Escrito por Friedrich Engels en Londres entre diciembre de 1890 y febrero de 1891, en respuesta al folleto de Lujo Brentano Meine Polemik mit Karl Marx (Berlín, 1890). Publicado en folleto en Hamburgo (Otto Meissner) en 1891. En el apéndice Engels reunió los documentos de la polémica; las cartas de Sedley Taylor y de Eleanor Marx, escritas en inglés, las da en traducción alemana, y de ella traducimos. Traducimos del texto de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 22 (Berlín, 1963, pp. 93-185), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Las citas inglesas que Engels deja sin traducir se conservan en el texto, con su traducción en nota. Las notas de Engels y de los demás autores van señaladas como tales; las demás son nuestras. Las dos respuestas de Marx a Brentano de 1872 (documentos n.º 4 y n.º 6) se publican también aparte: Respuesta al primer artículo de Brentano y Respuesta al segundo artículo de Brentano. Texto original en alemán.
Relato histórico y documentos
En el prólogo a la cuarta edición del primer tomo de El capital de Marx1 me vi obligado a volver sobre una polémica contra Marx que en 1872 había urdido un anónimo en la Concordia de Berlín y que en 1883 había reanudado en The Times el señor Sedley Taylor, de Cambridge.2 El anónimo, a quien el señor Taylor desenmascaró como el señor Lujo Brentano,3 había acusado a Marx de falsificar citas. El breve relato que hice del asunto en aquel prólogo (va reproducido entre los documentos anexos, n.º 12) no tenía en absoluto el propósito de resultar agradable al señor Brentano; ¿qué cosa más natural que me contestara? Y lo hizo, en efecto, en un folleto: «Meine Polemik mit Karl Marx. Zugleich ein Beitrag zur Frage des Fortschritts der Arbeiterklasse und seiner Ursachen» [Mi polémica con Karl Marx. Al mismo tiempo, una contribución a la cuestión del progreso de la clase obrera y de sus causas]. Por Lujo Brentano. Berlín, Walther & Apolant, 1890.
Este folleto nos da demasiado y demasiado poco. Demasiado, porque «al mismo tiempo» nos comunica por extenso las opiniones del señor Brentano sobre «el progreso de la clase obrera y sus causas». Estas no tienen absolutamente nada que ver con el punto en litigio. Solo observo esto: la declaración, repetida una y otra vez por el señor Brentano, de que la legislación protectora de los obreros y la organización sindical son adecuadas para mejorar la situación de la clase obrera no es en modo alguno descubrimiento suyo. Desde La situación de la clase obrera en Inglaterra y Misère de la philosophie hasta El capital y mis escritos más recientes, Marx y yo lo hemos dicho cien veces, pero con restricciones muy fuertes. En primer lugar, los efectos favorables, sobre todo de los sindicatos de resistencia, se limitan a las épocas de marcha mediana o animada de los negocios; en los períodos de estancamiento y de crisis fallan regularmente; la afirmación del señor Brentano de que son capaces de «paralizar los efectos funestos del ejército de reserva» es una fanfarronada ridícula. Y en segundo lugar —dejando aparte otras restricciones menos importantes—, ni la protección de la legislación ni la resistencia de los sindicatos eliminan lo principal, lo que hay que eliminar: la relación de capital, que reproduce constantemente el antagonismo entre la clase capitalista y la clase de los asalariados. La masa de los asalariados sigue condenada al trabajo asalariado de por vida, y el abismo entre ellos y los capitalistas se hace cada vez más hondo y más ancho a medida que la gran industria moderna se adueña de todas las ramas de la producción. Pero como el señor Brentano quisiera hacer del esclavo asalariado un esclavo asalariado satisfecho, tiene que exagerar hasta lo colosal los efectos ventajosos de la protección de los obreros, de la resistencia sindical, de la legislación social de remiendos, etc.; y como nosotros estamos en condiciones de oponer a esas exageraciones los simples hechos, de ahí su cólera.
Demasiado poco da ese folleto, porque de los documentos de aquella polémica solo comunica los escritos cruzados entre el señor Brentano y Marx, y no los que han aparecido después en relación con la cuestión. Así pues, para poner al lector en condiciones de formarse un juicio de conjunto, doy en el apéndice: 1.º, los pasajes incriminados del Manifiesto inaugural del Consejo General de la Internacional y de El capital; 2.º, la polémica entre el señor Brentano y Marx; 3.º, la que hubo entre el señor Sedley Taylor y Eleanor Marx; 4.º, mi prólogo a la cuarta edición de El capital y la réplica del señor Brentano; y 5.º, lo relativo a las cartas de Gladstone al señor Brentano. Se sobrentiende que omito todos los pasajes de las exposiciones de Brentano que no tocan la cuestión de la falsificación de citas, sino que solo forman parte de su «contribución a la cuestión del progreso», etc.
