Fragmento de una carta escrita por Friedrich Engels en Londres el 12 de octubre de 1885 a uno de los redactores de Le Socialiste (París), que la publicó en francés, sin su permiso, en el n.º 8, del 17 de octubre de 1885. El original francés no está disponible en una edición libre; traducimos de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 21 (Berlín, 1962, pp. 225-226), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.

Londres, 12 de octubre de 18851

… No creo que el 4 de octubre sea una derrota, a menos que se hubieran hecho ustedes toda clase de ilusiones.2 Se trataba de aplastar a los oportunistas,3 y han quedado aplastados. Pero para aplastarlos hacía falta una presión desde dos lados opuestos, desde la derecha y desde la izquierda. Es evidente que la presión de la derecha ha sido más fuerte de lo que se esperaba. Pero eso hace la situación mucho más revolucionaria.

El burgués, grande y pequeño, ha preferido a los orleanistas y bonapartistas declarados frente a los orleanistas y bonapartistas encubiertos; ha preferido a los que ya se han enriquecido robando a la nación frente a los que quieren enriquecerse a su costa; ha preferido los conservadores de ayer a los conservadores de mañana. Eso es todo.

La monarquía es imposible en Francia, aunque solo fuera por la multitud de pretendientes al trono; si fuera posible, sería señal de que los partidarios de Bismarck tienen razón cuando hablan de la degeneración de Francia. Pero esa degeneración solo afecta a la burguesía, tanto en Alemania y en Inglaterra como en Francia.

La república sigue siendo el gobierno que menos divide a las tres sectas monárquicas, el que les permite unirse en un partido conservador. En cuanto la posibilidad de una restauración monárquica se vuelva discutible, el partido conservador se dividirá de inmediato en tres sectas, mientras que los republicanos se verán obligados a agruparse en torno al único gobierno posible, que en este momento es probablemente el gabinete Clemenceau.4

Clemenceau es, a pesar de todo, un progreso en comparación con Ferry y con Wilson.5 Es muy importante que no llegue al poder como defensor de la propiedad frente a los comunistas, sino como salvador de la república frente a la monarquía. En ese caso estará más o menos obligado a cumplir lo que ha prometido; en el caso contrario se comportaría como los demás, que, como Luis Felipe, se tenían por «la mejor de las repúblicas»:6 estamos en el poder, la república puede dormir tranquila; basta con que nos hayamos adueñado de los ministerios, así que no nos habléis más de las reformas prometidas.

Creo que los hombres que el día 4 votaron a los monárquicos ya están asustados de su propio éxito y que el 18 dará resultados más o menos en el sentido de Clemenceau, con cierto éxito para los oportunistas, no por respeto sino por desprecio hacia ellos. El filisteo se dirá: con tantos realistas y bonapartistas, al fin y al cabo necesito unos cuantos oportunistas. Por lo demás, el 18 decidirá la situación; Francia es el país de lo imprevisto, y me guardaré mucho de dar una opinión definitiva.

Pero en todo caso los radicales y los monárquicos quedarán frente a frente. La república estará en peligro justo lo necesario para obligar al pequeño burgués a inclinarse un poco más hacia la extrema izquierda, cosa que de otro modo nunca habría hecho. Es precisamente la situación que necesitamos, nosotros, los comunistas. Hasta ahora no veo ninguna razón para suponer que vaya a alterarse el curso tan extraordinariamente lógico de la evolución política en Francia: la lógica de 1792-1794 sigue en pie; solo que el peligro que entonces amenazaba por parte de la coalición amenaza hoy por parte de la coalición de los partidos monárquicos en el interior del país. Visto de cerca, es menos peligroso de lo que fue el otro…

F. Engels

  1. La copia de la MEW de la que partimos dice «1883», errata evidente: la carta comenta las elecciones del 4 de octubre de 1885 y se publicó el 17 de ese mes; Engels se refiere a ella en su carta del 21 de octubre de 1885 a la redacción de Le Socialiste. ↩

  2. El 4 de octubre de 1885 se celebró la primera vuelta de las elecciones legislativas francesas, por escrutinio de lista departamental; la segunda vuelta fue el 18 de octubre. Las dos vueltas dieron a monárquicos y bonapartistas unos doscientos escaños. ↩

  3. «Oportunistas» era el nombre que se daba a los republicanos moderados de Gambetta y Jules Ferry, que gobernaban desde 1879. ↩

  4. Georges Clemenceau (1841-1929), entonces jefe de los radicales en la Cámara de Diputados. No llegó a formar gobierno hasta 1906. ↩

  5. Jules Ferry (1832-1893), jefe de gobierno en 1880-1881 y 1883-1885, caído en marzo de 1885 por el revés de Lang Son en la guerra de Tonkín. Daniel Wilson (1840-1919), diputado, yerno del presidente Jules Grévy; en 1887 estalló el escándalo del tráfico de condecoraciones que montaba desde el Elíseo. ↩

  6. Alusión a la frase atribuida a La Fayette al presentar a Luis Felipe de Orleans al pueblo en julio de 1830: «Es la mejor de las repúblicas». ↩