Escrito en inglés por Karl Marx en Londres el 15 de julio de 1853 y publicado en el New-York Daily Tribune, núm. 3833, del 30 de julio de 1853. El original inglés completo no tiene hoy fuente libre: se traduce de la versión alemana de la MEW (Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 9, Berlín, 1960, pp. 204-211), cotejada con la parte del texto inglés que recoge The Eastern Question (Londres, 1897), donde falta la sección sobre Birmania, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.
Londres, viernes 15 de julio de 1853
El último correo terrestre de la India ha traído la noticia de que los enviados birmanos han rechazado la oferta del general Godwin.1 El general les dio otras 24 horas para pensarlo, pero a las 10 horas los birmanos ya se habían marchado. Una tercera edición de la interminable guerra de Birmania parece inevitable.
De todas las expediciones guerreras de los británicos en Oriente, ninguna se emprendió nunca con menos justificación que la de Birmania. Por ese lado no había peligro alguno de invasión, como lo hay, por ejemplo, por el noroeste, pues a Bengala la separa de Birmania una cadena de montañas que las tropas no pueden cruzar. Para hacer la guerra a Birmania, el gobierno británico de la India tiene que actuar por mar. Hablar de ataques de los birmanos por mar es tan ridículo como absurda es la idea de que los juncos costeros birmanos puedan desafiar a los vapores de guerra de la Compañía de las Indias Orientales. El pretexto de que los yanquis tenían grandes intenciones de anexionarse Pegu no lo prueba hecho alguno. No queda, pues, otro argumento que la falta de ocupación de la aristocracia ociosa, la necesidad de fundar, como dice un escritor inglés, «un verdadero asilo de trabajo para gente de calidad o un Hampton Court de Oriente».2 La primera guerra de Birmania (1824-1826), que se emprendió bajo la quijotesca administración de lord Amherst,3 aumentó la deuda de la India en 13 millones de libras, aunque solo duró algo más de dos años. El mantenimiento de los establecimientos orientales de Singapur, la isla de Penang y Malaca causa, sin contar la paga de las tropas, un exceso anual de los gastos sobre los ingresos de hasta 100.000 libras. El territorio que se arrebató a los birmanos en 1826 cuesta la misma suma. Los gastos del territorio de Pegu son todavía más ruinosos. Pero ¿cómo es que Inglaterra retrocede ante la guerra hoy tan necesaria en Europa, la guerra contra Rusia, mientras se embarca año tras año en Asia en las guerras más insensatas? La deuda pública hace de Inglaterra en Europa un tembloroso,4 mientras que los gastos de las guerras de Asia se los carga a los indios. Pero podemos suponer que la inminente supresión del impuesto sobre el opio en Bengala, unida a los gastos de una nueva guerra en Birmania, provocará en las finanzas indias una crisis tal que de ella saldrá una reforma más radical del imperio indio que de todos los discursos y tratados de los reformadores parlamentarios de Inglaterra.
Ayer, en la Cámara de los Comunes, el señor Disraeli preguntó a los ministros si no convendría que el señor Layard presentara ahora su moción, después de la última nota circular del gabinete ruso. Lord John Russell respondió que le parecía lo mejor no oír por el momento al señor Layard, pues desde la publicación de la nota era más importante que nunca negociar. «La suposición del honorable diputado de que las negociaciones habían llegado ahora a un punto muerto era una idea equivocada.» Mientras lord John hacía en realidad profesión de su credo aberdeeniano, intentó restablecer el prestigio del partido del civis Romanus sum5 con estas palabras:
«Naturalmente, yo suponía que un hombre de la experiencia y la sagacidad del conde Nesselrode no pondría nunca su firma en un documento en el que el gobierno ruso, a la vista del mundo entero, hiciera de la retirada de las flotas combinadas la condición de la evacuación de los Principados del Danubio.»
