Karl Marx, El capital. Crítica de la economía política. Libro segundo: El proceso de circulación del capital. Editado por Friedrich Engels; primera edición: Hamburgo, Otto Meissner, 1885. Se traduce de la segunda edición (1893) según el texto de la MEW 24 (Berlín, 1963), cotejado con la MEGA II/13 (1885); las citas que Marx daba en inglés, francés u otras lenguas se traducen de su original. Traducción de la Escuela de marxismo, 2026. Las notas que indican de qué manuscrito de Marx procede el texto son de Engels; las firmadas «— F. E.» y los pasajes entre corchetes con esa firma, también. Las llaves {…} reproducen las de la edición (interpolaciones de Marx en las citas o de Engels en el texto). Las notas marcadas «(Nota de la traducción.)» son nuestras. Texto original en alemán
Prólogos · I · II · III · Libro primero
Capítulo primero. El ciclo del capital dinerario
El proceso cíclico1 del capital transcurre en tres estadios que, según la exposición del primer tomo, forman la serie siguiente:
Primer estadio: El capitalista aparece en el mercado de mercancías y en el mercado de trabajo como comprador; su dinero se convierte en mercancía o recorre el acto de circulación D – M2.
Segundo estadio: Consumo productivo de las mercancías compradas por el capitalista. Este actúa como productor capitalista de mercancías; su capital recorre el proceso de producción. El resultado es: mercancía de más valor que el de sus elementos de producción.
Tercer estadio: El capitalista vuelve al mercado como vendedor; su mercancía se convierte en dinero o recorre el acto de circulación M – D.
La fórmula del ciclo del capital dinerario es, pues:
D – M ... P ... M′ – D′, donde los puntos indican que el proceso de circulación está interrumpido, y M′, lo mismo que D′, designan un M y un D aumentados por la plusvalía.
El primer y el tercer estadio solo se examinaron en el libro primero en la medida necesaria para comprender el segundo estadio, el proceso de producción del capital. Por eso quedaron sin considerar las diversas formas con que el capital se reviste en sus diversos estadios y que, al repetirse el ciclo, ora adopta, ora abandona. Esas formas constituyen ahora el objeto inmediato de la investigación.
Para captar las formas en su pureza, hay que abstraer ante todo de todos los momentos que nada tienen que ver con el cambio de forma y con la formación de la forma como tales. Por eso se supone aquí no solo que las mercancías se venden por sus valores, sino también que esto ocurre en circunstancias invariables. Se prescinde, pues, también de las variaciones de valor que pueden producirse durante el proceso cíclico.
I. Primer estadio. D – M3
D – M representa la conversión de una suma de dinero en una suma de mercancías; para el comprador, transformación de su dinero en mercancía; para los vendedores, transformación de sus mercancías en dinero. Lo que hace de este fenómeno de la circulación general de mercancías, a la vez, una sección funcionalmente determinada dentro del ciclo autónomo de un capital individual no es, en primer término, la forma del fenómeno, sino su contenido material, el carácter de uso específico de las mercancías que cambian de lugar con el dinero. Son, por una parte, medios de producción y, por otra, fuerza de trabajo, factores objetivos y personales de la producción de mercancías, cuya índole particular tiene que corresponder, naturalmente, a la clase de artículo que se ha de fabricar. Si llamamos FT a la fuerza de trabajo y MP a los medios de producción, la suma de mercancías que hay que comprar es M = FT + MP, o, más abreviadamente, M < FT/MP. D – M, considerado según su contenido, se presenta, pues, como D – M < FT/MP; es decir, D – M se descompone en D – FT y D – MP; la suma de dinero D se escinde en dos partes, una de las cuales compra fuerza de trabajo y la otra medios de producción. Estas dos series de compras pertenecen a mercados completamente distintos: una al mercado de mercancías propiamente dicho, la otra al mercado de trabajo.
Pero, además de esta escisión cualitativa de la suma de mercancías en que se convierte D, D – M < FT/MP representa también una relación cuantitativa sumamente característica.
Sabemos que el valor, o el precio, de la fuerza de trabajo se le paga a su poseedor, que la ofrece en venta como mercancía, en la forma de salario, es decir, como precio de una suma de trabajo que contiene plustrabajo; de modo que si, por ejemplo, el valor diario de la fuerza de trabajo es = 3 marcos, producto de cinco horas de trabajo, esta suma figura en el contrato entre comprador y vendedor como el precio o salario de, digamos, diez horas de trabajo. Si se cerró un contrato de este tipo, por ejemplo, con 50 obreros, estos tienen que suministrar entre todos al comprador, durante un día, 500 horas de trabajo, la mitad de las cuales, 250 horas de trabajo = 25 jornadas de diez horas, consiste únicamente en plustrabajo. La cantidad y el volumen de los medios de producción que hay que comprar tienen que bastar para emplear esa masa de trabajo.
D – M < FT/MP no expresa, pues, solo la relación cualitativa de que una suma determinada de dinero, por ejemplo 422 £, se convierte en medios de producción y fuerza de trabajo que se corresponden entre sí, sino también una relación cuantitativa entre las partes del dinero desembolsadas en fuerza de trabajo FT y en medios de producción MP, una relación determinada de antemano por la suma del plustrabajo excedente que ha de gastar un número determinado de obreros.
Así pues, si, por ejemplo, en una hilandería el salario semanal de los 50 obreros asciende a 50 £, habrá que gastar 372 £ en medios de producción, si ese es el valor de los medios de producción que el trabajo semanal de 3.000 horas, de las cuales 1.500 son de plustrabajo, transforma en hilo.
Hasta qué punto, en diversas ramas de la industria, el empleo de trabajo adicional requiere una adición de valor en forma de medios de producción es aquí completamente indiferente. Se trata solo de que, en todas las circunstancias, la parte del dinero gastada en medios de producción —los medios de producción comprados en D – MP— tiene que bastar, es decir, tiene que estar calculada de antemano para ello y adquirida en la proporción correspondiente. O sea, la masa de los medios de producción tiene que bastar para absorber la masa de trabajo, para ser transformada por ella en producto. Si no hubiera medios de producción suficientes, el trabajo excedente de que dispone el comprador no sería utilizable; su derecho a disponer de él no conduciría a nada. Si hubiera más medios de producción que trabajo disponible, quedarían sin saturarse de trabajo, no se transformarían en producto.
En cuanto se ha consumado D – M < FT/MP, el comprador no dispone solo de los medios de producción y la fuerza de trabajo necesarios para producir un artículo útil. Dispone de una mayor fluidificación de la fuerza de trabajo4, o de una cantidad de trabajo mayor que la necesaria para reponer el valor de la fuerza de trabajo, y, a la vez, de los medios de producción requeridos para realizar u objetivar esa suma de trabajo: dispone, pues, de los factores de la producción de artículos de mayor valor que el de sus elementos de producción, o de una masa de mercancías que contiene plusvalía. El valor que ha adelantado en forma de dinero se encuentra, pues, ahora en una forma natural en la que puede realizarse como valor que incuba plusvalía (en figura de mercancías). En otras palabras: se encuentra en el estado o en la forma de capital productivo, que tiene la capacidad de funcionar como creador de valor y de plusvalía. Llamemos P al capital en esta forma.
Pero el valor de P es = valor de FT + MP, = el D convertido en FT y MP. D es el mismo valor de capital que P, solo que en un modo de existencia distinto, a saber, valor de capital en estado de dinero o en forma de dinero: capital dinerario.
D – M < FT/MP, o, según su forma general, D – M, suma de compras de mercancías, este fenómeno de la circulación general de mercancías es por eso, a la vez, en cuanto estadio dentro del proceso cíclico autónomo del capital, transformación del valor de capital de su forma dineraria en su forma productiva, o, más brevemente, transformación de capital dinerario en capital productivo. En la figura del ciclo que consideramos aquí en primer lugar, el dinero aparece, pues, como el primer portador del valor de capital y, por tanto, el capital dinerario como la forma en que se adelanta el capital.
En cuanto capital dinerario, se encuentra en un estado en el que puede desempeñar funciones de dinero, como en el caso presente las funciones de medio general de compra y de medio general de pago. (Esto último, en la medida en que la fuerza de trabajo, si bien se compra primero, solo se paga después de haber actuado. En la medida en que los medios de producción no se encuentran ya listos en el mercado, sino que hay que encargarlos, el dinero actúa también en D – MP como medio de pago.) Esta capacidad no surge de que el capital dinerario sea capital, sino de que es dinero.
Por otra parte, el valor de capital en estado de dinero tampoco puede desempeñar más que funciones de dinero, y no otras. Lo que convierte a estas últimas en funciones de capital es su papel determinado en el movimiento del capital y, por tanto, también la conexión del estadio en que aparecen con los demás estadios de su ciclo. Por ejemplo, en el caso que tenemos ante nosotros, el dinero se convierte en mercancías cuya combinación constituye la forma natural del capital productivo, que, por tanto, encierra ya en sí latentemente, en potencia, el resultado del proceso capitalista de producción.
Una parte del dinero que en D – M < FT/MP desempeña la función de capital dinerario pasa, mediante la consumación de esta circulación misma, a una función en la que desaparece su carácter de capital y permanece su carácter de dinero. La circulación del capital dinerario D se descompone en D – MP y D – FT, compra de medios de producción y compra de fuerza de trabajo. Consideremos este último fenómeno por separado. D – FT es compra de fuerza de trabajo por parte del capitalista; es venta de la fuerza de trabajo —aquí podemos decir del trabajo, puesto que se presupone la forma del salario— por parte del obrero, del poseedor de la fuerza de trabajo. Lo que para el comprador es D – M (= D – FT) es aquí, como en toda compra, para el vendedor (el obrero) FT – D (= M – D), venta de su fuerza de trabajo. Este es el primer estadio de la circulación o la primera metamorfosis de la mercancía (libro I, cap. III, 2a); es, por parte del vendedor del trabajo, transformación de su mercancía en su forma dineraria. El dinero así obtenido lo gasta el obrero poco a poco en una suma de mercancías que satisfacen sus necesidades, en artículos de consumo. La circulación global de su mercancía se presenta, pues, como FT – D – M, es decir, primero FT – D (= M – D) y segundo D – M; por tanto, en la forma general de la circulación simple de mercancías M – D – M, donde el dinero figura como mero medio de circulación evanescente, como mero intermediario del intercambio de mercancía por mercancía.
D – FT es el momento característico de la transformación de capital dinerario en capital productivo, porque es la condición esencial para que el valor adelantado en forma de dinero se transforme realmente en capital, en valor productor de plusvalía. D – MP solo es necesario para realizar la masa de trabajo comprada mediante D – FT. Por eso D – FT se expuso desde este punto de vista en el libro I, sección II, «La transformación del dinero en capital». Aquí hay que considerar la cosa todavía desde otro punto de vista, con especial referencia al capital dinerario como forma de manifestación del capital.
D – FT se considera en general característico del modo de producción capitalista. Pero en modo alguno por el motivo indicado, porque la compra de la fuerza de trabajo sea un contrato de compra en el que se estipula el suministro de una cantidad de trabajo mayor que la necesaria para reponer el precio de la fuerza de trabajo, el salario; es decir, suministro de plustrabajo, condición fundamental para la capitalización del valor adelantado o, lo que es lo mismo, para la producción de plusvalía. Sino, más bien, a causa de su forma, porque en la forma del salario se compra trabajo con dinero, y esto pasa por ser la marca distintiva de la economía monetaria.
Tampoco aquí es lo irracional de la forma lo que se tiene por característico. Antes bien, se pasa por alto esa irracionalidad. Lo irracional consiste en que el trabajo, como elemento formador de valor, no puede poseer él mismo valor alguno y, por tanto, tampoco una cantidad determinada de trabajo puede tener un valor que se exprese en su precio, en su equivalencia con una cantidad determinada de dinero. Pero sabemos que el salario es solo una forma disfrazada, una forma en la que, por ejemplo, el precio diario de la fuerza de trabajo se presenta como precio del trabajo puesto en acción por esta fuerza de trabajo durante un día, de modo que, por ejemplo, el valor producido por esta fuerza de trabajo en 6 horas de trabajo se expresa como valor de su función o trabajo de doce horas.
D – FT pasa por ser lo característico, la marca distintiva de la llamada economía monetaria, porque el trabajo aparece aquí como mercancía de su poseedor y, por tanto, el dinero como comprador; es decir, a causa de la relación monetaria (esto es, de la compra y venta de actividad humana). Ahora bien, el dinero aparece ya muy pronto como comprador de los llamados servicios, sin que D se transforme en capital dinerario ni se trastoque el carácter general de la economía.
Al dinero le es completamente indiferente en qué clase de mercancías se transforme. Es la forma de equivalente general de todas las mercancías, las cuales ya muestran en sus precios que representan idealmente una suma determinada de dinero, que esperan su transformación en dinero y que solo mediante su cambio de lugar con el dinero adquieren la forma en que pueden convertirse en valores de uso para sus poseedores. Así pues, en cuanto la fuerza de trabajo se encuentra en el mercado como mercancía de su poseedor, cuya venta se efectúa bajo la forma de pago por trabajo, en figura de salario, su compra y venta no presenta nada más llamativo que la compra y venta de cualquier otra mercancía. Lo característico no es que la mercancía fuerza de trabajo sea comprable, sino que la fuerza de trabajo aparezca como mercancía.
Mediante D – M < FT/MP, la transformación de capital dinerario en capital productivo, el capitalista efectúa la combinación de los factores objetivos y personales de la producción, en la medida en que esos factores consisten en mercancías. Si el dinero se transforma por primera vez en capital productivo, o si funciona por primera vez como capital dinerario para su poseedor, este tiene que comprar primero los medios de producción, edificios de trabajo, máquinas, etc., antes de comprar la fuerza de trabajo; pues, en cuanto esta pasa a estar bajo su dominio, los medios de producción tienen que estar ahí para poder emplearla como fuerza de trabajo.
Así se presenta la cosa por parte del capitalista.
Por parte del obrero: la actuación productiva de su fuerza de trabajo solo se hace posible a partir del momento en que, a consecuencia de su venta, se la pone en conexión con los medios de producción. Antes de la venta existe, pues, separada de los medios de producción, de las condiciones objetivas de su actuación. En este estado de separación no puede emplearse directamente ni para producir valores de uso para su poseedor ni para producir mercancías de cuya venta este pudiera vivir. Pero en cuanto, mediante su venta, se la pone en conexión con los medios de producción, constituye una parte integrante del capital productivo de su comprador, exactamente igual que los medios de producción.
Por eso, aunque en el acto D – FT el poseedor de dinero y el poseedor de fuerza de trabajo solo se relacionan entre sí como comprador y vendedor, se enfrentan como poseedor de dinero y poseedor de mercancía y, por tanto, por este lado se encuentran entre sí en una mera relación monetaria, el comprador se presenta, sin embargo, desde el principio, a la vez, como poseedor de los medios de producción que constituyen las condiciones objetivas del gasto productivo de la fuerza de trabajo por su poseedor. Dicho de otro modo: estos medios de producción se enfrentan al poseedor de la fuerza de trabajo como propiedad ajena. Por otra parte, el vendedor del trabajo se enfrenta a su comprador como fuerza de trabajo ajena, que tiene que pasar a estar bajo su dominio, quedar incorporada a su capital, para que este actúe realmente como capital productivo. La relación de clase entre capitalista y obrero asalariado está, pues, ya presente, ya presupuesta, en el momento en que ambos se enfrentan en el acto D – FT (FT – D por parte del obrero). Es compra y venta, relación monetaria, pero una compra y venta en la que se presupone al comprador como capitalista y al vendedor como obrero asalariado, y esta relación está dada por el hecho de que las condiciones para la realización de la fuerza de trabajo —medios de subsistencia y medios de producción— están separadas, como propiedad ajena, del poseedor de la fuerza de trabajo.
Cómo surge esta separación no nos ocupa aquí. Existe en cuanto se consuma D – FT. Lo que aquí nos interesa es esto: si D – FT aparece como una función del capital dinerario, o el dinero aparece aquí como forma de existencia del capital, no es en modo alguno solo porque el dinero se presente aquí como medio de pago de una actividad humana que tiene un efecto útil, de un servicio; no es, pues, en modo alguno por la función del dinero como medio de pago. El dinero solo puede gastarse en esta forma porque la fuerza de trabajo se encuentra en estado de separación de sus medios de producción (incluidos los medios de subsistencia como medios de producción de la propia fuerza de trabajo), y porque esta separación solo se suprime vendiendo la fuerza de trabajo al poseedor de los medios de producción; porque, por tanto, también la fluidificación de la fuerza de trabajo, cuyos límites no coinciden en modo alguno con los de la masa de trabajo necesaria para reproducir su propio precio, pertenece al comprador. La relación de capital durante el proceso de producción solo sale a la luz porque existe en sí en el acto de circulación, en las distintas condiciones económicas fundamentales en que se enfrentan comprador y vendedor, en su relación de clase. No es el dinero, con cuya naturaleza vendría dada la relación; es, por el contrario, la existencia de esta relación la que puede transformar una mera función de dinero en una función de capital.
En la concepción del capital dinerario (por ahora solo tenemos que ver con él dentro de la función determinada en que se nos presenta aquí) suelen correr dos errores paralelos o entremezclados. Primero: las funciones que el valor de capital desempeña como capital dinerario, y que puede desempeñar precisamente porque se encuentra en forma de dinero, se derivan erróneamente de su carácter de capital, cuando solo se deben al estado dinerario del valor de capital, a su forma de manifestación como dinero. Y, segundo, a la inversa: el contenido específico de la función de dinero, que la convierte a la vez en una función de capital, se deriva de la naturaleza del dinero (confundiendo, por tanto, dinero con capital), cuando presupone condiciones sociales, como aquí en la consumación de D – FT, que en modo alguno están dadas en la mera circulación de mercancías y en la correspondiente circulación de dinero.
También la compra y venta de esclavos es, por su forma, compra y venta de mercancías. Pero sin la existencia de la esclavitud el dinero no puede desempeñar esta función. Si existe la esclavitud, el dinero puede desembolsarse en la compra de esclavos. A la inversa, el dinero en manos del comprador no basta en modo alguno para hacer posible la esclavitud.
Que la venta de la propia fuerza de trabajo (en la forma de la venta del propio trabajo o del salario) no se presente como un fenómeno aislado, sino como presupuesto socialmente determinante de la producción de mercancías; que, por tanto, el capital dinerario desempeñe a escala social la función aquí considerada D – M < FT/MP: esto supone procesos históricos que disolvieron la unión originaria de los medios de producción con la fuerza de trabajo; procesos a consecuencia de los cuales la masa del pueblo, los obreros, como no propietarios, y los no obreros, como propietarios de estos medios de producción, se enfrentan unos a otros. Sin que importe para el caso si la unión, antes de su disolución, tenía la forma de que el obrero mismo pertenecía, como medio de producción, a los demás medios de producción, o la de que era su propietario.
El hecho que subyace aquí, pues, al acto D – M < FT/MP es la distribución; no la distribución en el sentido habitual, como distribución de los medios de consumo, sino la distribución de los elementos de la producción misma, de los cuales los factores objetivos están concentrados en un lado y la fuerza de trabajo, aislada de ellos, en el otro.
Los medios de producción, la parte objetiva del capital productivo, tienen, pues, que enfrentarse ya como tales al obrero, como capital, antes de que el acto D – FT pueda convertirse en un acto social general.
Hemos visto antes que la producción capitalista, una vez establecida, no solo reproduce en su desarrollo esta separación, sino que la amplía a una escala cada vez mayor, hasta que se ha convertido en el estado social que domina de modo general. Pero la cosa presenta todavía otro aspecto. Para que el capital pueda formarse y apoderarse de la producción se presupone un cierto grado de desarrollo del comercio, por tanto también de la circulación de mercancías y, con ello, de la producción de mercancías; pues los artículos no pueden entrar como mercancías en la circulación si no se producen para la venta, es decir, como mercancías. Pero la producción de mercancías solo aparece como carácter normal, dominante, de la producción sobre la base de la producción capitalista.
Los terratenientes rusos que, a consecuencia de la llamada emancipación de los campesinos5, explotan ahora su agricultura con obreros asalariados en lugar de con siervos sometidos a trabajo forzoso, se quejan de dos cosas. Primero, de la falta de capital dinerario. Así, se dice, por ejemplo: antes de vender la cosecha hay que pagar a obreros asalariados en mayor escala, y ahí falta la primera condición, el dinero contante. Para explotar la producción de modo capitalista, tiene que haber constantemente capital en forma de dinero precisamente para pagar el salario. Pero de eso pueden consolarse los terratenientes. Con el tiempo se cogen rosas6, y el capitalista industrial dispone no solo de su propio dinero, sino también de l'argent des autres [el dinero de los demás].
Pero más característica es la segunda queja, a saber: que, aun teniendo dinero, no se encuentran disponibles en cantidad suficiente y en cualquier momento las fuerzas de trabajo que hay que comprar, porque el obrero agrícola ruso, a consecuencia de la propiedad común de la comunidad aldeana sobre la tierra, todavía no está completamente separado de sus medios de producción y, por tanto, todavía no es un «obrero asalariado libre» en el pleno sentido de la palabra. Pero la existencia de este último a escala social es condición indispensable para que D – M, transformación de dinero en mercancía, pueda presentarse como transformación de capital dinerario en capital productivo.
Se comprende, pues, por sí mismo que la fórmula del ciclo del capital dinerario, D – M ... P ... M′ – D′, solo es forma evidente del ciclo del capital sobre la base de una producción capitalista ya desarrollada, porque presupone la existencia de la clase de los obreros asalariados a escala social. La producción capitalista, como hemos visto, no solo produce mercancía y plusvalía; reproduce, y en un volumen cada vez mayor, la clase de los obreros asalariados, y transforma a la inmensa mayoría de los productores directos en obreros asalariados. D – M ... P ... M′ – D′, puesto que el primer presupuesto de su curso es la existencia constante de la clase de los obreros asalariados, supone por tanto ya el capital en la forma de capital productivo y, por tanto, la forma del ciclo del capital productivo.
II. Segundo estadio. Función del capital productivo
El ciclo del capital que consideramos aquí comienza con el acto de circulación D – M, la transformación de dinero en mercancía, compra. La circulación tiene, pues, que completarse con la metamorfosis opuesta, M – D, transformación de mercancía en dinero, venta. Pero el resultado inmediato de D – M < FT/MP es la interrupción de la circulación del valor de capital adelantado en forma de dinero. Mediante la transformación de capital dinerario en capital productivo, el valor de capital ha adquirido una forma natural en la que no puede seguir circulando, sino que tiene que entrar en el consumo, a saber, en el consumo productivo. El uso de la fuerza de trabajo, el trabajo, solo puede realizarse en el proceso de trabajo. El capitalista no puede volver a vender al obrero como mercancía, pues este no es su esclavo y aquel no ha comprado más que el uso de su fuerza de trabajo durante un tiempo determinado. Por otra parte, solo puede usar la fuerza de trabajo haciendo que, por medio de ella, se usen los medios de producción como formadores de mercancía. El resultado del primer estadio es, pues, la entrada en el segundo, el estadio productivo del capital.
El movimiento se presenta como D – M < FT/MP ... P, donde los puntos indican que la circulación del capital está interrumpida, pero su proceso cíclico continúa, al pasar de la esfera de la circulación de mercancías a la esfera de la producción. El primer estadio, la transformación de capital dinerario en capital productivo, aparece, pues, solo como precursor y fase introductoria del segundo estadio, de la función del capital productivo.
D – M < FT/MP presupone que el individuo que realiza este acto no solo dispone de valores en una forma de uso cualquiera, sino que posee esos valores en forma de dinero, que es poseedor de dinero. Pero el acto consiste precisamente en desprenderse del dinero, y aquel solo puede seguir siendo poseedor de dinero en la medida en que el dinero refluya a él implícitamente mediante el acto mismo de desprenderse de él. Pero el dinero solo puede refluir a él mediante la venta de mercancías. El acto lo presupone, pues, como productor de mercancías.
D – FT. El obrero asalariado solo vive de la venta de la fuerza de trabajo. La conservación de esta —su autoconservación— exige un consumo diario. Su pago tiene, pues, que repetirse constantemente en plazos cortos, para que pueda repetir las compras necesarias para su autoconservación, el acto FT – D – M o M – D – M. El capitalista tiene, por tanto, que enfrentársele constantemente como capitalista dinerario, y su capital como capital dinerario. Pero, por otra parte, para que la masa de los productores directos, los obreros asalariados, pueda realizar el acto FT – D – M, tienen que enfrentársele constantemente los medios de subsistencia necesarios en forma comprable, es decir, en forma de mercancía. Este estado requiere, pues, ya un alto grado de circulación de los productos como mercancías y, por tanto, también del volumen de la producción de mercancías. En cuanto la producción por medio del trabajo asalariado es general, la producción de mercancías tiene que ser la forma general de la producción. Presupuesta esta como general, condiciona a su vez una división del trabajo social en constante crecimiento, es decir, una particularización cada vez mayor del producto que un capitalista determinado produce como mercancía, una escisión cada vez mayor de procesos de producción que se complementan en procesos autónomos. En el mismo grado en que se desarrolla D – FT se desarrolla, por tanto, D – MP; es decir, en la misma medida se separa la producción de los medios de producción de la de la mercancía cuyos medios de producción son, y estos se enfrentan a cada productor de mercancías como mercancías que él no produce, sino que compra para su proceso de producción determinado. Proceden de ramas de producción completamente separadas de la suya y explotadas de modo autónomo, y entran en su rama de producción como mercancías; tienen, pues, que ser compradas. Las condiciones materiales de la producción de mercancías se le enfrentan en un volumen cada vez mayor como productos de otros productores de mercancías, como mercancías. En la misma medida tiene el capitalista que presentarse como capitalista dinerario, o se amplía la escala en que su capital tiene que funcionar como capital dinerario.
Por otra parte: las mismas circunstancias que producen la condición fundamental de la producción capitalista —la existencia de una clase de obreros asalariados— solicitan el paso de toda producción de mercancías a producción capitalista de mercancías. A medida que esta se desarrolla, actúa de modo descomponedor y disolvente sobre toda forma más antigua de producción que, orientada preferentemente a la satisfacción directa de las propias necesidades, solo transforma en mercancía el excedente del producto. Convierte la venta del producto en el interés principal, al principio sin atacar en apariencia el modo de producción mismo, como ocurrió, por ejemplo, con el primer efecto del comercio mundial capitalista sobre pueblos como los chinos, los indios, los árabes, etc. Pero, en segundo lugar, allí donde ha echado raíces destruye todas las formas de producción de mercancías que se basan o bien en el trabajo propio de los productores, o bien meramente en la venta como mercancía del producto excedente. Primero generaliza la producción de mercancías y luego transforma gradualmente toda producción de mercancías en capitalista.7
Cualesquiera que sean las formas sociales de la producción, los obreros y los medios de producción siguen siendo siempre sus factores. Pero, en estado de separación recíproca, unos y otros solo lo son en potencia. Para que se produzca en general, tienen que combinarse. El modo y manera particular en que se lleva a cabo esta combinación distingue las diversas épocas económicas de la estructura social. En el caso que nos ocupa, la separación del obrero libre de sus medios de producción es el punto de partida dado, y hemos visto cómo y en qué condiciones se reúnen ambos en manos del capitalista, a saber, como modo de existencia productivo de su capital. El proceso real que entablan entre sí los formadores de mercancía personales y materiales así reunidos, el proceso de producción, se convierte por eso él mismo en una función del capital: proceso capitalista de producción, cuya naturaleza se ha desarrollado con detalle en el libro primero de esta obra. Toda explotación de la producción de mercancías se convierte a la vez en explotación de la fuerza de trabajo; pero solo la producción capitalista de mercancías se convierte en un modo de explotación que hace época y que, en su desarrollo histórico ulterior, mediante la organización del proceso de trabajo y el gigantesco perfeccionamiento de la técnica, trastoca toda la estructura económica de la sociedad y sobrepasa incomparablemente a todas las épocas anteriores.
Por los distintos papeles que desempeñan durante el proceso de producción en la formación de valor y, por tanto, también en la producción de plusvalía, los medios de producción y la fuerza de trabajo, en cuanto formas de existencia del valor de capital adelantado, se distinguen como capital constante y capital variable. Como partes integrantes distintas del capital productivo se distinguen además por el hecho de que los primeros, en posesión del capitalista, siguen siendo su capital también fuera del proceso de producción, mientras que la fuerza de trabajo solo dentro de este se convierte en forma de existencia de un capital individual. Si la fuerza de trabajo solo es mercancía en manos de su vendedor, el obrero asalariado, solo se convierte, en cambio, en capital en manos de su comprador, el capitalista, a quien corresponde su uso temporal. Los propios medios de producción solo se convierten en figuras objetivas del capital productivo, o en capital productivo, a partir del momento en que la fuerza de trabajo, como forma de existencia personal de este, ha llegado a ser incorporable a ellos. Así como la fuerza de trabajo humana no es capital por naturaleza, tampoco lo son los medios de producción. Solo adquieren este carácter social específico en determinadas condiciones desarrolladas históricamente, del mismo modo que solo en tales condiciones se imprime a los metales preciosos el carácter de dinero, o incluso al dinero el de capital dinerario.
Al funcionar, el capital productivo consume sus propias partes integrantes para convertirlas en una masa de productos de mayor valor. Como la fuerza de trabajo actúa solo como uno de sus órganos, también el excedente del valor del producto sobre el valor de sus elementos formadores, generado por su plustrabajo, es fruto del capital. El plustrabajo de la fuerza de trabajo es el trabajo gratuito del capital y constituye por eso para el capitalista plusvalía, un valor que no le cuesta ningún equivalente. Por eso el producto no es solo mercancía, sino mercancía fecundada con plusvalía. Su valor es = P + p, igual al valor del capital productivo P consumido en su fabricación más la plusvalía p generada por este. Supongamos que esta mercancía consiste en 10.000 libras de hilo, en cuya fabricación se han consumido medios de producción por valor de 372 £ y fuerza de trabajo por valor de 50 £. Durante el proceso de hilado, los hilanderos transfirieron al hilo el valor de los medios de producción consumidos por su trabajo, por importe de 372 £, al tiempo que, en correspondencia con su gasto de trabajo, representaron un valor nuevo de, digamos, 128 £. Las 10.000 libras de hilo son, por tanto, portadoras de un valor de 500 £.
III. Tercer estadio. M′ – D′
La mercancía se convierte en capital mercantil como forma de existencia funcional, surgida directamente del proceso de producción mismo, del valor de capital ya valorizado. Si la producción de mercancías se explotara de modo capitalista en todo su volumen social, toda mercancía sería de suyo elemento de un capital mercantil, ya consistiera en arrabio o en encaje de Bruselas, en ácido sulfúrico o en cigarros. El problema de qué clases del ejército de mercancías están destinadas por su naturaleza al rango de capital y cuáles otras al servicio mercantil ordinario es una de las amables tribulaciones que se ha creado a sí misma la economía escolástica.
En una forma de mercancía, el capital tiene que desempeñar una función de mercancía. Los artículos de que consta, producidos de suyo para el mercado, tienen que venderse, transformarse en dinero, es decir, recorrer el movimiento M – D.
Supongamos que la mercancía del capitalista consiste en 10.000 libras de hilo de algodón. Si en el proceso de hilado se consumieron medios de producción por valor de 372 £ y se creó un valor nuevo de 128 £, el hilo tiene un valor de 500 £, que expresa en su precio del mismo nombre. Supongamos que este precio se realiza mediante la venta M – D. ¿Qué hace de este simple fenómeno de toda circulación de mercancías, a la vez, una función del capital? Ningún cambio que se produzca dentro de él, ni con respecto a su carácter de uso, pues la mercancía pasa al comprador como objeto de uso, ni con respecto a su valor, pues este no sufre ningún cambio de magnitud, sino solo un cambio de forma. Antes existía en hilo; ahora existe en dinero. Así se pone de relieve una diferencia esencial entre el primer estadio D – M y el último estadio M – D. Allí el dinero adelantado funciona como capital dinerario porque, por medio de la circulación, se convierte en mercancías de un valor de uso específico. Aquí la mercancía solo puede funcionar como capital en la medida en que trae ya consigo ese carácter, acabado, del proceso de producción, antes de que comience su circulación. Durante el proceso de hilado, los hilanderos crearon valor de hilo por importe de 128 £. De ellas, digamos que 50 £ constituyen para el capitalista un mero equivalente de su desembolso en fuerza de trabajo, y 78 £ —con un grado de explotación de la fuerza de trabajo del 156 %— constituyen plusvalía. El valor de las 10.000 libras de hilo contiene, pues, en primer lugar, el valor del capital productivo P consumido, cuya parte constante es = 372 £ y la variable = 50 £, su suma = 422 £, = 8.440 libras de hilo. Pero el valor del capital productivo P es = M, el valor de sus elementos formadores, que en el estadio D – M se enfrentaban al capitalista como mercancías en manos de sus vendedores. Pero, en segundo lugar, el valor del hilo contiene una plusvalía de 78 £ = 1560 libras de hilo. M, como expresión de valor de las 10.000 libras de hilo, es, pues, = M + ΔM, M más un incremento de M (= 78 £), que llamaremos m, puesto que existe en la misma forma de mercancía que ahora el valor originario M. El valor de las 10.000 libras de hilo = 500 £ es, pues, = M + m = M′. Lo que convierte a M, como expresión de valor de las 10.000 libras de hilo, en M′ no es su magnitud absoluta de valor (500 £), pues esta, como en todos los demás M en cuanto expresión de valor de cualquier otra suma de mercancías, está determinada por la magnitud del trabajo objetivado en ella. Es su magnitud relativa de valor, su magnitud de valor comparada con el valor del capital P consumido en su producción. Este valor está contenido en ella, más la plusvalía suministrada por el capital productivo. Su valor es mayor, excede a este valor de capital, en esta plusvalía m. Las 10.000 libras de hilo son portadoras del valor de capital valorizado, enriquecido con una plusvalía, y lo son como producto del proceso capitalista de producción. M′ expresa una relación de valor, la relación entre el valor del producto-mercancía y el del capital gastado en su producción, es decir, la composición de su valor a partir de valor de capital y plusvalía. Las 10.000 libras de hilo son capital mercantil, M′, solo como forma transformada del capital productivo P, es decir, en una conexión que, por de pronto, solo existe en el ciclo de este capital individual, o para el capitalista que ha producido hilo con su capital. Es, por así decirlo, solo una relación interna, no externa, la que convierte a las 10.000 libras de hilo, en cuanto portadoras de valor, en capital mercantil; no llevan su marca de nacimiento capitalista en la magnitud absoluta de su valor, sino en su magnitud relativa, en su magnitud de valor comparada con la que poseía el capital productivo contenido en ellas antes de transformarse en mercancía. Por eso, si las 10.000 libras de hilo se venden por su valor de 500 £, este acto de circulación, considerado en sí mismo, es = M – D, mera transformación de un valor que permanece igual de forma de mercancía en forma de dinero. Pero, como estadio particular en el ciclo de un capital individual, el mismo acto es realización del valor de capital de 422 £ que porta la mercancía + la plusvalía de 78 £ que porta igualmente; es decir, M′ – D′, transformación del capital mercantil de su forma de mercancía en forma de dinero.8
La función de M′ es ahora la de todo producto-mercancía: transformarse en dinero, venderse, recorrer la fase de circulación M – D. Mientras el capital ya valorizado permanece en la forma de capital mercantil, inmovilizado en el mercado, el proceso de producción está parado. El capital no actúa ni como formador de producto ni como formador de valor. Según el distinto grado de rapidez con que el capital abandona su forma de mercancía y adopta su forma de dinero, o según la celeridad de la venta, el mismo valor de capital servirá en grado muy desigual como formador de producto y de valor, y la escala de la reproducción se ampliará o se reducirá. En el libro primero se mostró que el grado de eficacia de un capital dado está condicionado por potencias del proceso de producción que en cierto grado son independientes de su propia magnitud de valor.
