Escrita en italiano por Friedrich Engels en Londres el 20 de abril de 1872. Publicada en La Plebe (Lodi), n.º 48, 24 de abril de 1872, como la primera de sus «Cartas desde Londres». El original italiano no está disponible en una edición libre; traducimos de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 18 (Berlín, 1962, pp. 74-76), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. El subtítulo es de los editores de la MEW. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.
Londres, 20 de abril [de 1872]
El movimiento obrero ha dado en Inglaterra en estos últimos días un enorme paso adelante: ha arraigado entre los jornaleros agrícolas, y a fondo. Es sabido que en Gran Bretaña toda la tierra pertenece a un número muy reducido de grandes terratenientes, de los cuales los más pobres cobran en arriendos rentas anuales de 100.000 liras y los más ricos de muchos millones.1 El marqués de Westminster goza de una renta anual de más de diez millones.2
Las tierras están divididas en grandes fincas, que unos pocos labradores trabajan con ayuda de máquinas por cuenta del gran arrendatario. Allí no hay pequeños campesinos; el número de jornaleros agrícolas, ya escaso en proporción a la superficie que cultivan, disminuye de año en año con la introducción de nuevas máquinas; los jornaleros agrícolas ingleses, ignorantes, siervos de la gleba como nunca lo fueron, pero al mismo tiempo víctimas de la competencia, forman por eso la clase peor pagada de la población. Varias veces se han levantado contra su dura suerte: en 1831 quemaron en el sur de Inglaterra los almiares de heno y de grano de los arrendatarios;3 hace algunos años ocurrió lo mismo en el condado de York; de cuando en cuando se intentó fundar entre ellos sociedades de resistencia, pero sin resultado serio. El movimiento actual, en cambio, ha adquirido en pocas semanas una extensión que le asegura un éxito inmenso. Empezó entre los jornaleros agrícolas del condado de Warwick, que pedían un aumento del salario de 11 o 12 chelines (13 o 14 francos) a la semana a 16 chelines (19 francos) y que, para imponerlo, formaron una sociedad de resistencia y hace poco se declararon en huelga.4 Espanto general entre los terratenientes, los arrendatarios y los conservadores del condado: ¡los jornaleros, esclavos en cuerpo y alma, se atrevían, al cabo de más de mil años, a rebelarse contra el poder de sus amos! Y se rebelaron de verdad, se pusieron en huelga, y con tanta eficacia que en dos o tres semanas se sumaron a la rebelión no solo los jornaleros de Warwickshire, sino todos los de los ocho condados vecinos. Lo que para los gobiernos reaccionarios de Europa es la Internacional, el espantajo cuyo solo nombre los llena de terror, fue para los asustados señores y arrendatarios la Unión de los jornaleros agrícolas. Le opusieron resistencia, pero en vano: la Unión, sostenida por los consejos y la experiencia de las sociedades de resistencia de los obreros industriales, se consolidó y se extendió más cada día, apoyada además por la opinión pública, incluida la de la burguesía. Pese a su pacto de alianza política con la aristocracia, la burguesía libra siempre contra ella una especie de guerra de guerrillas económica; y como vive ahora una época de prosperidad industrial en la que se necesitan muchos obreros, casi todos los labradores en huelga fueron llevados a las ciudades, donde tenían mucho mejor empleo y mejor paga de los que hubieran podido tener en la agricultura. Así la huelga ha terminado en un éxito completo, hasta el punto de que los señores y los arrendatarios suben por propia iniciativa en toda Inglaterra los salarios de los jornaleros entre un 25 y un 30 por ciento. Con esta primera gran victoria empieza una época nueva en la vida intelectual y social del proletariado del campo, que ha entrado en masa en el movimiento de los proletarios de las ciudades contra la tiranía del capital.
La semana pasada el Parlamento inglés se ocupó de la Internacional. El señor Cochrane, un reaccionario empedernido, ¡acusó a esta terrible sociedad obrera de haber dado a la Comuna de París la orden de asesinar al arzobispo5 y de incendiar la ciudad! Luego pidió medidas de represión contra el Consejo General, que se halla actualmente en Londres. Naturalmente, el Gobierno le respondió que los internacionales, como todos los habitantes de Inglaterra, solo responden ante la ley, y que, como hasta ahora no la han infringido, no hay razón alguna para tomar represalias contra ellos.6 Cabe suponer que el Consejo General de la Asociación responderá a las falsificaciones del señor Cochrane.7
F. E.
Para sus lectores italianos, Engels da las cantidades en liras y, más abajo, los salarios en chelines y en francos. ↩
Hugh Lupus Grosvenor (1825-1899), tercer marqués de Westminster (duque desde 1874), dueño de buena parte de los barrios ricos de Londres; pasaba por el hombre más rico de Inglaterra. ↩
Los motines de «Swing» de 1830-1831: los jornaleros del sur y del este de Inglaterra quemaron almiares y destrozaron trilladoras en nombre de un imaginario «capitán Swing»; la represión acabó con ahorcamientos y cientos de deportados a Australia. ↩
La huelga empezó en febrero de 1872 en Wellesbourne (Warwickshire) bajo la dirección del predicador metodista y jornalero Joseph Arch (1826-1919); en marzo se fundó la Unión de los jornaleros agrícolas de Warwickshire, y en mayo, la National Agricultural Labourers' Union. ↩
Georges Darboy (1813-1871), arzobispo de París, uno de los rehenes fusilados por orden de la Comuna el 24 de mayo de 1871, en plena matanza de los comuneros por las tropas de Versalles. ↩
Alexander Baillie Cochrane (1816-1890), diputado conservador, había atacado ya a la Internacional en 1871 con documentos falsos (véase la Declaración del Consejo General sobre la carta de Alexander Baillie Cochrane). El 12 de abril de 1872 llamó la atención de la Cámara de los Comunes sobre la Internacional y reclamó medidas contra ella; le respondió el ministro del Interior, Henry Austin Bruce. ↩
El Consejo General respondió con una declaración redactada por Marx, fechada el 17 de abril de 1872 y difundida como hoja suelta. ↩