En el debate sobre la India que vino después, el señor Bright propuso que en la cláusula novena, que dispone «que seis de los directores que no nombre la Corona serán personas que hayan estado diez años en la India al servicio de la Corona o de la Compañía», se suprimieran las palabras «al servicio de la Corona o de la Compañía». La enmienda se aprobó. Es significativo que, en todo el debate sobre la India, el ministerio no aceptó ninguna de las enmiendas, y por consiguiente tampoco la Cámara aprobó ninguna, salvo las propuestas por el señor Bright. El ministerio de la paz hace por el momento todo lo posible por asegurar su entente cordiale con el partido de la paz, la escuela de Manchester, que está en contra de toda clase de guerra, salvo la de balas de algodón y listas de precios.
El señor Drouyn de Lhuys, ministro francés de Asuntos Exteriores, que fue en otro tiempo alto funcionario del Ministerio de Asuntos Exteriores bajo el señor Guizot, y del que su jefe dijo entonces que apenas reunía las cualidades necesarias para ese puesto, se entrega ahora a fondo al placer de intercambiar notas y circulares con el conde Nesselrode. El Moniteur de ayer reproduce su respuesta a la última (la segunda) nota circular del ministro ruso. Esa respuesta termina con las frases siguientes:
«La moderación de que Francia ha dado pruebas, al tiempo que la exime de toda responsabilidad, le da derecho a esperar que los sacrificios que ha hecho por mantener la tranquilidad en Oriente no serán en vano, y que el gobierno ruso sabrá encontrar por fin un medio de conciliar sus exigencias con las prerrogativas de la soberanía del sultán y de resolver, de otro modo que por la fuerza, una diferencia de cuya solución dependen tantos intereses.»
En un artículo anterior mencioné las propuestas que el señor de Villèle había hecho en su día a Rusia para preservar la integridad del Imperio otomano mediante un convenio de garantía entre todas las grandes potencias.6 Estas propuestas provocaron la siguiente réplica del conde Pozzo di Borgo:
«Una garantía general del Imperio otomano, además de ser insólita y sorprendente, heriría los derechos que Rusia ha adquirido y los principios en que se fundan.»
Sin embargo, en 1841 Rusia se declaró dispuesta a ser parte de un convenio tan insólito, y el propio Nesselrode se remite a ese convenio en su nota del 20 de junio (2 de julio).7 ¿Por qué lo aceptó Rusia, en contra de su política tradicional? Porque aquel convenio era menos «una garantía del Imperio otomano» que un arma contra su único elemento vital, a saber, el Egipto de Mehmet Alí; porque, al menos en su origen, se concibió como una coalición contra Francia.
El periódico parisino La Presse publica en su número de hoy, que acaba de llegarme, una correspondencia hasta ahora inédita entre el difunto general Sébastiani, que fue embajador en Londres, y Madame Adélaïde, hermana de Luis Felipe;8 una correspondencia que arroja una luz reveladora sobre las negociaciones diplomáticas de aquel tiempo. Contiene pruebas claras de que el convenio de 1841 no partió en modo alguno de Rusia, como afirma Nesselrode en su nota, sino que, al contrario, lo concibieron Francia e Inglaterra contra Rusia, y solo después Rusia lo convirtió en un arma contra Francia. En la medida en que me lo permite la falta de tiempo, traduzco de esta importante correspondencia.
I
«Londres, 12 de junio de 1835
Hoy he tenido una conferencia de dos horas con lord Palmerston. He quedado muy satisfecho de él. No me equivocaba al asegurarle a usted que era amigo del rey Leopoldo9 y sobre todo un gran partidario de la alianza con Francia. Lord Palmerston me ha hablado especialmente de los asuntos de Oriente. Cree que el bajá de Egipto ha decidido ya qué rumbo va a seguir. Desea que Francia e Inglaterra, apoyadas por la presencia de sus flotas, hagan nuevos esfuerzos para intimidar a Mehmet Alí, y que al mismo tiempo nuestros embajadores en Constantinopla informen al sultán de que han recibido de sus cortes instrucciones de asegurarle su apoyo contra todas las empresas del bajá de Egipto, a condición de que no sea él quien empiece las hostilidades. Considero que es una conducta prudente y aconsejable que la sigan Francia e Inglaterra. Debemos sostener a la Puerta y no permitir que se le separen Egipto, Siria y Celesiria. Rusia no espera más que el momento de hacer avanzar sus tropas auxiliares en ayuda del sultán, y esa ayuda sería el fin del Imperio otomano.»
