Escrito en inglés por Friedrich Engels a finales de febrero de 1859 y publicado en el New-York Daily Tribune, núm. 5586, del 17 de marzo de 1859, como editorial. El original inglés no tiene hoy fuente libre: se traduce de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 13 (Berlín, 1961, pp. 210-214), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. El título es el de la MEW. Se corrigen erratas evidentes de la edición digital de la MEW. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.

Los más fervientes amigos de la paz en Europa empiezan a abandonar la última y débil esperanza de conservarla y, en lugar de examinar la posibilidad de un arreglo pacífico, discuten ya qué probabilidades de éxito tienen los futuros beligerantes. Permítasenos, pues, continuar nuestras consideraciones sobre la importancia militar del valle del Po y sobre las oportunidades que ofrece a las maniobras de los ejércitos franco-sardo y austriaco que se enfrentan.

Ya hemos descrito la fuerte posición de los austriacos en el Mincio y el Adigio.1 Volvámonos ahora hacia el otro lado. El Po, que corre principalmente de oeste a este, describe una curva considerable y fluye a lo largo de unas dieciséis millas de noroeste a sureste, tras lo cual vuelve a tomar la dirección este. Esa curva se encuentra en territorio de Cerdeña, a unas 25 millas de la frontera austriaca. En el arco norte del Po desemboca el Sesia, que baja de los Alpes hacia el sur, y en el arco sur el Tanaro, que corre de los Apeninos hacia el norte. En estos dos ríos desembocan a su vez, poco antes de unirse a la corriente principal, numerosos ríos menores, de modo que el país situado al oeste de ellos ofrece en el mapa el espectáculo de un extenso sistema de líneas fluviales que tienden todas, desde el anfiteatro de montañas que rodea el Piamonte por tres lados, hacia un centro común, como los radios que se trazan de la circunferencia de un círculo a su centro. Esa es la fuerte posición defensiva del Piamonte, y como tal la reconoció con exactitud Napoleón; pero tanto él como el gobierno sardo que sucedió a la dominación francesa la descuidaron, y solo tras las derrotas de 1849 se acondicionó para la defensa. Pero aun entonces las obras de defensa se levantaron con tanta lentitud y escasez que hoy están incompletas, y fortificaciones que deberían tener escarpa y contraescarpa de mampostería se están construyendo ahora como simples reductos de campaña para estar listas para la defensa en primavera.

En el Po, unas cuatro millas aguas arriba de la desembocadura del Sesia, está la ciudad de Casale, que estaba y está siendo fortificada para servir de apoyo al ala norte o izquierda de la posición. En la confluencia del Tanaro y el Bormida, ocho millas aguas arriba de la desembocadura del primero en el Po, está Alessandria, la fortaleza más fuerte del Piamonte, que ahora se convierte en el centro de un gran campo atrincherado que asegura el ala sur o derecha de la posición. La distancia entre las dos ciudades es de dieciséis millas, y el Po corre por delante de la carretera que las une a una distancia de unas cinco o seis millas. El ala izquierda de un ejército situado en esta posición queda cubierta, en primer lugar, por el Sesia y, en segundo lugar, por Casale y el Po. El ala derecha la cubren Alessandria y los ríos Orba, Bormida, Belbo y Tanaro, que confluyen todos muy cerca de Alessandria. El frente lo cubre la curva del Po.

Si Cerdeña concentra en esta posición su ejército, de 80.000 a 90.000 hombres, tendrá unos 50.000 disponibles para operaciones activas, dispuestos también a caer sobre los flancos de cualquier ejército que intente envolver la posición por Novi y Acqui, al sur, o por Vercelli, al norte. Turín puede considerarse, pues, bien cubierta por esta posición, sobre todo porque la capital tiene una ciudadela que exige un asedio en regla para ser tomada, y ningún ejército que envuelva semejante posición podría llevar a cabo un asedio sin haber desalojado antes al ejército piamontés de su campo atrincherado. Pero la posición de Casale y Alessandria tiene un punto débil: no tiene profundidad y su retaguardia está completamente al descubierto. Los austriacos tienen entre el Mincio y el Adigio un cuadrilátero cubierto por cuatro fortalezas, una en cada vértice. Los piamonteses tienen en el Po y el Bormida una línea con dos fortalezas, una en cada flanco, y un frente fácil de defender, pero su retaguardia está completamente abierta. Es verdad que sería arriesgado y relativamente inútil envolver Alessandria por el sur, pero Casale puede envolverse por el norte, si no por Vercelli, al menos por Sesto Calende, Novara, Biella, Santhià y Crescentino; y si un ejército superior cruza el Po aguas arriba de Casale y ataca a los piamonteses por la espalda, estos se ven obligados de inmediato a renunciar a las ventajas de una posición fuertemente atrincherada y a combatir en campo abierto. Sería la contrapartida de Marengo, solo que al otro lado del Bormida.