Aquí se muestra que el proceso de circulación pone en movimiento nuevas potencias de su grado de eficacia, de su expansión y contracción, independientes de la magnitud de valor del capital.
La masa de mercancías M′, como portadora del capital valorizado, tiene además que recorrer en todo su volumen la metamorfosis M′ – D′. La cantidad de lo vendido se convierte aquí en determinación esencial. La mercancía singular figura ya solo como parte integrante de la masa total. Las 500 £ de valor existen en 10.000 libras de hilo. Si el capitalista solo consigue vender 7.440 libras por su valor de 372 £, solo habrá repuesto el valor de su capital constante, el valor de los medios de producción gastados; si vende 8.440 libras, solo la magnitud de valor del capital global adelantado. Tiene que vender más para realizar plusvalía, y tiene que vender las 10.000 libras de hilo para realizar toda la plusvalía de 78 £ (= 1.560 libras de hilo). En las 500 £ de dinero solo recibe, pues, un equivalente de la mercancía vendida; su transacción dentro de la circulación es un simple M – D. Si hubiera pagado a sus obreros 64 £ de salario en lugar de 50 £, su plusvalía solo sería de 64 £ en lugar de 78 £, y el grado de explotación solo del 100 % en lugar del 156 %; pero el valor de su hilo seguiría siendo el mismo que antes; solo sería otra la proporción entre sus diversas partes; el acto de circulación M – D seguiría siendo, como antes, venta de 10.000 libras de hilo por 500 £, su valor.
M′ = M + m (= 422 £ + 78 £). M es igual al valor de P, o del capital productivo, y este igual al valor de D, que se adelantó en D – M, la compra de los elementos de producción; en nuestro ejemplo, = 422 £. Si la masa de mercancías se vende por su valor, M = 422 £ y m = 78 £, el valor del plusproducto de 1.560 libras de hilo. Si llamamos d a m expresado en dinero, M′ – D′ = (M + m) – (D + d), y el ciclo D – M ... P ... M′ – D′ en su forma explícita es, pues, D – M < FT/MP ... P ... (M + m) – (D + d).
En el primer estadio, el capitalista retira artículos de uso del mercado de mercancías propiamente dicho y del mercado de trabajo; en el tercer estadio devuelve mercancía, pero solo a un mercado, el mercado de mercancías propiamente dicho. Pero si mediante su mercancía retira del mercado más valor del que arrojó originariamente a él, es solo porque arroja a él un valor-mercancía mayor que el que retiró originariamente. Arrojó el valor D y retiró el equivalente M; arroja M + m y retira el equivalente D + d. D era en nuestro ejemplo igual al valor de 8.440 libras de hilo; pero él arroja al mercado 10.000 libras, le da, pues, un valor mayor que el que le tomó. Por otra parte, solo ha arrojado a él este valor acrecentado porque en el proceso de producción produjo plusvalía (como parte alícuota del producto, expresada en plusproducto) mediante la explotación de la fuerza de trabajo. Solo como producto de este proceso es la masa de mercancías capital mercantil, portadora del valor de capital valorizado. Mediante la consumación de M′ – D′ se realizan tanto el valor de capital adelantado como la plusvalía. La realización de ambos coincide en la serie de ventas, o también en la venta de una sola vez, de toda la masa de mercancías que expresa M′ – D′. Pero el mismo proceso de circulación M′ – D′ es distinto para el valor de capital y para la plusvalía, en cuanto expresa para cada uno de ellos un estadio distinto de su circulación, una sección distinta de la serie de metamorfosis que han de recorrer dentro de la circulación. m, la plusvalía, vino al mundo solo dentro del proceso de producción. Se presenta, pues, por primera vez en el mercado de mercancías, y lo hace en forma de mercancía; esta es su primera forma de circulación y, por tanto, también el acto m – d es su primer acto de circulación o su primera metamorfosis, que, por tanto, queda todavía por completar mediante el acto de circulación opuesto o la metamorfosis inversa d – m.9
Otra cosa ocurre con la circulación que el valor de capital M realiza en el mismo acto de circulación M′ – D′, que para él es el acto de circulación M – D, donde M = P, igual al D adelantado originariamente. Abrió su primer acto de circulación como D, como capital dinerario, y retorna mediante el acto M – D a la misma forma; ha recorrido, pues, las dos fases opuestas de la circulación, 1) D – M y 2) M – D, y se encuentra de nuevo en la forma en que puede volver a empezar el mismo proceso cíclico. Lo que para la plusvalía es primera transformación de la forma de mercancía en forma de dinero, es para el valor de capital retorno o reconversión a su forma dineraria originaria.
Mediante D – M < FT/MP, el capital dinerario se convirtió en una suma equivalente de mercancías, FT y MP. Estas mercancías no vuelven a funcionar como mercancías, como artículos de venta. Su valor existe ahora en manos de su comprador, el capitalista, como valor de su capital productivo P. Y en la función de P, el consumo productivo, se transforman en una clase de mercancía materialmente distinta de los medios de producción, en hilo, en la que su valor no solo se conserva, sino que se acrecienta, de 422 £ a 500 £. Mediante esta metamorfosis real, las mercancías retiradas del mercado en el primer estadio D – M son sustituidas por una mercancía material y valorativamente distinta, que ahora tiene que funcionar como mercancía, transformarse en dinero y venderse. Por eso el proceso de producción aparece solo como interrupción del proceso de circulación del valor de capital, del cual hasta ese momento solo se ha recorrido la primera fase, D – M. El valor de capital recorre la segunda fase, la fase final, M – D, después de que M se ha modificado material y valorativamente. Pero, en lo que respecta al valor de capital tomado en sí mismo, en el proceso de producción solo ha sufrido una modificación de su forma de uso. Existía como 422 £ de valor en FT y MP; existe ahora como 422 £ de valor de 8.440 libras de hilo. Por tanto, si consideramos solo las dos fases del proceso de circulación del valor de capital, pensado como separado de su plusvalía, este recorre 1) D – M y 2) M – D, donde el segundo M tiene una forma de uso modificada, pero el mismo valor que el primer M; es decir, D – M – D, una forma de circulación que, mediante el doble cambio de lugar de la mercancía en sentido opuesto, transformación de dinero en mercancía, transformación de mercancía en dinero, condiciona necesariamente el retorno del valor adelantado como dinero a su forma dineraria: su reconversión en dinero.
El mismo acto de circulación M′ – D′ que para el valor de capital adelantado en dinero es segunda metamorfosis, la final, retorno a la forma dineraria, es para la plusvalía, portada al mismo tiempo por el capital mercantil y realizada junto con él mediante su conversión en forma de dinero, primera metamorfosis, transformación de forma de mercancía en forma de dinero, M – D, primera fase de la circulación.
Hay, pues, que observar aquí dos cosas. Primero: la reconversión final del valor de capital a su forma dineraria originaria es una función del capital mercantil. Segundo: esta función incluye la primera transformación de forma de la plusvalía, de su forma de mercancía originaria a forma de dinero. La forma de dinero desempeña, pues, aquí un doble papel; es, por una parte, forma de retorno de un valor adelantado originariamente en dinero, es decir, retorno a la forma de valor que abrió el proceso; es, por otra parte, primera forma transformada de un valor que entra originariamente en la circulación en forma de mercancía. Si las mercancías que componen el capital mercantil se venden por su valor, como se supone aquí, M + m se transforma en el equivalente D + d; en esta forma D + d (422 £ + 78 £ = 500 £) existe ahora el capital mercantil realizado en manos del capitalista. El valor de capital y la plusvalía están ahora presentes como dinero, es decir, en la forma de equivalente general.
Al final del proceso, el valor de capital se encuentra, pues, de nuevo en la misma forma en que entró en él y puede, por tanto, volver a abrirlo y recorrerlo como capital dinerario. Precisamente porque la forma inicial y final del proceso es la del capital dinerario (D), llamamos a esta forma del proceso cíclico ciclo del capital dinerario. Al final no ha cambiado la forma, sino solo la magnitud del valor adelantado.
D + d no es más que una suma de dinero de una magnitud determinada, en nuestro caso 500 £. Pero, como resultado del ciclo del capital, como capital mercantil realizado, esta suma de dinero contiene el valor de capital y la plusvalía; y estos ya no están soldados entre sí, como en el hilo, sino que ahora yacen uno junto a otro. Su realización ha dado a cada uno de ellos una forma de dinero autónoma. 211/250 de ella son el valor de capital, 422 £, y 39/250 la plusvalía de 78 £. Esta separación, efectuada por la realización del capital mercantil, no tiene solo el contenido formal del que hablaremos enseguida; adquiere importancia en el proceso de reproducción del capital, según que d se añada a D por entero, en parte o en absoluto, es decir, según que siga funcionando o no como parte integrante del valor de capital adelantado. d y D pueden recorrer también circulaciones completamente distintas.
En D′, el capital ha vuelto a su forma originaria D, a su forma de dinero; pero en una forma en la que está realizado como capital.
En primer lugar, hay una diferencia cuantitativa. Era D, 422 £; ahora es D′, 500 £, y esta diferencia está expresada en D ... D′, los extremos cuantitativamente distintos del ciclo, cuyo movimiento mismo solo se indica mediante los puntos (...). D′ es > D, D′ – D = p, la plusvalía. Pero, como resultado de este ciclo D ... D′, ahora solo existe ya D′; es el producto en el que se ha extinguido su proceso de formación. D′ existe ahora de modo autónomo, por sí mismo, independientemente del movimiento que lo produjo. Este ha pasado; él está ahí en su lugar.
Pero D′ como D + d, 500 £ como 422 £ de capital adelantado más un incremento del mismo de 78 £, representa a la vez una relación cualitativa, aunque esta relación cualitativa misma solo existe como relación entre las partes de una suma del mismo nombre, es decir, como relación cuantitativa. D, el capital adelantado, que vuelve a estar presente en su forma originaria (422 £), existe ahora como capital realizado. No solo se ha conservado, sino que también se ha realizado como capital, al distinguirse como tal de d (78 £), al que está referido como a su incremento, su fruto, como a un incremento incubado por él mismo. Está realizado como capital porque lo está como valor que ha incubado un valor. D′ existe como relación de capital; D ya no aparece como mero dinero, sino que está puesto expresamente como capital dinerario, expresado como valor que se ha valorizado y que, por tanto, posee también la propiedad de valorizarse, de incubar más valor del que él mismo tiene. D está puesto como capital por su relación con otra parte de D′, como lo puesto por él, como lo efectuado por él como causa, como la consecuencia de la que él es el fundamento. Así aparece D′ como suma de valor diferenciada en sí misma, que se distingue funcionalmente (conceptualmente) en sí misma y que expresa la relación de capital.
Pero esto está expresado solo como resultado, sin la mediación del proceso cuyo resultado es.
Las partes de valor no se distinguen cualitativamente entre sí como tales, salvo en la medida en que se presentan como valores de artículos distintos, de cosas concretas, es decir, en formas de uso distintas y, por tanto, como valores de cuerpos de mercancía distintos, una diferencia que no surge de ellas mismas como meras partes de valor. En el dinero se ha borrado toda diversidad de las mercancías, precisamente porque es la forma de equivalente común a todas ellas. Una suma de dinero de 500 £ consta de puros elementos del mismo nombre de 1 £. Como en la simple existencia de esta suma de dinero se ha borrado la mediación de su procedencia y ha desaparecido toda huella de la diferencia específica que poseen en el proceso de producción las distintas partes integrantes del capital, la diferencia ya solo existe en la forma conceptual de una suma principal (en inglés, principal) = el capital adelantado de 422 £, y de una suma de valor excedente de 78 £. Sea, por ejemplo, D′ = 110 £, de las cuales 100 = D, suma principal, y 10 = p, plusvalía. Entre las dos partes constitutivas de la suma de 110 £ reina una homogeneidad absoluta, es decir, una indistinción conceptual. 10 £ cualesquiera son siempre 1/11 de la suma total de 110 £, ya sean 1/10 de la suma principal adelantada de 100 £ o el excedente de 10 £ sobre ella. La suma principal y la suma de incremento, el capital y la plussuma, pueden expresarse, por tanto, como fracciones de la suma total; en nuestro ejemplo, 10/11 constituyen la suma principal o el capital, y 1/11 la plussuma. Es, por tanto, una expresión carente de concepto de la relación de capital aquella en que el capital realizado aparece aquí, al final de su proceso, en su expresión dineraria.
Ciertamente, esto vale también para M′ (= M + m). Pero con la diferencia de que M′, en el que M y m son también solo partes proporcionales de valor de la misma masa homogénea de mercancías, remite a su origen, P, del que es producto inmediato, mientras que en D′, una forma que procede directamente de la circulación, ha desaparecido la relación directa con P.
La diferencia carente de concepto entre la suma principal y la suma de incremento, contenida en D′ en cuanto este expresa el resultado del movimiento D ... D′, desaparece en el acto en cuanto vuelve a funcionar activamente como capital dinerario y, por tanto, no queda fijado, a la inversa, como expresión dineraria del capital industrial valorizado. El ciclo del capital dinerario nunca puede comenzar con D′ (aunque D′ funcione ahora como D), sino solo con D; es decir, nunca como expresión de la relación de capital, sino solo como forma de adelanto del valor de capital. En cuanto las 500 £ se adelantan de nuevo como capital, para valorizarse de nuevo, son punto de partida en lugar de punto de retorno. En lugar de un capital de 422 £, se adelanta ahora uno de 500 £, más dinero que antes, más valor de capital, pero la relación entre las dos partes integrantes ha desaparecido, exactamente igual que originariamente habría podido funcionar como capital la suma de 500 £ en lugar de la de 422 £.
No es una función activa del capital dinerario presentarse como D′; su propia presentación como D′ es más bien una función de M′. Ya en la circulación simple de mercancías, 1) M1 – D, 2) D – M2, D solo funciona activamente en el segundo acto, D – M2; su presentación como D es solo resultado del primer acto, en virtud del cual aparece primero como forma transformada de M1. La relación de capital contenida en D′, la referencia de una de sus partes, como valor de capital, a la otra, como su incremento de valor, adquiere ciertamente significado funcional en la medida en que, al repetirse constantemente el ciclo D ... D′, D′ se escinde en dos circulaciones, circulación del capital y circulación de la plusvalía, y por tanto las dos partes desempeñan funciones distintas no solo cuantitativa sino también cualitativamente, D distintas de d. Pero, considerada en sí misma, la forma D ... D′ no incluye el consumo del capitalista, sino expresamente solo la autovalorización y la acumulación, en la medida en que esta última se expresa por de pronto en el crecimiento periódico del capital dinerario adelantado siempre de nuevo.
Aunque forma del capital carente de concepto, D′ = D + d es, a la vez, solo entonces el capital dinerario en su forma realizada, como dinero que ha incubado dinero. Pero aquí hay que distinguir esto de la función del capital dinerario en el primer estadio, D – M < FT/MP. D circula en este primer estadio como dinero. Funciona como capital dinerario solo porque únicamente en su estado de dinero puede desempeñar una función de dinero, convertirse en los elementos de P que se le enfrentan como mercancías, en FT y MP. En este acto de circulación funciona solo como dinero; pero, como este acto es el primer estadio del valor de capital en proceso, es a la vez función del capital dinerario, en virtud de la forma de uso específica de las mercancías FT y MP que se compran. D′, en cambio, compuesto de D, el valor de capital, y d, la plusvalía generada por este, expresa valor de capital valorizado, el fin y el resultado, la función de todo el proceso cíclico del capital. Que exprese este resultado en forma de dinero, como capital dinerario realizado, no surge de que sea forma dineraria del capital, capital dinerario, sino, a la inversa, de que es capital dinerario, capital en forma de dinero, de que el capital ha abierto el proceso en esta forma, ha sido adelantado en forma de dinero. La reconversión a la forma de dinero es, como hemos visto, una función del capital mercantil M′, no del capital dinerario. Pero, en lo que respecta a la diferencia entre D′ y D, esta (d) es solo forma dineraria de m, el incremento de M; D′ solo es = D + d porque M′ era = M + m. En M′, pues, esta diferencia y la relación del valor de capital con la plusvalía incubada por él están presentes y expresadas antes de que ambos se hayan transformado en D′, en una suma de dinero en la que ambas partes de valor se enfrentan de modo autónomo y, por tanto, pueden emplearse también para funciones autónomas y distintas entre sí.
D′ es solo resultado de la realización de M′. Ambos, tanto M′ como D′, son solo formas distintas, forma de mercancía y forma de dinero, del valor de capital valorizado; ambos tienen en común que son valor de capital valorizado. Ambos son capital realizado, porque aquí el valor de capital como tal existe junto con la plusvalía como fruto distinto de él, obtenido por medio de él, aunque esta relación solo esté expresada en la forma carente de concepto de la relación entre dos partes de una suma de dinero o de un valor-mercancía. Pero, como expresiones del capital en relación con la plusvalía generada por él y en distinción de ella, es decir, como expresiones de valor valorizado, D′ y M′ son lo mismo y expresan lo mismo, solo que en forma distinta; no se distinguen como capital dinerario y capital mercantil, sino como dinero y mercancía. En la medida en que representan valor valorizado, capital que ha actuado como capital, solo expresan el resultado de la función del capital productivo, la única función en la que el valor de capital incuba valor. Lo que tienen en común es que ambos, capital dinerario y capital mercantil, son modos de existencia del capital. Uno es capital en forma de dinero; el otro, en forma de mercancía. Las funciones específicas que los distinguen no pueden ser, por tanto, otra cosa que diferencias entre función de dinero y función de mercancía. El capital mercantil, como producto directo del proceso capitalista de producción, recuerda este su origen y es, por tanto, más racional en su forma, menos carente de concepto que el capital dinerario, en el que se ha extinguido toda huella de este proceso, del mismo modo que en el dinero se extingue en general toda forma de uso particular de la mercancía. Por eso solo allí donde D′ funciona él mismo como capital mercantil, donde es producto inmediato de un proceso de producción y no forma transformada de este producto, desaparece su forma estrafalaria: es decir, en la producción del material dinerario mismo. Para la producción de oro, por ejemplo, la fórmula sería: D – M < FT/MP ... P ... D′ (D + d), donde D′ figura como producto-mercancía, porque P suministra más oro que el que se adelantó para los elementos de producción del oro en el primer D, el capital dinerario. Aquí desaparece, pues, lo irracional de la expresión D ... D′ (D + d), en la que una parte de una suma de dinero aparece como madre de otra parte de la misma suma de dinero.
IV. El ciclo global
Hemos visto que el proceso de circulación, una vez transcurrida su primera fase D – M < FT/MP, se ve interrumpido por P, donde las mercancías FT y MP compradas en el mercado se consumen ahora como partes integrantes materiales y de valor del capital productivo; el producto de este consumo es una nueva mercancía, M′, modificada material y valorativamente. El proceso de circulación interrumpido, D – M, tiene que completarse mediante M – D. Pero como portadora de esta segunda fase, la fase final de la circulación, aparece M′, una mercancía material y valorativamente distinta del primer M. La serie de la circulación se presenta, pues, como 1) D – M1; 2) M′2 – D′, donde en la segunda fase la primera mercancía, M1, ha sido sustituida por otra de mayor valor y distinta forma de uso, M′2, durante la interrupción causada por la función de P, la producción de M′ a partir de los elementos de M, las formas de existencia del capital productivo P. En cambio, la primera forma de manifestación en que se nos presentó el capital (libro I, cap. IV, 1), D – M – D′ (descompuesta: 1) D – M1; 2) M1 – D′), muestra dos veces la misma mercancía. Es las dos veces la misma mercancía aquella en la que el dinero se transforma en la primera fase y la que en la segunda fase se reconvierte en más dinero. Pese a esta diferencia esencial, ambas circulaciones tienen en común que en su primera fase el dinero se transforma en mercancía y en la segunda la mercancía en dinero, que, por tanto, el dinero gastado en la primera fase refluye de nuevo en la segunda. Tienen en común, por una parte, este reflujo del dinero a su punto de partida, pero, por otra, también el excedente del dinero que refluye sobre el adelantado. En este sentido, también D – M ... M′ – D′ aparece contenido en la fórmula general D – M – D′.
Resulta aquí, además, que en las dos metamorfosis pertenecientes a la circulación, D – M y M′ – D′, se enfrentan y se sustituyen cada vez existencias de valor de igual magnitud, presentes al mismo tiempo. La variación de valor pertenece exclusivamente a la metamorfosis P, al proceso de producción, que aparece así como metamorfosis real del capital, frente a las metamorfosis meramente formales de la circulación.
Consideremos ahora el movimiento global D – M ... P ... M′ – D′, o su forma explícita D – M < FT/MP ... P ... M′ (M + m) – D′ (D + d). El capital aparece aquí como un valor que recorre una sucesión de transformaciones interconectadas, condicionadas unas por otras, una serie de metamorfosis que forman otras tantas fases o estadios de un proceso global. Dos de estas fases pertenecen a la esfera de la circulación; una, a la esfera de la producción. En cada una de estas fases el valor de capital se encuentra en una figura distinta, a la que corresponde una función distinta, especial. Dentro de este movimiento, el valor adelantado no solo se conserva, sino que crece, aumenta su magnitud. Por último, en el estadio final, retorna a la misma forma en que apareció al comienzo del proceso global. Este proceso global es, por tanto, proceso cíclico.
Las dos formas que el valor de capital adopta dentro de sus estadios de circulación son las de capital dinerario y capital mercantil; su forma perteneciente al estadio de la producción es la de capital productivo. El capital que en el curso de su ciclo global adopta y vuelve a abandonar estas formas, y que en cada una de ellas realiza la función correspondiente, es capital industrial; industrial aquí en el sentido de que abarca toda rama de la producción explotada de modo capitalista.
Capital dinerario, capital mercantil y capital productivo no designan, pues, aquí clases autónomas de capital cuyas funciones constituyan el contenido de ramas de negocio igualmente autónomas y separadas unas de otras. Designan aquí solo formas funcionales particulares del capital industrial, que las adopta las tres sucesivamente.
El ciclo del capital solo transcurre con normalidad mientras sus distintas fases pasan unas a otras sin estancarse. Si el capital se estanca en la primera fase, D – M, el capital dinerario se petrifica en tesoro; si se estanca en la fase de producción, los medios de producción quedan sin función por un lado, mientras que la fuerza de trabajo permanece desocupada por el otro; si se estanca en la última fase, M′ – D′, las mercancías amontonadas invendibles obstruyen el flujo de la circulación.
Por otra parte, está en la naturaleza de la cosa que el ciclo mismo condicione la fijación del capital, durante plazos determinados, en las distintas secciones del ciclo. En cada una de sus fases, el capital industrial está ligado a una forma determinada: como capital dinerario, capital productivo, capital mercantil. Solo después de haber realizado la función correspondiente a su forma de cada momento adquiere la forma en que puede entrar en una nueva fase de transformación. Para aclararlo, hemos supuesto en nuestro ejemplo que el valor de capital de la masa de mercancías generada en el estadio de producción era igual a la suma total del valor adelantado originariamente como dinero; con otras palabras, que todo el valor de capital adelantado como dinero pasa de una vez de un estadio al inmediatamente siguiente. Pero hemos visto (libro I, cap. VI) que una parte del capital constante, los medios de trabajo propiamente dichos (por ejemplo, las máquinas), sirven siempre de nuevo en un número mayor o menor de repeticiones de los mismos procesos de producción y, por tanto, solo ceden también su valor al producto pieza a pieza. Más adelante se verá en qué medida esta circunstancia modifica el proceso cíclico del capital. Aquí basta lo siguiente: en nuestro ejemplo, el valor del capital productivo = 422 £ solo contenía el desgaste, calculado como término medio, de los edificios fabriles, la maquinaria, etc., es decir, solo la parte de valor que estos transfieren a este último al transformar 10.600 libras de algodón en 10.000 libras de hilo, producto de un proceso semanal de hilado de 60 horas. En los medios de producción en que se transforma el capital constante adelantado de 372 £ figuraban, pues, también los medios de trabajo, edificios, maquinaria, etc., como si solo se hubieran alquilado en el mercado contra un pago semanal a plazos. Pero esto no altera absolutamente nada el estado de cosas. Basta con multiplicar la cantidad de hilo de 10.000 libras producida en la semana por el número de semanas calculadas para una cierta serie de años para que se le transfiera todo el valor de los medios de trabajo comprados y consumidos en ese tiempo. Queda claro entonces que el capital dinerario adelantado tiene que haberse transformado primero en estos medios, es decir, haber salido del primer estadio, D – M, antes de poder funcionar como capital productivo P. Igual de claro es, en nuestro ejemplo, que la suma de valor de capital de 422 £ incorporada al hilo durante el proceso de producción no puede entrar como parte integrante de valor de las 10.000 libras de hilo en la fase de circulación M – D′ antes de que este esté terminado. El hilo no puede venderse antes de estar hilado.
En la fórmula general, el producto de P se considera como una cosa material distinta de los elementos del capital productivo, como un objeto que posee una existencia separada del proceso de producción, una forma de uso distinta de la de los elementos de producción. Y cuando el resultado del proceso de producción se presenta como cosa, este es siempre el caso, incluso allí donde una parte del producto vuelve a entrar como elemento en la producción renovada. Así, el grano sirve de simiente para su propia producción; pero el producto consiste solo en grano y tiene, por tanto, una figura distinta de los elementos empleados junto con él, la fuerza de trabajo, los instrumentos, el abono. Pero hay ramas de la industria autónomas en las que el producto del proceso de producción no es un producto objetual nuevo, no es una mercancía. De ellas, solo tiene importancia económica la industria de las comunicaciones, ya sea industria de transporte propiamente dicha, de mercancías y personas, ya sea transmisión meramente de noticias, cartas, telegramas, etc.
A. Chuprov1011 dice al respecto:
«El fabricante puede producir primero artículos y buscar luego consumidores para ellos»
{su producto, una vez expulsado del proceso de producción como producto acabado, pasa a la circulación como mercancía separada de él}.
«La producción y el consumo aparecen así como dos actos separados en el espacio y en el tiempo. En la industria del transporte, que no crea productos nuevos, sino que solo traslada personas y cosas, estos dos actos coinciden; los servicios» {el cambio de lugar} «tienen que consumirse en el mismo instante en que se producen. Por eso el radio en el que los ferrocarriles pueden buscar clientela se extiende a lo sumo a 50 verstas» {53 km} «a ambos lados.»
El resultado —ya se transporte a personas o mercancías— es su existencia local modificada; por ejemplo, que el hilo se encuentre ahora en la India en lugar de en Inglaterra, donde fue producido.
Pero lo que vende la industria del transporte es el cambio de lugar mismo. El efecto útil producido está indisolublemente unido al proceso de transporte, es decir, al proceso de producción de la industria del transporte. Personas y mercancías viajan con el medio de transporte, y su viajar, su movimiento local, es precisamente el proceso de producción efectuado por él. El efecto útil solo es consumible durante el proceso de producción; no existe como una cosa de uso distinta de este proceso, que solo después de su producción funcione como artículo de comercio, circule como mercancía. Pero el valor de cambio de este efecto útil está determinado, como el de cualquier otra mercancía, por el valor de los elementos de producción consumidos en él (fuerza de trabajo y medios de producción) más la plusvalía que ha creado el plustrabajo de los obreros ocupados en la industria del transporte. También con respecto a su consumo se comporta este efecto útil exactamente igual que las demás mercancías. Si se consume individualmente, su valor desaparece con el consumo; si se consume productivamente, de modo que sea él mismo un estadio de producción de la mercancía que se encuentra en transporte, su valor se transfiere a la mercancía misma como valor adicional. La fórmula de la industria del transporte sería, pues, D – M < FT/MP ... P – D′, puesto que lo que se paga y se consume es el proceso de producción mismo, no un producto separable de él. Tiene, por tanto, casi exactamente la misma forma que la de la producción de los metales preciosos, solo que D′ es aquí forma transformada del efecto útil producido durante el proceso de producción, no forma natural del oro o la plata producidos durante este proceso y expulsados de él.
El capital industrial es el único modo de existencia del capital en el que no solo la apropiación de plusvalía, o de plusproducto, sino a la vez su creación es función del capital. Condiciona, por tanto, el carácter capitalista de la producción; su existencia incluye la del antagonismo de clase entre capitalistas y obreros asalariados. A medida que se apodera de la producción social, se trastocan la técnica y la organización social del proceso de trabajo y, con ello, el tipo económico-histórico de la sociedad. Las demás clases de capital, que aparecieron antes que él en medio de condiciones sociales de producción pasadas o en decadencia, no solo se le subordinan y se modifican en consonancia con él en el mecanismo de sus funciones, sino que ya solo se mueven sobre su base, viven y mueren, se sostienen y caen, por tanto, con esta base suya. El capital dinerario y el capital mercantil, en la medida en que, con sus funciones, se presentan como portadores de ramas de negocio propias junto al capital industrial, ya solo son modos de existencia, autonomizados y desarrollados unilateralmente por la división social del trabajo, de las distintas formas funcionales que el capital industrial ora adopta, ora abandona dentro de la esfera de la circulación.
El ciclo D ... D′ se entrelaza, por una parte, con la circulación general de mercancías, sale de ella y entra en ella, y forma una parte de ella. Por otra parte, constituye un movimiento propio y autónomo del valor de capital para el capitalista individual, un movimiento que transcurre en parte dentro de la circulación general de mercancías y en parte fuera de ella, pero que siempre conserva su carácter autónomo. En primer lugar, porque sus dos fases, las que transcurren en la esfera de la circulación, D – M y M′ – D′, poseen, en cuanto fases del movimiento del capital, caracteres funcionalmente determinados; en D – M, M está determinado materialmente como fuerza de trabajo y medios de producción; en M′ – D′ se realiza el valor de capital + la plusvalía. En segundo lugar, P, el proceso de producción, encierra el consumo productivo. En tercer lugar, el retorno del dinero a su punto de partida convierte el movimiento D ... D′ en un movimiento cíclico que se cierra en sí mismo.
Así pues, por una parte, todo capital individual, en sus dos mitades de circulación, D – M y M′ – D′, constituye un agente de la circulación general de mercancías, en la que funciona o está encadenado ya como dinero, ya como mercancía, y forma así él mismo un eslabón de la serie general de metamorfosis del mundo de las mercancías. Por otra parte, describe dentro de la circulación general su propio ciclo autónomo, en el que la esfera de la producción constituye un estadio de tránsito y en el que retorna a su punto de partida en la misma forma en que lo abandonó. Dentro de su propio ciclo, que incluye su metamorfosis real en el proceso de producción, modifica a la vez su magnitud de valor. Retorna no solo como valor dinerario, sino como valor dinerario agrandado, acrecentado.
Si consideramos, finalmente, D – M ... P ... M′ – D′ como forma especial del proceso cíclico del capital junto a las otras formas que se estudiarán más adelante, se distingue por lo siguiente.
Aparece como ciclo del capital dinerario porque el capital industrial, en su forma de dinero, como capital dinerario, constituye el punto de partida y el punto de retorno de su proceso global. La fórmula misma expresa que el dinero no se gasta aquí como dinero, sino que solo se adelanta, que es, por tanto, solo forma dineraria del capital, capital dinerario. Expresa además que el fin en sí mismo determinante del movimiento es el valor de cambio, no el valor de uso. Precisamente porque la figura dineraria del valor es su forma de manifestación autónoma, tangible, la forma de circulación D ... D′, cuyo punto de partida y punto final es dinero real, expresa del modo más tangible el hacer dinero, el motivo impulsor de la producción capitalista. El proceso de producción aparece solo como eslabón intermedio inevitable, como mal necesario para hacer dinero. {Por eso todas las naciones de modo de producción capitalista se ven periódicamente presas de un vértigo especulativo en el que quieren hacer dinero sin la mediación del proceso de producción.}
El estadio de la producción, la función de P, constituye en este ciclo la interrupción de las dos fases de la circulación D – M ... M′ – D′, que a su vez solo es mediación de la circulación simple D – M – D′. El proceso de producción aparece en la forma del proceso cíclico mismo, formal y expresamente, como lo que es en el modo de producción capitalista: como mero medio para la valorización del valor adelantado, es decir, el enriquecimiento como tal como fin en sí mismo de la producción.
Como la serie de las fases la abre D – M, el segundo miembro de la circulación es M′ – D′; por tanto, punto de partida D, el capital dinerario que ha de valorizarse; punto final D′, el capital dinerario valorizado D + d, en el que D figura como capital realizado junto a su vástago d. Esto distingue el ciclo D de los otros dos ciclos, P y M′, y lo hace de dos maneras. Por una parte, por la forma de dinero de los dos extremos; y el dinero es la forma de existencia autónoma y tangible del valor, el valor del producto en su forma de valor autónoma, en la que se ha borrado toda huella del valor de uso de las mercancías. Por otra parte, la forma P ... P no se convierte necesariamente en P ... P′ (P + p), y en la forma M′ ... M′ no es visible ninguna diferencia de valor entre ambos extremos. Lo característico de la fórmula D ... D′ es, pues, por un lado, que el valor de capital constituye el punto de partida y el valor de capital valorizado el punto de retorno, de modo que el adelanto del valor de capital aparece como medio y el valor de capital valorizado como fin de toda la operación; por otro, que esta relación está expresada en forma de dinero, la forma de valor autónoma, y, por tanto, el capital dinerario como dinero que incuba dinero. La generación de plusvalía por el valor no está expresada solo como alfa y omega del proceso, sino expresamente en la reluciente forma de dinero.
Como D′, el capital dinerario realizado como resultado de M′ – D′, la fase complementaria y final de D – M, se encuentra absolutamente en la misma forma en que abrió su primer ciclo, puede, en cuanto sale de él, abrir de nuevo el mismo ciclo como capital dinerario agrandado (acumulado): D′ = D + d; y al menos no está expresado en la forma D ... D′ que, al repetirse el ciclo, la circulación de d se separa de la de D. Considerado en su figura de una sola vez, formalmente, el ciclo del capital dinerario solo expresa, por tanto, el proceso de valorización y de acumulación. El consumo solo está expresado en él como consumo productivo, mediante D – M < FT/MP; solo este está incluido en este ciclo del capital individual. D – FT es FT – D o M – D por parte del obrero; es, pues, la primera fase de la circulación que media su consumo individual: FT – D – M (medios de subsistencia). La segunda fase, D – M, ya no cae dentro del ciclo del capital individual; pero es iniciada por él, presupuesta por él, ya que el obrero, para encontrarse siempre en el mercado como materia explotable del capitalista, ante todo tiene que vivir, es decir, conservarse mediante el consumo individual. Pero este consumo mismo solo está presupuesto aquí como condición del consumo productivo de la fuerza de trabajo por el capital y, por tanto, también solo en la medida en que el obrero se conserva y se reproduce como fuerza de trabajo mediante su consumo individual. Pero los MP, las mercancías propiamente dichas que entran en el ciclo, constituyen solo materia de alimentación del consumo productivo. El acto FT – D media el consumo individual del obrero, la transformación de los medios de subsistencia en su carne y su sangre. Ciertamente, también el capitalista tiene que estar ahí, es decir, también vivir y consumir, para funcionar como capitalista. Para ello, en realidad, le bastaría con consumir como obrero, y por eso no se presupone más en esta forma del proceso de circulación. Formalmente, ni siquiera esto está expresado, ya que la fórmula concluye con D′, es decir, con un resultado que puede volver a funcionar en el acto como capital dinerario agrandado.