II
«Londres, 21 de abril de 1836
En Inglaterra todos los partidos están de acuerdo en la necesidad de vigilar de cerca a Rusia, y creo que el partido tory es todavía más decidido que los whigs, o al menos así lo parece, porque no lo modera el ejercicio del gobierno.»
III
«Londres, 6 de julio de 1838
Aquí se cree que en la cuestión de Oriente reina en Europa un acuerdo general. Se espera con impaciencia la respuesta de París. Creo no haber rebasado la línea de conducta que me trazó el rey en diversas conversaciones. En cuanto el acuerdo quede establecido en principio, el modo de actuar y la posición que adopte cada una de las potencias se regularán según los casos. El papel que Rusia ha de desempeñar junto con Inglaterra y Francia debe ser, naturalmente, marítimo; y para evitar todo peligro que pueda derivarse de una acción de la flota en el mar Negro, hay que hacer comprender a Rusia que la escuadra que destine a las flotas combinadas debe sacarla del Báltico.»
IV
«Londres, 3 de octubre de 1839
Inglaterra no ha aceptado las propuestas rusas, y lord Palmerston me ha informado en nombre del gobierno de que las ha rechazado para permanecer fiel a su alianza con Francia. Movido por el mismo sentimiento, consiente en que Mehmet Alí reciba en posesión hereditaria Egipto y la parte de Siria comprendida dentro de una frontera que se ha de fijar y que irá desde San Juan de Acre hasta el lago de Tiberíades. No sin dificultades hemos obtenido el asentimiento del gobierno inglés a estas propuestas. No creo que Francia ni Mehmet Alí rechacen semejante solución. La cuestión de Oriente queda así simplificada; queda resuelta por el acuerdo de las potencias y por la garantía de la integridad del Imperio otomano. Se salvan todos los principios. La Sublime Puerta queda incorporada al derecho de gentes europeo. El protectorado exclusivo de Rusia queda aniquilado. Me he preguntado por qué el partido republicano en Francia se mostraba tan benévolo con Mehmet Alí y por qué apoyaba con tanto calor su causa. No he podido encontrar otra razón que la de que, conforme al principio revolucionario, procura apoyar y alentar todo lo que tienda a derribar los gobiernos existentes. A mi juicio, nunca debemos dejarnos atraer a semejante trampa.»
V
«Londres, 30 de noviembre de 1839
Sé de fuente auténtica que lord Palmerston, en la última reunión del gabinete, al informar sobre el estado de los asuntos de Oriente y sobre las diferencias existentes entre la política inglesa y la francesa, habló con tal moderación y tal consideración por la alianza de los dos países que merece nuestra gratitud. Llegó a llamar la atención de sus colegas sobre un sistema parecido al que yo había mencionado. Al final cedió en las cuestiones de forma y renunció a una política de acción resuelta y de complicaciones inevitables.»
VI
«Londres, 12 de diciembre de 1839
He estado con lord Palmerston, deseoso de saber si podía darme más información sobre la comunicación que me había hecho poco antes. Me leyó la carta del señor de Nesselrode al encargado de negocios ruso, que coincidía exactamente con lo que me había comunicado hace poco. La llegada del señor de Brunnow nos revelará los pensamientos más secretos del gabinete de San Petersburgo. Lord Palmerston estuvo encantador, tanto en sus maneras como en las ideas que expuso. Ve con gusto el restablecimiento de relaciones amistosas entre el gabinete francés y el inglés y la continuidad de la alianza. Créame que no exagero en esto. Le dije con toda franqueza que la nueva situación era exactamente la que Francia había deseado siempre. Él mismo se vio obligado a reconocerlo. El príncipe Esterházy10 ha escrito a su encargado de negocios que había quedado muy satisfecho del mariscal11 y que en este momento estaba intentando atraer de nuevo al gabinete francés a una entente con Austria, pero que el rey había sido inflexible. Lo creo de buena gana. El rey no se ocupa de semejantes digresiones impracticables. Esto lo escribo solo para usted. En efecto, creo, como Vuestra Alteza Real, que Rusia quedará presa en sus propias redes.»
