Escrito por Friedrich Engels en francés a comienzos de febrero de 1877 (manuscrito), como nota a la página 29 de la Histoire de la Commune de 1871 de Prosper-Olivier Lissagaray (Bruselas, 1876). El texto francés no está disponible en una edición libre; traducimos de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 19 (Berlín, 1962, pp. 351-354), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.

(El armisticio del señor Thiers del 30 de octubre de 1870)1

Hace falta toda la estupidez y toda la hipocresía de los hombres del 4 de Septiembre para llamar a la noticia de este armisticio «una buena noticia».2 Buena, en efecto… para los prusianos.

La capitulación de Metz había devuelto a 6 cuerpos de ejército prusianos, 120.000 hombres, su libertad de acción.3 Había que llamarse Trochu y Jules Favre para no ver que la llegada inevitable de este nuevo ejército al centro de Francia hacía casi imposible todo intento de socorrer París, que aquel no era el momento de concluir un armisticio, sino del máximo esfuerzo militar. Para ello no se disponía más que de quince días, pero esos quince días eran preciosos: era el momento crítico de la guerra.

La situación era la siguiente:

Para el bloqueo de París los alemanes habían tenido que emplear la totalidad de sus tropas, con excepción de 3 divisiones de infantería. No tenían reserva, porque las 3 divisiones habían perdido ese carácter al ocupar Orleans y Châteaudun, donde las mantenía en jaque el Ejército del Loira. Al oeste, al norte y al este no había más que caballería, que tenía que vigilar y recorrer un territorio muy extenso, pero que no era capaz de defenderlo frente a la infantería. A finales de octubre la línea alemana que cercaba París estaba ya muy fuertemente fortificada del lado de la ciudad, pero cualquier ataque procedente del exterior habría encontrado inevitablemente a los prusianos en campo abierto. La aparición de 50.000 hombres, aunque fueran tropas tan jóvenes como las que tenía entonces Francia, habría bastado para romper el bloqueo y restablecer la comunicación entre París y las provincias. Ya hemos visto que había que actuar deprisa; sin embargo, ocurrió lo siguiente:

El Gobierno de París aceptó un armisticio que, aunque de corta duración, dio alivio a las tropas alemanas, agotadas por los trabajos y las vigilias del bloqueo (30 de octubre).

D'Aurelle de Paladines, por su parte, concentra su ejército el 2 de noviembre en Vierzon con la intención de marchar sobre Beaugency, cruzar allí el Loira y avanzar entre los prusianos (22.ª división), que ocupan Châteaudun, y los bávaros, que ocupan Orleans.4 La marcha de Vierzon a Beaugency es de unos 45 kilómetros y podía muy bien hacerse en 2 días. Pero, si hemos de creer a una fuente alemana (Militärische Gedanken und Betrachtungen, etc.), Gambetta tuvo la ingenuidad de creer que un ejército de 40.000 hombres viaja en ferrocarril tan deprisa como un simple particular. Ordena, pues, al general que, en lugar de hacer marchar a su ejército, lo transporte en ferrocarril de Vierzon a Tours y de allí a Beaugency. El general protesta, Gambetta insiste. En lugar de una marcha de dos días y de 45 kilómetros, el Ejército del Loira hace, pues, un viaje en ferrocarril de 180 kilómetros, que le cuesta cinco días y que, además, no podía pasar inadvertido al enemigo. Hasta el 7 no vuelve a estar concentrado y listo para el combate en Beaugency. Pero se han perdido tres días preciosos, y el enemigo está informado del movimiento realizado.

¡Y qué días! El 3 de noviembre fue el día más crítico: la caballería prusiana, toda una brigada, tuvo que abandonar Mantes y retirarse sobre Vert ante diez fuertes unidades de francotiradores; por otra parte, se observaron considerables fuerzas francesas, compuestas de todas las armas, que marchaban desde Courville en dirección a Chartres. Si el Ejército del Loira hubiera atacado el 4, de lo que era perfectamente capaz, en lugar de pasearse en vagones; si hubiera avanzado, lo que no podía resultarle difícil, entre los bávaros y la 22.ª división prusiana y aprovechado su gran superioridad numérica para batirlos por separado, uno tras otro, y avanzar después sobre París, París habría quedado liberado casi con toda seguridad.

Moltke, además, estaba muy lejos de desconocer el peligro; estaba también decidido a obrar, si era necesario, como Napoleón ante Mantua: levantar el bloqueo, sacrificar el parque de asedio que se estaba formando en Villacoublay, concentrar su ejército para la acción en campo abierto y no reanudar el bloqueo hasta después de la victoria, es decir, hasta la llegada del ejército de Metz.5 Los bagajes del cuartel general de Versalles estaban ya cargados, todo estaba listo para la partida, solo faltaba enganchar los caballos (como dice el coronel suizo Von Erlach, testigo ocular).