En M′ – D′ está contenida directamente la venta de M′; pero M′ – D′, venta por un lado, es D – M, compra por el otro, y la mercancía se compra en definitiva solo por su valor de uso, para entrar (prescindiendo de ventas intermedias) en el proceso de consumo, ya sea este individual o productivo, según la naturaleza del artículo comprado. Pero este consumo no entra en el ciclo del capital individual cuyo producto es M′; este producto es expulsado precisamente del ciclo como mercancía que hay que vender. M′ está destinado expresamente al consumo ajeno. Por eso encontramos en los intérpretes del sistema mercantil (en cuya base está la fórmula D – M ... P ... M′ – D′) prolijísimos sermones sobre que el capitalista individual solo debe consumir como obrero, y que la nación capitalista debe dejar a las demás naciones, más tontas, el consumo de sus mercancías y, en general, el proceso de consumo, y convertir en cambio el consumo productivo en la tarea de su vida. Estos sermones recuerdan a menudo, por su forma y su contenido, análogas exhortaciones ascéticas de los Padres de la Iglesia.
El proceso cíclico del capital es, pues, unidad de circulación y producción; incluye ambas. En la medida en que las dos fases D – M y M′ – D′ son procesos de circulación, la circulación del capital forma parte de la circulación general de mercancías. Pero, como secciones funcionalmente determinadas, como estadios en el ciclo del capital, que no pertenece solo a la esfera de la circulación, sino también a la esfera de la producción, el capital realiza dentro de la circulación general de mercancías su propio ciclo. La circulación general de mercancías le sirve, en el primer estadio, para adoptar la figura en la que puede funcionar como capital productivo; en el segundo, para desprenderse de la función de mercancía en la que no puede renovar su ciclo; y, a la vez, para abrirle la posibilidad de separar su propio ciclo de capital de la circulación de la plusvalía que se le ha añadido.
El ciclo del capital dinerario es, por tanto, la forma de manifestación más unilateral y, por eso mismo, la más contundente y característica del ciclo del capital industrial, cuyo fin y motivo impulsor —valorización del valor, hacer dinero y acumulación— se presenta de un modo que salta a la vista (comprar para vender más caro). Por el hecho de que la primera fase sea D – M, sale a la luz también la procedencia de las partes integrantes del capital productivo del mercado de mercancías, así como, en general, el estar condicionado el proceso capitalista de producción por la circulación, por el comercio. El ciclo del capital dinerario no es solo producción de mercancías; él mismo solo se lleva a cabo por medio de la circulación, la presupone. Esto se debe ya a que la forma D, perteneciente a la circulación, aparece como forma primera y pura del valor de capital adelantado, lo que no ocurre en las otras dos formas del ciclo.
El ciclo del capital dinerario sigue siendo siempre la expresión general del capital industrial en la medida en que incluye siempre la valorización del valor adelantado. En P ... P, la expresión dineraria del capital solo se pone de relieve como precio de los elementos de producción, es decir, solo como valor expresado en dinero de cuenta, y se registra en esta forma en la contabilidad.
D ... D′ se convierte en forma particular del ciclo del capital industrial en la medida en que un capital de nueva aparición se adelanta primero como dinero y se retira en la misma forma, ya sea al pasar de una rama de negocio a otra, ya sea al retirarse el capital industrial del negocio. Esto incluye la función de capital de la plusvalía adelantada primero en forma de dinero, y se pone de relieve del modo más contundente cuando esta funciona en un negocio distinto de aquel del que procede. D ... D′ puede ser el primer ciclo de un capital; puede ser el último; puede valer como forma del capital social global; es la forma del capital que se invierte de nuevo, ya sea como capital recién acumulado en forma de dinero, ya sea como capital antiguo que se transforma por entero en dinero para transferirse de una rama de producción a otra.
Como forma incluida siempre en todos los ciclos, el capital dinerario realiza este ciclo precisamente para la parte del capital que genera la plusvalía, el capital variable. La forma normal del adelanto del salario es el pago en dinero; este proceso tiene que renovarse constantemente en plazos bastante cortos, porque el obrero vive al día. Por eso el capitalista tiene que enfrentarse constantemente al obrero como capitalista dinerario, y su capital como capital dinerario. Aquí no puede tener lugar, como en la compra de los medios de producción y la venta de las mercancías productivas, una compensación directa o indirecta (de modo que la mayor masa del capital dinerario figure de hecho solo en forma de mercancías, el dinero solo en la forma de dinero de cuenta y, finalmente, en efectivo solo para la compensación de los saldos). Por otra parte, una parte de la plusvalía surgida del capital variable la gasta el capitalista en su consumo privado, que pertenece al comercio minorista y que, por los rodeos que sean, se gasta en efectivo, en la forma de dinero de la plusvalía. Que esta parte de la plusvalía sea grande o pequeña no altera nada la cosa. Constantemente reaparece el capital variable como capital dinerario invertido en salario (D – FT), y d como plusvalía que se gasta para cubrir las necesidades privadas del capitalista. Es decir, D como valor de capital variable adelantado y d como su incremento, ambos necesariamente retenidos en forma de dinero para gastarse en esa forma.
La fórmula D – M ... P ... M′ – D′, con el resultado D′ = D + d, encierra en su forma un engaño, tiene un carácter ilusorio, que surge de la existencia del valor adelantado y valorizado en su forma de equivalente, el dinero. El acento no recae en la valorización del valor, sino en la forma de dinero de este proceso, en que finalmente se extrae de la circulación más valor en forma de dinero del que originariamente se le adelantó; es decir, en el aumento de la masa de oro y plata perteneciente al capitalista. El llamado sistema monetario es mera expresión de la forma carente de concepto D – M – D′, un movimiento que transcurre exclusivamente en la circulación y que, por eso, solo puede explicar los dos actos, 1) D – M y 2) M – D′, por el hecho de que M se vende en el segundo acto por encima de su valor y, por tanto, extrae de la circulación más dinero del que se arrojó a ella mediante su compra. En cambio, D – M ... P ... M′ – D′, fijado como forma exclusiva, está en la base del sistema mercantil más desarrollado, en el que no solo la circulación de mercancías, sino también la producción de mercancías aparece como elemento necesario.
El carácter ilusorio de D – M ... P ... M′ – D′, y la interpretación ilusoria que le corresponde, se dan en cuanto esta forma se fija como única, no como fluida, como forma que se renueva constantemente; en cuanto, por tanto, se la tiene no por una de las formas del ciclo, sino por su forma exclusiva. Pero ella misma remite a otras formas.
En primer lugar, todo este ciclo presupone el carácter capitalista del proceso de producción mismo y, por tanto, como base, este proceso de producción junto con el estado social específico condicionado por él. D – M = D – M < FT/MP; pero D – FT supone al obrero asalariado y, por tanto, los medios de producción como parte del capital productivo y, por tanto, el proceso de trabajo y de valorización, el proceso de producción, ya como función del capital.
En segundo lugar: si se repite D ... D′, el retorno a la forma de dinero aparece tan evanescente como la forma de dinero en el primer estadio. D – M desaparece para dejar sitio a P. El constante readelanto en dinero, lo mismo que su constante retorno como dinero, aparecen ellos mismos como momentos que solo desaparecen en el ciclo.
En tercer lugar:
D – M ... P ... M′ – D′. D – M ... P ... M′ – D′. D – M ... P ... etc.
Ya en la segunda repetición del ciclo aparece el ciclo P ... M′ – D′. D – M ... P, antes de que se haya completado el segundo ciclo de D, y todos los ciclos posteriores pueden considerarse así bajo la forma P ... M′ – D – M ... P, de modo que D – M, como primera fase del primer ciclo, solo constituye la preparación evanescente del ciclo del capital productivo, que se repite constantemente, como ocurre de hecho con el capital industrial invertido por primera vez en la forma de capital dinerario.
Por otra parte, antes de que se complete el segundo ciclo de P, ya se ha descrito el primer ciclo M′ – D′. D – M ... P ... M′ (abreviado, M′ ... M′), el ciclo del capital mercantil. Así, la primera forma contiene ya las otras dos, y la forma de dinero desaparece así en la medida en que no es mera expresión de valor, sino expresión de valor en la forma de equivalente, en dinero.
Finalmente: si tomamos un capital singular de nueva aparición que describe por primera vez el ciclo D – M ... P ... M′ – D′, D – M es la fase preparatoria, el precursor del primer proceso de producción que recorre este capital singular. Esta fase D – M no está, por tanto, presupuesta, sino que más bien es puesta o condicionada por el proceso de producción. Pero esto solo vale para este capital singular. La forma general del ciclo del capital industrial es el ciclo del capital dinerario en la medida en que se presupone el modo de producción capitalista, es decir, dentro de un estado social determinado por la producción capitalista. El proceso capitalista de producción está, por tanto, presupuesto como un prius [algo previo], si no en el primer ciclo del capital dinerario de un capital industrial recién invertido, sí fuera de él; la existencia constante de este proceso de producción supone el ciclo constantemente renovado de P ... P. Dentro del primer estadio, D – M < FT/MP, aparece ya este presupuesto mismo, porque, por una parte, presupone la existencia de la clase de los obreros asalariados y, por otra, aquello que para el comprador de los medios de producción es el primer estadio, D – M, y para su vendedor es M′ – D′, presupone en M′ el capital mercantil y, por tanto, la mercancía misma como resultado de la producción capitalista y, con ello, la función del capital productivo.
Capítulo segundo. El ciclo del capital productivo
El ciclo del capital productivo tiene la fórmula general: P … M′ – D′ – M … P. Significa la función periódicamente renovada del capital productivo, es decir, la reproducción, o su proceso de producción como proceso de reproducción con relación a la valorización; no solo producción, sino reproducción periódica de plusvalía; la función del capital industrial que se encuentra en su forma productiva, no como función única, sino como función periódicamente repetida, de modo que el reinicio viene dado por el propio punto de partida. Una parte de M′ puede volver a entrar directamente (en ciertos casos, en ciertas ramas de inversión del capital industrial) como medio de producción en el mismo proceso de trabajo del que salió como mercancía; con ello solo se ahorra la transformación de su valor en dinero real o en signos de dinero, o esta solo recibe expresión independiente como dinero de cuenta. Esta parte del valor no entra en la circulación. Entran así en el proceso de producción valores que no entran en el proceso de circulación. Lo mismo vale para la parte de M′ que el capitalista consume in natura como parte del plusproducto. Pero esto carece de importancia para la producción capitalista; a lo sumo entra en consideración en la agricultura.
Dos cosas saltan enseguida a la vista en esta forma.
Primero. Mientras que en la primera forma, D … D′, el proceso de producción, la función de P, interrumpe la circulación del capital dinerario y solo aparece como mediador entre sus dos fases, D – M y M′ – D′, aquí todo el proceso de circulación del capital industrial, todo su movimiento dentro de la fase de circulación, solo constituye una interrupción y, por tanto, solo la mediación entre el capital productivo, que abre el ciclo como primer extremo y lo cierra como último en la misma forma, es decir, en la forma de su reinicio. La circulación propiamente dicha solo aparece como mediación de la reproducción periódicamente renovada y, por la renovación, continua.
Segundo. La circulación en su conjunto se presenta en la forma opuesta a la que tiene en el ciclo del capital dinerario. Allí era: D – M – D (D – M. M – D), prescindiendo de la determinación del valor; aquí es, prescindiendo de nuevo de la determinación del valor, M – D – M (M – D. D – M), es decir, la forma de la circulación simple de mercancías.
I. Reproducción simple
Consideremos, pues, en primer lugar el proceso M′ – D′ – M, que transcurre en la esfera de la circulación entre los extremos P … P.
El punto de partida de esta circulación es el capital mercantil: M′ = M + m = P + m. La función del capital mercantil M′ – D′ (la realización del valor del capital contenido en él, = P, que ahora existe como componente M de la mercancía, así como de la plusvalía contenida en él, que existe como componente de la misma masa de mercancías, con el valor m) se consideró en la primera forma del ciclo. Pero allí constituía la segunda fase de la circulación interrumpida y la fase final de todo el ciclo. Aquí constituye la segunda fase del ciclo, pero la primera fase de la circulación. El primer ciclo termina con D′, y como D′, igual que el D originario, puede abrir de nuevo como capital dinerario el segundo ciclo, no era necesario de momento mirar más de cerca si el D y el d (la plusvalía) contenidos en D′ prosiguen juntos su trayectoria o si describen trayectorias distintas. Esto solo habría sido necesario si hubiéramos seguido el primer ciclo en su renovación. Pero este punto tiene que decidirse en el ciclo del capital productivo, ya que de ello depende la determinación de su primer ciclo mismo, y porque M′ – D′ aparece en él como primera fase de la circulación, que ha de completarse con D – M. De esta decisión depende que la fórmula represente reproducción simple o reproducción en escala ampliada. Según cómo se decida, cambia, pues, el carácter del ciclo.
Tomemos, pues, en primer lugar la reproducción simple del capital productivo, presuponiendo, como en el capítulo primero, circunstancias constantes y compra y venta de las mercancías por su valor. Con este supuesto, toda la plusvalía entra en el consumo personal del capitalista. En cuanto se ha producido la transformación del capital mercantil M′ en dinero, la parte de la suma de dinero que representa el valor del capital sigue circulando en el ciclo del capital industrial; la otra, que es plusvalía convertida en oro, entra en la circulación general de mercancías, es circulación de dinero que parte del capitalista, pero tiene lugar fuera de la circulación de su capital individual.
En nuestro ejemplo teníamos un capital mercantil M′ de 10.000 libras de hilo por valor de 500 £; 422 £ de ellas son el valor del capital productivo y, como forma dineraria de 8.440 libras de hilo, prosiguen la circulación del capital iniciada por M′, mientras que la plusvalía de 78 £, forma dineraria de 1.560 libras de hilo, la parte excedente del producto-mercancía, sale de esta circulación y describe una trayectoria separada dentro de la circulación general de mercancías.
⎛ M ⎞ ──── ⎛ D ⎞ ── M < FT/MP
M′ ⎜ + ⎟ ─ D′ ⎜ + ⎟
⎝ m ⎠ ──── ⎝ d ⎠ ── m
d – m es una serie de compras mediante el dinero que el capitalista gasta, ya sea en mercancías propiamente dichas, ya en servicios para su estimada persona o para su familia. Estas compras están dispersas y se efectúan en fechas distintas. El dinero existe, pues, temporalmente en la forma de una provisión de dinero o tesoro destinado al consumo corriente, ya que el dinero interrumpido en su circulación se encuentra en forma de tesoro. Su función como medio de circulación, que incluye también su forma pasajera de tesoro, no entra en la circulación del capital en su forma dineraria D. El dinero no se adelanta, sino que se gasta.
Hemos supuesto que el capital global adelantado pasa siempre entero de una de sus fases a la otra; así también aquí, que el producto-mercancía de P es portador del valor global del capital productivo P = 422 £ + la plusvalía creada durante el proceso de producción = 78 £. En nuestro ejemplo, en el que se trata de un producto-mercancía discreto, la plusvalía existe en la forma de 1.560 libras de hilo; exactamente igual que, calculada sobre 1 libra de hilo, existe en la forma de 2,496 onzas de hilo. Si, en cambio, el producto-mercancía fuera, por ejemplo, una máquina de 500 £ y de la misma composición de valor, una parte del valor de esa máquina sería, sin duda, = 78 £ de plusvalía, pero esas 78 £ solo existirían en la máquina entera; esta no es divisible en valor del capital y plusvalía sin hacerla pedazos y destruir así, con su valor de uso, también su valor. Los dos componentes del valor solo pueden representarse, pues, idealmente en componentes del cuerpo de la mercancía, no como elementos independientes de la mercancía M′, como cada libra de hilo es un elemento-mercancía independiente y separable de las 10.000 libras. En el primer caso, la mercancía entera, el capital mercantil, la máquina, tiene que estar vendida del todo antes de que d pueda iniciar su circulación particular. En cambio, si el capitalista vende 8.440 libras, la venta de las 1.560 libras restantes representaría una circulación completamente separada de la plusvalía en la forma m (1.560 libras de hilo) – d (78 £) = m (artículos de consumo). Pero los elementos de valor de cada fracción del producto de 10.000 libras de hilo pueden representarse en partes del producto igual que en el producto global. Así como este, 10.000 libras de hilo, puede dividirse en valor del capital constante (c), 7.440 libras de hilo por valor de 372 £, valor del capital variable (v), 1.000 libras de hilo a 50 £, y plusvalía (p), 1.560 libras de hilo a 78 £, así también cada libra de hilo en c = 11,904 onzas por valor de 8,928 peniques, v = 1,600 onzas de hilo por valor de 1,200 peniques y p = 2,496 onzas de hilo por valor de 1,872 peniques. El capitalista también podría, vendiendo sucesivamente las 10.000 libras, consumir sucesivamente los elementos de plusvalía contenidos en las porciones sucesivas y realizar con ello, igualmente de forma sucesiva, la suma de c + v. Pero también esta operación presupone, en definitiva, que se vendan las 10.000 libras enteras y, por tanto, que con la venta de 8.440 libras se reponga el valor de c y v. (Libro I, cap. VII, 2.)
Sea como fuere, mediante M′ – D′ tanto el valor del capital contenido en M′ como la plusvalía adquieren una existencia separable, la existencia de sumas de dinero distintas; en ambos casos, tanto D como d son forma realmente transformada del valor que originariamente, en M′, solo poseía una expresión propia, solo ideal, como precio de la mercancía.
m – d – m es circulación simple de mercancías, cuya primera fase, m – d, está comprendida en la circulación del capital mercantil M′ – D′, es decir, en el ciclo del capital, mientras que su fase complementaria, d – m, cae en cambio fuera de este ciclo, como proceso de la circulación general de mercancías separado de él. La circulación de M y de m, del valor del capital y de la plusvalía, se escinde tras la transformación de M′ en D′. Se sigue de ello:
Primero: al realizarse el capital mercantil mediante M′ – D′ = M′ – (D + d), el movimiento del valor del capital y de la plusvalía, que en M′ – D′ aún es común y portado por la misma masa de mercancías, se vuelve escindible, ya que ambos poseen ahora formas independientes como sumas de dinero.
Segundo: si esta escisión tiene lugar, gastándose d como rédito del capitalista,12 mientras D, como forma funcional del valor del capital, prosigue su trayectoria determinada por el ciclo, el primer acto, M′ – D′, en conexión con los actos siguientes D – M y d – m, puede representarse como las dos circulaciones distintas M – D – M y m – d – m; ambas, por su forma general, series que pertenecen a la circulación ordinaria de mercancías.
Por lo demás, en la práctica, cuando se trata de cuerpos de mercancía continuos que no se dejan dividir, los componentes del valor se aíslan idealmente cada uno por separado. Por ejemplo, en el negocio de la construcción de Londres, que en su mayor parte se lleva a cabo a crédito, el contratista recibe adelantos según el estadio en que se encuentre la construcción de la casa. Ninguno de estos estadios es una casa, sino solo un componente realmente existente de una casa futura en ciernes; por tanto, pese a su realidad, solo una fracción ideal de la casa entera, pero aun así lo bastante real para servir de garantía de un adelanto adicional. (Véase sobre esto más adelante, cap. XII.)
Tercero: si el movimiento del valor del capital y de la plusvalía, aún común en M y D, se separa solo parcialmente (de modo que una parte de la plusvalía no se gasta como rédito) o no se separa en absoluto, en el valor del capital mismo se produce un cambio todavía dentro de su ciclo, antes de que este se haya completado. En nuestro ejemplo, el valor del capital productivo era igual a 422 £. Si prosigue, pues, D – M, por ejemplo, como 480 £ o como 500 £, recorre los últimos estadios del ciclo como un valor 58 £ o 78 £ mayor que el inicial. Esto puede ir unido a la vez a un cambio en su composición de valor. —
M′ – D′, el segundo estadio de la circulación y el estadio final del ciclo I (D … D′), es en nuestro ciclo el segundo estadio de este y el primero de la circulación de mercancías. En lo que respecta a la circulación, tiene, pues, que completarse con D′ – M′. Pero M′ – D′ no solo tiene ya tras de sí el proceso de valorización (aquí la función de P, el primer estadio), sino que su resultado, el producto-mercancía M′, ya está realizado. El proceso de valorización del capital, así como la realización del producto-mercancía en que se representa el valor del capital valorizado, ha terminado, pues, con M′ – D′.
Hemos supuesto, pues, reproducción simple, es decir, que d – m se separa por completo de D – M. Como ambas circulaciones, m – d – m tanto como M – D – M, pertenecen por su forma general a la circulación de mercancías (y, por tanto, tampoco muestran diferencias de valor entre los extremos), es fácil, como hace la economía vulgar, concebir el proceso de producción capitalista como mera producción de mercancías, de valores de uso destinados al consumo de una u otra clase, que el capitalista solo produce para sustituirlos por mercancías de otro valor de uso o para trocarlos por ellas, como erróneamente se dice en la economía vulgar.
M′ aparece desde el principio como capital mercantil, y el fin de todo el proceso, el enriquecimiento (la valorización), no excluye en modo alguno un consumo del capitalista que crezca con la magnitud de la plusvalía (y, por tanto, también del capital), sino que más bien lo incluye.
En la circulación del rédito del capitalista, la mercancía producida m (o la fracción del producto-mercancía M′ que idealmente le corresponde) solo sirve, en efecto, para convertirla primero en dinero y, del dinero, en una serie de otras mercancías que sirven al consumo privado. Pero aquí no hay que pasar por alto la pequeña circunstancia de que m es valor-mercancía que al capitalista no le ha costado nada, materialización de plustrabajo, por lo que originariamente sale a escena como componente del capital mercantil M′. Este m está, pues, ligado ya por su existencia misma al ciclo del valor del capital en proceso, y si este se estanca o se perturba de algún otro modo, no solo se restringe el consumo de m, o cesa por completo, sino con él, a la vez, la salida de la serie de mercancías que constituye la reposición de m. Lo mismo ocurre si M′ – D′ fracasa o si solo una parte de M′ es vendible.
Vimos que m – d – m, como circulación del rédito del capitalista, solo entra en la circulación del capital mientras m es parte del valor de M′, del capital en su forma funcional de capital mercantil; pero, en cuanto se autonomiza mediante d – m, es decir, en la forma entera m – d – m, no entra en el movimiento del capital adelantado por el capitalista, aunque surja de él. Está conectada con él en la medida en que la existencia del capital presupone la existencia del capitalista, y esta última está condicionada por su consumo de plusvalía.
Dentro de la circulación general, M′, por ejemplo el hilo, solo funciona como mercancía; pero como momento de la circulación del capital funciona como capital mercantil, una figura que el valor del capital adopta y desecha alternativamente. Tras la venta del hilo al comerciante, el hilo queda fuera del proceso cíclico del capital del que es producto, pero aun así sigue encontrándose continuamente como mercancía en el ámbito de la circulación general. La circulación de la misma masa de mercancías prosigue, aunque haya dejado de constituir un momento en el ciclo independiente del capital del hilandero. La metamorfosis real y definitiva de la masa de mercancías lanzada por el capitalista a la circulación, M – D, su caída final en el consumo, puede estar, por tanto, completamente separada en el tiempo y en el espacio de la metamorfosis en la que esta masa de mercancías funciona como su capital mercantil. La misma metamorfosis que se ha consumado en la circulación del capital queda aún por consumarse en la esfera de la circulación general.
No cambia nada el que el hilo vuelva a entrar en el ciclo de otro capital industrial. La circulación general abarca tanto el entrelazamiento de los ciclos de las distintas fracciones independientes del capital social, es decir, la totalidad de los capitales individuales, como la circulación de los valores no lanzados al mercado como capital o, respectivamente, de los que entran en el consumo individual.
La relación entre el ciclo del capital en tanto forma parte de la circulación general y en tanto constituye eslabones de un ciclo independiente se muestra además si consideramos la circulación de D′ = D + d. D, como capital dinerario, prosigue el ciclo del capital. d, como gasto del rédito (d – m), entra en la circulación general, pero sale despedido del ciclo del capital. Solo entra en este último ciclo la parte que funciona como capital dinerario adicional. En m – d – m el dinero solo funciona como moneda; el fin de esta circulación es el consumo individual del capitalista. Es característico del cretinismo de la economía vulgar que haga pasar esta circulación, que no entra en el ciclo del capital —la circulación de la parte del producto de valor consumida como rédito—, por el ciclo característico del capital.
En la segunda fase, D – M, el valor del capital D = P (el valor del capital productivo, que abre aquí el ciclo del capital industrial) vuelve a estar presente, descargado de la plusvalía, es decir, con la misma magnitud de valor que en el primer estadio del ciclo del capital dinerario, D – M. Pese al lugar distinto, la función del capital dinerario en que se ha convertido ahora el capital mercantil es la misma: su transformación en MP y FT, medios de producción y fuerza de trabajo.
Al mismo tiempo que m – d, el valor del capital ha recorrido, pues, en la función del capital mercantil M′ – D′, la fase M – D, y entra ahora en la fase complementaria D – M < FT/MP; su circulación global es, pues, M – D – M < FT/MP.
Primero: el capital dinerario D aparecía en la forma I (ciclo D … D′) como la forma originaria en que se adelanta el valor del capital; aquí aparece desde el principio como parte de la suma de dinero en que el capital mercantil se ha transformado en la primera fase de la circulación, M′ – D′; por tanto, desde el principio como transformación de P, el capital productivo, en forma dineraria, mediada por la venta del producto-mercancía. El capital dinerario existe aquí desde el principio como forma no originaria y no definitiva del valor del capital, ya que solo despojándose de nuevo de la forma dineraria puede consumarse la fase D – M, que cierra la fase M – D. La parte de D – M que es a la vez D – FT ya no aparece, por tanto, como mero adelanto de dinero por la compra de fuerza de trabajo, sino como adelanto en el que se adelantan a la fuerza de trabajo, en forma dineraria, las mismas 1.000 libras de hilo, por valor de 50 £, que forman parte del valor-mercancía creado por la fuerza de trabajo. El dinero que aquí se adelanta al obrero no es más que la forma de equivalente transformada de una parte del valor del valor-mercancía producido por él mismo. Y ya por eso el acto D – M, en tanto es D – FT, no es en modo alguno mera sustitución de una mercancía en forma dineraria por una mercancía en forma de uso, sino que incluye otros elementos independientes de la circulación general de mercancías como tal.
D′ aparece como forma transformada de M′, que a su vez es producto de la función pasada de P, del proceso de producción; la suma de dinero D′ en su conjunto, por tanto, como expresión dineraria de trabajo pasado. En nuestro ejemplo: 10.000 libras de hilo = 500 £, producto del proceso de hilado; de ellas, 7.440 libras de hilo = al capital constante adelantado c = 372 £; 1.000 libras de hilo = al capital variable adelantado v = 50 £, y 1.560 libras de hilo = a la plusvalía p = 78 £. Si de D′ solo se adelanta de nuevo el capital originario = 422 £, en circunstancias por lo demás iguales, el obrero recibe adelantada en D – FT la semana siguiente solo una parte de las 10.000 libras de hilo producidas en esta semana (el valor en dinero de 1.000 libras de hilo). Como resultado de M – D, el dinero es siempre expresión de trabajo pasado. En la medida en que el acto complementario D – M se consuma enseguida en el mercado de mercancías, es decir, D se cambia por mercancías existentes que se encuentran en el mercado, es de nuevo conversión de trabajo pasado de una forma (dinero) a otra forma (mercancía). Pero D – M difiere en el tiempo de M – D. Puede ser simultáneo, excepcionalmente, si, por ejemplo, el capitalista que efectúa D – M y el capitalista para quien este acto es M – D se transfieren mutuamente sus mercancías al mismo tiempo y D solo salda entonces la diferencia. La diferencia de tiempo entre la ejecución de M – D y la de D – M puede ser más o menos considerable. Aunque D, como resultado del acto M – D, representa trabajo pasado, D puede representar para el acto D – M la forma transformada de mercancías que todavía no se encuentran en absoluto en el mercado, sino que solo se encontrarán en él en el futuro, ya que D – M no necesita efectuarse hasta que M haya sido producido de nuevo. Igualmente, D puede representar mercancías que se producen al mismo tiempo que el M del cual es expresión dineraria. Por ejemplo, en la conversión D – M (compra de medios de producción) el carbón puede comprarse antes de haber sido sacado de la mina. En la medida en que d figura como acumulación de dinero y no se gasta como rédito, puede representar algodón que no se producirá hasta el año próximo. Lo mismo ocurre en el gasto del rédito del capitalista, d – m. Lo mismo ocurre con el salario FT = 50 £; este dinero no es solo forma dineraria del trabajo pasado de los obreros, sino a la vez una asignación sobre trabajo simultáneo o futuro, que apenas se está realizando o que ha de realizarse en el futuro. El obrero puede comprar con él una levita que no se confeccionará hasta la semana próxima. Esto ocurre en especial con el número muy grande de medios de subsistencia necesarios que han de consumirse casi inmediatamente en el momento de su producción si no se quiere que se echen a perder. Así, en el dinero en que se le paga su salario, el obrero recibe la forma transformada de su propio trabajo futuro o del de otros obreros. Con una parte de su trabajo pasado, el capitalista le da una asignación sobre su propio trabajo futuro. Es su propio trabajo simultáneo o futuro el que forma la provisión aún no existente con la que se le paga su trabajo pasado. Aquí desaparece por completo la idea de la formación de provisiones.
Segundo: en la circulación M – D – M < FT/MP el mismo dinero cambia dos veces de lugar; el capitalista lo recibe primero como vendedor y lo entrega como comprador; la transformación de la mercancía en forma dineraria solo sirve para transformarla de nuevo de la forma dineraria en forma de mercancía; la forma dineraria del capital, su existencia como capital dinerario, es, por tanto, en este movimiento solo un momento evanescente; o bien el capital dinerario, en la medida en que el movimiento es fluido, solo aparece como medio de circulación cuando sirve como medio de compra; aparece como medio de pago propiamente dicho cuando los capitalistas se compran mutuamente unos a otros y, por tanto, solo hay que saldar el balance de pagos.
Tercero: la función del capital dinerario, sirva como mero medio de circulación o como medio de pago, solo media la sustitución de M por FT y MP, es decir, la sustitución del hilo, del producto-mercancía en que desemboca el capital productivo (tras deducir la plusvalía que ha de emplearse como rédito), por sus elementos de producción; por tanto, la reconversión del valor del capital de su forma de mercancía en los elementos formadores de esa mercancía; media, pues, en definitiva, solo la reconversión del capital mercantil en capital productivo.
Para que el ciclo se consume normalmente, M′ tiene que venderse por su valor y en su totalidad. Además, M – D – M no solo incluye la sustitución de una mercancía por otra, sino la sustitución en las mismas relaciones de valor. Nuestro supuesto es que esto ocurre aquí. Pero, de hecho, los valores de los medios de producción varían; precisamente a la producción capitalista le es propio un cambio continuo de las relaciones de valor, ya solo por el cambio constante en la productividad del trabajo que caracteriza a la producción capitalista. A este cambio de valor de los factores de producción, que estudiaremos más adelante, aquí solo aludimos. La transformación de los elementos de producción en producto-mercancía, de P en M′, se efectúa en la esfera de la producción; la reconversión de M′ en P, en la esfera de la circulación. Está mediada por la metamorfosis simple de las mercancías. Pero su contenido es un momento del proceso de reproducción considerado como un todo. M – D – M, como forma de circulación del capital, incluye un metabolismo funcionalmente determinado. La conversión M – D – M implica además que M = los elementos de producción de la cantidad de mercancías M′, y que estos mantienen entre sí sus relaciones de valor originarias; se presupone, pues, no solo que las mercancías se compran por su valor, sino también que durante el ciclo no sufren ningún cambio de valor; si no, el proceso no puede transcurrir normalmente.
En D … D′, D es la forma originaria del valor del capital, de la que este se despoja para volver a adoptarla. En P … M′ – D′ – M … P, D es solo una forma adoptada en el proceso, de la que se despoja ya dentro de él. La forma dineraria aparece aquí solo como forma de valor independiente y evanescente del capital; el capital como M′ está tan ansioso por adoptarla como, en cuanto D′, por despojarse de ella apenas se ha envuelto en ella como en una crisálida, para convertirse de nuevo en la forma del capital productivo. Mientras persiste en la figura dineraria, no funciona como capital y, por tanto, no se valoriza; el capital está ocioso. D actúa aquí como medio de circulación, pero como medio de circulación del capital. La apariencia de independencia que posee la forma dineraria del valor del capital en la primera forma de su ciclo (la del capital dinerario) desaparece en esta segunda forma, que constituye así la crítica de la forma I y la reduce a una forma meramente particular. Si la segunda metamorfosis, D – M, tropieza con obstáculos (si faltan, por ejemplo, los medios de producción en el mercado), el ciclo, el flujo del proceso de reproducción, queda interrumpido, exactamente igual que si el capital queda inmovilizado en la forma del capital mercantil. Pero la diferencia es esta: en forma dineraria puede aguantar más que en la perecedera forma de mercancía. No deja de ser dinero si no funciona como capital dinerario; pero deja de ser mercancía, y en general valor de uso, si se le retiene demasiado tiempo en su función de capital mercantil. En segundo lugar, en forma dineraria es capaz de adoptar, en lugar de su forma originaria de capital productivo, otra distinta, mientras que como M′ no se mueve en absoluto de su sitio.
M′ – D′ – M, por su forma, solo incluye para M′ actos de circulación que son momentos de su reproducción; pero la reproducción real de M, en que se convierte M′, es necesaria para la ejecución de M′ – D′ – M; y esta está condicionada por procesos de reproducción que se hallan fuera del proceso de reproducción del capital individual representado en M′. —
En la forma I, D – M < FT/MP solo prepara la primera transformación de capital dinerario en capital productivo; en la forma II, la reconversión de capital mercantil en capital productivo; es decir, en la medida en que la inversión del capital industrial siga siendo la misma, la reconversión del capital mercantil en los mismos elementos de producción de los que surgió. Aparece, por tanto, aquí, como en la forma I, como fase preparatoria del proceso de producción, pero como retorno a este, como renovación de este; por tanto, como precursora del proceso de reproducción y, en consecuencia, también de la repetición del proceso de valorización.
Hay que observar de nuevo que D – FT no es simple intercambio de mercancías, sino compra de una mercancía, FT, que ha de servir a la producción de plusvalía, igual que D – MP solo es el procedimiento materialmente indispensable para la ejecución de este fin.
Con la consumación de D – M < FT/MP, D se ha reconvertido en capital productivo, en P, y el ciclo comienza de nuevo.