I
En el n.º 10 de la Concordia de Berlín, del 7 de marzo de 1872, apareció un violento ataque anónimo contra Marx como autor del Manifiesto inaugural del Consejo General de la Internacional, de 1864.4 En ese manifiesto, se decía, Marx había falsificado una cita del discurso sobre el presupuesto que el entonces ministro de Hacienda inglés, Gladstone, pronunció el 16 de abril de 1863.5
El pasaje del Manifiesto inaugural va reproducido en el apéndice, Documentos, n.º 1; el artículo de la Concordia, en el mismo lugar, Documento n.º 3. En este último se formula la acusación como sigue:
«Ahora bien, ¿qué relación guarda el contenido de este discurso con la cita de Marx? Gladstone hace constar primero que, sin duda alguna, ha tenido lugar un aumento colosal de la renta del país. Se lo prueba el impuesto sobre la renta. Pero el impuesto sobre la renta solo toma nota de las rentas de 150 libras esterlinas o más. Quienes tienen una renta menor no pagan en Inglaterra impuesto sobre la renta. El hecho de que Gladstone mencione esto simplemente para que se aprecie con justeza su criterio de medida lo aprovecha Marx para hacer decir a Gladstone: “Este embriagador aumento de riqueza y de poder se limita por completo a las clases poseedoras”. Pero esta frase no se encuentra en ninguna parte del discurso de Gladstone. En él se dice justamente lo contrario. ¡Marx ha añadido mintiendo la frase, en la forma y en el fondo!»
Esta es la acusación, y, bien entendido, la única acusación que lanza contra Marx el anónimo, que, según él mismo confiesa ahora, se llama Lujo Brentano.
El n.º 10 de la Concordia le fue enviado a Marx desde Alemania en mayo de 1872. En el ejemplar, que aún tengo delante, figura la indicación: «Órgano de la Liga de Fabricantes Alemanes». Marx, que nunca había oído hablar de esa hojita, tomó pues al autor por un fabricante metido a escritor y lo trató en consecuencia.
En su respuesta en Der Volksstaat (Documentos, n.º 4), Marx demostró que la frase en cuestión no solo la había citado del mismo modo el profesor Beesly en 1870 en la Fortnightly Review, sino que ya antes de aparecer el Manifiesto inaugural la había citado igual The Theory of the Exchanges, Londres, 1864, y, por último, que también la crónica de The Times del 17 de abril de 1863 contenía la frase, en la forma y en el fondo, tal como él la citaba: «El aumento que acabo de describir» (es decir, como «este embriagador aumento de riqueza y de poder») «se limita por completo a las clases con propiedad». Si el pasaje, ciertamente comprometedor en boca de un ministro de Hacienda inglés, no se encontraba en Hansard,6 era solo porque el señor Gladstone había sido lo bastante listo para hacerlo desaparecer con un retoque chapucero, según la tradicional costumbre parlamentaria inglesa.
En todo caso, aquí quedaba aportada la prueba de que la frase supuestamente añadida mintiendo se encuentra literalmente en la crónica que The Times del 17 de abril de 1863 dio del discurso pronunciado por el señor Gladstone la noche anterior. Y The Times era entonces órgano de Gladstone.
¿Qué responde ahora el señor Brentano, que florece escondido como la violeta? (Concordia, 4 de julio de 1872, Documentos, n.º 5.)
Con un desparpajo que nunca se ha permitido bajo su propio nombre, repite la acusación de que Marx añadió mintiendo la frase; esa acusación, agrega, es
«grave y, unida al contundente material probatorio que la acompaña, francamente demoledora».
El material probatorio no era más que el pasaje de Hansard en el que falta la frase. Así que, a lo sumo, podía ser «demoledor» para esa misma desdichada frase, que estaba en The Times y no en Hansard.
Pero este canto de gallo victorioso solo tenía que servir para pasar por encima de ese mismo hecho desagradable: que la frase «añadida mintiendo» quedaba confirmada como verídica por la crónica de The Times. Y presintiendo que este material probatorio era ya, a estas alturas, bastante «contundente» para la acusación y podía volverse con el tiempo «francamente demoledor», nuestro anónimo catedrático del porvenir se arroja con todo celo sobre la cita de Beesly y la de The Theory of the Exchanges, levanta polvo de toda clase, afirma que Beesly citó según el Manifiesto inaugural y Marx según The Theory of the Exchanges, etc. Todo esto son puntos secundarios. Aunque fueran ciertos, no probarían nada en cuanto a la cuestión de si Gladstone pronunció la frase o Marx la inventó. Pero por su naturaleza no pueden ser zanjados de modo absolutamente definitivo, ni entonces por el señor Brentano ni ahora por mí. En cambio, sirven para desviar la atención de lo principal, a saber, de la fatal crónica de The Times.
Antes de atreverse con ella, el anónimo se fortalece con el uso de diversas expresiones contundentes, como son: «una ligereza que roza lo criminal», «esa cita mentirosa», etc., y luego arremete decidido como sigue:
«Pero aquí llegamos, desde luego, al tercer medio de defensa de Marx, que en mendacidad desvergonzada supera con mucho todo lo ofrecido hasta ahora. Marx, en efecto, no tiene reparo en invocar The Times del 17 de abril de 1863 para probar la exactitud de su cita. The Times del 17 de abril de 1863, p. 7, página» (quiere decir columna) «5, línea 17 y siguientes, recoge sin embargo aquel discurso como sigue…».
Y a continuación viene la crónica de The Times, en la que se dice:
«El aumento que he descrito» (es decir, como «este embriagador aumento de riqueza y de poder») «y cuyos datos, según creo, se basan en estadísticas exactas, se limita únicamente a las clases que poseen propiedad».
¡Y ahora asómbrese el lector de la «mendacidad desvergonzada» de Marx, que todavía se atreve a afirmar que la crónica de The Times contiene la frase: este embriagador aumento, etc., se limita por completo a las clases con propiedad!