Si los prusianos se hubieran visto obligados a levantar el bloqueo de París, ello habría podido significar una presión por parte de Europa y una paz honrosa. En todo caso, el efecto moral de un hecho semejante habría sido inmenso, primero sobre Europa, después sobre todo sobre Francia y, por último, en sentido negativo, sobre los alemanes. ¡Y las consecuencias materiales de un hecho así! París habría tenido al menos quince o veinte días para abastecerse por todas las líneas de ferrocarril procedentes del sur y del oeste, lo que habría hecho posible prolongar la defensa uno o dos meses. Además, se habría ganado otro tanto tiempo para la organización de los ejércitos de provincias, de modo que en adelante no habría hecho falta lanzarlos contra el enemigo sin disciplina, sin instrucción, sin equipo y casi sin armas. Para devolver a Francia perspectivas de éxito solo hacía falta tiempo; la ocasión de procurárselo se presentó el 3 y el 4 de noviembre; ya hemos visto cómo se desperdició esa ocasión.

¡Pero sigamos los acontecimientos!

París no hizo ni siquiera una salida. Durante una semana, las fuerzas que se acercaban a París por el oeste no hicieron ningún intento de atacar. No es de extrañar. Esas fuerzas debían de ser bastante débiles; ¡el decreto de Gambetta que encargaba al señor de Kératry la organización del Ejército del Oeste lleva fecha del 22 de octubre!

Quedaba el Ejército del Loira, que el 7 de noviembre estaba desplegado en línea en Beaugency. Pero D'Aurelle no ataca a los bávaros en Coulmiers hasta el 9; en cuanto estos vieron asegurada la retirada de la 22.ª división prusiana, que marchaba a su encuentro en dirección a Chartres, se replegaron sobre Toury, donde esa división se les unió al día siguiente, el 10 de noviembre. D'Aurelle no volvió a moverse. Entretanto, tres cuerpos, 60.000 hombres, del ejército de Metz se acercaban a marchas forzadas al Sena. Otras dos divisiones prusianas (la 3.ª y la 4.ª), transportadas en ferrocarril desde Metz, habían llegado ya ante París. Moltke quedó así en condiciones de dirigir la 17.ª división prusiana a Toury, adonde llegó el 12. Había, pues, en línea 4 divisiones alemanas, de unos 35.000 hombres, frente al Ejército del Loira, que desde entonces había dejado de inquietarlas.

Mientras tanto, el 14 de noviembre, considerables masas de tropas francesas se movían desde Dreux hacia Houdan, a dos jornadas de marcha de Versalles. Moltke, que en esa dirección solo disponía por el momento de su caballería, no estaba en condiciones de enviar destacamentos lo bastante fuertes para reconocer qué fuerzas había detrás de esa vanguardia. Aquel día estuvo de nuevo a punto de abandonar Versalles y levantar el bloqueo (Blume).6

Esta vez, sin embargo, ya no decidían los días, sino las horas. El primero de los cuerpos de ejército de Metz (el IX) llegó ese mismo día a Fontainebleau; el III debía estar entre el 16 y el 18 en Nemours, y el X el 19 en Joigny, sobre el Yonne. Moltke dirigió la 17.ª división a Rambouillet, la 22.ª a Chartres y los bávaros a Auneau, es decir, entre el Ejército del Loira, al que dejaba libre el camino de París, y las tropas que amenazaban Versalles por el oeste. Esta vez D'Aurelle se salvó gracias a su inactividad; si hubiera avanzado por el hueco que se abría ante él, habría quedado aplastado entre las dos columnas alemanas, dispuestas a caer sobre sus flancos. El 19 de noviembre los tres cuerpos del II Ejército prusiano ocuparon Fontainebleau y Nemours, con sus reservas en el Yonne; el 20 de noviembre el I Ejército, al mando de Manteuffel, quedó reunido en la línea del Oise, de Compiègne a Noyon; el ejército de Metz protegía por el norte y por el sur el bloqueo de París; la última ocasión de romperlo se había desperdiciado, gracias a Trochu, Gambetta y D'Aurelle, cuyos errores se completaron mutuamente, casi podría decirse, con la tan alabada precisión de los batallones prusianos.

  1. Prosper-Olivier Lissagaray (1838-1901), periodista y combatiente de la Comuna, publicó en 1876 su Histoire de la Commune de 1871; Engels redactó esta nota durante la preparación de la edición alemana del libro, aparecida en 1877. A finales de octubre de 1870 Adolphe Thiers, con el acuerdo del Gobierno de la Defensa Nacional, entabló con Bismarck negociaciones de armisticio, que fracasaron a comienzos de noviembre. ↩

  2. El Gobierno de la Defensa Nacional, formado en París tras la proclamación de la República el 4 de septiembre de 1870, presidido por el general Louis-Jules Trochu, con Jules Favre en Asuntos Exteriores y Léon Gambetta, que desde octubre dirigía desde Tours la guerra en las provincias. ↩

  3. El mariscal Bazaine capituló en Metz el 27 de octubre de 1870 con el ejército del Rin. ↩

  4. Louis d'Aurelle de Paladines (1804-1877), general que mandaba el Ejército del Loira; el 9 de noviembre de 1870 venció a los bávaros de Von der Tann en Coulmiers y recuperó Orleans. ↩

  5. Helmuth von Moltke (1800-1891), jefe del Estado Mayor prusiano. En 1796 Napoleón levantó el sitio de Mantua, sacrificando su artillería de asedio, para batir a los ejércitos austríacos de socorro. ↩

  6. Wilhelm von Blume, Die Operationen der deutschen Heere von der Schlacht bei Sedan bis zum Ende des Krieges (Berlín, 1872). ↩