deseable conocer los detalles de la vida privada de nuestros compatriotas... ¿No es lamentable tener que suponer que se ha pedido a la policía de Londres que desempeñe el papel infame destinado a sus colegas del continente europeo?»

Además de estas declaraciones de periódicos belgas y de otros, estos días la prensa de Londres ha sido informada por un despacho telegráfico de Viena

«de que la cuestión de los refugiados está resuelta: el gobierno británico ha prometido mantener a los refugiados bajo estrecha vigilancia y hacerles sentir todo el rigor de la ley si hubiera pruebas de que han tomado parte en "maquinaciones revolucionarias"».

«Nunca antes —observa el Morning Advertiser— se había encontrado Inglaterra en una situación tan humillante como ahora, cuando se ha arrojado a los pies de Austria. Ninguna humillación podía igualarse a esta. Estaba reservada al gabinete de coalición.»

Sé por fuente muy fidedigna que los juristas de la Corona presentarán una acusación contra Mazzini en cuanto se compruebe que reside en Londres. Por otra parte, me dicen que en la Cámara de los Comunes se dirigirán preguntas a los ministros sobre sus escandalosas transacciones con Austria y sobre sus intenciones respecto de la cuestión de los refugiados en general.

En un artículo anterior expuse lo contento que estaba Radetzky1 de haber obtenido con la insurrección de Milán un pretexto para «obtener dinero con falsos pretextos». Esta manera de ver el asunto ha quedado confirmada entretanto por un acto que no deja lugar a dudas. En una proclama publicada hace poco, Radetzky ha declarado nulos todos los préstamos o hipotecas que desde 1847 se hayan constituido sobre los bienes confiscados de los emigrados lombardos. Esta confiscación no puede justificarse más que por el horror vacui, el horror al vacío, del fisco austriaco. La sentimental burguesía ha sacrificado en todas partes la revolución a su dios, llamado propiedad. Ahora la contrarrevolución reniega de ese dios.

Un despacho telegráfico de hoy trae la noticia de que el príncipe Ménshikov ha concluido con la Puerta un convenio según el cual las tropas rusas han recibido orden de retirarse de las fronteras turcas, y la cuestión de Oriente ha quedado zanjada una vez más.

Karl Marx

  1. Joseph Radetzky (1766-1858), mariscal austriaco, gobernador general del reino lombardo-véneto. ↩