El Manifiesto inaugural dice: «This intoxicating augmentation of wealth and power is entirely confined to classes of property».7
The Times dice: «The augmentation there described»8 (y ni siquiera el señor Brentano, anónimo o no, ha negado hasta ahora que se trata del «augmentation» designado antes como «this intoxicating augmentation of wealth and power»9) «and which is founded, I think, upon accurate returns, is an augmentation entirely confined to classes of property».10
Y ahora, después de haber señalado con su propio índice en la crónica de The Times la frase que Marx habría añadido mintiendo porque falta en Hansard, apropiándose así la supuesta mendacidad desvergonzada de Marx, el señor Brentano declara triunfante que
«ambas crónicas» —The Times y Hansard— «coinciden por completo en el fondo. La crónica de The Times no hace más que dar, en la forma, de modo más resumido lo que la crónica taquigráfica de Hansard da al pie de la letra. Pero aunque también la crónica de The Times contiene lo directamente contrario de aquel pasaje tristemente célebre del Manifiesto inaugural, aunque también según la crónica de The Times Gladstone dijo que no creía que aquel embriagador aumento de riqueza y de poder se limitara a las clases acomodadas, Marx tiene la cara de escribir en Der Volksstaat del 1 de junio: “En la forma y en el fondo, pues, declaró el señor Gladstone el 16 de abril de 1863 en la Cámara de los Comunes, según la crónica de su propio órgano, The Times del 17 de abril de 1863, que este embriagador aumento de riqueza y de poder se limita por completo a las clases poseedoras”».
Si duo faciunt idem, non est idem. Cuando dos hacen lo mismo, no es lo mismo.
Si Marx hace decir a Gladstone: este embriagador aumento de riqueza y de poder se limita por completo a las clases con propiedad, eso es «añadido mintiendo», un «pasaje tristemente célebre», «completamente falsificado». Si la crónica de The Times hace decir a Gladstone:
«Este aumento que acabo de describir como un embriagador aumento de poder y de riqueza se limita por completo a las clases con propiedad»,
eso no es más que «en la forma, más resumido» que la crónica de Hansard, en la que falta aquella frase, y «lo directamente contrario de aquel» (es decir, precisamente de este mismo) «pasaje tristemente célebre del Manifiesto inaugural». Y cuando luego Marx invoca en su apoyo ese pasaje de la crónica de The Times, dice el señor Brentano:
«… por último, tiene todavía la cara de invocar crónicas de prensa que lo contradicen directamente».
Para eso hace falta, en efecto, una «cara» muy especial. Claro que Marx llevaba la suya en la cara y no en otra parte.11
Con ayuda de una «cara» que, en efecto, hay que distinguir bien de la de Marx, el anónimo, alias Lujo Brentano, consigue luego hacer decir a Gladstone que «no cree que aquel embriagador aumento de riqueza y de poder se limite a las clases acomodadas». En realidad, Gladstone dice, según The Times y según Hansard, que miraría con pena y con aprensión este embriagador aumento de riqueza y de poder si creyera que se limitaba a las clases acomodadas, y más adelante dice, según The Times, que ciertamente «se limita a las clases con propiedad».
«En verdad», exclama por último el anónimo en su virtuosa indignación, «para designar estas prácticas solo sabríamos una palabra que Marx conoce muy bien (véase El capital, p. 257): son sencillamente “infames”».
¿Las prácticas de quién, señor Lujo Brentano?
II
La respuesta de Marx (Der Volksstaat, 7 de agosto de 1872, Documentos, n.º 6) tiene la bondad de entrar en todo el polvo levantado por el señor Brentano a propósito del profesor Beesly, de The Theory of the Exchanges, etc.; nosotros lo dejamos de lado como secundario. Pero al final aporta todavía dos hechos francamente decisivos para lo principal. El pasaje «añadido mintiendo» se encuentra, además de en la crónica de The Times, en las de otros dos diarios matutinos de Londres del 17 de abril de 1863. Según el Morning Star, Gladstone dijo:
«Este aumento» —que acababa de describir como un embriagador aumento de riqueza y de poder— «es un aumento que se limita por completo a las clases que poseen propiedad».
Según el Morning Advertiser:
«El aumento mencionado» —que acababa de mencionar como un embriagador aumento de riqueza y de poder— «es un aumento que se limita por completo a clases que poseen propiedad».
Para cualquier otro adversario, esta argumentación sería «francamente demoledora». Pero no para el anónimo Brentano. Su respuesta (Concordia, 22 de agosto de 1872, Documentos, n.º 7), que da fe de un desparpajo no menguado, nunca llegó a ojos de Marx, porque no se le enviaron más números de la Concordia posteriores al del 11 de julio. Yo mismo no he leído esa respuesta hasta su reimpresión por Brentano (Meine Polemik etc., 1890), y por eso, quiera o no, tengo que tomar nota de ella aquí.
«La tenaz mendacidad con que él» (Marx) «se aferra a la cita desfigurada… resulta asombrosa incluso en alguien para quien ningún medio es demasiado ruin al servicio de sus planes subversivos».
La cita sigue siendo «falsa», y la crónica de The Times «muestra exactamente lo contrario, puesto que The Times y Hansard coinciden por completo». Pero la seguridad de esta afirmación es todavía un puro juego de niños al lado de la «cara» con que el señor Brentano nos hace de pronto la siguiente comunicación:
«El segundo medio para oscurecer la crónica de The Times consistió en que Marx, en su traducción alemana, escamoteó sencillamente la oración de relativo de la que se desprendía que Gladstone solo había dicho que el aumento de la riqueza que se deducía de las estadísticas del impuesto sobre la renta se limitaba a las clases poseedoras, porque las clases trabajadoras no estaban sujetas al impuesto sobre la renta, y que por tanto de las estadísticas del impuesto sobre la renta no se podía sacar nada sobre el aumento del bienestar de las clases obreras; pero no que las clases trabajadoras hubieran quedado en realidad excluidas del extraordinario aumento de la riqueza nacional».
