Karl Marx, El capital. Crítica de la economía política. Libro segundo: El proceso de circulación del capital. Editado por Friedrich Engels; primera edición: Hamburgo, Otto Meissner, 1885. Se traduce de la segunda edición (1893) según el texto de la MEW 24 (Berlín, 1963), cotejado con la MEGA II/13 (1885); las citas que Marx daba en inglés, francés u otras lenguas se traducen de su original. Traducción de la Escuela de marxismo, 2026. Las notas que indican de qué manuscrito de Marx procede el texto son de Engels; las firmadas «— F. E.» y los pasajes entre corchetes con esa firma, también. Las llaves {…} reproducen las de la edición (interpolaciones de Marx en las citas o de Engels en el texto). Las notas marcadas «(Nota de la traducción.)» son nuestras. Texto original en alemán

Prólogos · I · II · III · Libro primero

Capítulo séptimo. Tiempo de rotación y número de rotaciones

Hemos visto que el tiempo total de circulación1 de un capital dado es igual a la suma de su tiempo de circulación y de su tiempo de producción. Es el lapso que va desde el momento en que se adelanta el valor de capital en una forma determinada hasta el regreso del valor de capital en proceso a esa misma forma.

El fin determinante de la producción capitalista es siempre la valorización del valor adelantado, ya se adelante este valor en su forma autónoma, es decir, en la forma de dinero, o en mercancía, de modo que su forma de valor solo posea una autonomía ideal en el precio de las mercancías adelantadas. En ambos casos este valor de capital recorre, a lo largo de su ciclo, diversas formas de existencia. Su identidad consigo mismo se hace constar en los libros del capitalista o en la forma del dinero de cuenta.

Ya tomemos la forma D ... D'2 o la forma P ... P, ambas formas implican: 1) que el valor adelantado ha funcionado como valor de capital y se ha valorizado; 2) que, tras recorrer su proceso, ha regresado a la forma en que lo comenzó. La valorización del valor adelantado D y, a la vez, el regreso del capital a esta forma (la forma de dinero) se ven de un modo palpable en D ... D'. Pero lo mismo ocurre en la segunda forma. Pues el punto de partida de P es la existencia de los elementos de producción, mercancías de un valor dado. La forma implica la valorización de este valor (M' y D') y el regreso a la forma originaria, pues en el segundo P el valor adelantado vuelve a poseer la forma de los elementos de producción en que fue adelantado originariamente.

Ya vimos antes: «Si la producción tiene forma capitalista, también la tiene la reproducción. Así como en el modo de producción capitalista el proceso de trabajo solo aparece como un medio para el proceso de valorización, la reproducción solo aparece como un medio para reproducir como capital el valor adelantado, es decir, como valor que se valoriza» (libro I, cap. XXI, p. 588).

Las tres formas I) D ... D', II) P ... P y III) M' ... M' se distinguen en lo siguiente: en la forma II (P ... P) la renovación del proceso, el proceso de reproducción, se expresa como real; en la forma I, en cambio, solo como posibilidad. Pero ambas se distinguen de la forma III en que el valor de capital adelantado —sea como dinero, sea bajo la figura de los elementos materiales de producción— constituye el punto de partida y, por tanto, también el punto de regreso. En D ... D' el regreso es D' = D + d. Si el proceso se renueva en la misma escala, D vuelve a constituir el punto de partida, y d no entra en él, sino que solo nos muestra que D se ha valorizado como capital y ha generado por ello una plusvalía d, pero la ha expulsado de sí. En la forma P ... P, el valor de capital adelantado en la forma de los elementos de producción P constituye igualmente el punto de partida. La forma implica su valorización. Si hay reproducción simple, el mismo valor de capital, en la misma forma P, comienza de nuevo su proceso. Si hay acumulación, P' (por su magnitud de valor, M') abre ahora el proceso como valor de capital acrecentado. Pero vuelve a comenzar con el valor de capital adelantado en la forma inicial, aunque con un valor de capital mayor que antes. En la forma III, por el contrario, el valor de capital no comienza el proceso como valor adelantado, sino como valor ya valorizado, como la riqueza total que se halla en forma de mercancías, de la cual el valor de capital adelantado no es más que una parte. Esta última forma es importante para la sección tercera, donde se estudia el movimiento de los capitales individuales en su conexión con el movimiento del capital social global. En cambio, no sirve para la rotación del capital, que comienza siempre con el adelanto de valor de capital, sea en forma de dinero o de mercancía, y exige siempre el regreso del valor de capital en movimiento circular a la forma en que fue adelantado. De los ciclos I y II, hay que atenerse al primero en la medida en que se considere principalmente la influencia de la rotación en la formación de plusvalía; al segundo, en la medida en que se considere su influencia en la formación del producto.

Del mismo modo que los economistas no han distinguido las diferentes formas de los ciclos, tampoco las han considerado por separado en relación con la rotación del capital. Por lo general se toma la forma D ... D', porque es la que domina al capitalista individual y le sirve para sus cálculos, aun cuando el dinero solo constituya el punto de partida bajo la figura del dinero de cuenta. Otros parten del desembolso en forma de elementos de producción hasta que se produce el reflujo, sin que se hable para nada de la forma del reflujo, de si es en mercancía o en dinero. Por ejemplo:

«El ciclo económico, ... es decir, todo el curso de la producción, desde el momento en que se hace el desembolso hasta que se ha producido el reflujo» (Economic Cycle, ... the whole course of production, from the time that outlays are made till returns are received. In agriculture seedtime is its commencement, and harvesting its ending3. — S. P. Newman, Elements of Pol. Econ., Andover y Nueva York, p. 81).

Otros comienzan con M' (forma III):

«Puede considerarse que el mundo del tráfico productivo gira en un círculo, que llamaremos ciclo económico, y en el que realiza una vuelta completa cada vez que el negocio, tras consumar sus transacciones sucesivas, llega de nuevo al punto del que partió. El comienzo puede fecharse en el punto en que el capitalista ha recibido los ingresos por medio de los cuales le refluye su capital; a partir de ese punto procede de nuevo a contratar a sus obreros y a repartirles en salarios su sustento, o más bien el poder de adquirirlo; a recibir de ellos ya terminados los artículos con que comercia; a llevar estos artículos al mercado y a cerrar allí el ciclo de esta serie de movimientos vendiendo y recibiendo en el producto de la venta de la mercancía el reembolso de todo su desembolso de capital» (Th. Chalmers, On Pol. Econ., 2.ª ed., Glasgow, 1832, p. 85).

En cuanto el valor de capital total que un capitalista individual invierte en una rama cualquiera de la producción ha descrito el ciclo de su movimiento, se encuentra de nuevo en su forma inicial y puede repetir ahora el mismo proceso. Tiene que repetirlo si el valor ha de perpetuarse y valorizarse como valor de capital. El ciclo singular no constituye en la vida del capital más que un tramo que se repite constantemente, es decir, un período. Al cerrarse el período D ... D', el capital se encuentra de nuevo en la forma de capital dinerario, que recorre de nuevo la serie de metamorfosis en que está comprendido su proceso de reproducción o, respectivamente, de valorización. Al cerrarse el período P ... P, el capital se encuentra de nuevo en la forma de los elementos de producción, que constituyen el supuesto de su ciclo renovado. El ciclo del capital, determinado no como un acontecimiento aislado, sino como un proceso periódico, se llama su rotación. La duración de esta rotación viene dada por la suma de su tiempo de producción y su tiempo de circulación. Esta suma de tiempos constituye el tiempo de rotación del capital. Mide, por consiguiente, el intervalo entre un período cíclico del valor de capital total y el siguiente; la periodicidad en el proceso vital del capital o, si se quiere, el tiempo de la renovación, de la repetición del proceso de valorización o, respectivamente, de producción del mismo valor de capital.

Prescindiendo de las aventuras individuales que puedan acelerar o acortar el tiempo de rotación de un capital singular, el tiempo de rotación de los capitales difiere según sus diferentes esferas de inversión.

Así como la jornada laboral es la unidad de medida natural de la función de la fuerza de trabajo, el año constituye la unidad de medida natural de las rotaciones del capital en proceso. La base natural de esta unidad de medida estriba en que los frutos de la tierra más importantes de la zona templada, que es la patria de la producción capitalista, son productos anuales.

Si llamamos U al año como unidad de medida del tiempo de rotación, u al tiempo de rotación de un capital determinado y n al número de sus rotaciones, tendremos n = U/u4. Si el tiempo de rotación u es, por ejemplo, de 3 meses, n = 12/3 = 4; el capital efectúa 4 rotaciones al año, o rota cuatro veces. Si u = 18 meses, n = 12/18 = 2/3, o sea, el capital solo recorre en un año 2/3 de su tiempo de rotación. Si su tiempo de rotación abarca varios años, se calcula, pues, en múltiplos de un año.

Para el capitalista, el tiempo de rotación de su capital es el tiempo durante el cual tiene que adelantar su capital para valorizarlo y recuperarlo en su figura originaria.

Antes de examinar más de cerca la influencia de la rotación en el proceso de producción y de valorización, hay que considerar dos formas nuevas que el capital adquiere a partir del proceso de circulación y que influyen en la forma de su rotación.

Capítulo octavo. Capital fijo y capital circulante

I. Las diferencias de forma

Vimos en el libro I, cap. VII: una parte del capital constante conserva, frente a los productos a cuya formación contribuye, la forma de uso determinada con que entra en el proceso de producción. Efectúa, por tanto, durante un período más o menos largo, en procesos de trabajo continuamente repetidos, una y otra vez las mismas funciones. Así, por ejemplo, los edificios de trabajo, las máquinas, etc.; en suma, todo lo que agrupamos bajo la denominación de medios de trabajo. Esta parte del capital constante cede valor al producto en la proporción en que, junto con su propio valor de uso, pierde su propio valor de cambio. Esta cesión de valor, o este paso del valor de tal medio de producción al producto en cuya formación coopera, se determina mediante un cálculo de promedios; se mide por la duración media de su función, desde el momento en que el medio de producción entra en el proceso de producción hasta el momento en que está completamente gastado, ha muerto, y tiene que ser sustituido o reproducido por un nuevo ejemplar de la misma clase.

Lo peculiar de esta parte del capital constante —de los medios de trabajo propiamente dichos— es, pues, lo siguiente:

Una parte del capital se ha adelantado en forma de capital constante, es decir, de medios de producción, que funcionan ahora como factores del proceso de trabajo mientras perdura la figura de uso autónoma con que entran en él. El producto terminado, y por tanto también los formadores del producto, en la medida en que se han transformado en producto, es expulsado del proceso de producción para pasar, como mercancía, de la esfera de la producción a la esfera de la circulación. Los medios de trabajo, en cambio, nunca abandonan la esfera de la producción una vez que han entrado en ella. Su función los mantiene sujetos a ella. Una parte del valor de capital adelantado queda fijada en esta forma, determinada por la función de los medios de trabajo en el proceso. Con la función y, por consiguiente, con el desgaste del medio de trabajo, una parte de su valor pasa al producto, mientras otra permanece fijada en el medio de trabajo y, por tanto, en el proceso de producción. El valor así fijado disminuye constantemente hasta que el medio de trabajo ha terminado su servicio y, en consecuencia, también su valor se ha distribuido, en un período más o menos largo, entre una masa de productos que salen de una serie de procesos de trabajo constantemente repetidos. Pero mientras sigue siendo eficaz como medio de trabajo, es decir, mientras no tiene que ser sustituido por un nuevo ejemplar de la misma clase, siempre queda fijado en él valor de capital constante, mientras otra parte del valor fijado originariamente en él pasa al producto y circula, por tanto, como componente de las existencias de mercancías. Cuanto más dura el medio de trabajo, cuanto más lentamente se desgasta, tanto más tiempo permanece fijado el valor de capital constante en esta forma de uso. Pero, cualquiera que sea su grado de durabilidad, la proporción en que cede valor está siempre en razón inversa de su tiempo total de funcionamiento. Si de dos máquinas de igual valor una se desgasta en cinco años y la otra en diez, la primera cede en el mismo período el doble de valor que la segunda.

Esta parte del valor de capital fijada en el medio de trabajo circula igual que cualquier otra. Hemos visto en general que todo el valor de capital se halla en circulación constante y que, en este sentido, todo capital es capital circulante. Pero la circulación de la parte del capital que aquí consideramos es peculiar. En primer lugar, no circula en su forma de uso, sino que solo circula su valor, y además de forma paulatina, fragmentaria, a medida que pasa de ella al producto, que circula como mercancía. Durante toda su duración de funcionamiento, una parte de su valor permanece siempre fijada en ella, autónoma frente a las mercancías que ayuda a producir. Por esta peculiaridad, esta parte del capital constante adquiere la forma de capital fijo. Todos los demás componentes materiales del capital adelantado en el proceso de producción constituyen, por el contrario, en oposición a ella, el capital circulante o fluido.

Una parte de los medios de producción —a saber, aquellas materias auxiliares que los propios medios de trabajo consumen durante su función, como el carbón en la máquina de vapor, o que solo apoyan el proceso, como el gas del alumbrado, etc.— no entran materialmente en el producto. Solo su valor forma una parte del valor del producto. El producto hace circular su valor en su propia circulación. Esto lo tienen en común con el capital fijo. Pero en cada proceso de trabajo en que entran se consumen por completo y, por tanto, tienen que ser sustituidas por completo, para cada nuevo proceso de trabajo, por nuevos ejemplares de la misma clase. No conservan su figura de uso autónoma durante su función. Así pues, tampoco durante su función queda fijada ninguna parte del valor de capital en su vieja figura de uso, en su forma natural. La circunstancia de que esta parte de las materias auxiliares no entre materialmente en el producto, sino solo por su valor, como parte de valor, en el valor del producto, y lo relacionado con ello, que la función de estas materias quede sujeta dentro de la esfera de la producción, ha inducido a economistas como Ramsay (que al mismo tiempo confunden capital fijo y capital constante) a aplicarles la categoría de capital fijo.

La parte de los medios de producción que entra materialmente en el producto, es decir, la materia prima, etc., adquiere con ello en parte formas con las que más tarde puede entrar como medio de disfrute en el consumo individual. Los medios de trabajo propiamente dichos, los soportes materiales del capital fijo, solo se consumen productivamente y no pueden entrar en el consumo individual, porque no entran en el producto o el valor de uso que ayudan a formar, sino que, frente a él, conservan su figura autónoma hasta su completo desgaste. Una excepción la constituyen los medios de transporte. El efecto útil que producen durante su función productiva, es decir, durante su permanencia en la esfera de la producción, el cambio de lugar, entra simultáneamente en el consumo individual, por ejemplo, del viajero. Este paga entonces el uso como paga el uso de otros medios de consumo. Hemos visto que, por ejemplo, en la fabricación química la materia prima y las materias auxiliares se confunden. Y lo mismo los medios de trabajo, las materias auxiliares y la materia prima. Así, en la agricultura, por ejemplo, las sustancias añadidas en las mejoras del suelo entran en parte como formadoras del producto en el producto vegetal. Por otro lado, su efecto se distribuye a lo largo de un período más largo, por ejemplo, de 4 a 5 años. Una parte de ellas entra, por tanto, materialmente en el producto y transfiere con ello al mismo tiempo su valor al producto, mientras que otra parte, en su vieja forma de uso, fija también su valor. Perdura como medio de producción y adquiere, por tanto, la forma de capital fijo. Como animal de trabajo, un buey es capital fijo. Si se lo comen, no funciona como medio de trabajo y, por tanto, tampoco como capital fijo.

La determinación que da a una parte del valor de capital desembolsado en medios de producción el carácter de capital fijo reside exclusivamente en el modo peculiar en que circula este valor. Este modo propio de circulación nace del modo propio en que el medio de trabajo cede su valor al producto, o se comporta como formador de valor durante el proceso de producción. Y este, a su vez, nace del tipo particular de función de los medios de trabajo en el proceso de trabajo.

Se sabe que el mismo valor de uso que sale como producto de un proceso de trabajo entra en otro como medio de producción. Solo la función de un producto como medio de trabajo en el proceso de producción lo convierte en capital fijo. En cambio, mientras él mismo no ha hecho más que salir de un proceso, no es en modo alguno capital fijo. Por ejemplo, una máquina, como producto o, respectivamente, mercancía del fabricante de máquinas, pertenece a su capital mercantil. Solo se convierte en capital fijo en manos de su comprador, el capitalista que la emplea productivamente.

En igualdad de las demás circunstancias, el grado de fijeza crece con la durabilidad del medio de trabajo. De esta durabilidad depende, en efecto, la magnitud de la diferencia entre el valor de capital fijado en medios de trabajo y la parte de esta magnitud de valor que el medio de trabajo cede al producto en procesos de trabajo repetidos. Cuanto más lentamente tiene lugar esta cesión de valor —y el medio de trabajo cede valor en cada repetición del mismo proceso de trabajo—, tanto mayor es el capital fijado, tanto mayor la diferencia entre el capital empleado en el proceso de producción y el consumido en él. En cuanto esta diferencia ha desaparecido, el medio de trabajo ha terminado su vida y, junto con su valor de uso, ha perdido su valor. Ha dejado de ser portador de valor. Como el medio de trabajo, igual que cualquier otro soporte material de capital constante, solo cede valor al producto en la medida en que, junto con su valor de uso, pierde su valor, es evidente que, cuanto más lentamente se pierde su valor de uso, cuanto más tiempo dura en el proceso de producción, tanto más largo es el período en que permanece fijado en él valor de capital constante.

Si un medio de producción que no es medio de trabajo en sentido propio, por ejemplo, una materia auxiliar, una materia prima, un producto semielaborado, etc., se comporta, en lo que respecta a la cesión de valor y, por tanto, al modo de circulación de su valor, como los medios de trabajo, es igualmente soporte material, forma de existencia de capital fijo. Este es el caso de las mejoras del suelo ya mencionadas que añaden al suelo componentes químicos cuyo efecto se extiende a varios períodos de producción o años. Aquí una parte del valor sigue existiendo junto al producto en su figura autónoma o en la figura de capital fijo, mientras que otra parte del valor ha sido cedida al producto y circula, por tanto, con él. En este caso no solo entra en el producto una parte del valor del capital fijo, sino también el valor de uso, la sustancia en que existe esta parte del valor.

Prescindiendo del error fundamental —la confusión de las categorías capital fijo y capital circulante con las categorías capital constante y capital variable—, la confusión en la determinación conceptual que han hecho hasta ahora los economistas descansa, en primer lugar, en los siguientes puntos:

Se convierten determinadas propiedades que corresponden materialmente a los medios de trabajo en propiedades inmediatas del capital fijo, por ejemplo, la inmovilidad física, pongamos por caso de una casa. Es entonces siempre fácil demostrar que otros medios de trabajo, que como tales también son capital fijo, tienen la propiedad contraria, por ejemplo, la movilidad física, pongamos por caso de un barco.

O bien se confunde la determinación formal económica, que nace de la circulación del valor, con una propiedad de la cosa; como si cosas que en sí no son en absoluto capital, sino que solo llegan a serlo en determinadas relaciones sociales, pudieran ser ya en sí y por naturaleza capital en una forma determinada, fijo o circulante. Vimos en el libro I, cap. VI, que los medios de producción, en todo proceso de trabajo, cualesquiera que sean las condiciones sociales en que se desarrolle, se dividen en medios de trabajo y objeto de trabajo. Pero solo dentro del modo de producción capitalista se convierten ambos en capital, y precisamente en «capital productivo», tal como quedó determinado en la sección anterior. Con ello, la diferencia entre medio de trabajo y objeto de trabajo, fundada en la naturaleza del proceso de trabajo, se refleja en la nueva forma de la diferencia entre capital fijo y capital circulante. Solo entonces una cosa que funciona como medio de trabajo se convierte en capital fijo. Si, por sus propiedades materiales, puede servir también en funciones distintas de la de medio de trabajo, será o no capital fijo según la diversidad de su función. El ganado como animal de trabajo es capital fijo; como ganado de engorde es materia prima que acaba entrando como producto en la circulación, es decir, no capital fijo, sino circulante.

El mero hecho de que un medio de producción permanezca fijado durante más tiempo en procesos de trabajo repetidos, pero que guardan conexión entre sí, son continuos y constituyen por ello un período de producción —es decir, todo el tiempo de producción necesario para terminar el producto—, condiciona, exactamente igual que el capital fijo, un adelanto más o menos largo por parte del capitalista, pero no convierte su capital en capital fijo. La simiente, por ejemplo, no es capital fijo, sino solo materia prima que permanece fijada en el proceso de producción durante aproximadamente un año. Todo capital, mientras funciona como capital productivo, está fijado en el proceso de producción, y por tanto también todos los elementos del capital productivo, cualesquiera que sean su figura material, su función y el modo de circulación de su valor. Que, según el tipo de proceso de producción o el efecto útil que se persiga, esta fijación dure más o menos no constituye la diferencia entre capital fijo y circulante.5

Una parte de los medios de trabajo, en la que están comprendidas las condiciones generales del trabajo, o bien queda fijada localmente en cuanto entra como medio de trabajo en el proceso de producción o, respectivamente, se prepara para la función productiva, como, por ejemplo, las máquinas; o bien se produce desde el principio en esta forma estacionaria, ligada al lugar, como, por ejemplo, las mejoras del suelo, los edificios fabriles, los altos hornos, los canales, los ferrocarriles, etc. El hecho de que el medio de trabajo esté ligado de manera permanente al proceso de producción dentro del cual ha de funcionar está aquí condicionado, al mismo tiempo, por su modo sensible de existencia. Por otra parte, un medio de trabajo puede cambiar físicamente de lugar sin cesar, moverse, y hallarse no obstante permanentemente en el proceso de producción, como una locomotora, un barco, un animal de trabajo, etc. Ni la inmovilidad le da, en un caso, el carácter de capital fijo, ni la movilidad le quita, en el otro, este carácter. Sin embargo, la circunstancia de que haya medios de trabajo fijados localmente, que echan raíces en el suelo, asigna a esta parte del capital fijo un papel propio en la economía de las naciones. No pueden enviarse al extranjero ni circular como mercancías en el mercado mundial. Los títulos de propiedad sobre este capital fijo pueden cambiar de mano; puede comprarse y venderse, y en esa medida circular idealmente. Estos títulos de propiedad pueden circular incluso en mercados extranjeros, por ejemplo, en forma de acciones. Pero el cambio de las personas que son propietarias de esta clase de capital fijo no modifica la relación entre la parte estacionaria, materialmente fijada, de la riqueza de un país y su parte móvil.6

La circulación peculiar del capital fijo da lugar a una rotación peculiar. La parte de valor que pierde en su forma natural por el desgaste circula como parte de valor del producto. El producto se transforma, mediante su circulación, de mercancía en dinero; y así también la parte de valor del medio de trabajo que el producto hace circular, y de tal modo que su valor se precipita del proceso de circulación como dinero en la misma proporción en que este medio de trabajo deja de ser portador de valor en el proceso de producción. Su valor adquiere ahora, pues, una doble existencia. Una parte queda ligada a su forma de uso o forma natural, que pertenece al proceso de producción; otra parte se desprende de ella como dinero. En el curso de su función, la parte de valor del medio de trabajo que existe en la forma natural disminuye constantemente, mientras que la parte de su valor convertida en forma de dinero aumenta constantemente, hasta que el medio de trabajo ha terminado por fin su vida y su valor total, separado de su cadáver, se ha transformado en dinero. Aquí se muestra la peculiaridad en la rotación de este elemento del capital productivo. La transformación de su valor en dinero va al mismo paso que la crisálida dineraria de la mercancía que es portadora de su valor. Pero su reconversión de la forma de dinero en forma de uso se separa de la reconversión de la mercancía en sus demás elementos de producción y está determinada más bien por su propio período de reproducción, es decir, por el tiempo al cabo del cual el medio de trabajo se ha gastado y tiene que ser sustituido por otro ejemplar de la misma clase. Si la duración del funcionamiento de una máquina de un valor de, digamos, 10.000 £ es, por ejemplo, de 10 años, el tiempo de rotación del valor adelantado originariamente en ella es de 10 años. Antes de que transcurra ese tiempo no hay que renovarla, sino que sigue actuando en su forma natural. Su valor circula entretanto fragmento a fragmento como parte de valor de las mercancías a cuya producción continua sirve, y se convierte así paulatinamente en dinero, hasta que al final de los 10 años se ha transformado por completo en dinero y se ha reconvertido de dinero en una máquina, es decir, ha efectuado su rotación. Hasta que llega este tiempo de reproducción, su valor se acumula paulatinamente, en primer lugar en forma de un fondo de reserva en dinero.

Los demás elementos del capital productivo consisten en parte en los elementos del capital constante que existen en materias auxiliares y materias primas, y en parte en capital variable, desembolsado en fuerza de trabajo.

El análisis del proceso de trabajo y del proceso de valorización (libro I, cap. V) mostró que estos diferentes componentes se comportan de manera completamente distinta como formadores del producto y formadores de valor. El valor de la parte del capital constante que consiste en materias auxiliares y materias primas —exactamente igual que el valor de su parte formada por medios de trabajo— reaparece en el valor del producto como valor meramente transferido, mientras que la fuerza de trabajo, por medio del proceso de trabajo, añade al producto un equivalente de su valor, o reproduce realmente su valor. Además, una parte de las materias auxiliares, el carbón para calefacción, el gas del alumbrado, etc., se consume en el proceso de trabajo sin entrar materialmente en el producto, mientras que otra parte de ellas entra corporalmente en el producto y forma el material de su sustancia. Todas estas diferencias son, sin embargo, indiferentes para la circulación y, por tanto, para el modo de rotación. En la medida en que las materias auxiliares y las materias primas se consumen por completo en la formación de su producto, transfieren todo su valor al producto. Por eso, este valor también circula por completo a través del producto, se transforma en dinero y del dinero vuelve a los elementos de producción de la mercancía. Su rotación no se interrumpe, como la del capital fijo, sino que recorre continuamente todo el ciclo de sus formas, de modo que estos elementos del capital productivo se renuevan constantemente in natura.

En cuanto al componente variable del capital productivo, desembolsado en fuerza de trabajo: la fuerza de trabajo se compra por un plazo determinado. En cuanto el capitalista la ha comprado y la ha incorporado al proceso de producción, constituye un componente de su capital, y precisamente su componente variable. Actúa diariamente durante un lapso en el que añade al producto no solo todo su valor diario, sino además una plusvalía excedente, de la que aquí prescindimos por el momento. Una vez que se ha comprado la fuerza de trabajo, para una semana, por ejemplo, y ha actuado, la compra tiene que renovarse constantemente en los plazos habituales. El equivalente de su valor, que la fuerza de trabajo añade al producto durante su función y que con la circulación del producto se transforma en dinero, tiene que reconvertirse constantemente de dinero en fuerza de trabajo, o describir constantemente el ciclo completo de sus formas, es decir, rotar, si no se quiere que se interrumpa el ciclo de la producción continua.

La parte de valor del capital productivo adelantada en fuerza de trabajo pasa, pues, por completo al producto (aquí seguimos prescindiendo de la plusvalía), describe con él las dos metamorfosis que pertenecen a la esfera de la circulación y, gracias a esta renovación constante, permanece siempre incorporada al proceso de producción. Así pues, por distinto que sea el comportamiento de la fuerza de trabajo, en lo que respecta a la formación de valor, frente a los componentes del capital constante que no forman capital fijo, este tipo de rotación de su valor lo tiene en común con ellos en oposición al capital fijo. Estos componentes del capital productivo —las partes de su valor desembolsadas en fuerza de trabajo y en medios de producción que no forman capital fijo— se contraponen, por este carácter común de su rotación, al capital fijo como capital circulante o fluido.

Como vimos anteriormente, el dinero que el capitalista paga al obrero por el uso de la fuerza de trabajo no es, de hecho, más que la forma de equivalente general de los medios de subsistencia necesarios del obrero. En este sentido, el capital variable consiste materialmente en medios de subsistencia. Pero aquí, al considerar la rotación, se trata de la forma. Lo que compra el capitalista no son los medios de subsistencia del obrero, sino su fuerza de trabajo misma. Lo que forma la parte variable de su capital no son los medios de subsistencia del obrero, sino su fuerza de trabajo en actividad. Lo que el capitalista consume productivamente en el proceso de trabajo es la fuerza de trabajo misma y no los medios de subsistencia del obrero. Es el obrero mismo quien convierte en medios de subsistencia el dinero recibido por su fuerza de trabajo, para reconvertirlos en fuerza de trabajo, para mantenerse con vida, exactamente igual que, por ejemplo, el capitalista convierte en medios de subsistencia para sí mismo una parte de la plusvalía de la mercancía que vende por dinero, sin que por ello se vaya a decir que el comprador de su mercancía le paga en medios de subsistencia. Incluso cuando se paga al obrero una parte de su salario en medios de subsistencia, in natura, se trata hoy en día de una segunda transacción. Vende su fuerza de trabajo por un precio determinado, y se conviene que recibirá una parte de ese precio en medios de subsistencia. Esto solo cambia la forma del pago, pero no el hecho de que lo que realmente vende es su fuerza de trabajo. Es una segunda transacción, que ya no tiene lugar entre el obrero y el capitalista, sino entre el obrero como comprador de mercancía y el capitalista como vendedor de mercancía; mientras que en la primera transacción el obrero es vendedor de mercancía (de su fuerza de trabajo) y el capitalista su comprador. Exactamente igual que cuando el capitalista hace que se le reponga su mercancía con mercancía, por ejemplo, la máquina que vende a la fundición de hierro, con hierro. No son, pues, los medios de subsistencia del obrero los que adquieren el carácter determinado de capital fluido en oposición al capital fijo. Tampoco es su fuerza de trabajo, sino la parte de valor del capital productivo desembolsada en ella, la que, por la forma de su rotación, adquiere este carácter en común con algunos componentes de la parte constante del capital y en oposición a otros.

El valor del capital fluido —en fuerza de trabajo y medios de producción— solo se adelanta por el tiempo durante el cual se termina el producto, según la escala de la producción, que viene dada con el volumen del capital fijo. Este valor entra por completo en el producto, regresa por tanto por completo de la circulación mediante la venta del producto y puede adelantarse de nuevo. La fuerza de trabajo y los medios de producción en que existe el componente fluido del capital se retiran de la circulación en el volumen necesario para la formación y la venta del producto terminado, pero tienen que ser sustituidos y renovados constantemente mediante nuevas compras, mediante la reconversión de la forma de dinero en los elementos de producción. Se retiran de una vez del mercado en masas menores que los elementos del capital fijo, pero hay que retirarlos de él con tanta mayor frecuencia, y el adelanto del capital desembolsado en ellos se renueva en períodos más cortos. Esta renovación constante está mediada por la venta7 constante del producto, que hace circular todo su valor. Por último, describen continuamente todo el ciclo de las metamorfosis, no solo por su valor, sino también en su forma material; se reconvierten constantemente de mercancía en los elementos de producción de esa misma mercancía.

Junto con su propio valor, la fuerza de trabajo añade constantemente al producto plusvalía, la encarnación de trabajo no pagado. Esta, por tanto, la hace circular el producto terminado y se transforma en dinero con la misma constancia que los demás elementos de valor de este. Pero aquí, donde se trata en primer lugar de la rotación del valor de capital, y no de la plusvalía que rota al mismo tiempo que él, prescindimos de momento de esta última.

De lo expuesto hasta aquí se desprende lo siguiente:

  1. Las determinaciones formales de capital fijo y capital fluido nacen únicamente de la diferente rotación del valor de capital que funciona en el proceso de producción, o capital productivo. Esta diferencia de rotación nace a su vez del diferente modo en que los distintos componentes del capital productivo transfieren su valor al producto, pero no de su diferente participación en la producción del valor del producto ni de su comportamiento característico en el proceso de valorización. Por último, la diferencia en la cesión del valor al producto —y, por tanto, también el diferente modo en que este valor circula a través del producto y se renueva en su forma natural originaria mediante las metamorfosis de este— nace de la diversidad de las figuras materiales en que existe el capital productivo, una parte de las cuales se consume por completo durante la formación del producto singular, mientras que otra solo se va gastando paulatinamente. Así pues, solo el capital productivo puede escindirse en fijo y fluido. En cambio, esta oposición no existe para los otros dos modos de existencia del capital industrial, es decir, ni para el capital mercantil ni para el capital dinerario, ni como oposición de ambos frente al capital productivo. Existe solo para el capital productivo y dentro de él. Por mucho que el capital dinerario y el capital mercantil funcionen como capital y por fluidamente que circulen, solo pueden convertirse en capital fluido en oposición al fijo en cuanto se han transformado en componentes fluidos del capital productivo. Pero como estas dos formas del capital habitan la esfera de la circulación, la economía política, desde A. Smith, se ha dejado inducir, como veremos, a meterlas en el mismo saco que la parte fluida del capital productivo bajo la categoría de capital circulante. Son, en efecto, capital de circulación en oposición al productivo, pero no son capital circulante en oposición al fijo.

  2. La rotación del componente fijo del capital, y por tanto también el tiempo de rotación necesario para ella, abarca varias rotaciones de los componentes fluidos del capital. En el mismo tiempo en que el capital fijo rota una vez, el capital fluido rota varias veces. Uno de los componentes de valor del capital productivo solo adquiere la determinación formal de capital fijo en la medida en que el medio de producción en que existe no se gasta en el lapso en que se termina el producto y se expulsa del proceso de producción como mercancía. Una parte de su valor tiene que permanecer ligada a la vieja forma de uso, que sigue subsistiendo, mientras otra la hace circular el producto terminado, cuya circulación, en cambio, hace circular al mismo tiempo el valor total de los componentes fluidos del capital.

  3. La parte de valor del capital productivo desembolsada en capital fijo se ha adelantado entera, de una vez, para toda la duración del funcionamiento de la parte de los medios de producción de que consiste el capital fijo. Este valor, pues, el capitalista lo lanza de una vez a la circulación; pero solo se retira de nuevo de la circulación fragmentaria y paulatinamente, mediante la realización de las partes de valor que el capital fijo añade fragmento a fragmento a las mercancías. Por otra parte, los propios medios de producción en que se fija un componente del capital productivo se retiran de una vez de la circulación para quedar incorporados al proceso de producción durante toda su duración de funcionamiento, pero durante ese mismo tiempo no necesitan ser sustituidos por nuevos ejemplares de la misma clase, no necesitan reproducirse. Siguen contribuyendo durante un tiempo más o menos largo a la formación de las mercancías lanzadas a la circulación, sin retirar ellos mismos de la circulación los elementos de su propia renovación. Durante este tiempo, por tanto, tampoco exigen por su parte que el capitalista renueve el adelanto. Por último, el valor de capital desembolsado en capital fijo recorre el ciclo de sus formas durante la duración del funcionamiento de los medios de producción en que existe, no materialmente, sino solo en cuanto a su valor, y aun esto solo de manera parcial y paulatina. Es decir, una parte de su valor se hace circular continuamente como parte de valor de la mercancía y se transforma en dinero, sin reconvertirse de dinero en su forma natural originaria. Esta reconversión del dinero en la forma natural del medio de producción solo tiene lugar al término de su período de funcionamiento, cuando el medio de producción está completamente consumido.

  4. Los elementos del capital fluido están fijados en el proceso de producción —si este ha de ser continuo— con la misma constancia que los elementos del capital fijo. Pero los elementos del primero así fijados se renuevan constantemente in natura (los medios de producción, por nuevos ejemplares de la misma clase; la fuerza de trabajo, mediante una compra siempre renovada); mientras que, en el caso de los elementos del capital fijo, mientras perduran, ni se renuevan ellos mismos ni hay que renovar su compra. En el proceso de producción se encuentran constantemente materias primas y auxiliares, pero siempre nuevos ejemplares de la misma clase, una vez que los viejos se han consumido en la formación del producto terminado. Del mismo modo se encuentra constantemente fuerza de trabajo en el proceso de producción, pero solo mediante la renovación constante de su compra, y a menudo con cambio de personas. En cambio, los mismos edificios, máquinas, etc., idénticos, siguen funcionando, durante rotaciones repetidas del capital fluido, en los mismos procesos de producción repetidos.

II. Componentes, reposición, reparación y acumulación del capital fijo

En una misma inversión de capital, los distintos elementos del capital fijo tienen una vida diferente y, por tanto, también tiempos de rotación diferentes. En un ferrocarril, por ejemplo, los raíles, las traviesas, los movimientos de tierras, los edificios de las estaciones, los puentes, los túneles, las locomotoras y los vagones tienen diferente duración de funcionamiento y diferente tiempo de reproducción, y por tanto también el capital adelantado en ellos tiene diferentes tiempos de rotación. Durante una larga serie de años, los edificios, los andenes, los depósitos de agua, los viaductos, los túneles, las trincheras y los terraplenes, en suma, todo lo que en el sistema ferroviario inglés se designa como works of art8, no necesitan renovación alguna. Los principales objetos de desgaste son la vía y el material de transporte (rolling stock).

En un principio, cuando se construyeron los ferrocarriles modernos, la opinión dominante, alimentada por los ingenieros prácticos más destacados, era que la duración de un ferrocarril sería secular y que el desgaste de los raíles sería tan absolutamente imperceptible que, a todos los efectos financieros y prácticos, podría dejarse de lado; se consideraba que la vida de unos buenos raíles era de 100 a 150 años. Pero pronto resultó que la vida de un raíl, que depende naturalmente de la velocidad de las locomotoras, del peso y el número de los trenes, del grosor de los propios raíles y de una multitud de otras circunstancias accesorias, no pasaba por término medio de 20 años. En algunas estaciones, centros de gran tráfico, los raíles se desgastan incluso cada año. Hacia 1867 se empezaron a introducir raíles de acero, que costaban aproximadamente el doble que los de hierro, pero que duran más del doble. La vida de las traviesas de madera era de 12 a 15 años. En el material rodante se comprobó un desgaste considerablemente mayor en los vagones de mercancías que en los de viajeros. La vida de una locomotora se calculaba en 1867 en 10 a 12 años.

El desgaste se produce, en primer lugar, por el uso mismo. Por lo general, los raíles se desgastan en proporción al número de trenes (R. C., n.º 17645)9. Al aumentar la velocidad, el desgaste creció en una proporción mayor que la del cuadrado de la velocidad: es decir, al duplicarse la velocidad de los trenes, el desgaste aumentó más del cuádruple (R. C., n.º 17046).

Otro desgaste se produce por la acción de las fuerzas naturales. Así, las traviesas no solo sufren por el desgaste propiamente dicho, sino también por la podredumbre.

«Los costes de mantenimiento de la vía no dependen tanto del desgaste que trae consigo el tráfico ferroviario como de la calidad de la madera, el hierro y la mampostería expuestos a la atmósfera. Un solo mes de invierno riguroso causará a la vía más daño que todo un año de tráfico ferroviario» (R. P. Williams, «On the Maintenance of Permanent Way», conferencia en el Institute of Civil Engineers, otoño de 1867).

Por último, como en todas partes en la gran industria, también aquí desempeña su papel el desgaste moral: transcurridos diez años, por lo general se puede comprar por 30.000 £ la misma cantidad de vagones y locomotoras que antes costaba 40.000 £. Así, hay que calcular para este material una depreciación del 25 % del precio de mercado, aun cuando no se produzca ninguna depreciación del valor de uso (Lardner, Railway Economy, p. 120).

«Los puentes tubulares no se renovarán en su forma actual.»

(Porque ahora se dispone de formas mejores para esa clase de puentes.)

«Las reparaciones ordinarias en ellos, la retirada y sustitución de piezas sueltas, no son factibles» (W. B. Adams, Roads and Rails, Londres, 1862, p. 136).

Los medios de trabajo son revolucionados en gran parte constantemente por el progreso de la industria. Por eso no se reponen en su forma originaria, sino en la forma revolucionada. Por un lado, la masa del capital fijo que está invertida en una forma natural determinada y que ha de durar dentro de ella un tiempo medio de vida determinado constituye un motivo de que las nuevas máquinas, etc., solo se introduzcan paulatinamente y, por tanto, un obstáculo para la rápida introducción general de los medios de trabajo perfeccionados. Por otro lado, la lucha de la competencia, sobre todo cuando se producen revoluciones decisivas, obliga a sustituir los viejos medios de trabajo por los nuevos antes del fin natural de su vida. Son principalmente las catástrofes, las crisis, las que imponen tal renovación prematura del equipo de explotación en una escala social mayor.

El desgaste (prescindiendo del moral) es la parte de valor que el capital fijo cede paulatinamente al producto por su uso, en la medida media en que pierde su valor de uso.

En parte, este desgaste es de tal índole que el capital fijo posee una cierta vida media; se adelanta entero para ella, y una vez transcurrida tiene que reponerse entero. En el caso de los medios de trabajo vivos, por ejemplo, los caballos, el tiempo de reproducción lo prescribe la naturaleza misma. Su vida media como medios de trabajo está determinada por leyes naturales. En cuanto ha vencido este plazo, los ejemplares gastados tienen que ser sustituidos por otros nuevos. Un caballo no puede reponerse fragmento a fragmento, sino solo mediante otro caballo.

Otros elementos del capital fijo admiten una renovación periódica o parcial. Aquí hay que distinguir la reposición parcial o periódica de la ampliación paulatina de la explotación del negocio.

El capital fijo consiste en parte en componentes homogéneos, pero que no duran lo mismo, sino que se renuevan pieza a pieza en distintos lapsos. Así ocurre con los raíles en las estaciones, que hay que sustituir con más frecuencia que en el resto de la vía. Y lo mismo con las traviesas, de las que en los ferrocarriles belgas, según Lardner, se renovaba en la década de 1850 un 8 % anual, es decir, en el curso de 12 años la totalidad de las traviesas. La relación es aquí, pues, la siguiente: se adelanta una suma, por ejemplo, para diez años en una clase determinada de capital fijo. Este desembolso se hace de una vez. Pero una parte determinada de este capital fijo, cuyo valor ha entrado en el valor del producto y se ha convertido con él en dinero, se repone cada año in natura, mientras que la otra parte sigue existiendo en su forma natural originaria. Lo que distingue este capital, como fijo, del capital fluido es el desembolso de una vez y la reproducción solo fragmentaria en forma natural.

Otras piezas del capital fijo consisten en componentes desiguales que se desgastan en lapsos desiguales y que, por tanto, hay que reponer en lapsos desiguales. Esto ocurre sobre todo con las máquinas. Lo que acabamos de observar respecto a la distinta vida de los diferentes componentes de un capital fijo vale aquí respecto a la vida de diferentes componentes de una misma máquina, que figura como pieza de ese capital fijo.

En lo que respecta a la ampliación paulatina del negocio en el curso de la renovación parcial, observamos lo siguiente. Aunque, como hemos visto, el capital fijo sigue actuando in natura en el proceso de producción, una parte de su valor, según el desgaste medio, ha circulado con el producto, se ha transformado en dinero y forma un elemento del fondo de reserva en dinero destinado a la reposición del capital para el plazo de su reproducción in natura. Esta parte del valor del capital fijo así transformada en dinero puede servir para ampliar el negocio o para introducir en las máquinas mejoras que aumenten su eficacia. De este modo tiene lugar, a intervalos más cortos o más largos, una reproducción, y precisamente —considerada desde el punto de vista de la sociedad— una reproducción en escala ampliada; extensiva, si se amplía el campo de producción; intensiva, si se hace más eficaz el medio de producción. Esta reproducción en escala ampliada no nace de la acumulación —transformación de plusvalía en capital—, sino de la reconversión del valor que se ha desprendido, que se ha separado en forma de dinero del cuerpo del capital fijo, en nuevo capital fijo de la misma clase, ya sea adicional o al menos más eficaz. Depende naturalmente, en parte, de la naturaleza específica de la explotación del negocio hasta qué punto y en qué dimensiones es susceptible de tales adiciones paulatinas y, por tanto, también en qué dimensiones tiene que haberse reunido un fondo de reserva para poder reinvertirse de este modo, y en qué lapsos puede ocurrir esto. Por otra parte, hasta qué punto pueden introducirse mejoras de detalle en la maquinaria existente depende naturalmente de la naturaleza de la mejora y de la construcción de la propia máquina. Pero hasta qué punto, por ejemplo, en las instalaciones ferroviarias, se tiene en cuenta este punto desde el principio lo prueba Adams:

«Toda la construcción debería regirse por el principio que impera en la colmena: capacidad de ampliación ilimitada. Todas las estructuras demasiado sólidas y simétricas desde el principio son perniciosas; en caso de ampliación tienen que derribarse» (p. 123).

Esto depende en gran parte del espacio disponible. En algunos edificios se pueden añadir pisos en altura; en otros es necesaria la ampliación lateral, es decir, más suelo. Dentro de la producción capitalista, por un lado, se derrochan muchos medios y, por otro, se produce mucha ampliación lateral de este tipo contraria a su fin (en parte en perjuicio de la fuerza de trabajo) en la ampliación paulatina del negocio, porque nada se hace según un plan social, sino que depende de las circunstancias, medios, etc., infinitamente diversos con que actúa el capitalista individual. De ahí surge un gran derroche de fuerzas productivas.

Esta reinversión fragmentaria del fondo de reserva en dinero (es decir, de la parte del capital fijo reconvertida en dinero) es más fácil en la agricultura. Un campo de producción dado en el espacio es aquí susceptible de la máxima absorción paulatina de capital. Lo mismo ocurre allí donde tiene lugar una reproducción natural, como en la ganadería.

El capital fijo ocasiona costes de mantenimiento especiales. Una parte del mantenimiento la efectúa el propio proceso de trabajo; el capital fijo se echa a perder si no funciona en el proceso de trabajo. (Véase el libro I, cap. VI, p. 196, y cap. XIII, p. 423: desgaste de la maquinaria que nace de su falta de uso.) Por eso la ley inglesa considera también expresamente como daño (waste) que las tierras arrendadas no se cultiven según el uso del país (W. A. Holdsworth, barrister at law10, The Law of Landlord and Tenant, Londres, 1857, p. 96). Este mantenimiento, que deriva del uso en el proceso de trabajo, es un don natural gratuito del trabajo vivo. Y la fuerza conservadora del trabajo es, por cierto, de dos clases. Por un lado conserva el valor de los materiales de trabajo al transferirlo al producto; por otro, conserva el valor de los medios de trabajo, en la medida en que no transfiere también este al producto, al conservar su valor de uso mediante su acción en el proceso de producción.

Pero el capital fijo exige también un desembolso positivo de trabajo para su conservación. La maquinaria tiene que limpiarse de vez en cuando. Se trata aquí de un trabajo adicional sin el cual se vuelve inservible; de la mera protección contra influencias nocivas de los elementos, inseparables del proceso de producción, es decir, de mantenerla en condiciones de trabajar en el sentido más literal. La vida normal del capital fijo está calculada, por supuesto, sobre la base de que se cumplan las condiciones bajo las cuales puede funcionar normalmente durante ese tiempo, exactamente igual que se supone que, si un hombre vive por término medio 30 años, también se lava. No se trata aquí tampoco de reponer el trabajo contenido en la máquina, sino de un trabajo adicional constante que su uso hace necesario. No se trata de trabajo que hace la máquina, sino del que se hace en ella, en el que la máquina no es agente de producción, sino materia prima. El capital desembolsado en este trabajo, aunque no entra en el proceso de trabajo propiamente dicho al que el producto debe su origen, pertenece al capital fluido. Este trabajo tiene que gastarse constantemente en la producción, y su valor, por tanto, tiene que reponerse también constantemente mediante el valor del producto. El capital desembolsado en él pertenece a la parte del capital fluido que ha de cubrir los gastos generales y que hay que distribuir sobre el producto de valor según un cálculo medio anual. Hemos visto que en la industria propiamente dicha este trabajo de limpieza lo realizan los obreros gratis en las pausas de descanso y, precisamente por eso, también con frecuencia durante el propio proceso de producción, en el que se convierte en la fuente de la mayoría de los accidentes. Este trabajo no cuenta en el precio del producto. El consumidor lo recibe, en esa medida, gratis. Por otra parte, el capitalista obtiene así gratis los costes de mantenimiento de su máquina. El obrero paga en su propia persona, y esto constituye uno de los misterios de autoconservación del capital, que de hecho constituyen un título jurídico del obrero sobre la maquinaria y lo convierten, incluso desde el punto de vista jurídico burgués, en copropietario de ella. Sin embargo, en diversas ramas de la producción en las que la maquinaria tiene que retirarse del proceso de producción para limpiarla, y en las que, por tanto, la limpieza no puede hacerse de paso, como, por ejemplo, en el caso de las locomotoras, este trabajo de mantenimiento cuenta entre los costes corrientes, es decir, como elemento del capital fluido. Una locomotora tiene que llevarse al cobertizo y limpiarse allí después de tres días de trabajo como máximo; la caldera tiene que enfriarse primero si se quiere lavarla sin dañarla (R. C., n.º 17823).

Las reparaciones propiamente dichas, o trabajos de remiendo, exigen un desembolso de capital y de trabajo que no está contenido en el capital adelantado originariamente y que, por tanto, tampoco puede reponerse y cubrirse siempre, en todo caso, mediante la reposición paulatina del valor del capital fijo. Si, por ejemplo, el valor del capital fijo es = 10.000 £ y su vida total de 10 años, estas 10.000 £, transformadas por completo en dinero al cabo de diez años, solo reponen el valor del capital de inversión originario, pero no reponen el capital o, respectivamente, el trabajo añadido de nuevo entretanto en reparaciones. Se trata de un componente de valor adicional, que tampoco se adelanta de una vez, sino según las necesidades, y cuyos diferentes momentos de adelanto son, por la naturaleza de la cosa, fortuitos. Todo capital fijo exige un desembolso de capital posterior, por dosis, adicional, en medios de trabajo y en fuerza de trabajo.

Los daños a que están expuestas algunas partes de la maquinaria, etc., son, por la naturaleza de la cosa, fortuitos, y por tanto también lo son las reparaciones que exigen. No obstante, de esta masa se destacan dos clases de trabajos de reparación que tienen un carácter más o menos fijo y que caen en distintos períodos de la vida del capital fijo: los achaques de la infancia y los achaques, mucho más numerosos, de la edad que ha rebasado la vida media. Una máquina, por ejemplo, puede entrar en el proceso de producción con una construcción todo lo perfecta que se quiera; al usarla realmente se ponen de manifiesto defectos que tienen que corregirse con un trabajo posterior. Por otro lado, cuanto más ha rebasado su vida media, cuanto más se ha acumulado, por tanto, el desgaste normal y más gastado y decrépito se ha vuelto el material de que está hecha, tanto más numerosos e importantes se vuelven los trabajos de reparación necesarios para mantener la máquina con aliento hasta el final de su período medio de vida; exactamente igual que un anciano, para no morir prematuramente, tiene más gastos médicos que un joven vigoroso. Así pues, a pesar de su carácter fortuito, los trabajos de reparación se distribuyen en masas desiguales entre los distintos períodos de la vida del capital fijo.

De aquí, así como del carácter por lo demás fortuito de los trabajos de reparación de la máquina, se sigue:

Por un lado, el gasto real en fuerza de trabajo y medios de trabajo para trabajos de reparación es fortuito, como las circunstancias mismas que hacen necesarias estas reparaciones; el volumen de las reparaciones necesarias se distribuye de manera diferente entre los distintos períodos de la vida del capital fijo. Por otro lado, al estimar el período medio de vida del capital fijo se supone que se lo mantiene constantemente en condiciones de trabajar, en parte mediante la limpieza (a lo que pertenece también el mantener limpios los locales), en parte mediante la reparación, tantas veces como sea necesario. La transferencia de valor por el desgaste del capital fijo está calculada sobre su período medio de vida, pero este período medio de vida está calculado a su vez sobre la base de que se adelante continuamente el capital adicional exigido para su conservación.

Por otra parte, está igualmente claro que el valor añadido mediante este gasto adicional de capital y de trabajo no puede entrar en el precio de las mercancías al mismo tiempo que el gasto real. Un hilandero, por ejemplo, no puede vender esta semana su hilo más caro que la semana pasada porque esta semana se le haya roto una rueda o se le haya partido una correa. Los costes generales de la hilatura no han variado en modo alguno por este accidente en una fábrica aislada. Aquí, como en toda determinación del valor, lo que determina es el promedio. La experiencia muestra el volumen medio de tales accidentes y de los trabajos de mantenimiento y reparación necesarios durante el período medio de vida del capital fijo invertido en una rama determinada de la industria. Este gasto medio se distribuye sobre el período medio de vida y se carga en las correspondientes partes alícuotas sobre el precio del producto, reponiéndose, por tanto, mediante la venta de este.

El capital adicional que se repone así pertenece al capital fluido, aunque la forma de su desembolso es irregular. Como es de la máxima importancia remediar en el acto cualquier achaque de la maquinaria, en toda fábrica de cierta importancia hay un personal agregado a los obreros fabriles propiamente dichos: ingenieros, carpinteros, mecánicos, cerrajeros, etc. Su salario forma parte del capital variable, y el valor de su trabajo se distribuye sobre el producto. Por otra parte, los gastos exigidos en medios de producción se determinan según aquel cálculo medio y forman, según ese cálculo, continuamente una parte de valor del producto, aunque de hecho se adelanten en períodos irregulares y entren, por tanto, también en períodos irregulares en el producto o, respectivamente, en el capital fijo. Este capital desembolsado en reparaciones propiamente dichas constituye en muchos aspectos un capital de índole propia, que no cabe clasificar ni como capital fluido ni como fijo, pero que, por pertenecer a los gastos corrientes, se cuenta más bien con el primero.

El tipo de contabilidad no cambia nada, naturalmente, en la conexión real de las cosas de las que se lleva cuenta. Pero es importante observar que en muchas ramas de la industria es costumbre sumar los costes de reparación con el desgaste real del capital fijo de la siguiente manera. Supongamos que el capital fijo adelantado sea de 10.000 £ y su período de vida de 15 años; el desgaste anual es entonces de 666 2/3 £. Pero ahora el desgaste se calcula solo sobre diez años, es decir, se cargan anualmente al precio de las mercancías producidas 1.000 £ por el desgaste del capital fijo, en lugar de 666 2/3 £; es decir, se reservan 333 1/3 £ para trabajos de reparación, etc. (Las cifras 10 y 15 se han tomado solo como ejemplo.) Esto es, pues, lo que se ha gastado por término medio en reparaciones para que el capital fijo dure 15 años. Este cálculo no impide, naturalmente, que el capital fijo y el capital adicional desembolsado en las reparaciones constituyan categorías diferentes. Sobre la base de este modo de calcular se supuso, por ejemplo, que la estimación de costes más baja para el mantenimiento y la reposición de los vapores era del 15 % anual, es decir, un tiempo de reproducción = 6 2/3 años. En la década de 1860 el Gobierno inglés abonaba por ello a la Peninsular and Oriental Co. un 16 % anual, lo que equivale, pues, a un tiempo de reproducción de 6 1/4 años11. En los ferrocarriles, la vida media de una locomotora es de 10 años, pero, incluidas las reparaciones, se supone un desgaste del 12 1/2 %, lo que reduce la vida a 8 años. Para los vagones de viajeros y de mercancías se calcula un 9 %, es decir, se supone una vida de 11 1/9 años.

La legislación ha reconocido en todas partes, en los contratos de alquiler de casas y de otras cosas que son capital fijo para su propietario y se alquilan como tal, la diferencia entre el desgaste normal, ocasionado por el tiempo, por la influencia de los elementos y por el uso normal mismo, y las reparaciones ocasionales que son necesarias de vez en cuando para la conservación durante la vida normal de la casa y su uso normal. Por regla general, las primeras corren a cargo del propietario y las segundas del inquilino. Las reparaciones se dividen además en ordinarias y sustanciales. Estas últimas son una renovación parcial del capital fijo en su forma natural y corren igualmente a cargo del propietario, salvo que el contrato diga expresamente lo contrario. Así, por ejemplo, según el derecho inglés:

«Un inquilino de año en año solo está obligado a mantener los edificios a prueba de viento y agua, siempre que esto pueda hacerse sin reparaciones sustanciales; y en general solo a ocuparse de aquellas reparaciones que puedan calificarse de ordinarias. E incluso a este respecto hay que tener en cuenta la edad y el estado general de las partes del edificio de que se trate en el momento en que el inquilino se hizo cargo de él, pues no está obligado ni a sustituir material viejo y gastado por otro nuevo ni a reparar la inevitable desvalorización que resulta del paso del tiempo y del uso regular» (Holdsworth, Law of Landlord and Tenant, pp. 90 y 91).

Completamente distinto tanto de la reposición del desgaste como de los trabajos de mantenimiento y reparación es el seguro, que se refiere a la destrucción por acontecimientos naturales extraordinarios, incendios, inundaciones, etc. Este tiene que cubrirse con la plusvalía y constituye una deducción de ella. O, considerado desde el punto de vista de la sociedad entera: tiene que haber una superproducción constante, es decir, una producción en una escala mayor de la necesaria para la simple reposición y reproducción de la riqueza existente —prescindiendo por completo del aumento de la población—, para disponer de los medios de producción con que compensar la destrucción extraordinaria que causan los accidentes y las fuerzas naturales.