La forma explícita de P … M′ – D′ – M … P es, pues:
⎧ M ⎫ ──── ⎧ D ⎫ ── M < FT/MP … P
P … M′ ⎨ + ⎬ ⎨ + ⎬
⎩ m ⎭ ──── ⎩ d ⎭ ── m
La transformación de capital dinerario en capital productivo es compra de mercancías para la producción de mercancías. Solo en la medida en que el consumo es este consumo productivo cae dentro del ciclo del capital mismo; su condición es que, mediante las mercancías así consumidas, se haga plusvalía. Y esto es algo muy distinto de la producción, e incluso de la producción de mercancías, cuyo fin es la existencia de los productores; una sustitución de mercancía por mercancía condicionada de este modo por la producción de plusvalía es algo completamente distinto de lo que es en sí el intercambio de productos, mediado solo por el dinero. Pero así toman la cosa los economistas como prueba de que no es posible ninguna sobreproducción.
Además del consumo productivo de D, que se transforma en FT y MP, el ciclo contiene el primer eslabón de D – FT, que para el obrero es FT – D = M – D. De la circulación del obrero, FT – D – M, que incluye su consumo, solo cae en el ciclo del capital el primer eslabón, como resultado de D – FT. El segundo acto, es decir, D – M, no cae en la circulación del capital individual, aunque surja de ella. Pero la existencia constante de la clase obrera es necesaria para la clase capitalista y, por tanto, también el consumo del obrero mediado por D – M.
El acto M′ – D′ solo presupone, para la continuación del ciclo del valor del capital, así como para el consumo de la plusvalía por el capitalista, que M′ se haya transformado en dinero, que se haya vendido. Naturalmente, solo se compra porque el artículo es un valor de uso, apto, por tanto, para un consumo de cualquier clase, productivo o individual. Pero si M′ sigue circulando, por ejemplo en manos del comerciante que ha comprado el hilo, esto no afecta de entrada en absoluto a la continuación del ciclo del capital individual que ha producido el hilo y lo ha vendido al comerciante. Todo el proceso sigue su curso, y con él también el consumo individual del capitalista y del obrero condicionado por él. Un punto importante al considerar las crisis.
En efecto, en cuanto M′ se ha vendido, se ha transformado en dinero, puede reconvertirse en los factores reales del proceso de trabajo y, por tanto, del proceso de reproducción. Que M′ lo haya comprado el consumidor definitivo o el comerciante que quiere revenderlo no cambia, pues, directamente nada. El volumen de las masas de mercancías generadas por la producción capitalista está determinado por la escala de esta producción y por la necesidad de la ampliación constante de esta última, no por un círculo predestinado de demanda y oferta, de necesidades que satisfacer. La producción en masa solo puede tener como comprador directo, además de otros capitalistas industriales, al gran comerciante. Dentro de ciertos límites, el proceso de reproducción puede efectuarse en la misma escala o en una escala ampliada aunque las mercancías expulsadas de él no hayan entrado realmente en el consumo individual o productivo. El consumo de las mercancías no está incluido en el ciclo del capital del que han salido. En cuanto el hilo, por ejemplo, se ha vendido, el ciclo del valor del capital representado en el hilo puede comenzar de nuevo, sea lo que fuere de momento del hilo vendido. Mientras el producto se vende, desde el punto de vista del productor capitalista todo sigue su curso regular. El ciclo del valor del capital que él representa no se interrumpe. Y si este proceso se amplía —lo que incluye un consumo productivo ampliado de los medios de producción—, esta reproducción del capital puede ir acompañada de un consumo individual (y, por tanto, de una demanda) ampliado de los obreros, ya que se inicia y se media por el consumo productivo. Así, la producción de plusvalía y con ella también el consumo individual del capitalista pueden crecer, todo el proceso de reproducción puede encontrarse en el estado más floreciente y, sin embargo, una gran parte de las mercancías puede haber entrado en el consumo solo en apariencia, mientras en realidad permanece almacenada sin vender en manos de revendedores y, por tanto, se encuentra de hecho todavía en el mercado. Entonces sigue un torrente de mercancías a otro, y acaba por salir a la luz que el torrente anterior solo en apariencia ha sido engullido por el consumo. Los capitales mercantiles se disputan mutuamente su sitio en el mercado. Los que llegan detrás, para vender, venden por debajo del precio. Los torrentes anteriores aún no se han convertido en dinero, mientras vencen los plazos de pago correspondientes. Sus poseedores tienen que declararse insolventes o vender a cualquier precio para pagar. Esta venta no tiene absolutamente nada que ver con el estado real de la demanda. Solo tiene que ver con la demanda de pago, con la necesidad absoluta de transformar mercancía en dinero. Entonces estalla la crisis. No se hace visible en la disminución directa de la demanda de consumo, de la demanda para el consumo individual, sino en la disminución del intercambio de capital por capital, del proceso de reproducción del capital. —
Si las mercancías MP y FT en que se ha convertido D para cumplir su función de capital dinerario, de valor del capital destinado a reconvertirse en capital productivo; si estas mercancías han de comprarse o pagarse en fechas distintas, y D – M representa, por tanto, una serie de compras y pagos que se suceden unos a otros, una parte de D efectúa el acto D – M mientras otra parte permanece en estado de dinero, para servir solo en un momento determinado por las condiciones del proceso mismo a actos D – M simultáneos o sucesivos. Solo se sustrae temporalmente a la circulación para entrar en acción, para ejercer su función, en el momento determinado. Este almacenamiento suyo es entonces, a su vez, una función determinada por su circulación y para la circulación. Su existencia como fondo de compra y de pago, la suspensión de su movimiento, el estado de su circulación interrumpida, es entonces un estado en el que el dinero ejerce una de sus funciones como capital dinerario. Como capital dinerario, porque en este caso el dinero que permanece temporalmente en reposo es él mismo una parte del capital dinerario D (de D′ – d = D), de la parte del valor del capital mercantil que es = P, el valor del capital productivo del que parte el ciclo. Por otro lado, todo dinero sustraído a la circulación se encuentra en forma de tesoro. La forma de tesoro del dinero se convierte, pues, aquí en función del capital dinerario, exactamente igual que en D – M la función del dinero como medio de compra o de pago se convierte en función del capital dinerario, y precisamente porque el valor del capital existe aquí en forma dineraria, porque el estado de dinero es aquí un estado del capital industrial, prescrito por la conexión del ciclo, en uno de sus estadios. Pero aquí se confirma de nuevo, a la vez, que el capital dinerario, dentro del ciclo del capital industrial, no realiza otras funciones que funciones de dinero, y que estas funciones de dinero solo tienen a la vez el significado de funciones de capital por su conexión con los otros estadios de este ciclo.
La representación de D′ como relación de d con D, como relación de capital, no es directamente una función del capital dinerario, sino del capital mercantil M′, que a su vez, como relación de m y M, solo expresa el resultado del proceso de producción, de la autovalorización del valor del capital efectuada en él.
Si el avance del proceso de circulación tropieza con obstáculos, de modo que D, por circunstancias externas, la situación del mercado, etc., tiene que suspender su función D – M y, por ello, permanece más o menos tiempo en su estado de dinero, se trata de nuevo de un estado de tesoro del dinero que se da también en la circulación simple de mercancías en cuanto el paso de M – D a D – M se ve interrumpido por circunstancias externas. Es un atesoramiento involuntario. En nuestro caso, el dinero tiene así la forma de capital dinerario ocioso, latente. Pero de momento no nos detendremos más en ello.
Pero en ambos casos la permanencia del capital dinerario en su estado de dinero aparece como resultado de un movimiento interrumpido, sea este conforme o contrario al fin, voluntario o involuntario, conforme o contrario a su función.
II. Acumulación y reproducción en escala ampliada
Como las proporciones en que el proceso de producción puede ampliarse no son arbitrarias, sino que vienen prescritas técnicamente, la plusvalía realizada, aunque destinada a capitalizarse, a menudo solo mediante la repetición de diversos ciclos puede crecer hasta alcanzar el volumen (y, por tanto, tiene que acumularse hasta entonces) con el que realmente puede funcionar como capital adicional o entrar en el ciclo del valor del capital en proceso. La plusvalía se solidifica, pues, en tesoro y en esta forma constituye capital dinerario latente. Latente porque, mientras permanece en la forma dineraria, no puede actuar como capital.13 Así, el atesoramiento aparece aquí como un momento comprendido dentro del proceso capitalista de acumulación, que lo acompaña, pero que a la vez es esencialmente distinto de él. Pues la formación de capital dinerario latente no amplía el proceso de reproducción mismo. Al contrario. Aquí se forma capital dinerario latente porque el productor capitalista no puede ampliar directamente la escala de su producción. Si vende su plusproducto a un productor de oro o de plata que lanza a la circulación oro o plata nuevos, o, lo que viene a ser lo mismo, a un comerciante que importa del extranjero oro o plata adicionales a cambio de una parte del plusproducto nacional, su capital dinerario latente constituye un incremento del tesoro nacional de oro o de plata. En todos los demás casos, las 78 £, por ejemplo, que en manos del comprador eran medio de circulación, solo han adoptado en manos del capitalista la forma de tesoro; solo ha tenido lugar, pues, una distribución distinta del tesoro nacional de oro o de plata.
Si en las transacciones de nuestro capitalista el dinero funciona como medio de pago (de modo que el comprador no tenga que pagar la mercancía hasta un plazo más o menos largo), el plusproducto destinado a la capitalización no se transforma en dinero, sino en créditos, en títulos de propiedad sobre un equivalente que el comprador quizá ya posee, quizá solo tiene en perspectiva. No entra en el proceso de reproducción del ciclo, como tampoco el dinero invertido en títulos que rinden interés, etc., aunque pueda entrar en el ciclo de otros capitales industriales individuales.
Todo el carácter de la producción capitalista está determinado por la valorización del valor del capital adelantado; es decir, en primera instancia, por la producción de la mayor cantidad posible de plusvalía; pero, en segundo lugar (véase el libro I, cap. XXII), por la producción de capital, es decir, por la transformación de plusvalía en capital. La acumulación o producción en escala ampliada, que aparece como medio para una producción de plusvalía cada vez más extensa y, por tanto, para el enriquecimiento del capitalista, como fin personal de este, y que está incluida en la tendencia general de la producción capitalista, se convierte además, como se mostró en el libro primero, en virtud de su desarrollo, en una necesidad para cada capitalista individual. El aumento constante de su capital se convierte en condición de la conservación de este. Pero no tenemos por qué volver más sobre lo expuesto anteriormente.
Consideramos primero la reproducción simple, en la que se suponía que toda la plusvalía se gasta como rédito. En la realidad, en condiciones normales, siempre una parte de la plusvalía tiene que gastarse como rédito y otra parte capitalizarse, y es completamente indiferente que la plusvalía producida en determinados períodos se consuma unas veces entera y otras se capitalice entera. En el promedio del movimiento —y la fórmula general solo puede representar este promedio— ocurren ambas cosas. Sin embargo, para no complicar la fórmula, es mejor suponer que se acumula toda la plusvalía. La fórmula P … M′ – D′ – M′ < FT/MP … P′ expresa: capital productivo que se reproduce en una escala mayor y con un valor mayor, y que como capital productivo acrecentado inicia su segundo ciclo o, lo que es lo mismo, renueva su primer ciclo. En cuanto comienza este segundo ciclo, volvemos a tener P como punto de partida; solo que P es un capital productivo mayor de lo que era el primer P. Así, cuando en la fórmula D … D′ el segundo ciclo comienza con D′, D′ funciona como D, como capital dinerario adelantado de una magnitud determinada; es un capital dinerario mayor que aquel con el que se abrió el primer ciclo, pero toda referencia a su acrecentamiento por capitalización de plusvalía ha desaparecido en cuanto aparece en la función de capital dinerario adelantado. Este origen queda borrado en su forma de capital dinerario que comienza su ciclo. Lo mismo ocurre con P′ en cuanto funciona como punto de partida de un nuevo ciclo.
Si comparamos P … P′ con D … D′, o con el primer ciclo, no tienen en absoluto el mismo significado. D … D′, tomado por sí mismo como ciclo aislado, solo expresa que D, el capital dinerario (o el capital industrial en su ciclo como capital dinerario), es dinero que incuba dinero, valor que incuba valor, que pone plusvalía. En el ciclo de P, en cambio, el proceso de valorización mismo ya se ha consumado al terminar el primer estadio, el proceso de producción, y, tras recorrer el segundo estadio (el primer estadio de la circulación), M′ – D′, el valor del capital + la plusvalía existen ya como capital dinerario realizado, como D′, que aparecía como último extremo en el primer ciclo. Que se ha producido plusvalía está representado en la forma de P … P considerada en primer lugar (véase la fórmula explícita en la p. 47)14 por m – d – m, que en su segundo estadio cae fuera de la circulación del capital y representa la circulación de la plusvalía como rédito. En esta forma, donde todo el movimiento se representa en P … P y, por tanto, no hay diferencia de valor entre los dos puntos extremos, la valorización del valor adelantado, la generación de plusvalía, está, pues, representada igual que en D … D′; solo que el acto M′ – D′ aparece como último estadio en D … D′, y como segundo del ciclo y primero de la circulación en P … P.
En P … P′, P′ expresa, no que se ha producido plusvalía, sino que la plusvalía producida se ha capitalizado, es decir, que se ha acumulado capital, y que, por tanto, P′, frente a P, consiste en el valor del capital originario más el valor del capital acumulado mediante el movimiento de aquel.
D′, como mera conclusión de D … D′, así como M′, tal como aparece dentro de todos estos ciclos, no expresan, tomados por sí mismos, el movimiento, sino su resultado: la valorización del valor del capital realizada en forma de mercancía o en forma de dinero y, por tanto, el valor del capital como D + d o como M + m, como relación del valor del capital con su plusvalía, como con su vástago. Expresan este resultado como distintas formas de circulación del valor del capital valorizado. Pero ni en la forma M′ ni en la forma D′ la valorización ocurrida es ella misma una función, sea del capital dinerario, sea del capital mercantil. Como formas particulares, distintas, como modos de existencia que corresponden a funciones particulares del capital industrial, el capital dinerario solo puede realizar funciones de dinero, el capital mercantil solo funciones de mercancía, y su diferencia mutua es solo la que hay entre dinero y mercancía. Igualmente, el capital industrial, en su forma de capital productivo, solo puede constar de los mismos elementos que cualquier otro proceso de trabajo formador de productos: por un lado, condiciones objetivas de trabajo (medios de producción); por otro, fuerza de trabajo que actúa productivamente (conforme a un fin). Así como el capital industrial, dentro de la esfera de la producción, solo puede existir en la composición que corresponde al proceso de producción en general y, por tanto, también al proceso de producción no capitalista, en la esfera de la circulación solo puede existir en las dos formas que le corresponden, la de mercancía y la de dinero. Pero así como la suma de los elementos de producción se anuncia desde el principio como capital productivo por el hecho de que la fuerza de trabajo es fuerza de trabajo ajena, que el capitalista ha comprado a su propio poseedor exactamente igual que ha comprado sus medios de producción a otros poseedores de mercancías; así como, por tanto, también el proceso de producción mismo aparece como función productiva del capital industrial, así también el dinero y la mercancía aparecen como formas de circulación del mismo capital industrial y, por tanto, también sus funciones como funciones de circulación de este, que o bien inician las funciones del capital productivo o bien brotan de ellas. Solo por su conexión como formas funcionales que el capital industrial tiene que desempeñar en los distintos estadios de su proceso cíclico, la función de dinero y la función de mercancía son aquí a la vez función de capital dinerario y de capital mercantil. Es, pues, un error querer derivar de su carácter de capital las propiedades y funciones específicas que caracterizan al dinero como dinero y a la mercancía como mercancía, y es igualmente un error, a la inversa, derivar las propiedades del capital productivo de su modo de existencia en medios de producción.
En cuanto D′ o M′ se fijan como D + d, M + m, es decir, como relación del valor del capital con la plusvalía como con su vástago, esta relación queda expresada en ambos, una vez en forma dineraria, la otra en forma de mercancía, lo que no cambia nada en la cosa misma. Esta relación no brota, por tanto, ni de propiedades y funciones que corresponden al dinero como tal ni de las que corresponden a la mercancía como tal. En ambos casos, la propiedad que caracteriza al capital, la de ser valor que incuba valor, solo está expresada como resultado. M′ es siempre el producto de la función de P, y D′ es siempre solo la forma de M′ transformada en el ciclo del capital industrial. Por eso, en cuanto el capital dinerario realizado reanuda su función particular de capital dinerario, deja de expresar la relación de capital contenida en D′ = D + d. Una vez recorrido D … D′, cuando D′ comienza de nuevo el ciclo, no figura como D′, sino como D, aun cuando se capitalice toda la plusvalía contenida en D′. En nuestro caso, el segundo ciclo comienza con un capital dinerario de 500 £, en lugar de con 422 £ como el primero. El capital dinerario que abre el ciclo es 78 £ mayor que antes; esta diferencia existe en la comparación de un ciclo con otro; pero esta comparación no existe dentro de cada ciclo singular. Las 500 £ adelantadas como capital dinerario, de las que 78 £ existían antes como plusvalía, no desempeñan otro papel que 500 £ con las que otro capitalista abre su primer ciclo. Lo mismo ocurre en el ciclo del capital productivo. El P′ acrecentado aparece al reiniciarse como P, igual que P en la reproducción simple P … P.
En el estadio D′ – M′ < FT/MP la magnitud acrecentada solo está indicada por M′, pero no por FT′ y MP′. Como M es la suma de FT y MP, ya M′ indica que la suma de FT y MP contenida en él es mayor que el P originario. Pero, en segundo lugar, la designación FT′ y MP′ sería falsa, porque sabemos que con el crecimiento del capital va unido un cambio en su composición de valor, en cuyo curso el valor de MP crece y el de FT disminuye siempre relativamente, a menudo de forma absoluta.
III. Acumulación de dinero
Que d, la plusvalía convertida en oro, pueda añadirse enseguida de nuevo al valor del capital en proceso y entrar así, junto con el capital D, con la magnitud D′, en el proceso cíclico depende de circunstancias que son independientes de la mera existencia de d. Si d ha de servir como capital dinerario en un segundo negocio independiente, que se instale junto al primero, está claro que solo es utilizable para ello si posee la magnitud mínima requerida por tal negocio. Si ha de emplearse para ampliar el negocio originario, las relaciones entre los factores materiales de P y sus relaciones de valor condicionan igualmente una magnitud mínima determinada para d. Todos los medios de producción que actúan en este negocio no solo guardan entre sí una relación cualitativa, sino una relación cuantitativa determinada, un volumen proporcional. Estas relaciones materiales, y las relaciones de valor que descansan en ellas, de los factores que entran en el capital productivo determinan el volumen mínimo que d tiene que poseer para poder convertirse en medios de producción y fuerza de trabajo adicionales, o solo en los primeros, como incremento del capital productivo. Así, el hilandero no puede aumentar el número de sus husos sin adquirir al mismo tiempo las cardas y mecheras correspondientes, aparte del mayor gasto en algodón y salarios que tal ampliación del negocio implica. Para llevar a cabo esta última, la plusvalía tiene que alcanzar, pues, ya una suma considerable (suele calcularse 1 £ de nueva adquisición por huso). Mientras d no posea este volumen mínimo, el ciclo del capital tiene que repetirse varias veces, hasta que la suma de los d generados sucesivamente por él pueda funcionar junto con D, es decir, en D′ – M′ < FT/MP. Ya meros cambios de detalle, por ejemplo en la maquinaria de hilar, en la medida en que la hacen más productiva, requieren un gasto mayor en material de hilado, la ampliación de la maquinaria de preparación del hilado, etc. En el intervalo, d se va acumulando, pues, y su acumulación no es función suya propia, sino el resultado de repetidos P … P. Su función propia es su permanencia en estado de dinero hasta que, a partir de los repetidos ciclos de valorización, es decir, desde fuera, haya recibido aportes suficientes para alcanzar la magnitud mínima requerida para su función activa, la única magnitud con la que puede entrar realmente, como capital dinerario —en el caso dado, como parte acumulada del capital dinerario D en funciones—, en la función de este último. En el intervalo se va acumulando y solo existe en la forma de un tesoro en proceso de formación, en crecimiento. La acumulación de dinero, el atesoramiento, aparece, pues, aquí como un proceso que acompaña pasajeramente a la acumulación real, a la ampliación de la escala en que actúa el capital industrial. Pasajeramente, pues mientras el tesoro permanece en su estado de tesoro no funciona como capital, no participa en el proceso de valorización, sigue siendo una suma de dinero que solo crece porque se echa en la misma caja dinero existente sin intervención suya.
La forma del tesoro es solo la forma del dinero que no se encuentra en circulación, del dinero interrumpido en su circulación y que por eso se conserva en su forma dineraria. En lo que respecta al proceso mismo de atesorar, es común a toda producción de mercancías y solo desempeña un papel como fin en sí mismo en las formas precapitalistas no desarrolladas de esta. Pero aquí el tesoro aparece como forma del capital dinerario y el atesoramiento como un proceso que acompaña pasajeramente a la acumulación del capital, porque y en la medida en que el dinero figura aquí como capital dinerario latente; porque el atesoramiento, el estado de tesoro de la plusvalía existente en forma dineraria, es un estadio preparatorio, funcionalmente determinado y que transcurre fuera del ciclo del capital, de la transformación de la plusvalía en capital que funciona realmente. Es, pues, capital dinerario latente por esta determinación suya, por lo que también el volumen que tiene que haber alcanzado para entrar en el proceso está determinado por la composición de valor que en cada caso tenga el capital productivo. Pero, mientras permanece en estado de tesoro, todavía no funciona como capital dinerario, es todavía capital dinerario ocioso; no, como antes, interrumpido en su función, sino todavía no capaz de ejercerla.
Tomamos aquí la acumulación de dinero en su forma real originaria, como tesoro dinerario efectivo. También puede existir en la forma de meros saldos a favor, de créditos del capitalista que ha vendido M′. En cuanto a las otras formas en que este capital dinerario latente existe en el intervalo bajo la figura misma de dinero que incuba dinero, por ejemplo como depósito que rinde interés en un banco, en letras de cambio o en valores de cualquier clase, no corresponden a este lugar. La plusvalía realizada en dinero realiza entonces funciones de capital particulares fuera del ciclo del capital industrial del que ha brotado; funciones que, en primer lugar, no tienen nada que ver con aquel ciclo como tal y que, en segundo lugar, presuponen funciones de capital distintas de las funciones del capital industrial, que aquí aún no se han desarrollado.
IV. Fondo de reserva
En la forma que acabamos de considerar, el tesoro como el cual existe la plusvalía es fondo de acumulación de dinero, la forma dineraria que la acumulación del capital posee pasajeramente y, en esa medida, condición él mismo de esta última. Pero este fondo de acumulación puede prestar también servicios accesorios particulares, es decir, entrar en el proceso cíclico del capital sin que este posea la forma P … P′, es decir, sin que la reproducción capitalista se haya ampliado.
Si el proceso M′ – D′ se prolonga más allá de su medida normal, es decir, si el capital mercantil queda retenido de forma anormal en su transformación en forma dineraria; o si, una vez efectuada esta, el precio de los medios de producción en que ha de convertirse el capital dinerario, por ejemplo, ha subido por encima del nivel que tenía al comienzo del ciclo, el tesoro que funciona como fondo de acumulación puede emplearse para ocupar el lugar del capital dinerario o de una parte de él. El fondo de acumulación de dinero sirve así como fondo de reserva para compensar las perturbaciones del ciclo.
Como tal fondo de reserva es distinto del fondo de medios de compra o de pago considerado en el ciclo P … P. Estos últimos son una parte del capital dinerario en funciones (es decir, formas de existencia de una parte del valor del capital en proceso en general), cuyas partes solo entran en funciones sucesivamente, en distintos plazos. En la continuidad del proceso de producción se forma constantemente capital dinerario de reserva, ya que los pagos recibidos hoy no han de volver a efectuarse hasta una fecha posterior, y las masas de mercancías mayores vendidas hoy no han de volver a comprarse hasta días posteriores; en estos intervalos, una parte del capital circulante existe, pues, constantemente en forma dineraria. El fondo de reserva, en cambio, no es un componente del capital en funciones, más concretamente del capital dinerario, sino del capital que se halla en un estadio previo de su acumulación, de la plusvalía aún no transformada en capital activo. Por lo demás, se entiende por sí mismo que el capitalista en apuros no se pregunta en absoluto por las funciones determinadas del dinero que tiene en sus manos, sino que emplea lo que tiene para mantener en marcha el proceso cíclico de su capital. Por ejemplo, en nuestro ejemplo, D = 422 £, D′ = 500 £. Si una parte del capital de 422 £ existe como fondo de medios de pago y de compra, como provisión de dinero, está calculada para que, en circunstancias constantes, entre entera en el ciclo, pero también para que baste para ello. El fondo de reserva, en cambio, es una parte de las 78 £ de plusvalía; solo puede entrar en el proceso cíclico del capital de 422 £ de valor en la medida en que este ciclo se efectúe en circunstancias que no se mantienen iguales; pues es una parte del fondo de acumulación y figura aquí sin ampliación de la escala de la reproducción.
El fondo de acumulación de dinero es ya existencia de capital dinerario latente; es decir, transformación de dinero en capital dinerario.
La fórmula general del ciclo del capital productivo, que reúne la reproducción simple y la reproducción en escala ampliada, es:
1 2
╭─────╮ ╭───╮
P … M′ – D′. D – M < FT/MP … P (P′)
Si P = P, entonces D en 2) = D′ – d; si P = P′, entonces D en 2) es mayor que D′ – d; es decir, d se ha transformado total o parcialmente en capital dinerario.
El ciclo del capital productivo es la forma en que la economía clásica considera el proceso cíclico del capital industrial.
Capítulo tercero. El ciclo del capital mercantil
La fórmula general del ciclo del capital mercantil es:
M′ – D′ – M … P … M′.
M′ no aparece solo como producto, sino también como presupuesto de los dos ciclos anteriores, ya que lo que para un capital es D – M incluye ya M′ – D′ para el otro, al menos en la medida en que una parte de los medios de producción es a su vez el producto-mercancía de otros capitales individuales que se encuentran en su ciclo. En nuestro caso, por ejemplo, el carbón, las máquinas, etc., son el capital mercantil del explotador de minas, del constructor capitalista de máquinas, etc. Además, ya en el cap. I, 4, se mostró que ya en la primera repetición de D … D′, ya antes de que este segundo ciclo del capital dinerario se haya completado, se presupone no solo el ciclo P … P, sino también el ciclo M … M′.
Si tiene lugar reproducción en escala ampliada, el M′ final es mayor que el M′ inicial y por eso lo designaremos aquí con M′′.
La diferencia entre la tercera forma y las dos primeras se muestra, en primer lugar, en que aquí la circulación global, con sus dos fases opuestas, abre el ciclo, mientras que en la forma I la circulación se ve interrumpida por el proceso de producción, y en la forma II la circulación global, con sus dos fases complementarias, solo aparece como mediación del proceso de reproducción y constituye, por tanto, el movimiento mediador entre P … P. En D … D′, la forma de la circulación es D – M … M′ – D′ = D – M – D. En P … P es la inversa: M′ – D′. D – M = M – D – M. En M′ … M′ tiene igualmente esta última forma.
En segundo lugar: en la repetición de los ciclos I y II, aun cuando los puntos finales D′ y P′ constituyen los puntos de partida del ciclo renovado, desaparece la forma en que fueron generados. D′ = D + d, P′ = P + p comienzan el nuevo proceso de nuevo como D y P. En la forma III, en cambio, el punto de partida M tiene que designarse como M′, también cuando el ciclo se renueva en la misma escala, y ello por la siguiente razón. En la forma I, en cuanto D′ abre como tal un nuevo ciclo, funciona como capital dinerario D, adelanto en forma dineraria del valor del capital que ha de valorizarse. La magnitud del capital dinerario adelantado ha aumentado, acrecentada por la acumulación efectuada en el primer ciclo. Pero que la magnitud del capital dinerario adelantado sea de 422 £ o de 500 £ no cambia nada en el hecho de que aparece como mero valor del capital. D′ ya no existe como capital valorizado o preñado de plusvalía, como relación de capital. Pues ha de valorizarse primero en el proceso. Lo mismo vale para P … P′; P′ tiene que seguir funcionando siempre como P, como valor del capital que ha de producir plusvalía, y renovar el ciclo. — El ciclo del capital mercantil, en cambio, no se abre con valor del capital, sino con valor del capital acrecentado en forma de mercancía, e incluye, por tanto, desde el principio el ciclo no solo del valor del capital existente en forma de mercancía, sino también de la plusvalía. Si en esta forma tiene lugar, pues, reproducción simple, aparece en el punto final un M′ de la misma magnitud que en el punto de partida. Si una parte de la plusvalía entra en el ciclo del capital, aparece ciertamente al final, en lugar de M′, M′′, un M′ mayor, pero el ciclo que sigue se abre de nuevo con M′, que solo es un M′ mayor que en el ciclo anterior y que comienza su nuevo ciclo con un valor del capital acumulado mayor y, por tanto, también con una plusvalía nuevamente generada proporcionalmente mayor. En todos los casos, M′ abre siempre el ciclo como un capital mercantil que es = valor del capital + plusvalía.
M′ como M no aparece en el ciclo de un capital industrial singular como forma de este capital, sino como forma de otro capital industrial, en la medida en que los medios de producción son producto de este. El acto D – M (es decir, D – MP) del primer capital es M′ – D′ para este segundo capital.
En el proceso de circulación D – M < FT/MP, FT y MP se comportan de forma idéntica en la medida en que son mercancías en manos de sus vendedores: aquí, de los obreros, que venden su fuerza de trabajo; allí, de los poseedores de los medios de producción, que venden estos. Para el comprador, cuyo dinero funciona aquí como capital dinerario, solo funcionan como mercancías mientras aún no los ha comprado, es decir, mientras se enfrentan a su capital existente en forma dineraria como mercancías de otros. MP y FT solo se distinguen aquí en la medida en que MP, en manos de su vendedor, puede ser M′, es decir, capital, si MP es forma de mercancía de su capital, mientras que FT es siempre para el obrero solo mercancía y solo se convierte en capital en manos del comprador, como componente de P.
M′ nunca puede, por tanto, abrir un ciclo como mero M, como mera forma de mercancía del valor del capital. Como capital mercantil es siempre algo doble. Desde el punto de vista del valor de uso, es el producto de la función de P, aquí hilo, cuyos elementos, FT y MP, procedentes de la circulación como mercancías, solo han funcionado como formadores de este producto. En segundo lugar, desde el punto de vista del valor, es el valor del capital P más la plusvalía p generada en la función de P.
Solo en el ciclo de M′ mismo puede y debe M = P = el valor del capital separarse de la parte de M′ en que existe la plusvalía, del plusproducto en que se encierra la plusvalía, sean ambos efectivamente separables, como en el hilo, o no, como en la máquina. Se vuelven separables cada vez que M′ se transforma en D′.
Si el producto-mercancía en su conjunto es separable en productos parciales homogéneos e independientes, como, por ejemplo, nuestras 10.000 libras de hilo, y el acto M′ – D′ puede representarse, por tanto, en una suma de ventas efectuadas sucesivamente, el valor del capital en forma de mercancía puede funcionar como M, separarse de M′, antes de que se realice la plusvalía, es decir, antes de que se realice M′ como un todo.
De las 10.000 libras de hilo a 500 £, el valor de 8.440 libras = 422 £ = el valor del capital, separado de la plusvalía. Si el capitalista vende primero 8.440 libras de hilo a 422 £, estas 8.440 libras de hilo representan M, el valor del capital en forma de mercancía; el plusproducto de 1.560 libras de hilo contenido además en M′ = plusvalía de 78 £ circularía después; el capitalista podría efectuar M – D – M < FT/MP antes de la circulación del plusproducto m – d – m.
O bien, si vendiera primero 7.440 libras de hilo por valor de 372 £ y después 1.000 libras de hilo por valor de 50 £, con la primera parte de M podrían reponerse los medios de producción (la parte constante del capital, c) y con la segunda parte de M la parte variable del capital, v, la fuerza de trabajo, y luego como antes.
Pero si tienen lugar tales ventas sucesivas y las condiciones del ciclo lo permiten, el capitalista, en lugar de dividir M′ en c + v + p, puede efectuar esta división también en partes alícuotas de M′.
Por ejemplo, las 7.440 libras de hilo = 372 £ que, como partes de M′ (10.000 libras de hilo = 500 £), representan la parte constante del capital son a su vez descomponibles en 5.535,360 libras de hilo por valor de 276,768 £, que solo reponen la parte constante, el valor de los medios de producción consumidos en 7.440 libras de hilo; 744 libras de hilo por valor de 37,200 £, que solo reponen el capital variable; 1.160,640 libras de hilo por valor de 58,032 £, que, como plusproducto, son portadoras de la plusvalía. De las 7.440 libras vendidas puede, pues, reponer el valor del capital contenido en ellas mediante la venta de 6.279,360 libras de hilo al precio de 313,968 £, y gastar como rédito el valor del plusproducto, 1.160,640 libras = 58,032 £.
Igualmente, puede descomponer además las 1.000 libras de hilo = 50 £ = el valor del capital variable, y venderlas en consecuencia: 744 libras de hilo a 37,200 £, valor del capital constante de las 1.000 libras de hilo; 100 libras de hilo a 5,000 £, parte variable del capital de ídem; por tanto, 844 libras de hilo a 42,200 £, reposición del valor del capital contenido en las 1.000 libras de hilo; finalmente, 156 libras de hilo por valor de 7,800 £, que representan el plusproducto contenido en ellas y pueden consumirse como tal.
Por último, puede descomponer las 1.560 libras de hilo restantes, por valor de 78 £, si la venta sale bien, de modo que la venta de 1.160,640 libras de hilo a 58,032 £ reponga el valor de los medios de producción contenidos en las 1.560 libras de hilo, y 156 libras de hilo por valor de 7,800 £ el valor del capital variable; en total, 1.316,640 libras de hilo = 65,832 £, reposición de todo el valor del capital; finalmente, el plusproducto, 243,360 libras = 12,168 £, queda para gastarse como rédito.
Así como cada elemento c, v, p existente en el hilo es descomponible a su vez en los mismos componentes, así también cada libra de hilo por valor de 1 chelín = 12 peniques.
| c = 0,744 libras de hilo = | 8,928 peniques |
| v = 0,100 libras de hilo = | 1,200 peniques |
| p = 0,156 libras de hilo = | 1,872 peniques |
| c + v + p = 1,000 libras de hilo = | 12,00 peniques |
Si sumamos los resultados de las tres ventas parciales anteriores, sale el mismo resultado que en la venta de las 10.000 libras de hilo de una sola vez.