Así pues, cuando The Times dice que el tan traído y llevado aumento se limita a las clases poseedoras, dice lo contrario de la frase «añadida mintiendo», que dice lo mismo. En cuanto a la «oración de relativo sencillamente escamoteada», no se la perdonaremos en absoluto al señor Brentano, si tiene a bien esperar un momento. Y una vez superado felizmente el primer salto audaz, las afirmaciones de que lo negro es blanco y lo blanco negro ya le salen con mayor facilidad. Si ha acabado con The Times, el Morning Star y el Morning Advertiser poca pena le darán.
«Pues estos periódicos, aun tal como él» (Marx) «los da, hablan a favor nuestro. Después de haber dicho Gladstone, según ambos periódicos, que no creía» (esto es lo que afirma, como se sabe, el señor Brentano) «que este embriagador aumento de riqueza y de poder se limitara a las clases que se hallan en circunstancias agradables, continúa: “Este gran incremento de riqueza no toma en absoluto nota de la situación de la población obrera. El aumento mencionado es un aumento que se limita por completo a clases que poseen propiedad”. El contexto y el uso de la expresión “tomar nota” muestran claramente que por este incremento y por el aumento mencionado se entienden el incremento y la mención» (sic!) «que se desprenden de las estadísticas del impuesto sobre la renta».
El jesuita que inventó el Si duo faciunt idem, non est idem era un chapucero al lado del anónimo Brentano. Cuando The Times, el Morning Star y el Morning Advertiser declaran unánimes que la frase que, según Brentano, Marx «añadió mintiendo» la pronunció realmente Gladstone, estos periódicos hablan unánimes «a favor» del señor Brentano. Y cuando Marx cita luego esa misma frase al pie de la letra, eso es una «cita mentirosa», «mendacidad desvergonzada», algo «completamente falsificado», una «mentira», etc. Y si Marx no es capaz de comprenderlo, a nuestro anónimo, llamado Lujo Brentano, se le para el entendimiento y lo encuentra «sencillamente infame».
Pero ajustemos cuentas de una vez para siempre con la pretendida «adición mentirosa», recurriendo a las crónicas que todos los diarios matutinos de Londres dieron de nuestro pasaje el 17 de abril de 1863.
The Times, el Morning Star y el Morning Advertiser ya los hemos visto.
Daily Telegraph:
«Yo, por mi parte, bien puedo decir que miraría casi con inquietud y con temor este embriagador aumento de riqueza y de poder si creyera que se limita a las clases que están en circunstancias desahogadas. Esta cuestión de la riqueza no toma en absoluto conocimiento de la situación de la población obrera. El aumento indicado es un aumento que se limita por completo a las clases con propiedad».
Morning Herald:
«Puedo decir que yo, por mi parte, miraría con miedo y con inquietud este embriagador aumento de la riqueza si creyera que se limita a las clases en circunstancias desahogadas. Este gran aumento de la riqueza que he descrito, y que se basa en estadísticas exactas, se limita exclusivamente al aumento del capital y no toma conocimiento de las clases más pobres».
Morning Post:
«Puedo decir que yo, por mi parte, contemplaría con miedo y con inquietud este gran aumento de la riqueza si creyera que sus beneficios se limitan a las clases en circunstancias desahogadas. Este aumento de la riqueza que he descrito, y que se basa en estadísticas exactas, se limita por entero al aumento del capital y no toma conocimiento del aumento de la riqueza de las clases más pobres».
Daily News:
«Puedo decir que yo, por mi parte, contemplaría con miedo y con inquietud este gran aumento de la riqueza si creyera que sus beneficios se limitan a las clases en circunstancias desahogadas. Este aumento de la riqueza que he descrito, y que se basa en estadísticas exactas, se limita por entero al aumento del capital y no tiene en cuenta el aumento de la riqueza de las clases más pobres».
Standard:
«Puedo decir que yo, por mi parte, miraría con miedo y con inquietud este embriagador aumento de la riqueza si creyera que se limita a las clases en circunstancias desahogadas. Este gran aumento de la riqueza que he descrito, y que se basa en estadísticas exactas, se limita por entero al aumento del capital y no tiene en cuenta a las demás clases».
Los ocho periódicos aquí citados son, que yo sepa, los únicos diarios matutinos que se publicaban entonces en Londres. Su testimonio es «contundente». Cuatro de ellos —The Times, Morning Star, Morning Advertiser y Daily Telegraph— dan la frase exactamente en la versión en que Marx la «añadió mintiendo». Este aumento, que acaba de describirse como un embriagador aumento de riqueza y de poder, «se limita por completo a las clases con propiedad». Los otros cuatro —Morning Herald, Morning Post, Daily News y Standard— la dan en una versión «solo en la forma más resumida», con la que la frase queda todavía reforzada: ese mismo aumento «se limita por entero al aumento del capital».