Después de haber descrito las dos bases de operaciones de la cuenca del Po, la de los austriacos en un artículo anterior y la de los franceses y piamonteses en las observaciones precedentes, vamos a examinar ahora qué uso puede hacerse de ellas. Una ojeada al mapa muestra que toda la parte nororiental de la cadena alpina perteneciente a Suiza, desde Ginebra hasta una milla, más o menos, antes del paso del Stelvio, es por ahora territorio neutral, hasta que uno u otro de los beligerantes juzgue oportuno violar la neutralidad. Como los suizos tienen hoy una fuerza bastante considerable para fines defensivos, no es probable que eso ocurra justo al comienzo de la guerra. Consideraremos, pues, por ahora a Suiza como realmente neutral e inaccesible para ambas partes. En ese caso, los franceses tienen cuatro caminos para llegar al Piamonte. El ejército de Lyon tendrá que pasar por Saboya y el Mont Cenis. Un cuerpo menor puede avanzar por Briançon y el Mont Genèvre. Ambos, al salir de las montañas, se reunirán en Turín. El ejército concentrado en Provenza puede marchar en parte desde Tolón por Niza y el Col di Tenda; la otra parte puede embarcar en Tolón y ser trasladada en vapores a Génova en mucho menos tiempo. Las dos partes tienen su punto de concentración en Alessandria. Hay todavía algunos caminos que llevan a los mismos puntos de concentración, pero o no son adecuados para el paso de grandes unidades o no son tan ventajosos como los mencionados.

La disposición del ejército francés de Italia, y ya podemos atrevernos a llamarlo así, se ha tomado de acuerdo con esta situación. Los dos puntos principales de concentración son Lyon y Tolón, y entre ambos hay un cuerpo menor en el valle del Ródano, dispuesto a avanzar por Briançon. Para concentrar rápidamente un fuerte ejército francés en el valle del Po, detrás de Alessandria y Casale, es necesario, en efecto, utilizar todas las rutas indicadas: el cuerpo más fuerte llega por Lyon y el Mont Cenis, el más débil por Briançon y el Mont Genèvre, y la mayor parte posible del ejército de Provenza se traslada por mar a Génova; porque mientras un cuerpo que marche desde el Var por el Col di Tenda necesita más de diez días hasta Alessandria, por mar puede llegar desde Tolón a Génova en 24 horas, y de allí a Alessandria en tres marchas forzadas o cuatro normales.

Pero supongamos, como es de esperar, que Austria declare la guerra en cuanto un batallón francés entre en el Piamonte: ¿qué camino puede tomar su ejército de Italia? Puede quedarse en Lombardía, esperar arma al pie la concentración de 200.000 franceses y 50.000 piamonteses y retirarse luego a su base de operaciones del Mincio, abandonando toda Lombardía. Semejante proceder desmoralizaría a las tropas austriacas y animaría a sus adversarios con un éxito conseguido con inesperada facilidad. Puede también esperar el ataque de franceses y piamonteses en la llanura abierta de Lombardía. En ese caso sería batido por la superioridad numérica, porque solo puede oponer 120.000 hombres a un número doble y además se vería estorbado por la insurrección italiana, que estallaría en todo el país. Sin duda podría alcanzar sus fortalezas, pero esa espléndida base de operaciones quedaría reducida a una defensiva estéril tras haberse perdido la fuerza ofensiva del ejército de campaña. El gran propósito para el que se creó ese sistema de fortalezas, servir a un ejército más débil de base para un ataque victorioso y protegido contra otro más fuerte, quedaría completamente frustrado, a menos que llegaran refuerzos del interior de Austria. Entretanto podrían caer Peschiera y Legnago, y las comunicaciones a través del territorio véneto se perderían con toda seguridad. Cualquiera de los procedimientos considerados aquí sería desventajoso y, de hecho, inadmisible si no lo dictara una necesidad imperiosa. Pero queda todavía otra posibilidad.