Tenemos en capital constante:
| en la 1.ª venta: | 5.535,360 libras de hilo = | 276,768 £ |
| en la 2.ª venta: | 744,000 libras de hilo = | 37,200 £ |
| en la 3.ª venta: | 1.160,640 libras de hilo = | 58,032 £ |
| total | 7.440,000 libras de hilo = | 372,000 £ |
En capital variable:
| en la 1.ª venta: | 744,000 libras de hilo = | 37,200 £ |
| en la 2.ª venta: | 100,000 libras de hilo = | 5,000 £ |
| en la 3.ª venta: | 156,000 libras de hilo = | 7,800 £ |
| total | 1.000,000 libras de hilo = | 50,000 £ |
En plusvalía:
| en la 1.ª venta: | 1.160,640 libras de hilo = | 58,032 £ |
| en la 2.ª venta: | 156,000 libras de hilo = | 7,800 £ |
| en la 3.ª venta: | 243,360 libras de hilo = | 12,168 £ |
| total | 1.560,000 libras de hilo = | 78,000 £ |
En suma:
| Capital constante: | 7.440 libras de hilo = | 372 £ |
| Capital variable: | 1.000 libras de hilo = | 50 £ |
| Plusvalía: | 1.560 libras de hilo = | 78 £ |
| total | 10.000 libras de hilo = | 500 £ |
M′ – D′ no es por sí mismo más que una venta de 10.000 libras de hilo. Las 10.000 libras de hilo son mercancía como cualquier otro hilo. Al comprador le interesa el precio de 1 chelín por libra, o de 500 £ por 10.000 libras. Si en el trato entra en la composición de valor, es solo con la pérfida intención de demostrar que la libra podría venderse por menos de 1 chelín y que el vendedor aun así seguiría haciendo un buen negocio. Pero la cantidad que compra depende de sus necesidades; si es, por ejemplo, propietario de una tejeduría, depende de la composición de su propio capital que funciona en la tejeduría, no de la del hilandero al que compra. Las proporciones en que M′ ha de servir, por un lado, para reponer el capital consumido en él (o sus distintos componentes) y, por otro, como plusproducto, ya sea para gastar plusvalía, ya para acumular capital, solo existen en el ciclo del capital cuya forma de mercancía son las 10.000 libras de hilo. No tienen nada que ver con la venta como tal. Aquí se presupone, además, que M′ se vende por su valor, es decir, que solo se trata de su transformación de forma de mercancía en forma dineraria. Para M′, como forma funcional en el ciclo de este capital singular, a partir de la cual ha de reponerse el capital productivo, es naturalmente decisivo si en la venta el precio y el valor se apartan uno de otro, y en qué medida; pero con eso no tenemos nada que ver aquí, al considerar las meras diferencias de forma.
En la forma I, D … D′, el proceso de producción aparece en medio, entre las dos fases complementarias y opuestas entre sí de la circulación del capital; ha pasado ya antes de que se inicie la fase final M′ – D′. El dinero se adelanta como capital, se transforma primero en los elementos de producción, de estos en producto-mercancía, y este producto-mercancía se convierte de nuevo en dinero. Es un ciclo de negocio completamente cerrado, cuyo resultado es el dinero, utilizable para todo y para cualquier cosa. El nuevo comienzo solo está dado así como posibilidad. D … P … D′ puede ser tanto el último ciclo, que cierra la función de un capital individual al retirarse del negocio, como el primer ciclo de un capital que entra por primera vez en funciones. El movimiento general es aquí D … D′, de dinero a más dinero.
En la forma II, P … M′ – D′ – M … P (P′), todo el proceso de circulación sigue al primer P y precede al segundo; pero se efectúa en el orden inverso al de la forma I. El primer P es el capital productivo, y su función, el proceso de producción, como condición previa del proceso de circulación que sigue. El P final, en cambio, no es el proceso de producción; es solo la existencia renovada del capital industrial en su forma de capital productivo. Y lo es, en efecto, como resultado de la transformación, efectuada en la última fase de la circulación, del valor del capital en FT + MP, en los factores subjetivos y objetivos que en su unión constituyen la forma de existencia del capital productivo. El capital, sea P o P′, está de nuevo al final presente y listo en una forma en la que tiene que funcionar de nuevo como capital productivo, efectuar el proceso de producción. La forma general del movimiento, P … P, es la forma de la reproducción y no indica, como D … D′, la valorización como fin del proceso. Por eso le facilita tanto más a la economía clásica prescindir de la forma capitalista determinada del proceso de producción y presentar la producción como tal como fin del proceso, de modo que habría que producir lo más posible y lo más barato posible e intercambiar el producto por otros productos lo más variados posible, en parte para renovar la producción (D – M), en parte para el consumo (d – m). Con lo cual, como D y d solo aparecen aquí como medio de circulación evanescente, pueden pasarse por alto las peculiaridades tanto del dinero como del capital dinerario, y todo el proceso aparece simple y natural, es decir, posee la naturalidad del racionalismo superficial. Con el capital mercantil se olvida igualmente de vez en cuando la ganancia, y este figura, en cuanto se habla del ciclo de la producción como un todo, solo como mercancía; pero en cuanto se habla de los componentes del valor, como capital mercantil. La acumulación aparece, naturalmente, de la misma manera que la producción.
En la forma III, M′ – D′ – M … P … M′, las dos fases del proceso de circulación abren el ciclo, y además en el mismo orden que en la forma II, P … P; sigue entonces P, y en efecto, como en la forma I, con su función, el proceso de producción; con el resultado de este, M′, se cierra el ciclo. Así como en la forma II se cierra con P como mera existencia renovada del capital productivo, aquí se cierra con M′, como existencia renovada del capital mercantil; así como en la forma II el capital, en su forma final P, tiene que comenzar de nuevo el proceso como proceso de producción, aquí, con la reaparición del capital industrial en la forma de capital mercantil, el ciclo tiene que abrirse de nuevo con la fase de circulación M′ – D′. Ambas formas del ciclo están incompletas, porque no se cierran con D′, con el valor del capital valorizado y reconvertido en dinero. Ambas tienen, pues, que proseguirse y, por tanto, incluyen la reproducción. El ciclo global en la forma III es M′ … M′.
Lo que distingue a la tercera forma de las dos primeras es que solo en este ciclo aparece como punto de partida de su valorización el valor del capital ya valorizado, no el valor del capital originario que todavía ha de valorizarse. M′ como relación de capital es aquí el punto de partida y actúa como tal de forma determinante sobre todo el ciclo, ya que incluye ya en su primera fase tanto el ciclo del valor del capital como el de la plusvalía, y la plusvalía, si no en cada ciclo singular, sí en su promedio, tiene que gastarse en parte como rédito, recorrer la circulación m – d – m, y en parte funcionar como elemento de la acumulación del capital.
En la forma M′ … M′ se presupone el consumo de todo el producto-mercancía como condición del curso normal del ciclo del capital mismo. El consumo individual del obrero y el consumo individual de la parte no acumulada del plusproducto abarcan todo el consumo individual. El consumo entra, pues, en su totalidad —como consumo individual y como consumo productivo— como condición en el ciclo M′. El consumo productivo (en el que está incluido, por la naturaleza de la cosa, el consumo individual del obrero, ya que la fuerza de trabajo es, dentro de ciertos límites, producto constante del consumo individual del obrero) lo efectúa cada capital individual mismo. El consumo individual —salvo en la medida en que es necesario para la existencia del capitalista individual— solo se presupone como acto social, en modo alguno como acto del capitalista individual.
En las formas I y II, el movimiento global se presenta como movimiento del valor del capital adelantado. En la forma III, el capital valorizado, bajo la figura de todo el producto-mercancía, constituye el punto de partida y posee la forma del capital en movimiento, del capital mercantil. Solo tras su transformación en dinero se bifurca este movimiento en movimiento del capital y movimiento del rédito. La distribución del producto social global, así como la distribución particular del producto para cada capital mercantil individual, por un lado en fondo de consumo individual y por otro en fondo de reproducción, está incluida en esta forma en el ciclo del capital.
En D … D′ está incluida la posible ampliación del ciclo, según el volumen del d que entre en el ciclo renovado.
En P … P, P puede comenzar el nuevo ciclo con el mismo valor, quizá con uno menor, y representar aun así reproducción en escala ampliada; por ejemplo, si elementos-mercancía se abaratan a consecuencia de un aumento de la productividad del trabajo. A la inversa, en el caso opuesto, el capital productivo que ha crecido en valor puede representar reproducción en una escala materialmente reducida, por ejemplo si los elementos de producción se encarecen. Lo mismo vale para M′ … M′.
En M′ … M′, el capital en forma de mercancía se presupone a la producción; reaparece como presupuesto dentro de este ciclo en el segundo M. Si este M aún no se ha producido o reproducido, el ciclo queda frenado; este M tiene que reproducirse, en su mayor parte como M′ de otro capital industrial. En este ciclo, M′ existe como punto de partida, punto de tránsito y punto final del movimiento, y está, por tanto, siempre presente. Es condición constante del proceso de reproducción.
M′ … M′ se distingue de las formas I y II por otro momento. Los tres ciclos tienen en común que la forma en que el capital abre su proceso cíclico es también la forma en que lo cierra, y con ello vuelve a encontrarse en la forma inicial en que abre de nuevo el mismo ciclo. La forma inicial D, P, M′ es siempre la forma en que se adelanta el valor del capital (en III, con la plusvalía que le ha crecido), es decir, su forma originaria con respecto al ciclo; la forma final D′, P, M′ es cada vez forma transformada de una forma funcional precedente en el ciclo, que no es la forma originaria.
Así, D′ en I es forma transformada de M′; el P final en II, forma transformada de D (y en I y II esta transformación se efectúa mediante un simple proceso de la circulación de mercancías, mediante un cambio formal de lugar de mercancía y dinero); en III, M′ es forma transformada de P, del capital productivo. Pero aquí, en III, la transformación afecta, en primer lugar, no solo a la forma funcional del capital, sino también a su magnitud de valor; y, en segundo lugar, la transformación es resultado no de un cambio de lugar meramente formal, perteneciente al proceso de circulación, sino de la transformación real que han experimentado en el proceso de producción la forma de uso y el valor de los componentes-mercancía del capital productivo.
La forma del extremo inicial, D, P, M′, está presupuesta en cada caso al ciclo I, II, III; la forma que reaparece en el extremo final está puesta y, por tanto, condicionada por la serie de metamorfosis del ciclo mismo. M′, como punto final del ciclo de un capital industrial individual, solo presupone la forma P, no perteneciente a la circulación, del mismo capital industrial del que es producto. D′, como punto final en I, como forma transformada de M′ (M′ – D′), presupone D en manos del comprador, como algo que existe fuera del ciclo D … D′ y que, mediante la venta de M′, es atraído a él y convertido en su propia forma final. Así, en II, el P final presupone FT y MP (M) como existentes fuera y como incorporados a él como forma final mediante D – M. Pero, prescindiendo del último extremo, ni el ciclo del capital dinerario individual presupone la existencia del capital dinerario en general, ni el ciclo del capital productivo individual la del capital productivo, en su ciclo. En I, D puede ser el primer capital dinerario, en II, P el primer capital productivo que aparece en la escena histórica; pero en III,
⎧ M ──── ⎧ D ── M < FT/MP … P … M′
M′ ⎨ ── D′ ⎨
⎩ m ──── ⎩ d ── m
M está presupuesto dos veces fuera del ciclo. Una vez en el ciclo M′ – D′ – M < FT/MP. Este M, en la medida en que consta de MP, es mercancía en manos del vendedor; es él mismo capital mercantil en la medida en que es producto de un proceso de producción capitalista; y aun cuando no lo sea, aparece como capital mercantil en manos del comerciante. La otra vez, en el segundo m de m – d – m, que también tiene que existir como mercancía para poder ser comprado. En todo caso, sean o no capital mercantil, FT y MP son mercancías tanto como M′ y se comportan unos con otros como mercancías. Lo mismo vale para el segundo m de m – d – m. En la medida, pues, en que M′ = M (FT + MP), tiene mercancías como sus propios elementos formadores y tiene que ser repuesto por mercancías iguales en la circulación; igual que en m – d – m el segundo m ha de reponerse por otras mercancías iguales en la circulación.
Sobre la base del modo de producción capitalista, como modo dominante, toda mercancía en manos del vendedor tiene que ser, además, capital mercantil. Sigue siéndolo en manos del comerciante, o llega a serlo en sus manos si aún no lo era. O bien tiene que ser mercancía —por ejemplo, artículos importados— que repone capital mercantil originario y, por tanto, solo le ha dado otra forma de existencia.
Los elementos-mercancía FT y MP de que consta el capital productivo P no poseen, como formas de existencia de P, la misma figura que en los distintos mercados de mercancías en que se los reúne. Ahora están unidos, y en su combinación pueden funcionar como capital productivo.
Que solo en esta forma III, dentro del ciclo mismo, M aparezca como presupuesto de M se debe a que el punto de partida es el capital en forma de mercancía. El ciclo se abre con la conversión de M′ (en la medida en que funciona como valor del capital, esté o no aumentado por la adición de plusvalía) en las mercancías que constituyen sus elementos de producción. Pero esta conversión abarca todo el proceso de circulación M – D – M (= FT + MP) y es su resultado. Aquí, pues, M está en ambos extremos, pero el segundo extremo, que recibe su forma M desde fuera, del mercado de mercancías, mediante D – M, no es el último extremo del ciclo, sino solo de sus dos primeros estadios, que abarcan el proceso de circulación. Su resultado es P, cuya función empieza entonces, el proceso de producción. Solo como resultado de este, es decir, no como resultado del proceso de circulación, aparece M′ como conclusión del ciclo y en la misma forma que el extremo inicial M′. En cambio, en D … D′ y P … P los extremos finales D′ y P son resultados directos del proceso de circulación. Aquí, pues, solo al final se presupone una vez D′, la otra P, en otras manos. En la medida en que el ciclo transcurre entre los extremos, ni D en un caso ni P en el otro —la existencia de D como dinero ajeno, la de P como proceso de producción ajeno— aparecen como presupuesto de estos ciclos. M′ … M′, en cambio, presupone M (= FT + MP) como mercancías ajenas en manos ajenas, que son atraídas al ciclo por el proceso de circulación inicial y transformadas en el capital productivo, como resultado de cuya función M′ vuelve a ser la forma final del ciclo.
Pero precisamente porque el ciclo M′ … M′ presupone, dentro de su trayectoria, otro capital industrial en forma de M (= FT + MP) (y MP abarca otros capitales de diversa clase; en nuestro caso, por ejemplo, máquinas, carbón, aceite, etc.), invita él mismo a considerarlo no solo como forma general del ciclo, es decir, como una forma social bajo la cual puede considerarse cada capital industrial singular (salvo en su primera inversión) y, por tanto, no solo como una forma de movimiento común a todos los capitales industriales individuales, sino a la vez como forma de movimiento de la suma de los capitales individuales, es decir, del capital global de la clase capitalista, un movimiento en el que el de cada capital industrial individual solo aparece como un movimiento parcial que se entrelaza con los demás y está condicionado por ellos. Si consideramos, por ejemplo, el producto-mercancía global anual de un país y analizamos el movimiento mediante el cual una parte de él repone el capital productivo en todos los negocios individuales y otra parte entra en el consumo individual de las distintas clases, consideramos M′ … M′ como forma de movimiento tanto del capital social como de la plusvalía, o respectivamente del plusproducto, generada por él. Que el capital social sea la suma de los capitales individuales (incluidos los capitales por acciones o, respectivamente, el capital del Estado, en la medida en que los gobiernos emplean trabajo asalariado productivo en minas, ferrocarriles, etc., y funcionan como capitalistas industriales) y que el movimiento global del capital social sea = a la suma algebraica de los movimientos de los capitales individuales no excluye en modo alguno que este movimiento, como movimiento del capital individual aislado, ofrezca fenómenos distintos que el mismo movimiento cuando se le considera desde el punto de vista de una parte del movimiento global del capital social, es decir, en su conexión con los movimientos de sus otras partes, ni que resuelva a la vez problemas cuya solución tiene que presuponerse al considerar el ciclo de un capital individual singular, en lugar de resultar de él.
M′ … M′ es el único ciclo en el que el valor del capital originariamente adelantado solo constituye una parte del extremo que abre el movimiento, y en el que, por tanto, el movimiento se anuncia desde el principio como movimiento total del capital industrial; tanto de la parte del producto que repone el capital productivo como de la parte del producto que constituye plusproducto y que, por término medio, en parte se gasta como rédito y en parte ha de servir como elemento de la acumulación. En la medida en que el gasto de plusvalía como rédito está incluido en este ciclo, también lo está el consumo individual. Pero este último está incluido además por el hecho de que el punto de partida M, la mercancía, existe como cualquier artículo de uso; y todo artículo producido de forma capitalista es capital mercantil, independientemente de que su forma de uso lo destine al consumo productivo o al individual, o a ambos. D … D′ solo apunta al lado del valor, a la valorización del valor del capital adelantado como fin de todo el proceso; P … P (P′), al proceso de producción del capital como proceso de reproducción con una magnitud constante o creciente del capital productivo (acumulación); M′ … M′, mientras ya en su extremo inicial se anuncia como figura de la producción capitalista de mercancías, abarca desde el principio el consumo productivo y el individual; el consumo productivo y la valorización incluida en él solo aparecen como una rama de su movimiento. Por último, como M′ puede existir en una forma de uso que no puede volver a entrar en ningún proceso de producción, se indica desde el principio que los distintos componentes del valor de M′, expresados en partes del producto, tienen que ocupar un lugar distinto según que M′ … M′ se considere forma del movimiento del capital social global o movimiento independiente de un capital industrial individual. En todas estas peculiaridades suyas, este ciclo apunta más allá de sí mismo como ciclo aislado de un capital meramente individual.
En la figura M′ … M′, el movimiento del capital mercantil, es decir, del producto global producido de forma capitalista, aparece tanto como presupuesto del ciclo independiente del capital individual como, a su vez, condicionado por este. Por eso, si se concibe esta figura en su peculiaridad, ya no basta con contentarse con que las metamorfosis M′ – D′ y D – M sean, por un lado, tramos funcionalmente determinados de la metamorfosis del capital y, por otro, eslabones de la circulación general de mercancías. Se hace necesario poner en claro los entrelazamientos de las metamorfosis de un capital individual con las de otros capitales individuales y con la parte del producto global destinada al consumo individual. Por eso, al analizar el ciclo del capital industrial individual, tomamos como base preferentemente las dos primeras formas.
Como forma de un capital individual singular, el ciclo M′ … M′ aparece, por ejemplo, en la agricultura, donde se calcula de cosecha a cosecha. En la figura II se parte de la siembra; en la figura III, de la cosecha, o, como dicen los fisiócratas, en la primera, de las avances, en la segunda, de las reprises.15 El movimiento del valor del capital aparece en III desde el principio solo como parte del movimiento de la masa general de productos, mientras que en I y II el movimiento de M′ solo constituye un momento en el movimiento de un capital aislado.
En la figura III, las mercancías que se encuentran en el mercado constituyen el presupuesto constante del proceso de producción y de reproducción. Por eso, si uno se fija en esta figura, todos los elementos del proceso de producción parecen proceder de la circulación de mercancías y no constar más que de mercancías. Esta concepción unilateral pasa por alto los elementos del proceso de producción independientes de los elementos-mercancía.
Como en M′ … M′ el producto global (el valor global) es el punto de partida, se muestra aquí que (prescindiendo del comercio exterior) la reproducción en escala ampliada, con una productividad por lo demás constante, solo puede tener lugar si en la parte del plusproducto que ha de capitalizarse ya están contenidos los elementos materiales del capital productivo adicional; que, por tanto, en la medida en que la producción de un año sirve de presupuesto a la del siguiente, o en la medida en que esto puede ocurrir dentro de un año al mismo tiempo que el proceso de reproducción simple, el plusproducto se produce enseguida en la forma que lo capacita para funcionar como capital adicional. Una productividad aumentada solo puede aumentar la materia del capital sin elevar su valor; pero con ello constituye material adicional para la valorización.
M′ … M′ está en la base del Tableau économique de Quesnay,16 y muestra un gran y acertado tino el que, en oposición a D … D′ (la forma, fijada aisladamente, del sistema mercantil), eligiera esta forma y no P … P.
Capítulo cuarto. Las tres figuras del proceso cíclico
Las tres figuras pueden representarse así, si Ck designa el proceso global de circulación17:
I) D – M … P … M′ – D′
II) P … Ck … P
III) Ck … P (M′).
Si reunimos las tres formas, todos los supuestos del proceso aparecen como su resultado, como supuesto producido por él mismo. Cada momento aparece como punto de partida, punto de tránsito y punto de retorno. El proceso global se presenta como unidad del proceso de producción y del proceso de circulación; el proceso de producción se convierte en mediador del proceso de circulación, y a la inversa.
Común a los tres ciclos es la valorización del valor como fin determinante, como motivo impulsor. En I esto está expresado en la forma. La forma II comienza con P, el proceso de valorización mismo. En III el ciclo comienza con el valor valorizado y termina con valor nuevamente valorizado, aun cuando el movimiento se repita en una escala que no varía.
En la medida en que M – D es D – M para el comprador, y D – M es M – D para el vendedor, la circulación del capital no representa más que la metamorfosis ordinaria de las mercancías, y rigen para ella las leyes desarrolladas a propósito de esta (libro I, cap. III, 2) sobre la masa del dinero circulante. Pero si no nos atenemos a este aspecto formal, sino que consideramos la conexión real de las metamorfosis de los diversos capitales individuales, es decir, de hecho, la conexión de los ciclos de los capitales individuales como movimientos parciales del proceso de reproducción del capital social global, esta conexión no puede explicarse por el mero cambio de forma de dinero y mercancía.
En un círculo que gira constantemente, cada punto es a la vez punto de partida y punto de retorno. Si interrumpimos la rotación, no todo punto de partida es punto de retorno. Así, hemos visto no solo que cada ciclo particular presupone (implícitamente) los otros, sino también que la repetición del ciclo en una forma incluye la descripción del ciclo en las otras formas. Toda la diferencia se presenta, pues, como una diferencia meramente formal, o también como una diferencia meramente subjetiva, que solo existe para el observador.
En la medida en que cada uno de estos ciclos se considera como forma particular del movimiento en que se encuentran diversos capitales industriales individuales, también esta diversidad existe siempre solo como una diversidad individual. Pero en realidad todo capital industrial individual se encuentra a la vez en los tres. Los tres ciclos, las formas de reproducción de las tres figuras del capital, se efectúan continuamente uno junto a otro. Una parte del valor de capital, por ejemplo, que ahora funciona como capital mercantil, se transforma en capital dinerario, pero al mismo tiempo otra parte sale del proceso de producción y entra en la circulación como nuevo capital mercantil. Así se describe constantemente la forma cíclica M′ … M′; y lo mismo las otras dos formas. La reproducción del capital en cada una de sus formas y en cada uno de sus estadios es tan continua como la metamorfosis de estas formas y el recorrido sucesivo por los tres estadios. Aquí, pues, el ciclo entero es unidad real de sus tres formas.
En nuestro examen se supuso que el valor de capital aparece, en toda su magnitud de valor, por entero como capital dinerario, o como capital productivo, o como capital mercantil. Así, por ejemplo, teníamos las 422 £ primero enteramente como capital dinerario, luego transformadas asimismo en todo su volumen en capital productivo y, por último, como capital mercantil: hilo por valor de 500 £ (en las que hay 78 £ de plusvalía). Aquí los diversos estadios constituyen otras tantas interrupciones. Mientras, por ejemplo, las 422 £ permanecen en forma de dinero, es decir, hasta que se han efectuado las compras D – M (FT + MP), todo el capital existe y funciona solo como capital dinerario. En cuanto se ha transformado en capital productivo, no funciona ni como capital dinerario ni como capital mercantil. Todo su proceso de circulación está interrumpido, del mismo modo que, por otro lado, todo su proceso de producción está interrumpido en cuanto funciona en uno de los dos estadios de la circulación, sea como D o como M′. Así pues, el ciclo P … P no se presentaría solo como renovación periódica del capital productivo, sino también como interrupción de su función, del proceso de producción, hasta que se hubiera recorrido el proceso de circulación; en vez de efectuarse de manera continua, la producción se efectuaría a sacudidas y solo se renovaría tras lapsos de duración fortuita, según que los dos estadios del proceso de circulación se cumplieran con mayor o menor rapidez. Así ocurre, por ejemplo, con un artesano chino que solo trabaja para clientes particulares y cuyo proceso de producción se detiene hasta que se le renueva el encargo.
De hecho, esto vale para cada parte singular del capital que se encuentra en movimiento, y todas las partes del capital pasan por turno por este movimiento. Por ejemplo, las 10.000 libras de hilo son el producto semanal de un hilandero. Estas 10.000 libras de hilo salen enteras de la esfera de la producción y pasan a la esfera de la circulación; el valor de capital contenido en ellas tiene que transformarse entero en capital dinerario, y mientras permanezca en la forma de capital dinerario no puede volver a entrar en el proceso de producción; antes tiene que entrar en la circulación y reconvertirse en los elementos del capital productivo, FT + MP. El proceso cíclico del capital es interrupción constante: abandono de un estadio, entrada en el siguiente; despojo de una forma, existencia en otra; cada uno de estos estadios no solo condiciona el otro, sino que a la vez lo excluye.
Pero la continuidad es el rasgo característico de la producción capitalista y está condicionada por su base técnica, aunque no siempre sea incondicionalmente alcanzable. Veamos, pues, cómo ocurre la cosa en la realidad. Mientras, por ejemplo, las 10.000 libras de hilo salen al mercado como capital mercantil y efectúan su transformación en dinero (sea este medio de pago, medio de compra o incluso mero dinero de cuenta), nuevo algodón, carbón, etc., ocupan su lugar en el proceso de producción; es decir, se han reconvertido ya de la forma de dinero y de la forma de mercancía en la forma del capital productivo y comienzan a funcionar como tal; mientras al mismo tiempo, cuando las primeras 10.000 libras de hilo se convierten en dinero, otras 10.000 libras de hilo anteriores describen ya el segundo estadio de su circulación y se reconvierten de dinero en los elementos del capital productivo. Todas las partes del capital pasan por turno por el proceso cíclico y se encuentran simultáneamente en diversos estadios de este. Así, el capital industrial, en la continuidad de su ciclo, se encuentra simultáneamente en todos sus estadios y en las diversas formas funcionales que les corresponden. Para la parte que por primera vez se transforma de capital mercantil en dinero, el ciclo M′ … M′ queda abierto, mientras que para el capital industrial, como todo en movimiento, el ciclo M′ … M′ queda recorrido. Con una mano se adelanta dinero, con la otra se cobra; la apertura del ciclo D … D′ en un punto es a la vez su retorno en otro. Lo mismo vale para el capital productivo.
El ciclo real del capital industrial en su continuidad no es, por tanto, solo unidad del proceso de circulación y del proceso de producción, sino unidad de sus tres ciclos. Pero solo puede ser tal unidad en la medida en que cada parte distinta del capital pueda recorrer sucesivamente las fases del ciclo que se siguen unas a otras, pasar de una fase, de una forma funcional, a la otra; en la medida, pues, en que el capital industrial, como todo formado por estas partes, se encuentre simultáneamente en las diversas fases y funciones y describa así simultáneamente los tres ciclos. La sucesión de cada parte está aquí condicionada por la yuxtaposición de las partes, es decir, por la división del capital. Así, en el sistema fabril articulado, el producto se encuentra continuamente tanto en las diversas fases de su proceso de formación como en el tránsito de una fase de producción a otra. Como el capital industrial individual representa una magnitud determinada, que depende de los medios del capitalista y que para cada rama industrial tiene una magnitud mínima determinada, en su división tienen que darse determinados números proporcionales. La magnitud del capital existente condiciona el volumen del proceso de producción, y este el volumen del capital mercantil y del capital dinerario, en la medida en que funcionan junto al proceso de producción. Pero la yuxtaposición, que condiciona la continuidad de la producción, solo existe gracias al movimiento de las partes del capital en que estas describen sucesivamente los diversos estadios. La yuxtaposición misma no es más que resultado de la sucesión. Si, por ejemplo, se estanca M′ – D′ para una parte, si la mercancía es invendible, el ciclo de esa parte queda interrumpido y no se efectúa su reposición por sus medios de producción; las partes siguientes, que salen del proceso de producción como M′, encuentran bloqueado su cambio de función por sus predecesoras. Si esto se prolonga algún tiempo, la producción se restringe y todo el proceso se paraliza. Todo estancamiento de la sucesión desordena la yuxtaposición; todo estancamiento en un estadio provoca un estancamiento mayor o menor en el ciclo entero, no solo de la parte del capital que se estanca, sino también de todo el capital individual. La forma más inmediata en que se presenta el proceso es la de una sucesión de fases, de modo que el paso del capital a una fase nueva está condicionado por su abandono de la otra. Por eso cada ciclo particular tiene también como punto de partida y de retorno una de las formas funcionales del capital. Por otra parte, el proceso global es de hecho la unidad de los tres ciclos, que son las diversas formas en que se expresa la continuidad del proceso. El ciclo global se presenta para cada forma funcional del capital como su ciclo específico, y cada uno de estos ciclos condiciona la continuidad del proceso global; el giro circular de una forma funcional condiciona el de la otra. Es una condición necesaria para el proceso global de producción, especialmente para el capital social, que sea a la vez proceso de reproducción y, por tanto, ciclo de cada uno de sus momentos. Diversas fracciones del capital recorren sucesivamente los diversos estadios y formas funcionales. Cada forma funcional, aunque en ella se represente siempre una parte distinta del capital, recorre así su propio ciclo simultáneamente con las otras. Una parte del capital, pero una parte siempre cambiante, siempre reproducida, existe como capital mercantil que se transforma en dinero; otra, como capital dinerario que se transforma en capital productivo; una tercera, como capital productivo que se transforma en capital mercantil. La presencia constante de las tres formas está mediada por el ciclo del capital global a través precisamente de estas tres fases.
Como todo, el capital se encuentra entonces simultáneamente, yuxtapuesto en el espacio, en sus diversas fases. Pero cada parte pasa constantemente, por turno, de una fase, de una forma funcional, a la otra, y funciona así por turno en todas. Las formas son, pues, formas fluidas, cuya simultaneidad está mediada por su sucesión. Cada forma sigue a la otra y la precede, de modo que el retorno de una parte del capital a una forma está condicionado por el retorno de la otra a otra forma. Cada parte describe continuamente su propio curso, pero es siempre otra parte del capital la que se encuentra en esa forma, y estos cursos particulares no son sino momentos simultáneos y sucesivos del curso global.
Solo en la unidad de los tres ciclos se realiza la continuidad del proceso global, en lugar de la interrupción descrita más arriba. El capital social global posee siempre esta continuidad, y su proceso posee siempre la unidad de los tres ciclos.
Para los capitales individuales, la continuidad de la reproducción se interrumpe en ocasiones en mayor o menor grado. En primer lugar, las masas de valor se reparten con frecuencia, en distintas épocas, en porciones desiguales entre los diversos estadios y formas funcionales. En segundo lugar, estas porciones pueden repartirse de modo diferente según el carácter de la mercancía que haya de producirse, es decir, según la esfera particular de la producción en que esté invertido el capital. En tercer lugar, la continuidad puede interrumpirse en mayor o menor grado en las ramas de producción que dependen de la estación del año, sea a consecuencia de condiciones naturales (agricultura, pesca del arenque, etc.), sea a consecuencia de circunstancias convencionales, como, por ejemplo, en los llamados trabajos de temporada. Donde el proceso transcurre de modo más regular y uniforme es en la fábrica y en la minería. Pero esta diversidad de las ramas de producción no produce ninguna diversidad en las formas generales del proceso cíclico.
El capital como valor que se valoriza no encierra solo relaciones de clase, un carácter social determinado que descansa en la existencia del trabajo como trabajo asalariado. Es un movimiento, un proceso cíclico a través de diversos estadios, que a su vez encierra tres formas distintas del proceso cíclico. Por eso solo puede concebirse como movimiento y no como cosa en reposo. Quienes consideran la autonomización del valor como mera abstracción olvidan que el movimiento del capital industrial es esta abstracción in actu. El valor recorre aquí diversas formas, diversos movimientos, en los que se conserva y a la vez se valoriza, se acrecienta. Como aquí nos ocupamos primero de la mera forma del movimiento, no se tienen en cuenta las revoluciones que el valor de capital puede sufrir en su proceso cíclico; pero está claro que, pese a todas las revoluciones de valor, la producción capitalista solo existe y puede seguir existiendo mientras el valor de capital se valorice, es decir, mientras describa su proceso cíclico como valor autonomizado, mientras, pues, las revoluciones de valor se superen y compensen de un modo u otro. Los movimientos del capital aparecen como acciones del capitalista industrial individual, de tal manera que este funciona como comprador de mercancías y de trabajo, como vendedor de mercancías y como capitalista productivo, y mediante su actividad es, pues, mediador del ciclo. Si el valor de capital social sufre una revolución de valor, puede ocurrir que el capital individual del capitalista sucumba a ella y perezca, porque no puede cumplir las condiciones de este movimiento del valor. Cuanto más agudas y frecuentes se hacen las revoluciones de valor, tanto más se impone el movimiento automático del valor autonomizado, que actúa con la violencia de un proceso natural elemental, frente a la previsión y el cálculo del capitalista individual; tanto más queda sometido el curso de la producción normal a la especulación anormal, y tanto mayor se hace el peligro para la existencia de los capitales individuales. Estas revoluciones periódicas del valor confirman, pues, lo que supuestamente deberían refutar: la autonomización que experimenta el valor como capital y que mantiene y agudiza mediante su movimiento.
Esta secuencia de metamorfosis del capital en proceso incluye la comparación continua del cambio de la magnitud de valor del capital efectuado en el ciclo con el valor originario. Si la autonomización del valor frente a la fuerza formadora de valor, la fuerza de trabajo, se inicia en el acto D – FT (compra de la fuerza de trabajo) y se realiza durante el proceso de producción como explotación de la fuerza de trabajo, esta autonomización del valor no vuelve a aparecer en este ciclo, en el que el dinero, la mercancía y los elementos de la producción no son más que formas alternativas del valor de capital en proceso, y la magnitud de valor pasada se compara con la magnitud presente, modificada, del capital.
«El valor», dice Bailey contra la autonomización del valor que caracteriza al modo de producción capitalista y que él trata como ilusión de ciertos economistas, «es una relación entre mercancías contemporáneas, porque solo estas admiten ser intercambiadas unas por otras»18.
Esto lo dice contra la comparación de valores de mercancías en épocas distintas, comparación que, una vez fijado el valor del dinero para cada época, solo significa comparar el gasto de trabajo requerido en las distintas épocas para producir la misma clase de mercancías. Esto nace de su malentendido general, según el cual valor de cambio = valor, la forma del valor es el valor mismo; de modo que los valores de las mercancías ya no son comparables en cuanto no funcionan activamente como valores de cambio, es decir, en cuanto no pueden intercambiarse realiter unos por otros. No sospecha, pues, en lo más mínimo que el valor solo funciona como valor de capital o capital en la medida en que, en las diversas fases de su ciclo, que no son en absoluto cotemporary19, sino que caen una tras otra, permanece idéntico a sí mismo y se compara consigo mismo.
Para considerar en su pureza la fórmula del ciclo no basta con suponer que las mercancías se venden por su valor, sino que esto ocurre en circunstancias por lo demás invariables. Tomemos, por ejemplo, la forma P … P, prescindiendo de todas las revoluciones técnicas dentro del proceso de producción que pueden desvalorizar el capital productivo de un capitalista determinado; prescindiendo asimismo de toda repercusión de un cambio en los elementos de valor del capital productivo sobre el valor del capital mercantil existente, valor que puede aumentar o disminuir si hay existencias de este. Supongamos que M′, las 10.000 libras de hilo, se ha vendido por su valor de 500 £; 8.440 libras = 422 £ reponen el valor de capital contenido en M′. Pero si el valor del algodón, del carbón, etc., ha subido (puesto que aquí prescindimos de las meras oscilaciones de precios), quizá estas 422 £ no basten para reponer por completo los elementos del capital productivo; hace falta capital dinerario adicional, se inmoviliza capital dinerario. A la inversa, si esos precios han bajado: se libera capital dinerario. El proceso solo transcurre de manera completamente normal cuando las relaciones de valor permanecen constantes; transcurre de hecho mientras las perturbaciones se compensen en la repetición del ciclo; cuanto mayores son las perturbaciones, tanto mayor es el capital dinerario que tiene que poseer el capitalista industrial para poder esperar a que se compensen; y como, al avanzar la producción capitalista, se amplía la escala de cada proceso de producción individual, y con ella la magnitud mínima del capital que hay que adelantar, esa circunstancia se suma a las otras que convierten cada vez más la función del capitalista industrial en un monopolio de grandes capitalistas dinerarios, aislados o asociados.