Cada uno de estos ocho periódicos tiene su propio y completo equipo de cronistas parlamentarios. Son, pues, otros tantos testigos completamente independientes entre sí. Además, en su conjunto son imparciales, porque pertenecen a las más diversas tendencias de partido. Y cada una de las dos versiones anteriores de la frase imposible de suprimir la avalan tanto tories como whigs y radicales. Según cuatro de ellos, Gladstone dijo: se limita por completo a las clases con propiedad. Según los otros cuatro, dijo: se limita por entero al aumento del capital. Ocho testigos irrecusables atestiguan, pues, que Gladstone pronunció realmente la frase. La única pregunta es si fue en la versión más suave que empleó Marx o en la más fuerte que dan cuatro de las crónicas.
Frente a todos ellos se alza, en solitaria grandeza, Hansard. Pero Hansard no es irrecusable como los diarios matutinos. Las crónicas de Hansard están sometidas a la censura, a la censura de los propios oradores. Y precisamente por eso «es costumbre» citar según Hansard.
¡Ocho testigos libres de sospecha contra uno sospechoso! Pero ¿qué le importa eso a nuestro anónimo, seguro de su victoria? Justamente porque las crónicas de los ocho diarios matutinos ponen «aquel pasaje tristemente célebre» en boca de Gladstone, justamente por eso «hablan a favor» del anónimo, ¡justamente con ello prueban con mayor razón que Marx lo «añadió mintiendo»!
No hay, en verdad, nada comparable a la «cara» del anónimo Brentano.
III
En realidad, sin embargo, el llamativo desparpajo que hemos tenido que admirar en el señor Brentano no es más que una maniobra táctica. Ha descubierto que el ataque contra la frase «añadida mintiendo» ha fracasado y que tiene que buscarse una posición defensiva. La ha encontrado; ahora solo se trata de llevar a cabo la retirada a esa nueva posición.
Ya en su primera respuesta a Marx (Documentos, n.º 5), el señor Brentano deja entrever esta intención suya, aunque todavía con pudor. La fatal crónica de The Times le obliga a ello. Es verdad que esta crónica contiene el pasaje «tristemente célebre», «añadido mintiendo», pero eso es en el fondo cosa secundaria. Porque, como «coincide por completo en el fondo» con Hansard, dice «lo directamente contrario de aquel pasaje tristemente célebre», aunque lo contiene literalmente. Así pues, ya no importa el tenor literal del «pasaje tristemente célebre», sino su sentido. Ya no se trata de negar su existencia, sino de afirmar que quiere decir lo contrario de lo que dice.
Y después de que Marx, en su segunda respuesta, declarara que la falta de tiempo le obligaba a interrumpir de una vez para siempre su agradable trato con su anónimo adversario, este puede atreverse con tanta mayor seguridad con ese tema, tampoco muy limpio que digamos. Lo hace en su dúplica, reproducida aquí con el n.º 7 de los Documentos.
En ella afirma que Marx intenta oscurecer la crónica de The Times, que coincide por completo en el fondo con Hansard, y lo hace de tres maneras. En primer lugar, mediante una traducción inexacta de la expresión classes who are in easy circumstances.12 Dejo de lado este punto como absolutamente secundario. Es bien sabido que Marx dominaba la lengua inglesa de muy otro modo que el señor Brentano. Pero qué pensaba exactamente el señor Gladstone al emplear entonces esa expresión —y si pensaba algo en absoluto— es imposible decirlo hoy, al cabo de veintisiete años, incluso para él mismo.
El segundo punto es que Marx, en la crónica de The Times, «escamoteó sencillamente» cierta «oración de relativo». El pasaje en cuestión va citado por extenso en el apartado anterior, II, p. 7.13 Escamoteando esa oración de relativo, Marx habría querido escamotear a sus lectores el hecho de que el aumento de la riqueza que se desprendía de las estadísticas del impuesto sobre la renta se limitaba a las clases poseedoras porque las clases trabajadoras no estaban sujetas al impuesto sobre la renta, y que de ahí no se podía sacar nada sobre el aumento del bienestar de los obreros; pero no que las clases trabajadoras hubieran quedado en realidad excluidas del extraordinario aumento de la riqueza nacional.
La frase de la crónica de The Times dice, en la propia traducción del señor Brentano:
«El aumento que he descrito, y cuyos datos, según creo, se basan en estadísticas exactas, se limita únicamente a clases que poseen propiedad».
La oración de relativo tan malévolamente «escamoteada» por Marx consiste en las palabras: «y cuyos datos, según creo, se basan en estadísticas exactas». Con el escamoteo obstinado —puesto que lo repitió dos veces— de estas importantísimas palabras, Marx habría querido ocultar a sus lectores que el aumento en cuestión era un aumento solo de la renta sujeta al impuesto sobre la renta; en otras palabras, de la renta de las «clases que poseen propiedad».
¿Es que la indignación moral por haberse empantanado en la «mendacidad» ciega al señor Brentano? ¿O piensa que puede soltar afirmaciones a la ligera, puesto que Marx ya no contesta? El hecho es que la cita incriminada empieza en Marx, tanto en el Manifiesto inaugural como en El capital, con las palabras: «De 1842 a 1852, la renta imponible (the taxable income) de este país aumentó un 6 por ciento…; en los ocho años de 1853 a 1861 aumentó, si tomamos», etc.