Los austriacos pueden lanzar al campo por lo menos 120.000 hombres. Si eligen el momento adecuado, solo tienen frente a ellos a 90.000 piamonteses, de los cuales únicamente 50.000 pueden tomar parte en el combate. Los franceses llegan por cuatro caminos que llevan todos a Alessandria. Los ángulos entre esas cuatro rutas, es decir, entre las líneas Mont Cenis-Alessandria y Génova-Alessandria, suman unos 140°; así que una cooperación de los distintos cuerpos franceses antes de su concentración queda completamente descartada. Si los austriacos eligen ahora un momento favorable, y en 1848 y 1849 hemos visto que son capaces de hacerlo, y marchan sobre la base de operaciones piamontesa, atacándola de frente o envolviéndola por el norte, nos atrevemos a afirmar, con todo el respeto por la valentía del ejército piamontés, que los sardos tendrían escasas probabilidades frente a la superioridad numérica de los austriacos. En cuanto los piamonteses hubieran sido derrotados en campo abierto y reducidos a una defensa pasiva de sus fortalezas, los austriacos podrían atacar con fuerzas superiores a cada cuerpo francés por separado, según fuera llegando de los Alpes o de los Apeninos. Aun si se vieran obligados a retirarse, su retirada estaría asegurada mientras la neutralidad de Suiza cubriera su flanco norte, y al llegar a Mantua el ejército estaría todavía en condiciones de llevar a cabo una defensa activa y ofensiva de su base de operaciones.

Otra posibilidad para los austriacos sería tomar posición en Tortona y esperar a la columna francesa que, en su marcha de Génova a Alessandria, tiene que ofrecer allí su flanco a los austriacos. Pero esto sería solo una ofensiva coja, porque los franceses podrían quedarse tranquilamente en Génova hasta que las demás columnas se hubieran concentrado en Alessandria; en ese caso los austriacos no solo quedarían completamente burlados, sino que correrían incluso el peligro de verse separados del Mincio y del Adigio.

Supongamos que los austriacos fueran batidos y tuvieran que retirarse a su base de operaciones; los franceses, en cuanto avanzaran más allá de Milán, correrían el peligro de ser envueltos. La carretera del Stelvio lleva directamente del Tirol a Milán por el valle del Adda. La carretera del Tonale, por el valle del Oglio, y la de las Judicarias, por el valle del Chiese, llevan ambas al corazón de Lombardía y a la retaguardia de cualquier ejército que ataque el Mincio desde el oeste. Por el Tirol, Austria envuelve toda la Lombardía-Venecia, y si se toman las disposiciones necesarias, puede preparar en cualquier momento un Marengo a su enemigo en la llanura lombarda. Mientras Suiza permanezca neutral, en cambio, no puede emplearse una estratagema semejante contra Austria cuando esta ataca el Piamonte.

En el estado actual de cosas en Italia, la ofensiva sería, pues, lo más adecuado para Austria. Lanzarse directamente contra un ejército mientras todavía se está concentrando es una de las más grandiosas de esas grandes maniobras del arte moderno de la guerra que Napoleón sabía ejecutar tan magistralmente. Nadie lo ha sufrido en carne propia más que los austriacos; dan fe de ello Montenotte, Millesimo, Mondovì y Dego, Abensberg y Eggmühl.2 Que los austriacos han aprendido de Napoleón lo demostraron brillantemente en Sommacampagna y Custoza y, sobre todo, en Novara. La misma maniobra parece, por tanto, la más ventajosa también hoy para la conducción austriaca de la guerra. Aunque exige gran vigilancia y acertar con el momento oportuno, los austriacos desaprovecharían unas perspectivas de éxito inmensas si se limitaran a una mera defensa de sus territorios.

  1. En el artículo «Cómo tiene Austria a Italia en jaque», publicado en el New-York Daily Tribune el 4 de marzo de 1859. ↩

  2. Victorias de Bonaparte sobre austriacos y piamonteses en abril de 1796 y de Napoleón sobre los austriacos en Baviera en abril de 1809. ↩