Fragmento de una carta de Friedrich Engels a Adolf Hepner, escrita a finales de abril de 1873 y publicada en Der Volksstaat (Leipzig), n.º 37, del 7 de mayo de 1873. El título es de los editores de la MEW. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 18 (Berlín, 1962, pp. 319-321), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.

Para su mejor información sobre el famoso artículo del Neuer1 le llamamos la atención, en parte una vez más, sobre lo siguiente: a) Sobre lo absurdo de que Bakunin esté contra las conspiraciones, cuando él ha urdido una conspiración general —la Alianza— dentro de la Internacional, no contra el Gobierno, por cierto, sino contra la propia Internacional. b) Sobre que la Internacional en Francia, después de la ley Dufaure,2 no puede existir en absoluto de otro modo que «en secreto»; pero que una sociedad secreta de propaganda y una conspiración son dos cosas distintas. c) Sobre que el Congreso de La Haya se pronunció tan enérgicamente contra los blanquistas, que querían hacer de la Internacional un vehículo de conspiraciones, que estos se retiraron de la Internacional y se declararon públicamente contra ella porque le faltaba «energía revolucionaria».3 d) Sobre que Heddeghem (Walter), el hombre alto y callado de pelo rojo de La Haya —acompañado de una pequeña supuesta «esposa» vestida de luto y con cara de María Magdalena—, que ahora ha sido desenmascarado como viejo agente de policía, fue propuesto al antiguo Consejo General con su sección para su admisión por Serraillier solo después de que se remitiera al blanquista Ranvier,4 miembro del Consejo General, y de que este lo reconociera como de toda confianza. e) Sobre que tanto Heddeghem como Dentraygues tenían mandatos regulares de sus secciones y, por tanto, tenían que ser admitidos en el Congreso, puesto que no se presentó ninguna acusación contra ellos, cosa que a nadie de la minoría se le ocurrió. f) Sobre que el Neuer no puede presentarse mejor como órgano policíaco que repitiendo la consigna lanzada por policías y bonapartistas como Vogt y compañía5 de que Marx pretende aparecer como «jefe de una conspiración internacional» y de que ha tenido ya «una docena de procesos comunistas», cuando precisamente la actitud del Congreso de La Haya, con cuya mayoría se identifica a Marx, contra los blanquistas prueba lo contrario, y la mentira policíaca sobre el único proceso comunista de 1852 la desenmascararon hace mucho las Revelaciones sobre el proceso de los comunistas en Colonia de M[arx].6 g) Sobre que, si ahora alguna vez condenan a la cárcel a uno del N[euer] S[ocial-] D[emokrat], ya se sabrá a qué atenerse, después de que el propio Neuer ha llamado la atención sobre la maniobra policíaca de hacer condenar también a los policías, pero darles en la cárcel una vida más cómoda. «¡Que los obreros tengan siempre los ojos abiertos!»

Por lo demás, Dentraygues no era un espía, sino un sujeto descarriado que solo en el calabozo se convirtió en delator y luego cayó pronto del todo en manos de la policía. En cambio, Heddeghem ya era soplón (mouchard) bajo Bonaparte, y se lo debemos exclusivamente a los blanquistas. El «gran viejo luchador por la libertad» Bakunin, en cambio, siempre ha tenido soplones en sus filas: Albert Richard, por ejemplo, que desde 1868, desde la fundación de la Alianza, fue su mano derecha para Francia. Y como los del Jura afirman tener también secciones secretas en Francia (los procesos prueban lo contrario), ¿dónde está la diferencia artificiosa que establece el Neuer?

En cuanto al artículo del n.º 45, hay todavía algo que decir contra las afirmaciones que contiene. Contra el Congreso de La Haya se han declarado: 1. La llamada Federación italiana, que nunca ha pertenecido a la Internacional porque no quiere reconocer los Estatutos Generales, y que por eso tampoco puede pertenecer a ella mientras no se someta. En cambio, cierto número de verdaderas secciones italianas lo han reconocido y están en relación regular con el Consejo General. 2. La Federación del Jura, 150 hombres, frente a 4.000-5.000 solo en la Suiza francesa; por ello ha sido suspendida. 3. Los belgas. 4. Una parte de los españoles, mientras que otra ha instituido en Valencia el Consejo Federal que está en relación regular con el Consejo General de Nueva York. 5. En Inglaterra, diez hombres en total, que no tienen detrás ni una sola sección real, mientras que el Consejo Federal inglés, apoyado en numerosas secciones, varias de las cuales cuentan con 500 hombres o más y que aumentan de semana en semana, hace del reconocimiento de las resoluciones de La Haya condición fundamental de la admisión. Que 6. en Francia, «en la medida en que allí sigue existiendo una organización», esta estaba con La Haya y con el Consejo General lo prueban precisamente los procesos que sirven de pretexto al artículo del n.º 49. Los «refugiados de la Comuna», ni como tales ni en su «mayoría», nunca se han visto en el caso de tener que «oponerse enérgicamente a que, etc.», porque esa fracción nunca ha existido. Los blanquistas, cinco en total, entre ellos cuatro miembros de la Comuna, se retiraron porque la Internacional no quiso prestarse a ser instrumento de su conspiración. Aparte de eso, no ha ocurrido absolutamente nada que pudiera dar el más remoto pretexto a esta mentira.

  1. El Neuer Social-Demokrat, órgano de la Asociación General de Obreros Alemanes, lassalleana, publicado en Berlín de 1871 a 1876. Adolf Hepner (1846-1923), destinatario de la carta, era redactor del Volksstaat. ↩

  2. La ley de 14 de marzo de 1872, presentada por el ministro Jules Dufaure, que castigaba la afiliación a la Internacional en Francia. ↩

  3. Tras el Congreso de La Haya, los blanquistas del antiguo Consejo General, que no aceptaron el traslado de este a Nueva York, abandonaron la Internacional y atacaron al Congreso en el folleto Internationale et Révolution (Londres, 1872). ↩

  4. Gabriel Ranvier (1828-1879), pintor decorador, blanquista, miembro de la Comuna de París y luego del Consejo General. ↩

  5. Karl Vogt (1817-1895), naturalista y antiguo diputado demócrata de Fráncfort, que en 1859 difamó a Marx como jefe de una banda de conspiradores; los papeles hallados en las Tullerías en 1870 mostraron que había recibido dinero de Napoleón III. Marx le respondió en El señor Vogt. ↩

  6. Véase Revelaciones sobre el proceso de los comunistas en Colonia. ↩