¿Conoce el señor Brentano en Inglaterra otra «renta imponible» que no sea la sujeta al impuesto sobre la renta? ¿Y añadía la importantísima «oración de relativo» lo más mínimo a esta clara declaración de que aquí solo se trata de la renta sujeta al impuesto sobre la renta? ¿O es de la opinión, como casi parece, de que se «falsifican» los discursos de Gladstone sobre el presupuesto, se les «añade mintiendo» o se les «escamotea» algo cuando se los cita sin dar al mismo tiempo al lector, à la Brentano, un tratado sobre el impuesto inglés sobre la renta y, por añadidura, «falsificando» en él el impuesto sobre la renta, como demostró Marx (Documentos, n.º 6) y como el propio señor Brentano reconoce a la fuerza (Documentos, n.º 7)? Y si la frase «añadida mintiendo» dice sencillamente que este aumento, del que acababa de hablar el señor Gladstone, se limita a las clases con propiedad, ¿no dice en lo esencial lo mismo, puesto que solo las clases con propiedad pagan el impuesto sobre la renta? Pero claro, mientras el señor Brentano arma por delante, en el frente, un ensordecedor alboroto contra esta frase como falsificación de Marx y mendacidad desvergonzada, él mismo la deja colarse sigilosamente por la puerta trasera.
El señor Brentano sabía perfectamente que Marx hace hablar al señor Gladstone de la «renta imponible» y de ninguna otra. Porque en su primer ataque (Documentos, n.º 3) cita el pasaje del Manifiesto inaugural y hasta traduce taxable por «sujeta a impuesto». Si ahora, en su dúplica, «escamotea» esto, y si desde entonces hasta su folleto de 1890 asegura una y otra vez que Marx oculta intencionada y malévolamente el hecho de que Gladstone habla aquí solo de la renta sujeta al impuesto sobre la renta, ¿vamos a arrojarle de vuelta a la cabeza sus propias expresiones: «mentiroso», «falsificación», «mendacidad desvergonzada», «sencillamente infame», etc.?
Sigamos adelante.
«En tercer lugar, por último, Marx intentó ocultar la coincidencia de la crónica de The Times con la crónica de Hansard no citando las frases en las que, también según The Times, Gladstone atestiguaba directa y expresamente la elevación de la clase obrera británica».
En su segunda respuesta al anónimo Brentano, Marx tenía que probar que no había «añadido mintiendo» la frase «tristemente célebre», y tenía además que rechazar la desenvuelta afirmación del anónimo de que, en lo referente a este punto, el único en discusión, la crónica de The Times y la de Hansard «coinciden por completo en el fondo», aunque la primera contiene literalmente la frase en cuestión y la segunda la omite literalmente. Para este punto, el único en litigio, era absolutamente indiferente qué otras manifestaciones hubiera hecho el señor Gladstone acerca de la elevación de la clase obrera británica.
En cambio, en el Manifiesto inaugural —y este es, al fin y al cabo, el documento al que Brentano acusa de falsificar citas— se dice expresamente en la p. 4, solo unas pocas líneas antes de la frase «tristemente célebre», que el ministro de Hacienda (Gladstone) dijo a la Cámara de los Comunes durante el reino milenario del librecambio:
«La situación media del obrero británico ha mejorado en un grado que sabemos extraordinario y sin precedentes en la historia de todos los países y de todos los tiempos».
Y estas son precisamente las palabras que, según el señor Brentano, Marx escamoteó malévolamente.
En toda la polémica, desde su primera réplica a Marx en 1872 (Documentos, n.º 5) hasta la introducción y el apéndice de Meine Polemik etc., de 1890, el señor Brentano escamotea, con una habilidad de manos que en modo alguno debemos calificar de «mendacidad desvergonzada», el hecho de que Marx cita expresamente en el Manifiesto inaugural esas aseveraciones de Gladstone sobre la elevación sin precedentes de la situación de los obreros. Y en esta dúplica, que, como queda dicho, Marx no llegó a conocer en vida y yo no conocí hasta la aparición del folleto Meine Polemik etc., de 1890, en la que la acusación por la frase añadida mintiendo solo se mantiene en apariencia, pero en realidad se abandona, y la frase añadida mintiendo no solo se admite con rubor como auténtica propiedad de Gladstone, sino que además se reivindica como «hablando a favor nuestro», es decir, de Brentano; en esta dúplica, digo, se produce el repliegue a la nueva línea de defensa: Marx habría mutilado y tergiversado el discurso de Gladstone; Marx haría decir a Gladstone que las riquezas de los ricos habían crecido colosalmente, pero que los pobres, la población obrera, a lo sumo se habían vuelto menos pobres. Y sin embargo, Gladstone diría en palabras bien claras que la situación de los obreros había mejorado en un grado sin precedentes.
Esta segunda línea de defensa salta por los aires ante el hecho irresistible de que precisamente en el documento incriminado, en el Manifiesto inaugural, se citan expresamente esas mismas palabras de Gladstone. Y eso el señor Brentano lo sabía. «Pero ¿qué más da? ¡Los lectores» de la Concordia «no pueden comprobarlo!».
Por lo demás, en lo que toca a lo que el señor Gladstone dijo realmente, ya diremos pronto una palabrita al respecto. Para terminar, el señor Brentano, seguro en primer lugar bajo su anonimato y en segundo lugar gracias a la declaración de Marx de que no quería ocuparse más de él, se permite el siguiente gusto particular:
«Si el señor Marx prorrumpe finalmente en insultos, podemos asegurarle que nada puede ser más grato a su adversario que la confesión de su debilidad que eso encierra. La injuria es el arma de aquel cuyos demás medios de defensa se han agotado».