En realidad, solo la parte más pequeña del capital necesario para la reposición consiste en el fondo de reserva en dinero. La parte más importante consiste en la ampliación de la escala misma de la producción, que en parte es una ampliación real y en parte pertenece al volumen normal de las ramas de producción que producen el capital fijo. Así, por ejemplo, una fábrica de maquinaria está organizada contando con que cada año se amplíen las fábricas de su clientela y con que, además, una parte de ellas necesite constantemente una reproducción total o parcial.

Al determinar el desgaste, así como los costes de reparación, según el promedio social, se producen necesariamente grandes desigualdades, incluso entre inversiones de capital de igual magnitud y que se encuentran por lo demás en las mismas circunstancias en la misma rama de producción. En la práctica, para un capitalista la máquina, etc., dura más del período medio; para otro, no tanto. Los costes de reparación de uno están por encima del promedio, los del otro por debajo, etc. Pero el recargo de precio de la mercancía determinado por el desgaste y por los costes de reparación es el mismo y lo determina el promedio. Uno recibe, pues, con este recargo de precio más de lo que realmente añade; el otro, menos. Esto, como todas las demás circunstancias que, con igual explotación de la fuerza de trabajo, hacen diferente la ganancia de diversos capitalistas en la misma rama de la industria, contribuye a dificultar la comprensión de la verdadera naturaleza de la plusvalía.

El límite entre la reparación propiamente dicha y la reposición, entre los costes de mantenimiento y los costes de renovación, es más o menos fluido. De ahí la eterna disputa, en los ferrocarriles, por ejemplo, sobre si ciertos gastos son reparación o reposición, sobre si hay que sufragarlos con el gasto corriente o con el capital de fundación. El traspaso de gastos de reparación a la cuenta de capital, en lugar de a la cuenta de réditos,12 es el conocido medio con que los consejos de administración de los ferrocarriles inflan artificialmente sus dividendos. Sin embargo, también para esto la experiencia ha proporcionado ya los puntos de referencia más esenciales. Los trabajos posteriores durante el primer período de vida del ferrocarril, por ejemplo,

«no son reparaciones, sino que deben considerarse un componente esencial de la construcción de la vía, y por tanto hay que cargarlos a la cuenta de capital, pues no proceden del desgaste ni de la acción normal del tráfico, sino que se deben a la imperfección originaria e inevitable de la construcción de la vía» (Lardner, l. c., p. 40).

«En cambio, el único método correcto es cargar al rédito de cada año la desvalorización que necesariamente se ha producido para que pudiera ganarse ese rédito, tanto si la suma se ha gastado realmente como si no» (capitán Fitzmaurice, Committee of Inquiry on Caledonian Railway, reproducido en Money Market Review, 1868).

En la agricultura, al menos mientras no trabaja todavía con vapor, la separación entre la reposición y el mantenimiento del capital fijo se vuelve prácticamente imposible e inútil.

«Con un inventario de aperos completo, aunque no exageradamente abundante» (dotación de aperos de labranza y de otros útiles de trabajo y de explotación de todo tipo), «se suele estimar, en un gran promedio, el desgaste y el mantenimiento anuales del inventario de aperos, según la diversidad de las circunstancias dadas, en un 15-25 % del capital de adquisición» (Kirchhof, Handbuch der landwirthschaftlichen Betriebslehre, Dessau, 1852, p. 137).

En el material rodante de un ferrocarril no hay manera de separar reparación y reposición.

«Mantenemos nuestro material rodante en cuanto a su número. Sea cual sea el número de locomotoras que tengamos, mantenemos ese número. Si una se vuelve inservible con el tiempo, de modo que resulta más ventajoso construir una nueva, la construimos a cargo del rédito, abonando naturalmente al rédito el valor de los materiales que quedan de la vieja máquina... Siempre queda bastante... Las ruedas, los ejes, las calderas, etc.; en suma, queda una buena parte de la vieja locomotora» (T. Gooch, chairman13 de la Great Western Railway Co., R. C., n.º 17327 y 17329). «Reparar es renovar; para mí no existe la palabra "reposición"; ... una vez que una compañía ferroviaria ha comprado un vagón o una locomotora, debería repararlos de tal modo que pudieran seguir funcionando eternamente» (17784). «Calculamos 8 1/2 peniques de costes de locomotora por milla inglesa de tren. Con estos 8 1/2 peniques mantenemos las locomotoras para siempre. Renovamos nuestras máquinas. Si usted quiere comprar una máquina nueva, gasta más dinero del necesario... En la vieja máquina siempre se encuentran un par de ruedas, un eje o alguna otra pieza que sirve, y eso ayuda a fabricar más barata una máquina que es tan buena como una completamente nueva» (17790). «Ahora produzco cada semana una locomotora nueva, es decir, que es tan buena como nueva, pues la caldera, el cilindro y el bastidor son nuevos» (17823. Archibald Sturrock, locomotive superintendent14 de la Great Northern Railway, en R. C., 1867).

Lo mismo ocurre con los vagones:

«Con el paso del tiempo, el parque de locomotoras y vagones se renueva continuamente; unas veces se les ponen ruedas nuevas, otras se les hace un bastidor nuevo. Las partes de las que depende el movimiento y que están más expuestas al desgaste se renuevan paulatinamente; las máquinas y los vagones pueden someterse entonces a tal serie de reparaciones que en algunos de ellos no queda ni rastro del material viejo... Aun cuando se vuelven del todo irreparables, se incorporan en ellos piezas de los viejos vagones o locomotoras, y así nunca desaparecen por completo de la línea. El capital móvil se halla, por tanto, en reproducción continua; lo que en la vía tiene que ocurrir de una vez en un momento determinado, cuando se vuelve a tender toda la línea, ocurre en el material rodante paulatinamente, año tras año. Su existencia es perenne, se halla en continuo rejuvenecimiento» (Lardner, pp. 115 y 116).

Este proceso, tal como Lardner lo expone aquí para el ferrocarril, no se ajusta a una fábrica aislada, pero sí sirve como imagen de la reproducción constante, parcial, entremezclada con la reparación, del capital fijo dentro de toda una rama de la industria o, en general, dentro de la producción total, considerada en escala social.

He aquí una prueba de los amplios límites dentro de los cuales unos hábiles consejos de administración pueden manejar los conceptos de reparación y reposición para obtener dividendos. Según la conferencia de R. P. Williams citada más arriba, diversas compañías ferroviarias inglesas cargaron a la cuenta de réditos, como promedio de una serie de años, las siguientes sumas para gastos de reparación y conservación de la vía y de los edificios (por milla inglesa de longitud de vía y año):

London & North Western370 £
Midland225 £
London & South Western257 £
Great Northern360 £
Lancashire & Yorkshire377 £
South Eastern263 £
Brighton266 £
Manchester & Sheffield200 £

Estas diferencias solo proceden en una parte mínima de la diversidad de los desembolsos reales; nacen casi exclusivamente del distinto modo de calcular, según que las partidas de gasto se carguen a la cuenta de capital o a la cuenta de réditos. Williams lo dice sin rodeos:

«Se adopta el cargo menor porque es necesario para un buen dividendo, y se hace el cargo mayor porque hay un rédito más fuerte que puede soportarlo.»

En ciertos casos el desgaste, y por tanto también su reposición, se convierte en una magnitud prácticamente despreciable, de modo que solo entran en cuenta los costes de reparación. Lo que Lardner dice a continuación sobre las works of art de los ferrocarriles vale en general para todas las obras duraderas de este tipo, canales, muelles, puentes de hierro y de piedra, etc.:

«El desgaste que se produce en las obras más sólidas a consecuencia de la lenta acción del tiempo actúa de un modo casi imperceptible durante períodos más cortos; pero, transcurrido un período largo, por ejemplo, de siglos, tiene que acabar provocando la renovación, total o parcial, incluso de las construcciones más sólidas. Este desgaste imperceptible, comparado con el más sensible de otras partes de la vía, puede compararse con las desigualdades seculares y periódicas en el movimiento de los cuerpos celestes. La acción del tiempo sobre las construcciones más macizas de una vía, puentes, túneles, viaductos, etc., ofrece ejemplos de lo que puede llamarse un desgaste secular. La desvalorización más rápida y visible, que se subsana en períodos más cortos mediante reparaciones o reposición, es análoga a las desigualdades periódicas. En los costes anuales de reparación se incluye también la reposición de los daños fortuitos que de vez en cuando sufre la parte exterior incluso de las construcciones más duraderas; pero, aun con independencia de estas reparaciones, la edad no pasa por ellas sin dejar huella, y, por lejano que sea, tiene que llegar el momento en que su estado haga necesaria una nueva construcción. Desde el punto de vista financiero y económico, ciertamente, este momento puede estar demasiado lejano para tenerlo en cuenta en los cálculos prácticos» (Lardner, l. c., pp. 38 y 39).

Esto vale para todas las obras de duración secular de este tipo, en las que, por tanto, no hay que reponer paulatinamente el capital adelantado en ellas en correspondencia con su desgaste, sino que solo hay que transferir al precio del producto los costes medios anuales de mantenimiento y reparación.

Aunque, como hemos visto, una parte mayor del dinero que refluye para reponer el desgaste del capital fijo se reconvierte cada año, o incluso en períodos más cortos, en su forma natural, cada capitalista individual necesita sin embargo un fondo de amortización para la parte del capital fijo que solo al cabo de años llega de una vez a su plazo de reproducción y tiene que reponerse entonces entera. Un componente importante del capital fijo excluye por su índole la reproducción fragmentaria. Además, allí donde la reproducción se efectúa fragmentariamente, de modo que a intervalos más cortos se añaden existencias nuevas a las desvalorizadas, se requiere, según el carácter específico de la rama de producción, una acumulación previa de dinero de mayor o menor volumen antes de que pueda tener lugar esta reposición. No basta para ello una suma de dinero cualquiera; se requiere una suma de dinero de un volumen determinado.

Si consideramos esto simplemente bajo el supuesto de la circulación monetaria simple, sin tener en cuenta para nada el sistema de crédito, que se desarrollará más adelante, el mecanismo del movimiento es el siguiente: en el libro primero (cap. III, 3a) se mostró que, si una parte del dinero existente en una sociedad yace siempre ociosa como tesoro, mientras otra funciona como medio de circulación o, respectivamente, como fondo de reserva inmediato del dinero que circula directamente, la proporción en que la masa total del dinero se distribuye entre tesoro y medio de circulación cambia constantemente. En nuestro caso, el dinero que tiene que estar acumulado como tesoro, en un volumen considerable, en manos de un capitalista de cierta importancia se lanza de una vez a la circulación al comprar el capital fijo. Vuelve a distribuirse a su vez en la sociedad como medio de circulación y como tesoro. Mediante el fondo de amortización, en el que el valor del capital fijo refluye a su punto de partida en proporción a su desgaste, una parte del dinero circulante vuelve a formar tesoro —por un tiempo más o menos largo— en manos del mismo capitalista cuyo tesoro se había transformado en medio de circulación y se había alejado de él al comprar el capital fijo. Es una distribución, en cambio constante, del tesoro existente en la sociedad, que funciona alternativamente como medio de circulación y luego vuelve a separarse como tesoro de la masa del dinero circulante. Con el desarrollo del sistema de crédito, que va necesariamente en paralelo con el desarrollo de la gran industria y de la producción capitalista, este dinero no funciona como tesoro, sino como capital, pero no en manos de su propietario, sino de otros capitalistas a cuya disposición se pone.

Capítulo noveno. La rotación global del capital adelantado. Ciclos de rotación

Hemos visto que los componentes fijos y fluidos del capital productivo rotan de manera diferente y en períodos diferentes, y asimismo que los diferentes componentes del capital fijo en un mismo negocio tienen a su vez diferentes períodos de rotación según su diferente tiempo de vida y, por tanto, de reproducción. (Sobre la diferencia real o aparente en la rotación de diferentes componentes del capital fluido en un mismo negocio, véase al final de este capítulo, apartado 6.)

  1. La rotación global del capital adelantado es la rotación media de sus diferentes componentes; el modo de calcularla, más adelante. En la medida en que solo se trata de diferentes períodos de tiempo, nada es naturalmente más sencillo que sacar su promedio; pero:

  2. no se da aquí solo una diferencia cuantitativa, sino también cualitativa.

El capital fluido que entra en el proceso de producción transfiere todo su valor al producto y, por tanto, tiene que reponerse constantemente in natura mediante la venta del producto, si el proceso de producción ha de seguir su curso sin interrupción. El capital fijo que entra en el proceso de producción solo transfiere una parte de su valor (el desgaste) al producto y, a pesar del desgaste, sigue funcionando en el proceso de producción; por eso solo necesita reponerse in natura a intervalos más cortos o más largos, en todo caso no con tanta frecuencia como el capital fluido. Esta necesidad de reposición, el plazo de reproducción, no solo es cuantitativamente diferente para los distintos componentes del capital fijo, sino que, como hemos visto, una parte del capital fijo de mayor duración, que dura muchos años, puede reponerse anualmente o a intervalos más cortos y añadirse in natura al viejo capital fijo; en el capital fijo de otra índole, la reposición solo puede tener lugar de una vez al final de su vida.

Por eso es necesario reducir las rotaciones particulares de las diferentes partes del capital fijo a una forma homogénea de rotación, de modo que ya solo se diferencien cuantitativamente, por la duración de la rotación.

Esta identidad cualitativa no se da si tomamos como punto de partida P ... P, la forma del proceso de producción continuo. Pues determinados elementos de P tienen que reponerse constantemente in natura y otros no. Pero la forma D ... D' sí proporciona esta identidad de la rotación. Tomemos, por ejemplo, una máquina de un valor de 10.000 £ que dura diez años, de la que, por tanto, se reconvierte anualmente en dinero 1/10 = 1.000 £. Estas 1.000 £ se han transformado en el curso de un año de capital dinerario en capital productivo y capital mercantil, y de este se han reconvertido en capital dinerario. Han regresado a su forma originaria de dinero, como el capital fluido si lo consideramos bajo esta forma, y es indiferente que el capital dinerario de 1.000 £ se reconvierta o no al final del año en la forma natural de una máquina. Al calcular la rotación global del capital productivo adelantado fijamos, por tanto, todos sus elementos en la forma de dinero, de modo que el regreso a la forma de dinero cierra la rotación. Consideramos siempre el valor como adelantado en dinero, incluso en el proceso de producción continuo, donde esta forma de dinero del valor no es más que la del dinero de cuenta. Así podemos sacar el promedio.

  1. Se sigue que, aun cuando la parte con mucho mayor del capital productivo adelantado consista en capital fijo, cuyo tiempo de reproducción y, por tanto, también de rotación abarca un ciclo de muchos años, el valor de capital rotado durante el año puede ser mayor, a consecuencia de las rotaciones repetidas del capital fluido durante el año, que el valor total del capital adelantado.

Supongamos que el capital fijo sea = 80.000 £ y su tiempo de reproducción = 10 años, de modo que 8.000 £ regresan cada año a su forma de dinero, o que efectúa 1/10 de su rotación. Supongamos que el capital fluido sea = 20.000 £ y rote cinco veces al año. El capital total es entonces = 100.000 £. El capital fijo rotado es = 8.000 £; el capital fluido rotado = 5 × 20.000 = 100.000 £. Así pues, el capital rotado durante el año es = 108.000 £, mayor en 8.000 £ que el capital adelantado. Ha rotado 1 + 2/25 del capital.

  1. La rotación de valor del capital adelantado se separa, pues, de su tiempo real de reproducción o del tiempo de rotación real de sus componentes. Supongamos que un capital de 4.000 £ rota, por ejemplo, cinco veces al año. El capital rotado es entonces 5 × 4.000 = 20.000 £. Pero lo que regresa al final de cada rotación para adelantarse de nuevo es el capital adelantado originariamente, de 4.000 £. Su magnitud no se altera por el número de los períodos de rotación durante los cuales funciona de nuevo como capital. (Prescindiendo de la plusvalía.)

En el ejemplo del apartado 3, pues, según el supuesto, al final del año han regresado a manos del capitalista: a) una suma de valor de 20.000 £, que vuelve a desembolsar en los componentes fluidos del capital, y b) una suma de 8.000 £, que se ha desprendido, por el desgaste, del valor del capital fijo adelantado; junto a ello, el mismo capital fijo sigue existiendo como antes en el proceso de producción, pero con el valor disminuido de 72.000 £ en lugar de 80.000 £. Haría falta, por tanto, que el proceso de producción continuara otros nueve años hasta que el capital fijo adelantado haya terminado su vida, haya acabado de funcionar tanto como formador del producto como formador de valor y tenga que reponerse. El valor de capital adelantado tiene, pues, que describir un ciclo de rotaciones, en el caso dado, por ejemplo, un ciclo de diez rotaciones anuales; y este ciclo está determinado, en efecto, por el tiempo de vida y, por tanto, por el tiempo de reproducción o tiempo de rotación del capital fijo empleado.

Así pues, en la misma medida en que, con el desarrollo del modo de producción capitalista, se desarrollan el volumen de valor y la duración de la vida del capital fijo empleado, la vida de la industria y del capital industrial en cada inversión particular se desarrolla hasta abarcar muchos años, digamos por término medio diez. Si, por un lado, el desarrollo del capital fijo prolonga esta vida, por otro lado esta se acorta por la constante revolución de los medios de producción, que crece igualmente sin cesar con el desarrollo del modo de producción capitalista. Con él crecen, por tanto, también el cambio de los medios de producción y la necesidad de su constante reposición a consecuencia del desgaste moral, mucho antes de que se hayan gastado físicamente. Se puede suponer que para las ramas más decisivas de la gran industria este ciclo vital es ahora por término medio de diez años. Pero aquí no importa la cifra determinada. Lo que se desprende es esto: este ciclo de rotaciones encadenadas, que abarca una serie de años y en el que el capital está aprisionado por su componente fijo, proporciona una base material de las crisis periódicas, en las que el negocio pasa por períodos sucesivos de languidez, animación media, precipitación y crisis. Es cierto que los períodos en que se invierte capital son muy diferentes y no coinciden. Sin embargo, la crisis constituye siempre el punto de partida de una gran inversión nueva. Por tanto, también —considerando la sociedad en su conjunto— una nueva base material, más o menos, para el siguiente ciclo de rotación.15

  1. Sobre el modo de calcular la rotación, dejemos hablar a un economista estadounidense.

«En algunas ramas de negocio, todo el capital adelantado rota o circula varias veces en el curso de un año; en algunas otras, una parte rota más de una vez al año y otra parte no con tanta frecuencia. Es el período medio que necesita todo su capital para pasar por sus manos o para rotar una vez lo que un capitalista ha de tomar como base para calcular su ganancia. Supongamos que alguien haya invertido en un negocio determinado la mitad de su capital en edificios y maquinaria, que se renuevan una vez cada diez años; una cuarta parte en herramientas, etc., que se renuevan cada dos años; la última cuarta parte, desembolsada en salarios y materias primas, rotaría dos veces al año. Sea todo su capital de 50.000 dólares. Su desembolso anual será entonces:

50.000/2 = 25.000 dól. en 10 años = 2.500 dól. en 1 año
50.000/4 = 12.500 dól. en 2 años = 6.250 dól. en 1 año
50.000/4 = 12.500 dól. en 1/2 año = 25.000 dól. en 1 año
1 año = 33.750 dól.

El tiempo medio, por tanto, en que todo su capital rota una vez es de 16 meses... Tomemos otro caso: una cuarta parte del capital total de 50.000 dól. circula en 10 años; una cuarta parte en 1 año; la mitad restante dos veces en 1 año. El desembolso anual será entonces:

12.500/10 = 1.250 dól.
12.500 = 12.500 dól.
25.000 × 2 = 50.000 dól.16
Rotado en un año = 63.750 dól.»

(Scrope, Pol. Econ., ed. de Alonzo Potter, Nueva York, 1841, pp. 142 y 143.)

  1. Diferencias reales y aparentes en la rotación de las diferentes partes del capital. El mismo Scrope dice en el mismo pasaje:

«El capital que un fabricante, un agricultor o un comerciante desembolsa en el pago de salarios es el que circula más deprisa, pues rota quizá una vez por semana, si su gente cobra semanalmente, mediante los ingresos semanales procedentes de sus ventas o de facturas cobradas. El desembolsado en materias primas o en existencias terminadas circula con menos rapidez; puede rotar dos o cuatro veces al año, según el tiempo que transcurra entre la compra de unas y la venta de otras, suponiendo que compre y venda con el mismo plazo de crédito. El capital invertido en herramientas y máquinas circula todavía más despacio, pues rota, es decir, se consume y se renueva, por término medio quizá solo una vez cada cinco o diez años, aunque algunas herramientas se gastan ya en una sola serie de operaciones. El capital desembolsado en edificios, por ejemplo, fábricas, tiendas, almacenes, graneros, en carreteras, instalaciones de riego, etc., parece no circular apenas. Pero en realidad también estas instalaciones se gastan por completo, exactamente igual que las mencionadas antes, mientras contribuyen a la producción, y tienen que reproducirse para que el productor pueda proseguir sus operaciones. Con la única diferencia de que se consumen y se reproducen más despacio que las demás... El capital invertido en ellas rota quizá solo en 20 o 50 años.»

Scrope confunde aquí la diferencia en el flujo de determinadas partes del capital fluido, ocasionada para el capitalista individual por los plazos de pago y las relaciones de crédito, con las rotaciones que nacen de la naturaleza del capital. Dice que el salario tiene que pagarse semanalmente mediante los ingresos semanales procedentes de las ventas o facturas cobradas. En primer lugar, hay que observar aquí que, en lo que respecta al salario mismo, se producen diferencias según la longitud del plazo de pago, es decir, según la longitud del tiempo por el que el obrero tiene que dar crédito al capitalista; es decir, según que el plazo de pago del salario sea semanal, mensual, trimestral, semestral, etc. Rige aquí la ley desarrollada anteriormente: «La masa necesaria del medio de pago (es decir, del capital dinerario que hay que adelantar de una vez) está en razón directa de la longitud de los períodos de pago»17 (libro I, cap. III, 3, b, p. 124).

En segundo lugar: en el producto semanal entra no solo la totalidad del valor nuevo añadido en su producción por el trabajo de la semana, sino también el valor de las materias primas y auxiliares consumidas en el producto semanal. Este valor contenido en él circula con el producto. Mediante la venta de este producto adquiere la forma de dinero y tiene que convertirse de nuevo en los mismos elementos de producción. Esto vale tanto para la fuerza de trabajo como para las materias primas y auxiliares. Pero ya hemos visto (cap. VI, II, 1) que la continuidad de la producción exige unas existencias de medios de producción, diferentes para diferentes ramas de negocio y, en la misma rama de negocio, a su vez diferentes para diferentes componentes de este elemento del capital fluido, por ejemplo, para el carbón y el algodón. Por eso, aunque estas materias tienen que reponerse constantemente in natura, no necesitan comprarse de nuevo constantemente. La frecuencia con que se renueve la compra depende del tamaño de las existencias acumuladas, de cuánto tiempo dure hasta agotarse. En el caso de la fuerza de trabajo no tiene lugar tal acumulación de existencias. La reconversión en dinero va de la mano, para la parte del capital desembolsada en trabajo, con la de la desembolsada en materias auxiliares y primas. Pero la reconversión del dinero, por un lado, en fuerza de trabajo y, por otro, en materias primas tiene lugar por separado a causa de los plazos de compra y de pago particulares de estos dos componentes, de los cuales uno, como existencias productivas, se compra a plazos más largos, y el otro, la fuerza de trabajo, a plazos más cortos, por ejemplo, semanalmente. Por otro lado, el capitalista, además de las existencias productivas, tiene que mantener unas existencias de mercancías terminadas. Prescindiendo de las dificultades de venta, etc., hay que producir, por ejemplo, una masa determinada por encargo. Mientras se produce la última parte de ella, la ya terminada espera en el almacén hasta el momento en que el encargo puede servirse por completo. Otras diferencias en la rotación del capital fluido surgen en cuanto algunos de sus elementos tienen que permanecer más tiempo que otros en una fase previa del proceso de producción (secado de la madera, etc.).

El sistema de crédito, al que Scrope se refiere aquí, así como el capital comercial, modifica la rotación para el capitalista individual. En escala social solo la modifica en la medida en que acelera no solo la producción, sino también el consumo.

Capítulo décimo. Teorías sobre el capital fijo y el capital circulante. Los fisiócratas y Adam Smith

En Quesnay, la diferencia entre capital fijo y capital circulante aparece como avances primitives y avances annuelles18. Quesnay presenta acertadamente esta diferencia como una diferencia dentro del capital productivo, del capital incorporado al proceso inmediato de producción. Como para él el capital empleado en la agricultura, es decir, el capital del arrendatario, es el único realmente productivo, estas diferencias solo se dan también en el capital del arrendatario. De ahí resulta asimismo el tiempo de rotación anual de una parte del capital y el de más de un año (de diez años) de la otra. De paso, los fisiócratas, en el curso de su desarrollo, trasladan estas diferencias también a otras clases de capital, al capital industrial en general. Para la sociedad, la diferencia entre adelantos anuales y adelantos plurianuales sigue siendo tan importante que muchos economistas, incluso después de A. Smith, vuelven a esta determinación.

La diferencia entre ambas clases de adelantos solo surge en cuanto el dinero adelantado se ha transformado en los elementos del capital productivo. Es una diferencia única y exclusivamente dentro del capital productivo. Por eso a Quesnay no se le ocurre contar el dinero ni entre los adelantos primitivos ni entre los anuales. Como adelantos de la producción, es decir, como capital productivo, ambos se contraponen tanto al dinero como a las mercancías que se encuentran en el mercado. Además, en Quesnay la diferencia entre estos dos elementos del capital productivo se reduce acertadamente a la manera distinta en que entran en el valor del producto terminado, y por tanto a la manera distinta en que su valor circula con el valor del producto, y por tanto a la manera distinta de su reposición o de su reproducción, ya que el valor de uno se repone por entero cada año y el del otro poco a poco, en períodos más largos.19

El único progreso que hace A. Smith es la generalización de las categorías. En él ya no se refieren a una forma especial del capital, el capital del arrendatario, sino a toda forma del capital productivo. De ahí se sigue por sí mismo que el lugar de la diferencia, tomada de la agricultura, entre rotación anual y rotación plurianual lo ocupa la diferencia general entre rotaciones de distinta duración, de modo que una rotación del capital fijo abarca siempre más de una rotación del capital circulante, cualquiera que sea la duración de estas rotaciones del capital circulante: anual, de más de un año o de menos de un año. Así, en Smith, los avances annuelles se convierten en capital circulante y los avances primitives en capital fijo. Pero su progreso se limita a esta generalización de las categorías. La ejecución queda muy por detrás de Quesnay.

Ya la manera toscamente empírica en que Smith abre la investigación introduce la confusión:

«Hay dos maneras distintas en que un capital puede emplearse para que rinda un rédito o una ganancia a quien lo emplea.» (Wealth of Nations, libro II, cap. I, p. 185, ed. Aberdeen, 1848.)

Las maneras en que puede invertirse valor para que funcione como capital, para que rinda a su propietario una plusvalía, son tan distintas, tan variadas como las esferas de inversión del capital. Es una pregunta por las distintas ramas de la producción en que puede invertirse capital. Formulada así, la pregunta va aún más lejos. Incluye la pregunta de cómo puede el valor, aun cuando no se invierta como capital productivo, funcionar como capital para su propietario, por ejemplo, como capital que rinde interés, como capital comercial, etc. Aquí estamos, pues, ya a una distancia sideral del verdadero objeto del análisis, a saber, de la pregunta de cómo influye en la rotación la división del capital productivo en sus distintos elementos, prescindiendo de sus distintas esferas de inversión.

A. Smith prosigue enseguida:

«En primer lugar, puede emplearse en criar, fabricar o comprar bienes y venderlos de nuevo con una ganancia.»

A. Smith no nos dice aquí más que el capital puede emplearse en la agricultura, en la manufactura y en el comercio. Habla, pues, solo de las distintas esferas de inversión del capital, y también de aquellas en que, como en el comercio, el capital no está incorporado al proceso inmediato de producción, es decir, no funciona como capital productivo. Con ello abandona ya la base sobre la que los fisiócratas exponen las diferencias del capital productivo y su influencia en la rotación. Más aún, toma enseguida como ejemplo incluso el capital comercial en una cuestión en la que se trata exclusivamente de diferencias del capital productivo en el proceso de formación del producto y del valor, diferencias que a su vez engendran diferencias en su rotación y en su reproducción.

Prosigue:

«El capital empleado de esta manera no rinde a quien lo emplea ningún rédito ni ganancia mientras permanece en su posesión o conserva la misma figura.»

¡«El capital empleado de esta manera»! Pero Smith habla de capital invertido en la agricultura, en la industria, y nos dice más tarde que el capital así invertido se divide en fijo y circulante. La inversión del capital de esta manera no puede, pues, hacer del capital ni capital fijo ni capital circulante.

¿O quería decir que el capital empleado para producir mercancías y vender estas mercancías con una ganancia, después de haberse transformado en mercancías, tiene que venderse y, por medio de la venta, primero, pasar de la posesión del vendedor a la del comprador y, segundo, convertirse de su forma natural de mercancía en su forma de dinero, y que por tanto es inútil para su propietario mientras permanece en su posesión o, para él, en la misma forma? Pero entonces la cosa se reduce a esto: el mismo valor de capital que antes funcionaba en la forma del capital productivo, en una forma perteneciente al proceso de producción, funciona ahora como capital mercantil y capital dinerario, en sus formas pertenecientes al proceso de circulación, y por tanto ya no es ni capital fijo ni capital fluido. Y esto vale tanto para los elementos de valor añadidos por las materias primas y auxiliares, es decir, por el capital fluido, como para los añadidos por el consumo de los medios de trabajo, es decir, por el capital fijo. Tampoco así nos acercamos un solo paso a la diferencia entre capital fijo y capital fluido.

Más adelante:

«Los bienes del comerciante no le rinden ningún rédito ni ganancia hasta que los vende por dinero, y el dinero tampoco le rinde nada hasta que se cambia de nuevo por bienes. Su capital sale continuamente de él en una figura y vuelve a él en otra, y solo por medio de esta circulación, o de cambios sucesivos, puede rendirle alguna ganancia. Por eso tales capitales pueden muy propiamente llamarse capitales circulantes.»

Lo que A. Smith determina aquí como capital circulante es lo que yo quiero llamar capital de circulación: el capital en la forma perteneciente al proceso de circulación, al cambio de forma por medio del intercambio (metabolismo y cambio de manos), es decir, capital mercantil y capital dinerario, en contraposición a su forma perteneciente al proceso de producción, la del capital productivo. No son estas clases especiales en que el capitalista industrial divide su capital, sino formas distintas que el mismo valor de capital adelantado adopta y abandona sucesivamente, siempre de nuevo, en su curriculum vitae. A. Smith confunde esto —y es un gran retroceso respecto de los fisiócratas— con las diferencias de forma que surgen dentro de la circulación del valor de capital, en su ciclo a través de sus formas sucesivas, mientras el valor de capital se encuentra en la forma del capital productivo; y que surgen, en concreto, de la manera distinta en que los distintos elementos del capital productivo participan en el proceso de formación de valor y transfieren su valor al producto. Más adelante veremos las consecuencias de esta confusión fundamental entre el capital productivo y el capital que se encuentra en la esfera de la circulación (capital mercantil y capital dinerario), por un lado, y entre capital fijo y capital fluido, por otro. El valor de capital adelantado en capital fijo circula por medio del producto exactamente igual que el adelantado en capital fluido, y se transforma en capital dinerario por la circulación del capital mercantil exactamente igual que el otro. La diferencia surge solo de que su valor circula fragmentariamente y por tanto tiene que reponerse también fragmentariamente, en períodos más cortos o más largos, y reproducirse en forma natural.

Que A. Smith no entiende aquí por capital circulante otra cosa que capital de circulación, es decir, el valor de capital en sus formas pertenecientes al proceso de circulación (capital mercantil y capital dinerario), lo demuestra el ejemplo que elige con especial torpeza. Toma como ejemplo una clase de capital que no pertenece en absoluto al proceso de producción, sino que solo habita en la esfera de la circulación, que solo consta de capital de circulación: el capital comercial.

Lo absurdo que es empezar con un ejemplo en el que el capital no figura en absoluto como capital productivo lo dice él mismo inmediatamente después:

«El capital de un comerciante es enteramente capital circulante.»

Pero la diferencia entre capital circulante y capital fijo ha de ser, según se nos dice más tarde, una diferencia que surge de diferencias esenciales dentro del propio capital productivo. Por un lado, A. Smith tiene en la cabeza la diferencia fisiocrática; por otro, las diferencias de forma por las que pasa el valor de capital en su ciclo. Y ambas cosas andan revueltas en abigarrada confusión.

Pero cómo ha de surgir una ganancia del cambio de forma de dinero y mercancía, de la mera transformación del valor de una de estas formas en la otra, es algo que no se alcanza a ver en absoluto. Además, la explicación se hace absolutamente imposible porque aquí empieza con el capital comercial, que solo se mueve en la esfera de la circulación. Volveremos sobre esto; oigamos primero lo que dice sobre el capital fijo:

«En segundo lugar, puede» (el capital) «emplearse en la mejora de la tierra, en la compra de máquinas útiles e instrumentos de trabajo, o en cosas semejantes que rinden un rédito o una ganancia sin cambiar de dueño ni seguir circulando. Por eso tales capitales pueden muy propiamente llamarse capitales fijos. Ocupaciones distintas requieren proporciones muy distintas entre los capitales fijos y circulantes empleados en ellas… Alguna parte del capital de todo maestro artesano o manufacturero tiene que estar fijada en los instrumentos de su oficio. Esta parte, sin embargo, es muy pequeña en algunos y muy grande en otros… Pero la parte con mucho mayor del capital de todos esos maestros artesanos» (como sastres, zapateros, tejedores) «se hace circular, ya sea en los salarios de sus obreros, ya en el precio de sus materiales, para ser reembolsada con una ganancia mediante el precio de la obra.»

Prescindiendo de la infantil determinación de la fuente de la ganancia, lo endeble y confuso salta a la vista enseguida en esto: para un fabricante de máquinas, por ejemplo, la máquina es un producto que circula como capital mercantil, es decir, en palabras de A. Smith:

«uno se desprende de ella, cambia de dueño, sigue circulando».

La máquina sería, pues, según su propia determinación, no capital fijo, sino capital circulante. Esta confusión surge de nuevo de que Smith confunde la diferencia entre capital fijo y capital fluido, que surge de la circulación de distinto tipo de los distintos elementos del capital productivo, con diferencias de forma por las que pasa el mismo capital en la medida en que funciona dentro del proceso de producción como capital productivo, y en cambio dentro de la esfera de la circulación como capital de circulación, es decir, como capital mercantil o como capital dinerario. Según el lugar que ocupen en el proceso vital del capital, las mismas cosas pueden, por tanto, funcionar en A. Smith como capital fijo (como medios de trabajo, elementos del capital productivo) y como capital «circulante», capital mercantil (como producto expulsado de la esfera de la producción a la esfera de la circulación).

Pero A. Smith cambia de golpe todo el criterio de la división y contradice aquello con lo que unas líneas antes había abierto toda la investigación. Esto sucede, en particular, con la frase:

«Hay dos maneras distintas en que un capital puede emplearse para que rinda un rédito o una ganancia a quien lo emplea»,

a saber, como capital circulante o como capital fijo. Según esto, se trataba, pues, de distintos modos de empleo de distintos capitales independientes entre sí, del mismo modo que los capitales pueden emplearse, por ejemplo, o en la industria o en la agricultura. Pero ahora se dice:

«Ocupaciones distintas requieren proporciones muy distintas entre los capitales fijos y circulantes empleados en ellas.»

El capital fijo y el capital circulante ya no son ahora inversiones de capital distintas e independientes, sino porciones distintas del mismo capital productivo, que en distintas esferas de inversión constituyen una parte distinta del valor total de este capital. Son, pues, diferencias que surgen de la división objetiva del propio capital productivo, y que por tanto solo valen con respecto a él. Pero a esto contradice a su vez que el capital comercial, como capital meramente circulante, se contraponga al capital fijo, pues el propio Smith dice:

«El capital de un comerciante es enteramente capital circulante.»

Es, en efecto, un capital que solo funciona dentro de la esfera de la circulación, y como tal se contrapone al capital productivo, al capital incorporado al proceso de producción en general; pero precisamente por eso no puede contraponerse, como parte constitutiva fluida (circulante) del capital productivo, a la parte constitutiva fija del capital productivo.

En los ejemplos que da, Smith determina como capital fijo los instrumentos de trabajo (instruments of trade), y como capital circulante la porción de capital desembolsada en salarios y materias primas, incluidas las materias auxiliares («reembolsada con una ganancia mediante el precio de la obra»).

Así pues, en primer lugar se parte únicamente de las distintas partes constitutivas del proceso de trabajo: fuerza de trabajo (trabajo) y materias primas, por un lado, e instrumentos de trabajo, por otro. Pero estas son partes constitutivas del capital porque en ellas está desembolsada una suma de valor que ha de funcionar como capital. En este sentido son los elementos materiales, los modos de existencia del capital productivo, es decir, del capital que funciona en el proceso de producción. ¿Por qué se llama fija, entonces, una de las partes? Porque

«algunas partes del capital tienen que estar fijadas en los instrumentos de trabajo».

Pero la otra parte también está fijada en salarios y materias primas. Las máquinas, sin embargo, y los

«instrumentos de trabajo… cosas semejantes… rinden un rédito o una ganancia sin cambiar de dueño ni seguir circulando. Por eso tales capitales pueden muy propiamente llamarse capitales fijos».

Tomemos, por ejemplo, la minería. Aquí no se emplea en absoluto materia prima, ya que el objeto de trabajo, por ejemplo el cobre, es un producto natural del que el trabajo ha de empezar por apropiarse. El cobre del que hay que empezar por apropiarse, el producto del proceso, que más tarde circula como mercancía, o bien como capital mercantil, no constituye ningún elemento del capital productivo. Ninguna parte de su valor está desembolsada en él. Por otra parte, los demás elementos del proceso de producción, la fuerza de trabajo y las materias auxiliares, como el carbón, el agua, etc., tampoco entran materialmente en el producto. El carbón se consume por entero, y solo su valor entra en el producto, exactamente igual que una parte del valor de la máquina, etc., entra en el producto. Finalmente, el obrero permanece frente al producto, el cobre, tan independiente como la máquina. Solo el valor que produce con su trabajo es ahora parte constitutiva del valor del cobre. Así pues, en este ejemplo ni una sola parte constitutiva del capital productivo cambia de manos (de dueño, masters), ni ninguna de ellas sigue circulando, porque ninguna entra materialmente en el producto. ¿Dónde queda aquí, pues, el capital circulante? Según la propia definición de A. Smith, todo el capital que se emplea en una mina de cobre constaría únicamente de capital fijo.

Tomemos, en cambio, otra industria que emplee materias primas que constituyen la sustancia del producto, y además materias auxiliares que entran en el producto corporalmente, y no solo por su valor, como el carbón para calefacción. Con el producto, por ejemplo el hilo, cambia también de manos la materia prima de que consta, el algodón, y pasa del proceso de producción al proceso de consumo. Pero mientras el algodón funciona como elemento del capital productivo, su propietario no lo vende, sino que lo elabora, hace que se fabrique hilo con él. No lo suelta de la mano. O, para emplear la expresión groseramente falsa y trivial de Smith, no obtiene ninguna ganancia desprendiéndose de él, haciendo que cambie de dueño o haciéndolo circular (by parting with it, by its changing masters, or by circulating it). No hace circular sus materiales más que sus máquinas. Están fijados en el proceso de producción exactamente igual que las máquinas de hilar y los edificios fabriles. Más aún, una parte del capital productivo tiene que estar fijada tan constantemente en la forma de carbón, algodón, etc., como en la de medios de trabajo. La diferencia es solo que el algodón, el carbón, etc., necesarios, por ejemplo, para la producción semanal de hilo, se consumen constantemente por entero en la producción del producto semanal, y por tanto tienen que reponerse con nuevos ejemplares de algodón, carbón, etc.; es decir, que estos elementos del capital productivo, aunque siguen siendo idénticos en cuanto a su especie, constan constantemente de nuevos ejemplares de la misma especie, mientras que la misma máquina de hilar individual, el mismo edificio fabril individual, sigue colaborando en toda una serie de producciones semanales sin ser repuesto por un nuevo ejemplar de su especie. Como elementos del capital productivo, todas sus partes constitutivas están constantemente fijadas en el proceso de producción, pues este no puede efectuarse sin ellas. Y todos los elementos del capital productivo, tanto fijos como fluidos, se contraponen por igual, como capital productivo, al capital de circulación, es decir, al capital mercantil y al capital dinerario.

Lo mismo sucede con la fuerza de trabajo. Una parte del capital productivo tiene que estar constantemente fijada en ella, y son las mismas fuerzas de trabajo idénticas, igual que las mismas máquinas, las que en todas partes emplea durante largo tiempo el mismo capitalista. La diferencia entre ellas y las máquinas no consiste aquí en que la máquina se compre de una vez para siempre (lo que tampoco ocurre cuando, por ejemplo, se paga a plazos) y el obrero no, sino en que el trabajo que este gasta entra por entero en el valor del producto, mientras que el valor de la máquina solo entra fragmentariamente.

Smith confunde determinaciones distintas cuando dice del capital circulante, en contraposición al fijo:

«El capital empleado de esta manera no rinde a quien lo emplea ningún rédito ni ganancia mientras permanece en su posesión o conserva la misma figura.»

Pone la metamorfosis meramente formal de la mercancía, por la que pasa el producto, el capital mercantil, en la esfera de la circulación y que media el cambio de manos de las mercancías, al mismo nivel que la metamorfosis corpórea por la que pasan los distintos elementos del capital productivo durante el proceso de producción. Mezcla aquí sin más la transformación de mercancía en dinero y de dinero en mercancía, la compra y la venta, con la transformación de elementos de producción en producto. Su ejemplo del capital circulante es el capital comercial, es decir, transformado de mercancía en dinero, de dinero en mercancía: el cambio de forma M – D – M perteneciente a la circulación de mercancías. Pero este cambio de forma dentro de la circulación tiene para el capital industrial en funciones el significado de que las mercancías en que se reconvierte el dinero son elementos de producción (medios de trabajo y fuerza de trabajo), es decir, de que media la continuidad de su función, el proceso de producción como proceso continuo o como proceso de reproducción. Todo este cambio de forma se efectúa en la circulación; es él el que media el paso real de las mercancías de una mano a otra. En cambio, las metamorfosis por las que pasa el capital productivo dentro de su proceso de producción son metamorfosis pertenecientes al proceso de trabajo, necesarias para transformar los elementos de producción en el producto que se persigue. A. Smith se atiene a que una parte de los medios de producción (los medios de trabajo propiamente dichos) sirve en el proceso de trabajo (lo que él expresa erróneamente diciendo que rinde una ganancia a su dueño, yield a profit to their master) sin alterar su forma natural, desgastándose solo poco a poco, mientras que otra parte, los materiales, se altera y cumple su destino de medio de producción precisamente mediante su alteración. Pero este comportamiento distinto de los elementos del capital productivo en el proceso de trabajo solo constituye el punto de partida de la diferencia entre capital fijo y capital no fijo, no esta diferencia misma, lo cual se desprende ya de que existe por igual en todos los modos de producción, capitalistas y no capitalistas. A este comportamiento material distinto corresponde, sin embargo, la cesión de valor al producto, a la que corresponde a su vez la reposición del valor mediante la venta del producto; y solo esto constituye aquella diferencia. El capital no es, pues, fijo porque esté fijado en los medios de trabajo, sino porque una parte de su valor desembolsado en medios de trabajo permanece fijada en ellos, mientras que otra parte circula como parte constitutiva del valor del producto.

«Si» (el capital, the stock) «se emplea en procurar una ganancia futura, tiene que procurar esta ganancia quedándose con él» (con quien lo emplea) «o saliendo de él. En un caso es un capital fijo; en el otro, un capital circulante.» (p. 189.)

Lo primero que llama aquí la atención es la idea toscamente empírica de la ganancia, sacada del modo de ver del capitalista corriente, que contradice por completo la mejor comprensión esotérica de A. Smith. En el precio del producto se ha repuesto tanto el precio de los materiales como el de la fuerza de trabajo, pero igualmente la parte de valor transferida al producto por los instrumentos de trabajo mediante el desgaste. De esta reposición no brota en ningún caso la ganancia. Que un valor adelantado para la producción del producto se reponga por entero o poco a poco, de una vez o gradualmente, mediante la venta de este, solo puede alterar el modo y el tiempo de la reposición; pero en ningún caso transformar lo que es común a ambos —la reposición del valor— en creación de plusvalía. Subyace aquí la idea corriente de que, como la plusvalía solo se realiza mediante la venta del producto, mediante su circulación, solo surge de la venta, de la circulación. En realidad, el distinto modo de nacer la ganancia no es aquí más que una frase falsa para decir que los distintos elementos del capital productivo sirven de manera distinta, actúan de manera distinta como elementos productivos en el proceso de trabajo. Finalmente, la diferencia no se deriva del proceso de trabajo o de valorización, de la función del propio capital productivo, sino que ha de valer solo subjetivamente para el capitalista individual, a quien una parte del capital le sería útil de esta manera y la otra de aquella.

Quesnay, en cambio, había derivado las diferencias del propio proceso de reproducción y de sus necesidades. Para que este proceso sea continuo, el valor de los adelantos anuales tiene que reponerse cada año por entero a partir del valor del producto anual, mientras que el valor del capital de instalación solo poco a poco, de modo que no tiene que reponerse por entero, y por tanto reproducirse por entero (reponerse mediante nuevos ejemplares de la misma especie), hasta transcurrida una serie de, por ejemplo, diez años. A. Smith cae, pues, muy por debajo de Quesnay.

Así, en A. Smith no queda absolutamente nada para la determinación del capital fijo, salvo que se trata de medios de trabajo que no cambian de figura en el proceso de producción y siguen sirviendo en la producción hasta su desgaste, frente a los productos a cuya formación contribuyen. Se olvida que todos los elementos del capital productivo se contraponen constantemente en su forma natural (como medios de trabajo, materiales y fuerza de trabajo) al producto y al producto que circula como mercancía, y que la diferencia entre la parte que consta de materiales y fuerza de trabajo y la parte que consta de medios de trabajo solo estriba, con respecto a la fuerza de trabajo, en que se compra siempre de nuevo (no se compra para toda su duración como los medios de trabajo); con respecto a los materiales, en que no son los mismos ejemplares idénticos, sino siempre nuevos ejemplares de la misma especie, los que funcionan en el proceso de trabajo. Al mismo tiempo se produce la falsa apariencia de que el valor del capital fijo no circula también, aunque A. Smith, naturalmente, había desarrollado antes el desgaste del capital fijo como parte del precio del producto.

En el capital circulante como contrapuesto al fijo no se pone de relieve que solo tiene esta contraposición como aquella parte constitutiva del capital productivo que tiene que reponerse por entero a partir del valor del producto y que, por tanto, tiene que pasar por entero por sus metamorfosis, lo que no ocurre con el capital fijo. Más bien se lo confunde con las figuras que adopta el capital en su paso de la esfera de la producción a la esfera de la circulación, como capital mercantil y capital dinerario. Pero ambas formas, el capital mercantil y el capital dinerario, son portadoras del valor tanto de las partes constitutivas fijas como de las fluidas del capital productivo. Ambas son capital de circulación, en contraposición al productivo, pero no capital circulante (fluido) en contraposición al fijo.

Finalmente: mediante el desarrollo completamente torcido según el cual el capital fijo hace ganancia permaneciendo en el proceso de producción, y el circulante abandonándolo y siendo puesto en circulación, la identidad de la forma que el capital variable y la parte constitutiva fluida del capital constante tienen en la rotación oculta la diferencia esencial entre ambos en el proceso de valorización y en la formación de la plusvalía, y por tanto oscurece aún más todo el secreto de la producción capitalista; con la denominación común de capital circulante se suprime esta diferencia esencial; cosa que la economía posterior llevó todavía más lejos, al retener como lo esencial y lo único distintivo no la contraposición entre capital variable y capital constante, sino la contraposición entre capital fijo y capital circulante.

Después de haber designado primero el capital fijo y el capital circulante como dos maneras particulares de invertir capital que, consideradas cada una por sí, rinden una ganancia, A. Smith dice:

«Ningún capital fijo puede rendir rédito alguno si no es por medio de un capital circulante. Las máquinas e instrumentos de trabajo más útiles no producirán nada sin el capital circulante que proporciona los materiales sobre los que se emplean y el sustento de los obreros que los emplean.» (p. 188.)

Aquí sale a la luz lo que significan las expresiones anteriores —rendir un rédito, hacer una ganancia (yield a revenue, make a profit), etc.—, a saber, que ambas partes del capital sirven como formadoras del producto.

A. Smith da ahora el siguiente ejemplo:

«La parte del capital del arrendatario que se emplea en los aperos de labranza es un capital fijo; la que se emplea en los salarios y el sustento de sus mozos de labranza es un capital circulante.»

(Aquí, pues, la diferencia entre capital fijo y capital circulante se refiere acertadamente solo a la distinta circulación, a la rotación de distintas partes constitutivas del capital productivo.)

«Obtiene una ganancia del uno conservándolo en su propia posesión, y del otro desprendiéndose de él. El precio o valor de su ganado de labor es un capital fijo»

(aquí de nuevo lo acertado: que es al valor a lo que se refiere la diferencia, no al elemento material),

«del mismo modo que el de los aperos de labranza; su sustento» (el del ganado de labor) «es un capital circulante, del mismo modo que el de los mozos de labranza. El arrendatario obtiene su ganancia conservando el ganado de labor y desprendiéndose de su sustento.»

(El arrendatario conserva el forraje del ganado, no lo vende. Lo consume como forraje, mientras que consume el ganado mismo como instrumento de trabajo. La diferencia es solo esta: el forraje que entra en el mantenimiento del ganado de labor se consume por entero y tiene que reponerse constantemente con nuevo forraje procedente del producto agrícola o de su venta; el ganado mismo solo se repone a medida que cada res, una tras otra, queda incapacitada para el trabajo.)

«Tanto el precio como el sustento del ganado que se compra y se ceba, no para el trabajo, sino para la venta, son un capital circulante. El arrendatario obtiene su ganancia desprendiéndose de él.»

(Todo productor de mercancías, y por tanto también el capitalista, vende su producto, el resultado de su proceso de producción, pero no por eso este producto constituye una parte constitutiva fija ni fluida de su capital productivo. Más bien existe ahora en una forma en la que ha sido expulsado del proceso de producción y tiene que funcionar como capital mercantil. El ganado de engorde funciona en el proceso de producción como materia prima, y no, como el ganado de labor, como instrumento. Por eso entra como sustancia en el producto, y todo su valor entra en él, como el de las materias auxiliares {su forraje}. Por eso es parte fluida del capital productivo, y no porque el producto vendido —el ganado cebado— tenga aquí la misma forma natural que la materia prima, el ganado todavía sin cebar. Esto es casual. Pero, al mismo tiempo, Smith habría podido ver en este ejemplo que no es la figura material del elemento de producción lo que da al valor que encierra la determinación de fijo y fluido, sino su función dentro del proceso de producción.)

«También el valor total de la simiente es un capital fijo. Aunque va y viene entre la tierra y el granero, nunca cambia de dueño, y por eso no circula propiamente. El arrendatario obtiene su ganancia no por su venta, sino por su multiplicación.»

Aquí se manifiesta la completa irreflexión de la distinción de Smith. Según él, la simiente sería capital fijo si no tuviera lugar ningún cambio de dueño (change of masters), es decir, si la simiente se repusiera directamente a partir del producto anual, deduciéndola de él. En cambio, sería capital circulante si se vendiera todo el producto y con una parte de su valor se comprara grano de siembra ajeno. En un caso tiene lugar el cambio de dueño; en el otro, no. Smith confunde aquí de nuevo capital fluido y capital mercantil. El producto es el portador material del capital mercantil. Pero, naturalmente, solo la parte de él que entra realmente en la circulación y no vuelve a entrar directamente en el proceso de producción del que salió como producto.

Que la simiente se deduzca directamente del producto como parte de él, o que se venda todo el producto y una parte de su valor se convierta en la compra de simiente ajena, en ambos casos solo tiene lugar una reposición, y con esta reposición no se obtiene ninguna ganancia. En un caso la simiente entra en la circulación como mercancía junto con el resto del producto; en el otro solo figura en la contabilidad como parte constitutiva del valor del capital adelantado. Pero en ambos casos sigue siendo parte constitutiva fluida del capital productivo. Se consume por entero para terminar el producto, y tiene que reponerse por entero a partir de él para hacer posible la reproducción.

«Las materias primas y auxiliares pierden la figura independiente con que entraron en el proceso de trabajo como valores de uso. Otra cosa ocurre con los medios de trabajo propiamente dichos. Un instrumento, una máquina, un edificio fabril, un recipiente, etc., solo sirven en el proceso de trabajo mientras conservan su figura originaria y entran mañana en el proceso de trabajo exactamente en la misma forma que ayer. Así como durante su vida, el proceso de trabajo, conservan su figura independiente frente al producto, así también después de su muerte. Los cadáveres de máquinas, talleres, edificios de trabajo siguen existiendo de manera independiente, separados de los productos que ayudaron a formar.» (Libro I, cap. VI, p. 192.)

Estas distintas maneras en que los medios de producción se gastan en la formación del producto, conservando unos su figura independiente frente al producto y alterándola o perdiéndola por completo otros —esta diferencia perteneciente al proceso de trabajo como tal, que por tanto se da igualmente en procesos de trabajo orientados a la mera satisfacción de las propias necesidades, por ejemplo, de la familia patriarcal, sin intercambio alguno, sin producción de mercancías—, la falsea A. Smith: 1) introduciendo la determinación de la ganancia, aquí completamente fuera de lugar, de que unos reportan ganancia a su propietario conservando su figura y los otros perdiéndola; 2) mezclando las alteraciones de una parte de los elementos de producción en el proceso de trabajo con el cambio de forma (compra y venta) perteneciente al intercambio de los productos, a la circulación de mercancías, que incluye a la vez el cambio de propiedad de las mercancías que circulan.

La rotación presupone la reproducción como mediada por la circulación, es decir, por la venta del producto, por su transformación en dinero y su reconversión de dinero en sus elementos de producción. Pero en la medida en que una parte de su propio producto le sirve directamente al propio productor capitalista como medio de producción, el productor aparece como vendedor de ella a sí mismo, y así figura la cosa en su contabilidad. Esta parte de la reproducción no está entonces mediada por la circulación, sino que es inmediata. Pero la parte del producto que vuelve a servir así como medio de producción repone capital fluido, no fijo, en la medida en que 1) su valor entra por entero en el producto y 2) ella misma ha sido repuesta in natura por entero mediante un nuevo ejemplar procedente del nuevo producto.

A. Smith nos dice ahora de qué consta el capital circulante y de qué el fijo. Enumera las cosas, los elementos materiales que constituyen capital fijo y los que constituyen capital circulante, como si este carácter determinado les correspondiera a estas cosas materialmente, por naturaleza, y no surgiera más bien de su función determinada dentro del proceso de producción capitalista. Y, sin embargo, en el mismo capítulo (libro II, cap. I) hace la observación de que, aunque una cosa determinada, como por ejemplo una casa de vivienda reservada al consumo inmediato,

«puede rendir un rédito a su propietario y servirle así en la función de un capital, no puede rendir ninguno al público ni servirle en la función de un capital, y el rédito del conjunto del pueblo nunca puede aumentar con ella en el más mínimo grado». (p. 186.)

Aquí, pues, A. Smith declara claramente que la cualidad de capital no les corresponde a las cosas como tales y en todas las circunstancias, sino que es una función de la que están revestidas o no según las circunstancias. Pero lo que vale del capital en general vale también de sus subdivisiones.

Las mismas cosas constituyen parte constitutiva del capital fluido o del fijo según que desempeñen una u otra función en el proceso de trabajo. Por ejemplo, una res, como ganado de labor (medio de trabajo), constituye un modo de existencia material del capital fijo; en cambio, como ganado de engorde (materia prima), parte constitutiva del capital circulante del arrendatario. Por otro lado, la misma cosa puede tan pronto funcionar como parte constitutiva del capital productivo como pertenecer al fondo de consumo inmediato. Una casa, por ejemplo, cuando funciona como local de trabajo, es parte constitutiva fija del capital productivo; cuando funciona como vivienda, no es en absoluto una forma del capital qua vivienda. Los mismos medios de trabajo pueden en muchos casos funcionar tan pronto como medios de producción como medios de consumo.

