Escritos por Friedrich Engels entre finales de mayo y mediados de julio de 1870, durante su trabajo en la Historia de Irlanda, que quedó inacabada. Traducidos del manuscrito, según Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 16 (Berlín, 1962, pp. 499-500), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.

Los ingleses han sabido reconciliar con su dominación a gentes de las razas más diversas. Los galeses, tan apegados a su nacionalidad y a su lengua, se han fundido por completo con el Imperio británico. Los celtas escoceses, aunque rebeldes hasta 17451 y desde entonces casi exterminados, primero por el gobierno y luego por su propia aristocracia, no piensan en levantarse. Los franceses de las islas del Canal se batieron con furia contra Francia incluso durante la gran Revolución. Y hasta los frisones de Heligoland, vendidos por Dinamarca a Inglaterra,2 están contentos con su suerte, y probablemente pasará mucho tiempo antes de que los laureles de Sadowa3 y las conquistas de la Confederación Alemana del Norte despierten en ellos el grito de dolor por la unión con la gran patria. Solo con los irlandeses no han podido acabar los ingleses. La culpa la tiene la enorme elasticidad de la raza irlandesa. Tras la opresión más cruel, tras cada intento de exterminio, los irlandeses volvían a levantarse al poco tiempo más fuertes que nunca; más aún, sacaban su principal fuerza de la guarnición extranjera que se les imponía para oprimirlos: en dos generaciones, a menudo en una, los extranjeros se habían vuelto más irlandeses que los irlandeses, Hiberniores ipsis Hibernis;4 y cuanto más adoptaban la lengua inglesa y olvidaban la irlandesa, más irlandeses se volvían.


La burguesía lo convierte todo en mercancía, y por tanto también la historiografía. Forma parte de su esencia, de sus condiciones de existencia, falsificar todas las mercancías: falsificó la historiografía. Y la historiografía mejor pagada es la mejor falsificada en el sentido de la burguesía. Teste Macaulay,5 que por eso es también el modelo inalcanzable del más torpe G. Smith.6


Los asesinatos agrarios en Irlanda no pueden reprimirse porque son, y mientras sean, el único medio eficaz contra el exterminio del pueblo por los landlords. Sirven, y por eso continúan y continuarán pese a todas las leyes de excepción. Cuantitativamente oscilan, como todos los fenómenos sociales; pueden incluso, en ciertas circunstancias, volverse epidémicos y producirse por motivos del todo insignificantes. La epidemia puede reprimirse, pero la enfermedad misma no.

  1. La última insurrección jacobita de las Tierras Altas, aplastada en Culloden en 1746. ↩

  2. Heligoland, ocupada por los ingleses en 1807, fue cedida por Dinamarca a Gran Bretaña en la paz de Kiel (1814). ↩

  3. La victoria prusiana sobre Austria en Sadowa (Königgrätz), el 3 de julio de 1866. ↩

  4. «Más irlandeses que los propios irlandeses». ↩

  5. «Testigo, Macaulay». Thomas Babington Macaulay (1800-1859), historiador y político whig, autor de una Historia de Inglaterra apologética de la revolución de 1688. ↩

  6. Goldwin Smith (1823-1910), historiador liberal inglés, profesor en Oxford, autor de Irish History and Irish Character (1861). ↩