Hay que señalar aquí de pasada que, cuando se produce un cambio de valor de los elementos de la producción, aparece una diferencia entre la forma D … D′, por un lado, y P … P y M′ … M′, por otro.
En D … D′, como fórmula del capital recién invertido, que aparece primero como capital dinerario, una caída del valor de los medios de producción, por ejemplo de las materias primas, materias auxiliares, etc., exigirá un desembolso de capital dinerario menor que antes de la caída para abrir un negocio de volumen determinado, ya que el volumen del proceso de producción (con un desarrollo invariable de la fuerza productiva) depende de la masa y el volumen de los medios de producción que puede dominar una cantidad dada de fuerza de trabajo, pero no del valor de estos medios de producción ni del de la fuerza de trabajo (este último solo influye en la magnitud de la valorización). A la inversa: si se produce un aumento de valor en los elementos de producción de las mercancías que forman los elementos del capital productivo, hace falta más capital dinerario para fundar un negocio de volumen dado. En ambos casos solo se ve afectada la cantidad del capital dinerario que hay que invertir de nuevo; en el primero sobra capital dinerario, en el segundo se inmoviliza capital dinerario, siempre que el aumento de nuevos capitales industriales individuales avance del modo habitual en una rama de producción dada.
Los ciclos P … P y M′ … M′ solo se presentan a su vez como D′ en la medida en que el movimiento de P y de M′ es a la vez acumulación, es decir, en que d adicional, dinero, se transforma en capital dinerario. Prescindiendo de esto, los cambios de valor de los elementos del capital productivo los afectan de modo distinto que a D … D′; aquí prescindimos de nuevo de la repercusión de tal cambio de valor sobre las partes integrantes del capital que se encuentran en el proceso de producción. Aquí no es el desembolso originario el directamente afectado, sino un capital industrial que se encuentra en su proceso de reproducción, no en su primer ciclo; es decir, M′ … M < FT/MP, la reconversión del capital mercantil en sus elementos de producción, en la medida en que estos consisten en mercancías. Con la caída del valor (o, en su caso, del precio) son posibles tres casos: el proceso de reproducción continúa en la misma escala; entonces se libera una parte del capital dinerario empleado hasta ese momento y se produce un amontonamiento de capital dinerario sin que haya tenido lugar una acumulación real (producción en escala ampliada) o la transformación de d (plusvalía) en fondo de acumulación que la inicia y la acompaña; o el proceso de reproducción se amplía en una escala mayor de lo que habría ocurrido de otro modo, si las proporciones técnicas lo permiten; o bien se forman mayores existencias de materias primas, etc.
Lo contrario ocurre cuando sube el valor de los elementos que reponen el capital mercantil. La reproducción ya no se realiza entonces en su volumen normal (se trabaja, por ejemplo, durante menos tiempo); o tiene que intervenir capital dinerario adicional para continuarla en su antiguo volumen (inmovilización de capital dinerario); o el fondo dinerario de acumulación, si existe, sirve en todo o en parte, en vez de para ampliar el proceso de reproducción, para mantenerlo en marcha en la antigua escala. También esto es inmovilización de capital dinerario, solo que aquí el capital dinerario adicional no procede de fuera, del mercado de dinero, sino de los medios del propio capitalista industrial.
Pero en P … P y M′ … M′ pueden darse circunstancias modificadoras. Si nuestro hilandero de algodón tiene, por ejemplo, grandes existencias de algodón (es decir, una gran parte de su capital productivo en forma de existencias de algodón), una parte de su capital productivo se desvaloriza por una caída de los precios del algodón; si estos han subido, por el contrario, se produce un aumento del valor de esta parte de su capital productivo. Por otro lado, si tiene fijadas grandes masas en la forma de capital mercantil, por ejemplo en hilo de algodón, al caer el algodón se desvaloriza una parte de su capital mercantil, y por tanto de su capital que se encuentra en el ciclo en general; a la inversa cuando suben los precios del algodón. Por último, en el proceso M′ – D – M < FT/MP: si M′ – D, la realización del capital mercantil, ha tenido lugar antes del cambio de valor en los elementos de M, el capital solo se ve afectado del modo considerado en el primer caso, a saber, en el segundo acto de circulación, D – M < FT/MP; pero si ha tenido lugar antes de efectuarse M′ – D, entonces, en circunstancias por lo demás iguales, la caída del precio del algodón provoca la correspondiente caída del precio del hilo, y el alza del precio del algodón, a la inversa, el alza del precio del hilo. El efecto sobre los diversos capitales individuales invertidos en la misma rama de producción puede ser muy diferente según las diversas circunstancias en que puedan encontrarse. La liberación y la inmovilización de capital dinerario pueden surgir igualmente de diferencias en la duración del proceso de circulación, y por tanto también en la velocidad de la circulación. Pero esto corresponde al examen de la rotación. Aquí solo nos interesa la diferencia real que, con respecto a los cambios de valor de los elementos del capital productivo, se muestra entre D … D′ y las otras dos formas del proceso cíclico.
En el tramo de la circulación D – M < FT/MP, en la época del modo de producción capitalista ya desarrollado y, por tanto, predominante, una gran parte de las mercancías en que consisten los MP, los medios de producción, será a su vez capital mercantil ajeno en funciones. Desde el punto de vista del vendedor tiene lugar, pues, M′ – D′, transformación de capital mercantil en capital dinerario. Pero esto no vale de modo absoluto. Al contrario. Dentro de su proceso de circulación, donde el capital industrial funciona como dinero o como mercancía, el ciclo del capital industrial, sea como capital dinerario o como capital mercantil, se entrecruza con la circulación de mercancías de los más diversos modos sociales de producción, en la medida en que estos son a la vez producción de mercancías. Tanto si la mercancía es producto de la producción basada en la esclavitud como de campesinos (chinos, ryots20 indios), de comunidades (Indias Orientales holandesas), de la producción estatal (como la que, basada en la servidumbre, se da en épocas anteriores de la historia rusa) o de pueblos cazadores semisalvajes, etc., como mercancías y dinero se enfrentan al dinero y a las mercancías en que se representa el capital industrial, y entran tanto en el ciclo de este como en el de la plusvalía portada por el capital mercantil, en la medida en que esta se gasta como rédito; es decir, en las dos ramas de la circulación del capital mercantil. El carácter del proceso de producción del que proceden es indiferente; como mercancías funcionan en el mercado, como mercancías entran en el ciclo del capital industrial, así como en la circulación de la plusvalía que este porta. Lo que distingue el proceso de circulación del capital industrial es, pues, el carácter universal de su procedencia, la existencia del mercado como mercado mundial. Lo que vale para las mercancías ajenas vale para el dinero ajeno; así como el capital mercantil solo funciona frente a él como mercancía, este dinero solo funciona frente a él como dinero; el dinero funciona aquí como dinero mundial.
Pero aquí hay que señalar dos cosas.
Primero. Las mercancías (MP), en cuanto se ha consumado el acto D – MP, dejan de ser mercancías y se convierten en una de las formas de existencia del capital industrial en su forma funcional de P, capital productivo. Pero con ello queda borrada su procedencia; ya solo existen como formas de existencia del capital industrial, están incorporadas a él. Sin embargo, sigue siendo cierto que para reponerlas es necesaria su reproducción, y en este sentido el modo de producción capitalista está condicionado por modos de producción situados fuera de su fase de desarrollo. Pero su tendencia es transformar, en la medida de lo posible, toda la producción en producción de mercancías; su principal medio para ello es precisamente este arrastrarla a su proceso de circulación; y la producción de mercancías desarrollada es ella misma producción capitalista de mercancías. La intervención del capital industrial fomenta en todas partes esta transformación, y con ella también la transformación de todos los productores directos en obreros asalariados.
Segundo. Las mercancías que entran en el proceso de circulación del capital industrial (entre las que se cuentan también los medios de subsistencia necesarios en que se convierte el capital variable una vez pagado a los obreros, para reproducir la fuerza de trabajo), sea cual sea su procedencia, la forma social del proceso de producción del que proceden, se enfrentan al capital industrial mismo ya en la forma de capital mercantil, en la forma de capital del comercio de mercancías o capital comercial; y este, por su naturaleza, abarca mercancías de todos los modos de producción.
Así como el modo de producción capitalista presupone una gran escala de la producción, presupone también necesariamente una gran escala de la venta; es decir, la venta al comerciante, no al consumidor individual. En la medida en que este consumidor es a su vez consumidor productivo, es decir, capitalista industrial, en la medida, pues, en que el capital industrial de una rama de producción suministra medios de producción a la otra rama, tiene lugar también (en forma de encargo, etc.) la venta directa de un capitalista industrial a otros muchos. En este sentido, todo capitalista industrial es vendedor directo, su propio comerciante, cosa que por lo demás también es en la venta al comerciante.
El comercio de mercancías como función del capital comercial está presupuesto y se desarrolla cada vez más con el desarrollo de la producción capitalista. Por eso lo suponemos ocasionalmente para ilustrar aspectos particulares del proceso capitalista de circulación; pero en su análisis general suponemos la venta directa, sin la intervención del comerciante, porque esta encubre diversos momentos del movimiento.
Véase Sismondi21, que expone la cosa de un modo algo ingenuo:
«El comercio emplea un capital considerable que, a primera vista, no parece formar parte de aquel cuya marcha hemos detallado. El valor de los paños acumulados en los almacenes del comerciante pañero parece al principio del todo ajeno a esa parte de la producción anual que el rico da al pobre como salario para hacerle trabajar. Sin embargo, este capital no ha hecho más que reemplazar a aquel del que hemos hablado. Para captar con claridad el progreso de la riqueza, la hemos tomado en su creación y la hemos seguido hasta su consumo. Entonces el capital empleado en la manufactura de los paños, por ejemplo, nos ha parecido siempre el mismo; cambiado por la renta del consumidor, solo se ha dividido en dos partes: una ha servido de renta al fabricante como producto22, la otra ha servido de renta a los obreros como salario, mientras fabrican nuevo paño.
»Pero pronto se vio que, en beneficio de todos, valía más que las diversas partes de este capital se reemplazasen unas a otras, y que, si cien mil escudos bastaban para efectuar toda la circulación entre el fabricante y el consumidor, estos cien mil escudos se repartiesen por igual entre el fabricante, el comerciante al por mayor y el comerciante al por menor. El primero, con solo un tercio, hizo la misma obra que había hecho con la totalidad, porque en el momento en que su fabricación estaba terminada encontraba al comerciante comprador mucho antes de lo que habría encontrado al consumidor. El capital del comerciante al por mayor se veía a su vez reemplazado mucho antes por el del comerciante al por menor… La diferencia entre las sumas de los salarios adelantados y el precio de compra del último consumidor tenía que constituir la ganancia de los capitales. Se repartió entre el fabricante, el comerciante y el detallista desde que se dividieron entre sí sus funciones, y la obra realizada fue la misma, aunque había empleado tres personas y tres fracciones de capitales en lugar de una» (Nouveaux Principes, I, pp. 139-140). «Todos» (los comerciantes) «concurrían indirectamente a la producción; pues esta, como tiene por objeto el consumo, no puede considerarse consumada hasta que ha puesto la cosa producida al alcance del consumidor» (ib., p. 137).
En el examen de las formas generales del ciclo, y en general en todo este libro segundo, tomamos el dinero como dinero metálico, con exclusión del dinero simbólico, de los meros signos de valor, que solo constituyen una especialidad de ciertos Estados, y del dinero crediticio, que aún no está desarrollado. En primer lugar, ese es el curso histórico: el dinero crediticio no desempeña ningún papel, o solo uno insignificante, en la primera época de la producción capitalista. En segundo lugar, la necesidad de este curso está probada también teóricamente por el hecho de que todo lo que hasta ahora han desarrollado críticamente Tooke23 y otros sobre la circulación del dinero crediticio los ha obligado una y otra vez a volver a considerar cómo se presentaría la cosa sobre la base de una circulación puramente metálica. Pero no hay que olvidar que el dinero metálico puede funcionar tanto como medio de compra como medio de pago. Para simplificar, en este libro II lo consideramos en general solo en la primera forma funcional.
El proceso de circulación del capital industrial, que solo constituye una parte de su proceso cíclico individual, está determinado, en la medida en que solo representa una serie de operaciones dentro de la circulación general de mercancías, por las leyes generales desarrolladas anteriormente (libro I, cap. III). La misma masa de dinero, por ejemplo de 500 £, pone sucesivamente en circulación tantos más capitales industriales (o también capitales individuales en su forma de capitales mercantiles) cuanto mayor es la velocidad del curso del dinero, cuanto más rápidamente, pues, recorre cada capital singular la serie de sus metamorfosis de mercancía o de dinero. La misma masa de valor de capital requiere, por consiguiente, tanto menos dinero para su circulación cuanto más funciona el dinero como medio de pago, cuanto más, pues, por ejemplo al reponerse un capital mercantil por sus medios de producción, se trata solo de pagar saldos, y cuanto más cortos son los plazos de pago, por ejemplo en el pago del salario. Por otra parte, suponiendo invariables la velocidad de la circulación y todas las demás circunstancias, la masa del dinero que tiene que circular como capital dinerario está determinada por la suma de los precios de las mercancías (precio multiplicado por la masa de mercancías) o, dadas la masa y los valores de las mercancías, por el valor del propio dinero.
Pero las leyes de la circulación general de mercancías solo valen en la medida en que el proceso de circulación del capital constituye una serie de simples operaciones de circulación, y no en la medida en que estas constituyen tramos funcionalmente determinados del ciclo de capitales industriales individuales.
Para aclararlo, lo mejor es considerar el proceso de circulación en su conexión ininterrumpida, tal como aparece en las dos formas:
⎧ M ──── ⎧ D ── M < FT/MP … P (P′)
II) P … M′ ⎨ ── D′ ⎨
⎩ m ──── ⎩ d ── m
⎧ M ──── ⎧ D ── M < FT/MP … P … M′
III) M′ ⎨ ── D′ ⎨
⎩ m ──── ⎩ d ── m
Como serie de operaciones de circulación en general, el proceso de circulación (ya sea como M – D – M o como D – M – D) no representa más que las dos series opuestas de metamorfosis de las mercancías, cada una de cuyas metamorfosis singulares incluye a su vez la metamorfosis opuesta por parte de la mercancía ajena o del dinero ajeno que se encuentra frente a ella.
M – D por parte del poseedor de mercancías es D – M por parte del comprador; la primera metamorfosis de la mercancía en M – D es la segunda metamorfosis de la mercancía que aparece como D; a la inversa en D – M. Lo que se ha mostrado, pues, sobre el entrelazamiento de la metamorfosis de la mercancía en un estadio con la de otra mercancía en el otro estadio vale para la circulación del capital, en la medida en que el capitalista funciona como comprador y vendedor de mercancía, y su capital, por tanto, como dinero frente a mercancía ajena o como mercancía frente a dinero ajeno. Pero este entrelazamiento no es a la vez expresión del entrelazamiento de las metamorfosis de los capitales.
En primer lugar, D – M (MP) puede representar, como hemos visto, un entrelazamiento de las metamorfosis de diversos capitales individuales. Por ejemplo, el capital mercantil del hilandero de algodón, el hilo, se repone en parte por carbón. Una parte de su capital se encuentra en forma de dinero y se convierte de esta en forma de mercancía, mientras que el capital del productor capitalista de carbón se encuentra en forma de mercancía y, por tanto, se convierte en forma de dinero; el mismo acto de circulación representa aquí metamorfosis opuestas de dos capitales industriales (pertenecientes a ramas de producción distintas) y, por tanto, entrelazamiento de la serie de metamorfosis de estos capitales. Pero, como hemos visto, los MP en que se convierte D no tienen por qué ser capital mercantil en sentido categórico, es decir, forma funcional de capital industrial, producidos por un capitalista. Siempre es D – M por un lado y M – D por el otro, pero no siempre entrelazamiento de metamorfosis de capitales. Además, D – FT, la compra de la fuerza de trabajo, nunca es entrelazamiento de metamorfosis de capitales, pues la fuerza de trabajo es, sin duda, mercancía del obrero, pero solo se convierte en capital una vez vendida al capitalista. Por otra parte, en el proceso M′ – D′ el D′ no tiene por qué ser capital mercantil transformado; puede ser la conversión en dinero de la mercancía fuerza de trabajo (salario) o de un producto producido por el trabajador independiente, el esclavo, el siervo o la comunidad.
Pero, en segundo lugar, del papel funcionalmente determinado que desempeña cada metamorfosis que se presenta dentro del proceso de circulación de un capital individual no se sigue en modo alguno que represente en el ciclo del otro capital la metamorfosis opuesta correspondiente, aun suponiendo que toda la producción del mercado mundial se lleve a cabo de modo capitalista. Por ejemplo, en el ciclo P … P, el D′ que convierte en dinero M′ puede ser, por parte del comprador, solo la conversión en dinero de su plusvalía (si la mercancía es un artículo de consumo); o en D′ – M′ < FT/MP (donde, pues, el capital entra acumulado) puede entrar para el vendedor de MP solo como reposición de su adelanto de capital, o no volver a entrar en absoluto en su circulación de capital, si se desvía hacia el gasto del rédito.
Cómo se reponen recíprocamente en el proceso de circulación las diversas partes integrantes del capital social global, de las que los capitales individuales no son más que partes integrantes que funcionan de manera autónoma —tanto en lo que respecta al capital como a la plusvalía—, no se desprende, pues, de los simples entrelazamientos de metamorfosis de la circulación de mercancías, que las operaciones de la circulación del capital tienen en común con toda otra circulación de mercancías, sino que requiere otro método de investigación. Hasta ahora uno se ha contentado aquí con frases que, analizadas más de cerca, no contienen más que representaciones imprecisas, tomadas simplemente de los entrelazamientos de metamorfosis propios de toda circulación de mercancías.
Una de las peculiaridades más palpables del proceso cíclico del capital industrial, y por tanto también de la producción capitalista, es la circunstancia de que, por un lado, los elementos formadores del capital productivo proceden del mercado de mercancías y tienen que renovarse constantemente a partir de él, comprarse como mercancías; por otro lado, el producto del proceso de trabajo sale de él como mercancía y tiene que venderse constantemente de nuevo como mercancía. Compárese, por ejemplo, un arrendatario moderno de la Baja Escocia con un pequeño campesino continental chapado a la antigua. El primero vende todo su producto y tiene que reponer, por tanto, en el mercado también todos los elementos de este, incluso la simiente; el otro consume directamente la mayor parte de su producto, compra y vende lo menos posible y fabrica él mismo, en la medida de lo posible, herramientas, ropa, etc.
A partir de esto se han contrapuesto la economía natural, la economía monetaria y la economía crediticia como las tres formas económicas de movimiento características de la producción social.
En primer lugar, estas tres formas no representan fases de desarrollo equivalentes. La llamada economía crediticia no es ella misma más que una forma de la economía monetaria, en la medida en que ambas denominaciones expresan funciones de intercambio o modos de intercambio entre los propios productores. En la producción capitalista desarrollada, la economía monetaria ya solo aparece como base de la economía crediticia. La economía monetaria y la economía crediticia corresponden así solo a distintas fases de desarrollo de la producción capitalista, pero no son en modo alguno formas de intercambio autónomas distintas frente a la economía natural. Con el mismo derecho podrían contraponerse a aquellas dos, como equivalentes, las formas muy diversas de la economía natural.
En segundo lugar: como en las categorías economía monetaria y economía crediticia no se subraya ni se destaca como rasgo distintivo la economía, es decir, el proceso de producción mismo, sino el modo de intercambio entre los diversos agentes de la producción o productores que corresponde a la economía, lo mismo tendría que hacerse con la primera categoría. En vez de economía natural, pues, economía de trueque. Una economía natural completamente cerrada, por ejemplo el Estado inca del Perú, no entraría en ninguna de estas categorías.
En tercer lugar: la economía monetaria es común a toda producción de mercancías, y el producto aparece como mercancía en los más diversos organismos sociales de producción. Lo que caracterizaría a la producción capitalista sería, pues, solo el grado en que el producto se produce como artículo comercial, como mercancía, y en que, por tanto, también sus propios elementos formadores tienen que entrar de nuevo como artículos comerciales, como mercancías, en la economía de la que procede.
De hecho, la producción capitalista es la producción de mercancías como forma general de la producción, pero solo lo es, y lo es cada vez más en su desarrollo, porque el trabajo mismo aparece aquí como mercancía, porque el obrero vende el trabajo, es decir, la función de su fuerza de trabajo, y además, como suponemos, por su valor, determinado por sus costes de reproducción. En la medida en que el trabajo se convierte en trabajo asalariado, el productor se convierte en capitalista industrial; por eso la producción capitalista (y, por tanto, también la producción de mercancías) solo aparece en todo su alcance cuando también el productor rural directo es obrero asalariado. En la relación entre capitalista y obrero asalariado, la relación monetaria, la relación entre comprador y vendedor, se convierte en una relación inmanente a la producción misma. Pero esta relación descansa en su fundamento en el carácter social de la producción, no en el modo de intercambio; este surge, a la inversa, de aquel. Por lo demás, corresponde al horizonte burgués, en el que hacer negocietes ocupa toda la cabeza, no ver en el carácter del modo de producción la base del modo de intercambio que le corresponde, sino al revés24.
El capitalista arroja a la circulación menos valor en forma de dinero del que extrae de ella, porque arroja a ella más valor en forma de mercancía del que le ha sustraído en forma de mercancía. En la medida en que funciona meramente como personificación del capital, como capitalista industrial, su oferta de valor de mercancías es siempre mayor que su demanda de valor de mercancías. Que su oferta y su demanda se cubrieran en este respecto equivaldría a la no valorización de su capital; este no habría funcionado como capital productivo; el capital productivo se habría transformado en capital mercantil no preñado de plusvalía; no habría extraído de la fuerza de trabajo, durante el proceso de producción, plusvalía alguna en forma de mercancía, es decir, no habría funcionado en absoluto como capital; el capitalista tiene, en efecto, que «vender más caro de lo que ha comprado», pero solo lo consigue porque, por medio del proceso capitalista de producción, ha transformado la mercancía más barata, por ser de menor valor, que ha comprado, en una mercancía de mayor valor y, por tanto, más cara. Vende más caro no porque venda por encima del valor de su mercancía, sino porque vende una mercancía de un valor superior a la suma de valor de los ingredientes de su producción.
La tasa a la que el capitalista valoriza su capital es tanto mayor cuanto mayor es la diferencia entre su oferta y su demanda, es decir, cuanto mayor es el excedente del valor de mercancías que ha suministrado sobre el valor de mercancías que demanda. Su objetivo no es que una cubra a la otra, sino que no se cubran en la mayor medida posible: que su oferta rebase su demanda.
Lo que vale para el capitalista singular vale para la clase capitalista.
En la medida en que el capitalista solo personifica el capital industrial, su propia demanda consiste únicamente en la demanda de medios de producción y de fuerza de trabajo. Su demanda de MP, considerada según su cuantía de valor, es menor que su capital adelantado; compra medios de producción de menor valor que el valor de su capital y, por tanto, de un valor mucho menor aún que el del capital mercantil que suministra.
En cuanto a su demanda de fuerza de trabajo, está determinada, según su cuantía de valor, por la proporción entre su capital variable y su capital global, es decir, = v : C, y por eso en la producción capitalista, considerada proporcionalmente, es cada vez menor que su demanda de medios de producción. El capitalista es, en medida constantemente creciente, mayor comprador de MP que de FT.
En la medida en que el obrero convierte su salario sobre todo en medios de subsistencia, y en su inmensa mayor parte en medios de subsistencia necesarios, la demanda de fuerza de trabajo por parte del capitalista es indirectamente, a la vez, demanda de los medios de consumo que entran en el consumo de la clase obrera. Pero esta demanda es = v, y ni un átomo mayor (si el obrero ahorra de su salario —aquí dejamos necesariamente fuera de consideración todas las relaciones de crédito—, eso significa que convierte en tesoro una parte de su salario y pro tanto no actúa como demandante, como comprador). El límite máximo de la demanda del capitalista es = C = c + v, pero su oferta es = c + v + p; si la composición de su capital mercantil es, pues, 80c + 20v + 20p, su demanda es = 80c + 20v, es decir, considerada según su cuantía de valor, 1/6 menor que su oferta. Cuanto mayor es el porcentaje de la masa p producida por él (la tasa de ganancia), tanto menor se hace su demanda en proporción a su oferta. Aunque la demanda de fuerza de trabajo por parte del capitalista, y por tanto indirectamente de medios de subsistencia necesarios, se hace, con el progreso de la producción, progresivamente menor que su demanda de medios de producción, por otro lado no hay que olvidar que su demanda de MP es siempre menor que su capital, contando día tras día. Su demanda de medios de producción tiene que ser siempre, pues, de menor valor que el producto-mercancía del capitalista que trabaja con igual capital y en circunstancias por lo demás iguales y que le suministra estos medios de producción. Que sean muchos capitalistas y no uno no cambia nada. Supongamos que su capital es de 1.000 £, y la parte constante de este, de 800 £; su demanda a la totalidad de ellos es entonces = 800 £; juntos suministran por cada 1.000 £ (cualquiera que sea la parte que corresponda a cada uno de ellos y cualquiera que sea la parte de su capital global que constituya la cantidad que corresponde a cada uno), con igual tasa de ganancia, medios de producción por valor de 1.200 £; así pues, su demanda solo cubre 2/3 de la oferta de ellos, mientras que su propia demanda global solo es = 4/5 de su propia oferta, considerada según la magnitud de valor.
Ahora tenemos que anticipar de pasada el examen de la rotación. Supongamos que su capital global es de 5.000 £, de las que 4.000 £ son fijas y 1.000 £ circulantes; estas 1.000 = 800c + 200v, según el supuesto anterior. Su capital circulante tiene que rotar cinco veces al año para que su capital global rote una vez al año; su producto-mercancía es entonces de 6.000 £, es decir, 1.000 £ mayor que su capital adelantado, lo que vuelve a dar la misma proporción de plusvalía que antes:
5.000 C : 1.000p = 100(c + v) : 20p. Esta rotación no cambia, pues, nada en la relación entre su demanda global y su oferta global; la primera sigue siendo 1/5 menor que la segunda.
Supongamos que su capital fijo ha de renovarse en 10 años. Amortiza, pues, anualmente 1/10 = 400 £. Con ello solo le queda un valor de 3.600 £ en capital fijo + 400 £ en dinero. En la medida en que hacen falta reparaciones, y estas no exceden de la media, no son más que una inversión de capital que solo hace con posterioridad. Podemos considerar la cosa como si hubiera incluido desde el principio los costes de reparación al tasar su capital de instalación, en la medida en que este entra en el producto-mercancía anual, de modo que estén comprendidos en el 1/10 de amortización. (Si su necesidad de reparaciones está de hecho por debajo de la media, es una ganancia para él, exactamente igual que es un perjuicio suyo si está por encima. Pero esto se compensa para toda la clase de los capitalistas ocupados en la misma rama industrial.) En cualquier caso, aunque con una rotación anual de su capital global su demanda anual siga siendo = 5.000 £, igual a su valor de capital adelantado originariamente, esa demanda aumenta con respecto a la parte circulante del capital, mientras que disminuye constantemente con respecto a la parte fija de este.
Pasemos ahora a la reproducción. Supongamos que el capitalista consume toda la plusvalía d y solo reconvierte en capital productivo la magnitud originaria del capital, C. Ahora la demanda del capitalista es de igual valor que su oferta. Pero no con respecto al movimiento de su capital; antes bien, como capitalista solo ejerce demanda por 4/5 de su oferta (según la magnitud de valor); 1/5 lo consume como no capitalista, no en su función de capitalista, sino para sus necesidades privadas o su placer.
Su cuenta, calculada en porcentajes, es entonces:
como capitalista demanda = 100, oferta = 120
como vividor demanda = 20, oferta = ---
-----------------------------------------------
suma demanda = 120, oferta = 120
Este supuesto equivale a suponer la inexistencia de la producción capitalista y, por tanto, la inexistencia del propio capitalista industrial. Pues el capitalismo queda abolido ya en su fundamento con el supuesto de que el motivo impulsor es el disfrute y no el enriquecimiento mismo.
Pero es también técnicamente imposible. El capitalista no solo tiene que formar un capital de reserva frente a las oscilaciones de precios y para poder esperar las coyunturas más favorables para comprar y vender; tiene que acumular capital para ampliar con él la producción e incorporar los progresos técnicos a su organismo productivo.
Para acumular capital, tiene que empezar por sustraer a la circulación una parte de la plusvalía en forma de dinero que le ha afluido de la circulación, dejarla crecer como tesoro hasta que este haya adquirido las dimensiones requeridas para ampliar el antiguo negocio o abrir un negocio secundario. Mientras dura el atesoramiento, este no aumenta la demanda del capitalista; el dinero está inmovilizado: no sustrae al mercado de mercancías ningún equivalente en mercancía por el equivalente en dinero que le ha sustraído por la mercancía suministrada.
Aquí se prescinde del crédito; y pertenece al crédito el caso de que el capitalista, por ejemplo, deposite el dinero, a medida que se va acumulando, en un banco, en cuenta corriente y a interés.
Capítulo quinto. El tiempo de circulación25
El movimiento del capital a través de la esfera de la producción y de las dos fases de la esfera de la circulación se efectúa, como se ha visto, en una secuencia temporal. La duración de su permanencia en la esfera de la producción constituye su tiempo de producción; la de su permanencia en la esfera de la circulación, su tiempo de circulación o de curso26. El tiempo total en que describe su ciclo es igual, por tanto, a la suma del tiempo de producción y el tiempo de circulación.
El tiempo de producción abarca, naturalmente, el período del proceso de trabajo, pero no queda abarcado por él. Recordemos, en primer lugar, que una parte del capital constante existe en medios de trabajo, como máquinas, edificios, etc., que hasta el final de su vida sirven en los mismos procesos de trabajo, repetidos siempre de nuevo. La interrupción periódica del proceso de trabajo, por la noche, por ejemplo, interrumpe sin duda la función de estos medios de trabajo, pero no su permanencia en el lugar de producción. Pertenecen a este no solo mientras funcionan, sino también mientras no funcionan. Por otro lado, el capitalista tiene que tener preparada una determinada existencia de materia prima y de materias auxiliares para que el proceso de producción se desarrolle en una escala determinada de antemano durante lapsos más o menos largos, sin depender de los azares del suministro diario del mercado. Esta existencia de materias primas, etc., solo se consume productivamente poco a poco. Se da, por tanto, una diferencia entre su tiempo de producción27 y su tiempo de funcionamiento. El tiempo de producción de los medios de producción en general abarca, pues: 1) el tiempo durante el cual funcionan como medios de producción, es decir, sirven en el proceso de producción; 2) las pausas durante las cuales está interrumpido el proceso de producción y, por tanto, también la función de los medios de producción incorporados a él; 3) el tiempo durante el cual están ya preparados como condiciones del proceso, es decir, representan ya capital productivo, pero aún no han entrado en el proceso de producción.
La diferencia considerada hasta ahora es siempre una diferencia entre el tiempo de permanencia del capital productivo en la esfera de la producción y el tiempo de su permanencia en el proceso de producción. Pero el proceso de producción mismo puede implicar interrupciones del proceso de trabajo y, por tanto, del tiempo de trabajo; intervalos en los que el objeto de trabajo queda entregado a la acción de procesos físicos sin más intervención del trabajo humano. En este caso el proceso de producción, y por tanto la función de los medios de producción, continúa, aunque el proceso de trabajo, y por tanto la función de los medios de producción como medios de trabajo, esté interrumpido. Así ocurre, por ejemplo, con el grano sembrado, con el vino que fermenta en la bodega, con el material de trabajo de muchas manufacturas, como por ejemplo las tenerías, que queda entregado a procesos químicos. El tiempo de producción es aquí mayor que el tiempo de trabajo. La diferencia entre ambos consiste en un excedente del tiempo de producción sobre el tiempo de trabajo. Este excedente se basa siempre en que el capital productivo se encuentra latente en la esfera de la producción sin funcionar en el proceso de producción mismo, o en que funciona en el proceso de producción sin encontrarse en el proceso de trabajo.
La parte del capital productivo latente que solo está preparada como condición del proceso de producción, como el algodón, el carbón, etc., en la hilatura, no actúa ni como formadora de producto ni como formadora de valor. Es capital en barbecho, aunque su barbecho constituya una condición para el flujo ininterrumpido del proceso de producción. Los edificios, aparatos, etc., necesarios para servir de depósito de la existencia productiva (del capital latente), son condiciones del proceso de producción y constituyen, por tanto, partes integrantes del capital productivo adelantado. Cumplen su función como conservadores de los elementos productivos en el estadio preliminar. En la medida en que en este estadio son necesarios procesos de trabajo, encarecen la materia prima, etc., pero son trabajos productivos y forman plusvalía, porque una parte de este trabajo, como de todo otro trabajo asalariado, no se paga. Las interrupciones normales de todo el proceso de producción, es decir, los intervalos en que el capital productivo no funciona, no producen ni valor ni plusvalía. De ahí el afán de hacer trabajar también de noche (libro I, cap. VIII, 4). Los intervalos en el tiempo de trabajo por los que tiene que pasar el objeto de trabajo durante el propio proceso de producción no forman ni valor ni plusvalía; pero hacen avanzar el producto, forman una parte de su vida, un proceso por el que tiene que pasar. El valor de los aparatos, etc., se transfiere al producto en proporción a todo el tiempo durante el cual funcionan; el producto ha sido colocado en este estadio por el trabajo mismo, y el uso de estos aparatos es tanto condición de la producción como la pérdida en polvo de una parte del algodón que no entra en el producto, pero que, sin embargo, le transfiere su valor. La otra parte del capital latente, como los edificios, máquinas, etc., es decir, los medios de trabajo cuya función solo se ve interrumpida por las pausas regulares del proceso de producción —las interrupciones irregulares a consecuencia de restricciones de la producción, crisis, etc., son pérdidas puras—, añade valor sin entrar en la formación del producto; el valor total que añade al producto está determinado por su duración media; pierde valor, porque pierde valor de uso, tanto en el tiempo en que funciona como en el tiempo en que no funciona.
Por último, el valor de la parte constante del capital que continúa en el proceso de producción aunque el proceso de trabajo esté interrumpido reaparece en el resultado del proceso de producción. Los medios de producción han sido colocados aquí por el trabajo mismo en condiciones dentro de las cuales recorren por sí solos ciertos procesos naturales cuyo resultado es un efecto útil determinado o una forma modificada de su valor de uso. El trabajo siempre transfiere al producto el valor de los medios de producción en la medida en que los consume realmente, conforme a su fin, como medios de producción. Nada cambia en ello que el trabajo, para producir este efecto, tenga que actuar continuamente sobre el objeto de trabajo por medio de los medios de trabajo, o que solo necesite dar el impulso, colocando los medios de producción en condiciones en las que, sin más cooperación del trabajo, los medios de producción sufren por sí solos, a consecuencia de procesos naturales, la modificación que se pretendía.