Este era uno de los errores que se siguen de la concepción de Smith: entender los caracteres de capital fijo y capital circulante como caracteres que corresponden a las cosas. Ya el análisis del proceso de trabajo (libro I, cap. V) muestra cómo las determinaciones de medio de trabajo, material de trabajo y producto cambian según el distinto papel que una y la misma cosa desempeña en el proceso. Pero las determinaciones de capital fijo y capital no fijo, por su parte, se basan en los papeles determinados que estos elementos desempeñan en el proceso de trabajo y, por tanto, también en el proceso de formación de valor.

Pero, en segundo lugar, en la enumeración de las cosas de que constan el capital fijo y el capital circulante estalla de lleno el hecho de que Smith mezcla la diferencia entre partes constitutivas fijas y fluidas del capital productivo, que solo es válida y solo tiene sentido con respecto a él (al capital en su forma productiva), con la diferencia entre el capital productivo y las formas pertenecientes al capital en su proceso de circulación: capital mercantil y capital dinerario. Dice en el mismo pasaje (p. 188):

«El capital circulante consta… de los víveres, materiales y obra terminada de toda clase que están en manos de sus respectivos comerciantes, y del dinero que es necesario para hacerlos circular y distribuirlos, etc.»

En efecto, si miramos más de cerca, aquí, al contrario que antes, el capital circulante vuelve a equipararse al capital mercantil y al capital dinerario, es decir, a dos formas del capital que no pertenecen en absoluto al proceso de producción, que no constituyen capital circulante (fluido) en contraposición al fijo, sino capital de circulación en contraposición al capital productivo. Solo junto a ellas figuran luego de nuevo las partes constitutivas del capital productivo adelantadas en materiales (materias primas o productos semielaborados) y realmente incorporadas al proceso de producción. Dice:

«… La tercera y última de las tres porciones en que se divide naturalmente el fondo general de la sociedad es el capital circulante, cuya característica es que solo rinde un rédito circulando o cambiando de dueño. Se compone asimismo de cuatro partes: primero, del dinero…»

(Pero el dinero nunca es una forma del capital productivo, del capital que funciona en el proceso de producción. Es siempre solo una de las formas que el capital adopta dentro de su proceso de circulación.)

«segundo, de las existencias de víveres que están en posesión del carnicero, del ganadero, del arrendatario… y de cuya venta esperan obtener una ganancia… Cuarto y último, de la obra que está acabada y terminada, pero que todavía está en manos del comerciante y del manufacturero.» Y: «tercero, de los materiales, ya sean del todo brutos o más o menos elaborados, para vestidos, muebles y edificios, que aún no han sido transformados en ninguna de esas tres figuras, sino que permanecen en manos de los cultivadores, de los manufactureros, de los merceros y pañeros, de los madereros, de los carpinteros y ebanistas, de los ladrilleros, etc.»

Los números 2 y 4 no contienen más que productos que, como tales, han sido expulsados del proceso de producción y tienen que venderse; en una palabra, que funcionan ahora como mercancías, y por tanto, respectivamente, como capital mercantil, es decir, que poseen una forma y ocupan un lugar en el proceso en los que no constituyen ningún elemento del capital productivo, cualquiera que sea su destino final, es decir, ya hayan de acabar, según su finalidad (su valor de uso), en el consumo individual o en el productivo. Estos productos son, en el número 2, medios de alimentación; en el 4, todos los demás productos terminados, que por tanto, a su vez, solo constan de medios de trabajo terminados o de medios de disfrute terminados (distintos de los medios de alimentación comprendidos en el número 2).

Que Smith hable aquí también del comerciante muestra su confusión. En cuanto el productor ha vendido su producto al comerciante, este ya no constituye ninguna forma de su capital. Considerado socialmente, sigue siendo, desde luego, capital mercantil, aunque en una mano distinta de la de su productor; pero, precisamente por ser capital mercantil, no es ni capital fijo ni capital fluido.

En toda producción no orientada a la satisfacción inmediata de las propias necesidades, el producto tiene que circular como mercancía, es decir, venderse, no para obtener de ello una ganancia, sino para que el productor pueda siquiera vivir. En la producción capitalista se añade que con la venta de la mercancía se realiza también la plusvalía que encierra. El producto sale del proceso de producción como mercancía, y por tanto no es ni elemento fijo ni elemento fluido de este.

Por lo demás, Smith se refuta aquí a sí mismo. Los productos terminados, cualesquiera que sean su figura material o su valor de uso, su efecto útil, son aquí todos capital mercantil, es decir, capital en una forma perteneciente al proceso de circulación. Encontrándose en esta forma, no constituyen partes constitutivas del eventual capital productivo de su propietario; lo cual no impide en absoluto que, en cuanto se venden, se conviertan en manos de su comprador en partes constitutivas de capital productivo, ya sean fluidas o fijas. Se ve aquí que las mismas cosas que en un momento aparecen en el mercado como capital mercantil, en contraposición al capital productivo, pueden, en cuanto se retiran del mercado, funcionar o también no funcionar como partes constitutivas fluidas o fijas del capital productivo.

El producto del hilandero de algodón —el hilo— es la forma mercantil de su capital, capital mercantil para él. No puede volver a funcionar como parte constitutiva de su capital productivo, ni como material de trabajo ni como medio de trabajo. Pero en manos del tejedor que lo compra queda incorporado al capital productivo de este como una de sus partes constitutivas fluidas. Para el hilandero, sin embargo, el hilo es portador del valor de una parte tanto de su capital fijo como de su capital fluido (prescindiendo de la plusvalía). Del mismo modo, una máquina, como producto del fabricante de máquinas, es forma mercantil de su capital, capital mercantil para él; y mientras persiste en esta forma no es ni capital fluido ni capital fijo. Vendida a un fabricante que la emplea, se convierte en parte constitutiva fija de un capital productivo. Incluso cuando, por su forma de uso, el producto puede volver a entrar en parte como medio de producción en el proceso del que salió, como por ejemplo el carbón en la producción de carbón, precisamente la parte del producto carbonero destinada a la venta no representa ni capital fluido ni capital fijo, sino capital mercantil.

Por otra parte, el producto puede ser, por su forma de uso, completamente incapaz de constituir elemento alguno del capital productivo, ya sea como material de trabajo o como medio de trabajo. Por ejemplo, cualquier medio de subsistencia. No por ello deja de ser capital mercantil para su productor, portador del valor tanto del capital fijo como del fluido; y del uno o del otro según que el capital empleado en su producción tenga que reponerse por entero o en parte, haya transferido su valor por entero o en parte a él.

En Smith, en el número 3, la materia prima (materias primas, productos semielaborados, materias auxiliares) figura, por un lado, no como una parte constitutiva ya incorporada al capital productivo, sino, en realidad, solo como una clase particular de los valores de uso de que consta el producto social en general, la masa de mercancías, junto a las otras partes constitutivas materiales enumeradas en los números 2 y 4, medios de subsistencia, etc. Por otro lado, se las presenta, desde luego, como incorporadas al capital productivo, y por tanto también como elementos de este en manos del productor. La confusión se muestra en que, por una parte, se las concibe como funcionando en manos del productor («en manos de los cultivadores, de los manufactureros», etc.) y, por otra, como en manos de comerciantes («merceros, pañeros, madereros»), donde son mero capital mercantil, no partes constitutivas del capital productivo.

En efecto, A. Smith olvida aquí por completo, en la enumeración de los elementos del capital circulante, la diferencia entre capital fijo y capital fluido, que solo es válida con respecto al capital productivo. Más bien contrapone el capital mercantil y el capital dinerario, es decir, las dos formas del capital pertenecientes al proceso de circulación, al capital productivo, pero también esto solo inconscientemente.

Llama la atención, finalmente, que A. Smith, al enumerar las partes constitutivas del capital circulante, olvide la fuerza de trabajo. Y ello sucede por una doble razón.

Acabamos de ver que, prescindiendo del capital dinerario, el capital circulante no es más que otro nombre del capital mercantil. Pero, en la medida en que la fuerza de trabajo circula en el mercado, no es capital, no es ninguna forma del capital mercantil. No es en absoluto capital; el obrero no es un capitalista, aunque lleve una mercancía al mercado, a saber, su propio pellejo. Solo en cuanto la fuerza de trabajo se ha vendido, se ha incorporado al proceso de producción —es decir, después de haber dejado de circular como mercancía—, se convierte en parte constitutiva del capital productivo: capital variable como fuente de la plusvalía, parte constitutiva fluida del capital productivo con respecto a la rotación del valor de capital desembolsado en ella. Como Smith confunde aquí el capital fluido con el capital mercantil, no puede colocar la fuerza de trabajo bajo su rúbrica de capital circulante. Por eso el capital variable aparece aquí en la forma de las mercancías que el obrero compra con su salario, los medios de subsistencia. En esta forma, el valor de capital desembolsado en salarios ha de pertenecer al capital circulante. Lo que se incorpora al proceso de producción es la fuerza de trabajo, el obrero mismo, no los medios de subsistencia con los que el obrero se mantiene. Ciertamente, hemos visto (libro I, cap. XXI) que, considerada socialmente, también la reproducción del obrero mismo mediante su consumo individual pertenece al proceso de reproducción del capital social. Pero esto no vale para el proceso de producción singular, cerrado en sí mismo, que consideramos aquí. Las capacidades adquiridas y útiles (acquired and useful abilities, p. 187) que Smith incluye en la rúbrica del capital fijo constituyen, por el contrario, partes constitutivas del capital fluido en cuanto son capacidades (abilities) del obrero asalariado y este ha vendido su trabajo junto con sus capacidades.

Es un gran error de Smith dividir toda la riqueza social en 1) fondo de consumo inmediato, 2) capital fijo, 3) capital circulante. Según esto, la riqueza habría de dividirse en 1) el fondo de consumo, que no constituye ninguna parte del capital social en funciones, aunque partes de él pueden funcionar constantemente como capital; y 2) capital. Según esto, una parte de la riqueza funciona como capital; la otra, como no capital o fondo de consumo. Y aquí aparece como una necesidad ineludible para todo capital ser o fijo o fluido, del mismo modo, por ejemplo, que para un mamífero es una necesidad natural ser o macho o hembra. Pero hemos visto que la contraposición entre fijo y fluido solo es aplicable a los elementos del capital productivo, y que por tanto, además de estos, existe todavía una cantidad muy considerable de capital —capital mercantil y capital dinerario— que se encuentra en una forma en la que no puede ser ni fijo ni fluido.

Como, con excepción de la parte de los productos que los propios productores capitalistas individuales vuelven a gastar en su forma natural como medios de producción, directamente, sin venta ni compra, toda la masa de la producción social —sobre base capitalista— circula en el mercado como capital mercantil, está claro que del capital mercantil se extraen tanto los elementos fijos y fluidos del capital productivo como todos los elementos del fondo de consumo; lo cual, en realidad, no significa otra cosa sino que, sobre la base de la producción capitalista, tanto los medios de producción como los medios de consumo aparecen primero como capital mercantil, aunque estén destinados a servir más tarde como medios de consumo o de producción; del mismo modo que la propia fuerza de trabajo se encuentra en el mercado como mercancía, aunque no como capital mercantil.

De ahí la siguiente nueva confusión en A. Smith. Dice:

«De estas cuatro partes»

(del capital circulante, circulating capital, es decir, del capital en sus formas de capital mercantil y capital dinerario pertenecientes al proceso de circulación: dos partes que se convierten en cuatro porque Smith vuelve a distinguir materialmente las partes constitutivas del capital mercantil)

«tres —víveres, materiales y obra terminada— se retiran de él regularmente, ya sea cada año o en un período más largo o más corto, y se colocan o en el capital fijo o en el fondo reservado al consumo inmediato. Todo capital fijo procede originariamente de un capital circulante y requiere ser sostenido continuamente por él. Todas las máquinas e instrumentos de trabajo útiles proceden originariamente de un capital circulante, que proporciona los materiales de que están hechos y el sustento de los obreros que los hacen. Requieren además un capital de la misma clase para mantenerlos en constante buen estado.» (p. 188.)

Con excepción siempre de la parte del producto que sus productores vuelven a consumir directamente como medio de producción, para la producción capitalista vale el principio general: todos los productos llegan al mercado como mercancías y por tanto circulan para el capitalista como forma mercantil de su capital, como capital mercantil, tanto si estos productos, por su forma natural, por su valor de uso, tienen que funcionar o pueden funcionar como elementos del capital productivo (del proceso de producción), como medios de producción, y por tanto como elementos fijos o fluidos del capital productivo, como si solo pueden servir como medios del consumo individual, no del productivo. Todos los productos se lanzan al mercado como mercancías; todos los medios de producción y de consumo, todos los elementos del consumo productivo e individual, tienen por tanto que retirarse de nuevo del mercado mediante la compra, como mercancías. Esta trivialidad (truism) es, naturalmente, cierta. Por eso vale también tanto para los elementos fijos como para los fluidos del capital productivo, para los medios de trabajo como para el material de trabajo en todas sus formas. (Y aún se olvida con ello que hay elementos del capital productivo que existen por naturaleza y no son productos.) La máquina se compra, sí, en el mercado, como el algodón. Pero de ello no se sigue en absoluto —esto solo se sigue de la confusión de Smith entre capital de circulación y capital circulante o fluido, es decir, no fijo— que todo capital fijo proceda originariamente de un capital fluido. Y además Smith se refuta a sí mismo. Las máquinas, como mercancía, forman, según él mismo, parte del número 4 del capital circulante. Que procedan del capital circulante significa, pues, solo que funcionaron como capital mercantil antes de funcionar como máquinas, pero que materialmente proceden de sí mismas; exactamente igual que el algodón, como elemento fluido del capital del hilandero, procede del algodón que hay en el mercado. Pero si Smith, en su exposición posterior, deriva el capital fijo del fluido porque se necesitan trabajo y materia prima para hacer máquinas, entonces, en primer lugar, para hacer máquinas se necesitan además medios de trabajo, es decir, capital fijo, y, en segundo lugar, también se necesita capital fijo, maquinaria, etc., para hacer materias primas, ya que el capital productivo incluye siempre medios de trabajo, pero no siempre material de trabajo. Él mismo dice inmediatamente después:

«Las tierras, las minas y las pesquerías requieren todas, para su explotación, tanto un capital fijo como un capital circulante;»

(admite, pues, que para la producción de materia prima no solo se necesita capital fluido, sino también capital fijo)

«y» (aquí, un nuevo despropósito) «su producto repone con una ganancia no solo esos capitales, sino todos los demás de la sociedad». (p. 188.)

Esto es totalmente erróneo. Su producto suministra la materia prima, las materias auxiliares, etc., para todas las demás ramas de la industria. Pero su valor no repone el valor de todos los demás capitales sociales; solo repone su propio valor de capital (+ plusvalía). Aquí asoma de nuevo en A. Smith el recuerdo de los fisiócratas.

Considerado socialmente, es cierto que la parte del capital mercantil que consta de productos que solo pueden servir como medios de trabajo tiene que funcionar también tarde o temprano como medio de trabajo —si no es que se han producido inútilmente, si no son invendibles—, es decir, sobre la base de la producción capitalista, tiene que constituir, en cuanto han dejado de ser mercancías, elementos reales, como ya antes previsibles, de la parte fija del capital productivo social.

Aquí se da una diferencia que surge de la forma natural del producto.

Una máquina de hilar, por ejemplo, no tiene valor de uso si no se gasta en hilar, es decir, si no funciona como elemento de producción, y por tanto, desde el punto de vista capitalista, como parte constitutiva fija de un capital productivo. Pero la máquina de hilar es móvil. Puede exportarse del país en que se ha producido y venderse, directa o indirectamente, en el país extranjero, ya sea a cambio de materias primas, etc., ya sea a cambio de champán. En el país en que se produjo solo habrá funcionado entonces como capital mercantil, pero nunca, ni siquiera después de su venta, como capital fijo.

En cambio, los productos que están localizados por su incorporación al suelo, y que por tanto solo pueden gastarse localmente, por ejemplo, edificios fabriles, ferrocarriles, puentes, túneles, muelles, etc., mejoras del suelo, etc., no pueden exportarse corporalmente, en cuerpo y alma. No son móviles. O son inútiles, o tienen que funcionar, en cuanto se han vendido, como capital fijo en el país en que se han producido. Para su productor capitalista, que construye fábricas por especulación o mejora tierras para venderlas, estas cosas son forma de su capital mercantil, es decir, según A. Smith, forma del capital circulante. Pero, considerado socialmente, estas cosas —si no han de ser inútiles— tienen que funcionar finalmente como capital fijo en el propio país, en un proceso de producción fijado por su propia localización; de lo cual no se sigue en absoluto que las cosas inmuebles como tales sean sin más capital fijo; pueden pertenecer, como casas de vivienda, etc., al fondo de consumo y, por tanto, no pertenecer en absoluto al capital social, aunque constituyan un elemento de la riqueza social, de la que el capital solo es una parte. El productor de estas cosas, para expresarnos a la manera de Smith, obtiene una ganancia con su venta. ¡Luego, capital circulante! El que las usa, su comprador definitivo, solo puede utilizarlas empleándolas en el proceso de producción. ¡Luego, capital fijo!

Los títulos de propiedad, por ejemplo, de un ferrocarril pueden cambiar de manos a diario, y sus poseedores pueden obtener una ganancia vendiendo estos títulos incluso en el extranjero, de modo que los títulos de propiedad son exportables, aunque no el ferrocarril mismo. Pero, no obstante, estas cosas tienen que quedar baldías en el propio país en que están localizadas o funcionar como parte constitutiva fija de un capital productivo. Del mismo modo, el fabricante A puede obtener una ganancia vendiendo su fábrica al fabricante B, lo que no impide, sin embargo, que la fábrica siga funcionando como capital fijo igual que antes.

Por tanto, si los medios de trabajo fijados localmente, inseparables del suelo, aunque para su productor puedan funcionar como capital mercantil y no constituyan elementos de su capital fijo (este consiste para él en los medios de trabajo que necesita para la construcción de edificios, ferrocarriles, etc.), tienen sin embargo que funcionar necesariamente y de manera previsible como capital fijo en el propio país, de ello no se sigue en absoluto, a la inversa, que el capital fijo conste necesariamente de cosas inmuebles. Un barco y una locomotora solo actúan mediante su movimiento; y, sin embargo, funcionan como capital fijo, no para su productor, pero sí para quien los emplea. Por otra parte, cosas que están fijadas del modo más real en el proceso de producción, que viven y mueren en él y nunca lo abandonan una vez que han entrado en él, son partes constitutivas fluidas del capital productivo. Por ejemplo, el carbón que se consume en el proceso de producción para el funcionamiento de la máquina, el gas que se consume para el alumbrado en el edificio fabril, etc. Son fluidos no porque abandonen corporalmente el proceso de producción con el producto y circulen como mercancía, sino porque su valor entra por entero en el valor de la mercancía que ayudan a producir, y por tanto tiene que reponerse también por entero a partir de la venta de la mercancía.

En el pasaje de A. Smith citado en último lugar hay que señalar todavía la frase:

«Un capital circulante que proporciona… el sustento de los obreros que las hacen» (las máquinas, etc.).

En los fisiócratas, la parte del capital adelantada en salarios figura acertadamente entre los avances annuelles, en contraposición a los avances primitives. Por otro lado, en ellos aparece como parte constitutiva del capital productivo empleado por el arrendatario no la fuerza de trabajo misma, sino los medios de subsistencia dados a los obreros agrícolas («el sustento de los obreros», the maintenance of the workmen, como dice Smith). Esto guarda estrecha relación con su doctrina específica. En efecto, en ellos la parte de valor que el trabajo añade al producto (exactamente igual que la parte de valor que añaden al producto la materia prima, los instrumentos de trabajo, etc., en una palabra, las partes constitutivas materiales del capital constante) solo es igual al valor de los medios de subsistencia pagados a los obreros y que estos tienen que consumir necesariamente para mantener su función de fuerzas de trabajo. Su propia doctrina les impide descubrir la diferencia entre capital constante y capital variable. Si es el trabajo el que produce la plusvalía (además de la reproducción de su propio precio), la produce en la industria lo mismo que en la agricultura. Pero como, según el sistema, solo la produce en una rama de la producción, la agricultura, no surge de él, sino de la actividad (colaboración) particular de la naturaleza en esta rama. Y solo por eso llaman al trabajo agrícola trabajo productivo, a diferencia de los demás tipos de trabajo.

A. Smith determina los medios de subsistencia de los obreros como capital circulante en contraposición al fijo

  1. porque confunde el capital fluido, en contraposición al fijo, con las formas del capital pertenecientes a la esfera de la circulación, con el capital de circulación; una confusión que después de él se ha transmitido acríticamente en herencia. Por eso confunde el capital mercantil con la parte constitutiva fluida del capital productivo, y entonces se entiende por sí mismo que, allí donde el producto social adopta la forma de mercancía, los medios de subsistencia de los obreros, como los de los no obreros, los materiales, como los propios medios de trabajo, tengan que suministrarse a partir del capital mercantil.

  2. Pero también la idea fisiocrática se cuela en Smith, aunque contradice la parte esotérica —realmente científica— de su propio desarrollo.

El capital adelantado se convierte en general en capital productivo, es decir, adopta la figura de elementos de producción que son a su vez producto de trabajo anterior. (Entre ellos, la fuerza de trabajo.) Solo en esta forma puede funcionar dentro del proceso de producción. Si ahora, en lugar de la fuerza de trabajo misma, en la que se ha convertido la parte variable del capital, se ponen los medios de subsistencia del obrero, está claro que estos medios de subsistencia, como tales, no se distinguen, en lo relativo a la formación de valor, de los demás elementos del capital productivo, de las materias primas y de los medios de subsistencia del ganado de labor, con los que Smith, siguiendo el precedente de los fisiócratas, los pone por eso también en un mismo plano en un pasaje citado anteriormente. Los medios de subsistencia no pueden valorizar por sí mismos su valor ni añadirle una plusvalía. Su valor, como el de los demás elementos del capital productivo, solo puede reaparecer en el valor del producto. No pueden añadirle más valor del que ellos mismos poseen. Se distinguen, como la materia prima, los productos semielaborados, etc., del capital fijo, que consta de medios de trabajo, solo en que (al menos para el capitalista que los paga) se consumen por entero en el producto en cuya formación entran, y por tanto su valor tiene que reponerse por entero, lo que en el capital fijo solo sucede gradualmente, poco a poco. La parte del capital productivo adelantada en fuerza de trabajo (o, respectivamente, en los medios de subsistencia del obrero) solo se distingue ahora, pues, materialmente, y no con respecto al proceso de trabajo y de valorización, de los demás elementos materiales del capital productivo. Solo se distingue en cuanto cae, junto con una parte de los formadores objetivos del producto (Smith dice en general materials), en la categoría de capital circulante, en contraposición a otra parte de los formadores objetivos del producto que cae en la categoría de capital fijo.

Que la parte del capital desembolsada en salarios pertenezca a la parte fluida del capital productivo, que tenga en común la fluidez con una parte de los formadores materiales del producto, las materias primas, etc., en contraposición a la parte constitutiva fija del capital productivo, no tiene absolutamente nada que ver con el papel que esta parte variable del capital, en contraposición a la constante, desempeña en el proceso de valorización. Se refiere solo a cómo esta parte del valor de capital adelantado tiene que reponerse, renovarse, y por tanto reproducirse, a partir del valor del producto por medio de la circulación. La compra y la recompra de la fuerza de trabajo pertenecen al proceso de circulación. Pero solo dentro del proceso de producción el valor desembolsado en fuerza de trabajo se transforma (no para el obrero, sino para el capitalista) de una magnitud determinada, constante, en una magnitud variable, y solo con ello el valor adelantado se transforma en valor de capital, en capital, en valor que se valoriza. Pero al determinar, como hace Smith, no el valor desembolsado en fuerza de trabajo como parte constitutiva fluida del capital productivo, sino el valor desembolsado en los medios de subsistencia del obrero, se hace imposible comprender la diferencia entre capital variable y capital constante, y por tanto comprender el proceso de producción capitalista en general. La determinación de esta parte del capital, la de ser capital variable en contraposición al capital constante desembolsado en formadores materiales del producto, queda enterrada bajo la determinación de que la parte del capital desembolsada en fuerza de trabajo pertenece, con respecto a la rotación, a la parte fluida del capital productivo. El entierro se consuma al enumerar, en lugar de la fuerza de trabajo, los medios de subsistencia del obrero como elemento del capital productivo. Que el valor de la fuerza de trabajo se adelante en dinero o directamente en medios de subsistencia es indiferente. Aunque, naturalmente, lo último solo puede ser una excepción sobre la base de la producción capitalista.20

Al quedar fijada así por A. Smith la determinación de capital circulante como lo decisivo para el valor de capital desembolsado en fuerza de trabajo —esta determinación fisiocrática sin el presupuesto de los fisiócratas—, Smith hizo felizmente imposible a sus sucesores reconocer como variable la parte del capital desembolsada en fuerza de trabajo. Los desarrollos más profundos y acertados que él mismo había dado en otros lugares no triunfaron; triunfó, en cambio, este desliz suyo. Más aún, escritores posteriores han ido más lejos: no solo han hecho de la condición de capital circulante —en contraposición al fijo— la determinación decisiva de la parte del capital desembolsada en fuerza de trabajo, sino que han hecho de la condición de estar desembolsado en medios de subsistencia para los obreros la determinación esencial del capital circulante. A ello se unió, naturalmente, la doctrina del fondo de trabajo compuesto de medios de subsistencia necesarios, como una magnitud dada que, por un lado, restringe físicamente los límites de la participación de los obreros en el producto social y, por otro, tiene también que gastarse en toda su extensión en la compra de fuerza de trabajo.

Capítulo undécimo. Teorías sobre el capital fijo y el capital circulante. Ricardo

Ricardo menciona la diferencia entre capital fijo y circulante solo para exponer las excepciones a la regla del valor, es decir, aquellos casos en que la tasa del salario influye sobre los precios. De esto no hablaremos hasta el libro III.

Pero la falta de claridad originaria se muestra desde el principio en la indiferente yuxtaposición:

«Esta diferencia en el grado de durabilidad del capital fijo, y esta variación en las proporciones en que pueden combinarse las dos clases de capital.»21

Si preguntamos ahora cuáles son las dos clases de capital, se nos responde:

«Asimismo, las proporciones en que pueden combinarse de diversas maneras el capital que ha de mantener al trabajo y el capital invertido en herramientas, maquinaria y edificios.»22

Así pues, capital fijo = medios de trabajo, y capital circulante = capital desembolsado en trabajo. «Capital que ha de mantener al trabajo» es ya una expresión insulsa, tomada de A. Smith. El capital circulante se confunde aquí, por un lado, con el capital variable, es decir, con la parte del capital productivo desembolsada en trabajo. Pero, por otro lado, como la oposición no se extrae del proceso de valorización —capital constante y variable—, sino del proceso de circulación (la vieja confusión de Smith), resultan determinaciones doblemente falsas.

Primero: las diferencias en el grado de durabilidad del capital fijo y las diferencias en la composición del capital a partir de capital constante y variable se conciben como equivalentes. Pero esta última diferencia determina la diferencia en la producción de la plusvalía; la primera, en cambio, en lo que atañe al proceso de valorización, se refiere solo al modo en que un valor dado se transfiere del medio de producción al producto; en lo que atañe al proceso de circulación, solo concierne al período de renovación del capital desembolsado o, visto de otro modo, al tiempo por el que se adelanta. Si, en vez de penetrar con la mirada en el mecanismo interno del proceso capitalista de producción, uno se coloca en el punto de vista de los fenómenos acabados, estas diferencias coinciden de hecho. En el reparto de la plusvalía social entre los capitales invertidos en las distintas ramas de actividad, las diferencias en los distintos plazos por los que se adelanta capital (así, por ejemplo, la distinta duración de vida en el capital fijo) y las distintas composiciones orgánicas del capital (así, también, la distinta circulación del capital constante y variable) intervienen por igual en la nivelación de la tasa general de ganancia y en la transformación de los valores en precios de producción.

Segundo: desde el punto de vista del proceso de circulación, están de un lado los medios de trabajo: capital fijo; del otro, el material de trabajo y el salario: capital fluido. En cambio, desde el punto de vista del proceso de trabajo y de valorización, está de un lado: medios de producción (medios de trabajo y material de trabajo), capital constante; del otro, fuerza de trabajo, capital variable. Para la composición orgánica del capital (libro I, cap. XXIII, 2, p. 647) es del todo indiferente que la misma cantidad de valor de capital constante conste de muchos medios de trabajo y poco material de trabajo o de mucho material de trabajo y pocos medios de trabajo, mientras que todo depende de la relación entre el capital desembolsado en medios de producción y el desembolsado en fuerza de trabajo. A la inversa: desde el punto de vista del proceso de circulación, de la diferencia entre capital fijo y circulante, es igualmente indiferente en qué proporciones se divida una cantidad dada de valor de capital circulante en material de trabajo y salario. Desde uno de los puntos de vista, el material de trabajo figura en la misma categoría que los medios de trabajo, por oposición al valor de capital desembolsado en fuerza de trabajo. Desde el otro, la parte del capital desembolsada en fuerza de trabajo figura junto con la desembolsada en material de trabajo, por oposición a la parte del capital desembolsada en medios de trabajo.

Por eso, en Ricardo la parte de valor del capital desembolsada en material de trabajo (materias primas y auxiliares) no aparece en ninguno de los dos lados. Desaparece por completo. No encaja, en efecto, en el lado del capital fijo, porque por su modo de circulación coincide del todo con la parte del capital desembolsada en fuerza de trabajo. Y, por otra parte, no puede colocarse del lado del capital circulante, porque así se anularía por sí misma la equiparación, heredada de A. Smith y que corre tácitamente por toda su obra, de la oposición capital fijo y capital circulante con la oposición capital constante y capital variable. Ricardo tiene demasiado instinto lógico para no notarlo, y por eso esta parte del capital se le esfuma por completo.

Hay que señalar aquí que el capitalista, en el lenguaje de la economía política, adelanta el capital desembolsado en salario en plazos distintos, según pague ese salario, por ejemplo, semanal, mensual o trimestralmente. En realidad, la cosa es al revés. El obrero adelanta al capitalista su trabajo por una semana, un mes, tres meses, según se le pague semanal, mensual o trimestralmente. Si el capitalista comprara la fuerza de trabajo en lugar de pagarla, es decir, si pagara al obrero el salario por adelantado por día, semana, mes o trimestre, podría hablarse de un adelanto por esos plazos. Pero como paga después de que el trabajo ha durado días, semanas, meses, en lugar de comprarlo y pagarlo por el plazo que ha de durar, todo ello es un quid pro quo capitalista, y el adelanto que el obrero hace al capitalista en trabajo se convierte en un adelanto que el capitalista hace al obrero en dinero. No cambia en absoluto la cosa que el capitalista recupere de la circulación o realice el producto mismo o su valor (junto con la plusvalía incorporada a él) solo en plazos más cortos o más largos, según el distinto tiempo que exija su fabricación o también según el distinto tiempo requerido para su circulación. Lo que el comprador de una mercancía quiera hacer con ella le es por completo indiferente al vendedor. El capitalista no obtiene una máquina más barata porque tenga que adelantar todo su valor de una vez, mientras que ese mismo valor solo refluye a él de la circulación poco a poco y fragmentariamente; ni paga más caro el algodón porque su valor entre íntegramente en el valor del producto fabricado con él y, por tanto, sea repuesto íntegramente y de una vez mediante la venta del producto.

Volvamos a Ricardo.

  1. Lo característico del capital variable es que una parte determinada, dada (y, como tal, constante) del capital, una suma de valor dada (supuesta igual al valor de la fuerza de trabajo, aunque aquí es indiferente que el salario sea igual, mayor o menor que el valor de la fuerza de trabajo), se intercambia por una fuerza que se valoriza, que crea valor: la fuerza de trabajo, que no solo reproduce su valor pagado por el capitalista, sino que a la vez produce una plusvalía, un valor que antes no existía y que no se ha comprado con ningún equivalente. Esta propiedad característica de la parte del capital desembolsada en salario, que la distingue toto coelo del capital constante como capital variable, desaparece en cuanto la parte del capital desembolsada en salario se considera solo desde el punto de vista del proceso de circulación y aparece así como capital circulante frente al capital fijo desembolsado en medios de trabajo. Esto se desprende ya del hecho de que entonces se la coloca bajo una misma rúbrica —la del capital circulante— junto con un componente del capital constante, el desembolsado en material de trabajo, y se la contrapone a otro componente del capital constante, el desembolsado en medios de trabajo. Se hace así completa abstracción de la plusvalía, es decir, precisamente de la circunstancia que convierte en capital la suma de valor desembolsada. Se hace igualmente abstracción de que la parte de valor que el capital desembolsado en salario añade al producto es producida de nuevo (y, por tanto, también realmente reproducida), mientras que la parte de valor que la materia prima añade al producto no es producida de nuevo, no es realmente reproducida, sino solo mantenida, conservada en el valor del producto, y por eso únicamente reaparece como componente de valor del producto. La diferencia, tal como se presenta ahora desde el punto de vista de la oposición entre capital fluido y fijo, consiste solo en esto: el valor de los medios de trabajo empleados en la producción de una mercancía solo entra en parte en el valor de la mercancía y, por eso, mediante la venta de la mercancía también es repuesto solo en parte; por tanto, solo es repuesto, en general, fragmentaria y paulatinamente. Por otro lado: el valor de la fuerza de trabajo y de los objetos de trabajo (materias primas, etc.) empleados en la producción de una mercancía entra íntegramente en la mercancía y por eso es repuesto íntegramente mediante su venta. En este sentido, con respecto al proceso de circulación, una parte del capital se presenta como fija y la otra como fluida o circulante. En ambos casos se trata de una transferencia de valores dados, adelantados, al producto, y de su reposición mediante la venta del producto. La diferencia consiste ahora solo en que la transferencia de valor, y por tanto la reposición de valor, se produzca fragmentaria y paulatinamente o de una vez. Con ello queda borrada la diferencia decisiva entre capital variable y constante, es decir, borrado todo el secreto de la formación de plusvalía y de la producción capitalista, las circunstancias que transforman en capital ciertos valores y las cosas en que se representan. Todos los componentes del capital ya solo se distinguen por el modo de circulación (y la circulación de la mercancía, naturalmente, solo tiene que ver con valores ya existentes, dados); y el capital desembolsado en salario comparte un modo particular de circulación con la parte del capital desembolsada en materias primas, productos semielaborados y materias auxiliares, por oposición a la parte del capital desembolsada en medios de trabajo.

Se comprende, pues, por qué la economía política burguesa se aferró instintivamente a la confusión de A. Smith entre las categorías «capital constante y variable» y las categorías «capital fijo y circulante», y la repitió como un loro, sin crítica alguna, durante un siglo y de generación en generación. En ella, la parte del capital desembolsada en salario ya no se distingue en absoluto de la parte del capital desembolsada en materia prima, y solo se distingue formalmente —según circule a través del producto fragmentariamente o de una vez— del capital constante. Con ello queda sepultada de un golpe la base para comprender el movimiento real de la producción capitalista y, por tanto, de la explotación capitalista. Solo se trata de la reaparición de valores adelantados.

En Ricardo, la aceptación acrítica de la confusión de Smith resulta más perturbadora no solo que en los apologistas posteriores, en quienes la confusión de conceptos es más bien lo que no perturba, sino que en el propio A. Smith, porque Ricardo, a diferencia de este, desarrolla el valor y la plusvalía de manera más consecuente y aguda, y de hecho sostiene al A. Smith esotérico frente al A. Smith exotérico.

En los fisiócratas no se encuentra nada de esta confusión. La diferencia entre avances annuelles y avances primitives se refiere solo a los distintos períodos de reproducción de los distintos componentes del capital, en especial del capital agrícola; mientras que sus opiniones sobre la producción de la plusvalía forman una parte de su teoría independiente de estas distinciones, y precisamente aquella que destacan como el punto clave de la teoría. La formación de la plusvalía no se explica a partir del capital como tal, sino que se reivindica solo para una esfera determinada de la producción del capital, la agricultura.

  1. Lo esencial en la determinación del capital variable —y, por tanto, para la transformación de cualquier suma de valor en capital— es que el capitalista intercambia una magnitud de valor determinada, dada (y en este sentido constante), por fuerza creadora de valor; una magnitud de valor por producción de valor, por autovalorización. Que el capitalista pague al obrero en dinero o en medios de subsistencia no cambia nada esta determinación esencial. Solo cambia el modo de existencia del valor adelantado por él, que unas veces existe en forma de dinero, con el que el obrero se compra él mismo en el mercado sus medios de subsistencia, y otras en forma de medios de subsistencia que consume directamente. La producción capitalista desarrollada supone, en efecto, que al obrero se le paga en dinero, igual que, en general, supone el proceso de producción mediado por el proceso de circulación, es decir, la economía monetaria. Pero la creación de la plusvalía —y por tanto la capitalización de la suma de valor adelantada— no nace ni de la forma dineraria ni de la forma natural del salario o del capital desembolsado en la compra de la fuerza de trabajo. Nace del intercambio de valor por fuerza creadora de valor, de la conversión de una magnitud constante en una variable. — La mayor o menor fijeza de los medios de trabajo depende de su grado de durabilidad, es decir, de una propiedad física. Según su grado de durabilidad, y en circunstancias por lo demás iguales, se desgastarán más deprisa o más despacio y funcionarán, por tanto, más o menos tiempo como capital fijo. Pero no es en modo alguno solo esta propiedad física de la durabilidad la que hace que funcionen como capital fijo. La materia prima en las fábricas metalúrgicas es tan duradera como las máquinas con que se fabrica, y más duradera que algunas piezas de esas máquinas, cuero, madera, etc. No obstante, el metal que sirve de materia prima forma parte del capital circulante, y el medio de trabajo en funcionamiento, construido acaso con el mismo metal, forma parte del capital fijo. No es, pues, la naturaleza material, física, no es su mayor o menor caducidad lo que hace que el mismo metal se clasifique unas veces bajo la rúbrica del capital fijo y otras bajo la del circulante. Esta diferencia nace más bien del papel que desempeña en el proceso de producción, unas veces como objeto de trabajo, otras como medio de trabajo.

La función del medio de trabajo en el proceso de producción exige, por término medio, que sirva una y otra vez, durante un período más o menos largo, en procesos de trabajo repetidos. Su función prescribe, pues, una mayor o menor durabilidad de su materia. Pero la durabilidad de la materia de que está hecho no lo convierte en sí y por sí en capital fijo. La misma materia, si es materia prima, se convierte en capital circulante, y en los economistas que confunden la diferencia entre capital mercantil y capital productivo con la diferencia entre capital circulante y fijo, la misma materia, la misma máquina, es capital circulante como producto y capital fijo como medio de trabajo.

Ahora bien, aunque no sea la materia duradera de que está hecho el medio de trabajo lo que lo convierte en capital fijo, su papel de medio de trabajo exige, sin embargo, que conste de un material relativamente duradero. La durabilidad de su materia es, pues, una condición de su función como medio de trabajo y, por tanto, también la base material del modo de circulación que lo convierte en capital. En circunstancias por lo demás iguales, la mayor o menor caducidad de su materia le imprime en menor o mayor grado el sello de la fijeza; está, pues, muy esencialmente unida a su cualidad de capital fijo.

Si la parte del capital desembolsada en fuerza de trabajo se considera ahora exclusivamente desde el punto de vista del capital circulante, es decir, por oposición al capital fijo; si, por tanto, las diferencias entre capital constante y variable se confunden también con las diferencias entre capital fijo y circulante, entonces es natural que, así como la realidad material del medio de trabajo constituye una base esencial de su carácter de capital fijo, se derive ahora, por oposición a él, de la realidad material del capital desembolsado en fuerza de trabajo su carácter de capital circulante, y que luego se determine a su vez el capital circulante por la realidad material del capital variable.

La materia real del capital desembolsado en salario es el trabajo mismo, la fuerza de trabajo en acción, creadora de valor, el trabajo vivo, que el capitalista ha intercambiado por trabajo muerto, objetivado, y ha incorporado a su capital, con lo que solo entonces el valor que se halla en sus manos se transforma en un valor que se valoriza a sí mismo. Pero esta fuerza de autovalorización el capitalista no la vende. Constituye siempre solo un componente de su capital productivo, como sus medios de trabajo, nunca de su capital mercantil, como, por ejemplo, el producto acabado que vende. Dentro del proceso de producción, como componentes del capital productivo, los medios de trabajo no se contraponen a la fuerza de trabajo como capital fijo, del mismo modo que el material de trabajo y las materias auxiliares no coinciden con ella como capital circulante; a ambos se contrapone la fuerza de trabajo como factor personal, mientras que aquellos son los factores objetivos; esto, desde el punto de vista del proceso de trabajo. Ambos se contraponen a la fuerza de trabajo, al capital variable, como capital constante; esto, desde el punto de vista del proceso de valorización. O, si aquí ha de hablarse de una diferencia material en la medida en que influye sobre el proceso de circulación, es solo esta: de la naturaleza del valor, que no es más que trabajo objetivado, y de la naturaleza de la fuerza de trabajo en acción, que no es más que trabajo que se objetiva, se sigue que la fuerza de trabajo, durante el tiempo que funciona, crea constantemente valor y plusvalía; que lo que de su lado se presenta como movimiento, como creación de valor, se presenta del lado de su producto en forma quieta, como valor creado. Una vez que la fuerza de trabajo ha actuado, el capital ya no consta de fuerza de trabajo por un lado y de medios de producción por el otro. El valor de capital que estaba desembolsado en fuerza de trabajo es ahora valor que (+ plusvalía) se ha añadido al producto. Para repetir el proceso, el producto tiene que venderse, y con el dinero obtenido de él hay que comprar constantemente de nuevo la fuerza de trabajo e incorporarla al capital productivo. Esto es lo que da a la parte del capital desembolsada en fuerza de trabajo, lo mismo que a la desembolsada en material de trabajo, etc., el carácter de capital circulante por oposición al capital que permanece fijado en los medios de trabajo.

Si, por el contrario, se convierte en determinación esencial de la parte del capital desembolsada en fuerza de trabajo la determinación secundaria del capital circulante, que comparte con una parte del capital constante (las materias primas y auxiliares) —a saber, que el valor desembolsado en ella se transfiere íntegramente al producto en cuya producción se consume, y no paulatina y fragmentariamente como en el capital fijo, y que por eso tiene que ser repuesto también íntegramente mediante la venta del producto—, entonces también la parte del capital desembolsada en salario tiene que constar materialmente no de fuerza de trabajo en acción, sino de los elementos materiales que el obrero compra con su salario, es decir, de la parte del capital mercantil social que entra en el consumo del obrero: de medios de subsistencia. El capital fijo consta entonces de los medios de trabajo, de caducidad más lenta y que por tanto han de reponerse más despacio, y el capital desembolsado en fuerza de trabajo, de los medios de subsistencia, que han de reponerse más deprisa.

Sin embargo, los límites entre la caducidad más rápida y la más lenta se difuminan.

«El alimento y el vestido que consume el obrero, los edificios en que trabaja, las herramientas que contribuyen a su trabajo, son todos de naturaleza perecedera. Hay, sin embargo, una enorme diferencia en el tiempo que durarán estos distintos capitales: una máquina de vapor durará más que un barco, un barco más que el vestido del obrero, y el vestido del obrero más que el alimento que consume.»23

Con lo cual Ricardo olvida la casa en que vive el obrero, sus muebles, sus utensilios de consumo, como cuchillos, tenedores, recipientes, etc., que tienen todos el mismo carácter de durabilidad que los medios de trabajo. Las mismas cosas, las mismas clases de cosas, aparecen aquí como medios de consumo, allí como medios de trabajo.

La diferencia, tal como la formula Ricardo, es esta:

«Según que el capital sea rápidamente perecedero y requiera reproducirse con frecuencia, o sea de consumo lento, se clasifica bajo los epígrafes de capital circulante o de capital fijo.»24

A ello añade la nota:

«Una división no esencial, y en la que la línea de demarcación no puede trazarse con exactitud.»25

Así hemos vuelto felizmente a los fisiócratas, en quienes la diferencia entre avances annuelles y avances primitives era una diferencia en el tiempo de consumo y, por tanto, también en el distinto tiempo de reproducción del capital empleado. Solo que lo que en ellos expresa un fenómeno importante para la producción social, y está representado en el Tableau économique también en conexión con el proceso de circulación, se convierte aquí en una distinción subjetiva y, como dice el propio Ricardo, superflua.

En cuanto la parte del capital desembolsada en trabajo solo se distingue de la parte del capital desembolsada en medios de trabajo por su período de reproducción y, por tanto, por su plazo de circulación; en cuanto una parte consta de medios de subsistencia, como la otra de medios de trabajo, de modo que los primeros solo se distinguen de los segundos por un grado más rápido de caducidad, del mismo modo que los primeros poseen a su vez distintos grados de caducidad, queda naturalmente borrada toda differentia specifica entre el capital desembolsado en fuerza de trabajo y el desembolsado en medios de producción.

Esto contradice por completo la teoría del valor de Ricardo, así como su teoría de la ganancia, que es de hecho teoría de la plusvalía. Ricardo considera en general la diferencia entre capital fijo y circulante solo en la medida en que distintas proporciones de ambos, con capitales de igual magnitud, en distintas ramas de actividad, influyen sobre la ley del valor, y concretamente en qué medida un alza o una baja del salario a consecuencia de estas circunstancias afecta a los precios. Pero incluso dentro de esta investigación limitada comete, a consecuencia de la confusión del capital fijo y circulante con el constante y el variable, los mayores errores, y parte de hecho de una base de investigación completamente falsa. Así, 1.º, en la medida en que la parte de valor del capital desembolsada en fuerza de trabajo ha de subsumirse bajo la rúbrica del capital circulante, se desarrollan falsamente las determinaciones del propio capital circulante, y en especial las circunstancias que subsumen bajo esta rúbrica la parte del capital desembolsada en trabajo. 2.º Se confunde la determinación según la cual la parte del capital desembolsada en trabajo es variable con aquella según la cual es circulante por oposición al capital fijo.

Está claro de antemano que la determinación del capital desembolsado en fuerza de trabajo como circulante o fluido es una determinación secundaria, en la que se borra su differentia specifica en el proceso de producción; pues en esta determinación, por un lado, los capitales desembolsados en trabajo y los desembolsados en materias primas, etc., son equivalentes; una rúbrica que identifica una parte del capital constante con el capital variable no tiene nada que ver con la differentia specifica del capital variable por oposición al constante. Por otro lado, es cierto que se contraponen las partes del capital desembolsadas en trabajo y en medios de trabajo, pero en modo alguno con respecto a que entren de manera completamente distinta en la producción del valor, sino con respecto a que el valor dado de ambas se transfiere al producto, solo que en distintos plazos.

En todos estos casos se trata de cómo un valor dado que se desembolsa en el proceso de producción de la mercancía, sea salario, precio de la materia prima o precio de los medios de trabajo, se transfiere al producto, circula por tanto a través del producto y, mediante su venta, retorna a su punto de partida o es repuesto. La única diferencia consiste aquí en el «cómo», en el modo particular de la transferencia y, por tanto, también de la circulación de este valor.

Que el precio de la fuerza de trabajo, fijado de antemano por contrato en cada caso, se pague en dinero o en medios de subsistencia no cambia nada su carácter de precio determinado, dado. Sin embargo, en el salario pagado en dinero es evidente que no es el dinero mismo el que entra en el proceso de producción, del modo en que en el proceso de producción entra no solo el valor, sino también la materia de los medios de producción. En cambio, si los medios de subsistencia que el obrero compra con su salario se colocan directamente, como figura material del capital circulante, bajo una misma rúbrica junto con las materias primas, etc., y se contraponen a los medios de trabajo, esto da a la cosa otra apariencia. Si el valor de estas cosas, los medios de producción, se transfiere al producto en el proceso de trabajo, el valor de aquellas otras cosas, los medios de subsistencia, reaparece en la fuerza de trabajo que los consume y, al ponerse esta en acción, se transfiere igualmente al producto. En todo esto se trata por igual de la mera reaparición en el producto de los valores adelantados durante la producción. (Los fisiócratas se tomaron esto en serio y negaron, por eso, que el trabajo industrial cree plusvalía.) Así, en el pasaje ya citado de Wayland:

«No importa en qué forma reaparezca el capital… las distintas clases de alimento, vestido y vivienda necesarias para la existencia y el bienestar del hombre se transforman también. Se consumen con el paso del tiempo, y su valor reaparece, etc.» (Elements of Pol. Econ., pp. 31, 32.)

Los valores de capital adelantados a la producción en forma de medios de producción y de medios de subsistencia reaparecen aquí por igual en el valor del producto. Con ello queda felizmente consumada la transformación del proceso capitalista de producción en un completo misterio, y el origen de la plusvalía existente en el producto, sustraído por entero a la vista.

Además, con ello se consuma el fetichismo propio de la economía burguesa, que convierte el carácter social, económico, que las cosas reciben impreso en el proceso social de producción, en un carácter natural, nacido de la naturaleza material de esas cosas. Por ejemplo: los medios de trabajo son capital fijo, una determinación escolástica que lleva a contradicciones y confusión. Exactamente igual que en el proceso de trabajo (libro I, cap. V) se demostró que depende por completo del papel que los componentes objetivos desempeñen en cada caso en un proceso de trabajo determinado, de su función, el que funcionen como medio de trabajo, material de trabajo o producto, exactamente igual, los medios de trabajo solo son capital fijo allí donde el proceso de producción es en general proceso capitalista de producción y, por tanto, los medios de producción son en general capital, poseen la determinación económica, el carácter social de capital; y, en segundo lugar, solo son capital fijo si transfieren su valor al producto de un modo particular. Si no, siguen siendo medios de trabajo sin ser capital fijo. Del mismo modo, las materias auxiliares, como el abono, si ceden valor del mismo modo particular que la mayor parte de los medios de trabajo, se convierten en capital fijo, aunque no sean medios de trabajo. No se trata aquí de definiciones bajo las cuales se subsumen las cosas. Se trata de funciones determinadas que se expresan en categorías determinadas.

Si se tiene por una propiedad que corresponde en sí a los medios de subsistencia, en todas las circunstancias, la de ser capital desembolsado en salario, también se convierte en carácter de este capital «circulante» el de «mantener al trabajo», to support labour {Ricardo, p. 25}. Si los medios de subsistencia no fueran «capital», no mantendrían, pues, a la fuerza de trabajo; cuando lo que les da su carácter de capital es precisamente la propiedad de mantener al capital mediante trabajo ajeno.

Si los medios de subsistencia son en sí capital circulante —una vez que este se ha transformado en salario—, se sigue además que la magnitud del salario depende de la relación entre el número de obreros y la masa dada del capital circulante —una tesis económica muy apreciada—, cuando en realidad la masa de medios de subsistencia que el obrero retira del mercado y la masa de medios de subsistencia de que dispone el capitalista para su consumo dependen de la relación entre la plusvalía y el precio del trabajo.

Ricardo, como Barton26, confunde en todas partes la relación entre el capital variable y el constante con la relación entre el capital circulante y el fijo. Más adelante veremos cómo esto falsea su investigación sobre la tasa de ganancia.

Ricardo equipara además con esta diferencia las diferencias que surgen en la rotación por motivos distintos de la diferencia entre capital fijo y circulante:

«Hay que observar además que el capital circulante puede circular, o refluir a quien lo emplea, en lapsos muy desiguales. El trigo comprado por un arrendatario para la siembra es un capital fijo comparado con el trigo comprado por un panadero para transformarlo en pan. El primero lo deja en la tierra y solo puede obtener un reflujo al cabo de un año; el otro puede hacerlo moler en harina y venderlo como pan a sus clientes, de modo que en el plazo de una semana vuelve a tener libre su capital para comenzar con él de nuevo la misma operación o cualquier otra.»27

Lo característico aquí es que el trigo, aunque como simiente no sirve de medio de subsistencia, sino de materia prima, es, primero, capital circulante, porque es en sí medio de subsistencia, y, segundo, capital fijo, porque su reflujo se extiende a lo largo de un año. Pero no es solo el reflujo más lento o más rápido lo que convierte un medio de producción en capital fijo, sino el modo determinado en que cede valor al producto.

La confusión creada por A. Smith ha conducido a los siguientes resultados:

  1. La diferencia entre capital fijo y fluido se confunde con la diferencia entre capital productivo y capital mercantil. Así, por ejemplo, la misma máquina es capital circulante cuando se encuentra como mercancía en el mercado, y capital fijo cuando está incorporada al proceso de producción. Con lo cual no se ve en absoluto por qué una clase determinada de capital haya de ser más fija o más circulante que otra.

  2. Todo el capital circulante se identifica con el capital desembolsado o por desembolsar en salario. Así en J. St. Mill y otros.

  3. La diferencia entre capital variable y constante, que ya en Barton, Ricardo y otros se confunde con la diferencia entre capital circulante y fijo, se reduce finalmente por completo a esta, como, por ejemplo, en Ramsay, para quien todos los medios de producción, materias primas, etc., lo mismo que los medios de trabajo, son capital fijo, y solo el capital desembolsado en salario es capital circulante. Pero, como la reducción se hace de esta forma, no se comprende la diferencia real entre capital constante y variable.

  4. En los economistas ingleses más recientes, sobre todo escoceses, que lo consideran todo desde el punto de vista indeciblemente estrecho del dependiente de banco, como Macleod, Patterson y otros, la diferencia entre capital fijo y circulante se convierte en la diferencia entre money at call y money not at call (dinero en depósito que puede retirarse sin previo aviso o solo con previo aviso).

Capítulo duodécimo. El período de trabajo

Tomemos dos ramas de actividad con una jornada laboral de igual magnitud, digamos un proceso de trabajo de diez horas, por ejemplo la hilatura de algodón y la fabricación de locomotoras. En una de ellas se entrega diaria o semanalmente una cantidad determinada de producto acabado, hilo de algodón; en la otra, el proceso de trabajo quizá tenga que repetirse durante tres meses para obtener un producto acabado, una locomotora. En un caso el producto es de naturaleza discreta, y cada día o cada semana vuelve a empezar el mismo trabajo. En el otro, el proceso de trabajo es continuo, se extiende a lo largo de un número mayor de procesos de trabajo diarios que, en su conexión, en la continuidad de su operación, solo al cabo de un plazo más largo entregan un producto acabado. Aunque la duración del proceso de trabajo diario sea aquí la misma, se da una diferencia muy considerable en la duración del acto de producción, es decir, en la duración de los procesos de trabajo repetidos que se requieren para entregar el producto acabado, para enviarlo al mercado como mercancía y, por tanto, para transformarlo de capital productivo en capital mercantil. La diferencia entre capital fijo y circulante no tiene nada que ver con esto. La diferencia indicada existiría aun cuando en ambas ramas de actividad se emplearan exactamente las mismas proporciones de capital fijo y circulante.

Estas diferencias en la duración del acto de producción se dan no solo entre distintas esferas de la producción, sino también dentro de una misma esfera de la producción, según el volumen del producto que haya de entregarse. Una casa de vivienda corriente se construye en menos tiempo que una fábrica grande y requiere, por tanto, un número menor de procesos de trabajo continuos. Si la construcción de una locomotora cuesta tres meses, la de un acorazado cuesta uno o varios años. La producción de cereales ocupa casi un año, la producción de ganado vacuno varios años, el cultivo forestal puede abarcar de 12 a 100 años; un camino puede construirse quizá en unos meses, donde un ferrocarril requiere años; una alfombra corriente quizá una semana, unos gobelinos, años, etc. Las diferencias en la duración del acto de producción son, pues, infinitamente variadas.

La diferencia en la duración del acto de producción tiene que engendrar evidentemente, con igual desembolso de capital, una diferencia en la velocidad de la rotación, es decir, en los plazos por los que se adelanta un capital dado. Supongamos que la hilatura mecánica y la fábrica de locomotoras emplean un capital de igual magnitud, que la división entre capital constante y variable es la misma, y también la división entre los componentes fijos y fluidos del capital, y, por último, que la jornada laboral es de igual magnitud y su división entre trabajo necesario y plustrabajo es la misma. Para eliminar además todas las circunstancias que surgen del proceso de circulación y que son ajenas a este caso, supondremos que ambos, el hilo y la locomotora, se fabrican por encargo y se pagan a la entrega del producto acabado. Al final de la semana, al entregar el hilo acabado, el fabricante hilandero recupera (prescindimos aquí de la plusvalía) el capital circulante desembolsado y también el desgaste del capital fijo contenido en el valor del hilo. Puede, pues, repetir de nuevo el mismo ciclo con el mismo capital. Este ha completado su rotación. El fabricante de locomotoras, en cambio, tiene que desembolsar durante los tres meses, semana tras semana, capital siempre nuevo en salario y materia prima, y solo al cabo de tres meses, tras la entrega de la locomotora, el capital circulante desembolsado poco a poco durante ese tiempo en un único y mismo acto de producción, para la fabricación de una única y misma mercancía, se encuentra de nuevo en una forma en la que puede comenzar de nuevo su ciclo; asimismo, solo ahora se le repone el desgaste de la maquinaria durante esos tres meses. El desembolso de uno es el de una semana; el del otro es el desembolso semanal multiplicado por 12. Supuestas iguales todas las demás circunstancias, uno tiene que disponer de doce veces más capital circulante que el otro.