Vea ahora el propio lector hasta qué punto Marx, en su dúplica, «prorrumpe en insultos». Por lo que hace al señor Brentano, ya hemos ofrecido una antología de sus muestras de cortesía. Las «mentiras», «mendacidades desvergonzadas», «citas mentirosas», «sencillamente infame», etc., lanzadas en masa a la cabeza de Marx constituyen, desde luego, una edificante «confesión de debilidad» y un signo inequívoco de que los «demás medios de defensa» del señor Brentano «se han agotado».
IV
Con esto se cierra el primer acto de nuestra gran función de Estado.14 El misterioso señor Brentano, que todavía no era consejero secreto,15 había logrado lo que apenas podía esperar lograr. Es verdad que le había ido bastante mal con la frase supuestamente «añadida mintiendo»; de hecho, había abandonado aquella acusación inicial. Pero se había buscado una nueva línea de defensa, y en ella se había quedado con la última palabra, y con eso, en el mundo de los profesores alemanes, se puede decir que uno ha quedado dueño del campo de batalla. Así pudo jactarse, al menos ante sus iguales, de haber rechazado victoriosamente los ataques de Marx y de haberlo matado a él literariamente. El desdichado Marx, sin embargo, no se enteró ni de una palabra de esta matanza suya en la Concordia; al contrario, tuvo la «cara» de seguir viviendo once años más, once años de éxitos cada vez mayores para él, once años de crecimiento ininterrumpido del número de sus partidarios en todos los países, once años de reconocimiento cada vez más general de sus méritos.
El señor Brentano y consortes se guardaron muy sabiamente de sacar al ofuscado Marx de este autoengaño o de hacerle comprender que, por el contrario, era desde hacía mucho un hombre muerto. Pero después de que, en 1883, muriera de verdad, ya no pudieron aguantarse más: les picaban demasiado los dedos. Y entonces subió a escena el señor Sedley Taylor con una carta a The Times (Documentos, n.º 8).
La ocasión se la saca de la manga, si es que él o su amigo Brentano no la habían amañado directamente, como casi parece, con el señor Émile de Laveleye.16 Con el estilo afectado que delata cierta conciencia de lo podrido de su causa, le parece
«sumamente extraño que estuviera reservado al profesor Brentano revelar, ocho años más tarde, la mala fides» (de Marx).
Y entonces empieza la jactancia sobre los ataques magistralmente conducidos del divino Brentano, sobre las convulsiones de agonía en que cae enseguida el abominable Marx, etc. Cómo ocurrió esto en la realidad, ya lo han visto nuestros lectores. En convulsiones de agonía solo cayó la afirmación de Brentano de que la frase en cuestión era añadida mintiendo.
Por último, para terminar:
«Cuando Brentano demostró, mediante un cotejo detallado de los textos, que las crónicas de The Times y de Hansard coincidían en excluir de manera absoluta el sentido que una cita astutamente aislada había atribuido a las palabras de Gladstone, ¡Marx se retiró con el pretexto de la falta de tiempo!».
El «cotejo detallado de los textos» es demasiado burlesco. El anónimo Brentano cita solo Hansard. Marx le aporta la crónica de The Times, que contiene literalmente la frase discutida, la que falta en Hansard. Ahora el señor Brentano cita también la crónica de The Times, y además tres líneas más allá de donde la había citado Marx. Estas tres líneas tienen que probar que The Times y Hansard coinciden por completo, que por tanto la frase supuestamente «añadida mintiendo» por Marx no está en la crónica de The Times, aunque está en ella literalmente; o, por lo menos, que, aunque esté en ella, significa lo contrario de lo que dice en palabras bien claras. A esta operación de rompecuellos el señor Taylor la llama «cotejo detallado de los textos».
Además. Sencillamente no es verdad que Marx se retirara entonces con el pretexto de la falta de tiempo. Y el señor Sedley Taylor lo sabía, o tenía la obligación de saberlo. Hemos visto que Marx todavía aportó al anónimo y divino Brentano la prueba de que las crónicas del Morning Star y del Morning Advertiser contenían también la frase «añadida mintiendo». Y solo entonces declaró que no podía sacrificar más tiempo al anónimo.
La polémica posterior entre él y Eleanor Marx (Documentos, n.os 9, 10 y 11) demostró, ante todo, que el señor Sedley Taylor no intentó ni por un momento sostener la acusación inicial de haber añadido mintiendo una frase. Eso, se permite afirmar, «había sido de importancia muy secundaria». De nuevo, negación directa de un hecho que le era conocido o le tenía que ser conocido.
En todo caso, tomamos acta de su confesión de que esta acusación no se puede sostener, y felicitamos por ello a su amigo Brentano.
¿Cuál es entonces ahora la acusación? Sencillamente la de la segunda línea de defensa del señor Brentano: que Marx habría querido desfigurar el sentido del discurso de Gladstone; una acusación nueva de la que, como queda dicho, Marx nunca había tenido noticia. En todo caso, con ello se nos lleva a un terreno completamente distinto. Al principio se trataba de un hecho determinado: ¿añadió Marx mintiendo esta frase, o no? Que Marx rechazó victoriosamente esta acusación ya no se niega ahora. Pero la nueva acusación de citar desfigurando el sentido nos lleva al terreno de las opiniones subjetivas, que necesariamente son diversas. De gustibus non est disputandum.17 Lo que uno considera sin importancia —en sí mismo o para el fin de la cita— otro lo declarará importante y decisivo. El conservador [nunca] citará a gusto del liberal, ni el liberal a gusto del conservador, ni el socialista a gusto de ninguno de los dos o de ambos a la vez. El hombre de partido cuyos propios correligionarios cita contra él el adversario encuentra regularmente que en la cita se ha omitido el pasaje más esencial, el que determina el verdadero sentido. Esto es algo tan cotidiano y que admite tantas opiniones individuales que nadie concede el menor peso a semejantes acusaciones. Si el señor Brentano hubiera aprovechado su anonimato para lanzar contra Marx esta acusación, y solo esta, difícilmente habría considerado Marx que valía la pena contestar una palabra.