Cualquiera que sea el motivo del excedente del tiempo de producción sobre el tiempo de trabajo —sea que los medios de producción solo constituyan capital productivo latente, y por tanto se encuentren aún en una fase previa al proceso de producción real, sea que dentro del proceso de producción su propia función quede interrumpida por las pausas de este, sea, por último, que el proceso de producción mismo implique interrupciones del proceso de trabajo—, en ninguno de estos casos funcionan los medios de producción como absorbentes de trabajo. Si no absorben trabajo, tampoco absorben plustrabajo. No tiene lugar, por tanto, valorización alguna del capital productivo mientras se encuentra en la parte de su tiempo de producción que excede del tiempo de trabajo, por inseparable que sea la realización del proceso de valorización de estas pausas suyas. Está claro que, cuanto más coincidan el tiempo de producción y el tiempo de trabajo, tanto mayores serán la productividad y la valorización de un capital productivo dado en un período dado. De ahí la tendencia de la producción capitalista a acortar en lo posible el excedente del tiempo de producción sobre el tiempo de trabajo. Pero aunque el tiempo de producción del capital pueda diferir de su tiempo de trabajo, siempre lo abarca, y el excedente mismo es condición del proceso de producción. El tiempo de producción es, pues, siempre el tiempo durante el cual el capital produce valores de uso y se valoriza a sí mismo y, por tanto, funciona como capital productivo, aunque incluya tiempo en el que o bien está latente, o bien produce sin valorizarse.
Dentro de la esfera de la circulación, el capital mora como capital mercantil y capital dinerario. Sus dos procesos de circulación consisten en transformarse de la forma de mercancía en forma de dinero y de la forma de dinero en forma de mercancía. La circunstancia de que la transformación de la mercancía en dinero sea aquí a la vez realización de la plusvalía incorporada a la mercancía, y de que la transformación del dinero en mercancía sea a la vez transformación o reconversión del valor de capital en la figura de sus elementos de producción, no cambia en absoluto el hecho de que estos procesos, como procesos de circulación, son procesos de la metamorfosis simple de las mercancías.
El tiempo de circulación y el tiempo de producción se excluyen recíprocamente. Durante su tiempo de circulación, el capital no funciona como capital productivo y, por tanto, no produce ni mercancía ni plusvalía. Si consideramos el ciclo en su forma más simple, de modo que todo el valor de capital pase cada vez de golpe de una fase a la otra, es palpable que el proceso de producción, y por tanto también la autovalorización del capital, está interrumpido mientras dura su tiempo de circulación, y que, según la duración de este, la renovación del proceso de producción será más rápida o más lenta. Si, por el contrario, las diversas partes del capital recorren el ciclo una tras otra, de modo que el ciclo de todo el valor de capital se efectúe sucesivamente en el ciclo de sus diversas porciones, está claro que, cuanto más larga sea la permanencia constante de sus partes alícuotas en la esfera de la circulación, tanto menor tendrá que ser su parte que funciona constantemente en la esfera de la producción. La expansión y la contracción del tiempo de circulación actúan, por tanto, como límite negativo sobre la contracción o expansión del tiempo de producción o del volumen en que un capital de magnitud dada funciona como capital productivo. Cuanto más ideales sean solamente las metamorfosis de la circulación del capital, es decir, cuanto más se haga el tiempo de circulación = 0 o se aproxime a cero, tanto más funciona el capital y tanto mayores se hacen su productividad y su autovalorización. Si un capitalista trabaja, por ejemplo, por encargo, de modo que recibe el pago al entregar el producto, y si el pago se efectúa en sus propios medios de producción, el tiempo de circulación se aproxima a cero.
El tiempo de circulación del capital limita, pues, en general su tiempo de producción y, por tanto, su proceso de valorización. Y lo limita, en efecto, en proporción a su duración. Pero esta puede aumentar o disminuir de maneras muy distintas y, por tanto, limitar en grado muy distinto el tiempo de producción del capital. Pero lo que ve la economía política es lo que aparece, a saber, el efecto del tiempo de circulación sobre el proceso de valorización del capital en general. Concibe este efecto negativo como positivo, porque sus consecuencias son positivas. Se aferra a esta apariencia tanto más cuanto que parece aportar la prueba de que el capital posee una fuente mística de autovalorización, independiente de su proceso de producción y, por tanto, de la explotación del trabajo, que le afluye de la esfera de la circulación. Veremos más adelante cómo incluso la economía científica se deja engañar por esta apariencia. Esta apariencia se ve reforzada, como también se mostrará, por diversos fenómenos: 1) el modo capitalista de calcular la ganancia, en el que el motivo negativo figura como positivo, puesto que, para capitales en distintas esferas de inversión en las que solo difiere el tiempo de circulación, un tiempo de circulación más largo actúa como motivo de alza de los precios; en suma, como uno de los motivos en la nivelación de las ganancias. 2) El tiempo de circulación no constituye más que un momento del tiempo de rotación; pero este último incluye el tiempo de producción o, en su caso, el tiempo de reproducción. Lo que se debe a este último parece deberse al tiempo de circulación. 3) La conversión de las mercancías en capital variable (salario) está condicionada por su previa transformación en dinero. En la acumulación del capital, la conversión en capital variable adicional ocurre, pues, en la esfera de la circulación o durante el tiempo de circulación. La acumulación dada con ello parece deberse, por tanto, a este último.
Dentro de la esfera de la circulación, el capital recorre —en uno u otro orden— las dos fases opuestas M – D y D – M. Su tiempo de circulación se divide, pues, también en dos partes: el tiempo que necesita para transformarse de mercancía en dinero y el tiempo que necesita para transformarse de dinero en mercancía. Ya sabemos por el análisis de la circulación simple de mercancías (libro I, cap. III) que M – D, la venta, es la parte más difícil de su metamorfosis y que, por tanto, en circunstancias ordinarias, constituye la mayor parte del tiempo de circulación. Como dinero, el valor se encuentra en su forma siempre convertible. Como mercancía, tiene que recibir primero, mediante su transformación en dinero, esta figura de la intercambiabilidad inmediata y, por tanto, de una eficacia siempre presta. Sin embargo, en el proceso de circulación del capital, en su fase D – M, se trata de su transformación en mercancías que constituyen elementos determinados del capital productivo en una inversión dada. Puede que los medios de producción no estén disponibles en el mercado, sino que tengan que producirse primero, o que haya que traerlos de mercados lejanos, o que se produzcan fallos en su suministro habitual, cambios de precios, etc.; en suma, una masa de circunstancias que no son reconocibles en el simple cambio de forma D – M, pero que también para esta parte de la fase de circulación requieren unas veces más tiempo, otras menos. Así como M – D y D – M pueden estar separadas en el tiempo, pueden estarlo también en el espacio; el mercado de compra y el mercado de venta pueden ser mercados distintos en el espacio. En las fábricas, por ejemplo, el comprador y el vendedor son incluso con frecuencia personas distintas. La circulación es tan necesaria en la producción de mercancías como la producción misma; los agentes de la circulación, por tanto, tan necesarios como los agentes de la producción. El proceso de reproducción incluye ambas funciones del capital y, por tanto, también la necesidad de que estas funciones estén representadas, sea por el propio capitalista, sea por obreros asalariados, agentes suyos. Pero esto es tan poco motivo para confundir a los agentes de la circulación con los agentes de la producción como lo es para confundir las funciones del capital mercantil y del capital dinerario con las del capital productivo. Los agentes de la circulación tienen que ser pagados por los agentes de la producción. Pero si los capitalistas que compran y venden entre sí no crean con este acto ni productos ni valor, esto no cambia cuando el volumen de su negocio les permite y les obliga a descargar esta función sobre otros. En algunos negocios, a los compradores y vendedores se les paga con una participación en la ganancia. La frase de que los pagan los consumidores no sirve de nada. Los consumidores solo pueden pagar en la medida en que ellos mismos, como agentes de la producción, se producen un equivalente en mercancías o se lo apropian de los agentes de la producción, sea en virtud de un título jurídico (como socios suyos, etc.), sea mediante servicios personales.
Hay una diferencia entre M – D y D – M que no tiene nada que ver con la diferencia de forma entre mercancía y dinero, sino que surge del carácter capitalista de la producción. En sí y por sí, tanto M – D como D – M son meras traslaciones de un valor dado de una forma a otra. Pero M′ – D′ es a la vez realización de la plusvalía contenida en M′. No así D – M. Por eso la venta es más importante que la compra. D – M es, en condiciones normales, un acto necesario para la valorización del valor expresado en D, pero no es realización de plusvalía; es introducción a su producción, no complemento posterior de ella.
Para la circulación del capital mercantil M′ – D′, la forma de existencia de las propias mercancías, su existencia como valores de uso, traza determinados límites. Son perecederas por naturaleza. Si no entran, pues, dentro de cierto plazo en el consumo productivo o individual, según su destino; si, en otras palabras, no se venden en un tiempo determinado, se echan a perder y pierden, con su valor de uso, la propiedad de ser portadoras del valor de cambio. El valor de capital contenido en ellas, o en su caso la plusvalía que se le ha añadido, se pierde. Los valores de uso solo siguen siendo portadores del valor de capital perenne y que se valoriza en la medida en que se renuevan y reproducen constantemente, en que son reemplazados por nuevos valores de uso de la misma clase o de otra. Pero su venta en su forma acabada de mercancía, es decir, su entrada, mediada por ella, en el consumo productivo o individual, es la condición, que se renueva siempre, de su reproducción. Tienen que cambiar dentro de un tiempo determinado su antigua forma de uso para seguir existiendo en una nueva. El valor de cambio solo se conserva mediante esta renovación constante de su cuerpo. Los valores de uso de las diversas mercancías se echan a perder con mayor o menor rapidez; puede transcurrir, pues, más o menos tiempo intermedio entre su producción y su consumo; pueden, pues, sin perecer, permanecer más o menos tiempo como capital mercantil en la fase de circulación M – D, soportar como mercancías un tiempo de circulación más corto o más largo. El límite del tiempo de circulación del capital mercantil impuesto por el deterioro del propio cuerpo de la mercancía es el límite absoluto de esta parte del tiempo de circulación, o del tiempo de circulación que el capital mercantil puede describir qua capital mercantil. Cuanto más perecedera es una mercancía, cuanto más inmediatamente después de su producción tiene, por tanto, que consumirse y, por consiguiente, también venderse, tanto menor es la distancia de su lugar de producción que admite, tanto más estrecha es, pues, su esfera espacial de circulación, tanto más local es la naturaleza de su mercado. Por eso, cuanto más perecedera es una mercancía, cuanto mayor es, por su constitución física, el límite absoluto de su tiempo de circulación como mercancía, tanto menos apta es para ser objeto de la producción capitalista. Solo puede caer bajo esta en lugares populosos, o en la medida en que las distancias locales se acortan con el desarrollo de los medios de transporte. Pero la concentración de la producción de un artículo en pocas manos y en un lugar populoso puede crear un mercado relativamente grande también para artículos de esta clase, como, por ejemplo, en las grandes fábricas de cerveza, lecherías, etc.
Capítulo sexto. Los gastos de circulación
I. Gastos puros de circulación
1. Tiempo de compra y de venta
Los cambios de forma del capital, de mercancía en dinero y de dinero en mercancía, son a la vez tratos del capitalista, actos de compra y de venta. El tiempo en que se consuman estos cambios de forma del capital es, subjetivamente, desde el punto de vista del capitalista, tiempo de venta y tiempo de compra, el tiempo durante el cual funciona en el mercado como vendedor y como comprador. Así como el tiempo de circulación del capital constituye una sección necesaria de su tiempo de reproducción, así también el tiempo durante el cual el capitalista compra y vende, durante el cual anda de acá para allá por el mercado, constituye una sección necesaria de su tiempo de función como capitalista, es decir, como capital personificado. Forma parte de su tiempo de negocio.
{Como se ha supuesto que las mercancías se compran y se venden por sus valores, en estas operaciones se trata solo de la conversión del mismo valor de una forma en otra, de la forma mercancía en la forma dinero y de la forma dinero en la forma mercancía: de un cambio de estado. Si las mercancías se venden por sus valores, la magnitud de valor permanece inalterada tanto en manos del comprador como en manos del vendedor; solo ha cambiado su forma de existencia. Si las mercancías no se venden por sus valores, la suma de los valores convertidos permanece inalterada; lo que en un lado es más, en el otro es menos.
Pero las metamorfosis M – D y D – M son tratos que tienen lugar entre comprador y vendedor; necesitan tiempo para ponerse de acuerdo, tanto más cuanto que aquí se libra una lucha en la que cada parte trata de sacar ventaja a la otra y se enfrentan hombres de negocios, de modo que when Greek meets Greek then comes the tug of war [cuando griego se topa con griego, empieza la lucha encarnizada].28 El cambio de estado cuesta tiempo y fuerza de trabajo, pero no para crear valor, sino para llevar a cabo la conversión del valor de una forma en otra; y nada cambia en ello el intento recíproco de apropiarse, en esta ocasión, una cantidad excedente de valor. Este trabajo, acrecentado por las malas intenciones de ambas partes, crea tan poco valor como el trabajo que se realiza en un proceso judicial aumenta la magnitud de valor del objeto litigioso. Con este trabajo —que es un momento necesario del proceso capitalista de producción en su totalidad, donde este incluye también la circulación o es incluido por ella— ocurre más o menos lo que con el trabajo de combustión de una sustancia que se emplea para producir calor. Este trabajo de combustión no produce calor, aunque es un momento necesario del proceso de combustión. Para consumir, por ejemplo, carbón como combustible, tengo que combinarlo con oxígeno y, para ello, hacerlo pasar del estado sólido al gaseoso (pues en el gas carbónico, resultado de la combustión, el carbón está en estado gaseoso), es decir, provocar un cambio físico de forma de existencia o de estado. La separación de las moléculas de carbono, que están unidas en un todo sólido, y la disgregación de la propia molécula de carbono en sus distintos átomos tienen que preceder a la nueva combinación, y esto cuesta un cierto gasto de fuerza que, por tanto, no se transforma en calor, sino que se resta de él. Por eso, si los poseedores de mercancías no son capitalistas, sino productores directos independientes, el tiempo empleado en comprar y vender es una deducción de su tiempo de trabajo, y de ahí que trataran siempre (tanto en la Antigüedad como en la Edad Media) de trasladar tales operaciones a los días de fiesta.
Las dimensiones que el intercambio de mercancías adquiere en manos de los capitalistas no pueden, naturalmente, transformar este trabajo, que no crea valor, sino que solo media un cambio de forma del valor, en trabajo creador de valor. Tampoco puede producirse el milagro de esta transustanciación mediante una transposición, es decir, haciendo que los capitalistas industriales, en lugar de realizar ellos mismos ese «trabajo de combustión», lo conviertan en el negocio exclusivo de terceras personas pagadas por ellos. Estas terceras personas no pondrán, naturalmente, su fuerza de trabajo a disposición de aquellos por amor a sus beaux yeux [lindos ojos]. Al recaudador de rentas de un terrateniente o al mozo de un banco les da igual, del mismo modo, que su trabajo no aumente ni un ápice la magnitud de valor de la renta ni la de las monedas de oro llevadas en sacos a otro banco.}29
Para el capitalista que hace trabajar a otros para él, la compra y la venta se convierten en una función principal. Como se apropia el producto de muchos en una escala social mayor, también tiene que venderlo en esa escala y volver a transformarlo después de dinero en los elementos de producción. Ahora como antes, el tiempo de compra y de venta no crea valor. Por la función del capital comercial se introduce una ilusión. Pero, sin entrar aquí todavía más en ello, desde el principio está claro lo siguiente: si por la división del trabajo una función que es en sí y para sí improductiva, pero que es un momento necesario de la reproducción, se transforma de ocupación accesoria de muchos en ocupación exclusiva de pocos, en su negocio particular, no por ello se transforma el carácter de la función misma. Un comerciante (considerado aquí como mero agente del cambio de forma de las mercancías, como mero comprador y vendedor) puede abreviar mediante sus operaciones el tiempo de compra y de venta para muchos productores. Entonces hay que considerarlo como una máquina que reduce el gasto inútil de fuerza o que ayuda a liberar tiempo de producción.30
Para simplificar la cuestión (puesto que solo más adelante examinaremos al comerciante como capitalista y el capital comercial), supondremos que este agente de la compra y la venta es un hombre que vende su trabajo. Gasta su fuerza de trabajo y su tiempo de trabajo en estas operaciones M – D y D – M. Y por eso vive de ello, como otro vive, por ejemplo, de hilar o de hacer píldoras. Realiza una función necesaria, porque el propio proceso de reproducción incluye funciones improductivas. Trabaja igual que cualquier otro, pero el contenido de su trabajo no crea ni valor ni producto. Él mismo forma parte de los faux frais31 de la producción. Su utilidad no consiste en transformar una función improductiva en productiva, ni un trabajo improductivo en productivo. Sería un milagro que semejante transformación pudiera lograrse mediante tal transferencia de la función. Su utilidad consiste más bien en que una parte menor de la fuerza de trabajo y del tiempo de trabajo de la sociedad quede inmovilizada en esta función improductiva. Más aún. Supondremos que es un mero obrero asalariado, mejor pagado si se quiere. Sea cual sea su paga, como obrero asalariado trabaja gratis una parte de su tiempo. Recibe quizá cada día el producto de valor de ocho horas de trabajo y funciona durante diez. Las dos horas de plustrabajo que realiza producen tan poco valor como sus ocho horas de trabajo necesario, aunque mediante estas últimas se le transfiere una parte del producto social. En primer lugar, ahora como antes, considerado socialmente, se consume una fuerza de trabajo durante diez horas en esta mera función de circulación. No puede emplearse en ninguna otra cosa, no en trabajo productivo. Pero, en segundo lugar, la sociedad no paga estas dos horas de plustrabajo, aunque el individuo que las realiza las gasta. La sociedad no se apropia por ello ningún producto o valor excedente. Pero los gastos de circulación que él representa se reducen en una quinta parte, de diez horas a ocho. La sociedad no paga ningún equivalente por una quinta parte de este tiempo activo de circulación del que él es agente. Pero si es el capitalista quien emplea a este agente, el impago de las dos horas reduce los gastos de circulación de su capital, que constituyen una deducción de sus ingresos. Para él es una ganancia positiva, porque el límite negativo de la valorización de su capital se estrecha. Mientras pequeños productores independientes de mercancías gastan una parte de su propio tiempo en comprar y vender, esto se presenta solo o bien como tiempo gastado en los intervalos de su función productiva, o bien como merma de su tiempo de producción.
En todas las circunstancias, el tiempo empleado en ello es un gasto de circulación que no añade nada a los valores convertidos. Es el gasto necesario para traducirlos de la forma mercancía a la forma dinero. En la medida en que el productor capitalista de mercancías aparece como agente de la circulación, solo se distingue del productor directo de mercancías en que vende y compra en mayor escala y, por tanto, funciona como agente de la circulación en mayor medida. Pero en cuanto el volumen de su negocio le obliga o le permite comprar (contratar) agentes propios de la circulación como obreros asalariados, el fenómeno, en cuanto al fondo, no cambia. Hay que gastar en cierto grado fuerza de trabajo y tiempo de trabajo en el proceso de circulación (en la medida en que es mero cambio de forma). Pero esto aparece ahora como desembolso adicional de capital; una parte del capital variable tiene que desembolsarse en la compra de estas fuerzas de trabajo que solo funcionan en la circulación. Este adelanto de capital no crea ni producto ni valor. Reduce pro tanto [en la misma medida] el volumen en que el capital adelantado funciona productivamente. Es lo mismo que si una parte del producto se transformara en una máquina que comprara y vendiera la parte restante del producto. Esta máquina ocasiona una deducción del producto. No colabora en el proceso de producción, aunque pueda reducir la fuerza de trabajo, etc., gastada en la circulación. Constituye simplemente una parte de los gastos de circulación.
2. Contabilidad
Además de en la compra y venta efectivas, se gasta tiempo de trabajo en la contabilidad, en la que entra además trabajo objetivado: pluma, tinta, papel, escritorio, gastos de oficina. En esta función se gasta, pues, por un lado fuerza de trabajo y, por otro, medios de trabajo. Con ello ocurre exactamente lo mismo que con el tiempo de compra y de venta.
Como unidad dentro de sus ciclos, como valor en proceso, ya sea dentro de la esfera de la producción, ya sea dentro de las dos fases de la esfera de la circulación, el capital existe solo idealmente en la figura del dinero de cuenta, en primer lugar en la cabeza del productor de mercancías o, en su caso, del productor capitalista de mercancías. Mediante la contabilidad, que comprende también la determinación de los precios o el cálculo de los precios de las mercancías (cálculo de precios), este movimiento se fija y se controla. El movimiento de la producción, y en especial el de la valorización —en el que las mercancías solo figuran como portadoras de valor, como nombres de cosas cuya existencia ideal como valor está fijada en dinero de cuenta—, obtiene así una imagen simbólica en la representación. Mientras el productor individual de mercancías lleva las cuentas solo en su cabeza (como, por ejemplo, el campesino; solo la agricultura capitalista produce el arrendatario que lleva libros) o solo lleva, de forma accesoria, fuera de su tiempo de producción, un libro de sus gastos, ingresos, plazos de pago, etc., es palmario que esta función suya y los medios de trabajo que acaso consume en ella, como papel, etc., representan un consumo adicional de tiempo de trabajo y de medios de trabajo que son necesarios, pero que constituyen una deducción tanto del tiempo que puede consumir productivamente como de los medios de trabajo que funcionan en el proceso real de producción, que entran en la formación del producto y del valor.32 La naturaleza de la función misma no cambia, ni por el volumen que adquiere al concentrarse en manos del productor capitalista de mercancías y aparecer, en lugar de como función de muchos pequeños productores de mercancías, como función de un capitalista, como función dentro de un proceso de producción en gran escala; ni por su desgajamiento de las funciones productivas de las que era un accesorio, ni por su autonomización como función de agentes particulares encargados exclusivamente de ella.
La división del trabajo, la autonomización de una función, no la hace formadora de producto y de valor si no lo es en sí, es decir, ya antes de su autonomización. Si un capitalista invierte de nuevo su capital, tiene que invertir una parte en la compra de un contable, etc., y en medios de contabilidad. Si su capital ya está en funciones, inmerso en su proceso constante de reproducción, tiene que retransformar constantemente una parte del producto mercantil, mediante su transformación en dinero, en contables, dependientes y gente por el estilo. Esta parte del capital está sustraída al proceso de producción y pertenece a los gastos de circulación, a las deducciones del rendimiento global. (Incluida la propia fuerza de trabajo que se emplea exclusivamente en esta función.)
Hay, sin embargo, cierta diferencia entre los gastos que nacen de la contabilidad, o en su caso el gasto improductivo de tiempo de trabajo, por un lado, y los del mero tiempo de compra y de venta, por otro. Estos últimos nacen solo de la forma social determinada del proceso de producción, del hecho de que es proceso de producción de mercancías. La contabilidad, como control y síntesis ideal del proceso, se vuelve tanto más necesaria cuanto más se desarrolla el proceso en escala social y pierde su carácter puramente individual; más necesaria, pues, en la producción capitalista que en la producción dispersa de la explotación artesana y campesina, más necesaria en la producción colectiva que en la capitalista. Pero los gastos de contabilidad se reducen con la concentración de la producción y a medida que la contabilidad se transforma en contabilidad social.
Aquí se trata solo del carácter general de los gastos de circulación que nacen de la mera metamorfosis formal. Es superfluo entrar aquí en todas sus formas de detalle. Pero cómo formas que pertenecen al puro cambio de forma del valor y que, por tanto, nacen de la forma social determinada del proceso de producción, formas que en el productor individual de mercancías son solo momentos fugaces y apenas perceptibles, que corren paralelos a sus funciones productivas o se entrelazan con ellas, cómo estas pueden saltar a la vista como gastos de circulación masivos, se ve en el mero cobrar y pagar dinero en cuanto este se autonomiza como función exclusiva de los bancos, etc., o del cajero en los negocios individuales, y se concentra en gran escala. Lo que hay que retener es que estos gastos de circulación no cambian su carácter por la figura cambiada.
3. Dinero
Se produzca un producto como mercancía o no como mercancía, siempre es figura material de la riqueza, valor de uso, destinado a entrar en el consumo individual o en el productivo. Como mercancía, su valor existe idealmente en el precio, que no cambia nada en su figura real de uso. Pero que determinadas mercancías, como el oro y la plata, funcionen como dinero y, como tal, habiten exclusivamente el proceso de circulación (también como tesoro, reserva, etc., permanecen, aunque de forma latente, en la esfera de la circulación), es un puro producto de la forma social determinada del proceso de producción, que es proceso de producción de mercancías. Como sobre la base de la producción capitalista la mercancía se convierte en la figura general del producto, y la mayor masa del producto se produce como mercancía y tiene, por tanto, que adoptar la forma dinero; como, pues, la masa de mercancías, la parte de la riqueza social que funciona como mercancía, crece continuamente, aumenta aquí también el volumen del oro y la plata que funcionan como medio de circulación, medio de pago, reserva, etc. Estas mercancías que funcionan como dinero no entran ni en el consumo individual ni en el productivo. Son trabajo social fijado en una forma en la que sirve de mera máquina de circulación. Además de que una parte de la riqueza social queda confinada en esta forma improductiva, el desgaste del dinero exige su reposición constante, o sea, la transformación de más trabajo social —en forma de producto— en más oro y plata. Estos gastos de reposición son considerables en las naciones capitalistas desarrolladas, porque en general es voluminosa la parte de la riqueza confinada en forma de dinero. El oro y la plata, como mercancías dinerarias, constituyen para la sociedad gastos de circulación que nacen solo de la forma social de la producción. Son faux frais de la producción de mercancías en general, que crecen con el desarrollo de la producción de mercancías y, en especial, de la producción capitalista. Son una parte de la riqueza social que tiene que sacrificarse al proceso de circulación.33
II. Gastos de conservación
Los gastos de circulación que provienen del mero cambio de forma del valor, de la circulación considerada idealmente, no entran en el valor de las mercancías. Las partes de capital gastadas en ellos constituyen meras deducciones del capital gastado productivamente, si se considera al capitalista. De otra naturaleza son los gastos de circulación que examinamos ahora. Pueden nacer de procesos de producción que solo se prolongan en la circulación y cuyo carácter productivo, por tanto, solo queda oculto por la forma de circulación. Pueden, por otro lado, ser, considerados socialmente, meros costes, gasto improductivo de trabajo, ya sea vivo, ya sea objetivado, pero precisamente por ello actuar como formadores de valor para el capitalista individual, constituir un recargo sobre el precio de venta de su mercancía. Esto se sigue ya de que estos costes son distintos en distintas esferas de producción y, en algunos casos, para distintos capitales individuales dentro de la misma esfera de producción. Mediante su recargo sobre el precio de la mercancía se reparten en la medida en que recaen sobre los capitalistas individuales. Pero todo trabajo que añade valor puede añadir también plusvalía, y sobre base capitalista siempre añadirá plusvalía, ya que el valor que forma depende de su propia magnitud, y la plusvalía que forma, de la medida en que el capitalista lo paga. Costes, pues, que encarecen la mercancía sin añadirle valor de uso y que, por tanto, para la sociedad forman parte de los faux frais de la producción, pueden constituir para el capitalista individual una fuente de enriquecimiento. Por otro lado, en la medida en que el recargo que añaden al precio de la mercancía no hace más que repartir uniformemente estos gastos de circulación, no por ello deja de ser improductivo su carácter. Las compañías de seguros, por ejemplo, reparten las pérdidas de los capitalistas individuales entre la clase capitalista. Pero esto no impide que las pérdidas así compensadas sigan siendo, considerado el capital social global, pérdidas.
1. Formación de existencias en general
Durante su existencia como capital mercantil o su estancia en el mercado, es decir, mientras se encuentra en el intervalo entre el proceso de producción del que sale y el proceso de consumo en el que entra, el producto constituye existencias de mercancías. Como mercancía en el mercado y, por tanto, en la figura de las existencias, el capital mercantil aparece dos veces en cada ciclo: una vez como producto mercantil del propio capital en proceso cuyo ciclo se examina; la otra, en cambio, como producto mercantil de otro capital, que tiene que encontrarse en el mercado para ser comprado y transformado en capital productivo. Es posible, desde luego, que este último capital mercantil solo se produzca por encargo. Entonces se produce una interrupción hasta que esté producido. Pero el flujo del proceso de producción y de reproducción exige que una masa de mercancías (medios de producción) se encuentre constantemente en el mercado, es decir, constituya existencias. Del mismo modo, el capital productivo comprende la compra de la fuerza de trabajo, y la forma dinero no es aquí más que la forma de valor de medios de subsistencia que el obrero tiene que encontrar en gran parte en el mercado. En el curso de este apartado entraremos con más detalle en ello. Aquí queda ya ganado este punto. Si nos situamos en el punto de vista del valor de capital en proceso que se ha transformado en producto mercantil y que ahora tiene que venderse o retransformarse en dinero, que, por tanto, funciona ahora como capital mercantil en el mercado, el estado en que constituye existencias es una estancia en el mercado involuntaria y contraria a su fin. Cuanto más rápida la venta, tanto más fluido el proceso de reproducción. La detención en el cambio de forma M′ – D′ impide el metabolismo real que tiene que operarse en el ciclo del capital, así como su función ulterior como capital productivo. Por otro lado, para D – M, la presencia constante de la mercancía en el mercado, las existencias de mercancías, aparece como condición del flujo del proceso de reproducción y de la inversión de capital nuevo o adicional.
La permanencia del capital mercantil como existencias de mercancías en el mercado exige edificios, almacenes, depósitos de las mercancías, almacenes de mercancías, es decir, desembolso de capital constante; así como el pago de fuerzas de trabajo para almacenar las mercancías en sus depósitos. Además, las mercancías se echan a perder y están expuestas a influencias nocivas de los elementos. Para protegerlas de ellas hay que desembolsar capital adicional, en parte en medios de trabajo, en forma objetiva, en parte en fuerza de trabajo.34
La existencia del capital en su forma de capital mercantil y, por tanto, de existencias de mercancías ocasiona, pues, costes que, como no pertenecen a la esfera de la producción, se cuentan entre los gastos de circulación. Estos gastos de circulación se distinguen de los enumerados en el apartado I en que entran en cierta medida en el valor de las mercancías, es decir, encarecen la mercancía. En todas las circunstancias, el capital y la fuerza de trabajo que sirven para mantener y conservar las existencias de mercancías están sustraídos al proceso directo de producción. Por otro lado, los capitales aquí empleados, incluida la fuerza de trabajo, tienen que reponerse a partir del producto social como componente del capital. Su desembolso actúa, por tanto, como una disminución de la fuerza productiva del trabajo, de modo que se requiere una cantidad mayor de capital y de trabajo para obtener un efecto útil determinado. Son gastos accesorios.35
Ahora bien, en la medida en que los gastos de circulación condicionados por la formación de las existencias de mercancías nacen solo de la duración de la transformación de valores existentes de la forma mercancía en la forma dinero, es decir, solo de la forma social determinada del proceso de producción (solo de que el producto se produce como mercancía y tiene, por tanto, que pasar también por la transformación en dinero), comparten enteramente el carácter de los gastos de circulación enumerados en el apartado I. Por otro lado, el valor de las mercancías solo se conserva aquí, o en su caso se aumenta, porque el valor de uso, el producto mismo, se coloca en determinadas condiciones objetivas que cuestan desembolso de capital, y se somete a operaciones que hacen actuar trabajo adicional sobre los valores de uso. El cálculo de los valores de las mercancías, la contabilidad de este proceso, los tratos de compra y venta, en cambio, no actúan sobre el valor de uso en el que existe el valor de la mercancía. Solo tienen que ver con su forma. Por tanto, aunque en el caso supuesto estos gastos accesorios de la formación de existencias (que aquí es involuntaria) nazcan solo de una detención del cambio de forma y de la necesidad de este, se distinguen sin embargo de los gastos accesorios del apartado I en que su objeto no es el cambio de forma del valor, sino la conservación del valor que existe en la mercancía como producto, como valor de uso, y que, por tanto, solo puede conservarse mediante la conservación del producto, del valor de uso mismo. El valor de uso no se eleva ni se aumenta aquí; al contrario, disminuye. Pero se limita su disminución, y el valor de uso se conserva. Tampoco el valor adelantado, existente en la mercancía, se eleva aquí. Pero se añade trabajo nuevo, objetivado y vivo.
Hay que investigar ahora, además, hasta qué punto estos gastos accesorios provienen del carácter peculiar de la producción de mercancías en general y de la producción de mercancías en su forma general, absoluta, es decir, de la producción capitalista de mercancías; hasta qué punto, por otro lado, son comunes a toda producción social y solo adoptan aquí, dentro de la producción capitalista, una figura particular, una forma de manifestación particular.
A. Smith ha formulado la fabulosa opinión de que la formación de existencias es un fenómeno peculiar de la producción capitalista.36 Economistas más recientes, por ejemplo Lalor, afirman, al contrario, que disminuye con el desarrollo de la producción capitalista. Sismondi considera esto incluso como un lado oscuro de esta última.
En realidad, las existencias se presentan en tres formas: en la forma de capital productivo, en la forma de fondo de consumo individual y en la forma de existencias de mercancías o capital mercantil. Las existencias en una forma disminuyen relativamente cuando aumentan en la otra, aunque en cuanto a su magnitud absoluta puedan crecer simultáneamente en las tres formas.
Está claro desde el principio que, allí donde la producción se dirige directamente a la satisfacción de las propias necesidades y solo en la menor parte se produce para el intercambio o la venta, es decir, donde el producto social no adopta en absoluto la forma de mercancía o solo la adopta en una parte menor, las existencias en forma de mercancía, o existencias de mercancías, solo constituyen una parte pequeña y evanescente de la riqueza. Pero el fondo de consumo es aquí relativamente grande, sobre todo el de los medios de subsistencia propiamente dichos. Basta mirar la antigua economía campesina. Una parte preponderante del producto se transforma aquí directamente, sin constituir existencias de mercancías —precisamente porque permanece en manos de su poseedor—, en medios de producción o medios de subsistencia almacenados. No adopta la forma de existencias de mercancías, y precisamente por eso, según A. Smith, en las sociedades fundadas en semejante modo de producción no hay existencias. A. Smith confunde la forma de las existencias con las existencias mismas y cree que la sociedad ha vivido hasta ahora al día o confiada en el azar del día siguiente.37 Es un malentendido pueril.