Que los capitales adelantados semanalmente sean iguales es aquí, sin embargo, una circunstancia indiferente. Cualquiera que sea la magnitud del capital adelantado, en un caso solo se adelanta por una semana, en el otro por doce semanas, antes de que pueda operarse de nuevo con él, repetirse con él la misma operación o comenzarse con él otra de distinta índole.

La diferencia en la velocidad de la rotación, o en el lapso por el que hay que adelantar el capital individual antes de que el mismo valor de capital pueda volver a servir para un nuevo proceso de trabajo o de valorización, nace aquí de lo siguiente:

Supongamos que la construcción de la locomotora o de cualquier máquina cueste 100 jornadas de trabajo. Con respecto a los obreros ocupados en la hilatura y en la construcción de maquinaria, las 100 jornadas de trabajo forman por igual una magnitud discontinua (discreta), que según el supuesto consta de 100 procesos de trabajo de diez horas, sucesivos y separados. Pero con respecto al producto —la máquina—, las 100 jornadas de trabajo forman una magnitud continua, una jornada de trabajo de 1.000 horas de trabajo, un único acto de producción cohesionado. A una jornada de trabajo así, formada por la sucesión de jornadas de trabajo cohesionadas más o menos numerosas, la llamo período de trabajo. Cuando hablamos de la jornada laboral, nos referimos a la duración del tiempo de trabajo durante el cual el obrero tiene que gastar diariamente su fuerza de trabajo, tiene que trabajar diariamente. Cuando hablamos, en cambio, del período de trabajo, esto significa el número de jornadas de trabajo cohesionadas que se requieren en una rama de actividad determinada para entregar un producto acabado. El producto de cada jornada de trabajo es aquí solo un producto parcial, que se va completando día tras día y solo al final del período más o menos largo del tiempo de trabajo recibe su figura acabada, es un valor de uso acabado.

Las interrupciones, las perturbaciones del proceso social de producción, por ejemplo a consecuencia de las crisis, actúan por eso de manera muy distinta sobre los productos del trabajo de naturaleza discreta y sobre aquellos que requieren para su producción un período más largo y cohesionado. A la producción de hoy de una masa determinada de hilo, carbón, etc., no le sigue mañana, en un caso, ninguna nueva producción de hilo, carbón, etc. Pero no ocurre lo mismo con los barcos, los edificios, los ferrocarriles, etc. No solo se interrumpe el trabajo, se interrumpe un acto de producción cohesionado. Si la obra no se continúa, los medios de producción y el trabajo ya consumidos en su producción se han gastado inútilmente. Aun cuando se reanude, en el intervalo siempre se ha producido deterioro.

Durante toda la duración del período de trabajo se acumula por capas la parte de valor que el capital fijo cede diariamente al producto hasta que este madura. Y aquí se muestra a la vez la diferencia entre capital fijo y circulante en su importancia práctica. El capital fijo se adelanta al proceso de producción por un tiempo más largo; no necesita renovarse antes de que transcurra ese plazo, que tal vez sea de varios años. La circunstancia de que la máquina de vapor ceda su valor fragmentariamente cada día al hilo, producto de un proceso de trabajo discreto, o durante tres meses a una locomotora, producto de un acto de producción continuo, no cambia en absoluto el desembolso del capital necesario para comprar la máquina de vapor. En un caso su valor refluye en pequeñas dosis, por ejemplo semanalmente; en el otro, en masas mayores, por ejemplo trimestralmente. Pero en ambos casos la renovación de la máquina de vapor quizá no tenga lugar hasta pasados 20 años. Mientras cada período individual dentro del cual su valor refluye fragmentariamente mediante la venta del producto sea más corto que su propio período de existencia, la misma máquina de vapor sigue funcionando en el proceso de producción durante varios períodos de trabajo.

Muy distinto es el caso de los componentes circulantes del capital adelantado. La fuerza de trabajo comprada para esta semana se gasta durante esta semana y se ha objetivado en el producto. Tiene que pagarse al final de esta semana. Y este desembolso de capital en fuerza de trabajo se repite semanalmente durante los tres meses, sin que el gasto de esta parte del capital en una semana capacite al capitalista para costear la compra del trabajo en la semana siguiente. Cada semana hay que gastar nuevo capital adicional en el pago de fuerza de trabajo y, si prescindimos de todas las relaciones de crédito, el capitalista tiene que ser capaz de desembolsar salario para un tiempo de tres meses, aunque solo lo pague en dosis semanales. Lo mismo ocurre con la otra parte del capital circulante, las materias primas y auxiliares. Una capa de trabajo tras otra se deposita sobre el producto. Durante el proceso de trabajo se transfiere constantemente al producto no solo el valor de la fuerza de trabajo gastada, sino también plusvalía, pero a un producto no acabado, que aún no tiene la figura de la mercancía acabada y que, por tanto, todavía no es apto para circular. Lo mismo vale para el valor de capital transferido por capas al producto en materias primas y auxiliares.

Según la duración más larga o más corta del período de trabajo que la naturaleza específica del producto o del efecto útil que se trata de lograr exige para su obtención, se requiere un gasto constante, adicional, de capital circulante (salario, materias primas y auxiliares), del cual ninguna parte se encuentra en una forma apta para circular y que, por tanto, pudiera servir para renovar la misma operación; antes bien, cada parte está sucesivamente inmovilizada dentro de la esfera de la producción como componente del producto en formación, atada en forma de capital productivo. Pero el tiempo de rotación es igual a la suma del tiempo de producción y del tiempo de circulación del capital. Una prolongación del tiempo de producción reduce, pues, la velocidad de rotación tanto como una prolongación del tiempo de circulación. Pero en el caso presente hay que observar dos cosas:

Primero: la estancia prolongada en la esfera de la producción. El capital adelantado, por ejemplo, en la primera semana en trabajo, materia prima, etc., así como las partes de valor cedidas por el capital fijo al producto, quedan confinados en la esfera de la producción durante todo el plazo de tres meses y, al estar incorporados a un producto que todavía está en formación, aún no acabado, no pueden entrar en la circulación como mercancía.

Segundo: como el período de trabajo necesario para el acto de producción dura tres meses y de hecho forma un único proceso de trabajo cohesionado, cada semana hay que añadir constantemente una nueva dosis de capital circulante a las anteriores. La masa del capital adicional adelantado sucesivamente crece, pues, con la duración del período de trabajo.

Hemos supuesto que en la hilatura y en la fabricación de maquinaria se han invertido capitales de igual magnitud, que estos capitales están divididos en proporciones iguales en capital constante y variable, ídem en fijo y circulante, que las jornadas laborales son de igual duración; en una palabra, que todas las circunstancias son las mismas, salvo la duración del período de trabajo. En la primera semana el desembolso es igual para ambos, pero el producto del hilandero puede venderse y con lo obtenido comprarse nueva fuerza de trabajo y nuevas materias primas, etc.; en una palabra, la producción puede continuar en la misma escala. El fabricante de maquinaria, en cambio, solo puede reconvertir en dinero el capital circulante gastado en la primera semana al cabo de tres meses, una vez terminado su producto, y operar de nuevo con él. Hay, pues, en primer lugar, una diferencia en el reflujo de la misma cantidad de capital desembolsado. Pero, en segundo lugar: durante los tres meses se emplea un capital productivo de igual magnitud en la hilatura y en la construcción de maquinaria, pero la magnitud del desembolso de capital es completamente distinta para el hilandero y para el constructor de maquinaria, porque en un caso el mismo capital se renueva rápidamente y puede, por tanto, repetir de nuevo la misma operación; en el otro se renueva solo relativamente despacio, y por eso, hasta el plazo de su renovación, hay que añadir constantemente nuevas cantidades de capital a las anteriores. Así pues, es distinto tanto el lapso en que se renuevan determinadas porciones del capital, o la duración del tiempo de adelanto, como la masa del capital (aunque el capital empleado diaria o semanalmente sea el mismo) que hay que adelantar según la duración del proceso de trabajo. Esta circunstancia hay que retenerla, porque la duración del adelanto puede crecer, como en los casos que se examinarán en el capítulo siguiente, sin que por ello crezca la masa del capital que hay que adelantar en proporción a ese lapso. El capital tiene que adelantarse por más tiempo, y una cantidad mayor de capital está atada en la forma de capital productivo.

En las fases menos desarrolladas de la producción capitalista, las empresas que exigen un período de trabajo largo y, por tanto, un gran desembolso de capital por un tiempo prolongado, sobre todo si solo pueden realizarse en gran escala, o bien no se explotan en absoluto de forma capitalista, como, por ejemplo, las carreteras, los canales, etc., a costa del municipio o del Estado (en tiempos antiguos, la mayoría de las veces mediante trabajo forzado, en lo que atañe a la fuerza de trabajo), o bien los productos cuya fabricación exige un período de trabajo más largo se fabrican solo en una mínima parte con el patrimonio del propio capitalista. Por ejemplo, en la construcción de casas, el particular para quien se construye la casa paga adelantos por porciones al contratista de obras. En realidad, paga, pues, la casa fragmentariamente, a medida que avanza su proceso de producción. En cambio, en la era capitalista desarrollada, en la que, por un lado, capitales masivos están concentrados en manos de individuos y, por otro, junto a los capitalistas individuales aparece el capitalista asociado (las sociedades por acciones) y al mismo tiempo el sistema de crédito está desarrollado, un contratista de obras capitalista ya solo construye por excepción por encargo de particulares. Hace negocio construyendo hileras de casas y barrios enteros para el mercado, del mismo modo que algunos capitalistas hacen negocio construyendo ferrocarriles como contratistas.

Las declaraciones de un contratista de obras ante el Comité de Bancos de 1857 nos informan de cómo la producción capitalista ha revolucionado la construcción de casas en Londres. En su juventud, dijo, las casas se construían en su mayor parte por encargo, y el importe se pagaba al contratista a plazos durante la obra, al concluirse determinadas fases de la construcción. Por especulación se construía muy poco; los contratistas se prestaban a ello sobre todo para mantener a sus obreros regularmente ocupados y, con ello, unidos. En los últimos 40 años todo esto ha cambiado. Por encargo ya se construye muy poco. Quien necesita una casa nueva se escoge una entre las construidas por especulación o las que aún están en obras. El contratista ya no trabaja para el cliente, sino para el mercado; exactamente igual que cualquier otro industrial, está obligado a tener mercancía acabada en el mercado. Mientras que antes un contratista tenía en construcción quizá tres o cuatro casas a la vez por especulación, ahora tiene que comprar un terreno extenso (es decir, en el lenguaje continental, arrendarlo, por lo general por 99 años), levantar en él hasta 100 o 200 casas y embarcarse así en una empresa que supera de veinte a cincuenta veces su patrimonio. Los fondos se obtienen tomando hipotecas, y el dinero se pone a disposición del contratista a medida que avanza la construcción de cada casa. Si llega entonces una crisis que paraliza el pago de los plazos del adelanto, por lo general fracasa toda la empresa; en el mejor de los casos, las casas quedan sin terminar hasta que lleguen tiempos mejores; en el peor, salen a subasta y se malvenden a mitad de precio. Hoy ningún contratista puede salir adelante sin construir por especulación, y además en gran escala. La ganancia de la construcción misma es sumamente pequeña; su beneficio principal consiste en el aumento de la renta del suelo, en la hábil elección y aprovechamiento del terreno edificable. Por esta vía de la especulación que se anticipa a la demanda de casas se han construido casi enteros Belgravia y Tyburnia y los incontables miles de villas en torno a Londres. (Resumido del Report from the Select Committee on Bank Acts, parte I, 1857, Evidence, preguntas 5413-5418, 5435-5436.)

La ejecución de obras de período de trabajo considerablemente largo y de gran escala solo pasa por completo a manos de la producción capitalista cuando la concentración del capital es ya muy considerable y, por otro lado, el desarrollo del sistema de crédito ofrece al capitalista el cómodo recurso de adelantar, y por tanto también de arriesgar, capital ajeno en lugar del suyo propio. Se entiende, sin embargo, por sí mismo que la circunstancia de que el capital adelantado a la producción pertenezca o no a quien lo emplea no influye en la velocidad de rotación ni en el tiempo de rotación.

Las circunstancias que aumentan el producto de la jornada de trabajo individual, como la cooperación, la división del trabajo, el empleo de la maquinaria, acortan a la vez el período de trabajo en los actos de producción cohesionados. Así, la maquinaria acorta el tiempo de construcción de casas, puentes, etc.; la segadora, la trilladora, etc., acortan el período de trabajo requerido para convertir el grano maduro en mercancía acabada. La construcción naval perfeccionada, con su mayor velocidad, acorta el tiempo de rotación del capital desembolsado en la navegación. Estas mejoras, que acortan el período de trabajo y, por tanto, el tiempo por el que hay que adelantar capital circulante, van unidas sin embargo, la mayoría de las veces, a un mayor desembolso de capital fijo. Por otro lado, en determinadas ramas el período de trabajo puede acortarse mediante la mera ampliación de la cooperación; la terminación de un ferrocarril se acorta poniendo en pie grandes ejércitos de obreros y atacando así la obra desde muchos puntos en el espacio. El tiempo de rotación se acorta aquí mediante el aumento del capital adelantado. Más medios de producción y más fuerza de trabajo tienen que estar reunidos bajo el mando del capitalista.

Si, por tanto, el acortamiento del período de trabajo va unido la mayoría de las veces a un aumento del capital adelantado por el tiempo más corto, de modo que, a medida que se acorta el tiempo de adelanto, aumenta la masa en que se adelanta el capital, hay que recordar aquí que, aparte de la masa existente del capital social, lo que importa es en qué grado los medios de producción y de subsistencia, o la disposición sobre ellos, están dispersos o reunidos en manos de capitalistas individuales, es decir, qué volumen ha alcanzado ya la concentración de los capitales. En la medida en que el crédito facilita, acelera e intensifica la concentración de capital en una sola mano, contribuye a acortar el período de trabajo y, con ello, el tiempo de rotación.

En las ramas de la producción en que el período de trabajo, sea continuo o interrumpido, está prescrito por determinadas condiciones naturales, no puede producirse ningún acortamiento por los medios antes indicados.

«La expresión “rotación más rápida” no puede aplicarse a las cosechas de cereales, ya que solo es posible una rotación al año. En cuanto al ganado, preguntaremos simplemente: ¿cómo acelerar la rotación de ovejas de dos y tres años y de bueyes de cuatro y cinco años?» (W. Walter Good, Political, Agricultural, and Commercial Fallacies, Londres, 1866, p. 325.)

La necesidad de tener antes dinero líquido (por ejemplo, para pagar cargas fijas como impuestos, renta del suelo, etc.) resuelve esta cuestión haciendo que el ganado, por ejemplo, se venda y se sacrifique antes de que haya alcanzado la edad económica normal, con gran perjuicio para la agricultura; esto acaba provocando también una subida de los precios de la carne.

«La gente que antes criaba sobre todo ganado para abastecer con él los pastos de los Midland counties28 en verano y los establos de los condados orientales en invierno… se ha visto tan arruinada por las oscilaciones y las bajas de los precios del grano que se alegra de poder sacar provecho de los altos precios de la mantequilla y el queso; la primera la llevan semanalmente al mercado para cubrir los gastos corrientes; sobre el segundo toman adelantos de un intermediario que recoge el queso en cuanto está en condiciones de transportarse y que, naturalmente, pone él mismo el precio. Por esta razón, y como la agricultura está gobernada por los principios de la economía política, los terneros que antes venían de las comarcas lecheras al sur para su cría se sacrifican ahora en masa, a menudo con solo ocho o diez días, en los mataderos de Birmingham, Manchester, Liverpool y otras grandes ciudades vecinas. En cambio, si la malta estuviera libre de impuestos, no solo habrían obtenido los arrendatarios más ganancia y habrían podido así conservar su ganado joven hasta que fuera mayor y más pesado, sino que la malta habría servido también, en lugar de la leche, para la cría de terneros en casa de la gente que no tiene vacas; y la actual y alarmante escasez de ganado joven se habría evitado en gran parte. Si ahora se recomienda a esta gente modesta que críe los terneros, responde: sabemos muy bien que la cría con leche sería rentable, pero, en primer lugar, tendríamos que desembolsar dinero, y no podemos, y, en segundo lugar, tendríamos que esperar mucho hasta recuperar nuestro dinero, mientras que en la lechería lo recuperamos enseguida.» (Ibid., pp. 11, 12.)

Si la prolongación de la rotación tiene tales consecuencias ya entre los pequeños arrendatarios ingleses, es fácil comprender qué perturbaciones tiene que provocar entre los pequeños campesinos del continente.

En correspondencia con la duración del período de trabajo y, por tanto, también del período de tiempo hasta que se termina la mercancía apta para circular, se acumula la parte de valor que el capital fijo cede por capas al producto y se retrasa el reflujo de esa parte de valor. Pero este retraso no ocasiona un nuevo desembolso en capital fijo. La máquina sigue actuando en el proceso de producción, refluya más despacio o más deprisa en forma dineraria la reposición de su desgaste. Muy distinto es el caso del capital circulante. No solo hay que inmovilizar capital por un tiempo más largo en proporción a la duración del período de trabajo, sino que también hay que adelantar constantemente nuevo capital en salario, materias primas y auxiliares. El reflujo retrasado actúa, pues, de manera distinta sobre ambos. Sea el reflujo más lento o más rápido, el capital fijo sigue actuando. El capital circulante, en cambio, queda incapacitado para funcionar si se retrasa el reflujo, cuando está inmovilizado en la forma de producto no vendido, o no acabado y todavía no vendible, y no hay capital adicional disponible para renovarlo in natura. —

«Mientras el campesino se muere de hambre, su ganado prospera. Había llovido bastante y el pasto estaba exuberante. El campesino indio se morirá de hambre junto a un buey gordo. Los preceptos de la superstición parecen crueles con el individuo, pero son conservadores para la sociedad; la conservación del ganado de labor asegura la continuidad de la agricultura y, con ella, las fuentes del sustento y de la riqueza futuros. Puede sonar duro y triste, pero así es: en la India es más fácil reemplazar a un hombre que a un buey.» (Return, East India. Madras and Orissa Famine, n.º 4, p. 44.)

Compárese con esto la máxima del Manava-Dharma-Sastra, cap. X, § 62:

«La entrega de la vida sin recompensa para conservar a un sacerdote o a una vaca… puede asegurar la bienaventuranza de estas tribus de bajo nacimiento.»

Es naturalmente imposible entregar un animal de cinco años antes de que hayan pasado cinco años. Pero lo que es posible dentro de ciertos límites es, mediante un trato distinto, dejar listos a los animales para su destino en menos tiempo. Esto lo logró en especial Bakewell. Antes, las ovejas inglesas, como las francesas todavía en 1855, no estaban listas para el sacrificio antes del cuarto o quinto año. Con el sistema de Bakewell puede cebarse ya una oveja de un año, y en todo caso está completamente desarrollada antes de que termine el segundo año. Mediante una cuidadosa selección, Bakewell, arrendatario de Dishley Grange, redujo el esqueleto óseo de las ovejas al mínimo necesario para su existencia. Sus ovejas se llamaban las New Leicesters.

«El criador puede llevar ahora al mercado tres ovejas en el mismo tiempo en que antes terminaba una, y además con un desarrollo más ancho, más redondo y mayor de las partes que dan más carne. Casi todo su peso es carne pura.» (Lavergne, The Rural Economy of England etc., 1855, p. 20.)

Los métodos que acortan el período de trabajo solo son aplicables en grado muy distinto en las distintas ramas de la industria y no igualan las diferencias en la duración de los distintos períodos de trabajo. Para seguir con nuestro ejemplo, el período de trabajo necesario para fabricar una locomotora puede acortarse en términos absolutos mediante el empleo de nuevas máquinas-herramienta. Pero si, mediante procesos perfeccionados en la hilatura, el producto acabado entregado diaria o semanalmente aumenta con rapidez incomparablemente mayor, la duración del período de trabajo en la fabricación de maquinaria habrá aumentado, no obstante, relativamente, en comparación con la hilatura.

Capítulo decimotercero. El tiempo de producción

El tiempo de trabajo es siempre tiempo de producción, es decir, tiempo durante el cual el capital está confinado en la esfera de la producción. Pero, a la inversa, no todo el tiempo durante el cual el capital se encuentra en el proceso de producción es necesariamente por ello también tiempo de trabajo.

No se trata aquí de las interrupciones del proceso de trabajo condicionadas por los límites naturales de la propia fuerza de trabajo, aunque se ha visto hasta qué punto la mera circunstancia de que el capital fijo, los edificios fabriles, la maquinaria, etc., permanezca ocioso durante las pausas del proceso de trabajo se convirtió en uno de los motivos de la prolongación antinatural del proceso de trabajo y del trabajo diurno y nocturno. Se trata aquí de una interrupción independiente de la duración del proceso de trabajo, condicionada por la naturaleza misma del producto y de su elaboración, durante la cual el objeto de trabajo está sometido a procesos naturales de duración más o menos larga, tiene que experimentar cambios físicos, químicos, fisiológicos, y durante la cual el proceso de trabajo queda suspendido total o parcialmente.

Así, el vino prensado tiene que pasar primero cierto tiempo fermentando y luego reposar otro tiempo para alcanzar un determinado grado de perfección. En muchas ramas de la industria, el producto tiene que pasar por un secado, como en la alfarería, o estar expuesto a ciertas condiciones para cambiar su composición química, como en el blanqueo. El cereal de invierno necesita quizá nueve meses para madurar. Entre la siembra y la cosecha, el proceso de trabajo está casi por completo interrumpido. En el cultivo forestal, una vez terminadas la siembra y las labores previas necesarias para ella, la semilla necesita quizá 100 años para transformarse en producto acabado; durante todo ese tiempo solo requiere una intervención del trabajo relativamente muy insignificante.

En todos estos casos, durante una gran parte del tiempo de producción solo se añade trabajo adicional de modo esporádico. La situación descrita en el capítulo anterior, en la que al capital ya inmovilizado en el proceso de producción hay que añadirle capital y trabajo adicionales, solo se da aquí con interrupciones más o menos largas.

En todos estos casos, pues, el tiempo de producción del capital adelantado consta de dos períodos: un período en el que el capital se encuentra en el proceso de trabajo; un segundo período en el que su forma de existencia —la de producto no acabado— queda entregada a la acción de procesos naturales, sin encontrarse en el proceso de trabajo. Que estos dos lapsos se crucen y se intercalen aquí y allá no cambia nada la cosa. El período de trabajo y el período de producción no coinciden aquí. El período de producción es mayor que el período de trabajo. Pero solo después de recorrido el período de producción está el producto acabado, maduro, y es, por tanto, convertible de la forma de capital productivo en la de capital mercantil. Según la duración del tiempo de producción que no consiste en tiempo de trabajo, se prolonga, pues, también su período de rotación. En la medida en que el tiempo de producción que excede del tiempo de trabajo no está determinado por leyes naturales dadas de una vez para siempre, como en la maduración del grano, el crecimiento del roble, etc., el período de rotación puede a menudo acortarse más o menos mediante un acortamiento artificial del tiempo de producción. Así, con la introducción del blanqueo químico en lugar del blanqueo en prado, con aparatos de secado más eficaces en los procesos de secado. Así en la curtiduría, donde la penetración del ácido tánico en las pieles requería, con el método antiguo, de 6 a 18 meses, y con el nuevo, en el que se emplea la bomba neumática, solo mes y medio o dos meses. (J. G. Courcelle-Seneuil, Traité théorique et pratique des entreprises industrielles etc., París, 1857, 2.ª ed.) El ejemplo más grandioso de acortamiento artificial del mero tiempo de producción ocupado por procesos naturales lo ofrece la historia de la producción de hierro, y en especial la transformación del arrabio en acero en los últimos 100 años, desde el pudelado, descubierto hacia 1780, hasta el moderno proceso Bessemer y los procedimientos más recientes introducidos desde entonces. El tiempo de producción se ha acortado enormemente, pero en la misma medida se ha aumentado también la inversión de capital fijo.

Un ejemplo peculiar de la divergencia entre el tiempo de producción y el tiempo de trabajo lo ofrece la fabricación norteamericana de hormas de zapato. Aquí una parte considerable de los gastos se debe a que la madera tiene que estar almacenada hasta 18 meses para secarse, a fin de que la horma acabada no se tuerza después, no cambie de forma. Durante ese tiempo la madera no pasa por ningún otro proceso de trabajo. El período de rotación del capital invertido no está, pues, determinado solo por el tiempo requerido para la fabricación misma de las hormas, sino también por el tiempo durante el cual permanece ocioso en la madera que se va secando. Se encuentra 18 meses en el proceso de producción antes de poder entrar en el proceso de trabajo propiamente dicho. Este ejemplo muestra a la vez cómo los tiempos de rotación de distintas partes del capital circulante global pueden ser distintos a consecuencia de circunstancias que no nacen dentro de la esfera de la circulación, sino del proceso de producción.

La diferencia entre tiempo de producción y tiempo de trabajo se pone de manifiesto con especial claridad en la agricultura. En nuestros climas templados, la tierra da grano una vez al año. El acortamiento o la prolongación del período de producción (para la siembra de invierno, nueve meses por término medio) depende a su vez de la alternancia de años buenos y malos y, por tanto, no puede determinarse ni controlarse exactamente de antemano como en la industria propiamente dicha. Solo los productos secundarios, la leche, el queso, etc., pueden producirse y venderse de forma continuada en períodos más cortos. En cambio, el tiempo de trabajo se presenta como sigue:

«El número de jornadas de trabajo habrá que suponerlo, en las distintas regiones de Alemania, teniendo en cuenta las condiciones climáticas y las demás que influyen, para los tres períodos principales de trabajo, así: para el período de primavera, desde mediados de marzo o principios de abril hasta mediados de mayo, en 50-60; para el período de verano, desde principios de junio hasta finales de agosto, en 65-80; y para el período de otoño, desde principios de septiembre hasta finales de octubre o mediados o finales de noviembre, en 55-75 jornadas de trabajo. Para el invierno solo hay que señalar los trabajos que se hacen en él, como los acarreos de abono, de leña, al mercado y de materiales de construcción.» (F. Kirchhof, Handbuch der landwirthschaftlichen Betriebslehre, Dessau, 1852, p. 160.)

Cuanto más desfavorable es el clima, tanto más se comprime, pues, el período de trabajo de la agricultura y, con él, el desembolso en capital y trabajo, en un corto lapso. Por ejemplo, Rusia. Allí, en algunas regiones septentrionales, el trabajo en el campo solo es posible durante 130-150 días al año. Se comprende qué pérdida sufriría Rusia si 50 de los 65 millones de su población europea quedaran sin ocupación durante los seis u ocho meses de invierno, en que tiene que cesar todo trabajo del campo. Además de los 200.000 campesinos que trabajan en las 10.500 fábricas de Rusia, en todas partes se han desarrollado en las aldeas industrias domésticas propias. Así, hay aldeas en las que todos los campesinos son desde hace generaciones tejedores, curtidores, zapateros, cerrajeros, cuchilleros, etc.; este es el caso, sobre todo, en las gobernaciones de Moscú, Vladímir, Kaluga, Kostromá y Petersburgo. Dicho sea de paso, esta industria doméstica se ve ya cada vez más obligada a ponerse al servicio de la producción capitalista; a los tejedores, por ejemplo, la urdimbre y la trama se las suministran los comerciantes directamente o por medio de intermediarios. (Resumido de Reports by H. M. Secretaries of Embassy and Legation, on the Manufactures, Commerce etc., n.º 8, 1865, pp. 86, 87.) Se ve aquí cómo la disociación entre el período de producción y el período de trabajo, este último solo una parte del primero, constituye la base natural de la unión de la agricultura con la industria rural accesoria, y cómo, por otro lado, esta se convierte a su vez en punto de apoyo para el capitalista, que se interpone primero como comerciante. Cuando después la producción capitalista lleva a cabo la separación entre manufactura y agricultura, el obrero agrícola depende cada vez más de una ocupación accesoria meramente fortuita, y su situación empeora con ello. Para el capital, como se verá más adelante, todas las diferencias en la rotación se compensan. Para el obrero, no.

Mientras que en la mayoría de las ramas de la industria propiamente dicha, de la minería, del transporte, etc., la explotación es uniforme, se trabaja un tiempo de trabajo uniforme año tras año y, prescindiendo de las oscilaciones de precios, de las perturbaciones de los negocios, etc., como interrupciones anormales, los desembolsos para el capital que entra en el proceso diario de circulación se reparten uniformemente; mientras que, igualmente, con condiciones de mercado por lo demás invariables, también el reflujo del capital circulante o su renovación se reparte a lo largo del año en períodos uniformes, en las inversiones de capital en que el tiempo de trabajo solo constituye una parte del tiempo de producción se da, en el curso de los distintos períodos del año, la mayor desigualdad en el desembolso de capital circulante, mientras que el reflujo solo se produce de una vez, en el momento fijado por las condiciones naturales. Con igual escala del negocio, es decir, con igual magnitud del capital circulante adelantado, este tiene que adelantarse por eso en masas mayores de una vez y por un tiempo más largo que en los negocios con períodos de trabajo continuos. También la duración de vida del capital fijo se diferencia aquí más considerablemente del tiempo en que funciona realmente de modo productivo. Con la diferencia entre tiempo de trabajo y tiempo de producción, naturalmente, también el tiempo de uso del capital fijo empleado se interrumpe continuamente durante lapsos más o menos largos, como, por ejemplo, en la agricultura con el ganado de labor, los aperos y las máquinas. En la medida en que este capital fijo consta de animales de trabajo, exige continuamente los mismos o casi los mismos gastos en forraje, etc., que durante el tiempo en que trabaja. En los medios de trabajo muertos, también la falta de uso ocasiona cierta desvalorización. Se produce, pues, en general, un encarecimiento del producto, ya que la cesión de valor al producto no se calcula según el tiempo en que funciona el capital fijo, sino según el tiempo en que pierde valor. En estas ramas de la producción, la inactividad del capital fijo, vaya o no unida todavía a gastos corrientes, constituye una condición de su empleo normal, igual que, por ejemplo, la pérdida de cierta cantidad de algodón en la hilatura; y del mismo modo, en todo proceso de trabajo, la fuerza de trabajo gastada improductivamente, pero de modo inevitable, en las condiciones técnicas normales, cuenta exactamente igual que la productiva. Toda mejora que reduce el gasto improductivo de medios de trabajo, materia prima y fuerza de trabajo reduce también el valor del producto.

En la agricultura se unen ambas cosas: la mayor duración del período de trabajo y la gran diferencia entre tiempo de trabajo y tiempo de producción. Hodgskin observa al respecto con acierto:

«La diferencia en el tiempo» {aunque aquí no distingue entre tiempo de trabajo y tiempo de producción} «que se requiere para obtener los productos de la agricultura y la de otras ramas de trabajo es la causa principal de la gran dependencia de los agricultores. No pueden llevar sus mercancías al mercado en menos tiempo que un año. Durante todo ese lapso tienen que tomar fiado del zapatero, el sastre, el herrero, el carretero y los demás productores cuyos productos necesitan y que terminan sus productos en pocos días o semanas. A consecuencia de esta circunstancia natural, y a consecuencia del aumento más rápido de la riqueza en las otras ramas de trabajo, los terratenientes, que han monopolizado el suelo de todo el reino, aunque además se han apropiado del monopolio de la legislación, son sin embargo incapaces de salvarse a sí mismos y a sus servidores, los arrendatarios, del destino de convertirse en la gente más dependiente del país.» (Thomas Hodgskin, Popular Political Economy, Londres, 1827, p. 147, nota.)

Todos los métodos mediante los cuales, en parte, los gastos en salario y medios de trabajo se reparten en la agricultura de modo más uniforme a lo largo de todo el año y, en parte, se acorta la rotación produciendo productos más variados y haciendo así posibles distintas cosechas durante el año, exigen un aumento del capital circulante adelantado en la producción, desembolsado en salario, abono, simiente, etc. Así en el paso del sistema de tres hojas con barbecho a la rotación de cultivos sin barbecho. Así en las cultures dérobées29 de Flandes.

«Las plantas de raíz se cultivan en culture dérobée; el mismo campo da primero cereal, lino, colza, para las necesidades de los hombres, y después de la cosecha se siembran plantas de raíz para el sustento del ganado. Este sistema, en el que el ganado vacuno puede permanecer continuamente en el establo, proporciona una considerable acumulación de abono y se convierte así en el eje de la rotación de cultivos. En las regiones arenosas se dedica más de un tercio de la superficie cultivada a las cultures dérobées; es exactamente como si se hubiera aumentado en un tercio la extensión de la tierra cultivada.»

Además de las plantas de raíz, se emplean para ello también el trébol y otras plantas forrajeras.

«La agricultura, llevada así hasta un punto en que se convierte en horticultura, exige, como se comprende, un capital de inversión relativamente considerable. En Inglaterra se calculan 250 francos de capital de inversión por hectárea. En Flandes, nuestros campesinos considerarán probablemente demasiado bajo un capital de inversión de 500 francos por hectárea.» (Essais sur l'Économie Rurale de la Belgique, par Émile de Laveleye, Bruselas, 1863, pp. 59, 60, 63.)

Tomemos, por último, el cultivo forestal. —

«La producción de madera se distingue esencialmente de la mayoría de las demás producciones en que en ella la fuerza natural actúa por sí sola y, con regeneración natural, no necesita de la fuerza humana ni de la fuerza del capital. Por lo demás, incluso allí donde los bosques se regeneran artificialmente, el gasto de fuerza humana y de fuerza del capital es solo escaso junto a la acción de las fuerzas naturales. Además, el bosque prospera todavía en clases de suelo y en situaciones en que el cereal ya no se da o en que su producción ya no compensa. Pero la silvicultura requiere también, para una explotación regular, una superficie mayor que el cultivo de cereales, ya que en parcelas más pequeñas no puede llevarse a cabo una ordenación de cortas forestal, los aprovechamientos secundarios se pierden en su mayoría, la protección del bosque es más difícil de manejar, etc. Pero el proceso de producción está además ligado a lapsos tan largos que rebasa los planes de una economía privada y, en algunos casos, incluso la duración de una vida humana. El capital invertido en la adquisición del suelo forestal»

{con la producción colectiva desaparece este capital, y la cuestión es solo cuánto suelo puede sustraer la comunidad a las tierras de labor y de pasto para la producción forestal}

«solo da, en efecto, frutos rentables al cabo de mucho tiempo y solo rota en parte, y por completo solo en plazos de hasta 150 años en algunas especies de árboles. Además, la producción sostenida de madera exige ella misma unas existencias de madera viva que ascienden de diez a cuarenta veces el aprovechamiento anual. Por eso, quien no tiene además otros ingresos y posee extensiones forestales considerables no puede llevar una explotación forestal regular.» (Kirchhof, p. 58.)

El largo tiempo de producción (que incluye un volumen solo relativamente pequeño de tiempo de trabajo) y, por tanto, la duración de sus períodos de rotación hacen del cultivo forestal una rama desfavorable para la explotación privada y, por tanto, capitalista, que es esencialmente explotación privada aun cuando en lugar del capitalista individual aparezca el capitalista asociado. El desarrollo de la cultura y de la industria en general se ha mostrado desde siempre tan activo en la destrucción de los bosques que, frente a ello, todo lo que, a la inversa, ha hecho por su conservación y producción es una magnitud completamente insignificante.

En la cita de Kirchhof es especialmente digno de atención el pasaje siguiente:

«Además, la producción sostenida de madera exige ella misma unas existencias de madera viva que ascienden de diez a cuarenta veces el aprovechamiento anual.»

Es decir, una sola rotación en diez a cuarenta años y más.

Lo mismo en la ganadería. Una parte del rebaño (la existencia de ganado) permanece en el proceso de producción, mientras que otra parte se vende como producto anual. Solo una parte del capital rota aquí anualmente, exactamente igual que en el capital fijo, la maquinaria, el ganado de labor, etc. Aunque este capital es capital fijado por un tiempo prolongado en el proceso de producción, y prolonga así la rotación del capital global, no constituye capital fijo en sentido categórico.

Lo que aquí se llama existencias —una cantidad determinada de madera viva o de ganado— se encuentra relativamente en el proceso de producción (a la vez como medio de trabajo y como material de trabajo); según las condiciones naturales de su reproducción, con una explotación regulada, una parte considerable tiene que encontrarse siempre en esta forma.

De modo similar actúa sobre la rotación otra clase de existencias que solo constituye capital productivo potencial, pero que, a consecuencia de la naturaleza de la explotación, tiene que estar acumulada en masas mayores o menores y, por tanto, adelantada a la producción por un tiempo más largo, aunque solo entre poco a poco en el proceso de producción activo. A ella pertenecen, por ejemplo, el abono antes de llevarlo al campo, así como el grano, el heno, etc., y aquellas existencias de medios de subsistencia que entran en la producción del ganado.

«Una parte considerable del capital de explotación está contenida en las existencias de la finca. Pero estas pueden perder más o menos de su valor en cuanto no se aplican debidamente las medidas de precaución necesarias para su buena conservación; e incluso, por falta de vigilancia, una parte de las existencias de productos puede perderse por completo para la finca. Por eso, a este respecto, se requiere ante todo una vigilancia cuidadosa de los graneros, los pajares, los silos y las bodegas, así como cerrar siempre debidamente los almacenes, y además mantenerlos limpios, ventilarlos, etc.; el grano y los demás frutos almacenados tienen que voltearse debidamente de vez en cuando, y las patatas y los nabos tienen que protegerse tanto de la helada como del agua y de la podredumbre.» (Kirchhof, p. 292.) «Al calcular las necesidades propias, sobre todo para el mantenimiento del ganado, en que el reparto ha de hacerse con arreglo a lo producido y al fin perseguido, no solo hay que atender a cubrir la necesidad, sino además también a que quede todavía una reserva proporcionada para los casos imprevistos. Si de ello resulta que la necesidad no puede cubrirse por completo con lo producido por la propia finca, hay que considerar primero si no se podrá cubrir esa falta con otros productos (sucedáneos) o adquirir estos más baratos en lugar de los que faltan. Si, por ejemplo, se presentara una escasez de heno, puede cubrirse con raíces y añadido de paja. En general, hay que tener siempre presentes el valor real y el precio de mercado de los distintos productos y adoptar conforme a ello las disposiciones para el consumo; si, por ejemplo, la avena está más cara, mientras que los guisantes y el centeno están relativamente bajos, se sustituirá con ventaja una parte de la avena de los caballos por guisantes o centeno, y se venderá la avena así ahorrada.» (Ibidem, p. 300.)

Ya se observó antes, al considerar la formación de existencias, que se requiere una determinada cantidad mayor o menor de capital productivo potencial, es decir, de medios de producción destinados a la producción, que tienen que estar disponibles en masas mayores o menores para entrar poco a poco en el proceso de producción. Se observó entonces que, en una empresa de negocio dada o en una explotación de capital de un volumen determinado, la magnitud de estas existencias productivas depende de la mayor o menor dificultad de su renovación, de la relativa cercanía de los mercados de abastecimiento, del desarrollo de los medios de transporte y de comunicación, etc. Todas estas circunstancias influyen sobre el mínimo de capital que tiene que estar disponible en la forma de existencias productivas, es decir, sobre el lapso por el que hay que hacer los adelantos de capital y sobre el volumen de la masa de capital que hay que adelantar de una vez. Este volumen, que, por tanto, influye también sobre la rotación, está condicionado por el tiempo más o menos largo durante el cual el capital circulante permanece inmovilizado en la forma de existencias productivas como capital productivo meramente potencial. Por otro lado, en la medida en que este estancamiento depende de la mayor o menor posibilidad de una reposición rápida, de las condiciones del mercado, etc., nace a su vez del tiempo de circulación, de circunstancias que pertenecen a la esfera de la circulación.

«Además, todas las piezas de inventario o accesorios, como herramientas manuales, cribas, cestos, cuerdas, grasa para carros, clavos, etc., tienen que tenerse en reserva para su reposición inmediata tanto más cuanto menos ocasión se tenga en las cercanías de adquirirlos rápidamente. Por último, todos los años, en invierno, hay que revisar cuidadosamente todo el inventario de aperos y atender sin demora a los complementos y reparaciones que resulten necesarios. Ahora bien, si en general conviene mantener reservas mayores o menores para las necesidades del inventario lo determinan principalmente las condiciones locales. Donde no hay artesanos ni tiendas cerca, hay que mantener reservas mayores que allí donde se encuentran en el lugar o muy cerca. Pero si, en condiciones por lo demás iguales, se adquieren de una vez en cantidades mayores las reservas necesarias, se obtiene por regla general la ventaja de una compra barata, con tal de que se haya elegido para ello un momento adecuado; claro que con ello se sustrae también al capital de explotación circulante una suma tanto mayor de una vez, de la que no siempre puede prescindir bien la explotación de la finca.» (Kirchhof, p. 301.)

La diferencia entre tiempo de producción y tiempo de trabajo admite, como hemos visto, casos muy distintos. El capital circulante puede encontrarse en el tiempo de producción antes de entrar en el proceso de trabajo propiamente dicho (fabricación de hormas); o se encuentra en el tiempo de producción después de haber pasado por el proceso de trabajo propiamente dicho (vino, simiente); o el tiempo de producción se ve interrumpido aquí y allá por tiempo de trabajo (cultivo del campo, cultivo forestal); una gran parte del producto apto para circular permanece incorporada al proceso de producción activo, mientras que una parte mucho menor entra en la circulación anual (cultivo forestal y ganadería); el lapso más o menos largo durante el cual el capital circulante permanece en la forma de capital productivo potencial y, por tanto, también la masa mayor o menor en que este capital tiene que desembolsarse de una vez nace en parte del tipo de proceso de producción (agricultura) y depende en parte de la cercanía de los mercados, etc.; en una palabra, de circunstancias que pertenecen a la esfera de la circulación.

Más adelante se verá (libro III) qué teorías absurdas ha ocasionado en MacCulloch, James Mill, etc., el intento de identificar con el tiempo de trabajo el tiempo de producción que diverge de él, intento que a su vez nace de una aplicación errónea de la teoría del valor.

El ciclo de rotación que hemos considerado antes viene dado por la duración del capital fijo adelantado al proceso de producción. Como este abarca una serie más o menos larga de años, abarca también una serie de rotaciones anuales, o repetidas durante el año, del capital fijo.

En la agricultura, un ciclo de rotación de este tipo surge del sistema de alternativa de cosechas.

«La duración del arrendamiento no puede en ningún caso suponerse más corta de lo que indica el tiempo de ciclo de la alternativa de cosechas introducida; por eso, en el sistema de tres hojas siempre se cuenta con 3, 6, 9. Pero, suponiendo el sistema de tres hojas con barbecho completo, el campo solo se cultiva cuatro veces en seis años, y en los años de cultivo se alterna con cereal de invierno y de verano y, si la calidad del suelo lo exige o lo permite, también con trigo y centeno, cebada y avena. Ahora bien, cada clase de cereal se multiplica en el mismo suelo más o menos que la otra, cada una tiene un valor distinto y se vende también a un precio distinto. Por eso el rendimiento del campo resulta distinto en cada año de cultivo, y distinto también en la primera mitad del ciclo» (en los tres primeros años) «que en la segunda. Ni siquiera el rendimiento medio en el tiempo de ciclo es igual de grande en uno que en otro, ya que la fertilidad no depende solo de la bondad del suelo, sino también del tiempo que haga en el año, así como los precios dependen de circunstancias muy diversas. Si se calcula ahora el rendimiento del campo según los años de cosecha medios de todo el tiempo de ciclo de seis años y según sus precios medios, se habrá hallado el rendimiento total para un año, tanto en uno como en otro tiempo de ciclo. Pero no es este el caso si el rendimiento se calcula solo para la mitad del tiempo de ciclo, es decir, para tres años, ya que entonces el rendimiento total resultaría desigual. De aquí se desprende que la duración del arrendamiento en el sistema de tres hojas tiene que fijarse en seis años como mínimo. Pero siempre resulta mucho más deseable para el arrendatario y para el arrendador que la duración del arrendamiento sea un múltiplo de la duración del arrendamiento» {sic!} «y que, por tanto, en el sistema de tres hojas se fije en 12, 18 y aún más años en lugar de 6, y en el sistema de siete hojas en 14, 28 años en lugar de 7.» (Kirchhof, pp. 117, 118.)

{Aquí dice el manuscrito: «La alternativa de cosechas inglesa. Hacer aquí una nota.»}

Capítulo decimocuarto. El tiempo de circulación

Todas las circunstancias consideradas hasta aquí que diferencian los períodos de circulación de distintos capitales invertidos en distintas ramas de negocio, y por tanto también los tiempos durante los cuales hay que adelantar capital, nacen dentro del propio proceso de producción, como la diferencia entre capital fijo y capital fluido, la diferencia en los períodos de trabajo, etc. Pero el tiempo de rotación del capital es igual a la suma de su tiempo de producción y su tiempo de curso o de circulación. Se comprende, pues, por sí mismo que una duración distinta del tiempo de circulación hace distinto el tiempo de rotación y, por tanto, la duración del período de rotación. Esto se ve del modo más palpable, bien cuando se comparan dos inversiones de capital distintas en las que todas las demás circunstancias que modifican la rotación son iguales y solo difieren los tiempos de circulación, bien cuando se toma un capital dado, con una composición dada de capital fijo y capital fluido, un período de trabajo dado, etc., y se hace variar hipotéticamente solo los tiempos de circulación.

Uno de los tramos del tiempo de circulación —y relativamente el más decisivo— consiste en el tiempo de venta, la fase en que el capital se encuentra en el estado de capital mercantil. Según la magnitud relativa de este plazo se alarga o se acorta el tiempo de circulación y, por tanto, el período de rotación en general. También puede hacerse necesario, a consecuencia de los gastos de conservación, etc., un desembolso adicional de capital. De antemano está claro que el tiempo necesario para vender sus mercancías terminadas puede ser muy distinto para los distintos capitalistas de una misma rama de negocio, es decir, no solo para las masas de capital invertidas en distintas ramas de la producción, sino también para los distintos capitales independientes, que de hecho no son más que fragmentos autonomizados del capital global invertido en la misma esfera de la producción. En circunstancias por lo demás iguales, el período de venta de un mismo capital individual variará con las oscilaciones generales de las condiciones del mercado o con sus oscilaciones en la rama particular de negocio. No nos detenemos ahora más en ello. Solo hacemos constar el simple hecho siguiente: todas las circunstancias que en general producen diferencias en los períodos de rotación de los capitales invertidos en distintas ramas de negocio tienen también por consecuencia, cuando actúan individualmente (cuando, por ejemplo, un capitalista tiene ocasión de vender más rápidamente que su competidor, cuando uno emplea más métodos que acortan los períodos de trabajo que el otro, etc.), diferencias en la rotación de los distintos capitales individuales que se alojan en la misma rama de negocio.

Una causa que actúa de manera constante en la diferenciación del tiempo de venta, y por tanto del tiempo de rotación en general, es la distancia que separa del lugar de producción el mercado en que se vende la mercancía. Durante todo el tiempo de su viaje al mercado, el capital se encuentra confinado en el estado de capital mercantil; si se produce por encargo, hasta el momento de la entrega; si no se produce por encargo, al tiempo del viaje al mercado se añade todavía el tiempo durante el cual la mercancía se encuentra en el mercado para su venta. La mejora de los medios de comunicación y de transporte acorta en términos absolutos el período de traslado de las mercancías, pero no suprime la diferencia relativa que el traslado origina en el tiempo de circulación de distintos capitales mercantiles, o también de distintas porciones de un mismo capital mercantil que se trasladan a mercados distintos. Los veleros y vapores mejorados, por ejemplo, que acortan el viaje, lo acortan tanto para los puertos cercanos como para los lejanos. La diferencia relativa subsiste, aunque a menudo disminuida. Pero las diferencias relativas pueden desplazarse, a consecuencia del desarrollo de los medios de transporte y de comunicación, de una manera que no corresponde a las distancias naturales. Por ejemplo, un ferrocarril que va del lugar de producción a un gran centro de población del interior puede alargar, absoluta o relativamente, la distancia hasta un punto del interior más cercano al que no llega ningún ferrocarril, en comparación con el que está naturalmente más lejos; del mismo modo, por esa misma circunstancia puede desplazarse la distancia relativa de los propios lugares de producción respecto de los grandes mercados de venta, lo que explica la decadencia de viejos centros de producción y el surgimiento de otros nuevos con el cambio de los medios de transporte y de comunicación. (A esto se añade todavía el abaratamiento relativo mayor del transporte para las distancias largas que para las cortas.) Con el desarrollo de los medios de transporte no solo se acelera la velocidad del movimiento en el espacio y se acorta así en el tiempo la distancia espacial. No solo se desarrolla la masa de los medios de comunicación, de modo que, por ejemplo, muchos barcos parten al mismo tiempo hacia el mismo puerto o varios trenes circulan simultáneamente por distintos ferrocarriles entre los mismos dos puntos, sino que, por ejemplo, en una misma semana salen en días sucesivos distintos buques de carga de Liverpool a Nueva York, o a distintas horas del día trenes de mercancías de Manchester a Londres. Esta última circunstancia, con un rendimiento dado de los medios de transporte, no altera ciertamente la velocidad absoluta, y por tanto esta parte del tiempo de circulación. Pero cantidades sucesivas de mercancías pueden emprender el viaje en intervalos más próximos entre sí y llegar así sucesivamente al mercado, sin acumularse en masas mayores como capital mercantil potencial hasta su expedición efectiva. Por eso también el reflujo se reparte en períodos sucesivos más cortos, de modo que una parte está constantemente transformada en capital dinerario mientras la otra circula como capital mercantil. Mediante este reparto del reflujo en varios períodos sucesivos se acorta el tiempo global de circulación y, por tanto, también la rotación. En primer lugar, la mayor o menor frecuencia con que funcionan los medios de transporte, por ejemplo el número de trenes de un ferrocarril, se desarrolla, de un lado, en la medida en que un lugar de producción produce más, se convierte en un centro de producción mayor, y en la dirección del mercado de venta ya existente, es decir, hacia los grandes centros de producción y de población, los puertos de exportación, etc. Pero, de otro lado, esta particular facilidad de tráfico y la rotación acelerada del capital que de ella resulta (en la medida en que depende del tiempo de circulación) provocan a su vez una concentración acelerada del centro de producción, por una parte, y de su mercado, por otra. Con la concentración así acelerada de masas de hombres y de capital en puntos dados avanza la concentración de esas masas de capital en pocas manos. Al mismo tiempo se producen a su vez desplazamientos y trastornos a consecuencia del cambio en la situación relativa de los lugares de producción y de mercado que traen consigo los nuevos medios de comunicación. Un lugar de producción que, por estar junto a una carretera o un canal, gozaba de una particular ventaja de posición se encuentra ahora junto a un único ramal ferroviario que solo funciona a intervalos relativamente largos, mientras que otro punto, que quedaba del todo apartado de las grandes vías de comunicación, está ahora en el cruce de varias líneas. El segundo lugar prospera, el primero decae. El cambio de los medios de transporte produce así una diferencia local en el tiempo de circulación de las mercancías, en las ocasiones de comprar, de vender, etc., o bien la diferencia local ya existente se reparte de otro modo. La importancia de esta circunstancia para la rotación del capital se pone de manifiesto en las disputas de los representantes comerciales e industriales de las distintas plazas con las direcciones de los ferrocarriles. (Véase, por ejemplo, el libro azul del Railway Committee citado más arriba.)

Todas las ramas de la producción que, por la naturaleza de su producto, dependen principalmente de la venta local, como las cervecerías, se desarrollan por eso en sus mayores dimensiones en los grandes centros de población. La rotación más rápida del capital compensa aquí en parte el encarecimiento de algunas condiciones de producción, del solar, etc.

Si, por una parte, con el progreso de la producción capitalista, el desarrollo de los medios de transporte y de comunicación acorta el tiempo de circulación para una cantidad dada de mercancías, ese mismo progreso y la posibilidad que trae consigo el desarrollo de los medios de transporte y de comunicación producen, a la inversa, la necesidad de trabajar para mercados cada vez más lejanos, en una palabra, para el mercado mundial. La masa de las mercancías que están en viaje y que viajan hacia puntos lejanos crece enormemente y, por tanto, crece también, absoluta y relativamente, la parte del capital social que se encuentra constantemente, durante plazos más largos, en el estadio de capital mercantil, dentro del tiempo de circulación. Con ello crece al mismo tiempo la parte de la riqueza social que, en lugar de servir como medio directo de producción, se invierte en medios de transporte y de comunicación y en el capital fijo y circulante que exige su explotación.

La mera longitud relativa del viaje de la mercancía desde el lugar de producción hasta el de venta produce una diferencia no solo en la primera parte del tiempo de circulación, el tiempo de venta, sino también en la segunda parte, la reconversión del dinero en los elementos del capital productivo, el tiempo de compra. Por ejemplo, la mercancía se envía a la India. Esto dura, digamos, cuatro meses. Supongamos que el tiempo de venta es 0, es decir, que la mercancía se envía por encargo y se paga al entregarla al agente del productor. El envío de vuelta del dinero (la forma en que se devuelve es aquí indiferente) dura otros cuatro meses. Así pues, pasan en total ocho meses antes de que el mismo capital pueda volver a funcionar como capital productivo y pueda renovarse con él la misma operación. Las diferencias que así se producen en la rotación constituyen uno de los fundamentos materiales de los distintos plazos de crédito, del mismo modo que el comercio de ultramar, por ejemplo en Venecia y Génova, constituye en general una de las fuentes del sistema crediticio propiamente dicho.

«La crisis de 1847 permitió a la banca y al comercio de aquella época reducir la usanza30 india y china» (para el plazo de las letras de cambio entre aquellos países y Europa) «de diez meses fecha a seis meses vista, y el transcurso de veinte años, con la aceleración de la navegación y el establecimiento de telégrafos, hace necesaria ahora una nueva reducción, de seis meses vista a cuatro meses fecha, como primer paso hacia cuatro meses vista. El viaje de un velero de Calcuta a Londres doblando el Cabo dura por término medio menos de 90 días. Una usanza de cuatro meses vista equivaldría a un plazo de, digamos, 150 días. La usanza actual de seis meses vista equivale a un plazo de, digamos, 210 días». (London Economist, 16 de junio de 1866.)

En cambio:

«La usanza brasileña sigue siendo de dos y tres meses vista; las letras de Amberes» (sobre Londres) «se giran a tres meses fecha, e incluso Manchester y Bradford giran sobre Londres a tres meses y a plazos más largos. Por un acuerdo tácito se da así al comerciante ocasión suficiente de realizar su mercancía, no antes, ciertamente, pero sí hasta el momento en que vencen las letras giradas contra ella. Por eso la usanza de las letras indias no es excesiva. Los productos indios, que en Londres se venden casi siempre a tres meses de plazo, no pueden realizarse, si se cuenta algún tiempo para la venta, en mucho menos de cinco meses, mientras que entre la compra en la India y la entrega en el almacén inglés transcurren por término medio otros cinco meses. Tenemos aquí un período de diez meses, mientras que las letras giradas contra las mercancías no corren más de siete meses». (Ibid., 30 de junio de 1866.) «El 2 de julio de 1866, cinco grandes bancos de Londres que operan principalmente con la India y China, así como el Comptoir d'Escompte de París, notificaron que a partir del 1 de enero de 1867 sus sucursales y agencias en Oriente solo comprarían y venderían letras giradas a no más de cuatro meses vista». (Ibidem, 7 de julio de 1866.)

Esta reducción fracasó, sin embargo, y hubo que abandonarla. (Desde entonces el canal de Suez ha revolucionado todo esto.)

Se comprende que con el tiempo de circulación más largo de las mercancías aumente el riesgo de un cambio de precios en el mercado de venta, puesto que crece el período dentro del cual pueden producirse cambios de precios.

Una diferencia en el tiempo de circulación, en parte individual entre distintos capitales individuales de la misma rama de negocio, en parte entre distintas ramas de negocio según las distintas usanzas, allí donde no se paga enseguida al contado, nace de los distintos plazos de pago en la compra y en la venta. No nos detenemos aquí más en este punto, importante para el sistema crediticio.

Del volumen de los contratos de suministro, y este crece con el volumen y la escala de la producción capitalista, nacen también diferencias en el tiempo de rotación. El contrato de suministro, como transacción entre comprador y vendedor, es una operación que pertenece al mercado, a la esfera de la circulación. Las diferencias en el tiempo de rotación que de ahí resultan nacen, pues, de la esfera de la circulación, pero repercuten inmediatamente sobre la esfera de la producción, y ello prescindiendo de todos los plazos de pago y relaciones de crédito, es decir, también en el caso de pago al contado. El carbón, el algodón, el hilo, etc., por ejemplo, son productos discretos. Cada día suministra su cantidad de producto terminado. Pero si el hilandero o el propietario de la mina se comprometen a suministrar masas de producto que exigen, digamos, un período de cuatro o seis semanas de jornadas laborales consecutivas, eso es, en lo que respecta al lapso de tiempo durante el cual hay que adelantar capital, exactamente lo mismo que si en este proceso de trabajo se hubiera introducido un período de trabajo continuo de cuatro o seis semanas. Aquí se supone, naturalmente, que toda la masa de producto encargada ha de entregarse de una vez o que, al menos, no se paga hasta que se ha entregado por completo. Así pues, considerado por separado, cada día ha suministrado su cantidad determinada de producto terminado. Pero esta masa terminada no es nunca más que una parte de la masa que hay que entregar según el contrato. Aunque en este caso la parte ya terminada de las mercancías encargadas no se encuentre ya en el proceso de producción, yace sin embargo en el almacén como capital solo potencial.