VII
«Londres, 18 de diciembre de 1839
Esta mañana he recibido del mariscal un despacho más que extraño. Era una respuesta a la carta en la que le informaba de lo que yo había comunicado a lord Palmerston sobre la impresión que había causado en París el anuncio de la nueva misión del señor de Brunnow y de su objetivo. Leí a lord Palmerston textuellement12 el pasaje del despacho que me había enviado el mariscal. Pero en el informe que le envié a este sobre el asunto empleé palabras que, sin ser idénticas al tenor de las expresiones del mariscal, reproducían las mismas ideas. Ahora el mariscal tiene la amabilidad de asegurarme que entre mis palabras y su propia manera de expresarse no hay diferencia alguna; pero me recomienda redoblar mi prudencia y procurar atenerme en nuestras negociaciones al sentido literal de sus propios despachos. Mucho me equivocaría si esto no fuera una querelle allemande,13 una sutileza digna de un Grec du Bas-Empire...14
El mariscal es un novato en la carrera diplomática, y me temo que tiene la finura por el fundamento de la habilidad diplomática. Pero esta solo la alcanzará mediante la honradez y la sinceridad.»
VIII
«Londres, 3 de enero de 1840
Ayer cenó en mi casa lord Palmerston, junto con todo el cuerpo diplomático... Me dijo que los ministros presentarían una petición de crédito suplementario para su marina de guerra, pero declaró que propondría a sus colegas no justificarla con el refuerzo de la flota francesa, para evitar herir a un aliado ni con la más mínima alusión. Lord Holland y lord John Russell son admirables en sus esfuerzos por mantener la alianza.»15
IX
«Londres, 20 de enero de 1840
Lord Palmerston me ha transmitido el proyecto de un convenio que se ha de someter a las grandes potencias y a la Puerta... No se trata de un convenio de las cinco grandes potencias entre sí, sino de un convenio entre estas potencias y la Puerta... El señor de Brunnow pone reparos a esta forma» (¡véase la nota de Nesselrode del 2 de julio de 1853 sobre la iniciativa rusa!) «... Este convenio consta de un preámbulo y de ocho artículos: en el preámbulo se declara de manera positiva y casi literal que, siendo la integridad del Imperio otomano absolutamente necesaria para la conservación de la paz en Europa, las cinco potencias están dispuestas a prestarle el apoyo necesario y a hacerlo entrar en la confianza de los pueblos de Europa. Los artículos fijan ese apoyo...
P. S. Me entero en este momento de que Brunnow y Neumann están sumamente descontentos con el convenio de lord Palmerston.»16
X
«Londres, 21 de enero de 1840
Según me parece, el proyecto de convenio redactado por lord Palmerston ha sido rechazado por los negociadores ruso y austríaco. El señor Neumann se ha distinguido por la vehemencia y, me permitiré decirlo, por la necedad de sus quejas. Revela la política de su corte. El príncipe Metternich, que se proponía tener en sus manos el equilibrio europeo, confiesa públicamente su odio a Rusia. Se hacía la ilusión de que las propuestas de Brunnow se aceptarían sin restricciones, y ambos se han llevado el desengaño de encontrar en lord Palmerston a un ministro que quiere sinceramente una alianza con Francia y que procura colaborar estrechamente con ella.»
XI
«Londres, 24 de enero de 1840
Hoy he tenido una larga conversación con lord Melbourne,17 que es un firme partidario de una alianza con nuestro rey. Me ha pedido varias veces que le indicara un medio de combinar las propuestas francesas y las inglesas.
Juzga las intenciones de Rusia a la misma luz que nosotros, y me dijo en una conferencia, refiriéndose al gabinete de Viena, que no había que fiarse de él, pues en última instancia se mostraba siempre como un partidario adicto de Rusia.»