Las existencias en forma de capital productivo se presentan en forma de medios de producción que se encuentran ya en el proceso de producción o, por lo menos, en manos del productor, es decir, latentes ya en el proceso de producción. Se ha visto antes que con el desarrollo de la productividad del trabajo, y por tanto también con el desarrollo del modo de producción capitalista —que desarrolla la fuerza productiva social del trabajo más que todos los modos de producción anteriores—, crece constantemente la masa de los medios de producción (edificios, máquinas, etc.) incorporados de una vez por todas al proceso en forma de medios de trabajo y que funcionan en él una y otra vez durante un período más o menos largo, y que su crecimiento es tanto premisa como efecto del desarrollo de la fuerza productiva social del trabajo. El crecimiento no solo absoluto, sino relativo, de la riqueza en esta forma (véase libro I, cap. XXIII, 2) caracteriza ante todo al modo de producción capitalista. Pero las formas materiales de existencia del capital constante, los medios de producción, no consisten solo en medios de trabajo de esta clase, sino también en material de trabajo en los más diversos grados de elaboración y en materias auxiliares. Con la escala de la producción y el aumento de la fuerza productiva del trabajo mediante la cooperación, la división, la maquinaria, etc., crece la masa de la materia prima, de las materias auxiliares, etc., que entran en el proceso diario de reproducción. Estos elementos tienen que estar dispuestos en el lugar de producción. El volumen de estas existencias que se presentan en forma de capital productivo crece, pues, absolutamente. Para que el proceso fluya —con total independencia de si estas existencias pueden renovarse a diario o solo en plazos determinados—, tiene que haber dispuesta siempre en el lugar de producción una acumulación de materia prima, etc., mayor que la que se consume, por ejemplo, a diario o semanalmente. La continuidad del proceso exige que la existencia de sus condiciones no dependa ni de una posible interrupción en las compras diarias ni de que el producto mercantil se venda a diario o semanalmente y, por tanto, solo pueda retransformarse de forma irregular en sus elementos de producción. Pero es evidente que el capital productivo puede estar latente o constituir existencias en muy distinta medida. Hay, por ejemplo, una gran diferencia entre que el hilandero tenga que tener a mano algodón o carbón para tres meses o para uno. Se ve que estas existencias pueden disminuir relativamente aunque aumenten absolutamente.
Esto depende de distintas condiciones, que en lo esencial se reducen todas a la mayor rapidez, regularidad y seguridad con que la masa necesaria de materia prima puede suministrarse siempre de modo que nunca se produzca una interrupción. Cuanto menos se cumplen estas condiciones, cuanto menores son, pues, la seguridad, la regularidad y la rapidez del suministro, tanto mayor tiene que ser la parte latente del capital productivo, es decir, las existencias de materias primas, etc., que esperan todavía su elaboración en manos del productor. Estas condiciones están en razón inversa del grado de desarrollo de la producción capitalista y, por tanto, de la fuerza productiva del trabajo social. Y también, pues, las existencias en esta forma.
Sin embargo, lo que aquí aparece como disminución de las existencias (por ejemplo, en Lalor) es en parte solo disminución de las existencias en forma de capital mercantil o de existencias de mercancías propiamente dichas; es decir, mero cambio de forma de las mismas existencias. Si, por ejemplo, la masa de carbón que se produce a diario en el propio país, es decir, el volumen y la energía de la producción de carbón, es grande, el hilandero no necesita un gran depósito de carbón para asegurar la continuidad de su producción. La renovación constante y segura del suministro de carbón lo hace superfluo. En segundo lugar: la rapidez con que el producto de un proceso puede pasar como medio de producción a otro proceso depende del desarrollo de los medios de transporte y de comunicación. La baratura del transporte desempeña en ello un gran papel. El transporte constantemente renovado, por ejemplo, de carbón desde la mina hasta la hilandería sería más caro que el abastecimiento de una masa mayor de carbón para un tiempo más largo con un transporte relativamente más barato. Estas dos circunstancias examinadas hasta aquí provienen del propio proceso de producción. En tercer lugar, influye el desarrollo del sistema de crédito. Cuanto menos depende el hilandero de la venta inmediata de su hilo para renovar sus existencias de algodón, carbón, etc. —y cuanto más desarrollado está el sistema de crédito, tanto menor es esta dependencia inmediata—, tanto menor puede ser la magnitud relativa de estas existencias para asegurar una producción continua de hilo en una escala dada, independiente de los azares de la venta del hilo. Pero, en cuarto lugar, muchas materias primas, productos semielaborados, etc., necesitan períodos de tiempo más largos para su producción, y esto vale en especial para todas las materias primas que suministra la agricultura. Para que no se produzca ninguna interrupción del proceso de producción, tiene que haber, pues, unas existencias determinadas de ellas para todo el período en que el producto nuevo no puede ocupar el lugar del antiguo. Si estas existencias disminuyen en manos del capitalista industrial, esto solo demuestra que aumentan en forma de existencias de mercancías en manos del comerciante. El desarrollo de los medios de transporte permite, por ejemplo, trasladar rápidamente de Liverpool a Manchester el algodón depositado en el puerto de importación, de modo que el fabricante, según sus necesidades, puede renovar sus existencias de algodón en porciones relativamente pequeñas. Pero entonces ese mismo algodón está almacenado en masas tanto mayores como existencias de mercancías en manos de comerciantes de Liverpool. Es, pues, mero cambio de forma de las existencias, cosa que Lalor y otros han pasado por alto. Y, considerado el capital social, se encuentra aquí, ahora como antes, la misma masa de productos en forma de existencias. Para un país determinado, el volumen en que tiene que estar disponible, por ejemplo, la masa necesaria para el año disminuye con el desarrollo de los medios de transporte. Si van y vienen muchos barcos de vapor y de vela entre América e Inglaterra, se multiplican para Inglaterra las ocasiones de renovar las existencias de algodón y disminuye, por tanto, la masa de existencias de algodón que tiene que estar almacenada por término medio en Inglaterra. Lo mismo hace el desarrollo del mercado mundial y, con él, la multiplicación de las fuentes de abastecimiento del mismo artículo. El artículo se suministra por partes desde distintos países y en distintos plazos.
2. Existencias de mercancías propiamente dichas
Ya se ha visto: sobre la base de la producción capitalista, la mercancía se convierte en la forma general del producto, y tanto más cuanto más se desarrolla aquella en extensión y en profundidad. Existe, pues —incluso con un mismo volumen de la producción—, una parte incomparablemente mayor del producto como mercancía, en comparación ya sea con modos de producción anteriores, ya sea con el modo de producción capitalista en un grado menos desarrollado. Pero toda mercancía —y, por tanto, también todo capital mercantil, que no es más que mercancía, pero mercancía como forma de existencia del valor de capital—, en la medida en que, al salir de su esfera de producción, no entra directamente en el consumo productivo o individual, es decir, se encuentra en el intervalo en el mercado, constituye un elemento de las existencias de mercancías. En sí y para sí —con un volumen invariable de la producción—, las existencias de mercancías (es decir, esta autonomización y fijación de la forma mercancía del producto) crecen, por tanto, con la producción capitalista. Ya se ha visto que esto es solo un cambio de forma de las existencias, es decir, que por un lado aumentan las existencias en forma de mercancía porque por el otro disminuyen en forma de existencias directas de producción o de consumo. Es solo una forma social cambiada de las existencias. Si al mismo tiempo no solo aumenta la magnitud relativa de las existencias de mercancías en proporción al producto social global, sino también su magnitud absoluta, es porque con la producción capitalista crece la masa del producto global.
Con el desarrollo de la producción capitalista, la escala de la producción se determina en un grado cada vez menor por la demanda inmediata del producto, y en uno cada vez mayor por el volumen del capital de que dispone el capitalista individual, por el impulso de valorización de su capital y por la necesidad de continuidad y de expansión de su proceso de producción. Con ello crece necesariamente, en cada rama particular de la producción, la masa de productos que se encuentra en el mercado como mercancía o que busca salida. Crece la masa de capital fijada durante más o menos tiempo en la forma de capital mercantil. Crecen, por tanto, las existencias de mercancías.
Por último, la mayor parte de la sociedad se transforma en obreros asalariados, gente que vive al día, que recibe su salario semanalmente y lo gasta a diario, que, por tanto, tiene que encontrar sus medios de subsistencia en forma de existencias. Por mucho que fluyan los distintos elementos de estas existencias, una parte de ellos tiene que estancarse constantemente para que las existencias puedan seguir siempre fluyendo.
Todos estos momentos provienen de la forma de la producción y del cambio de forma incluido en ella, por el que el producto tiene que pasar en el proceso de circulación.
Sea cual sea la forma social de las existencias de productos, su conservación exige costes: edificios, recipientes, etc., que constituyen los receptáculos del producto; así como medios de producción y trabajo, más o menos según la naturaleza del producto, que tienen que gastarse para prevenir influencias perturbadoras. Cuanto más concentradas socialmente están las existencias, tanto relativamente menores son estos costes. Estos desembolsos constituyen siempre una parte del trabajo social, ya sea en forma objetivada o viva —por tanto, en la forma capitalista, desembolsos de capital—, que no entran en la formación del producto mismo y son, por tanto, deducciones del producto. Son necesarios, gastos accesorios de la riqueza social. Son los costes de conservación del producto social, ya sea que su existencia como elemento de las existencias de mercancías nazca solo de la forma social de la producción, es decir, de la forma mercancía y de su necesario cambio de forma, ya sea que consideremos las existencias de mercancías solo como una forma especial de las existencias de productos, comunes a todas las sociedades, aunque no en la forma de existencias de mercancías, esa forma de las existencias de productos que pertenece al proceso de circulación.
Ahora se pregunta hasta qué punto estos costes entran en el valor de las mercancías.
Si el capitalista ha transformado en producto su capital adelantado en medios de producción y en fuerza de trabajo, en una masa de mercancías terminada y destinada a la venta, y esta queda almacenada sin poder venderse, no solo se estanca durante ese tiempo el proceso de valorización de su capital. Los gastos que exige la conservación de estas existencias en edificios, trabajo adicional, etc., constituyen una pérdida positiva. El comprador final se reiría de él si le dijera: mi mercancía ha sido invendible durante seis meses, y su conservación durante esos seis meses no solo me ha inmovilizado tanto o cuanto capital, sino que además me ha ocasionado gastos accesorios. Tant pis pour vous [tanto peor para vos], dice el comprador. Ahí, a vuestro lado, está otro vendedor cuya mercancía se terminó apenas anteayer. Vuestra mercancía es género que no se vende y probablemente está más o menos roída por el diente del tiempo. Tenéis, pues, que vender más barato que vuestro rival. Que el productor de mercancías sea el productor real de su mercancía o su productor capitalista, es decir, en realidad solo representante de sus productores reales, no cambia nada en las condiciones de vida de la mercancía. Tiene que transformar su cosa en dinero. Los gastos accesorios que le ocasiona su fijación en su forma mercancía forman parte de sus aventuras individuales, que no le importan al comprador de la mercancía. Este no le paga el tiempo de circulación de su mercancía. Incluso si el capitalista retiene deliberadamente su mercancía del mercado, en épocas de revolución de valores real o presunta, depende de que esta revolución de valores se produzca, del acierto o desacierto de su especulación, que realice o no los gastos accesorios adicionales. Pero la revolución de valores no es consecuencia de sus gastos accesorios. Por tanto, en la medida en que la formación de existencias es estancamiento de la circulación, los costes que ocasiona no añaden ningún valor a la mercancía. Por otro lado, no puede haber existencias sin una estancia en la esfera de la circulación, sin una permanencia, más o menos larga, del capital en su forma mercancía; es decir, no hay existencias sin estancamiento de la circulación, exactamente igual que no puede circular dinero sin formación de reservas de dinero. Así pues, sin existencias de mercancías no hay circulación de mercancías. Si esta necesidad no se le presenta al capitalista en M′ – D′, se le presenta en D – M; no para su capital mercantil, sino para el capital mercantil de otros capitalistas que producen medios de producción para él y medios de subsistencia para sus obreros.
Que la formación de existencias sea voluntaria o involuntaria, es decir, que el productor de mercancías mantenga deliberadamente unas existencias o que sus mercancías constituyan existencias a consecuencia de la resistencia que las circunstancias del propio proceso de circulación oponen a su venta, parece que no puede cambiar nada en la esencia de la cuestión. Sin embargo, para resolver esta cuestión es útil saber qué distingue la formación voluntaria de existencias de la involuntaria. La formación involuntaria de existencias nace de un estancamiento de la circulación —o es idéntica a él— que es independiente del conocimiento del productor de mercancías y se cruza en el camino de su voluntad. ¿Qué caracteriza la formación voluntaria de existencias? Ahora como antes, el vendedor trata de deshacerse de su mercancía lo más rápidamente posible. Ofrece siempre el producto como mercancía. Si lo sustrajera a la venta, solo constituiría un elemento posible (dunamei), no efectivo (energeia), de las existencias de mercancías.38 La mercancía como tal sigue siendo para él, ahora como antes, solo portadora de su valor de cambio, y como tal solo puede actuar mediante el despojo de su forma mercancía y la adopción de la forma dinero, y después de ello.
Las existencias de mercancías tienen que tener cierto volumen para bastar, durante un período dado, al volumen de la demanda. Se cuenta para ello con una expansión constante del círculo de compradores. Para bastar, por ejemplo, durante un día, una parte de las mercancías que se encuentran en el mercado tiene que perseverar constantemente en la forma mercancía mientras la otra fluye, se transforma en dinero. La parte que se estanca mientras la otra fluye disminuye, ciertamente, de manera constante, igual que disminuye el volumen de las existencias mismas, hasta que finalmente se han vendido del todo. El estancamiento de las mercancías está aquí, pues, calculado como condición necesaria de la venta de la mercancía. El volumen tiene que ser, además, mayor que la venta media o que el volumen de la demanda media. De lo contrario, los excedentes sobre estas no podrían satisfacerse. Por otro lado, las existencias tienen que renovarse constantemente, porque se disuelven constantemente. Esta renovación, en última instancia, solo puede proceder de la producción, de un suministro de mercancía. Que este venga del extranjero o no, no cambia nada en la cuestión. La renovación depende de los períodos que las mercancías necesitan para su reproducción. Durante ese tiempo tienen que bastar las existencias de mercancías. Que no permanezcan en manos del productor originario, sino que pasen por distintos depósitos, desde el gran comerciante hasta el minorista, solo cambia la apariencia, no la cosa misma. Considerado socialmente, una parte del capital se encuentra, ahora como antes, en forma de existencias de mercancías mientras la mercancía no ha entrado en el consumo productivo o individual. El propio productor trata de tener unas existencias en almacén correspondientes a su demanda media, para no depender directamente de la producción y para asegurarse un círculo constante de clientes. En correspondencia con los períodos de producción se forman plazos de compra, y la mercancía constituye existencias durante un tiempo más o menos largo, hasta que puede ser sustituida por nuevos ejemplares de la misma clase. Solo mediante esta formación de existencias quedan aseguradas la constancia y la continuidad del proceso de circulación y, por tanto, del proceso de reproducción, que incluye el proceso de circulación.
Hay que recordar que M′ – D′ puede estar consumado para el productor de M aunque M se encuentre todavía en el mercado. Si el productor quisiera mantener él mismo en almacén su propia mercancía hasta que esté vendida al consumidor definitivo, tendría que poner en movimiento un capital doble, uno como productor de la mercancía y el otro como comerciante. Para la mercancía misma —considerada ya sea como mercancía individual o como componente del capital social—, no cambia nada en la cuestión que los costes de la formación de existencias recaigan sobre su productor o sobre una serie de comerciantes de la A a la Z.
En la medida en que las existencias de mercancías no son más que la forma mercancía de las existencias que, en una escala dada de la producción social, existirían o bien como existencias productivas (fondo de producción latente) o bien como fondo de consumo (reserva de medios de consumo) si no existieran como existencias de mercancías, también los costes que exige la conservación de las existencias, es decir, los costes de la formación de existencias —o sea, el trabajo objetivado o vivo empleado en ello—, son meros costes transpuestos de la conservación ya sea del fondo social de producción, ya sea del fondo social de consumo. La elevación del valor de la mercancía que ocasionan no hace más que repartir estos costes pro rata entre las distintas mercancías, ya que son distintos para distintas clases de mercancías. Ahora como antes, los costes de la formación de existencias siguen siendo deducciones de la riqueza social, aunque sean una condición de existencia de esta.
Solo en la medida en que las existencias de mercancías son condición de la circulación de mercancías y una forma surgida necesariamente en la propia circulación de mercancías, en la medida, pues, en que este aparente estancamiento es forma del propio flujo, exactamente igual que la formación de una reserva de dinero es condición de la circulación del dinero, solo en esa medida es normal. En cambio, en cuanto las mercancías que se demoran en sus depósitos de circulación no dejan sitio a la ola de la producción que las sigue, es decir, en cuanto los depósitos se atiborran, las existencias de mercancías se dilatan a consecuencia del estancamiento de la circulación, exactamente igual que crecen los tesoros cuando se estanca la circulación del dinero. Es indiferente para ello que este estancamiento tenga lugar en los almacenes del capitalista industrial o en los depósitos del comerciante. Las existencias de mercancías no son entonces condición de la venta ininterrumpida, sino consecuencia de la invendibilidad de las mercancías. Los costes siguen siendo los mismos, pero, como ahora nacen puramente de la forma, a saber, de la necesidad de transformar las mercancías en dinero y de la dificultad de esta metamorfosis, no entran en el valor de la mercancía, sino que constituyen deducciones, pérdida de valor en la realización del valor. Como la forma normal y la anormal de las existencias no se distinguen por la forma, y ambas son estancamientos de la circulación, los fenómenos pueden confundirse y engañar tanto más al propio agente de la producción cuanto que para el productor el proceso de circulación de su capital puede fluir aunque el proceso de circulación de sus mercancías, que han pasado a manos de los comerciantes, se estanque. Si se hinchan el volumen de la producción y el del consumo, se hincha también, en circunstancias por lo demás iguales, el volumen de las existencias de mercancías. Se renuevan y se absorben con la misma rapidez, pero su volumen es mayor. El volumen de las existencias de mercancías que se hincha por el estancamiento de la circulación puede tomarse, pues, por síntoma de la ampliación del proceso de reproducción, sobre todo en cuanto, con el desarrollo del sistema de crédito, el movimiento real puede mistificarse.
Los costes de la formación de existencias consisten: 1) en la disminución cuantitativa de la masa de productos (por ejemplo, en las existencias de harina); 2) en el deterioro de la calidad; 3) en el trabajo objetivado y vivo que exige la conservación de las existencias.
III. Gastos de transporte
No es necesario entrar aquí en todos los detalles de los gastos de circulación, como, por ejemplo, el embalaje, la clasificación, etc. La ley general es que todos los gastos de circulación que nacen solo del cambio de forma de la mercancía no añaden ningún valor a esta. Son meros costes para realizar el valor o para traducirlo de una forma a otra. El capital desembolsado en estos costes (incluido el trabajo que él tiene a su mando) forma parte de los faux frais de la producción capitalista. Su reposición tiene que hacerse a partir del plusproducto y constituye, considerada la clase capitalista entera, una deducción de la plusvalía o del plusproducto, exactamente igual que para un obrero el tiempo que necesita para comprar sus medios de subsistencia es tiempo perdido. Pero los gastos de transporte desempeñan un papel demasiado importante para no examinarlos aquí todavía brevemente.
Dentro del ciclo del capital y de la metamorfosis de las mercancías, que constituye una sección de él, se consuma el metabolismo del trabajo social. Este metabolismo puede condicionar el cambio de lugar de los productos, su movimiento real de un sitio a otro. Pero la circulación de mercancías puede tener lugar sin su movimiento físico, y el transporte de productos sin circulación de mercancías, e incluso sin intercambio directo de productos. Una casa que A vende a B circula como mercancía, pero no se va de paseo. Valores mercantiles muebles, como el algodón o el hierro en bruto, se quedan quietos en el mismo almacén al mismo tiempo que recorren docenas de procesos de circulación, comprados y vueltos a vender por los especuladores.39 Lo que aquí se mueve realmente es el título de propiedad sobre la cosa, no la cosa misma. Por otro lado, en el Imperio de los incas, por ejemplo, la industria del transporte desempeñaba un gran papel, aunque el producto social ni circulaba como mercancía ni se distribuía tampoco por medio del trueque.
Por tanto, si la industria del transporte aparece, sobre la base de la producción capitalista, como causa de gastos de circulación, esta forma de manifestación particular no cambia nada en la cuestión.
Las masas de productos no aumentan por su transporte. Tampoco la alteración de sus propiedades naturales que este pueda provocar es, salvo ciertas excepciones, un efecto útil buscado, sino un mal inevitable. Pero el valor de uso de las cosas solo se realiza en su consumo, y su consumo puede hacer necesario su cambio de lugar, es decir, el proceso adicional de producción de la industria del transporte. El capital productivo invertido en esta añade, pues, valor a los productos transportados, en parte por transferencia de valor de los medios de transporte, en parte por adición de valor mediante el trabajo de transporte. Esta última adición de valor se descompone, como en toda producción capitalista, en reposición del salario y en plusvalía.
Dentro de todo proceso de producción, el cambio de lugar del objeto de trabajo y los medios de trabajo y fuerzas de trabajo necesarios para ello —el algodón, por ejemplo, que pasa de la sala de cardado a la sala de hilado, el carbón que se sube del pozo a la superficie— desempeñan un gran papel. El paso del producto terminado, como mercancía terminada, de un lugar de producción independiente a otro, alejado de él en el espacio, muestra el mismo fenómeno, solo que en mayor escala. Al transporte de los productos de un lugar de producción a otro sigue todavía el de los productos terminados de la esfera de la producción a la esfera del consumo. El producto solo está terminado para el consumo en cuanto ha consumado este movimiento.
Como se ha mostrado antes, es ley general de la producción de mercancías que la productividad del trabajo y su creación de valor están en razón inversa. Esto vale para la industria del transporte como para cualquier otra. Cuanto menor es la cantidad de trabajo, muerto y vivo, que exige el transporte de la mercancía para una distancia dada, tanto mayor es la fuerza productiva del trabajo, y a la inversa.40
La magnitud absoluta de valor que el transporte añade a las mercancías está, en circunstancias por lo demás iguales, en razón inversa de la fuerza productiva de la industria del transporte y en razón directa de las distancias que hay que recorrer.
La parte relativa de valor que los gastos de transporte añaden, en circunstancias por lo demás iguales, al precio de la mercancía está en razón directa de su volumen y de su peso. Pero las circunstancias modificadoras son numerosas. El transporte exige, por ejemplo, medidas de precaución mayores o menores, y por tanto un gasto mayor o menor de trabajo y de medios de trabajo, según la fragilidad relativa, la caducidad, el carácter explosivo del artículo. Aquí los magnates del ferrocarril despliegan más genio en la formación fantástica de especies que los botánicos o los zoólogos. La clasificación de los géneros en los ferrocarriles ingleses, por ejemplo, llena volúmenes y descansa, en cuanto a su principio general, en la tendencia a transformar las abigarradas propiedades naturales de los géneros en otros tantos achaques de transporte y obligados pretextos para el timo.
«El vidrio, que antes valía 11 £ por crate» (una caja de embalaje de una capacidad determinada), «solo vale ahora, gracias a los progresos industriales y a la abolición del impuesto sobre el vidrio, 2 £, pero los gastos de transporte están tan altos como antes, y más altos en el transporte por canal. Antes, el vidrio y los artículos de vidrio para trabajos en plomo se transportaban, dentro de un radio de 50 millas de Birmingham, a 10 chelines por tonelada. Ahora el precio del transporte se ha triplicado con el pretexto del riesgo por la fragilidad del artículo. Pero quien no paga lo que de verdad se rompe es la dirección del ferrocarril.»41
Que, además, la parte relativa de valor que los gastos de transporte añaden a un artículo esté en razón inversa de su valor se convierte para los magnates del ferrocarril en un motivo especial para gravar un artículo en razón directa de su valor. Las quejas de los industriales y de los comerciantes sobre este punto se repiten en cada página de las declaraciones de testigos del informe citado.
El modo de producción capitalista reduce los gastos de transporte de cada mercancía mediante el desarrollo de los medios de transporte y de comunicación, así como mediante la concentración —la magnitud de la escala— del transporte. Aumenta la parte del trabajo social, vivo y objetivado, que se gasta en el transporte de mercancías, en primer lugar al transformar la gran mayoría de todos los productos en mercancías y, después, al sustituir los mercados locales por mercados lejanos.
El circular, es decir, el curso efectivo de las mercancías en el espacio, se resuelve en el transporte de la mercancía. La industria del transporte constituye, por un lado, una rama de producción independiente y, por tanto, una esfera particular de inversión del capital productivo. Por otro lado, se distingue por aparecer como continuación de un proceso de producción dentro del proceso de circulación y para el proceso de circulación.
Del manuscrito II. ↩
(Nota de la traducción.) En las fórmulas usamos letras españolas: D = dinero (en el original, G, Geld), M = mercancía (W, Ware), P = capital productivo o proceso de producción, FT = fuerza de trabajo (A, Arbeitskraft), MP = medios de producción (Pm, Produktionsmittel); p = plusvalía (en el original, M o m, Mehrwert); las minúsculas m y d (en el original, w y g) designan la parte de la mercancía y del dinero que es portadora de la plusvalía, es decir, la plusvalía en forma de mercancía y en forma de dinero. M′ y D′ son M y D aumentados en la plusvalía. La notación «M < FT/MP» reproduce la llave del original, en la que la suma de mercancías M se desdobla en fuerza de trabajo y medios de producción. ↩
A partir de aquí, manuscrito VII, comenzado el 2 de julio de 1878. ↩
(Nota de la traducción.) Flüssigmachung: el «hacer fluir» la fuerza de trabajo, su puesta en acción como trabajo vivo. ↩
(Nota de la traducción.) La abolición de la servidumbre en Rusia por el manifiesto del 19 de febrero (3 de marzo) de 1861. ↩
(Nota de la traducción.) Refrán alemán («Mit der Zeit pflückt man Rosen»): con el tiempo y la paciencia se logra lo que se desea. ↩
Hasta aquí, manuscrito VII. A partir de aquí, manuscrito VI. ↩
Hasta aquí, manuscrito VI. A partir de aquí, manuscrito V. ↩
Esto vale sea cual sea el modo en que separemos el valor de capital y la plusvalía. En 10.000 libras de hilo hay 1.560 libras = 78 £ de plusvalía, pero en 1 libra de hilo = 1 chelín hay igualmente 2,496 onzas = 1,872 peniques de plusvalía. ↩
A. Čuprov, Želĕznodorožnoje chozjajstvo [La economía ferroviaria], Moscú, 1875, págs. 75 y 76. ↩
(Nota de la traducción.) Aleksandr Ivánovich Chuprov (1842-1908), economista y estadístico ruso, profesor de la Universidad de Moscú. La nota 6 falta en la copia digital de la MEW de que partimos; se restituye según la primera edición (1885). ↩
(Nota de la traducción.) «Rédito» traduce Revenue: el ingreso periódico del capitalista (o de otras clases) destinado al consumo, por oposición al capital. En nuestra traducción del libro primero se tradujo «renta»; en el libro segundo, donde la distinción entre capital y rédito es central, usamos siempre «rédito». ↩
La expresión «latente» está tomada de la idea física del calor latente, que la teoría de la transformación de la energía ha eliminado ya casi por completo. Por eso Marx emplea en la sección tercera (redacción posterior) la expresión, tomada de la idea de energía potencial, de capital «potencial» o, por analogía con las velocidades virtuales de D'Alembert, «virtual». — F. E. ↩
(Nota de la traducción.) La página remite a la edición alemana de 1893 (en la de 1885, p. 50); se trata de la fórmula explícita de P … P dada más arriba en este capítulo, en el apartado I. ↩
(Nota de la traducción.) En francés en el original: avances, «adelantos» (el capital desembolsado en el cultivo), y reprises, «recuperaciones» (lo que el arrendatario retira de la cosecha para reponer sus adelantos), términos de los fisiócratas. ↩
(Nota de la traducción.) El Tableau économique («Cuadro económico», 1758) de François Quesnay, cabeza de la escuela fisiocrática, representa la circulación del producto anual entre las clases de la sociedad; Marx lo analiza en el capítulo 19 de este libro. ↩
(Nota de la traducción.) Ck, abreviatura del proceso global de circulación (Gesamtzirkulationsprozeß), se deja como en el original. ↩
(Nota de la traducción.) Samuel Bailey (1791-1870), economista inglés, crítico de la teoría del valor de Ricardo. Marx cita en inglés: «value is a relation between cotemporary commodities, because such only admit of being exchanged with each other». ↩
(Nota de la traducción.) En inglés en el original: «contemporáneas», es decir, simultáneas. ↩
(Nota de la traducción.) Campesinos cultivadores de la India. ↩
(Nota de la traducción.) Jean-Charles-Léonard Simonde de Sismondi (1773-1842), economista e historiador suizo; la cita es de sus Nouveaux principes d'économie politique (1819). ↩
(Nota de la traducción.) «Comme produit», en el texto francés que da Marx; la versión alemana de la cita en la edición de las Werke dice «als Profit», «como ganancia». ↩
(Nota de la traducción.) Thomas Tooke (1774-1858), economista inglés, autor de A History of Prices. ↩
Hasta aquí, manuscrito V. Lo que sigue, hasta el final del capítulo, es una nota que se encuentra en un cuaderno de 1877 o 1878, entre extractos de libros. ↩
A partir de aquí, manuscrito IV. ↩
(Nota de la traducción.) Marx emplea como sinónimos Zirkulationszeit y Umlaufszeit; traducimos ambos por «tiempo de circulación» (Umlauf, literalmente «curso»). ↩
Tiempo de producción tomado aquí en sentido activo: el tiempo de producción de los medios de producción no es aquí el tiempo en que se producen, sino aquel en que participan en el proceso de producción de un producto-mercancía. — F. E. ↩
(Nota de la traducción.) Dicho inglés: cuando se enfrentan dos rivales igual de hábiles, la pugna es dura. ↩
Lo que va entre llaves procede de una nota al final del manuscrito VIII. ↩
«Los gastos del comercio, aunque necesarios, deben considerarse un gasto oneroso» (Quesnay, Analyse du Tableau Économique, en Daire, Physiocrates, 1.ª parte, París, 1846, p. 71). Según Quesnay, el «beneficio» que produce la competencia entre los comerciantes, a saber, que los obliga a «rebajar su retribución o su ganancia… no es, hablando en serio, más que una privación de pérdida para el vendedor de primera mano y para el comprador-consumidor. Ahora bien, una privación de pérdida sobre los gastos del comercio no es un producto real o un aumento de riquezas obtenido por el comercio, considerado este en sí mismo simplemente como intercambio, independientemente de los gastos de transporte, o examinado conjuntamente con los gastos de transporte» (pp. 145-146). «Los gastos del comercio se pagan siempre a costa de los vendedores de los productos, que disfrutarían de todo el precio que pagan por ellos los compradores si no hubiera gastos intermedios» (p. 163). Los propriétaires [propietarios] y los producteurs [productores] son salariants [«pagadores de salarios»], los comerciantes son salariés [«asalariados»]. (p. 164, Quesnay, Dialogues sur le Commerce et sur les Travaux des Artisans, en Daire, Physiocrates, 1.ª parte, París, 1846). ↩
(Nota de la traducción.) Faux frais: «gastos falsos», gastos improductivos pero inevitables. ↩
En la Edad Media solo encontramos la contabilidad agrícola en los monasterios. Sin embargo, se ha visto (libro I, p. 343) que ya en las antiquísimas comunidades indias figura un contable de la agricultura. La contabilidad está aquí autonomizada como función exclusiva de un funcionario de la comunidad. Mediante esta división del trabajo se ahorran tiempo, esfuerzo y gastos, pero la producción y la contabilidad de la producción siguen siendo cosas tan distintas como el cargamento del barco y el conocimiento de embarque. En el contable, una parte de la fuerza de trabajo de la comunidad se sustrae a la producción, y los costes de su función no se reponen con su propio trabajo, sino con una deducción del producto de la comunidad. Lo que ocurre con el contable de la comunidad india ocurre, mutatis mutandis, con el contable del capitalista. (Del manuscrito II). ↩
«El dinero que circula en un país es una determinada porción del capital del país, sustraída por completo a los fines productivos para facilitar o aumentar la productividad del resto; por tanto, es tan necesaria una determinada cantidad de riqueza para adoptar el oro como medio circulante como lo es para hacer una máquina destinada a facilitar cualquier otra producción» (Economist, vol. V, p. 520). ↩
Corbet calcula en 1841 los costes del almacenamiento de trigo para una temporada de 9 meses en un ½ % de pérdida de cantidad, un 3 % de interés sobre el precio del trigo, un 2 % de alquiler del almacén, un 1 % de removido y acarreo y un ½ % de trabajo de entrega, en total un 7 % o, con un precio del trigo de 50 chelines, 3 chelines y 6 peniques por quarter [(Nota de la traducción.) Medida inglesa de capacidad para granos, equivalente a unos 291 litros.]. (Th. Corbet, An Inquiry into the Causes and Modes of the Wealth of Individuals etc., Londres, 1841). Según las declaraciones de comerciantes de Liverpool ante la comisión de ferrocarriles, los gastos accesorios (puros) del almacenamiento de cereales ascendían en 1865 a 2 peniques mensuales por quarter o a 9-10 peniques por tonelada (Royal Commission on Railways, 1867, Evidence, p. 19, n.º 331). ↩
(Nota de la traducción.) Unkosten: gastos que se suman a los costes sin añadir nada al producto; los traducimos siempre por «gastos accesorios». ↩
Libro II, introducción. ↩
En lugar de que, como se figura A. Smith, la formación de existencias surja solo de la transformación del producto en mercancía y de las existencias de consumo en existencias de mercancías, es al revés: este cambio de forma provoca, durante el paso de la producción para las propias necesidades a la producción de mercancías, las crisis más violentas en la economía de los productores. En la India, por ejemplo, se mantuvo hasta la época más reciente «la costumbre de almacenar en masa el grano, por el que poco se podía obtener en los años de abundancia» (Return. Bengal and Orissa Famine. H. of C. 1867, I, pp. 230-231, n.º 74). La demanda de algodón, yute, etc., aumentada súbitamente por la guerra civil americana provocó en muchas partes de la India una gran reducción del cultivo de arroz, una subida de los precios del arroz y la venta de las viejas existencias de arroz de los productores. A ello se sumó en 1864-1866 una exportación de arroz sin precedentes a Australia, Madagascar, etc. De ahí el carácter agudo de la hambruna de 1866, que solo en el distrito de Orissa se llevó por delante a un millón de personas. (l. c., 174, 175, 213, 214, y III: Papers relating to the Famine in Behar, pp. 32, 33, donde entre las causas de la hambruna se subraya el drain of old stock [agotamiento de las viejas existencias]). (Del manuscrito II). ↩
(Nota de la traducción.) Términos aristotélicos, transcritos del griego: dýnamei, «en potencia»; enérgeia, «en acto». ↩
Storch llama a esto último circulation factice [circulación ficticia]. ↩
Ricardo cita a Say, que considera una bendición del comercio que encarezca los productos o aumente su valor mediante los gastos de transporte. «El comercio —dice Say— nos permite obtener una mercancía en su lugar de origen y transportarla a otro lugar de consumo; nos permite, por tanto, aumentar el valor de la mercancía en toda la diferencia entre su precio en el primer lugar y el del segundo.» Ricardo observa al respecto: «Cierto, pero ¿cómo se le da el valor adicional? Añadiendo al coste de producción, primero, los gastos de transporte y, segundo, la ganancia sobre los adelantos de capital hechos por el comerciante. La mercancía solo vale más por la misma razón por la que cualquier otra mercancía puede valer más: porque se gasta más trabajo en su producción y en su transporte antes de que la compre el consumidor. Esto no debe mencionarse como una de las ventajas del comercio» (Ricardo, Principles of Pol. Econ., 3.ª ed., Londres, 1821, pp. 309-310). ↩
Royal Commission on Railways, p. 31, n.º 630. ↩