Pasemos ahora a la segunda fase del tiempo de circulación: el tiempo de compra, o la fase durante la cual el capital se reconvierte de la forma de dinero en los elementos del capital productivo. Durante esta fase tiene que permanecer un tiempo más o menos largo en su estado de capital dinerario; por tanto, una determinada parte del capital global adelantado tiene que encontrarse continuamente en el estado de capital dinerario, aunque esta parte se componga de elementos que cambian sin cesar. Por ejemplo, en un negocio determinado, del capital global adelantado tienen que existir n × 100 £ en la forma de capital dinerario, de modo que, mientras todos los componentes de estas n × 100 £ se transforman continuamente en capital productivo, esta suma se completa sin embargo de nuevo con la misma constancia gracias a la afluencia procedente de la circulación, del capital mercantil realizado. Una determinada parte de valor del capital adelantado se encuentra, pues, constantemente en el estado de capital dinerario, es decir, en una forma que no pertenece a su esfera de producción, sino a su esfera de circulación.

Ya se ha visto que la prolongación, causada por la distancia del mercado, del tiempo en que el capital está confinado en la forma de capital mercantil provoca directamente un reflujo retrasado del dinero y, por tanto, retrasa también la transformación del capital de capital dinerario en capital productivo.

Se ha visto además (cap. VI) cómo, por lo que se refiere a la compra de las mercancías, el tiempo de compra, la mayor o menor distancia respecto de las principales fuentes de abastecimiento de materia prima, obliga a comprar materia prima para períodos más largos y a mantenerla disponible en forma de reserva productiva, de capital productivo latente o potencial; que, por tanto, aumenta, con una escala de la producción por lo demás igual, la masa del capital que hay que adelantar de una vez y el tiempo durante el cual hay que adelantarlo.

De modo parecido actúan en distintas ramas de negocio los períodos —más cortos o más largos— en que se lanzan al mercado masas mayores de materia prima. Así, por ejemplo, en Londres se celebran cada tres meses grandes subastas de lana que dominan el mercado lanero, mientras que el mercado del algodón se renueva de cosecha en cosecha de manera en conjunto continua, aunque no siempre uniforme. Tales períodos determinan las principales fechas de compra de estas materias primas y actúan en particular sobre las compras especulativas, que condicionan adelantos más largos o más cortos en estos elementos de producción, exactamente igual que la naturaleza de las mercancías producidas actúa sobre la retención especulativa, deliberada, más larga o más corta, del producto en forma de capital mercantil potencial.

«El agricultor tiene, pues, que ser también hasta cierto punto especulador y, por tanto, retener la venta de sus productos según lo aconsejen las circunstancias del momento…».

Siguen algunas reglas generales.

«Sin embargo, en la venta de los productos lo que más cuenta es la persona, el producto mismo y la localidad. Quien, con habilidad y suerte (!), esté provisto de suficiente capital de explotación no será de censurar si alguna vez deja su cosecha almacenada un año cuando los precios son inusualmente bajos; en cambio, a quien le falte capital de explotación o, en general (!), espíritu especulativo, procurará alcanzar los precios medios corrientes y tendrá, por tanto, que vender en cuanto y cada vez que tenga ocasión. Dejar la lana almacenada más de un año casi siempre solo traerá perjuicio, mientras que los cereales y las semillas oleaginosas pueden conservarse un par de años sin menoscabo de su calidad y bondad. Los productos que suelen estar sujetos a grandes alzas y bajas en cortos espacios de tiempo, como, por ejemplo, las semillas oleaginosas, el lúpulo, el cardo de cardar y similares, se dejan con razón almacenados en los años en que el precio está muy por debajo de los precios de producción. Lo que menos debe demorarse es la venta de aquellos objetos que ocasionan gastos diarios de mantenimiento, como el ganado cebado, o que están expuestos a echarse a perder, como la fruta, las patatas, etc. En algunas comarcas un producto alcanza por término medio su precio más bajo en ciertas estaciones del año y, en cambio, el más alto en otras; así, por ejemplo, en algunos lugares el grano está por término medio más barato hacia San Martín que entre Navidad y Pascua. Además, en algunas comarcas ciertos productos solo se venden bien en determinadas épocas, como ocurre, por ejemplo, con la lana en los mercados laneros de aquellas comarcas donde, por lo demás, el comercio de la lana suele estar paralizado, etc.». (Kirchhof, p. 302.)

Al considerar la segunda mitad del tiempo de circulación, en la que el dinero se reconvierte en los elementos del capital productivo, entra en consideración no solo esta conversión misma, tomada en sí; no solo el tiempo en que refluye el dinero según la distancia del mercado en el que se vende el producto; entra también en consideración, sobre todo, la medida en que una parte del capital adelantado tiene que encontrarse constantemente en forma de dinero, en el estado de capital dinerario.

Prescindiendo de toda especulación, el volumen de las compras de aquellas mercancías que tienen que existir constantemente como reserva productiva depende de los plazos de renovación de esta reserva, es decir, de circunstancias que a su vez dependen de las condiciones del mercado y que son, por tanto, distintas para las distintas materias primas, etc.; aquí hay que adelantar, pues, de cuando en cuando dinero en cantidades mayores de una vez. Este dinero refluye, según la rotación del capital, más rápida o más lentamente, pero siempre de manera fraccionada. Una parte de él se gasta de nuevo con la misma constancia en espacios de tiempo más cortos, a saber, la parte reconvertida en salario. Pero otra parte, la que ha de reconvertirse en materia prima, etc., tiene que acumularse durante espacios de tiempo más largos, como fondo de reserva, ya sea para la compra, ya sea para el pago. Existe, por tanto, en la forma de capital dinerario, aunque varíe la medida en que existe como tal.

Veremos en el próximo capítulo cómo otras circunstancias, nazcan del proceso de producción o del de circulación, hacen necesaria esta existencia de una determinada porción del capital adelantado en forma de dinero. Pero hay que observar en general que los economistas son muy propensos a olvidar que una parte del capital necesario en el negocio no solo recorre constantemente, alternándolas, las tres formas de capital dinerario, capital productivo y capital mercantil, sino que distintas porciones de él poseen constantemente estas formas unas junto a otras, aunque la magnitud relativa de estas porciones cambie sin cesar. Es en particular la parte que existe constantemente como capital dinerario la que olvidan los economistas, aunque precisamente esta circunstancia es muy necesaria para comprender la economía burguesa y por eso se hace valer también como tal en la práctica.

Capítulo decimoquinto. Efecto del tiempo de rotación sobre la magnitud del adelanto de capital

En este capítulo y en el siguiente, el decimosexto, tratamos de la influencia del tiempo de rotación sobre la valorización del capital.

Tomemos el capital mercantil que es el producto de un período de trabajo, por ejemplo, de nueve semanas. Si prescindimos por el momento tanto de la parte de valor del producto que se le añade por el desgaste medio del capital fijo como de la plusvalía que se le añade durante el proceso de producción, el valor de este producto es igual al valor del capital fluido adelantado para su producción, es decir, del salario y de las materias primas y auxiliares consumidas en su producción. Sea este valor = 900 £, de modo que el desembolso semanal asciende a 100 £. El tiempo periódico de producción, que aquí coincide con el período de trabajo, es, pues, de 9 semanas. Es indiferente a este respecto que se suponga que se trata de un período de trabajo para un producto continuo o de un período de trabajo continuo para un producto discreto, con tal de que la cantidad de producto discreto que se lleva de una vez al mercado cueste 9 semanas de trabajo. Supongamos que el tiempo de circulación dura 3 semanas. El período de rotación entero dura, pues, 12 semanas. Transcurridas 9 semanas, el capital productivo adelantado se ha transformado en capital mercantil, pero ahora mora tres semanas en el período de circulación. El nuevo plazo de producción no puede, pues, comenzar de nuevo hasta principios de la 13.ª semana, y la producción quedaría parada durante tres semanas, o durante una cuarta parte del período de rotación entero. Es también indiferente que se suponga que se tarda por término medio todo ese tiempo hasta que se vende la mercancía, o que ese tiempo está condicionado por la distancia del mercado o por los plazos de pago de la mercancía vendida. Cada 3 meses la producción estaría parada 3 semanas, es decir, durante el año 4 × 3 = 12 semanas = 3 meses = 1/4 del período anual de rotación. Por tanto, si la producción ha de ser continua y llevarse a cabo semana tras semana en la misma escala, solo hay dos posibilidades.

O bien hay que reducir la escala de la producción, de modo que las 900 £ basten para mantener el trabajo en marcha tanto durante el período de trabajo como durante el tiempo de circulación de la primera rotación. Con la 10.ª semana se abre entonces un segundo período de trabajo, y por tanto también un segundo período de rotación, antes de que haya terminado el primer período de rotación, pues el período de rotación es de doce semanas y el período de trabajo de nueve. 900 £ repartidas en 12 semanas dan 75 £ por semana. En primer lugar, está claro que semejante escala reducida del negocio supone unas dimensiones modificadas del capital fijo y, por tanto, en general una instalación del negocio reducida. En segundo lugar, es dudoso que esta reducción pueda tener lugar en absoluto, ya que, conforme al desarrollo de la producción en los distintos negocios, existe un mínimo normal de inversión de capital por debajo del cual el negocio individual deja de poder competir. Este mínimo normal crece a su vez constantemente con el desarrollo capitalista de la producción; no es, por tanto, fijo. Pero entre el mínimo normal dado en cada momento y el máximo normal, que se amplía sin cesar, se dan numerosos escalones intermedios: un término medio que admite grados muy distintos de inversión de capital. Dentro de los límites de este término medio puede tener lugar, por tanto, también una reducción, cuyo límite es el propio mínimo normal de cada momento. — Cuando la producción se atasca, los mercados se saturan, la materia prima se encarece, etc., se restringe el desembolso normal de capital circulante, sobre una base dada de capital fijo, restringiendo el tiempo de trabajo, por ejemplo trabajando solo medias jornadas; del mismo modo que en tiempos de prosperidad, sobre una base dada de capital fijo, se produce una expansión anormal del capital circulante, en parte prolongando el tiempo de trabajo, en parte intensificándolo. En los negocios que de antemano cuentan con tales oscilaciones, uno se las arregla en parte con los medios anteriores, en parte con el empleo simultáneo de un número mayor de obreros, unido al empleo de capital fijo de reserva, por ejemplo locomotoras de reserva en el ferrocarril, etc. Pero tales oscilaciones anormales quedan aquí fuera de consideración, puesto que suponemos condiciones normales.

Así pues, para hacer continua la producción, el gasto del mismo capital circulante se reparte aquí en un lapso más largo, en 12 semanas en lugar de 9. En cada espacio de tiempo dado funciona, por tanto, un capital productivo reducido; la parte fluida del capital productivo se ha reducido de 100 a 75, o en una cuarta parte. La suma total en que se reduce el capital productivo que funciona durante el período de trabajo de 9 semanas es = 9 × 25 = 225 £, o 1/4 de 900 £. Pero la relación del tiempo de circulación con el período de rotación es también 3/12 = 1/4. De ello se sigue: si la producción no ha de interrumpirse durante el tiempo de circulación del capital productivo transformado en capital mercantil, si más bien ha de proseguirse simultánea y continuamente semana tras semana, y no se dispone para ello de ningún capital circulante especial, esto solo puede conseguirse disminuyendo la explotación productiva, reduciendo el componente fluido del capital productivo en funciones. La parte fluida del capital así liberada para la producción durante el tiempo de circulación es al capital fluido global adelantado como el tiempo de circulación al período de rotación. Esto vale, como ya se ha observado, solo para las ramas de la producción en las que el proceso de trabajo se lleva a cabo semana tras semana en la misma escala, en las que, por tanto, no hay que desembolsar sumas de capital que varían en distintos períodos de trabajo, como en la agricultura.

Pero si suponemos, a la inversa, que la instalación del negocio excluye una reducción de la escala de la producción y, por tanto, también del capital fluido que hay que adelantar semanalmente, la continuidad de la producción solo puede conseguirse mediante un capital fluido adicional, en el caso anterior de 300 £. Durante el período de rotación de 12 semanas se adelantan sucesivamente 1.200 £, de las cuales 300 son la cuarta parte, como 3 semanas lo son de 12. Tras el período de trabajo de 9 semanas, el valor de capital de 900 £ se ha transformado de la forma de capital productivo en la forma de capital mercantil. Su período de trabajo ha concluido, pero no puede renovarse con el mismo capital. Durante las tres semanas en que mora en la esfera de la circulación, en que funciona como capital mercantil, se encuentra, respecto del proceso de producción, en el mismo estado que si no existiera en absoluto. Se prescinde aquí de todas las relaciones de crédito y se supone, por tanto, que el capitalista opera solo con capital propio. Pero mientras el capital adelantado para el primer período de trabajo, una vez consumado el proceso de producción, permanece 3 semanas en el proceso de circulación, funciona un capital de 300 £ desembolsado adicionalmente, de modo que no se interrumpe la continuidad de la producción.

Hay que observar aquí lo siguiente:

Primero: el período de trabajo del capital de 900 £ adelantado en primer lugar termina a las 9 semanas, y no refluye antes de 3 semanas, es decir, hasta el comienzo de la 13.ª semana. Pero con el capital adicional de 300 £ se abre de inmediato un nuevo período de trabajo. Precisamente así se establece la continuidad de la producción.

Segundo: las funciones del capital originario de 900 £ y del capital de 300 £ añadido nuevamente al final del primer período de trabajo de 9 semanas, que abre sin interrupción el segundo período de trabajo una vez concluido el primero, están exactamente separadas en el primer período de rotación, o al menos pueden estarlo, mientras que en el curso del segundo período de rotación, por el contrario, se entrecruzan.

Representémonos la cosa de forma sensible:

Primer período de rotación, de 12 semanas. Primer período de trabajo, de 9 semanas; la rotación del capital adelantado en él se completa a comienzos de la 13.ª semana. Durante las 3 últimas semanas funciona el capital adicional de 300 £ y abre el segundo período de trabajo, de 9 semanas.

Segundo período de rotación. A comienzos de la 13.ª semana han refluido 900 £, capaces de empezar una nueva rotación. Pero el segundo período de trabajo ya ha sido abierto en la 10.ª semana por las 300 £ adicionales; a comienzos de la 13.ª semana, gracias a ellas, ya se ha completado un tercio del período de trabajo y 300 £ se han transformado de capital productivo en producto. Como solo hacen falta ya 6 semanas para terminar el segundo período de trabajo, solo dos tercios del capital refluido de 900 £, es decir, solo 600 £, pueden entrar en el proceso de producción del segundo período de trabajo. De las 900 £ originarias, 300 £ quedan liberadas para desempeñar el mismo papel que desempeñó en el primer período de trabajo el capital añadido de 300 £. Al final de la 6.ª semana del segundo período de rotación concluye el segundo período de trabajo. El capital de 900 £ desembolsado en él refluye a las 3 semanas, es decir, al final de la 9.ª semana del segundo período de rotación de doce semanas. Durante las 3 semanas de su tiempo de circulación entra en acción el capital liberado de 300 £. Con ello comienza el tercer período de trabajo de un capital de 900 £ en la 7.ª semana del segundo período de rotación, o en la 19.ª semana del año.

Tercer período de rotación. Al final de la 9.ª semana del segundo período de rotación, nuevo reflujo de 900 £. Pero el tercer período de trabajo ya ha comenzado en la 7.ª semana del período de rotación anterior, y ya han transcurrido 6 semanas. Solo dura, pues, otras 3 semanas. De las 900 £ refluidas, solo 300 £ entran, por tanto, en el proceso de producción. El cuarto período de trabajo ocupa las 9 semanas restantes de este período de rotación, y así, con la 37.ª semana del año, comienzan a la vez el cuarto período de rotación y el quinto período de trabajo.

Para simplificar el caso a efectos de cálculo, supongamos: período de trabajo, 5 semanas; tiempo de circulación, 5 semanas; por tanto, período de rotación de 10 semanas; el año, contado a 50 semanas; desembolso de capital por semana, 100 £. El período de trabajo exige, pues, un capital fluido de 500 £, y el tiempo de circulación un capital adicional de otras 500 £. Los períodos de trabajo y los tiempos de rotación se presentan entonces como sigue:

Período de trabajoSemana£ de mercancíaretorna
1.1-5500al final de la 10.ª semana
2.6-10500al final de la 15.ª semana
3.11-15500al final de la 20.ª semana
4.16-20500al final de la 25.ª semana
5.21-25500al final de la 30.ª semana
etc.

Si el tiempo de circulación = 0, y por tanto el período de rotación es igual al período de trabajo, el número de rotaciones es igual al número de períodos de trabajo en el año. Con un período de trabajo de cinco semanas, pues, 50/5 semanas = 10, y el valor del capital rotado sería = 500 × 10 = 5.000. En la tabla, donde se supone un tiempo de circulación de 5 semanas, se producen igualmente cada año mercancías por valor de 5.000 £, pero de ellas 1/10 = 500 £ se encuentra siempre en forma de capital mercantil y no refluye hasta pasadas 5 semanas. Al final del año, el producto del décimo período de trabajo (semanas de trabajo 46.ª-50.ª) solo ha completado a medias su tiempo de rotación, pues su tiempo de circulación cae en las 5 primeras semanas del año siguiente.

Tomemos todavía un tercer ejemplo: período de trabajo, 6 semanas; tiempo de circulación, 3 semanas; adelanto semanal en el proceso de trabajo, 100 £.

1.er período de trabajo: semanas 1.ª-6.ª. Al final de la 6.ª semana, un capital mercantil de 600 £, que retorna al final de la 9.ª semana.

2.º período de trabajo: semanas 7.ª-12.ª. Durante las semanas 7.ª-9.ª se adelantan 300 £ de capital adicional. Al final de la 9.ª semana, reflujo de 600 £. De ellas se adelantan 300 £ en las semanas 10.ª-12.ª; al final de la 12.ª semana hay, pues, 300 £ fluidas y 600 £ existentes en capital mercantil, que retornan al final de la 15.ª semana.

3.er período de trabajo: semanas 13.ª-18.ª. En las semanas 13.ª-15.ª, adelanto de las 300 £ anteriores; luego, reflujo de 600 £, de las cuales se adelantan 300 £ para las semanas 16.ª-18.ª. Al final de la 18.ª semana, 300 £ fluidas en dinero; 600 £ existentes en capital mercantil, que refluye al final de la 21.ª semana. (Véase la exposición más detallada de este caso en el apartado II, más abajo.)

Así pues, en 9 períodos de trabajo (= 54 semanas) se producen 600 × 9 = 5.400 £ de mercancía. Al final del noveno período de trabajo, el capitalista posee 300 £ en dinero y 600 £ en mercancía que aún no ha recorrido su tiempo de circulación.

Al comparar estos tres ejemplos encontramos, en primer lugar, que solo en el segundo ejemplo tiene lugar un relevo sucesivo del capital I de 500 £ y del capital adicional II, también de 500 £, de modo que estas dos partes del capital se mueven separadas una de otra, y ello solo porque aquí se ha hecho el supuesto del todo excepcional de que el período de trabajo y el tiempo de circulación forman dos mitades iguales del período de rotación. En todos los demás casos, sea cual fuere la desigualdad entre los dos períodos del período de rotación, los movimientos de los dos capitales se entrecruzan, como en los ejemplos I y III, ya a partir del segundo período de rotación. El capital adicional II forma entonces, junto con una parte del capital I, el capital que funciona en el segundo período de rotación, mientras que el resto del capital I queda liberado para la función originaria del capital II. El capital activo durante el tiempo de circulación del capital mercantil no es aquí idéntico al capital II adelantado originariamente con este fin, pero le es igual en valor y forma la misma parte alícuota del capital global adelantado.

En segundo lugar: el capital que ha funcionado durante el período de trabajo está inactivo durante el tiempo de circulación. En el segundo ejemplo, el capital funciona durante las 5 semanas del período de trabajo y está inactivo durante las 5 semanas del tiempo de circulación. El tiempo total durante el cual el capital I está aquí inactivo en el curso del año asciende, pues, a medio año. Durante ese tiempo entra entonces el capital adicional II, que, por tanto, en el caso presente está a su vez inactivo también medio año. Pero el capital adicional necesario para asegurar la continuidad de la producción durante el tiempo de circulación no está determinado por el volumen total, o sea, por la suma de los tiempos de circulación dentro del año, sino solo por la relación del tiempo de circulación con el período de rotación. (Se supone aquí, naturalmente, que todas las rotaciones se efectúan en las mismas condiciones.) Por eso en el ejemplo II hacen falta 500 £ de capital adicional, no 2.500 £. Esto se debe sencillamente a que el capital adicional entra en la rotación igual que el adelantado originariamente y, por tanto, exactamente como este, repone su masa mediante el número de sus rotaciones.

En tercer lugar: que el tiempo de producción sea más largo que el tiempo de trabajo no altera en nada las circunstancias aquí consideradas. Con ello se alargan, ciertamente, los períodos globales de rotación, pero esta rotación prolongada no exige ningún capital adicional para el proceso de trabajo. El capital adicional solo tiene la finalidad de llenar los huecos que el tiempo de circulación produce en el proceso de trabajo; solo ha de proteger, pues, la producción contra las perturbaciones que nacen del tiempo de circulación; las perturbaciones que nacen de las propias condiciones de la producción han de compensarse de otro modo, que aquí no hay que considerar. Hay, en cambio, negocios en los que solo se trabaja a golpes, por encargo, en los que, por tanto, pueden producirse interrupciones entre los períodos de trabajo. En ellos desaparece pro tanto31 la necesidad del capital adicional. Por otra parte, en la mayoría de los casos de trabajo estacional está dado también un cierto límite para el tiempo del reflujo. El mismo trabajo no puede renovarse con el mismo capital el año siguiente si entretanto no ha transcurrido el tiempo de circulación de este capital. En cambio, el tiempo de circulación puede ser también más corto que el intervalo entre un período de producción y el siguiente. En este caso, el capital queda inactivo, si no se emplea de otro modo en el tiempo intermedio.

En cuarto lugar: el capital adelantado para un período de trabajo, por ejemplo las 600 £ del ejemplo III, se desembolsa en parte en materias primas y auxiliares, en reserva productiva para el período de trabajo, en capital constante circulante, y en parte en capital variable circulante, en pago del trabajo mismo. La parte desembolsada en capital constante circulante puede no existir durante el mismo lapso en forma de reserva productiva; por ejemplo, la materia prima puede no estar almacenada para todo el período de trabajo y el carbón puede adquirirse solo cada dos semanas. Sin embargo —como aquí el crédito sigue excluido—, esta parte del capital, en la medida en que no está disponible en forma de reserva productiva, tiene que permanecer disponible en forma de dinero para transformarse en reserva productiva según las necesidades. Esto no altera en nada la magnitud del valor de capital constante circulante adelantado para 6 semanas. En cambio —prescindiendo de la reserva de dinero para gastos imprevistos, el fondo de reserva propiamente dicho para compensar perturbaciones—, el salario se paga en períodos más cortos, casi siempre semanalmente. Por tanto, a menos que el capitalista obligue al obrero a hacerle adelantos más largos de su trabajo, el capital necesario para el salario tiene que existir en forma de dinero. Al refluir el capital, una parte tiene que retenerse, pues, en forma de dinero para el pago del trabajo, mientras que la otra parte puede transformarse en reserva productiva.

El capital adicional se divide exactamente igual que el originario. Pero lo que lo distingue del capital I es que (prescindiendo de las relaciones de crédito), para estar disponible para su propio período de trabajo, tiene que estar adelantado ya durante toda la duración del primer período de trabajo del capital I, en el que no entra. Durante este tiempo puede transformarse ya, al menos en parte, en capital constante circulante, que está adelantado para todo el período de rotación. Hasta qué punto adopta esta forma o hasta qué punto permanece en la forma de capital dinerario adicional hasta el momento en que se hace necesaria esta transformación dependerá en parte de las condiciones particulares de producción de determinadas ramas de negocio, en parte de circunstancias locales, en parte de las oscilaciones de precios de las materias primas, etc. Si se considera el capital social global, una parte más o menos importante de este capital adicional se encontrará siempre durante largo tiempo en el estado de capital dinerario. En cambio, por lo que se refiere a la parte del capital II que hay que adelantar en salario, solo se transforma siempre poco a poco en fuerza de trabajo, a medida que transcurren y se pagan períodos de trabajo más pequeños. Esta parte del capital II existe, pues, durante toda la duración del período de trabajo en la forma de capital dinerario, hasta que, al transformarse en fuerza de trabajo, entra en la función del capital productivo.

Esta entrada del capital adicional exigido para transformar en tiempo de producción el tiempo de circulación del capital I no solo aumenta, pues, la magnitud del capital adelantado y la duración del tiempo durante el cual se adelanta necesariamente el capital global, sino que aumenta también específicamente la parte del capital adelantado que existe como reserva de dinero, es decir, que se encuentra en el estado de capital dinerario y posee la forma de capital dinerario potencial.

Lo mismo ocurre —tanto en lo que se refiere al adelanto en forma de reserva productiva como en forma de reserva de dinero— cuando la escisión del capital en dos partes exigida por el tiempo de circulación, capital para el primer período de trabajo y capital de reemplazo para el tiempo de circulación, no se produce mediante un aumento del capital desembolsado, sino mediante una disminución de la escala de la producción. En proporción a la escala de la producción, el aumento del capital confinado en forma de dinero crece aquí incluso más.

Lo que se consigue en general con este reparto del capital en capital productivo originario y capital adicional es la sucesión ininterrumpida de los períodos de trabajo, la función constante de una parte de igual magnitud del capital adelantado como capital productivo.

Examinemos el ejemplo II. El capital que se encuentra constantemente en el proceso de producción es de 500 £. Como el período de trabajo = 5 semanas, trabaja diez veces durante 50 semanas (tomadas como año). El producto asciende, por tanto, prescindiendo de la plusvalía, a 10 × 500 = 5.000 £. Desde el punto de vista del capital que trabaja directa e ininterrumpidamente en el proceso de producción —un valor de capital de 500 £—, el tiempo de circulación aparece, pues, completamente borrado. El período de rotación coincide con el período de trabajo; el tiempo de circulación se ha puesto = 0.

Si, en cambio, el capital de 500 £ se viera regularmente frenado en su actividad productiva por el tiempo de circulación de 5 semanas, de modo que no volviera a ser capaz de producir hasta haber terminado todo el período de rotación de 10 semanas, tendríamos en las 50 semanas del año 5 rotaciones de diez semanas; en ellas, 5 períodos de producción de cinco semanas, es decir, en total 25 semanas de producción con un producto global de 5 × 500 = 2.500 £; 5 tiempos de circulación de cinco semanas, es decir, un tiempo global de circulación igualmente de 25 semanas. Si decimos aquí que el capital de 500 £ ha rotado cinco veces en el año, es visible y claro que durante la mitad de cada período de rotación este capital de 500 £ no ha funcionado en absoluto como capital productivo y que, sumándolo todo, solo ha funcionado durante medio año, y durante el otro medio año, en cambio, no ha funcionado en absoluto.

En nuestro ejemplo, durante estos cinco tiempos de circulación entra el capital de reemplazo de 500 £, y con ello la rotación se eleva de 2.500 a 5.000 £. Pero ahora el capital adelantado es también de 1.000 £ en lugar de 500 £. 5.000 dividido por 1.000 es igual a 5. Así pues, cinco rotaciones en lugar de diez. Y así es, en efecto, como se calcula. Pero cuando se dice entonces que el capital de 1.000 £ ha rotado cinco veces en el año, en los huecos cráneos capitalistas se desvanece el recuerdo del tiempo de circulación y se forma la idea confusa de que este capital ha funcionado constantemente en el proceso de producción durante las cinco rotaciones sucesivas. Pero si decimos que este capital de 1.000 £ ha rotado cinco veces, en ello está incluido tanto el tiempo de circulación como el tiempo de producción. De hecho, si realmente hubieran estado continuamente activas en el proceso de producción 1.000 £, el producto, según nuestros supuestos, tendría que ser de 10.000 £ en lugar de 5.000. Pero para tener 1.000 £ continuamente en el proceso de producción habría que haber adelantado en total 2.000 £. Los economistas, en los que no hay manera de encontrar nada claro sobre el mecanismo de la rotación, pasan continuamente por alto este momento capital: que solo una parte del capital industrial puede estar efectivamente comprometida en el proceso de producción si la producción ha de avanzar ininterrumpidamente. Mientras una parte se encuentra en el período de producción, otra parte tiene que encontrarse siempre en el período de circulación. O, con otras palabras, una parte solo puede funcionar como capital productivo a condición de que otra parte permanezca sustraída a la producción propiamente dicha en la forma de capital mercantil o de capital dinerario. Al pasar esto por alto se pasa por alto en general el significado y el papel del capital dinerario.

Tenemos que examinar ahora qué diferencia se presenta en la rotación según que los dos tramos del período de rotación —período de trabajo y período de circulación— sean iguales entre sí o que el período de trabajo sea mayor o menor que el período de circulación, y además cómo influye esto en la inmovilización de capital en la forma de capital dinerario.

Suponemos que el capital que hay que adelantar semanalmente es en todos los casos de 100 £ y que el período de rotación es de 9 semanas, de modo que el capital que hay que adelantar para cada período de rotación = 900 £.

I. Período de trabajo igual al período de circulación

Este caso, aunque en la realidad no es más que una excepción fortuita, tiene que servir como punto de partida de la investigación, porque en él las relaciones se presentan del modo más sencillo y palpable.

Los dos capitales (el capital I, adelantado para el primer período de trabajo, y el capital adicional II, que funciona durante el período de circulación del capital I) se relevan en sus movimientos sin entrecruzarse. Por eso, con excepción del primer período, cada uno de los dos capitales está adelantado solo para su propio período de rotación. Sea el período de rotación, como en los ejemplos siguientes, de 9 semanas, y el período de trabajo y el período de circulación, por tanto, de 4 1/2 semanas cada uno. Tenemos entonces el siguiente esquema anual:

Tabla I

Capital I

Períodos de rotaciónPeríodos de trabajoAdelanto, £Períodos de circulación
SemanaSemanaSemana
I.1-91-4 1/24504 1/2-9
II.10-1810-13 1/245013 1/2-18
III.19-2719-22 1/245022 1/2-27
IV.28-3628-31 1/245031 1/2-36
V.37-4537-40 1/245040 1/2-45
VI.46-(54)46-49 1/245049 1/2-(54)32

Capital II

Períodos de rotaciónPeríodos de trabajoAdelanto, £Períodos de circulación
SemanaSemanaSemana
I.4 1/2-13 1/24 1/2-945010-13 1/2
II.13 1/2-22 1/213 1/2-1845019-22 1/2
III.22 1/2-31 1/222 1/2-2745028-31 1/2
IV.31 1/2-40 1/231 1/2-3645037-40 1/2
V.40 1/2-49 1/240 1/2-4545046-49 1/2
VI.49 1/2-(58 1/2)49 1/2-(54)450(55-58 1/2)

Dentro de las 51 semanas que tomamos aquí como año, el capital I ha completado seis períodos de trabajo enteros y ha producido, por tanto, mercancías por 6 × 450 = 2.700 £, y el capital II, en cinco períodos de trabajo enteros, por 5 × 450 = 2.250 £. Además, el capital II ha producido todavía, en las últimas 1 1/2 semanas del año (de mediados de la 50.ª al final de la 51.ª semana), por 150 £: producto global en 51 semanas, 5.100 £. Por lo que respecta a la producción directa de plusvalía, que solo se produce durante el período de trabajo, el capital global de 900 £ habría rotado, pues, 5 2/3 veces (5 2/3 × 900 = 5.100 £). Pero si consideramos la rotación efectiva, el capital I ha rotado 5 2/3 veces, puesto que al final de la 51.ª semana todavía le quedan por completar 3 semanas de su sexto período de rotación: 5 2/3 × 450 = 2.550 £; y el capital II, 5 1/6 veces, puesto que solo ha completado 1 1/2 semanas de su sexto período de rotación, de modo que todavía caen en el año siguiente 7 1/2 semanas de él: 5 1/6 × 450 = 2.325 £; rotación global efectiva = 4.875 £.

Consideremos el capital I y el capital II como dos capitales enteramente independientes entre sí. En sus movimientos son enteramente independientes; estos movimientos solo se complementan porque sus períodos de trabajo y de circulación se relevan directamente. Pueden considerarse como dos capitales del todo independientes, pertenecientes a capitalistas distintos.

El capital I ha recorrido cinco períodos de rotación completos y dos tercios del sexto. Al final del año se encuentra en la forma de capital mercantil, al que todavía le hacen falta 3 semanas para su realización normal. Durante este tiempo no puede entrar en el proceso de producción. Funciona como capital mercantil: circula. De su último período de rotación solo ha recorrido 2/3. Esto se expresa así: solo ha rotado 2/3 de vez, solo 2/3 de su valor global han recorrido una rotación completa. Decimos: 450 £ recorren su rotación en 9 semanas; por tanto, 300 £ en 6 semanas. Con esta manera de expresarse se descuidan las relaciones orgánicas entre los dos componentes específicamente distintos del tiempo de rotación. El sentido exacto de que el capital adelantado de 450 £ haya hecho 5 2/3 rotaciones es solo que ha recorrido cinco rotaciones enteras y solo 2/3 de la sexta. En cambio, la expresión según la cual el capital rotado = 5 2/3 veces el capital adelantado, es decir, en el caso anterior = 5 2/3 × 450 £ = 2.550 £, tiene de acertado que, si este capital de 450 £ no estuviera completado por otro capital de 450 £, en efecto una parte de él tendría que encontrarse en el proceso de producción y otra en el proceso de circulación. Si el tiempo de rotación ha de expresarse en la masa del capital rotado, solo puede expresarse siempre en una masa de valor existente (de hecho, de producto terminado). La circunstancia de que el capital adelantado no se encuentre en un estado en el que pueda abrir de nuevo el proceso de producción se expresa en que solo una parte de él se encuentra en estado de producir, o en que, para encontrarse en estado de producción continua, el capital tendría que dividirse en una parte que se encontrara constantemente en el período de producción y otra parte que se encontrara constantemente en el período de circulación, según la relación de estos períodos entre sí. Es la misma ley que determina la masa del capital productivo en funciones constantes por la relación del tiempo de circulación con el tiempo de rotación.

Del capital II, al final de la 51.ª semana del año, que tomamos aquí como cierre del año, hay 150 £ adelantadas en la producción de producto sin terminar. Otra parte se encuentra en la forma de capital constante fluido —materia prima, etc.—, es decir, en una forma en la que puede funcionar como capital productivo en el proceso de producción. Pero una tercera parte se encuentra en forma de dinero, a saber, por lo menos el importe del salario para el resto del período de trabajo (3 semanas), que sin embargo no se paga hasta el final de cada semana. Ahora bien, aunque esta parte del capital, al comienzo del nuevo año, es decir, de un nuevo ciclo de rotación, no se encuentra en la forma de capital productivo, sino en la de capital dinerario, en la que no puede entrar en el proceso de producción, al abrirse la nueva rotación se encuentra sin embargo activo en el proceso de producción capital variable fluido, es decir, fuerza de trabajo viva. Este fenómeno se debe a que la fuerza de trabajo se compra y se consume al comienzo del período de trabajo, digamos por semanas, pero no se paga hasta el final de la semana. El dinero actúa aquí como medio de pago. Por eso, por una parte, se encuentra todavía como dinero en manos del capitalista, mientras que, por otra parte, la fuerza de trabajo, la mercancía en que se convierte, ya está activa en el proceso de producción, de modo que el mismo valor de capital aparece aquí dos veces.

Si consideramos solo los períodos de trabajo,

el capital I ha producido6 × 450 = 2.700 £
el capital II ha producido5 1/3 × 450 = 2.400 £
es decir, juntos5 2/3 × 900 = 5.100 £

El capital global adelantado de 900 £ ha funcionado, pues, 5 2/3 veces en el año como capital productivo. Que funcionen siempre 450 £ en el proceso de producción y siempre 450 £ en el proceso de circulación, alternándose, o que funcionen 900 £ durante 4 1/2 semanas en el proceso de producción y durante las 4 1/2 semanas siguientes en el proceso de circulación, es indiferente para la producción de plusvalía.

Si consideramos, en cambio, los períodos de rotación, han rotado

el capital I5 2/3 × 450 = 2.550 £
el capital II5 1/6 × 450 = 2.325 £
es decir, el capital global5 5/12 × 900 = 4.875 £

Pues la rotación del capital global es igual a la suma de los importes rotados por I y II, dividida por la suma de I y II.

Hay que observar que los capitales I y II, aun siendo independientes entre sí, no formarían más que distintas partes independientes del capital social adelantado en la misma esfera de la producción. Por tanto, si el capital social dentro de esta esfera de la producción se compusiera solo de I y II, para la rotación del capital social en esta esfera valdría el mismo cálculo que vale aquí para los dos componentes I y II del mismo capital privado. Ampliándolo, puede calcularse así cada parte del capital social global invertida en una esfera particular de la producción. Pero, en definitiva, el número de rotaciones de todo el capital social es igual a la suma del capital rotado en las distintas esferas de la producción, dividida por la suma del capital adelantado en estas esferas de la producción.

Hay que observar además que, así como aquí, en el mismo negocio privado, los capitales I y II tienen, en rigor, años de rotación distintos (ya que el ciclo de rotación del capital II empieza 4 1/2 semanas más tarde que el del capital I, y por tanto el año de I termina 4 1/2 semanas antes que el de II), así también los distintos capitales privados de la misma esfera de la producción empiezan sus negocios en momentos completamente distintos y, por tanto, completan también su rotación anual en momentos distintos del año. El mismo cálculo de promedios que aplicamos antes a I y II basta también aquí para reducir los años de rotación de las distintas partes independientes del capital social a un año de rotación unitario.

II. Período de trabajo mayor que el período de circulación

Los períodos de trabajo y de rotación de los capitales I y II se entrecruzan, en lugar de relevarse. Al mismo tiempo se produce aquí una liberación de capital, cosa que no ocurría en el caso considerado hasta ahora.

Pero esto no altera en nada que, como antes, 1) el número de períodos de trabajo del capital global adelantado sea igual a la suma del valor del producto anual de las dos partes adelantadas del capital, dividida por el capital global adelantado, y 2) el número de rotaciones del capital global sea igual a la suma de los dos importes rotados, dividida por la suma de los dos capitales adelantados. También aquí tenemos que considerar las dos partes del capital como si efectuaran movimientos de rotación del todo independientes entre sí.


Suponemos, pues, de nuevo que hay que adelantar semanalmente 100 £ en el proceso de trabajo. Sea el período de trabajo de 6 semanas, de modo que exige cada vez un adelanto de 600 £ (capital I). El período de circulación, de 3 semanas; por tanto, período de rotación, como antes, de 9 semanas. Supongamos que un capital II de 300 £ entra durante el período de circulación de tres semanas del capital I. Si consideramos ambos como capitales independientes entre sí, el esquema de la rotación anual se presenta como sigue:

Tabla II

Capital I, 600 £

Períodos de rotaciónPeríodos de trabajoAdelanto, £Períodos de circulación
SemanaSemanaSemana
I.1-91-66007-9
II.10-1810-1560016-18
III.19-2719-2460025-27
IV.28-3628-3360034-36
V.37-4537-4260043-45
VI.46-(54)46-51600(52-54)

Capital adicional II, 300 £

Períodos de rotaciónPeríodos de trabajoAdelanto, £Períodos de circulación
SemanaSemanaSemana
I.7-157-930010-15
II.16-2416-1830019-24
III.25-3325-2730028-33
IV.34-4234-3630037-42
V.43-5143-4530046-51

El proceso de producción se desarrolla ininterrumpidamente durante todo el año en la misma escala. Los dos capitales I y II permanecen completamente separados. Pero para representarlos así separados tuvimos que desgarrar sus cruces y entrelazamientos reales y, con ello, alterar también el número de rotaciones. Según la tabla anterior, en efecto, rotarían

el capital I5 2/3 × 600 = 3.400 £y
el capital II5 × 300 = 1.500 £
es decir, el capital global5 4/9 × 900 = 4.900 £

Pero esto no es exacto, porque, como veremos, los períodos efectivos de producción y de circulación no coinciden de manera absoluta con los del esquema anterior, en el que lo principal era hacer aparecer los dos capitales I y II como independientes entre sí.

En realidad, en efecto, el capital II no tiene un período de trabajo y de circulación particular, separado del del capital I. El período de trabajo es de 6 semanas; el período de circulación, de 3 semanas. Como el capital II solo es = 300 £, solo puede llenar una parte de un período de trabajo. Así ocurre. Al final de la 6.ª semana entra en la circulación un valor del producto de 600 £, que refluye en dinero al final de la 9.ª semana. Con ello, a comienzos de la 7.ª semana entra en actividad el capital II y cubre las necesidades del siguiente período de trabajo para las semanas 7.ª-9.ª. Pero, según nuestro supuesto, al final de la 9.ª semana el período de trabajo solo está hecho a medias. A comienzos de la 10.ª semana entra, pues, de nuevo en actividad el capital I de 600 £, que acaba de refluir, y cubre con 300 £ los adelantos necesarios para las semanas 10.ª-12.ª. Con ello queda despachado el segundo período de trabajo. Hay en circulación un valor del producto de 600 £, que refluirá al final de la 15.ª semana; pero, además, 300 £, el importe del capital II originario, han quedado liberadas y pueden funcionar en la primera mitad del período de trabajo siguiente, es decir, en las semanas 13.ª-15.ª. Transcurridas estas, refluyen de nuevo las 600 £; 300 £ de ellas bastan hasta el final del período de trabajo, y 300 £ quedan liberadas para el siguiente.

La cosa transcurre, pues, como sigue:

  • I. período de rotación: semanas 1.ª-9.ª.
    • 1.er período de trabajo: semanas 1.ª-6.ª. Funciona el capital I, 600 £.
    • 1.er período de circulación: semanas 7.ª-9.ª. Al final de la 9.ª semana refluyen 600 £.
  • II. período de rotación: semanas 7.ª-15.ª.
    • 2.º período de trabajo: semanas 7.ª-12.ª.
      • Primera mitad: semanas 7.ª-9.ª. Funciona el capital II, 300 £. Al final de la 9.ª semana refluyen 600 £ en dinero (capital I).
      • Segunda mitad: semanas 10.ª-12.ª. Funcionan 300 £ del capital I. Las otras 300 £ del capital I quedan liberadas.
    • 2.º período de circulación: semanas 13.ª-15.ª.
      • Al final de la 15.ª semana refluyen en dinero 600 £ (formadas a medias por el capital I y por el capital II).
  • III. período de rotación: semanas 13.ª-21.ª.
    • 3.er período de trabajo: semanas 13.ª-18.ª.
      • Primera mitad: semanas 13.ª-15.ª. Las 300 £ liberadas entran en funciones. Al final de la 15.ª semana refluyen 600 £ en dinero.
      • Segunda mitad: semanas 16.ª-18.ª. De las 600 £ refluidas funcionan 300 £; las otras 300 £ quedan de nuevo liberadas.
    • 3.er período de circulación: semanas 19.ª-21.ª, al final de las cuales refluyen de nuevo 600 £ en dinero; en estas 600 £, el capital I y el capital II están ya fundidos sin que puedan distinguirse.

De este modo resultan, hasta el final de la 51.ª semana, ocho períodos de rotación completos de un capital de 600 £ (I: semanas 1.ª-9.ª; II: 7.ª-15.ª; III: 13.ª-21.ª; IV: 19.ª-27.ª; V: 25.ª-33.ª; VI: 31.ª-39.ª; VII: 37.ª-45.ª; VIII: semanas 43.ª-51.ª). Pero como las semanas 49.ª-51.ª caen en el octavo período de circulación, durante ellas tienen que entrar las 300 £ de capital liberado y mantener la producción en marcha. Con ello, la rotación se presenta al final del año como sigue: 600 £ han completado su ciclo ocho veces, lo que da 4.800 £. A ello se añade el producto de las 3 últimas semanas (49.ª-51.ª), que sin embargo solo ha recorrido un tercio de su ciclo de 9 semanas y, por tanto, en la suma rotada solo cuenta por un tercio de su importe, con 100 £. Así pues, si el producto anual de 51 semanas = 5.100 £, el capital rotado es solo 4.800 + 100 = 4.900 £; el capital global adelantado de 900 £ ha rotado, por tanto, 5 4/9 veces, es decir, un poquito más que en el caso I.

En el ejemplo presente se suponía un caso en que el tiempo de trabajo = 2/3 y el tiempo de circulación = 1/3 del período de rotación, de modo que el tiempo de trabajo es un simple múltiplo del tiempo de circulación. Cabe preguntar si la liberación de capital constatada más arriba tiene lugar también cuando no es así.

Supongamos período de trabajo = 5 semanas, tiempo de circulación = 4 semanas, adelanto de capital por semana, 100 £.

  • I. período de rotación: semanas 1.ª-9.ª.
    • 1.er período de trabajo: semanas 1.ª-5.ª. Funciona el capital I, 500 £.
    • 1.er período de circulación: semanas 6.ª-9.ª. Al final de la 9.ª semana refluyen 500 £.
  • II. período de rotación: semanas 6.ª-14.ª.
    • 2.º período de trabajo: semanas 6.ª-10.ª.
      • Primer tramo: semanas 6.ª-9.ª. Funciona el capital II = 400 £. Al final de la 9.ª semana refluye en dinero el capital I = 500 £.
      • Segundo tramo: 10.ª semana. De las 500 £ refluidas funcionan 100 £. Las 400 £ restantes quedan liberadas para el período de trabajo siguiente.
    • 2.º período de circulación: semanas 11.ª-14.ª. Al final de la 14.ª semana refluyen 500 £ en dinero.

Hasta el final de la 14.ª semana (11.ª-14.ª) funcionan las 400 £ liberadas antes; 100 £ de las 500 £ que refluyen entonces completan lo necesario para el tercer período de trabajo (semanas 11.ª-15.ª), de modo que de nuevo quedan liberadas 400 £ para el cuarto período de trabajo. El mismo fenómeno se repite en cada período de trabajo; al comenzar, cada uno encuentra 400 £, que bastan para las 4 primeras semanas. Al final de la 4.ª semana refluyen 500 £ en dinero, de las que solo se necesitan 100 £ para la última semana, mientras que las 400 £ restantes quedan liberadas para el próximo período de trabajo.

Supongamos además un período de trabajo de 7 semanas, con un capital I de 700 £, y un tiempo de circulación de 2 semanas, con un capital II de 200 £.

Entonces el primer período de rotación dura de la 1.ª a la 9.ª semana; de ellas, el primer período de trabajo, semanas 1.ª-7.ª, con un adelanto de 700 £, y el primer período de circulación, semanas 8.ª-9.ª. Al final de la 9.ª semana refluyen en dinero las 700 £.

El segundo período de rotación, semanas 8.ª-16.ª, abarca el segundo período de trabajo, semanas 8.ª-14.ª. De él, las necesidades de las semanas 8.ª y 9.ª las cubre el capital II. Al final de la 9.ª semana refluyen las 700 £ citadas; de ellas se consumen hasta el final del período de trabajo (semanas 10.ª-14.ª) 500 £. Quedan 200 £ liberadas para el período de trabajo siguiente. El segundo período de circulación dura las semanas 15.ª-16.ª; al final de la 16.ª semana refluyen de nuevo 700 £. A partir de aquí se repite en cada período de trabajo el mismo fenómeno. Las necesidades de capital de las dos primeras semanas las cubren las 200 £ liberadas al final del período de trabajo anterior; al final de la 2.ª semana refluyen 700; pero al período de trabajo solo le quedan 5 semanas, de modo que solo puede consumir 500 £; quedan, pues, siempre 200 £ liberadas para el próximo período de trabajo.

Resulta, pues, que en nuestro caso, en que se ha supuesto el período de trabajo mayor que el período de circulación, al final de cada período de trabajo se encuentra liberado en cualquier circunstancia un capital dinerario de igual magnitud que el capital II adelantado para el período de circulación. En nuestros tres ejemplos, el capital II era en el primero = 300 £, en el segundo = 400 £, en el tercero = 200 £; en correspondencia, el capital liberado al final del período de trabajo era, respectivamente, de 300, 400 y 200 £.

III. Período de trabajo menor que el período de circulación

Suponemos primero de nuevo un período de rotación de 9 semanas; de ellas, un período de trabajo de 3 semanas, para el cual se dispone de un capital I = 300 £. Sea el período de circulación de 6 semanas. Para estas 6 semanas hace falta un capital adicional de 600 £, que sin embargo podemos dividir a su vez en dos capitales de 300 £ cada uno, cada uno de los cuales llena un período de trabajo. Tenemos entonces tres capitales de 300 £ cada uno, de los que siempre hay 300 £ ocupadas en la producción mientras 600 £ circulan.

Tabla III

Capital I:

Períodos de rotaciónPeríodos de trabajoPeríodos de circulación
SemanaSemanaSemana
I.1-91-34-9
II.10-1810-1213-18
III.19-2719-2122-27
IV.28-3628-3031-36
V.37-4537-3940-45
VI.46-(54)46-4849-(54)

Capital II:

Períodos de rotaciónPeríodos de trabajoPeríodos de circulación
SemanaSemanaSemana
I.4-124-67-12
II.13-2113-1516-21
III.22-3022-2425-30
IV.31-3931-3334-39
V.40-4840-4243-48
VI.49-(57)49-51(52-57)

Capital III:

Períodos de rotaciónPeríodos de trabajoPeríodos de circulación
SemanaSemanaSemana
I.7-157-910-15
II.16-2416-1819-24
III.25-3325-2728-33
IV.34-4234-3637-42
V.43-5143-4546-51

Tenemos aquí la imagen exactamente inversa del caso I, con la sola diferencia de que ahora se relevan tres capitales en lugar de dos. No hay entrecruzamiento ni entrelazamiento de los capitales; cada uno puede seguirse por separado hasta el final del año. Igual que en el caso I, no hay, pues, liberación de capital al final de un período de trabajo. El capital I está enteramente desembolsado al final de la 3.ª semana, refluye por completo al final de la 9.ª y vuelve a entrar en funciones a comienzos de la 10.ª semana. Lo mismo ocurre con los capitales II y III. El relevo regular y completo excluye toda liberación.

La rotación global se calcula del modo siguiente:

CapitalI300 £ × 5 2/3= 1.700 £
CapitalII300 £ × 5 1/3= 1.600 £
CapitalIII300 £ × 5= 1.500 £
Capital global900 £ × 5 1/3= 4.800 £

Tomemos ahora también un ejemplo en el que el período de circulación no sea un múltiplo exacto del período de trabajo; por ejemplo, período de trabajo de 4 semanas y período de circulación de 5 semanas; los importes de capital correspondientes serían, pues, capital I = 400 £, capital II = 400 £, capital III = 100 £. Solo damos las tres primeras rotaciones.

Tabla IV

Capital I:

Períodos de rotaciónPeríodos de trabajoPeríodos de circulación
SemanaSemanaSemana
I.1-91-45-9
II.9-179.10-1213-17
III.17-2517.18-2021-25

Capital II:

Períodos de rotaciónPeríodos de trabajoPeríodos de circulación
SemanaSemanaSemana
I.5-135-89-13
II.13-2113.14-1617-21
III.21-2921.22-2425-29

Capital III:

Períodos de rotaciónPeríodos de trabajoPeríodos de circulación
SemanaSemanaSemana
I.9-17910-17
II.17-251718-25
III.25-332526-33

Hay aquí entrelazamiento de los capitales en la medida en que el período de trabajo del capital III, que no tiene un período de trabajo independiente porque solo alcanza para una semana, coincide con la primera semana de trabajo del capital I. Pero, en cambio, al final del período de trabajo, tanto del capital I como del capital II, se encuentra liberado un importe de 100 £, igual al capital III. En efecto, si el capital III llena la primera semana del segundo y de todos los siguientes períodos de trabajo del capital I y al final de esta primera semana refluye todo el capital I, 400 £, para el resto del período de trabajo del capital I solo queda un tiempo de 3 semanas y un desembolso de capital correspondiente de 300 £. Las 100 £ así liberadas bastan entonces para la primera semana del período de trabajo del capital II, que sigue inmediatamente; al final de esta semana refluye todo el capital II, con 400 £; pero como el período de trabajo empezado solo puede absorber ya 300 £, al final de él quedan de nuevo liberadas 100 £; y así sucesivamente. Hay, pues, liberación de capital al final del período de trabajo en cuanto el tiempo de circulación no constituye un simple múltiplo del período de trabajo; y este capital liberado es igual a la parte del capital que ha de llenar el exceso del período de circulación sobre un período de trabajo o sobre un múltiplo de períodos de trabajo.

En todos los casos examinados se ha supuesto que tanto el período de trabajo como el tiempo de circulación siguen siendo los mismos durante todo el año en el negocio cualquiera aquí considerado. Este supuesto era necesario si queríamos determinar la influencia del tiempo de circulación sobre la rotación y el adelanto de capital. Que en la realidad no rija de manera tan incondicional, y a menudo no rija en absoluto, no altera en nada la cuestión.

En todo este apartado solo hemos considerado las rotaciones del capital circulante, no las del fijo. Por la sencilla razón de que la cuestión tratada no tiene nada que ver con el capital fijo. Los medios de trabajo, etc., empleados en el proceso de producción solo constituyen capital fijo en la medida en que su tiempo de uso dura más que el período de rotación del capital fluido; en la medida en que el tiempo durante el cual estos medios de trabajo siguen sirviendo en procesos de trabajo constantemente repetidos es mayor que el período de rotación del capital fluido, es decir, = n períodos de rotación del capital fluido. Ya sea más largo o más corto el tiempo total formado por estos n períodos de rotación del capital fluido, la parte del capital productivo que se adelantó en capital fijo para ese tiempo no se adelanta de nuevo dentro de él. Sigue funcionando en su vieja forma de uso. La diferencia es solo esta: según la distinta duración de cada período de trabajo de cada período de rotación del capital fluido, el capital fijo cede una parte mayor o menor de su valor originario al producto de este período de trabajo, y según la duración del tiempo de circulación de cada período de rotación, esta parte de valor del capital fijo cedida al producto refluye más rápida o más lentamente en forma de dinero. La naturaleza del objeto que tratamos en este apartado —la rotación de la parte circulante del capital productivo— se desprende de la naturaleza misma de esta parte del capital. El capital fluido empleado en un período de trabajo no puede emplearse en un nuevo período de trabajo antes de haber completado su rotación, de haberse transformado en capital mercantil, de este en capital dinerario y de este de nuevo en capital productivo. Por eso, para continuar de inmediato el primer período de trabajo con un segundo, hay que adelantar de nuevo capital y transformarlo en los elementos fluidos del capital productivo, y ello en cantidad suficiente para llenar el hueco que produce el período de circulación del capital fluido adelantado para el primer período de trabajo. De ahí la influencia de la duración del período de trabajo del capital fluido sobre la escala de explotación del proceso de trabajo y sobre la división del capital adelantado, o sea, sobre la adición de nuevas porciones de capital. Y esto es precisamente lo que teníamos que considerar en este apartado.

IV. Resultados

De la investigación precedente se desprende:

A. Las distintas porciones en que hay que dividir el capital para que una parte de él pueda encontrarse constantemente en el período de trabajo mientras otras partes se encuentran en el período de circulación se relevan, como distintos capitales privados independientes, en dos casos. 1) Cuando el período de trabajo es igual al período de circulación, y por tanto el período de rotación está dividido en dos tramos iguales. 2) Cuando el período de circulación es más largo que el período de trabajo, pero constituye al mismo tiempo un simple múltiplo del período de trabajo, de modo que un período de circulación = n períodos de trabajo, donde n tiene que ser un número entero. En estos casos no se libera ninguna parte del capital adelantado sucesivamente.

B. En cambio, en todos los casos en que 1) el período de circulación es mayor que el período de trabajo sin constituir un simple múltiplo de él, y 2) en que el período de trabajo es mayor que el período de circulación, una parte del capital fluido global queda liberada, a partir de la segunda rotación, de manera constante y periódica al final de cada período de trabajo. Y este capital liberado es igual a la parte del capital global adelantada para el período de circulación, cuando el período de trabajo es mayor que el período de circulación; e igual a la parte del capital que ha de llenar el exceso del período de circulación sobre un período de trabajo o sobre un múltiplo de períodos de trabajo, cuando el período de circulación es mayor que el período de trabajo.