XII
«Londres, 27 de enero de 1840
El giro que toman ahora los asuntos de Oriente me inquieta... No cabe duda de que Rusia empuja a la guerra y de que Austria la apoya con todas sus fuerzas... Han conseguido asustar a Inglaterra con las “intenciones de Francia en el Mediterráneo”. Argel y Mehmet Alí: esos son los dos medios de que se sirven... Hago todos los esfuerzos posibles por conseguir que se rechacen las propuestas de Brunnow, y casi lo había logrado cuando se enteraron, y ahora Austria presenta las propuestas de Brunnow como propias. Es una bribonada evidente. Pero se ha convocado al gabinete para examinar las propuestas austríacas. El gabinete está dividido. De un lado están lord Melbourne, lord Holland y el señor Labouchère; del otro, lord Palmerston, lord J. Russell y lord Minto.18 Los demás miembros vacilan entre las dos opiniones.»
XIII
«Londres, 28 de enero de 1840
El gabinete solo ha debatido hasta ahora un punto del proyecto de lord Palmerston. Ha decidido que el convenio se concluya entre seis» (potencias) «y no entre cinco, como proponía el señor de Brunnow, al que no le faltaba celo por sus intereses particulares» (la preocupación por el Imperio otomano). «La Puerta no aceptaría ningún convenio aprobado y fijado sin su participación. Al firmar un tratado con las cinco grandes potencias, quedaría por este solo hecho sometida al derecho de gentes europeo.»
XIV
«Londres, 28 de enero de 1840
¿Han de sacrificarse la política y los intereses del rey a los caprichos de un señor Thiers y de su periódico?19 El sistema que se fundó con tanto trabajo y tantos esfuerzos y que se ha mantenido, pese a tantas dificultades, durante más de diez años está condenado a la ruina.»
Karl Marx
La segunda guerra de Birmania había empezado en 1852; tras la anexión de la provincia de Pegu, en diciembre de 1852, el general Henry Godwin (1784-1853) negociaba con los enviados birmanos. ↩
Hampton Court, palacio real cerca de Londres donde la Corona concedía alojamiento gratuito a personas distinguidas sin recursos. ↩
William Pitt Amherst (1773-1857), gobernador general de la India de 1823 a 1828. ↩
La MEW glosa: apodo de los cuáqueros, aquí en el sentido de pacifista. ↩
El partido de Palmerston; véase la nota sobre el civis Romanus sum en la crónica del 12 de julio, «Dificultades ruso-turcas». ↩
Véase «La política rusa frente a Turquía — El movimiento obrero en Inglaterra». ↩
El convenio de los Estrechos, firmado en Londres el 13 de julio de 1841 por Gran Bretaña, Rusia, Austria, Prusia, Francia y Turquía, que cerraba los Dardanelos y el Bósforo a los buques de guerra extranjeros mientras Turquía estuviera en paz. La fecha doble corresponde a los calendarios juliano, vigente en Rusia, y gregoriano. ↩
Horace Sébastiani (1772-1851), mariscal de Francia, embajador en Londres de 1835 a 1840. Adélaïde de Orleans (1777-1847), hermana y consejera del rey Luis Felipe. ↩
Leopoldo I (1790-1865), rey de los belgas desde 1831. ↩
El príncipe Paul Anton Esterházy (1786-1866), embajador de Austria en Londres. ↩
El mariscal Soult, jefe del gobierno francés y ministro de Asuntos Exteriores en 1839-1840. ↩
«Textualmente». ↩
Disputa por motivos fútiles. ↩
Un griego del Bajo Imperio: un bizantino. ↩
Henry Richard Vassall-Fox, lord Holland (1773-1840), canciller del ducado de Lancaster en el gabinete de Melbourne. ↩
Philipp von Neumann, diplomático austríaco en Londres. ↩
William Lamb, vizconde de Melbourne (1779-1848), primer ministro whig de 1835 a 1841. ↩
Gilbert Elliot, conde de Minto (1782-1859), primer lord del Almirantazgo. ↩
Adolphe Thiers (1797-1877), que en marzo de 1840 pasó a presidir el gobierno francés. ↩