C. De ello se sigue que, para el capital social global, considerado en su parte fluida, la liberación de capital tiene que ser la regla, y el mero relevo de las partes del capital que funcionan sucesivamente en el proceso de producción, la excepción. Pues la igualdad entre el período de trabajo y el período de circulación, o la igualdad del período de circulación con un simple múltiplo del período de trabajo, esta proporcionalidad regular de los dos componentes del período de rotación, no tiene absolutamente nada que ver con la naturaleza de la cosa y, por tanto, en términos generales solo puede darse por excepción.

Una parte muy importante del capital circulante social, que rota varias veces al año, se encontrará, pues, periódicamente durante el ciclo anual de rotación en la forma de capital liberado.

Está claro, además, que, suponiendo constantes todas las demás circunstancias, la magnitud de este capital liberado crece con el volumen del proceso de trabajo o con la escala de la producción, es decir, en general con el desarrollo de la producción capitalista. En el caso B.2, porque crece el capital global adelantado; en el B.1, porque con el desarrollo de la producción capitalista crece la duración del período de circulación y, por tanto, también el período de rotación en los casos en que el período de trabajo está sin relación regular entre ambos períodos.

En el primer caso, por ejemplo, teníamos que desembolsar 100 £ semanales. Para un período de trabajo de seis semanas, 600 £; para un período de circulación de tres semanas, 300 £; en total, 900 £. Aquí quedan constantemente liberadas 300 £. En cambio, si se desembolsan 300 £ semanales, tenemos 1.800 £ para el período de trabajo y 900 £ para el período de circulación; por tanto, también quedan liberadas periódicamente 900 £ en lugar de 300 £.

D. El capital global de, por ejemplo, 900 £ tiene que dividirse en dos partes, como antes, 600 £ para el período de trabajo y 300 £ para el período de circulación. La parte que se desembolsa realmente en el proceso de trabajo se ve así disminuida en un tercio, de 900 £ a 600 £, y, por tanto, la escala de la producción reducida en un tercio. Por otra parte, las 300 £ solo funcionan para hacer continuo el período de trabajo, de modo que en cada semana del año puedan desembolsarse 100 £ en el proceso de trabajo.

En abstracto, es lo mismo que 600 £ trabajen durante 6 × 8 = 48 semanas (producto = 4.800 £) o que todo el capital de 900 £ se desembolse durante 6 semanas en el proceso de trabajo y luego quede inactivo durante el período de circulación de 3 semanas; en este último caso, en el curso de las 48 semanas trabajaría 5 1/3 × 6 = 32 semanas (producto = 5 1/3 × 900 = 4.800 £) y estaría inactivo 16 semanas. Pero, prescindiendo del mayor deterioro del capital fijo durante la inactividad de 16 semanas y del encarecimiento del trabajo, que hay que pagar durante todo el año aunque solo actúe una parte de él, semejante interrupción regular del proceso de producción es en general incompatible con la explotación de la gran industria moderna. Esta continuidad es ella misma una fuerza productiva del trabajo.

Si examinamos ahora más de cerca el capital liberado, de hecho suspendido, se ve que una parte importante de él tiene que poseer siempre la forma de capital dinerario. Quedémonos con el ejemplo: período de trabajo, 6 semanas; período de circulación, 3 semanas; desembolso por semana, 100 £. A mitad del segundo período de trabajo, al final de la 9.ª semana, refluyen 600 £, de las que solo hay que invertir 300 £ durante el resto del período de trabajo. Al final del segundo período de trabajo quedan, pues, liberadas 300 £ de ellas. ¿En qué estado se encuentran estas 300 £? Supongamos que hay que desembolsar 1/3 en salario y 2/3 en materias primas y auxiliares. De las 600 £ refluidas, pues, 200 £ para salario se encuentran en forma de dinero, y 400 £ en la forma de reserva productiva, en la forma de elementos del capital productivo constante fluido. Pero como para la segunda mitad del período de trabajo II solo se necesita la mitad de esta reserva productiva, la otra mitad se encuentra durante 3 semanas en la forma de reserva productiva sobrante, es decir, sobrante respecto de un período de trabajo. Pero el capitalista sabe que de esta parte (= 400 £) del capital que refluye solo necesita la mitad = 200 £ para el período de trabajo en curso. Dependerá, pues, de las condiciones del mercado que vuelva a transformar enseguida estas 200 £, del todo o solo en parte, en reserva productiva sobrante, o que las retenga, del todo o en parte, como capital dinerario a la espera de condiciones de mercado más favorables. Por otra parte, se comprende por sí mismo que la parte que hay que desembolsar en salario = 200 £ se retiene en forma de dinero. El capitalista no puede depositar la fuerza de trabajo en el almacén, como la materia prima, después de haberla comprado. Tiene que incorporarla al proceso de producción, y la paga al final de la semana. Del capital liberado de 300 £, al menos estas 100 £ poseerán, pues, en todo caso la forma de capital dinerario liberado, es decir, no necesario para el período de trabajo. El capital liberado en forma de capital dinerario tiene que ser, pues, como mínimo igual a la parte variable del capital, desembolsada en salario; como máximo puede abarcar todo el capital liberado. En la realidad oscila constantemente entre este mínimo y este máximo.

El capital dinerario así liberado por el mero mecanismo del movimiento de rotación (junto al liberado por el reflujo sucesivo del capital fijo y al capital dinerario necesario en cada proceso de trabajo para el capital variable) tiene que desempeñar un papel importante en cuanto se desarrolla el sistema crediticio, y tiene que constituir al mismo tiempo uno de sus fundamentos.

Supongamos en nuestro ejemplo que el tiempo de circulación se acorta de 3 semanas a 2. Supongamos que esto no es normal, sino consecuencia, por ejemplo, de una buena época para los negocios, de plazos de pago acortados, etc. El capital de 600 £ desembolsado durante el período de trabajo refluye una semana antes de lo necesario; queda, pues, liberado durante esta semana. Además, como antes, a mitad del período de trabajo quedan liberadas 300 £ (parte de aquellas 600 £), pero para 4 semanas en lugar de 3. Se encuentran, pues, en el mercado de dinero durante una semana 600 £ y durante 4 semanas en lugar de 3, 300 £. Como esto no afecta solo a un capitalista, sino a muchos, y ocurre en distintos períodos en distintas ramas de negocio, aparece con ello en el mercado más capital dinerario disponible. Si este estado dura más tiempo, la producción se ampliará allí donde sea posible; los capitalistas que trabajan con capital prestado ejercerán menos demanda en el mercado de dinero, lo que lo alivia tanto como un aumento de la oferta; o, finalmente, las sumas que han llegado a ser sobrantes para el mecanismo se lanzarán definitivamente al mercado de dinero.

A consecuencia de la contracción del tiempo de circulación de 3 a 2 semanas, y por tanto del período de rotación de 9 a 8 semanas, se hace superfluo 1/9 del capital global adelantado; el período de trabajo de seis semanas puede mantenerse ahora en marcha con 800 £ con la misma constancia que antes con 900 £. Una parte de valor del capital mercantil = 100 £, una vez reconvertida en dinero, permanece por eso en este estado como capital dinerario, sin seguir funcionando como parte del capital adelantado para el proceso de producción. Mientras la producción prosigue en una escala constante y en condiciones por lo demás constantes, como los precios, etc., la suma de valor del capital adelantado disminuye de 900 £ a 800 £; el resto de 100 £ del valor adelantado originariamente queda segregado en la forma de capital dinerario. Como tal entra en el mercado de dinero y constituye una parte adicional de los capitales que funcionan en él.

Se ve por aquí cómo puede surgir una plétora de capital dinerario, y no solo en el sentido de que la oferta de capital dinerario sea mayor que la demanda; esto no es nunca más que una plétora relativa, que se da, por ejemplo, en el «período melancólico» que, tras el final de la crisis, abre el nuevo ciclo. Sino en el sentido de que, para llevar adelante el conjunto del proceso social de reproducción (que incluye el proceso de circulación), una determinada parte del valor de capital adelantado es superflua y queda, por tanto, segregada en la forma de capital dinerario; una plétora surgida, con una escala constante de la producción y precios constantes, por la mera contracción del período de rotación. La masa —mayor o menor— del dinero que se encuentra en circulación no ha tenido en ello la menor influencia.

Supongamos, a la inversa, que el período de circulación se alarga, digamos de 3 semanas a 5. Entonces, ya en la siguiente rotación, el reflujo del capital adelantado se produce con 2 semanas de retraso. La última parte del proceso de producción de este período de trabajo no puede proseguirse mediante el mecanismo de la rotación del propio capital adelantado. Si este estado durara más tiempo, podría producirse aquí una contracción del proceso de producción —del volumen en que se lleva a cabo—, como en el caso anterior una ampliación. Pero para proseguir el proceso en la misma escala, el capital adelantado tendría que aumentarse en 2/9 = 200 £ durante toda la duración de esta prolongación del período de circulación. Este capital adicional solo puede sacarse del mercado de dinero. Por eso, si la prolongación del período de circulación afecta a una o varias grandes ramas de negocio, puede provocar una presión sobre el mercado de dinero, a menos que este efecto quede anulado por un efecto contrario desde otro lado. También en este caso es visible y palpable que esta presión, como antes aquella plétora, no tenía absolutamente nada que ver con un cambio ni en los precios de las mercancías ni en la masa de los medios de circulación existentes.

[La preparación de este capítulo para la imprenta ha presentado no pocas dificultades. Por muy firme que fuera Marx como algebrista, el cálculo con números, en especial el comercial, le resultó siempre poco familiar, aunque existe un grueso legajo de cuadernos en los que él mismo resolvió todos los tipos de cálculo comercial con numerosos ejemplos. Pero el conocimiento de los distintos tipos de cálculo y la práctica en el cálculo cotidiano del comerciante no son en absoluto lo mismo, y así se enredó de tal modo en los cálculos de la rotación que, junto a cosas inacabadas, acabaron saliendo no pocas inexactas y contradictorias. En las tablas reproducidas más arriba solo he conservado lo más sencillo y aritméticamente correcto, y ello principalmente por la razón siguiente.

Los resultados inseguros de estos laboriosos cálculos llevaron a Marx a atribuir una importancia inmerecida a una circunstancia que —en mi opinión— tiene en realidad poca importancia. Me refiero a lo que él llama «liberación» de capital dinerario. La situación real, bajo los supuestos admitidos más arriba, es esta:

Sea cual fuere la relación de magnitud entre el período de trabajo y el tiempo de circulación, y por tanto la del capital I con el capital II, una vez transcurrida la primera rotación vuelve al capitalista en forma de dinero, a intervalos regulares de la duración del período de trabajo, el capital necesario para cada período de trabajo, es decir, una suma igual al capital I.

Si el período de trabajo = 5 semanas, el tiempo de circulación = 4 semanas y el capital I = 500 £, refluye cada vez una suma de dinero de 500 £: al final de la 9.ª, de la 14.ª, de la 19.ª, de la 24.ª, de la 29.ª semana, etc.

Si el período de trabajo = 6 semanas, el tiempo de circulación = 3 semanas y el capital I = 600 £, refluyen cada vez 600 £: al final de la 9.ª, de la 15.ª, de la 21.ª, de la 27.ª, de la 33.ª semana, etc.

Por último, si el período de trabajo = 4 semanas, el tiempo de circulación = 5 semanas y el capital I = 400 £, se produce un reflujo de 400 £ cada vez: al final de la 9.ª, de la 13.ª, de la 17.ª, de la 21.ª, de la 25.ª semana, etc.

Que una parte de este dinero refluido sea sobrante para el período de trabajo en curso, y por tanto quede liberada, y cuánto, no supone ninguna diferencia. Se supone que la producción avanza ininterrumpidamente en la escala corriente, y para que así sea tiene que existir el dinero, es decir, tiene que refluir, esté «liberado» o no. Si se interrumpe la producción, cesa también la liberación.

Con otras palabras: se produce, ciertamente, liberación de dinero, y por tanto formación de capital latente, solo potencial, en forma de dinero; pero en cualquier circunstancia y no solo en las condiciones especiales precisadas en el texto; y se produce en una escala mayor que la supuesta en el texto. Respecto del capital circulante I, el capitalista industrial se encuentra al final de cada rotación exactamente en la misma situación que al fundar el negocio: vuelve a tenerlo en la mano entero y de una vez, mientras que solo puede reconvertirlo poco a poco en capital productivo.

Lo que importa en el texto es la demostración de que, por una parte, una parte considerable del capital industrial tiene que existir siempre en forma de dinero y, por otra, una parte todavía más considerable tiene que adoptar temporalmente la forma de dinero. Estas observaciones complementarias mías, a lo sumo, refuerzan esta demostración. — F. E.]

V. Efecto de los cambios de precios

Acabamos de suponer precios constantes y una escala de la producción constante, por un lado, y contracción o expansión del tiempo de circulación, por otro. Supongamos ahora, en cambio, una magnitud constante del período de rotación y una escala de la producción constante, pero, por otro lado, cambios de precios, es decir, baja o alza del precio de las materias primas, las materias auxiliares y el trabajo, o de los dos primeros de estos elementos. Supongamos que el precio de las materias primas y auxiliares, así como el salario, bajan a la mitad. En nuestro ejemplo, pues, harían falta semanalmente 50 £ en lugar de 100 £, y para el período de rotación de nueve semanas 450 £ de capital adelantado en lugar de 900 £. 450 £ del valor de capital adelantado quedan segregadas, en primer lugar como capital dinerario, pero el proceso de producción prosigue en la misma escala, con el mismo período de rotación y con la misma división anterior de este. También la masa anual de producto sigue siendo la misma, pero su valor ha bajado a la mitad. Este cambio, que va acompañado también de un cambio en la oferta y la demanda de capital dinerario, no lo ha producido ni una aceleración de la circulación ni una alteración de la masa del dinero circulante. Al contrario. La baja a la mitad del valor, o del precio, de los elementos del capital productivo tendría en primer lugar el efecto de que para el negocio X, que sigue llevándose adelante en la misma escala que antes, se adelantaría un valor de capital reducido a la mitad y, por tanto, el negocio X solo tendría que lanzar al mercado la mitad de dinero, puesto que el negocio X adelanta este valor de capital ante todo en forma de dinero, es decir, como capital dinerario. La masa de dinero lanzada a la circulación habría disminuido porque han bajado los precios de los elementos de producción. Este sería el primer efecto.

Pero, en segundo lugar, la mitad del valor de capital adelantado originariamente de 900 £ = 450 £, que a) recorría alternativamente la forma de capital dinerario, capital productivo y capital mercantil y b) se encontraba al mismo tiempo, constantemente, una parte junto a otra, en parte en la forma de capital dinerario, en parte en la de capital productivo y en parte en la de capital mercantil, quedaría segregada del ciclo del negocio X y entraría, por tanto, en el mercado de dinero como capital dinerario adicional, actuaría sobre él como componente adicional. Estas 450 £ de dinero liberadas actúan como capital dinerario, no porque sean dinero que ha llegado a ser sobrante para llevar adelante el negocio X, sino porque son componente del valor de capital originario y, por tanto, han de seguir actuando como capital y no gastarse como mero medio de circulación. La forma más inmediata de hacerlas actuar como capital es lanzarlas al mercado de dinero como capital dinerario. Por otra parte, podría también duplicarse la escala de la producción (prescindiendo del capital fijo). Con el mismo capital adelantado de 900 £ se llevaría adelante entonces un proceso de producción de volumen doble.

Si, por otra parte, los precios de los elementos fluidos del capital productivo subieran en una mitad, harían falta semanalmente 150 £ en lugar de 100 £ y, por tanto, en lugar de 900 £, 1.350 £. Harían falta 450 £ de capital adicional para llevar adelante el negocio en la misma escala, y esto, pro tanto, según la situación del mercado de dinero, ejercería sobre él una presión mayor o menor. Si ya estuviera demandado todo el capital disponible en él, surgiría una competencia aumentada por el capital disponible. Si una parte de él estuviera inactiva, sería llamada pro tanto a la actividad.

Pero también puede ocurrir, en tercer lugar, que, con una escala dada de la producción, una velocidad de rotación constante y un precio constante de los elementos del capital productivo fluido, baje o suba el precio de los productos del negocio X. Si baja el precio de las mercancías suministradas por el negocio X, el precio de su capital mercantil de 600 £, que lanzaba constantemente a la circulación, desciende, por ejemplo, a 500 £. Un sexto del valor del capital adelantado no refluye, pues, del proceso de circulación (la plusvalía contenida en el capital mercantil queda aquí fuera de consideración); se pierde en él. Pero como el valor, o el precio, de los elementos de producción sigue siendo el mismo, este reflujo de 500 £ solo basta para reponer 5/6 del capital de 600 £ ocupado constantemente en el proceso de producción. Habría, pues, que gastar 100 £ de capital dinerario adicional para proseguir la producción en la misma escala.

A la inversa: si subiera el precio de los productos del negocio X, el precio del capital mercantil subiría de 600 £ a, por ejemplo, 700 £. Un séptimo de su precio = 100 £ no procede del proceso de producción, no ha sido adelantado en él, sino que procede del proceso de circulación. Pero solo hacen falta 600 £ para reponer los elementos productivos; por tanto, liberación de 100 £.

La investigación de las causas por las que en el primer caso se acorta o se alarga el período de rotación, en el segundo suben o bajan los precios de la materia prima y del trabajo, y en el tercero los precios de los productos suministrados, no entra en el ámbito de la investigación desarrollada hasta aquí.

Lo que sí corresponde aquí es lo siguiente:

Caso I. Escala de la producción constante, precios constantes de los elementos de producción y de los productos, cambio en el período de circulación y, por tanto, en el de rotación.

Según el supuesto de nuestro ejemplo, el acortamiento del período de circulación hace necesario 1/9 menos de capital global adelantado, de modo que este se reduce de 900 £ a 800 £ y quedan segregadas 100 £ de capital dinerario.

El negocio X suministra como antes el mismo producto de seis semanas, con el mismo valor de 600 £, y como se trabaja ininterrumpidamente durante todo el año, suministra en 51 semanas la misma masa de producto, por valor de 5.100 £. Así pues, respecto de la masa y del precio del producto que el negocio lanza a la circulación, no hay ningún cambio, ni tampoco respecto de los plazos en que lanza el producto al mercado. Pero han quedado segregadas 100 £, porque, gracias al acortamiento del período de circulación, el proceso queda saturado con solo 800 £ de capital adelantado, en lugar de las 900 £ de antes. Las 100 £ de capital segregado existen en la forma de capital dinerario. Pero no representan en modo alguno la parte del capital adelantado que tendría que funcionar constantemente en la forma de capital dinerario. Supongamos que del capital fluido adelantado I = 600 £ se desembolsan constantemente 4/5 en materiales de producción, = 480 £, y 1/5 = 120 £ en salario. Es decir, semanalmente 80 £ en materiales de producción y 20 £ en salario. El capital II = 300 £ tiene que dividirse también, por tanto, en 4/5 = 240 £ para materiales de producción y 1/5 = 60 £ para salario. El capital desembolsado en salario tiene que adelantarse siempre en forma de dinero. En cuanto el producto mercantil, por el importe de valor de 600 £, se ha reconvertido en forma de dinero, se ha vendido, pueden transformarse 480 £ de ellas en materiales de producción (en reserva productiva), pero 120 £ conservan su forma de dinero para servir al pago del salario durante 6 semanas. Estas 120 £ son el mínimo del capital refluido de 600 £ que tiene que renovarse y reponerse siempre en la forma de capital dinerario y que, por tanto, tiene que existir siempre como parte del capital adelantado que funciona en forma de dinero.

Ahora bien, si de las 300 £ liberadas periódicamente durante tres semanas, divisibles también en 240 £ de reserva productiva y 60 £ de salario, quedan segregadas en la forma de capital dinerario 100 £ por el acortamiento del tiempo de circulación, expulsadas por completo del mecanismo de la rotación, ¿de dónde sale el dinero para estas 100 £ de capital dinerario? Solo en una quinta parte se componen de capital dinerario liberado periódicamente dentro de las rotaciones. Pero 4/5 = 80 £ ya están repuestas por una reserva de producción adicional del mismo valor. ¿De qué modo se transforma en dinero esta reserva de producción adicional, y de dónde sale el dinero para esta conversión?

Una vez producido el acortamiento del tiempo de circulación, de las 600 £ citadas solo se reconvierten en reserva de producción 400 £ en lugar de 480 £. Las 80 £ restantes se retienen en su forma de dinero y forman, con las 20 £ para salario citadas, las 100 £ de capital segregado. Aunque estas 100 £ proceden de la circulación por medio de la compra de las 600 £ de capital mercantil y ahora se le sustraen, al no desembolsarse de nuevo en salario y en elementos de producción, no hay que olvidar que en forma de dinero están de nuevo en la misma forma en que se lanzaron originariamente a la circulación. Al principio se desembolsaron 900 £ de dinero en reserva de producción y salario. Para llevar a cabo el mismo proceso de producción solo hacen falta ahora 800 £. Las 100 £ segregadas así en forma de dinero forman ahora un nuevo capital dinerario que busca inversión, un nuevo componente del mercado de dinero. Es cierto que ya antes se encontraban periódicamente en la forma de capital dinerario liberado y de capital productivo adicional, pero estos mismos estados latentes eran condición para la ejecución del proceso de producción, porque lo eran para su continuidad. Ahora ya no hacen falta para ello y forman, por eso, nuevo capital dinerario y un componente del mercado de dinero, aunque no formen en absoluto ni un elemento adicional de la reserva social de dinero existente (pues existían al comienzo del negocio y fueron lanzadas por él a la circulación) ni un tesoro recién acumulado.

Estas 100 £ están ahora, en efecto, sustraídas a la circulación en la medida en que son una parte del capital dinerario adelantado que ya no se emplea en el mismo negocio. Pero esta sustracción solo es posible porque la transformación del capital mercantil en dinero y de este dinero en capital productivo, M'–D–M, se ha acelerado en una semana y, por tanto, se ha acelerado también el curso del dinero activo en este proceso. Se le han sustraído porque ya no son necesarias para la rotación del capital X.

Se ha supuesto aquí que el capital adelantado pertenece a quien lo emplea. Si fuera prestado, no cambiaría nada. Con el acortamiento del tiempo de circulación, en lugar de 900 £ solo necesitaría ya 800 £ de capital prestado. 100 £ devueltas al prestamista siguen formando 100 £ de nuevo capital dinerario, solo que en manos de Y en lugar de en manos de X. Si, además, el capitalista X recibe a crédito sus materiales de producción por valor de 480 £, de modo que solo tiene que adelantar él mismo 120 £ en dinero para el salario, ahora tendría que obtener a crédito 80 £ menos de materiales de producción, que formarían, por tanto, capital mercantil sobrante para el capitalista que da el crédito, mientras que el capitalista X habría segregado 20 £ en dinero.

La reserva de producción adicional se ha reducido ahora en 1/3. Era, como 4/5 de 300 £, del capital adicional II, = 240 £; ahora es solo = 160 £; es decir, reserva adicional para 2 semanas en lugar de para 3. Se renueva ahora cada 2 semanas en lugar de cada 3, pero también solo para 2 semanas en lugar de para 3. Las compras, por ejemplo en el mercado del algodón, se repiten así con más frecuencia y en porciones más pequeñas. Se sustrae al mercado la misma porción de algodón, pues la masa del producto sigue siendo igual. Pero la sustracción se distribuye de otro modo en el tiempo y a lo largo de más tiempo. Supongamos, por ejemplo, que se trata de 3 meses y de 2; sea el consumo anual de algodón de 1.200 balas. En el primer caso se venden:

1 de enero300 balas; quedan en almacén900 balas
1 de abril300 balas; quedan en almacén600 balas
1 de julio300 balas; quedan en almacén300 balas
1 de octubre300 balas; quedan en almacén0 balas

En cambio, en el segundo caso:

1 de enerovendidas 200; en almacén1.000 balas
1 de marzovendidas 200; en almacén800 balas
1 de mayovendidas 200; en almacén600 balas
1 de juliovendidas 200; en almacén400 balas
1 de septiembrevendidas 200; en almacén200 balas
1 de noviembrevendidas 200; en almacén0 balas

Así pues, el dinero invertido en algodón no refluye por completo hasta un mes más tarde, en noviembre en lugar de en octubre. Por tanto, si por el acortamiento del tiempo de circulación, y con él de la rotación, queda segregado en la forma de capital dinerario 1/9 del capital adelantado = 100 £, y si estas 100 £ se componían de 20 £ de capital dinerario periódicamente sobrante para el pago del salario semanal y de 80 £ que existían como reserva de producción periódicamente sobrante para una semana, entonces, respecto de estas 80 £, a la menor reserva de producción sobrante del lado del fabricante corresponde la mayor reserva de mercancías del lado del comerciante de algodón. El mismo algodón yace como mercancía en el almacén de este tanto más tiempo cuanto menos tiempo yace como reserva de producción en el almacén del fabricante.

Hasta ahora suponíamos que el acortamiento del tiempo de circulación en el negocio X se debía a que X vende su mercancía o cobra su importe más rápidamente o, en caso de crédito, a que se acorta el plazo de pago. Este acortamiento se deriva, pues, de un acortamiento de la venta de la mercancía, de la transformación de capital mercantil en capital dinerario, M'–D, la primera fase del proceso de circulación. Podría nacer también de la segunda fase, D–M, y, por tanto, de un cambio simultáneo, ya sea en el período de trabajo, ya sea en el tiempo de circulación de los capitales Y, Z, etc., que suministran al capitalista X los elementos de producción de su capital fluido.

Por ejemplo, si con el antiguo transporte el algodón, el carbón, etc., están 3 semanas de viaje desde su lugar de producción o de depósito hasta la sede del establecimiento productivo del capitalista X, el mínimo de la reserva de producción de X tiene que alcanzar hasta la llegada de nuevas reservas al menos para 3 semanas. Mientras el algodón y el carbón están de viaje, no pueden servir como medios de producción. Más bien constituyen entonces un objeto de trabajo de la industria del transporte y del capital ocupado en ella, y capital mercantil que se encuentra en su circulación para el productor de carbón o el vendedor de algodón. Supongamos que, con un transporte mejorado, el viaje se reduce a 2 semanas. Así, la reserva de producción puede transformarse de una de tres semanas en una de dos semanas. Con ello queda liberado el capital adicional de 80 £ adelantado para ella, y del mismo modo el de 20 £ para salario, porque el capital rotado de 600 £ refluye una semana antes.

Por otra parte, si, por ejemplo, se acorta el período de trabajo del capital que suministra la materia prima (de lo que se han dado ejemplos en los capítulos anteriores), y por tanto también la posibilidad de renovar la materia prima, la reserva productiva puede disminuir y el lapso de un período de renovación al siguiente puede acortarse.

Si, a la inversa, se alarga el tiempo de circulación y, por tanto, el período de rotación, se hace necesario adelantar capital adicional. Del bolsillo del propio capitalista, si posee capital adicional. Pero entonces este estará invertido en alguna forma, como parte del mercado de dinero; para hacerlo disponible, hay que desprenderlo de su vieja forma, por ejemplo vender acciones o retirar depósitos, de modo que también aquí se produce un efecto indirecto sobre el mercado de dinero. O tiene que tomarlo prestado. Por lo que se refiere a la parte del capital adicional necesaria para el salario, en circunstancias normales hay que adelantarla siempre como capital dinerario, y para ello el capitalista X ejerce su parte de presión directa sobre el mercado de dinero. Para la parte que hay que invertir en materiales de producción, esto solo es indispensable si tiene que pagarlos al contado. Si puede obtenerlos a crédito, esto no ejerce ninguna influencia directa sobre el mercado de dinero, puesto que el capital adicional se adelanta entonces directamente como reserva de producción y no, en primera instancia, como capital dinerario. Si su acreedor lanza a su vez directamente al mercado de dinero la letra recibida de X, la hace descontar, etc., esto actuaría indirectamente, de segunda mano, sobre el mercado de dinero. Pero si utiliza esta letra para cubrir, por ejemplo, una deuda que ha de saldarse más tarde, este capital adelantado adicionalmente no actúa ni directa ni indirectamente sobre el mercado de dinero.

Caso II. Cambio de precios de los materiales de producción, permaneciendo invariables todas las demás circunstancias.

Acabamos de suponer que el capital global de 900 £ se desembolsa en 4/5 = 720 £ en materiales de producción y en 1/5 = 180 £ en salario.

Si los materiales de producción bajan a la mitad, para el período de trabajo de seis semanas solo exigen 240 £ en lugar de 480 £, y para el capital adicional n.º II solo 120 £ en lugar de 240 £. El capital I se reduce, pues, de 600 £ a 240 + 120 = 360 £, y el capital II de 300 £ a 120 + 60 = 180 £. El capital global de 900 £, a 360 + 180 = 540 £. Quedan segregadas, pues, 360 £.

Este capital segregado y ahora desocupado, que busca por eso inversión en el mercado de dinero, capital dinerario, no es más que un trozo del capital de 900 £ adelantado originariamente como capital dinerario, que por la baja de precio de los elementos de producción en que se reconvierte periódicamente se ha vuelto superfluo, si el negocio no ha de ampliarse, sino proseguir en la vieja escala. Si esta baja de precio no se debiera a circunstancias fortuitas (una cosecha especialmente rica, un exceso de suministro, etc.), sino a un aumento de la fuerza productiva en la rama que suministra la materia prima, este capital dinerario sería un aporte absoluto al mercado de dinero y, en general, al capital disponible en la forma de capital dinerario, porque ya no formaría parte integrante del capital ya empleado.

Caso III. Cambio de precios en el precio de mercado del propio producto.

Aquí, al bajar el precio, se pierde una parte del capital, que hay que reponer, por tanto, con un nuevo adelanto de capital dinerario. Esta pérdida del vendedor puede recuperarla el comprador. Directamente, si el producto solo ha bajado en su precio de mercado por coyunturas fortuitas y después vuelve a subir a su precio normal. Indirectamente, si el cambio de precio se debe a un cambio de valor que repercute sobre el producto antiguo, y si este producto entra a su vez como elemento de producción en otra esfera de la producción y libera allí pro tanto capital. En ambos casos, el capital perdido para X, para cuya reposición presiona sobre el mercado de dinero, puede haberle sido suministrado por sus socios comerciales como nuevo capital adicional. Entonces solo hay una transferencia.

Si, a la inversa, sube el precio del producto, se apropia de la circulación una parte de capital que no se había adelantado. No es una parte orgánica del capital adelantado en el proceso de producción y forma, por tanto, si la producción no se amplía, capital dinerario segregado. Como aquí se ha supuesto que los precios de los elementos del producto estaban dados antes de que este saliera al mercado como capital mercantil, la subida de precio podría haberla causado en este caso un cambio real de valor, en la medida en que actuara retroactivamente, por ejemplo si las materias primas hubieran subido con posterioridad. En este caso, el capitalista X ganaría con su producto que circula como capital mercantil y con su reserva de producción existente. Esta ganancia le proporcionaría un capital adicional que ahora, con los nuevos precios aumentados de los elementos de producción, se hace necesario para proseguir su negocio.

O bien la subida de precio es solo pasajera. Lo que entonces se hace necesario como capital adicional del lado del capitalista X sobra como capital liberado del otro lado, en la medida en que su producto constituye un elemento de producción para otras ramas de negocio. Lo que uno ha perdido, el otro lo ha ganado.

Capítulo decimosexto. La rotación del capital variable

I. La tasa anual de plusvalía

Supongamos un capital circulante de 2.500 £, compuesto por 4/5 = 2.000 £ de capital constante (materiales de producción) y 1/5 = 500 £ de capital variable, invertido en salarios.

Sea el período de rotación = 5 semanas; el período de trabajo = 4 semanas; el período de circulación = 1 semana. Entonces el capital I = 2.000 £, compuesto por 1.600 £ de capital constante y 400 £ de capital variable; el capital II = 500 £, de las cuales 400 £ son constantes y 100 £ variables. En cada semana de trabajo se invierte un capital de 500 £. En un año de 50 semanas se elabora un producto anual de 50 × 500 = 25.000 £. El capital I de 2.000 £, empleado constantemente en un período de trabajo, rota, pues, 12 1/2 veces. 12 1/2 × 2.000 = 25.000 £. De estas 25.000 £, 4/5 = 20.000 £ son capital constante, invertido en medios de producción, y 1/5 = 5.000 £ capital variable, invertido en salarios. En cambio, el capital global de 2.500 £ rota 25.000/2.500 = 10 veces.

El capital circulante variable gastado durante la producción solo puede servir de nuevo en el proceso de circulación en la medida en que el producto en que se ha reproducido su valor se haya vendido, se haya transformado de capital mercantil en capital dinerario, para invertirse de nuevo en el pago de fuerza de trabajo. Pero lo mismo ocurre con el capital circulante constante invertido en la producción (los materiales de producción), cuyo valor reaparece en el producto como parte de valor. Lo que estas dos partes —la parte variable y la parte constante del capital circulante— tienen en común, y lo que las distingue del capital fijo, no es que su valor transferido al producto circule por medio del capital mercantil, es decir, circule mediante la circulación del producto como mercancía. Una parte de valor del producto, y por tanto del producto que circula como mercancía, del capital mercantil, consiste siempre en el desgaste del capital fijo, o sea, en la parte de valor del capital fijo que este ha transferido al producto durante la producción. Pero la diferencia es esta: el capital fijo sigue funcionando en el proceso de producción en su vieja figura de uso durante un ciclo más o menos largo de períodos de rotación del capital circulante (= capital constante circulante + capital variable circulante); mientras que cada rotación singular tiene por condición la reposición de todo el capital circulante que ha pasado de la esfera de la producción —en la figura de capital mercantil— a la esfera de la circulación. La primera fase de la circulación, M'–D', es común al capital constante fluido y al capital variable fluido. En la segunda fase se separan. El dinero en que se ha vuelto a transformar la mercancía se convierte en parte en existencias de producción (capital constante circulante). Según los distintos plazos de compra de sus componentes, puede ocurrir que una parte se convierta antes y otra después de dinero en materiales de producción, pero al final se invierte entero en ellos. Otra parte del dinero obtenido con la venta de la mercancía queda inmovilizada como existencias de dinero para gastarse poco a poco en el pago de la fuerza de trabajo incorporada al proceso de producción. Esa parte forma el capital variable circulante. No obstante, la reposición íntegra de una u otra parte procede cada vez de la rotación del capital, de su transformación en producto, de producto en mercancía y de mercancía en dinero. Esta es la razón por la que en el capítulo anterior se ha tratado la rotación del capital circulante —constante y variable— por separado y en conjunto, sin tener en cuenta el capital fijo.

Para la cuestión que ahora hemos de tratar, tenemos que dar un paso más y tratar la parte variable del capital circulante como si formara ella sola el capital circulante. Es decir, prescindimos del capital circulante constante que rota junto con ella.

Se han adelantado 2.500 £, y el valor del producto anual es de 25.000 £. Pero la parte variable del capital circulante es de 500 £; de ahí que el capital variable contenido en las 25.000 £ sea igual a 25.000/5 = 5.000 £. Si dividimos las 5.000 £ por 500, obtenemos el número de rotaciones, 10, exactamente igual que para el capital global de 2.500 £.

Este cálculo medio, según el cual el valor del producto anual se divide por el valor del capital adelantado y no por el valor de la parte de este capital empleada constantemente en un período de trabajo (por tanto, aquí no por 400, sino por 500; no por el capital I, sino por el capital I + el capital II), es absolutamente exacto aquí, donde solo se trata de la producción de la plusvalía. Más adelante se verá que desde otro punto de vista no es del todo exacto, como en general no es del todo exacto este cálculo medio. Es decir, basta para los fines prácticos del capitalista, pero no expresa de modo exacto o adecuado todas las circunstancias reales de la rotación.

Hasta ahora hemos prescindido por completo de una parte de valor del capital mercantil, a saber, de la plusvalía que encierra, producida durante el proceso de producción e incorporada al producto. A ella hemos de dirigir ahora nuestra atención.

Supongamos que el capital variable de 100 £ invertido semanalmente produce una plusvalía del 100 % = 100 £; entonces el capital variable de 500 £ invertido en el período de rotación de 5 semanas produce una plusvalía de 500 £, es decir, la mitad de la jornada laboral consiste en plustrabajo.

Pero si 500 £ de capital variable producen 500 £, 5.000 producen una plusvalía de 10 × 500 = 5.000 £. Sin embargo, el capital variable adelantado es de 500 £. A la relación entre la masa global de plusvalía producida durante el año y la suma de valor del capital variable adelantado la llamamos tasa anual de plusvalía. Esta es, pues, en el presente caso = 5.000/500 = 1.000 %. Si analizamos más de cerca esta tasa, se ve que es igual a la tasa de plusvalía que produce el capital variable adelantado durante un período de rotación, multiplicada por el número de rotaciones del capital variable (que coincide con el número de rotaciones de todo el capital circulante).

El capital variable adelantado durante un período de rotación es, en el presente caso, = 500 £; la plusvalía producida en él, igualmente = 500 £. La tasa de plusvalía durante un período de rotación es, por tanto, = 500p/500v = 100 %. Este 100 % multiplicado por 10, el número de rotaciones en el año, da 5.000p/500v = 1.000 %.

Esto vale para la tasa anual de plusvalía. Pero, en lo que atañe a la masa de plusvalía obtenida durante un período de rotación determinado, esa masa es igual al valor del capital variable adelantado durante ese período, aquí = 500 £, multiplicado por la tasa de plusvalía; aquí, por tanto, 500 × 100/100 = 500 × 1 = 500 £. Si el capital adelantado fuera = 1.500 £, con la misma tasa de plusvalía, la masa de plusvalía sería = 1.500 × 100/100 = 1.500 £.

Al capital variable de 500 £ que rota diez veces al año, que produce dentro del año una plusvalía de 5.000 £ y para el cual, por tanto, la tasa anual de plusvalía es = 1.000 %, lo llamaremos capital A.

Supongamos ahora que otro capital variable, B, de 5.000 £, se adelanta para un año entero (es decir, aquí, para 50 semanas) y que, por tanto, solo rota una vez al año. Suponemos además que, al final del año, el producto se paga el mismo día en que está terminado, de modo que el capital dinerario en que se transforma refluye el mismo día. El período de circulación es aquí, pues, = 0, y el período de rotación = el período de trabajo, a saber, = 1 año. Como en el caso anterior, en el proceso de trabajo se encuentra cada semana un capital variable de 100 £, y por tanto en 50 semanas uno de 5.000 £. Sea además la tasa de plusvalía la misma = 100 %, es decir, con igual duración de la jornada laboral, la mitad consiste en plustrabajo. Si consideramos 5 semanas, el capital variable invertido es = 500 £, la tasa de plusvalía = 100 % y la masa de plusvalía producida durante las 5 semanas, por tanto, = 500 £. La masa de fuerza de trabajo que aquí se explota y el grado de explotación de esta son aquí, según el supuesto, exactamente iguales a los del capital A.

En cada semana, el capital variable invertido de 100 £ produce una plusvalía de 100 £; en 50 semanas, por tanto, el capital invertido de 50 × 100 = 5.000 £ produce una plusvalía de 5.000 £. La masa de la plusvalía producida anualmente es la misma que en el caso anterior, = 5.000 £, pero la tasa anual de plusvalía es completamente distinta. Es igual a la plusvalía producida durante el año dividida por el capital variable adelantado: 5.000p/5.000v = 100 %, mientras que antes, para el capital A, era = 1.000 %.

Tanto en el capital A como en el capital B hemos gastado semanalmente 100 £ de capital variable; el grado de valorización o la tasa de plusvalía es asimismo el mismo, = 100 %; la magnitud del capital variable es también la misma, = 100 £. Se explota la misma masa de fuerza de trabajo, la magnitud y el grado de la explotación son los mismos en ambos casos, las jornadas laborales son iguales e igualmente divididas en trabajo necesario y plustrabajo. La suma de capital variable empleada durante el año es igual de grande, = 5.000 £, pone en movimiento la misma masa de trabajo y extrae de la fuerza de trabajo puesta en movimiento por los dos capitales iguales la misma masa de plusvalía, 5.000 £. Y, sin embargo, en la tasa anual de plusvalía de A y B hay una diferencia del 900 %.

Este fenómeno parece indicar, ciertamente, que la tasa de plusvalía no depende solo de la masa y del grado de explotación de la fuerza de trabajo puesta en movimiento por el capital variable, sino además de influencias inexplicables que brotan del proceso de circulación; y, de hecho, así se ha interpretado este fenómeno, que, si no en esta su forma pura, sí en su forma más complicada y más oculta (la de la tasa anual de ganancia), ha provocado una completa desbandada en la escuela ricardiana desde comienzos de los años veinte.

Lo que el fenómeno tiene de extraño desaparece en cuanto colocamos el capital A y el capital B, no solo en apariencia, sino realmente, en circunstancias exactamente iguales. Las circunstancias solo son iguales si el capital variable B se gasta en todo su volumen en el pago de fuerza de trabajo en el mismo lapso de tiempo que el capital A.

Las 5.000 £ del capital B se invierten entonces en 5 semanas, 1.000 £ por semana, lo que da para el año un desembolso de 50.000 £. La plusvalía es entonces igualmente, según nuestro supuesto, = 50.000 £. El capital rotado = 50.000 £, dividido por el capital adelantado = 5.000 £, da el número de rotaciones = 10. La tasa de plusvalía = 5.000p/5.000v = 100 %, multiplicada por el número de rotaciones = 10, da la tasa anual de plusvalía = 50.000p/5.000v = 10/1 = 1.000 %. Ahora, pues, las tasas anuales de plusvalía de A y B son iguales, a saber, del 1.000 %, pero las masas de plusvalía son: para B 50.000 £, para A 5.000 £; las masas de la plusvalía producida están ahora en la misma relación que los valores de capital adelantados B y A, a saber, 5.000 : 500 = 10 : 1. Pero, en cambio, el capital B ha puesto en movimiento en el mismo tiempo diez veces más fuerza de trabajo que el capital A.

Solo el capital empleado realmente en el proceso de trabajo es el que genera la plusvalía y para el que valen todas las leyes establecidas acerca de la plusvalía, y por tanto también la ley según la cual, dada la tasa, la masa de la plusvalía está determinada por la magnitud relativa del capital variable.

El propio proceso de trabajo se mide por el tiempo. Dada la duración de la jornada laboral (como aquí, donde igualamos todas las circunstancias entre el capital A y el capital B para poner a plena luz la diferencia en la tasa anual de plusvalía), la semana de trabajo consta de un número determinado de jornadas laborales. O bien podemos considerar un período de trabajo cualquiera, por ejemplo aquí el de cinco semanas, como una sola jornada laboral, de 300 horas, por ejemplo, si la jornada laboral = 10 horas y la semana = 6 jornadas laborales. Pero además tenemos que multiplicar esta cifra por el número de obreros empleados conjuntamente cada día, al mismo tiempo, en el mismo proceso de trabajo. Si este número fuera, por ejemplo, 10, la suma semanal sería = 60 × 10 = 600 horas, y un período de trabajo de cinco semanas = 600 × 5 = 3.000 horas. Así pues, se emplean capitales variables de igual magnitud, con igual tasa de plusvalía e igual duración de la jornada laboral, cuando se ponen en movimiento en el mismo plazo masas de fuerza de trabajo de igual magnitud (una fuerza de trabajo del mismo precio multiplicada por el mismo número).

Volvamos ahora a nuestros ejemplos originales. En ambos casos, A y B, se emplean capitales variables de igual magnitud, 100 £ por semana, durante cada semana del año. Los capitales variables empleados, que funcionan realmente en el proceso de trabajo, son, por tanto, iguales, pero los capitales variables adelantados son completamente desiguales. En A se adelantan para cada 5 semanas 500 £, de las cuales se emplean 100 £ cada semana. En B hay que adelantar para el primer período de cinco semanas 5.000 £, de las cuales, sin embargo, solo se emplean 100 £ por semana, y en las 5 semanas, por tanto, solo 500 £ = 1/10 del capital adelantado. En el segundo período de cinco semanas hay que adelantar 4.500 £, pero solo se emplean 500 £, y así sucesivamente. El capital variable adelantado para un período de tiempo determinado solo se transforma en capital variable empleado, es decir, que funciona y actúa realmente, en la medida en que entra realmente en los tramos de ese período de tiempo ocupados por el proceso de trabajo, en que funciona realmente en el proceso de trabajo. En el intervalo en que una parte de él está adelantada para emplearse solo en un tramo de tiempo posterior, esa parte es como si no existiera para el proceso de trabajo y, por tanto, no tiene ninguna influencia ni sobre la formación de valor ni sobre la de plusvalía. Por ejemplo, en el capital A de 500 £. Está adelantado para 5 semanas, pero cada semana solo entran sucesivamente en el proceso de trabajo 100 £ de él. En la primera semana se emplea 1/5 de él; 4/5 están adelantados sin emplearse, aunque tienen que estar en reserva para los procesos de trabajo de las 4 semanas siguientes y, por tanto, adelantados.

Las circunstancias que diferencian la relación entre el capital variable adelantado y el empleado solo influyen en la producción de plusvalía —dada la tasa de plusvalía— en la medida en que, y por el hecho de que, diferencian la cantidad de capital variable que puede emplearse realmente en un período de tiempo determinado, por ejemplo en 1 semana, en 5 semanas, etc. El capital variable adelantado solo funciona como capital variable en tanto y durante el tiempo en que se emplea realmente; no durante el tiempo en que permanece adelantado en reserva, sin emplearse. Pero todas las circunstancias que diferencian la relación entre capital variable adelantado y empleado se resumen en la diferencia de los períodos de rotación (determinada por la diferencia, ya sea del período de trabajo, ya del período de circulación, ya de ambos). La ley de la producción de plusvalía es que, con igual tasa de plusvalía, masas iguales de capital variable en funciones generan masas iguales de plusvalía. Por tanto, si los capitales A y B emplean en lapsos de tiempo iguales, con igual tasa de plusvalía, masas iguales de capital variable, tienen que generar en los mismos períodos masas iguales de plusvalía, por distinta que sea la relación entre este capital variable empleado en un período determinado y el capital variable adelantado durante ese mismo período, y por distinta que sea, por tanto, la relación entre las masas de plusvalía generadas y, no ya el capital variable empleado, sino el adelantado en general. La diversidad de esta relación, en lugar de contradecir las leyes desarrolladas acerca de la producción de la plusvalía, más bien las confirma y es una consecuencia ineludible de ellas.

Consideremos el primer tramo de producción de cinco semanas del capital B. Al final de la 5.ª semana se han empleado y consumido 500 £. El producto de valor es = 1.000 £, y por tanto 500p/500v = 100 %. Exactamente igual que en el capital A. Que en el capital A la plusvalía se haya realizado junto con el capital adelantado y en B no, no nos interesa todavía aquí, donde solo se trata de la producción de la plusvalía y de su relación con el capital variable adelantado durante su producción. Si, en cambio, calculamos la relación de la plusvalía en B no con la parte del capital adelantado de 5.000 £ empleada y, por tanto, consumida durante su producción, sino con este capital global adelantado mismo, obtenemos 500p/5.000v = 1/10 = 10 %. Así pues, para el capital B, el 10 %, y para el capital A, el 100 %, es decir, diez veces más. Si aquí se dijera: esta diferencia en la tasa de plusvalía para capitales de igual magnitud, que han puesto en movimiento una misma cantidad de trabajo, y además un trabajo que se divide en partes iguales en trabajo pagado y no pagado, contradice las leyes acerca de la producción de la plusvalía, la respuesta sería sencilla y vendría dada por la mera contemplación de las relaciones efectivas: en A expresáis la tasa real de plusvalía, es decir, la relación entre la plusvalía producida durante 5 semanas por un capital variable de 500 £ y ese capital variable de 500 £. En B, en cambio, se calcula de una manera que no tiene nada que ver ni con la producción de la plusvalía ni con la determinación de la tasa de plusvalía que le corresponde. Las 500 £ de plusvalía producidas con un capital variable de 500 £ no se calculan, en efecto, en relación con las 500 £ de capital variable adelantadas durante su producción, sino en relación con un capital de 5.000 £, de las cuales 9/10, 4.500 £, no tienen nada que ver con la producción de esta plusvalía de 500 £, sino que han de funcionar solo gradualmente en el curso de las 45 semanas siguientes, y por tanto no existen en absoluto para la producción de las 5 primeras semanas, que es lo único de que aquí se trata. En este caso, pues, la diferencia en la tasa de plusvalía de A y B no plantea problema alguno.

Comparemos ahora las tasas anuales de plusvalía para los capitales B y A. Para el capital B tenemos 5.000p/5.000v = 100 %; para el capital A, 5.000p/500v = 1.000 %. Pero la relación entre las tasas de plusvalía es la misma que antes. Allí teníamos:

(Tasa de plusvalía del capital B)/(Tasa de plusvalía del capital A) = 10 %/100 %; ahora tenemos:

(Tasa anual de plusvalía del capital B)/(Tasa anual de plusvalía del capital A) = 100 %/1.000 %,

pero 10 %/100 % = 100 %/1.000 %, es decir, la misma relación que antes.

Sin embargo, el problema se ha invertido ahora. La tasa anual del capital B, 5.000p/5.000v = 100 %, no presenta en absoluto ninguna desviación —ni siquiera ya la apariencia de una desviación— respecto de las leyes que conocemos acerca de la producción de la plusvalía y de la tasa de plusvalía que le corresponde. Se han adelantado y consumido productivamente 5.000 durante el año, y han producido 5.000p. La tasa de plusvalía es, pues, la fracción anterior, 5.000p/5.000v = 100 %. La tasa anual coincide con la tasa real de plusvalía. Así pues, esta vez no es el capital B, como antes, sino el capital A el que presenta la anomalía que hay que explicar.

Tenemos aquí la tasa de plusvalía 5.000p/500v = 1.000 %. Pero si en el primer caso 500p, el producto de 5 semanas, se calculaba sobre un capital adelantado de 5.000 £, del cual 9/10 no se habían empleado en su producción, ahora 5.000p se calculan sobre 500v, es decir, sobre solo 1/10 del capital variable que se ha empleado realmente en la producción de 5.000p; pues las 5.000p son el producto de un capital variable de 5.000 consumido productivamente durante 50 semanas, no de un capital de 500 £ consumido durante un único período de cinco semanas. En el primer caso, la plusvalía producida durante 5 semanas se calculaba sobre un capital adelantado para 50 semanas, es decir, diez veces mayor que el consumido durante las 5 semanas. Ahora, la plusvalía producida durante 50 semanas se calcula sobre un capital adelantado para 5 semanas, es decir, diez veces menor que el consumido durante las 50 semanas.

El capital A de 500 £ nunca se adelanta por más de 5 semanas. Al final de ellas ha refluido y puede renovar el mismo proceso en el curso del año 10 veces, mediante diez rotaciones. De ello se siguen dos cosas.

Primero: el capital adelantado en A es solo cinco veces mayor que la parte del capital empleada constantemente en el proceso de producción de una semana. El capital B, en cambio, que solo rota una vez en 50 semanas y que, por tanto, también tiene que estar adelantado para 50 semanas, es 50 veces mayor que la parte de él que puede emplearse constantemente en una semana. La rotación modifica, pues, la relación entre el capital adelantado para el proceso de producción durante el año y el capital empleable constantemente en un período de producción determinado, por ejemplo en una semana. Y esto nos da el primer caso, en que la plusvalía de 5 semanas no se calcula sobre el capital empleado durante esas 5 semanas, sino sobre el capital diez veces mayor empleado durante 50 semanas.

Segundo: el período de rotación de 5 semanas del capital A constituye solo 1/10 del año; el año abarca, pues, 10 de estos períodos de rotación, en los que el capital A de 500 £ se emplea siempre de nuevo. El capital empleado es aquí igual al capital adelantado para 5 semanas multiplicado por el número de períodos de rotación en el año. El capital empleado durante el año es = 500 × 10 = 5.000 £. El capital adelantado durante el año = 5.000/10 = 500 £. En efecto, aunque las 500 £ se emplean siempre de nuevo, nunca se adelantan cada 5 semanas más que esas mismas 500 £. Por otra parte, en el capital B se emplean durante 5 semanas, ciertamente, solo 500 £, adelantadas para esas 5 semanas. Pero como el período de rotación es aquí = 50 semanas, el capital empleado durante el año es igual al capital adelantado, no para cada 5 semanas, sino para 50 semanas. Ahora bien, la masa de plusvalía producida anualmente se rige, dada la tasa de plusvalía, por el capital empleado durante el año, y no por el capital adelantado durante el año. Para este capital de 5.000 £ que rota una vez no es, pues, mayor que para el capital de 500 £ que rota diez veces, y solo es tan grande porque el capital que rota una vez al año es él mismo diez veces mayor que el que rota diez veces al año.

El capital variable rotado durante el año —es decir, la parte del producto anual, o también del desembolso anual, igual a esta parte— es el capital variable empleado realmente, consumido productivamente, en el curso del año. De ello se sigue que, si el capital variable A rotado anualmente y el capital variable B rotado anualmente son de igual magnitud y están empleados en iguales condiciones de valorización, y la tasa de plusvalía es, por tanto, la misma para ambos, también la masa de plusvalía producida anualmente tiene que ser la misma para ambos; y también —puesto que las masas de capital empleadas son las mismas— la tasa de plusvalía calculada por año, en tanto se expresa mediante: (Masa de plusvalía producida anualmente)/(Capital variable rotado anualmente). O, expresado en términos generales: cualquiera que sea la magnitud relativa de los capitales variables rotados, la tasa de la plusvalía producida por ellos en el curso del año está determinada por la tasa de plusvalía con que los respectivos capitales han trabajado en períodos medios (por ejemplo, en la media semanal o también en la diaria).

Esta es la única consecuencia que se sigue de las leyes acerca de la producción de la plusvalía y acerca de la determinación de la tasa de plusvalía.

Veamos ahora, además, qué expresa la relación: (Capital rotado anualmente)/(Capital adelantado) (en la que, como hemos dicho, solo tomamos en consideración el capital variable). La división da el número de rotaciones del capital adelantado en un año.

Para el capital A tenemos: (5.000 £ de capital rotado anualmente)/(500 £ de capital adelantado); para el capital B: (5.000 £ de capital rotado anualmente)/(5.000 £ de capital adelantado).

En ambas relaciones, el numerador expresa el capital adelantado multiplicado por el número de rotaciones; para A, 500 × 10; para B, 5.000 × 1. O bien multiplicado por el tiempo de rotación inverso, calculado sobre un año. El tiempo de rotación para A es 1/10 de año; el tiempo de rotación inverso es 10/1 de año, y por tanto 500 × 10/1 = 5.000; para B, 5.000 × 1/1 = 5.000. El denominador expresa el capital rotado multiplicado por el número de rotaciones inverso; para A, 5.000 × 1/10; para B, 5.000 × 1/1.

Las respectivas masas de trabajo (suma del trabajo pagado y no pagado) puestas en movimiento por los dos capitales variables rotados anualmente son aquí iguales, porque los propios capitales rotados son iguales e igual es también su tasa de valorización.

La relación entre el capital variable rotado anualmente y el adelantado indica: 1. la relación en que se encuentra el capital que hay que adelantar con el capital variable empleado en un período de trabajo determinado. Si el número de rotaciones es = 10, como en A, y el año se cuenta de 50 semanas, el tiempo de rotación es = 5 semanas. Para estas 5 semanas tiene que adelantarse capital variable, y el capital adelantado para 5 semanas tiene que ser cinco veces mayor que el capital variable empleado durante una semana. Es decir, solo 1/5 del capital adelantado (aquí 500 £) puede emplearse en el curso de una semana. En el capital B, en cambio, donde el número de rotaciones es = 1/1, el tiempo de rotación es = 1 año = 50 semanas. La relación entre el capital adelantado y el empleado semanalmente es, pues, de 50 : 1. Si fuera para B la misma que para A, B tendría que invertir semanalmente 1.000 £ en lugar de 100. — 2. Se sigue que B ha empleado un capital diez veces mayor (5.000 £) que A para poner en movimiento la misma masa de capital variable y, por tanto, también, dada la tasa de plusvalía, la misma masa de trabajo (pagado y no pagado), y producir así también la misma masa de plusvalía durante el año. La tasa real de plusvalía no expresa otra cosa que la relación entre el capital variable empleado en un período determinado y la plusvalía producida en ese mismo período; o la masa de trabajo no pagado que pone en movimiento el capital variable empleado durante ese período. No tiene absolutamente nada que ver con la parte del capital variable que está adelantada durante el tiempo en que no se emplea y, por tanto, tampoco tiene nada que ver con la relación, modificada y diferenciada para distintos capitales por el período de rotación, entre la parte de ellos adelantada durante un período determinado y la parte empleada durante ese mismo período.

De lo ya desarrollado se sigue más bien que la tasa anual de plusvalía solo coincide en un único caso con la tasa real de plusvalía, que expresa el grado de explotación del trabajo: a saber, cuando el capital adelantado solo rota una vez al año, de modo que el capital adelantado es igual al capital rotado durante el año, y por tanto la relación entre la masa de plusvalía producida durante el año y el capital empleado durante el año para esa producción coincide y es idéntica con la relación entre la masa de plusvalía producida durante el año y el capital adelantado durante el año.

A) La tasa anual de plusvalía es igual a (Masa de la plusvalía producida durante el año)/(Capital variable adelantado). Pero la masa de la plusvalía producida durante el año es igual a la tasa real de plusvalía multiplicada por el capital variable empleado en su producción. El capital empleado en la producción de la masa anual de plusvalía es igual al capital adelantado multiplicado por el número de sus rotaciones, que llamaremos n. La fórmula A se transforma, pues, en

B) La tasa anual de plusvalía es igual a

(Tasa real de plusvalía × el capital variable adelantado × n)/(Capital variable adelantado).

Por ejemplo, para el capital B = (100 % × 5.000 × 1)/5.000, o sea, 100 %. Solo cuando n = 1, es decir, cuando el capital variable adelantado solo rota una vez al año y es, por tanto, igual al capital empleado o rotado en el año, la tasa anual de plusvalía es igual a la tasa real de plusvalía.

Si llamamos P' a la tasa anual de plusvalía, p' a la tasa real de plusvalía, v al capital variable adelantado y n al número de rotaciones, tenemos: P' = p'vn/v = p'n; por tanto, P' = p'n, y solo = p' cuando n = 1, de modo que P' = p' × 1 = p'.33

Se sigue además: la tasa anual de plusvalía es siempre = p'n, es decir, igual a la tasa real de plusvalía producida en un período de rotación por el capital variable consumido durante ese período, multiplicada por el número de rotaciones de ese capital variable durante el año, o multiplicada (lo que es lo mismo) por su tiempo de rotación inverso, calculado tomando el año como unidad. (Si el capital variable rota diez veces al año, su tiempo de rotación es = 1/10 de año; su tiempo de rotación inverso es, pues, = 10/1 = 10.)

Se sigue asimismo: P' = p' cuando n = 1. P' es mayor que p' cuando n es mayor que 1; es decir, cuando el capital adelantado rota más de una vez al año o el capital rotado es mayor que el adelantado.

Por último, P' es menor que p' cuando n es menor que 1; es decir, cuando el capital rotado durante el año es solo una parte del capital adelantado y el período de rotación dura, por tanto, más de un año.

Detengámonos un momento en este último caso.

Mantenemos todos los supuestos de nuestro ejemplo anterior, salvo que el período de rotación se prolonga a 55 semanas. El proceso de trabajo requiere semanalmente 100 £ de capital variable, y por tanto 5.500 £ para el período de rotación, y produce semanalmente 100p; p' es, pues, como hasta ahora, del 100 %. El número de rotaciones n es aquí = 50/55 = 10/11, porque el tiempo de rotación es 1 + 1/10 de año (contando el año de 50 semanas), = 11/10 de año.

P' = (100 % × 5.500 × 10/11)/5.500 = 100 × 10/11 = 1.000/11 = 90 10/11 %, es decir, menor que el 100 %. En efecto, si la tasa anual de plusvalía fuera del 100 %, 5.500v tendrían que producir en un año 5.500p, mientras que para ello necesitan 11/10 de año. Las 5.500v solo producen durante el año 5.000p, y por tanto la tasa anual de plusvalía = 5.000p/5.500v = 10/11 = 90 10/11 %.

La tasa anual de plusvalía, o la comparación entre la plusvalía producida durante el año y el capital variable adelantado en general (a diferencia del capital variable rotado durante el año), no es, pues, algo meramente subjetivo, sino que es el movimiento real del capital el que produce por sí mismo esta contraposición. Para el poseedor del capital A, al final del año ha refluido su capital variable adelantado, = 500 £, y además 5.000 £ de plusvalía. No es la masa de capital que ha empleado durante el año, sino la que refluye periódicamente a él, la que expresa la magnitud de su capital adelantado. Que al final del año el capital exista en parte como existencias de producción y en parte como capital mercantil o dinerario, y en qué proporción esté dividido en estas distintas porciones, no hace al caso en la presente cuestión. Al poseedor del capital B le han refluido 5.000 £, su capital adelantado, y además 5.000 £ de plusvalía. Para el poseedor del capital C (el último considerado, de 5.500 £) se han producido durante el año 5.000 £ de plusvalía (5.000 £ invertidas y una tasa de plusvalía del 100 %), pero su capital adelantado aún no ha refluido, como tampoco la plusvalía producida.

P' = p'n expresa que la tasa de plusvalía válida para el capital variable empleado durante un período de rotación:

(Masa de plusvalía generada durante un período de rotación)/(Capital variable empleado durante un período de rotación), tiene que multiplicarse por el número de los períodos de rotación o de los períodos de reproducción del capital variable adelantado, por el número de los períodos en que este renueva su ciclo.

Ya se vio en el libro I, cap. IV (Transformación del dinero en capital), y luego en el libro I, cap. XXI (La reproducción simple),34 que el valor de capital, en general, se adelanta, no se gasta, por cuanto este valor, tras haber recorrido las distintas fases de su ciclo, vuelve a su punto de partida, y además enriquecido con plusvalía. Esto lo caracteriza como adelantado. El tiempo que transcurre desde su punto de partida hasta su punto de retorno es el tiempo por el que está adelantado. El ciclo completo que recorre el valor de capital, medido por el tiempo que va desde su adelanto hasta su reflujo, constituye su rotación, y la duración de esta rotación, un período de rotación. Una vez transcurrido este período, terminado el ciclo, el mismo valor de capital puede comenzar de nuevo el mismo ciclo, y por tanto también valorizarse de nuevo, generar plusvalía. Si el capital variable rota diez veces al año, como en A, en el curso del año se genera diez veces, con el mismo adelanto de capital, la masa de plusvalía correspondiente a un período de rotación.

Hay que hacerse cargo de la naturaleza del adelanto desde el punto de vista de la sociedad capitalista.

El capital A, que rota diez veces durante el año, se adelanta diez veces durante el año. Se adelanta de nuevo para cada nuevo período de rotación. Pero, al mismo tiempo, A nunca adelanta durante el año más que el mismo valor de capital de 500 £ y, de hecho, nunca dispone de más de 500 £ para el proceso de producción que estamos considerando. En cuanto estas 500 £ han completado un ciclo, A les hace comenzar de nuevo el mismo ciclo; del mismo modo que el capital, por su naturaleza, solo conserva su carácter de capital precisamente por funcionar siempre como capital en procesos de producción repetidos. Tampoco se adelanta nunca por más de 5 semanas. Si la rotación dura más, no alcanza. Si se acorta, una parte sobra. No se adelantan diez capitales de 500 £, sino que un capital de 500 £ se adelanta diez veces en tramos de tiempo sucesivos. Por eso la tasa anual de plusvalía no se calcula sobre un capital de 500 adelantado diez veces, o sobre 5.000 £, sino sobre un capital de 500 £ adelantado una vez; exactamente igual que, cuando 1 tálero circula diez veces, nunca representa más que un único tálero que se encuentra en circulación, aunque realice la función de 10 táleros. Pero en la mano en que se encuentre a cada cambio de manos, sigue siendo el mismo valor idéntico de 1 tálero.

Del mismo modo, el capital A, a cada reflujo y también en su reflujo al final del año, muestra que su poseedor opera siempre con el mismo valor de capital de 500 £. Por eso a sus manos solo refluyen también cada vez 500 £. Su capital adelantado nunca es, pues, mayor de 500 £. El capital adelantado de 500 £ forma, por tanto, el denominador de la fracción que expresa la tasa anual de plusvalía. Para ella teníamos más arriba la fórmula: P' = p'vn/v = p'n. Como la tasa real de plusvalía p' = p/v, igual a la masa de la plusvalía dividida por el capital variable que la ha producido, podemos poner en p'n el valor de p', es decir, p/v, y obtenemos entonces la otra fórmula: P' = pn/v.

Pero, mediante sus diez rotaciones y, por tanto, mediante la renovación diez veces repetida de su adelanto, el capital de 500 £ realiza la función de un capital diez veces mayor, de un capital de 5.000 £, exactamente igual que 500 táleros que circulan diez veces al año realizan la misma función que 5.000 que solo circulan una vez.

II. La rotación del capital variable individual

«Cualquiera que sea la forma social del proceso de producción, este tiene que ser continuo o recorrer periódicamente, una y otra vez, las mismas fases… Considerado en su conexión constante y en el flujo ininterrumpido de su renovación, todo proceso social de producción es, por tanto, al mismo tiempo, proceso de reproducción… Como incremento periódico del valor de capital o fruto periódico del capital, la plusvalía adopta la forma de un rédito que brota del capital.» (Libro I, cap. XXI, pp. 588, 589.)

Tenemos 10 períodos de rotación de cinco semanas del capital A; en el primer período de rotación se adelantan 500 £ de capital variable; es decir, cada semana se convierten 100 £ en fuerza de trabajo, de modo que al final del primer período de rotación se han gastado 500 £ en fuerza de trabajo. Estas 500 £, originariamente parte del capital global adelantado, han dejado de ser capital. Se han ido en el pago de salarios. Los obreros, a su vez, las gastan en la compra de sus medios de subsistencia, y consumen, pues, medios de subsistencia por valor de 500 £. Una masa de mercancías por ese importe de valor queda, por tanto, aniquilada (lo que el obrero ahorre, por ejemplo, como dinero, etc., tampoco es capital). Esta masa de mercancías se ha consumido improductivamente para el obrero, salvo en la medida en que mantiene en condiciones de actuar su fuerza de trabajo, es decir, un instrumento indispensable del capitalista. — En segundo lugar, sin embargo, estas 500 £ se han convertido para el capitalista en fuerza de trabajo del mismo valor (o precio). La fuerza de trabajo es consumida productivamente por él en el proceso de trabajo. Al final de las 5 semanas hay un producto de valor de 1.000 £. La mitad, 500 £, es el valor reproducido del capital variable gastado en el pago de fuerza de trabajo. La otra mitad, 500 £, es plusvalía nuevamente producida. Pero la fuerza de trabajo de las cinco semanas, mediante la conversión en la cual una parte del capital se transformó en capital variable, se ha gastado igualmente, se ha consumido, aunque productivamente. El trabajo que actuaba ayer no es el mismo trabajo que actúa hoy. Su valor, más la plusvalía creada por él, existe ahora como valor de una cosa distinta de la propia fuerza de trabajo: el producto. Pero, por el hecho de que el producto se transforma en dinero, la parte de valor de este que es igual al valor del capital variable adelantado puede convertirse de nuevo en fuerza de trabajo y, por tanto, funcionar de nuevo como capital variable. Que con el valor de capital, no solo reproducido, sino también transformado de nuevo en forma dineraria, se ocupe a los mismos obreros, es decir, a los mismos portadores de la fuerza de trabajo, es indiferente. Es posible que el capitalista emplee en el segundo período de rotación obreros nuevos en lugar de los antiguos.

Así pues, de hecho, en los 10 períodos de rotación de cinco semanas se gasta sucesivamente en salarios un capital de 5.000 £, y no de 500 £, salarios que los obreros a su vez gastan en medios de subsistencia. El capital de 5.000 £ así adelantado está consumido. Ya no existe. Por otra parte, se incorpora sucesivamente al proceso de producción fuerza de trabajo por valor, no de 500, sino de 5.000 £, y esta no solo reproduce su propio valor = 5.000 £, sino que produce por encima de él una plusvalía de 5.000 £. El capital variable de 500 £ que se adelanta en el segundo período de rotación no es el mismo capital idéntico de 500 £ que se adelantó en el primer período de rotación. Este está consumido, gastado en salarios. Pero ha sido repuesto por un nuevo capital variable de 500 £, que se produjo en forma de mercancía en el primer período de rotación y se volvió a transformar en forma dineraria. Este nuevo capital dinerario de 500 £ es, pues, la forma dineraria de la masa de mercancías nuevamente producida en el primer período de rotación. El hecho de que en manos del capitalista vuelva a encontrarse una suma de dinero idéntica de 500 £, es decir, prescindiendo de la plusvalía, exactamente tanto capital dinerario como el que adelantó originariamente, encubre el hecho de que opera con un capital nuevamente producido. (En lo que atañe a los demás componentes de valor del capital mercantil, que reponen las partes constantes del capital, su valor no se ha producido de nuevo, sino que solo ha cambiado la forma en que este valor existe.) — Tomemos el tercer período de rotación. Aquí es evidente que el capital de 500 £ adelantado por tercera vez no es un capital antiguo, sino un capital nuevamente producido, pues es la forma dineraria de la masa de mercancías producida en el segundo período de rotación, y no en el primero, es decir, de la parte de esa masa de mercancías cuyo valor es igual al valor del capital variable adelantado. La masa de mercancías producida en el primer período de rotación se ha vendido. Su parte de valor igual a la parte de valor variable del capital adelantado se convirtió en la nueva fuerza de trabajo del segundo período de rotación y produjo una nueva masa de mercancías, que a su vez se vendió y una parte de valor de la cual forma el capital de 500 £ adelantado en el tercer período de rotación.

Y así durante los diez períodos de rotación. Durante ellos, cada cinco semanas se lanzan al mercado masas de mercancías nuevamente producidas (cuyo valor, en la medida en que repone capital variable, es igualmente de nueva producción y no solo reaparece, como en el caso de la parte constante del capital circulante), para incorporar siempre nueva fuerza de trabajo al proceso de producción.

Lo que se consigue, pues, con las diez rotaciones del capital variable adelantado de 500 £ no es que este capital de 500 £ pueda consumirse productivamente diez veces, o que un capital variable que alcanza para 5 semanas pueda emplearse durante 50 semanas. Lo que ocurre, más bien, es que en las 50 semanas se emplean 10 × 500 £ de capital variable, y el capital de 500 £ solo alcanza siempre para 5 semanas y tiene que reponerse al cabo de las 5 semanas por un capital de 500 £ nuevamente producido. Esto ocurre tanto en el capital A como en el capital B. Pero aquí empieza la diferencia.

Al final del primer tramo de 5 semanas, tanto B como A han adelantado y gastado un capital variable de 500 £. Tanto en B como en A, su valor se ha convertido en fuerza de trabajo y ha sido repuesto por la parte del valor del producto, nuevamente creado por esta fuerza de trabajo, que es igual al valor del capital variable adelantado de 500 £. Tanto para B como para A, la fuerza de trabajo no solo ha repuesto el valor del capital variable gastado de 500 £ por un valor nuevo del mismo importe, sino que ha añadido una plusvalía, y, según el supuesto, de la misma magnitud.

Pero en B el producto de valor que repone el capital variable adelantado y añade una plusvalía a su valor no se encuentra en la forma en que puede funcionar de nuevo como capital productivo, o bien como capital variable. En A se encuentra en esta forma. Y hasta el final del año, B no posee el capital variable gastado en las primeras 5 semanas, y luego sucesivamente en cada período de 5 semanas, en la forma en que puede funcionar de nuevo como capital productivo, o bien como capital variable, aunque esté repuesto por valor nuevamente producido más plusvalía. Su valor ha sido, ciertamente, repuesto por un valor nuevo, y por tanto renovado, pero su forma de valor (aquí la forma absoluta de valor, su forma dineraria) no se ha renovado.

Para el segundo lapso de 5 semanas (y así sucesivamente para cada 5 semanas durante el año) tienen que estar, pues, en reserva otras 500 £, exactamente igual que para el primer lapso. Así pues, prescindiendo de las relaciones de crédito, al comienzo del año tienen que estar en reserva 5.000 £, como capital dinerario adelantado latente, aunque solo se gasten realmente poco a poco durante el año, se conviertan en fuerza de trabajo.

En A, en cambio, como el ciclo, la rotación del capital adelantado, se ha completado, la reposición de valor se encuentra ya, transcurridas las primeras 5 semanas, en la forma en que puede poner en movimiento nueva fuerza de trabajo para 5 semanas: en su forma dineraria originaria.

Tanto en A como en B, en el segundo período de 5 semanas se consume nueva fuerza de trabajo y se gasta un nuevo capital de 500 £ en el pago de esta fuerza de trabajo. Los medios de subsistencia de los obreros, pagados con las primeras 500 £, han desaparecido; en todos los casos, su valor ha desaparecido de manos del capitalista. Con las segundas 500 £ se compra nueva fuerza de trabajo, se retiran del mercado nuevos medios de subsistencia. En resumen, se gasta un capital nuevo de 500 £, no el antiguo. Pero en A este nuevo capital de 500 £ es la forma dineraria de la reposición de valor, nuevamente producida, de las 500 £ gastadas anteriormente. En B, esta reposición de valor se encuentra en una forma en que no puede funcionar como capital variable. Está ahí, pero no en la forma de capital variable. Por eso, para continuar el proceso de producción durante las 5 semanas siguientes, tiene que haber disponible y adelantarse un capital adicional de 500 £ en la forma dineraria, aquí ineludible. Así, tanto A como B gastan durante 50 semanas la misma cantidad de capital variable, pagan y consumen la misma cantidad de fuerza de trabajo. Pero B tiene que pagarla con un capital adelantado igual a su valor global = 5.000 £. A la paga sucesivamente mediante la forma dineraria, siempre renovada, de la reposición de valor producida durante cada 5 semanas del capital de 500 £ adelantado para cada 5 semanas. Aquí, pues, nunca se adelanta un capital dinerario mayor que para 5 semanas, es decir, nunca uno mayor que el de 500 £ adelantado para las primeras 5 semanas. Estas 500 £ alcanzan para todo el año. Está claro, por tanto, que, con igual grado de explotación del trabajo, con igual tasa real de plusvalía, las tasas anuales de A y B tienen que estar en razón inversa a las magnitudes de los capitales dinerarios variables que hubo que adelantar para poner en movimiento durante el año la misma masa de fuerza de trabajo. A: 5.000p/500v = 1.000 %, y B: 5.000p/5.000v = 100 %. Pero 500v : 5.000v = 1 : 10 = 100 % : 1.000 %.

La diferencia nace de la diversidad de los períodos de rotación, es decir, de los períodos en los que la reposición de valor del capital variable empleado en un lapso determinado puede funcionar de nuevo como capital, y por tanto como capital nuevo. En B, como en A, tiene lugar la misma reposición de valor para el capital variable empleado durante los mismos períodos. Tiene lugar también el mismo incremento de plusvalía durante los mismos períodos. Pero en B, aunque cada 5 semanas hay una reposición de valor de 500 £ más 500 £ de plusvalía, esa reposición de valor no forma todavía un capital nuevo, porque no se encuentra en la forma dineraria. En A, no solo se ha repuesto el antiguo valor de capital por uno nuevo, sino que se ha restablecido en su forma dineraria y, por tanto, se ha repuesto como capital nuevo capaz de funcionar.

La transformación más temprana o más tardía de la reposición de valor en dinero, y por tanto en la forma en que se adelanta el capital variable, es evidentemente una circunstancia del todo indiferente para la producción de la plusvalía misma. Esta depende de la magnitud del capital variable empleado y del grado de explotación del trabajo. Pero aquella circunstancia modifica la magnitud del capital dinerario que hay que adelantar para poner en movimiento durante el año una cantidad determinada de fuerza de trabajo, y determina, por tanto, la tasa anual de plusvalía.

III. La rotación del capital variable, considerada socialmente

Consideremos la cosa por un momento desde el punto de vista social. Supongamos que un obrero cuesta 1 £ por semana y que la jornada laboral es = 10 horas. Tanto en A como en B se ocupa durante el año a 100 obreros (100 £ por semana para 100 obreros hacen 500 £ para 5 semanas y 5.000 £ para 50 semanas), y estos trabajan cada uno 60 horas de trabajo por semana de 6 días. Así pues, 100 obreros realizan por semana 6.000 horas de trabajo y en 50 semanas 300.000 horas de trabajo. Esta fuerza de trabajo está embargada tanto por A como por B y, por tanto, la sociedad no puede gastarla en ninguna otra cosa. En este sentido, la cosa es, pues, socialmente la misma en A que en B. Además: tanto en A como en B, cada grupo de 100 obreros recibe un salario anual de 5.000 £ (los 200 juntos, por tanto, 10.000 £) y retira de la sociedad medios de subsistencia por esa suma. También en esto la cosa es socialmente la misma en A que en B. Como en ambos casos a los obreros se les paga semanalmente, retiran también semanalmente de la sociedad medios de subsistencia, por los que igualmente en ambos casos lanzan semanalmente a la circulación el equivalente en dinero. Pero aquí empieza la diferencia.

Primero. El dinero que el obrero de A lanza a la circulación no es solo, como para el obrero de B, la forma dineraria del valor de su fuerza de trabajo (de hecho, medio de pago de un trabajo ya realizado); es, contando ya desde el segundo período de rotación a partir de la apertura del negocio, la forma dineraria de su propio producto de valor (= precio de la fuerza de trabajo más plusvalía) del primer período de rotación, con el que se paga su trabajo durante el segundo período de rotación. En B no es así. Con respecto al obrero, el dinero es aquí, ciertamente, un medio de pago de un trabajo ya realizado por él, pero este trabajo realizado no se paga con su propio producto de valor convertido en oro (la forma dineraria del valor producido por él mismo). Esto solo puede ocurrir a partir del segundo año, cuando al obrero de B se le paga con su producto de valor del año anterior convertido en oro.

Cuanto más corto es el período de rotación del capital —cuanto más cortos son, por tanto, los lapsos en que se renuevan dentro del año sus plazos de reproducción—, tanto más rápidamente se transforma la parte variable de su capital, adelantada originariamente por el capitalista en forma dineraria, en la forma dineraria del producto de valor creado por el obrero para reponer ese capital variable (producto que encierra además plusvalía); tanto más corto es, pues, el tiempo por el que el capitalista tiene que adelantar dinero de su propio fondo, tanto menor es, en relación con un volumen dado de la escala de la producción, el capital que adelanta en general; y tanto mayor es, en proporción, la masa de plusvalía que obtiene durante el año, dada la tasa de plusvalía, porque tanto más a menudo puede comprar al obrero, siempre de nuevo, con la forma dineraria del propio producto de valor de este y poner en movimiento su trabajo.

Con una escala de la producción dada, la magnitud absoluta del capital dinerario variable adelantado (como la del capital circulante en general) disminuye en proporción a la brevedad del período de rotación, y la tasa anual de plusvalía aumenta. Con una magnitud dada del capital adelantado, la escala de la producción aumenta y, por tanto, dada la tasa de plusvalía, aumenta la masa absoluta de la plusvalía generada en un período de rotación, al mismo tiempo que se eleva la tasa anual de plusvalía por efecto del acortamiento de los períodos de reproducción. De la investigación precedente se ha desprendido, en general, que, según las distintas magnitudes del período de rotación, hay que adelantar capital dinerario de volumen muy diferente para poner en movimiento la misma masa de capital circulante productivo y la misma masa de trabajo con el mismo grado de explotación del trabajo.

Segundo —y esto está relacionado con la primera diferencia—, el obrero de B, como el de A, paga los medios de subsistencia que compra con el capital variable que en sus manos se ha transformado en medio de circulación. Por ejemplo, no solo retira trigo del mercado, sino que lo repone también mediante un equivalente en dinero. Pero como el dinero con que el obrero de B paga sus medios de subsistencia y los retira del mercado no es la forma dineraria de un producto de valor lanzado por él al mercado durante el año, como en el caso del obrero de A, entrega al vendedor de sus medios de subsistencia dinero, ciertamente, pero ninguna mercancía —ya sean medios de producción o medios de subsistencia— que este pueda comprar con el dinero obtenido, cosa que sí ocurre en A. Se retiran, pues, del mercado fuerza de trabajo, medios de subsistencia para esta fuerza de trabajo, capital fijo en la forma de los medios de trabajo empleados en B, y materiales de producción, y para reponerlos se lanza al mercado un equivalente en dinero; pero durante el año no se lanza al mercado ningún producto que reponga los elementos materiales del capital productivo retirados de él. Si pensamos la sociedad no capitalista, sino comunista, desaparece ante todo por completo el capital dinerario, y con él los disfraces de las transacciones que este introduce. La cosa se reduce simplemente a que la sociedad tiene que calcular de antemano cuánto trabajo, medios de producción y medios de subsistencia puede emplear, sin menoscabo alguno, en ramas de actividad que, como por ejemplo la construcción de ferrocarriles, no suministran durante un tiempo largo, un año o más, ni medios de producción, ni medios de subsistencia, ni efecto útil alguno, pero sí retiran trabajo, medios de producción y medios de subsistencia de la producción global anual. En la sociedad capitalista, en cambio, donde el entendimiento social solo se hace valer siempre post festum, pueden y tienen que producirse así constantemente grandes perturbaciones. Por un lado, presión sobre el mercado de dinero, mientras que, a la inversa, la holgura del mercado de dinero suscita a su vez tales empresas en masa, es decir, precisamente las circunstancias que más tarde provocan la presión sobre el mercado de dinero. El mercado de dinero se ve presionado porque aquí es constantemente necesario, durante un largo período, un adelanto de capital dinerario en gran escala. Y eso, sin contar con que industriales y comerciantes lanzan a la especulación ferroviaria, etc., el capital dinerario necesario para la marcha de sus negocios y lo reponen con préstamos en el mercado de dinero. — Por otro lado: presión sobre el capital productivo disponible de la sociedad. Como constantemente se retiran del mercado elementos del capital productivo y en su lugar solo se lanza al mercado un equivalente en dinero, aumenta la demanda solvente, sin suministrar por sí misma ningún elemento de la oferta. De ahí la subida de los precios, tanto de los medios de subsistencia como de los materiales de producción. A esto se añade que durante esta época se practica regularmente el fraude especulativo y tiene lugar una gran transferencia de capital. Una banda de especuladores, contratistas, ingenieros, abogados, etc., se enriquece. Provocan una fuerte demanda de consumo en el mercado, y además suben los salarios. En lo que respecta a los medios de alimentación, con ello se da, ciertamente, también un acicate a la agricultura. Pero como estos medios de alimentación no pueden aumentarse de repente, dentro del año, crece su importación, como en general la importación de medios de alimentación exóticos (café, azúcar, vino, etc.) y de artículos de lujo. De ahí el exceso de importación y la especulación en esta parte del negocio de importación. Por otro lado, en las ramas de la industria en que la producción puede aumentarse rápidamente (manufactura propiamente dicha, minería, etc.), la subida de los precios provoca una expansión súbita, a la que pronto sigue el derrumbe. El mismo efecto se produce en el mercado de trabajo, para atraer a las nuevas ramas de actividad grandes masas de la superpoblación relativa latente, e incluso de los obreros ocupados. En general, tales empresas en gran escala, como los ferrocarriles, retiran del mercado de trabajo una cantidad determinada de fuerzas que solo puede proceder de ciertas ramas, como la agricultura, etc., donde se necesitan exclusivamente mozos fuertes. Esto sigue ocurriendo incluso después de que las nuevas empresas se hayan convertido ya en ramas de actividad estables y, por tanto, se haya formado ya la clase obrera itinerante que necesitan. Por ejemplo, en cuanto la construcción de ferrocarriles se lleva a cabo momentáneamente en una escala mayor que la media. Se absorbe una parte del ejército obrero de reserva, cuya presión mantenía más bajo el salario. Los salarios suben en general, incluso en las partes del mercado de trabajo hasta entonces bien ocupadas. Esto dura hasta que el inevitable crac vuelve a liberar al ejército de reserva de obreros y los salarios vuelven a ser empujados hasta su mínimo y por debajo de él.35

En la medida en que la mayor o menor duración del período de rotación depende del período de trabajo en sentido propio, es decir, del período necesario para dejar el producto listo para el mercado, se basa en las condiciones materiales de producción dadas en cada caso para las distintas inversiones de capital, que en la agricultura tienen más el carácter de condiciones naturales de la producción y que en la manufactura y en la mayor parte de la industria extractiva cambian con el desarrollo social del propio proceso de producción.

En la medida en que la duración del período de trabajo se basa en el tamaño de los suministros (en el volumen cuantitativo en que el producto se lanza por regla general al mercado como mercancía), esto tiene un carácter convencional. Pero la convención misma tiene por base material la escala de la producción y, por tanto, solo es fortuita si se la considera en lo singular.

Por último, en la medida en que la duración del período de rotación depende de la duración del período de circulación, esta está condicionada en parte, ciertamente, por el cambio constante de las coyunturas del mercado, por la mayor o menor facilidad para vender y por la necesidad que de ello se desprende de lanzar el producto en parte a un mercado más cercano o más lejano. Prescindiendo del volumen de la demanda en general, el movimiento de los precios desempeña aquí un papel principal, ya que la venta se restringe deliberadamente cuando los precios bajan, mientras la producción sigue adelante; a la inversa, cuando los precios suben, en cuyo caso la producción y la venta van al mismo paso o puede venderse por adelantado. Sin embargo, hay que considerar como verdadera base material la distancia real entre la sede de la producción y el mercado de venta.

Por ejemplo, se vende a la India tejido de algodón o hilo inglés. Supongamos que el comerciante exportador paga al fabricante de algodón inglés (el comerciante exportador solo lo hace de buen grado cuando el mercado de dinero está en buena situación. En cuanto el propio fabricante repone su capital dinerario mediante operaciones de crédito, la cosa ya va mal). El exportador vende más tarde su mercancía de algodón en el mercado indio, desde donde se le remite su capital adelantado. Hasta este reflujo, la cosa ocurre exactamente igual que en el caso en que la duración del período de trabajo hace necesario el adelanto de nuevo capital dinerario para mantener en marcha el proceso de producción en una escala dada. El capital dinerario con que el fabricante paga a sus obreros y renueva igualmente los demás elementos de su capital circulante no es la forma dineraria de los hilos producidos por él. Esto solo puede ocurrir en cuanto el valor de ese hilo haya refluido a Inglaterra en dinero o en producto. Es capital dinerario adicional, como antes. La única diferencia es que, en lugar del fabricante, lo adelanta el comerciante, a quien a su vez quizá se lo hayan procurado operaciones de crédito. Del mismo modo, antes de que este dinero se lance al mercado, o al mismo tiempo que él, no se ha lanzado al mercado inglés ningún producto adicional que pueda comprarse con este dinero y entrar en el consumo productivo o individual. Si esta situación se produce durante un tiempo prolongado y en una escala mayor, tiene que provocar las mismas consecuencias que antes el período de trabajo prolongado.

Ahora bien, es posible que en la propia India el hilo se venda a su vez a crédito. Con este crédito se compra producto en la India y se envía como retorno a Inglaterra, o se remiten letras por el importe. Si esta situación se prolonga, se produce una presión sobre el mercado de dinero indio, cuyo contragolpe en Inglaterra puede provocar aquí una crisis. La crisis, a su vez, aun cuando vaya unida a la exportación de metales preciosos a la India, provoca en este último país una nueva crisis, a causa de la bancarrota de casas comerciales inglesas y de sus sucursales indias, a las que los bancos indios habían concedido crédito. Surge así una crisis simultánea tanto en el mercado contra el cual como en el mercado a favor del cual está la balanza comercial. Este fenómeno puede ser todavía más complicado. Inglaterra, por ejemplo, ha enviado plata en barras a la India, pero los acreedores ingleses de la India cobran ahora allí sus créditos, y la India tendrá que devolver poco después sus barras de plata a Inglaterra.

Es posible que el comercio de exportación a la India y el comercio de importación desde la India se compensen aproximadamente, aunque el segundo (salvo circunstancias especiales, como la carestía del algodón, etc.) estará determinado y estimulado en su volumen por el primero. La balanza comercial entre Inglaterra y la India puede parecer equilibrada o mostrar solo débiles oscilaciones hacia un lado u otro. Pero en cuanto estalla la crisis en Inglaterra, se pone de manifiesto que en la India hay almacenadas mercancías de algodón sin vender (que, por tanto, no se han transformado de capital mercantil en capital dinerario: sobreproducción por este lado), y que, por otra parte, en Inglaterra no solo hay existencias sin vender de productos indios, sino que una gran parte de las existencias vendidas y consumidas aún no se ha pagado en absoluto. Lo que aparece como crisis en el mercado de dinero expresa, pues, en realidad anomalías en el propio proceso de producción y de reproducción.

Tercero: con respecto al propio capital circulante empleado (tanto el variable como el constante), la duración del período de rotación, en la medida en que procede de la duración del período de trabajo, establece esta diferencia: con varias rotaciones durante el año, un elemento del capital circulante variable o constante puede ser suministrado por su propio producto, como en la producción de carbón, en la confección de ropa, etc. En el otro caso, no; al menos, no durante el año.

Capítulo decimoséptimo. La circulación de la plusvalía

Hasta ahora hemos visto que la diferencia en el período de rotación engendra una diferencia en la tasa anual de plusvalía, aun cuando la masa de plusvalía producida anualmente permanezca igual.

Pero, además, se produce necesariamente una diferencia en la capitalización de la plusvalía, en la acumulación, y, en esa medida, también en la masa de plusvalía producida durante el año, aun permaneciendo igual la tasa de plusvalía.

Observemos ahora, en primer lugar, que el capital A (en el ejemplo del capítulo anterior) tiene un rédito periódico corriente, es decir que, exceptuado el período de rotación con que comienza el negocio, sufraga su propio consumo dentro del año con su producción de plusvalía y no tiene que adelantarlo de un fondo propio. Esto último, en cambio, es lo que ocurre con B. Este produce, ciertamente, durante los mismos lapsos de tiempo tanta plusvalía como A, pero la plusvalía no está realizada y, por tanto, no puede consumirse ni individual ni productivamente. En lo que atañe al consumo individual, la plusvalía se anticipa. Hay que adelantar un fondo para ello.

Una parte del capital productivo que es difícil de clasificar, a saber, el capital adicional necesario para la reparación y el mantenimiento del capital fijo, aparece ahora también bajo una luz nueva.

En el caso de A, esta parte del capital no se adelanta —total o en gran parte— al comienzo de la producción. No necesita estar disponible, ni siquiera existir. Surge del propio negocio mediante la transformación inmediata de plusvalía en capital, es decir, mediante su empleo directo como capital. Una parte de la plusvalía, no solo producida sino también realizada periódicamente dentro del año, puede sufragar los gastos necesarios para la reparación, etc. Una parte del capital necesario para llevar el negocio en su escala originaria la produce así el propio negocio durante su marcha, mediante la capitalización de una parte de la plusvalía. Para el capitalista B esto es imposible. En su caso, la parte del capital en cuestión ha de formar parte del capital adelantado originariamente. En ambos casos, esta parte del capital figurará en los libros del capitalista como capital adelantado, que es lo que es, puesto que, según nuestro supuesto, forma parte del capital productivo necesario para llevar el negocio en una escala dada. Pero hay una diferencia enorme según el fondo del que se adelante. En el caso de B, es realmente una parte del capital que hay que adelantar originariamente o mantener disponible. En el de A, en cambio, es una parte de la plusvalía empleada como capital. Este último caso nos muestra cómo no solo el capital acumulado, sino también una parte del capital adelantado originariamente, puede ser mera plusvalía capitalizada.

En cuanto interviene el desarrollo del crédito, la relación entre capital adelantado originariamente y plusvalía capitalizada se complica todavía más. Por ejemplo, A toma prestada del banquero C una parte del capital productivo con que inicia el negocio o lo prosigue durante el año. No tiene de entrada capital propio suficiente para llevar el negocio. El banquero C le presta una suma que consiste exclusivamente en plusvalía de los industriales D, E, F, etc., depositada en su banca. Desde el punto de vista de A, no se trata todavía de capital acumulado. Pero, de hecho, para D, E, F, etc., A no es más que un agente que capitaliza la plusvalía de la que ellos se han apropiado.

Vimos en el libro I, capítulo XXII, que la acumulación, la transformación de plusvalía en capital, es, por su contenido real, proceso de reproducción en escala ampliada, ya se exprese esta ampliación extensivamente, en la forma de la adición de nuevas fábricas a las antiguas, o en la expansión intensiva de la escala de la explotación existente hasta entonces.

La ampliación de la escala de la producción puede efectuarse en dosis menores, empleando una parte de la plusvalía en mejoras que, o bien solo elevan la fuerza productiva del trabajo empleado, o bien permiten a la vez explotarlo con mayor intensidad. O también, allí donde la jornada laboral no está limitada por la ley, basta un desembolso adicional de capital circulante (en materiales de producción y en salario) para ampliar la escala de la producción sin expandir el capital fijo, cuyo tiempo diario de uso se limita así a prolongarse, mientras que su período de rotación se acorta en la misma proporción. O la plusvalía capitalizada podrá permitir, en coyunturas favorables del mercado, especulaciones en materias primas, operaciones para las que no habría bastado el capital adelantado originariamente, etc. Sin embargo, está claro que allí donde el mayor número de períodos de rotación trae consigo una realización más frecuente de la plusvalía dentro del año, sobrevendrán períodos en los que no podrá prolongarse la jornada laboral ni introducirse mejoras parciales; mientras que, por otra parte, la expansión del negocio entero en una escala proporcional solo es posible dentro de ciertos límites, más amplios o más estrechos, en parte por la instalación entera del negocio —los edificios, por ejemplo—, en parte por la expansión del fondo de trabajo, como en la agricultura, y requiere además un volumen de capital adicional que solo puede suministrar una acumulación de plusvalía de varios años.

Junto a la acumulación real o transformación de la plusvalía en capital productivo (y la correspondiente reproducción en escala ampliada) discurre, pues, una acumulación de dinero, un amontonamiento de una parte de la plusvalía como capital dinerario latente, que solo más tarde, en cuanto alcance cierto volumen, ha de funcionar como capital activo adicional.

Así se presenta la cosa desde el punto de vista del capitalista individual. Pero con el desarrollo de la producción capitalista se desarrolla al mismo tiempo el sistema de crédito. El capital dinerario que el capitalista todavía no puede emplear en su propio negocio lo emplean otros, que le pagan intereses por él. Funciona para él como capital dinerario en el sentido específico, como una clase de capital distinta del capital productivo. Pero actúa como capital en otras manos. Está claro que, con la realización más frecuente de la plusvalía y con la escala creciente en que se produce, crece la proporción en que se lanza al mercado de dinero nuevo capital dinerario, o dinero como capital, que desde allí es absorbido de nuevo, al menos en gran parte, para la producción ampliada.

La forma más simple en que puede presentarse este capital dinerario latente adicional es la del tesoro. Es posible que este tesoro sea oro o plata adicional, obtenido directa o indirectamente en el intercambio con los países que producen metales preciosos. Y solo de este modo crece en términos absolutos el tesoro dinerario dentro de un país. Es posible, por otra parte —y esta es la mayoría de los casos—, que este tesoro no sea otra cosa que dinero sustraído a la circulación interior, que ha adoptado la forma de tesoro en manos de capitalistas individuales. Es posible, además, que este capital dinerario latente consista solo en signos de valor —aquí prescindimos todavía del dinero crediticio— o también en meros derechos de los capitalistas frente a terceras personas (títulos jurídicos), acreditados mediante documentos legales. En todos estos casos, sea cual sea la forma de existencia de este capital dinerario adicional, en la medida en que es capital in spe,36 no representa absolutamente nada más que títulos jurídicos adicionales, mantenidos en reserva, de los capitalistas sobre la producción anual futura y adicional de la sociedad.

«La masa de la riqueza realmente acumulada, considerada según su magnitud, es tan absolutamente insignificante en comparación con las fuerzas productivas de la sociedad a la que pertenece, sea cual sea su grado de civilización, o incluso solo en comparación con el consumo real de esa misma sociedad durante unos pocos años, tan insignificante, que la atención principal de los legisladores y de los economistas políticos debería dirigirse a las fuerzas productivas y a su libre desarrollo futuro, y no, como hasta ahora, a la mera riqueza acumulada que deslumbra la vista. Con mucho, la mayor parte de la llamada riqueza acumulada es solo nominal y no consiste en objetos reales, barcos, casas, géneros de algodón, mejoras de la tierra, sino en meros títulos jurídicos, derechos sobre las futuras fuerzas productivas anuales de la sociedad, títulos jurídicos engendrados y perpetuados por los expedientes o instituciones de la inseguridad... El uso de tales artículos (acumulaciones de cosas físicas o riqueza real) como mero medio para que sus poseedores se apropien de la riqueza que las fuerzas productivas futuras de la sociedad aún han de crear, ese uso les sería retirado poco a poco, sin empleo de la violencia, por las leyes naturales de la distribución; apoyado por el trabajo cooperativo (co-operative labour), les sería retirado en pocos años». (William Thompson, Inquiry into the Principles of the Distribution of Wealth, Londres, 1850, p. 453. Este libro apareció por primera vez en 1824.)37

«Se piensa poco, y la mayoría ni siquiera sospecha, en qué proporción tan extremadamente pequeña, ya sea por su masa o por su eficacia, se encuentran las acumulaciones efectivas de la sociedad respecto de las fuerzas productivas humanas, e incluso respecto del consumo ordinario de una sola generación humana durante solo unos pocos años. La razón es evidente, pero el efecto es muy perjudicial. La riqueza que se consume anualmente desaparece con su uso; está ante la vista solo un instante y solo causa impresión mientras se disfruta o se gasta. Pero la parte de la riqueza que solo lentamente se consume, muebles, máquinas, edificios, esa la tenemos ante la vista desde nuestra infancia hasta la vejez, monumentos duraderos del esfuerzo humano. En virtud de la posesión de esta parte fija, duradera y lentamente consumida de la riqueza pública —del suelo y las materias primas sobre las que se trabaja, de las herramientas con las que se trabaja, de las casas que dan cobijo durante el trabajo—, en virtud de esa posesión, los propietarios de estos objetos dominan en su propio provecho las fuerzas productivas anuales de todos los trabajadores realmente productivos de la sociedad, por insignificantes que sean esos objetos en proporción a los productos siempre renovados de ese trabajo. La población de Gran Bretaña e Irlanda es de 20 millones; el consumo medio de cada individuo, hombre, mujer y niño, es probablemente de unas 20 £, en total una riqueza de unos 400 millones de £, el producto del trabajo consumido anualmente. El importe total del capital acumulado de estos países no excede, según las estimaciones, de 1.200 millones, o sea, el triple del producto anual del trabajo; repartido por igual, 60 £ de capital por cabeza. Aquí nos interesa más la proporción que los importes absolutos, más o menos exactos, de estas estimaciones. Los intereses de este capital total bastarían para mantener a la población entera, con su nivel de vida actual, unos dos meses al año, y el capital acumulado entero (si pudieran encontrarse compradores) la sustentaría sin trabajar ¡durante tres años completos! Al cabo de ese tiempo, sin casas, ropa ni alimento, tendría que morir de hambre o hacerse esclava de aquellos que la hubieran sustentado durante los tres años. Lo que tres años son a la vida de una generación sana, digamos 40 años, eso son la magnitud y la importancia de la riqueza real, del capital acumulado aun del país más rico, respecto de su fuerza productiva, de las fuerzas productivas de una sola generación humana; no respecto de lo que podrían producir bajo disposiciones sensatas de seguridad igual, y en particular con trabajo cooperativo, sino respecto de lo que producen realmente, en términos absolutos, bajo los expedientes defectuosos y desalentadores de la inseguridad... Y para conservar y perpetuar esta masa aparentemente enorme del capital existente, o más bien el mando y el monopolio adquiridos por medio de ella sobre los productos del trabajo anual, en su estado actual de reparto forzado, ha de perpetuarse toda la espantosa maquinaria, los vicios, crímenes y sufrimientos de la inseguridad. Nada puede acumularse sin que primero se satisfagan las necesidades indispensables, y la gran corriente de las inclinaciones humanas fluye tras el disfrute; de ahí el importe relativamente insignificante de la riqueza real de la sociedad en cualquier momento dado. Es un ciclo eterno de producción y consumo. En esta masa inmensa de producción y consumo anuales apenas se echaría de menos el puñado de acumulación real; y, sin embargo, la atención principal no se ha dirigido a aquella masa de fuerza productiva, sino a este puñado de acumulación. Pero este puñado ha sido acaparado por unos pocos y convertido en el instrumento para apropiarse de los productos del trabajo de la gran masa, que retornan constantemente año tras año. De ahí la importancia decisiva de semejante instrumento para estos pocos... Aproximadamente un tercio del producto anual nacional se sustrae hoy a los productores bajo el nombre de cargas públicas y lo consume improductivamente gente que no da a cambio ningún equivalente, es decir, ninguno que valga como tal para los productores... La mirada de la multitud contempla asombrada las masas acumuladas, sobre todo cuando están concentradas en manos de unos pocos. Pero las masas producidas anualmente, como las olas eternas e innumerables de un río poderoso, pasan rodando y se pierden en el océano olvidado del consumo. Y, sin embargo, este consumo eterno condiciona no solo todos los disfrutes, sino la existencia del género humano entero. La cantidad y la distribución de este producto anual deberían ser, ante todo, objeto de consideración. La acumulación real tiene una importancia completamente secundaria, y aun esa importancia la recibe casi exclusivamente de su influencia sobre la distribución del producto anual... La acumulación y la distribución reales se consideran aquí» (en el escrito de Thompson) «siempre en relación con la fuerza productiva y subordinadas a ella. En casi todos los demás sistemas, la fuerza productiva se ha considerado en relación con la acumulación y con la perpetuación del modo de distribución existente, y subordinada a ellas. Comparada con la conservación de este modo de distribución existente, la miseria o el bienestar, siempre renovados, del género humano entero no se tienen por dignos de una mirada. Perpetuar los resultados de la violencia, del fraude y del azar: a eso se le ha llamado seguridad; y a la conservación de esta seguridad mentida se han sacrificado sin piedad todas las fuerzas productivas del género humano». (Ibidem, pp. 440-443.)


Para la reproducción solo son posibles dos casos normales, si se prescinde de perturbaciones que entorpecen incluso la reproducción en una escala dada.

O bien tiene lugar reproducción en escala simple.

O bien tiene lugar capitalización de plusvalía, acumulación.

I. Reproducción simple

En la reproducción simple, la plusvalía producida y realizada anualmente, o periódicamente con varias rotaciones dentro del año, la consumen individualmente, es decir, improductivamente, sus dueños, los capitalistas.

La circunstancia de que el valor del producto conste en parte de plusvalía y en otra parte de la porción de valor formada por el capital variable reproducido en él más el capital constante consumido en él no altera absolutamente nada, ni en la cantidad ni en el valor del producto global, que entra constantemente como capital mercantil en la circulación y es retirado de ella de modo igualmente constante para caer en el consumo productivo o individual, es decir, para servir como medio de producción o como medio de consumo. Si se prescinde del capital constante, lo único que ello afecta es la distribución del producto anual entre obreros y capitalistas.

Aun suponiendo la reproducción simple, una parte de la plusvalía ha de existir, por tanto, constantemente en dinero y no en producto, porque, de lo contrario, no podría transformarse de dinero en producto para el consumo. Esta transformación de la plusvalía de su forma originaria de mercancía en dinero es lo que hay que seguir investigando aquí. Para simplificar la cosa, se supone la forma más simple del problema, a saber, la circulación exclusiva de dinero metálico, de dinero que es un equivalente real.

Según las leyes desarrolladas para la circulación simple de mercancías (libro I, capítulo III), la masa de dinero metálico existente en el país no solo ha de bastar para hacer circular las mercancías. Ha de bastar para las oscilaciones del curso del dinero, que surgen en parte de fluctuaciones en la velocidad de la circulación, en parte del cambio de precios de las mercancías y en parte de las proporciones diversas y cambiantes en que el dinero funciona como medio de pago o como medio de circulación propiamente dicho. La proporción en que la masa de dinero existente se divide en tesoro y en dinero en curso cambia constantemente, pero la masa del dinero es siempre igual a la suma del dinero existente como tesoro y como dinero en curso. Esta masa de dinero (masa de metal precioso) es un tesoro de la sociedad acumulado poco a poco. En la medida en que una parte de este tesoro se consume por el desgaste, tiene que reponerse de nuevo cada año, como cualquier otro producto. Esto sucede en la realidad mediante el intercambio directo o indirecto de una parte del producto anual del país por el producto de los países productores de oro y plata. Sin embargo, este carácter internacional de la transacción encubre su curso simple. Para reducir, pues, el problema a su expresión más simple y transparente, hay que suponer que la producción de oro y plata tiene lugar en el propio país, es decir, que la producción de oro y plata forma parte de la producción social global dentro de cada país.

Prescindiendo del oro o la plata producidos para artículos de lujo, el mínimo de su producción anual ha de ser igual al desgaste de los metales monetarios ocasionado por la circulación anual del dinero. Además, si crece la suma de valor de la masa de mercancías producida y circulada anualmente, ha de crecer también la producción anual de oro y plata, en la medida en que la mayor suma de valor de las mercancías en circulación y la masa de dinero requerida para su circulación (y el atesoramiento correspondiente) no se compensen con una mayor velocidad del curso del dinero y con una función más amplia del dinero como medio de pago, es decir, con una mayor compensación recíproca de las compras y las ventas sin intervención de dinero real.

Una parte de la fuerza de trabajo social y una parte de los medios de producción sociales han de gastarse, pues, anualmente en la producción de oro y plata.

Los capitalistas que explotan la producción de oro y plata —y que, como se admite aquí al suponer la reproducción simple, solo la explotan dentro de los límites del desgaste medio anual y del consumo medio anual de oro y plata que este ocasiona— lanzan su plusvalía, que según el supuesto consumen anualmente sin capitalizar nada de ella, directamente a la circulación en la forma de dinero, que para ellos es la forma natural del producto y no, como en las demás ramas de la producción, su forma transformada.

Además, en lo que se refiere al salario —la forma de dinero en que se adelanta el capital variable—, aquí tampoco se repone mediante la venta del producto, su transformación en dinero, sino mediante un producto cuya forma natural es de antemano la forma de dinero.

Por último, lo mismo sucede con la parte del producto de metal precioso que es igual al valor del capital constante consumido periódicamente, tanto del capital constante circulante como del capital constante fijo consumido durante el año.

Consideremos el ciclo, o la rotación, del capital invertido en la producción de metales preciosos ante todo bajo la forma D – M … P … D'. En la medida en que, en D – M, la M no solo consiste en fuerza de trabajo y medios de producción, sino también en capital fijo, del que solo se gasta en P una porción de valor, está claro que D' —el producto— es una suma de dinero igual al capital variable desembolsado en salario, más el capital constante circulante desembolsado en medios de producción, más la porción de valor del capital fijo desgastado, más la plusvalía. Si la suma fuera menor, permaneciendo inalterado el valor general del oro, la explotación minera sería improductiva o —si este fuera el caso en general— el valor del oro subiría en el futuro en comparación con las mercancías cuyo valor no varía; es decir, los precios de las mercancías bajarían y, por tanto, la suma de dinero desembolsada en D – M sería en el futuro menor.

Si consideramos primero solo la parte circulante del capital adelantado en D, el punto de partida de D – M … P … D', se adelanta una determinada suma de dinero, se la lanza a la circulación para pagar fuerza de trabajo y comprar materiales de producción. Pero el ciclo de este capital no la retira de nuevo de la circulación para volver a lanzarla a ella. El producto en su forma natural ya es dinero, así que no necesita transformarse primero en dinero mediante el intercambio, mediante un proceso de circulación. Sale del proceso de producción a la esfera de la circulación no en la forma de capital mercantil, que ha de transformarse en capital dinerario, sino como capital dinerario que ha de retransformarse en capital productivo, es decir, que ha de comprar de nuevo fuerza de trabajo y materiales de producción. La forma de dinero del capital circulante consumido en fuerza de trabajo y medios de producción no se repone mediante la venta del producto, sino mediante la forma natural del propio producto; por tanto, no retirando de nuevo su valor de la circulación en forma de dinero, sino mediante dinero adicional recién producido.

Supongamos que este capital circulante sea = 500 £, el período de rotación = 5 semanas, el período de trabajo = 4 semanas y el período de circulación solo = 1 semana. Hay que adelantar de antemano dinero para 5 semanas, en parte en provisión productiva y en parte teniéndolo en reserva para irlo pagando poco a poco en salarios. A comienzos de la 6.ª semana han refluido 400 £ y se han liberado 100 £. Esto se repite constantemente. Aquí, como antes, durante cierto tiempo de la rotación habrá constantemente 100 £ en forma liberada. Pero consisten en dinero adicional recién producido, exactamente igual que las otras 400 £. Teníamos aquí 10 rotaciones al año, y el producto anual producido es = 5.000 £ de oro. (El período de circulación no surge aquí del tiempo que cuesta la transformación de la mercancía en dinero, sino del que cuesta la transformación del dinero en los elementos de producción.)

En cualquier otro capital de 500 £ que rote en las mismas condiciones, la forma de dinero constantemente renovada es la forma transformada del capital mercantil producido, que se lanza a la circulación cada 4 semanas y que, mediante su venta —es decir, mediante la sustracción periódica de la cantidad de dinero bajo cuya forma entró originariamente en el proceso—, recobra siempre de nuevo esa forma de dinero. Aquí, en cambio, en cada período de rotación se lanza a la circulación, desde el propio proceso de producción, una nueva masa de dinero adicional de 500 £, para sustraer constantemente de ella materiales de producción y fuerza de trabajo. Este dinero lanzado a la circulación no vuelve a ser retirado de ella por el ciclo de este capital, sino que incluso se ve aumentado por masas de oro constantemente producidas de nuevo.

Si consideramos la parte variable de este capital circulante y la fijamos, como antes, en = 100 £, en la producción ordinaria de mercancías estas 100 £ bastarían, con diez rotaciones, para pagar constantemente la fuerza de trabajo. Aquí, en la producción de dinero, basta la misma suma; pero las 100 £ de reflujo con que se paga la fuerza de trabajo cada 5 semanas no son forma transformada de su producto, sino una parte de su mismo producto, siempre renovado. El productor de oro paga a sus obreros directamente con una parte del oro producido por ellos mismos. Las 1.000 £ desembolsadas así anualmente en fuerza de trabajo y lanzadas a la circulación por los obreros no retornan, por tanto, a su punto de partida a través de la circulación.

En cuanto al capital fijo, requiere, al instalar por primera vez el negocio, el gasto de un capital dinerario mayor, que se lanza, por tanto, a la circulación. Como todo capital fijo, solo refluye a trozos en el transcurso de los años. Pero refluye como trozo inmediato del producto, del oro, y no mediante la venta del producto y su consiguiente conversión en oro. Recobra, pues, paulatinamente su forma de dinero, no sustrayendo dinero a la circulación, sino amontonando una parte correspondiente del producto. El capital dinerario así restablecido no es una suma de dinero sustraída paulatinamente a la circulación para compensar la suma de dinero lanzada originariamente a ella para el capital fijo. Es una masa adicional de dinero.

Por último, en lo que atañe a la plusvalía, equivale igualmente a una parte del nuevo producto de oro, que se lanza a la circulación en cada nuevo período de rotación para gastarse improductivamente, según nuestro supuesto, para pagar medios de subsistencia y objetos de lujo.

Pero, según el supuesto, toda esta producción anual de oro —con la que constantemente se sustraen al mercado fuerza de trabajo y materiales de producción, pero no dinero, y se le aporta constantemente dinero adicional— solo repone el dinero desgastado durante el año; es decir, solo mantiene completa la masa social de dinero, que existe constantemente, aunque en porciones cambiantes, en las dos formas de tesoro y de dinero en curso.

Según la ley de la circulación de mercancías, la masa de dinero ha de ser igual a la masa de dinero requerida para la circulación más una cantidad de dinero en forma de tesoro, que aumenta o disminuye según la contracción o la expansión de la circulación, pero que sirve también, sobre todo, para formar los fondos de reserva necesarios de medios de pago. Lo que hay que pagar en dinero —en la medida en que no tenga lugar una compensación de los pagos— es el valor de las mercancías. Que una parte de este valor conste de plusvalía, es decir, que no le haya costado nada al vendedor de las mercancías, no altera absolutamente nada la cosa. Supongamos que todos los productores sean poseedores independientes de sus medios de producción, es decir, que tenga lugar una circulación entre los propios productores directos. Prescindiendo de la parte constante de su capital, podría entonces dividirse su plusproducto anual, por analogía con la situación capitalista, en dos partes: una, a, que solo repone sus medios de subsistencia necesarios, y otra, b, que consumen en parte en productos de lujo y emplean en parte en ampliar la producción. a representa entonces el capital variable, y b, la plusvalía. Pero esta división no tendría la menor influencia en la magnitud de la masa de dinero requerida para la circulación de su producto global. Permaneciendo iguales las demás circunstancias, el valor de la masa de mercancías en circulación sería el mismo, y por tanto también la masa de dinero que requiere. Tendrían también que disponer de las mismas reservas de dinero con igual división de los períodos de rotación, es decir, tener constantemente en forma de dinero la misma parte de su capital, puesto que, según el supuesto, su producción seguiría siendo producción de mercancías. La circunstancia de que una parte del valor de las mercancías conste de plusvalía no altera, pues, absolutamente nada la masa del dinero necesario para llevar el negocio.

Un adversario de Tooke,38 que se atiene a la forma D – M – D', le pregunta cómo se las arregla el capitalista para sustraer constantemente a la circulación más dinero del que lanza a ella. Entiéndase bien. No se trata aquí de la formación de la plusvalía. Esta, que constituye el único secreto, se sobreentiende desde el punto de vista capitalista. La suma de valor empleada no sería capital si no se enriqueciera con una plusvalía. Puesto que, según el supuesto, es capital, la plusvalía se sobreentiende.

La pregunta no es, pues: ¿de dónde sale la plusvalía?, sino: ¿de dónde sale el dinero para convertirla en dinero?

Pero en la economía burguesa la existencia de la plusvalía se sobreentiende. Así pues, no solo se la supone, sino que con ella se supone, además, que una parte de la masa de mercancías lanzada a la circulación consta de plusproducto, es decir, representa un valor que el capitalista no lanzó a la circulación con su capital; que el capitalista, por tanto, lanza a la circulación con su producto un excedente sobre su capital y sustrae también de nuevo a ella este excedente.

El capital mercantil que el capitalista lanza a la circulación tiene un valor mayor (de dónde procede esto no se explica ni se comprende, pero, desde el punto de vista de esa misma economía, c'est un fait)39 que el capital productivo que ha sustraído a la circulación en fuerza de trabajo más medios de producción. Bajo este supuesto, está claro, por tanto, por qué no solo el capitalista A, sino también B, C, D, etc., pueden sustraer constantemente a la circulación, mediante el intercambio de su mercancía, más valor que el valor de su capital adelantado originariamente y siempre de nuevo. A, B, C, D, etc., lanzan constantemente a la circulación, en la forma de capital mercantil, un valor en mercancías mayor —esta operación es tan multilateral como los capitales que funcionan de modo independiente— que el que le sustraen bajo la forma de capital productivo. Tienen, pues, que repartirse constantemente una suma de valor (es decir, cada uno por su parte ha de sustraer a la circulación un capital productivo) igual a la suma de valor de sus respectivos capitales productivos adelantados; y han de repartirse de manera igualmente constante una suma de valor que lanzan a la circulación, de manera igualmente multilateral, en forma de mercancía, como excedente respectivo del valor de la mercancía sobre el valor de sus elementos de producción.

Pero el capital mercantil, antes de su retransformación en capital productivo y antes del gasto de la plusvalía que encierra, ha de convertirse en dinero. ¿De dónde sale el dinero para ello? Esta pregunta parece difícil a primera vista, y ni Tooke ni ningún otro la ha respondido hasta ahora.

Sea el capital circulante de 500 £, adelantado en la forma de capital dinerario, sea cual sea su período de rotación, el capital circulante global de la sociedad, es decir, de la clase capitalista. Sea la plusvalía de 100 £. ¿Cómo puede ahora la clase capitalista entera sacar constantemente de la circulación 600 £ si constantemente solo lanza a ella 500 £?

Una vez transformado el capital dinerario de 500 £ en capital productivo, este se transforma dentro del proceso de producción en un valor en mercancías de 600 £, y en la circulación no se encuentra solo un valor en mercancías de 500 £, igual al capital dinerario adelantado originariamente, sino además una plusvalía recién producida de 100 £.

Esta plusvalía adicional de 100 £ se ha lanzado a la circulación en forma de mercancía. De eso no cabe duda. Pero con esa misma operación no se ha dado el dinero adicional para la circulación de este valor adicional en mercancías.

No hay que tratar ahora de eludir la dificultad con evasivas plausibles.

Por ejemplo: en lo que se refiere al capital constante circulante, está claro que no todos lo desembolsan a la vez. Mientras el capitalista A vende su mercancía, es decir, mientras para él el capital adelantado adopta la forma de dinero, para el comprador B, a la inversa, su capital existente en forma de dinero adopta la forma de sus medios de producción, que son precisamente los que produce A. Con el mismo acto por el que A devuelve la forma de dinero a su capital mercantil producido, B devuelve al suyo la forma productiva, lo transforma de forma de dinero en medios de producción y fuerza de trabajo; la misma suma de dinero funciona en el proceso bilateral como en cualquier compra simple M – D. Por otra parte, cuando A transforma de nuevo el dinero en medios de producción, compra a C, y este paga con ello a B, etc. Así quedaría explicado el proceso. Pero:

Ninguna de las leyes establecidas a propósito de la cantidad de dinero circulante en la circulación de mercancías (libro I, capítulo III) se ve alterada en modo alguno por el carácter capitalista del proceso de producción.

Así pues, cuando se dice que el capital circulante de la sociedad que hay que adelantar en forma de dinero asciende a 500 £, ya se ha tenido en cuenta en el cálculo que esta es, por una parte, la suma adelantada simultáneamente, pero que, por otra, esta suma pone en movimiento más capital productivo que 500 £, porque sirve alternativamente como fondo de dinero de distintos capitales productivos. Este modo de explicación presupone, pues, ya como existente el dinero cuya existencia ha de explicar. —

Podría decirse, además: el capitalista A produce artículos que el capitalista B consume individual, improductivamente. El dinero de B convierte, pues, en dinero el capital mercantil de A, y así la misma suma de dinero sirve para convertir en dinero la plusvalía de B y el capital constante circulante de A. Pero aquí se supone aún más directamente la solución de la pregunta que hay que responder. A saber: ¿de dónde saca B ese dinero para sufragar su rédito? ¿Cómo ha convertido él mismo en dinero esta parte de plusvalía de su producto? —

Podría decirse, además, que la parte del capital variable circulante que A adelanta constantemente a sus obreros refluye a él constantemente desde la circulación, y que solo una parte alternante de ella queda constantemente inmovilizada en sus manos para el pago del salario. Sin embargo, entre el gasto y el reflujo transcurre cierto tiempo, durante el cual el dinero pagado en salarios puede servir, entre otras cosas, también para convertir en dinero plusvalía. — Pero sabemos, en primer lugar, que cuanto mayor sea ese tiempo, tanto mayor ha de ser también la masa de la reserva de dinero que el capitalista A ha de tener constantemente in petto.40 En segundo lugar, el obrero gasta el dinero, compra mercancías con él y convierte así en dinero, pro tanto, la plusvalía que encierran esas mercancías. Así pues, el mismo dinero que se adelanta en la forma del capital variable sirve también, pro tanto, para convertir en dinero plusvalía. Sin entrar aquí más a fondo en esta cuestión, baste decir lo siguiente: que el consumo de la clase capitalista entera y de las personas improductivas que dependen de ella marcha al mismo paso, simultáneamente, que el de la clase obrera; es decir, que, simultáneamente con el dinero lanzado a la circulación por los obreros, los capitalistas tienen que lanzar dinero a la circulación para gastar su plusvalía como rédito; es decir, que para ello ha de haberse sustraído dinero a la circulación. La explicación que acabamos de dar solo reduciría la cantidad así necesaria, no la eliminaría. —

Por último, podría decirse: al instalarse por primera vez el capital fijo se lanza constantemente a la circulación una gran cantidad de dinero que quien la lanzó solo vuelve a sustraer de ella paulatinamente, a trozos, en el transcurso de los años. ¿No puede bastar esta suma para convertir en dinero la plusvalía? — A esto hay que responder que quizá en la suma de 500 £ (que incluye también el atesoramiento para los fondos de reserva necesarios) ya está comprendido el empleo de esta suma como capital fijo, si no por quien la lanzó, sí por algún otro. Además, en la suma que se gasta en adquirir los productos que sirven como capital fijo ya se supone que también se ha pagado la plusvalía que encierran esas mercancías, y la pregunta es precisamente de dónde sale ese dinero. —

La respuesta general ya está dada: si ha de circular una masa de mercancías de x × 1.000 £, no altera absolutamente nada la cantidad de la suma de dinero necesaria para esta circulación que el valor de esta masa de mercancías contenga plusvalía o no, que la masa de mercancías se haya producido de manera capitalista o no. El problema mismo, por tanto, no existe. Dadas las demás condiciones, la velocidad del curso del dinero, etc., se requiere una determinada suma de dinero para hacer circular el valor en mercancías de x × 1.000 £, con total independencia de la circunstancia de cuánto o cuán poco de este valor corresponda a los productores directos de estas mercancías. En la medida en que exista aquí un problema, coincide con el problema general: de dónde sale la suma de dinero necesaria para la circulación de las mercancías en un país.

Sin embargo, desde el punto de vista de la producción capitalista existe ciertamente la apariencia de un problema especial. Aquí, en efecto, es el capitalista quien aparece como el punto de partida desde el cual se lanza el dinero a la circulación. El dinero que el obrero gasta para pagar sus medios de subsistencia existe antes como forma de dinero del capital variable y, por tanto, lo lanza originariamente a la circulación el capitalista como medio de compra o de pago de la fuerza de trabajo. Además, el capitalista lanza a la circulación el dinero que originariamente constituye para él la forma de dinero de su capital constante fijo y fluido; lo gasta como medio de compra o de pago de medios de trabajo y materiales de producción. Pero, más allá de esto, el capitalista ya no aparece como punto de partida de la masa de dinero que se encuentra en la circulación. Ahora bien, solo existen dos puntos de partida: el capitalista y el obrero. Todas las terceras categorías de personas, o bien reciben dinero de estas dos clases a cambio de servicios, o bien, en la medida en que lo reciben sin contrapartida, son copropietarias de la plusvalía en la forma de renta, interés, etc. Que la plusvalía no se quede entera en el bolsillo del capitalista industrial, sino que este tenga que repartirla con otras personas, nada tiene que ver con la cuestión presente. La pregunta es cómo convierte en dinero su plusvalía, no cómo se reparte después la plata obtenida por ella.41 Para nuestro caso, por tanto, hay que considerar todavía al capitalista como único poseedor de la plusvalía. En cuanto al obrero, ya se ha dicho que solo es punto de partida secundario, mientras que el capitalista es el punto de partida primario del dinero que el obrero lanza a la circulación. El dinero adelantado primero como capital variable efectúa ya su segunda vuelta cuando el obrero lo gasta en pagar medios de subsistencia.

La clase capitalista sigue siendo, pues, el único punto de partida de la circulación del dinero. Si necesita 400 £ para pagar medios de producción y 100 £ para pagar la fuerza de trabajo, lanza 500 £ a la circulación. Pero la plusvalía que encierra el producto, con una tasa de plusvalía del 100 %, es igual a un valor de 100 £. ¿Cómo puede sacar constantemente de la circulación 600 £ si constantemente solo lanza a ella 500 £? De la nada, nada sale. La clase entera de los capitalistas no puede sacar de la circulación nada que no se haya lanzado antes a ella.

Se prescinde aquí de que la suma de dinero de 400 £ quizá baste para hacer circular, con diez rotaciones, medios de producción por valor de 4.000 £ y trabajo por valor de 1.000 £, y de que las 100 £ restantes basten igualmente para la circulación de la plusvalía de 1.000 £. Esta proporción entre la suma de dinero y el valor en mercancías que hace circular no hace al caso. El problema sigue siendo el mismo. Si no tuvieran lugar distintas vueltas de las mismas piezas de dinero, habría que lanzar 5.000 £ como capital a la circulación, y harían falta 1.000 £ para convertir en dinero la plusvalía. La pregunta es de dónde sale este último dinero, ya sean 1.000 o 100 £. En todo caso, es un excedente sobre el capital dinerario lanzado a la circulación.

En efecto, por paradójico que parezca a primera vista, es la propia clase capitalista la que lanza a la circulación el dinero que sirve para realizar la plusvalía que encierran las mercancías. Pero, notabene: no lo lanza como dinero adelantado, es decir, no como capital. Lo gasta como medio de compra para su consumo individual. No lo adelanta, pues, aunque sea el punto de partida de su circulación.

Tomemos un capitalista individual que abre su negocio, por ejemplo, un arrendatario. Durante el primer año adelanta un capital dinerario de, digamos, 5.000 £, en pago de medios de producción (4.000 £) y de fuerza de trabajo (1.000 £). Sea la tasa de plusvalía del 100 % y la plusvalía de la que se apropia de 1.000 £. Las 5.000 £ citadas incluyen todo el dinero que adelanta como capital dinerario. Pero el hombre también tiene que vivir, y no ingresa dinero alguno antes de que acabe el año. Supongamos que su consumo sea de 1.000 £. Tiene que poseerlas. Dice, ciertamente, que tiene que adelantarse a sí mismo esas 1.000 £ durante el primer año. Pero este adelanto —que aquí solo tiene un sentido subjetivo— no significa más sino que el primer año ha de sufragar su consumo individual de su propio bolsillo, en lugar de con la producción gratuita de sus obreros. No adelanta este dinero como capital. Lo gasta, lo paga a cambio de un equivalente en medios de subsistencia que consume. Este valor lo ha gastado en dinero, lo ha lanzado a la circulación y lo ha sustraído de ella en valores en mercancías. Estos valores en mercancías los ha consumido. Ha dejado, pues, de estar en relación alguna con su valor. El dinero con que lo pagó existe como elemento del dinero en circulación. Pero el valor de este dinero lo ha sustraído a la circulación en productos, y con los productos en que existía se ha destruido también su valor. Se ha acabado. Pues bien, al final del año lanza a la circulación un valor en mercancías de 6.000 £ y lo vende. Con ello refluyen a él: 1) su capital dinerario adelantado de 5.000 £; 2) la plusvalía convertida en dinero, de 1.000 £. Ha adelantado como capital, ha lanzado a la circulación 5.000 £, y le sustrae 6.000 £: 5.000 £ por el capital y 1.000 £ por la plusvalía. Estas últimas 1.000 £ se han convertido en dinero con el dinero que él mismo lanzó a la circulación no como capitalista, sino como consumidor, que no adelantó, sino que gastó. Ahora retornan a él como forma de dinero de la plusvalía producida por él. Y a partir de ahora esta operación se repite cada año. Pero, desde el segundo año, las 1.000 £ que gasta son constantemente la forma transformada, la forma de dinero de la plusvalía producida por él. Las gasta cada año, y cada año refluyen igualmente a él.

Si su capital rotara más veces al año, esto no cambiaría nada la cosa, pero sí la duración del tiempo y, por tanto, la magnitud de la suma que tendría que lanzar a la circulación para su consumo individual, por encima de su capital dinerario adelantado.

Este dinero no lo lanza el capitalista a la circulación como capital. Pero sí forma parte del carácter del capitalista el ser capaz de vivir de los medios que tiene en su poder hasta que refluya la plusvalía.

En este caso se suponía que la suma de dinero que el capitalista lanza a la circulación, hasta el primer reflujo de su capital, para sufragar su consumo individual es exactamente igual a la plusvalía producida por él y que, por tanto, hay que convertir en dinero. Respecto del capitalista individual, se trata evidentemente de un supuesto arbitrario. Pero tiene que ser correcto para la clase capitalista entera si se supone la reproducción simple. No expresa sino lo mismo que dice este supuesto, a saber, que se consume improductivamente toda la plusvalía, pero también solo ella, es decir, ninguna fracción del stock originario de capital.

Más arriba se suponía que la producción total de metales preciosos (fijada en = 500 £) solo basta para reponer el desgaste del dinero.

Los capitalistas productores de oro poseen todo su producto en oro, tanto la parte de él que repone capital constante como la que repone capital variable, y también la que consiste en plusvalía. Una parte de la plusvalía social consiste, pues, en oro, no en producto que solo dentro de la circulación se convierte en oro. Consiste de antemano en oro y se lanza a la circulación para sustraer productos de ella. Lo mismo vale aquí para el salario, el capital variable, y para la reposición del capital constante adelantado. Así pues, si una parte de la clase capitalista lanza a la circulación un valor en mercancías mayor (en el importe de la plusvalía) que el capital dinerario que ha adelantado, otra parte de los capitalistas lanza a la circulación un valor en dinero mayor (mayor en el importe de la plusvalía) que el valor en mercancías que sustraen constantemente a la circulación para la producción del oro. Si una parte de los capitalistas bombea constantemente de la circulación más dinero del que inyecta en ella, la parte productora de oro inyecta constantemente en ella más dinero del que le sustrae en medios de producción.

Ahora bien, aunque de este producto de 500 £ de oro una parte es plusvalía de los productores de oro, la suma entera solo está destinada a reponer el dinero necesario para la circulación de las mercancías; cuánto de ella convierte en dinero la plusvalía de las mercancías y cuánto sus demás componentes de valor es indiferente a este respecto.

Si se traslada la producción de oro fuera del país, a otros países, esto no cambia absolutamente nada la cosa. Una parte de la fuerza de trabajo social y de los medios de producción sociales del país A se ha transformado en un producto, por ejemplo, lienzo por valor de 500 £, que se exporta al país B para comprar allí oro. El capital productivo así empleado en el país A no lanza al mercado del país A mercancía, a diferencia de dinero, en mayor medida que si se hubiera empleado directamente en la producción de oro. Este producto de A se representa en 500 £ de oro y solo entra en la circulación del país A como dinero. La parte de la plusvalía social que contiene este producto existe directamente en dinero y, para el país A, nunca de otro modo que en la forma de dinero. Aunque para los capitalistas que producen el oro solo una parte del producto representa plusvalía, y otra la reposición del capital, la cuestión de cuánto de este oro repone, además del capital constante circulante, capital variable, y cuánto representa plusvalía, depende en cambio exclusivamente de las proporciones respectivas que el salario y la plusvalía constituyen del valor de las mercancías en circulación. La parte que constituye plusvalía se reparte entre los diversos miembros de la clase capitalista. Aunque estos la gastan constantemente para el consumo individual y la vuelven a ingresar mediante la venta de nuevo producto —precisamente esta compra y venta es lo único que hace circular entre ellos mismos el dinero necesario para convertir en oro la plusvalía—, se encuentra, sin embargo, aunque en porciones cambiantes, una parte de la plusvalía social en la forma de dinero en el bolsillo de los capitalistas, exactamente igual que una parte del salario permanece en la forma de dinero en los bolsillos de los obreros, al menos durante una parte de la semana. Y esta parte no está limitada por la parte del producto de oro que constituye originariamente la plusvalía de los capitalistas productores de oro, sino, como se ha dicho, por la proporción en que el citado producto de 500 £ se reparte entre capitalistas y obreros en general y en que el valor en mercancías que ha de circular consta de plusvalía y de los demás componentes del valor.

Sin embargo, la parte de la plusvalía que no existe en otras mercancías, sino en dinero junto a esas otras mercancías, solo consiste en una parte del oro producido anualmente en la medida en que una parte de la producción anual de oro circula para realizar la plusvalía. La otra parte del dinero, que se encuentra continuamente, en porciones cambiantes, en manos de la clase capitalista como forma de dinero de su plusvalía, no es elemento del oro producido anualmente, sino de las masas de dinero acumuladas antes en el país.

Según nuestro supuesto, la producción anual de oro de 500 £ basta justamente para reponer el dinero desgastado anualmente. Si, por tanto, solo tenemos a la vista estas 500 £ y hacemos abstracción de la parte de la masa de mercancías producida anualmente para cuya circulación sirve dinero acumulado antes, la plusvalía producida en forma de mercancía encuentra en la circulación dinero para su conversión en oro ya por el solo hecho de que, por otro lado, se produce anualmente plusvalía en la forma de oro. Lo mismo vale para las demás partes del producto de oro de 500 £ que reponen el capital dinerario adelantado.

Aquí hay que observar ahora dos cosas.

Se sigue, en primer lugar, que la plusvalía gastada en dinero por los capitalistas, así como el capital variable y el restante capital productivo adelantados por ellos en dinero, es en realidad producto de los obreros, a saber, de los obreros ocupados en la producción de oro. Producen de nuevo tanto la parte del producto de oro que se les «adelanta» como salario como la parte del producto de oro en que se representa inmediatamente la plusvalía de los productores capitalistas de oro. En cuanto, finalmente, a la parte del producto de oro que solo repone el valor de capital constante adelantado para su producción, solo reaparece en forma de oro (en general, en un producto) gracias al trabajo anual de los obreros. Al comienzo del negocio, el capitalista la entregó originariamente en dinero, que no se había producido de nuevo, sino que formaba parte de la masa social de dinero en curso. En cambio, en la medida en que se repone mediante nuevo producto, oro adicional, es el producto anual del obrero. El adelanto por parte del capitalista aparece también aquí solo como una forma que procede de que el obrero no es poseedor de sus propios medios de producción ni dispone, durante la producción, de los medios de subsistencia producidos por otros obreros.

Pero, en segundo lugar, en lo que atañe a la masa de dinero que existe con independencia de esta reposición anual de 500 £ y se encuentra en parte en forma de tesoro y en parte en forma de dinero en curso, con ella ha de suceder exactamente lo mismo, es decir, ha de haber sucedido originariamente lo mismo, que lo que todavía sucede cada año con estas 500 £. Volveremos sobre este punto al final de este apartado. Antes, algunas otras observaciones.


Al considerar la rotación se ha visto que, permaneciendo iguales las demás circunstancias, con el cambio en la magnitud de los períodos de rotación hacen falta masas cambiantes de capital dinerario para llevar a cabo la producción en la misma escala. La elasticidad de la circulación del dinero ha de ser, pues, lo bastante grande para adaptarse a este cambio de expansión y contracción.

Si se suponen, además, iguales las demás circunstancias —también inalteradas la magnitud, la intensidad y la productividad de la jornada laboral—, pero una distribución alterada del producto de valor entre salario y plusvalía, de modo que o bien el primero sube y la segunda baja, o a la inversa, la masa del dinero en curso no se ve afectada por ello. Este cambio puede producirse sin expansión ni contracción alguna de la masa de dinero en curso. Consideremos en particular el caso en que el salario subiera de modo general y, por tanto —en las condiciones supuestas—, la tasa de plusvalía bajara de modo general, y en que, además, también según el supuesto, no se produjera ningún cambio en el valor de la masa de mercancías en circulación. En este caso crece, ciertamente, el capital dinerario que ha de adelantarse como capital variable, es decir, la masa de dinero que sirve en esta función. Pero exactamente en la misma medida en que crece la masa de dinero requerida para la función de capital variable disminuye la plusvalía y, por tanto, también la masa de dinero necesaria para su realización. La suma de la masa de dinero necesaria para la realización del valor de las mercancías se ve tan poco afectada por ello como este mismo valor de las mercancías. El precio de coste de la mercancía sube para el capitalista individual, pero su precio de producción social permanece inalterado. Lo que se altera es la proporción en que, prescindiendo de la porción constante de valor, el precio de producción de las mercancías se divide en salario y ganancia.

Pero, se dice, un mayor desembolso de capital dinerario variable (el valor del dinero se supone, naturalmente, constante) equivale a una mayor masa de medios monetarios en manos de los obreros. De ello se sigue una mayor demanda de mercancías por parte de los obreros. Una consecuencia ulterior es la subida del precio de las mercancías. — O se dice: si sube el salario, los capitalistas elevan los precios de sus mercancías. — En ambos casos, la subida general del salario ocasiona una subida de los precios de las mercancías. Por tanto, tiene que hacer falta una masa de dinero mayor para hacer circular las mercancías, se explique la subida de los precios de un modo o de otro.

Respuesta a la primera versión: a consecuencia de la subida del salario crecerá, sobre todo, la demanda obrera de medios de subsistencia necesarios. En menor grado aumentará su demanda de artículos de lujo o surgirá demanda de artículos que antes no entraban en el ámbito de su consumo. La demanda de medios de subsistencia necesarios, aumentada de golpe y en mayor escala, elevará sin duda momentáneamente su precio. Consecuencia de ello: una parte mayor del capital social se empleará en la producción de medios de subsistencia necesarios, y una menor en la producción de medios de lujo, puesto que estos bajan de precio a causa de la plusvalía disminuida y, por tanto, de la demanda disminuida de los capitalistas. En cambio, en la medida en que los propios obreros compran medios de lujo, la elevación de su salario —dentro de ese volumen— no actúa en el sentido de aumentar el precio de los medios de subsistencia necesarios, sino que solo desplaza a los compradores de mercancías de lujo. Entran en el consumo de los obreros más mercancías de lujo que hasta entonces, y relativamente menos en el consumo de los capitalistas. Voilà tout.42 Tras algunas oscilaciones circula una masa de mercancías del mismo valor que antes. — En cuanto a las oscilaciones momentáneas, no tendrán otro resultado que lanzar a la circulación interior capital dinerario desocupado que hasta entonces buscaba ocupación en empresas especulativas en la Bolsa o en el extranjero.

Respuesta a la segunda versión: si estuviera en manos de los productores capitalistas elevar a voluntad los precios de sus mercancías, podrían hacerlo, y lo harían, también sin subida del salario. El salario nunca subiría con precios de las mercancías en descenso. La clase capitalista nunca se opondría a las trade-unions,43 puesto que siempre y en todas las circunstancias podría hacer lo que ahora hace realmente por excepción, en circunstancias determinadas, especiales, locales por así decir: a saber, aprovechar cada elevación del salario para elevar los precios de las mercancías en un grado mucho mayor, es decir, para embolsarse una ganancia mayor.

La afirmación de que los capitalistas pueden elevar los precios de los medios de lujo porque su demanda disminuye (a consecuencia de la demanda disminuida de los capitalistas, cuyos medios de compra para ellos han disminuido) sería una aplicación muy original de la ley de la oferta y la demanda. En la medida en que no se produzca un mero desplazamiento de sus compradores, obreros en lugar de capitalistas —y en la medida en que se produce este desplazamiento, la demanda de los obreros no actúa en el sentido de subir los precios de los medios de subsistencia necesarios, pues la parte del aumento salarial que los obreros gastan en medios de lujo no pueden gastarla en medios de subsistencia necesarios—, los precios de los medios de lujo bajan a consecuencia de la demanda disminuida. A consecuencia de ello se retira capital de su producción, hasta que su oferta se reduce a la medida que corresponde a su papel modificado en el proceso social de producción. Con esta producción reducida, y si su valor no varía en lo demás, vuelven a subir a sus precios normales. Mientras tiene lugar esta contracción o este proceso de nivelación, mientras suben los precios de los medios de subsistencia, se aporta constantemente a la producción de estos últimos tanto capital como se retira de la otra rama de la producción, hasta que la demanda queda saturada. Entonces vuelve a establecerse el equilibrio, y el final de todo el proceso es que el capital social, y por tanto también el capital dinerario, queda dividido en una proporción modificada entre la producción de medios de subsistencia necesarios y la de medios de lujo.

Toda la objeción es un disparo de fogueo de los capitalistas y de sus sicofantes económicos.

Los hechos que dan pretexto a este disparo de fogueo son de tres clases.

  1. Es una ley general de la circulación del dinero que, cuando sube la suma de precios de las mercancías en circulación —ya se produzca este aumento de la suma de precios para la misma masa de mercancías o para una masa aumentada—, la masa del dinero en circulación crece, permaneciendo iguales las demás circunstancias. Ahora bien, aquí se confunde el efecto con la causa. El salario sube (aunque rara vez, y solo por excepción proporcionalmente) con el precio creciente de los medios de subsistencia necesarios. Su subida es consecuencia, no causa, de la subida de los precios de las mercancías.

  2. Con una subida parcial o local del salario —es decir, una subida solo en ramas aisladas de la producción— puede producirse por ello una subida local de los precios de los productos de esas ramas. Pero incluso esto depende de muchas circunstancias. Por ejemplo, de que el salario no estuviera allí anormalmente deprimido y, por tanto, la tasa de ganancia no fuera anormalmente alta; de que el mercado para estas mercancías no se estreche por la subida de precios (es decir, de que para la subida de sus precios no sea necesaria una contracción previa de su oferta), etc.

  3. Con una elevación general del salario, el precio de las mercancías producidas sube en las ramas industriales donde predomina el capital variable, pero baja, en cambio, en aquellas donde predomina el capital constante o, en su caso, fijo.


En la circulación simple de mercancías (libro I, capítulo III, 2) se mostró que, aunque dentro de la circulación de cada cantidad determinada de mercancías su forma de dinero solo es evanescente, el dinero que desaparece de manos de uno en la metamorfosis de una mercancía ocupa necesariamente su lugar en las de otro; es decir, que no solo se intercambian o se reponen las mercancías en todas direcciones en primera instancia, sino que esta reposición está mediada y acompañada por un depósito de dinero en todas direcciones. «La sustitución de mercancía por mercancía deja a la vez la mercancía dineraria en una tercera mano. La circulación exuda constantemente dinero». (Libro I, p. 92.)44 Este mismo hecho idéntico se expresa, sobre la base de la producción capitalista de mercancías, en que una parte del capital existe constantemente en la forma de capital dinerario y una parte de la plusvalía se encuentra constantemente también en forma de dinero en manos de sus poseedores.

Prescindiendo de esto, el ciclo del dinero —es decir, el reflujo del dinero a su punto de partida—, en la medida en que constituye un momento de la rotación del capital, es un fenómeno completamente distinto, e incluso opuesto, al curso del dinero,45 que expresa su constante alejamiento del punto de partida a través de una serie de manos. (Libro I, p. 94.) No obstante, una rotación acelerada implica eo ipso46 un curso acelerado.

En primer lugar, en lo que atañe al capital variable: si, por ejemplo, un capital dinerario de 500 £ rota diez veces al año en la forma de capital variable, está claro que esta parte alícuota de la masa de dinero en circulación hace circular el décuplo de su suma de valor = 5.000 £. Recorre su curso diez veces al año entre el capitalista y el obrero. El obrero cobra y paga diez veces al año con la misma parte alícuota de la masa de dinero en circulación. Si, con la misma escala de la producción, este capital variable rotara una vez al año, solo tendría lugar un único curso de 5.000 £.

Además, sea la parte constante del capital circulante = 1.000 £. Si el capital rota diez veces, el capitalista vende diez veces al año su mercancía y, por tanto, también la parte constante circulante de su valor. La misma parte alícuota de la masa de dinero en circulación (= 1.000 £) pasa diez veces al año de las manos de sus poseedores a las del capitalista. Son diez cambios de lugar de este dinero de unas manos a otras.

En segundo lugar, el capitalista compra diez veces al año medios de producción; son de nuevo diez vueltas del dinero de unas manos a otras. Con dinero por importe de 1.000 £, el capitalista industrial ha vendido mercancía por 10.000 £ y ha vuelto a comprar mercancía por 10.000 £. Mediante veinte vueltas de las 1.000 £ de dinero se ha hecho circular una provisión de mercancías de 20.000 £.

Por último, con una rotación acelerada también circula más deprisa la parte del dinero que realiza la plusvalía.

En cambio, un curso más rápido del dinero no implica necesariamente, a la inversa, una rotación más rápida del capital y, por tanto, también del dinero, es decir, no implica necesariamente un acortamiento y una renovación más rápida del proceso de reproducción.

Un curso más rápido del dinero tiene lugar siempre que se efectúa una masa mayor de transacciones con la misma masa de dinero. Esto puede ocurrir también con iguales períodos de reproducción del capital, a consecuencia de dispositivos técnicos modificados para el curso del dinero. Además, puede aumentar la masa de transacciones en las que el dinero circula sin expresar una venta real de mercancías (operaciones por diferencias en la Bolsa, etc.). Por otra parte, pueden desaparecer por completo vueltas de dinero. Por ejemplo, allí donde el agricultor es él mismo propietario de la tierra, no tiene lugar ninguna vuelta de dinero entre el arrendatario y el propietario de la tierra; allí donde el capitalista industrial es él mismo propietario del capital, no tiene lugar ninguna vuelta entre él y el prestamista.


En lo que se refiere a la formación originaria de un tesoro dinerario en un país, así como a su apropiación por unos pocos, es innecesario detenerse aquí en ello.

El modo de producción capitalista —igual que su base es el trabajo asalariado, lo es también el pago del obrero en dinero y, en general, la transformación de las prestaciones en especie en prestaciones en dinero— solo puede desarrollarse en un volumen mayor y con una elaboración más profunda allí donde existe en el país una masa de dinero suficiente para la circulación y para el atesoramiento que esta condiciona (fondos de reserva, etc.). Esta es una premisa histórica, aunque la cosa no ha de entenderse en el sentido de que primero se forma una masa suficiente de tesoro y luego empieza la producción capitalista. Esta se desarrolla, más bien, simultáneamente con el desarrollo de sus condiciones, y una de estas condiciones es un aporte suficiente de metales preciosos. De ahí que el aporte acrecentado de metales preciosos desde el siglo XVI constituya un momento esencial en la historia del desarrollo de la producción capitalista. Pero, en la medida en que se trata del aporte ulterior necesario de material dinerario sobre la base del modo de producción capitalista, por un lado se lanza a la circulación plusvalía en producto sin el dinero necesario para convertirla en dinero y, por otro, plusvalía en oro sin transformación previa de producto en dinero.

Las mercancías adicionales que han de transformarse en dinero encuentran la suma de dinero necesaria porque, por el otro lado, se lanza a la circulación, no mediante el intercambio, sino mediante la propia producción, oro (y plata) adicional que ha de transformarse en mercancías.

II. Acumulación y reproducción ampliada

En la medida en que la acumulación tiene lugar en la forma de reproducción en escala ampliada, está claro que no plantea ningún problema nuevo en lo que respecta a la circulación del dinero.

En primer lugar, en lo que se refiere al capital dinerario adicional requerido para el funcionamiento del capital productivo creciente, lo suministra la parte de la plusvalía realizada que los capitalistas lanzan a la circulación como capital dinerario, en lugar de como forma de dinero del rédito. El dinero ya está en manos de los capitalistas. Lo único distinto es su empleo.

Ahora bien, a consecuencia del capital productivo adicional, se lanza a la circulación, como producto suyo, una masa adicional de mercancías. Con esta masa adicional de mercancías se lanzó a la vez a la circulación una parte del dinero adicional necesario para su realización, a saber, en la medida en que el valor de esta masa de mercancías es igual al valor del capital productivo consumido en su producción. Esta masa adicional de dinero se ha adelantado precisamente como capital dinerario adicional y, por tanto, refluye al capitalista mediante la rotación de su capital. Aquí vuelve a surgir la misma pregunta que antes. ¿De dónde sale el dinero adicional para realizar la plusvalía adicional que ahora existe en forma de mercancía?

La respuesta general vuelve a ser la misma. La suma de precios de la masa de mercancías en circulación ha aumentado, no porque hayan subido los precios de una masa dada de mercancías, sino porque la masa de las mercancías que circulan ahora es mayor que la de las que circulaban antes, sin que esto se haya compensado con una baja de los precios. El dinero adicional requerido para la circulación de esta masa mayor de mercancías, de mayor valor, ha de procurarse, o bien mediante una mayor economización de la masa de dinero en circulación —ya sea mediante la compensación de los pagos, etc., ya sea mediante medios que aceleren el curso de las mismas piezas de dinero—, o bien mediante la transformación de dinero de la forma de tesoro en la forma circulante. Esto último no solo implica que capital dinerario ocioso entre en funciones como medio de compra o de pago, o también que capital dinerario que ya funciona como fondo de reserva circule activamente para la sociedad mientras cumple para su dueño la función de fondo de reserva (como en los depósitos bancarios, que se prestan constantemente), es decir, que cumpla una doble función, sino también que se economicen los fondos de reserva de moneda estancados.

«Para que el dinero fluya constantemente como moneda, la moneda tiene que cuajarse constantemente en dinero. El curso constante de la moneda está condicionado por su constante estancamiento en porciones mayores o menores, en fondos de reserva de moneda que surgen por todas partes dentro de la circulación tanto como la condicionan, y cuya formación, distribución, disolución y nueva formación cambia sin cesar, cuya existencia desaparece constantemente y cuya desaparición está constantemente ahí. A. Smith expresó esta incesante transformación de la moneda en dinero y del dinero en moneda diciendo que todo poseedor de mercancías, además de la mercancía particular que vende, ha de tener siempre a mano una cierta suma de la mercancía general con la que compra. Vimos que en la circulación M – D – M el segundo término, D – M, se fragmenta en una serie de compras que no se efectúan de una vez, sino sucesivamente en el tiempo, de modo que una porción de D circula como moneda mientras la otra reposa como dinero. El dinero no es aquí, en realidad, más que moneda en suspenso, y los distintos componentes de la masa de moneda en curso aparecen alternativamente ora en una forma, ora en la otra. Esta primera transformación del medio de circulación en dinero representa, por tanto, un momento meramente técnico del curso mismo del dinero». (Karl Marx, Zur Kritik der Politischen Oekonomie, 1859, pp. 105 y 106.47 «Moneda», en contraposición a dinero, se emplea aquí para designar el dinero en su función de mero medio de circulación, en contraposición a sus demás funciones.)

En la medida en que todos estos medios no basten, ha de tener lugar una producción adicional de oro, o, lo que viene a ser lo mismo, una parte del producto adicional se intercambia directa o indirectamente por oro, el producto de los países productores de metales preciosos.

La suma entera de fuerza de trabajo y de medios de producción sociales que se gasta en la producción anual de oro y plata como instrumentos de la circulación constituye una pesada partida de los faux frais48 del modo de producción capitalista y, en general, del basado en la producción de mercancías. Sustrae al aprovechamiento social una suma correspondiente de posibles medios adicionales de producción y de consumo, es decir, de riqueza real. En la medida en que, con una escala de la producción dada y constante o con un grado dado de su expansión, se reducen los costes de esta cara maquinaria de la circulación, se eleva con ello la fuerza productiva del trabajo social. Así pues, en la medida en que los recursos auxiliares que se desarrollan con el sistema de crédito tienen este efecto, aumentan directamente la riqueza capitalista, ya sea porque gracias a ellos una gran parte del proceso social de producción y de trabajo se lleva a cabo sin intervención alguna de dinero real, ya sea porque se eleva la capacidad funcional de la masa de dinero que funciona realmente.

Con ello se resuelve también la absurda pregunta de si la producción capitalista sería posible en su volumen actual sin el sistema de crédito (aun considerada solo desde este punto de vista), es decir, con una circulación meramente metálica. Evidentemente, no es el caso. Más bien habría encontrado límites en el volumen de la producción de metales preciosos. Por otra parte, no hay que hacerse representaciones místicas sobre la fuerza productiva del sistema de crédito en la medida en que pone a disposición o hace líquido capital dinerario. El desarrollo ulterior de este punto no corresponde aquí.


Hay que considerar ahora el caso en que no tiene lugar una acumulación real, es decir, una ampliación inmediata de la escala de la producción, sino que una parte de la plusvalía realizada se amontona por un tiempo más o menos largo como fondo de reserva de dinero, para transformarse más tarde en capital productivo.

En la medida en que el dinero que se acumula así es adicional, la cosa se entiende por sí misma. Solo puede ser una parte del oro excedente aportado desde los países productores de oro. Hay que advertir a este respecto que el producto nacional a cambio del cual se importa este oro ya no existe en el país. Se ha entregado al extranjero a cambio de oro.

Si, en cambio, se supone que en el país sigue habiendo la misma masa de dinero que antes, el dinero amontonado y que se amontona procede de la circulación; lo único que ha cambiado es su función. De dinero en circulación se ha transformado en capital dinerario latente que se va formando paulatinamente.

El dinero que aquí se amontona es la forma de dinero de mercancía vendida, y precisamente de la parte de su valor que representa plusvalía para su poseedor. (Se supone aquí que el sistema de crédito no existe.) El capitalista que ha amontonado este dinero ha vendido pro tanto sin comprar.

Si uno se representa este proceso parcialmente, no hay nada que explicar en él. Una parte de los capitalistas retiene una parte del dinero obtenido de la venta de su producto sin sustraer a cambio producto del mercado. Otra parte, en cambio, transforma su dinero enteramente en producto, con excepción del capital dinerario necesario para la explotación productiva, que recurre constantemente. Una parte del producto lanzado al mercado como portador de plusvalía consiste en medios de producción o en los elementos reales del capital variable, medios de subsistencia necesarios. Puede, pues, servir inmediatamente para ampliar la producción. Pues en modo alguno se supone que una parte de los capitalistas amontona capital dinerario mientras la otra consume toda su plusvalía, sino solo que una parte efectúa su acumulación en forma de dinero, forma capital dinerario latente, mientras que la otra acumula realmente, es decir, amplía la escala de la producción, expande realmente su capital productivo. La masa de dinero existente sigue siendo suficiente para las necesidades de la circulación, aun cuando alternativamente una parte de los capitalistas amontone dinero mientras la otra amplía la escala de la producción, y a la inversa. El amontonamiento de dinero por un lado puede efectuarse, además, sin dinero contante, mediante el mero amontonamiento de créditos.

Pero la dificultad surge cuando suponemos una acumulación de capital dinerario no parcial, sino general, en la clase capitalista. Fuera de esta clase no existe, según nuestro supuesto —dominio general y exclusivo de la producción capitalista—, ninguna otra clase más que la clase obrera. Todo lo que compra la clase obrera es igual a la suma de su salario, igual a la suma del capital variable adelantado por la clase capitalista entera. Este dinero refluye a esta última mediante la venta de su producto a la clase obrera. Su capital variable recobra así su forma de dinero. Sea la suma del capital variable = x × 100 £, es decir, la suma no del capital variable adelantado en el año, sino del empleado; con cuánto o cuán poco dinero, según la velocidad de rotación, se adelante durante el año este valor de capital variable, no altera nada la cuestión que ahora consideramos. Con estas x × 100 £ de capital, la clase capitalista compra una determinada masa de fuerza de trabajo, o paga salario a un determinado número de obreros: primera transacción. Los obreros compran con la misma suma una cantidad de mercancías a los capitalistas, con lo que la suma de x × 100 £ refluye a manos de los capitalistas: segunda transacción. Y esto se repite constantemente. La suma de x × 100 £ nunca puede, por tanto, capacitar a la clase obrera para comprar la parte del producto en que se representa el capital constante, y mucho menos la parte en que se representa la plusvalía de la clase capitalista. Con las x × 100 £, los obreros solo pueden comprar siempre una porción de valor del producto social igual a la porción de valor en que se representa el valor del capital variable adelantado.

Prescindiendo del caso en que esta acumulación de dinero en todas partes no exprese otra cosa que la distribución del metal precioso importado adicionalmente, en la proporción que sea, entre los distintos capitalistas individuales, ¿cómo ha de acumular dinero, pues, la clase capitalista entera?

Todos ellos tendrían que vender una parte de su producto sin volver a comprar. Que todos posean un determinado fondo de dinero que lanzan a la circulación como medio de circulación para su consumo, y del que a cada uno le refluye de nuevo de la circulación una parte determinada, no tiene absolutamente nada de misterioso. Pero, en ese caso, este fondo de dinero existe precisamente como fondo de circulación, gracias a la conversión en dinero de la plusvalía, y en modo alguno como capital dinerario latente.

Si se considera la cosa tal como ocurre en la realidad, el capital dinerario latente que se amontona para un uso posterior consiste:

  1. En depósitos bancarios; y es una suma de dinero relativamente pequeña aquella de la que el banco dispone realmente. Aquí solo se ha amontonado nominalmente capital dinerario. Lo que realmente se ha amontonado son créditos dinerarios, que solo son convertibles en dinero (en la medida en que alguna vez se convierten en dinero) porque se produce un equilibrio entre el dinero que se reclama y el que se deposita. Lo que se encuentra como dinero en manos del banco es, relativamente, solo una pequeña suma.

  2. En títulos de la deuda pública. Estos no son en absoluto capital, sino meros créditos sobre el producto anual de la nación.

  3. En acciones. Si no hay estafa, son títulos de propiedad sobre capital real perteneciente a una sociedad y asignaciones sobre la plusvalía que fluye anualmente de él.

En todos estos casos no existe amontonamiento de dinero, sino que lo que de un lado aparece como amontonamiento de capital dinerario aparece del otro como gasto constante y real de dinero. Que el dinero lo gaste aquel a quien pertenece u otros, sus deudores, no cambia nada la cosa.

Sobre la base de la producción capitalista, el atesoramiento como tal nunca es un fin, sino resultado, o bien de un estancamiento de la circulación —por cuanto masas de dinero mayores que de ordinario adoptan la forma de tesoro—, o bien de los amontonamientos condicionados por la rotación; o, finalmente, el tesoro no es más que formación de capital dinerario, provisionalmente en forma latente, destinado a funcionar como capital productivo.

Así pues, si por un lado una parte de la plusvalía realizada en dinero se sustrae a la circulación y se amontona como tesoro, al mismo tiempo se transforma constantemente otra parte de la plusvalía en capital productivo. Con excepción de la distribución de metal precioso adicional entre la clase capitalista, el amontonamiento en forma de dinero nunca tiene lugar simultáneamente en todos los puntos.

De la parte del producto anual que representa plusvalía en forma de mercancía vale exactamente lo mismo que de la otra parte del producto anual. Para su circulación se requiere una determinada suma de dinero. Esta suma de dinero pertenece a la clase capitalista igual que la masa de mercancías producida anualmente que representa plusvalía. La lanza originariamente a la circulación la propia clase capitalista. Se redistribuye constantemente entre ella a través de la propia circulación. Como en la circulación de la moneda en general, una parte de esta masa se estanca en puntos que cambian constantemente, mientras otra parte circula constantemente. Que una parte de este amontonamiento sea intencionado, para formar capital dinerario, no cambia nada la cosa.

Se ha prescindido aquí de las aventuras de la circulación por las que un capitalista se apodera de un trozo de la plusvalía, e incluso del capital, de otro, y por las que, en consecuencia, se produce una acumulación y centralización unilateral tanto de capital dinerario como de capital productivo. Así, por ejemplo, una parte de la plusvalía capturada que A amontona como capital dinerario puede ser un trozo de la plusvalía de B que no refluye a este.

  1. (Nota de la traducción.) Marx distingue aquí la Zirkulationszeit total del capital (todo el recorrido de su ciclo) de su Umlaufszeit, el tiempo que pasa en la esfera de la circulación propiamente dicha; ambos términos se traducen por «tiempo de circulación», y el contexto indica cuál es cuál. ↩

  2. (Nota de la traducción.) En las fórmulas, D = dinero (Geld, G), M = mercancía (Ware, W), P = proceso de producción o capital productivo, d = incremento de dinero (g), FT = fuerza de trabajo (Arbeitskraft, A), MP = medios de producción (Produktionsmittel, Pm), p = plusvalía (Mehrwert, m). ↩

  3. (Nota de la traducción.) «En la agricultura, la siembra es su comienzo y la cosecha su final.» Marx da en alemán solo la primera parte de la cita y añade el original inglés entre paréntesis. ↩

  4. (Nota de la traducción.) U y u por Umschlag, rotación. ↩

  5. A causa de la dificultad que plantea la determinación del capital fijo y del circulante, el señor Lorenz Stein opina que esta distinción solo sirve para facilitar la exposición. ↩

  6. Hasta aquí, manuscrito IV. Desde aquí, manuscrito II. ↩

  7. (Nota de la traducción.) Umsatz: venta, conversión en dinero; la misma palabra designa en otros lugares el intercambio o la conversión de una forma en otra. ↩

  8. (Nota de la traducción.) «Obras de arte»: en la jerga ferroviaria inglesa, las obras de fábrica (puentes, túneles, viaductos, etc.). ↩

  9. Las citas señaladas con R. C. proceden de: «Royal Commission on Railways. Minutes of Evidence taken before the Commissioners. Presented to both Houses of Parliament», Londres, 1867. Las preguntas y respuestas están numeradas, y aquí se indican los números. ↩

  10. (Nota de la traducción.) Abogado. ↩

  11. (Nota de la traducción.) Así en la MEW, que corrige la cifra de las ediciones anteriores (la de 1885 da 6 1/3). ↩

  12. (Nota de la traducción.) Revenue: el ingreso periódico que el capitalista puede consumir sin mermar su capital; en este libro lo traducimos por «rédito», para distinguirlo de la renta del suelo (Rente); en nuestra traducción del libro primero se tradujo «renta». ↩

  13. (Nota de la traducción.) Presidente. ↩

  14. (Nota de la traducción.) Jefe del servicio de locomotoras. ↩

  15. «La producción urbana está ligada al ciclo de los días; la rural, en cambio, al ciclo de los años» (Adam H. Müller, Die Elemente der Staatskunst, Berlín, 1809, III, p. 178). Esta es la idea ingenua que el romanticismo se hace de la industria y la agricultura. ↩

  16. (Nota de la traducción.) La MEW da «20.000 × 2»; corregimos según la primera edición (1885), que da «25.000 × 2», como exige el cálculo. ↩

  17. (Nota de la traducción.) «Razón directa» según la MEW; las ediciones de 1885 y 1893 dicen «razón inversa». ↩

  18. (Nota de la traducción.) «Adelantos primitivos» y «adelantos anuales». Quesnay llama avances (adelantos) a los desembolsos del arrendatario: los primitivos son el fondo de instalación de la explotación agrícola (ganado, aperos, etc.), que se repone a lo largo de varios años; los anuales, los gastos del cultivo de cada año. ↩

  19. Véase, para Quesnay, el Analyse du Tableau Économique (Physiocrates, ed. Daire, I.ª parte, París, 1846). Allí se dice, por ejemplo: «Los adelantos anuales consisten en los gastos que se hacen anualmente para el trabajo del cultivo; estos adelantos deben distinguirse de los adelantos primitivos, que forman el fondo de establecimiento del cultivo» (p. 59). Entre los fisiócratas más jóvenes, los avances ya se designan directamente como capital en varias ocasiones: «Capital o adelantos», Dupont de Nemours, Maximes du Docteur Quesnay, ou résumé de ses principes d'économie sociale (Daire, I, p. 391); además, Le Trosne: «Debido a la duración más o menos larga de los productos del trabajo manual, una nación posee un fondo considerable de riquezas, independiente de su reproducción anual, que forma un capital acumulado desde hace mucho tiempo y pagado originariamente con productos, que se mantiene y aumenta siempre» (Daire, II, pp. 928, 929). Turgot emplea ya la palabra capital con más regularidad en lugar de avances, e identifica aún más los avances de los manufactureros con los de los arrendatarios. (Turgot, Réflexions sur la Formation et la Distribution des Richesses, 1766.) ↩

  20. Hasta qué punto se cerró A. Smith a sí mismo el camino hacia la comprensión del papel de la fuerza de trabajo en el proceso de valorización lo demuestra la siguiente frase, que pone el trabajo de los obreros, a la manera fisiocrática, en el mismo plano que el del ganado de labor: «No solo sus» (del arrendatario) «mozos de labranza, sino también su ganado de labor son trabajadores productivos». (Libro II, cap. V, p. 243.) ↩

  21. «Esta diferencia en el grado de durabilidad del capital fijo, y esta variedad en las proporciones en que pueden combinarse las dos clases de capital.» — Principles, p. 25. ↩

  22. «Asimismo, las proporciones en que pueden combinarse de diversas maneras el capital que ha de mantener al trabajo y el capital invertido en herramientas, maquinaria y edificios.» — L. c. ↩

  23. «El alimento y el vestido que consume el obrero, los edificios en que trabaja, las herramientas con que se ayuda su trabajo, son todos de naturaleza perecedera. Hay, sin embargo, una enorme diferencia en el tiempo que durarán estos distintos capitales: una máquina de vapor durará más que un barco, un barco más que el vestido del obrero, y el vestido del obrero más que el alimento que consume.» — Ricardo, etc., p. 26. ↩

  24. «Según que el capital sea rápidamente perecedero y requiera reproducirse con frecuencia, o sea de consumo lento, se clasifica bajo los epígrafes de capital circulante o de capital fijo.» ↩

  25. «Una división no esencial, y en la que la línea de demarcación no puede trazarse con exactitud.» ↩

  26. Observations on the Circumstances which influence the Condition of the labouring Classes of Society, Londres, 1817. Un pasaje pertinente está citado en el libro I, p. 655, nota 79. ↩

  27. «Hay que observar también que el capital circulante puede circular, o retornar a quien lo emplea, en tiempos muy desiguales. El trigo que un arrendatario compra para sembrar es, comparativamente, un capital fijo respecto del trigo que compra un panadero para hacer panes. El primero lo deja en la tierra y no puede obtener rendimiento alguno durante un año; el otro puede hacerlo moler en harina, venderlo como pan a sus clientes y tener su capital libre, para renovar la misma operación o emprender cualquier otro empleo, en una semana.» (Pp. 26, 27.) ↩

  28. (Nota de la traducción.) Midland counties: los condados del centro de Inglaterra. ↩

  29. (Nota de la traducción.) Cultures dérobées: cultivos secundarios que se siembran en el mismo campo después de la cosecha principal, dentro del mismo año. ↩

  30. (Nota de la traducción.) Usance (usanza): plazo de vencimiento habitual de las letras de cambio en una plaza o en un tráfico determinado. Las letras «a … meses fecha» vencen contando desde la fecha de emisión; las letras «a … meses vista», desde su presentación al librado. Las citas del Economist se traducen del alemán de Marx; no disponemos del original inglés. ↩

  31. (Nota de la traducción.) «En esa medida». ↩

  32. Las semanas que caen en el segundo año de rotación se han puesto entre paréntesis. ↩

  33. (Nota de la traducción.) P' es la tasa anual de plusvalía (M' en el original, Jahresrate des Mehrwerts) y p', la tasa real de plusvalía (m'); p/v y pn/v corresponden a m/v y mn/v del original. ↩

  34. (Nota de la traducción.) En la presente edición del libro primero, capítulos 4 y 21. ↩

  35. En el manuscrito se intercala aquí el siguiente apunte para un desarrollo futuro: «Contradicción en el modo de producción capitalista: los obreros, como compradores de mercancía, son importantes para el mercado. Pero, como vendedores de su mercancía —la fuerza de trabajo—, la sociedad capitalista tiene la tendencia a limitarlos al mínimo del precio. — Otra contradicción: las épocas en que la producción capitalista pone en tensión todas sus potencias resultan ser regularmente épocas de sobreproducción; porque las potencias productivas nunca pueden emplearse hasta el punto de que con ello no solo se produzca, sino que también se realice más valor; pero la venta de las mercancías, la realización del capital mercantil, y por tanto también de la plusvalía, está limitada, no por las necesidades de consumo de la sociedad en general, sino por las necesidades de consumo de una sociedad en la que la gran mayoría es siempre pobre y tiene que seguir siéndolo siempre. Pero esto corresponde a la sección siguiente.» ↩

  36. (Nota de la traducción.) In spe: latín, «en esperanza», es decir, en potencia. ↩

  37. (Nota de la traducción.) William Thompson (1775-1833), economista irlandés, socialista seguidor de Owen y defensor del trabajo cooperativo. Esta cita y la siguiente aparecen en alemán en el original; se traducen de esa versión. ↩

  38. (Nota de la traducción.) Thomas Tooke (1774-1858), economista inglés, autor de una History of Prices. ↩

  39. (Nota de la traducción.) C'est un fait: francés, «es un hecho». ↩

  40. (Nota de la traducción.) In petto: italiano, «en reserva». ↩

  41. (Nota de la traducción.) Juego de palabras del original: versilbern («convertir en dinero», literalmente «platear») y Silber («plata»). Del mismo modo, Vergoldung («dorado») se traduce en este capítulo por «conversión en oro». ↩

  42. (Nota de la traducción.) Voilà tout: francés, «eso es todo». ↩

  43. (Nota de la traducción.) Trade-unions: los sindicatos ingleses. ↩

  44. (Nota de la traducción.) Páginas de la edición alemana del libro primero que usaba Marx: libro primero, capítulo 3, apartado 2, a) «La metamorfosis de las mercancías» (p. 92) y b) «El curso del dinero» (p. 94). La cita sigue nuestra traducción del libro primero. ↩

  45. Si los fisiócratas todavía confunden ambos fenómenos, son, sin embargo, los primeros en destacar el reflujo del dinero a su punto de partida como forma esencial de la circulación del capital, como forma de la circulación que media la reproducción. «Echad una mirada al Tableau économique y veréis que la clase productiva da el dinero con el que las otras clases vienen a comprarle productos, y que ellas le hacen volver ese dinero al regresar el año siguiente a hacerle las mismas compras... No veis, pues, aquí otro círculo que el del gasto seguido de la reproducción, y el de la reproducción seguida del gasto; círculo que recorre la circulación del dinero, que mide el gasto y la reproducción». (Quesnay, Dialogues sur le commerce et sur les travaux des artisans, en Daire, Physiocrates, I, pp. 208 y 209.) «Es este adelanto y este reingreso continuos de los capitales lo que debe llamarse la circulación del dinero, esa circulación útil y fecunda que anima todos los trabajos de la sociedad, que mantiene el movimiento y la vida en el cuerpo político y que con mucha razón se compara con la circulación de la sangre en el cuerpo animal». (Turgot, Réflexions etc., Œuvres, ed. Daire, I, p. 45.) ↩

  46. (Nota de la traducción.) Eo ipso: latín, «por eso mismo». ↩

  47. (Nota de la traducción.) Contribución a la crítica de la economía política, capítulo 2, apartado 3, a) «Atesoramiento». La cita sigue nuestra traducción de esa obra, con las fórmulas en letras españolas. ↩

  48. (Nota de la traducción.) Faux frais: francés, «gastos falsos», gastos improductivos, aunque necesarios. ↩