Para ejecutar este nuevo giro con la elegancia que le es propia, el señor Sedley Taylor se ve en la necesidad de negar tres veces a su amigo y compañero Brentano.18 Lo niega, en primer lugar, al abandonar la que inicialmente era su única acusación, la de «añadir mintiendo», e incluso al negar que hubiera sido la inicial y la única. Lo niega además al dejar sin más de lado el infalible Hansard, al que es «costumbre» del morigerado Brentano citar exclusivamente,19 y al servirse de la crónica de The Times, según ese mismo Brentano «necesariamente chapucera». Lo niega en tercer lugar, y de paso niega su propia primera carta a The Times, al no buscar ya la «cita en cuestión» en el Manifiesto inaugural, sino en El capital. Y eso simplemente porque nunca había tenido en las manos el Manifiesto inaugural, ¡al que en su carta a The Times «tuvo la osadía» de remitirse!
Poco después de su controversia con Eleanor Marx buscó en vano ese manifiesto en el Museo Británico, y allí fue presentado a esta adversaria suya con la pregunta de si no podría ella procurarle un ejemplar. Tras lo cual yo busqué uno entre mis papeles, y Eleanor se lo hizo llegar. El «cotejo detallado de los textos» que eso le permitió parece haberle convencido de que el silencio era la mejor respuesta.
Y, en efecto, sería superfluo añadir una sola palabra a la dúplica de Eleanor Marx (Documentos, n.º 11).
V
Tercer acto. Mi prólogo a la cuarta edición del primer tomo de El capital de Marx, reproducido entre los Documentos, n.º 12, en la medida necesaria, explica por qué tuve que volver en él sobre las polémicas, pasadas desde hacía mucho, de los señores Brentano y Sedley Taylor. Ese prólogo obligó al señor Brentano a responder; lo hizo en el folleto Meine Polemik mit Karl Marx usw., de Lujo Brentano, Berlín, 1890. Aquí hace reimprimir sus artículos anónimos de la Concordia, ahora por fin legitimados, y las respuestas de Marx en Der Volksstaat, acompañados de una introducción y de dos apéndices, en los que, quieras que no, nos vemos obligados a entrar.
Ante todo, hacemos constar que tampoco aquí se habla ya de la frase «añadida mintiendo». Ya en la primera página se cita la frase del Manifiesto inaugural y luego se afirma que Gladstone «dijo, en directa contradicción con lo indicado por Karl Marx», que esas cifras se refieren solo a quienes pagan el impuesto sobre la renta (cosa que Marx también hace decir a Gladstone, puesto que limita expresamente esas cifras a la renta sujeta a impuesto), pero que la situación de la clase obrera había mejorado al mismo tiempo de un modo sin precedentes (cosa que Marx también ha hecho decir a Gladstone, solo nueve líneas antes de la cita impugnada). Invito al lector a comparar por sí mismo el Manifiesto inaugural (Documentos, n.º 1) con la afirmación del señor Brentano (Documentos, n.º 13), para ver cómo el señor Brentano «añade mintiendo» o fabrica de algún otro modo una contradicción donde no hay absolutamente ninguna. Pero como la acusación por la frase añadida mintiendo ha fracasado ignominiosamente, el señor Brentano tiene que intentar, contra lo que sabe muy bien, hacer creer a sus lectores que Marx quiso escamotear el hecho de que Gladstone habla aquí solo de la «renta sujeta a impuesto» o de la renta de las clases que poseen propiedad. Y el señor Brentano ni siquiera se da cuenta de que con ello su primera acusación se convierte en su contraria, puesto que esta segunda le da a la primera una bofetada en plena cara.
Después de haber llevado felizmente a cabo esta «falsificación», se siente movido a llamar la atención de la Concordia sobre la «falsificación» supuestamente cometida por Marx, y la Concordia le invita entonces a enviarle un artículo contra Marx. Lo que sigue es demasiado delicioso para no darlo al pie de la letra:
«El artículo no lo firmé yo; esto se hizo, por una parte, a deseo de la redacción, en interés del prestigio de su periódico; por otra, yo tenía tanto menos que objetar cuanto que, después de las disputas que Marx había sostenido anteriormente, era de esperar que colmara a su adversario de injurias personales, y por eso no podía tener sino un efecto divertido dejarle a oscuras sobre la persona de su adversario».
¡Así que la redacción de la Concordia deseaba, «en interés del prestigio de su periódico», que el señor Brentano callara su nombre! ¡Qué reputación del señor Brentano entre sus propios correligionarios presupone esto! Que le haya pasado, se lo creemos de buena gana; pero que él mismo lo pregone a los cuatro vientos, eso es verdaderamente piramidal por parte del caballero. Con todo, eso que lo arregle él consigo mismo y con la redacción de la Concordia.
Como «era de esperar que Marx colmara a su adversario de injurias personales», naturalmente «no podía tener sino un efecto divertido dejarle a oscuras sobre la persona de su adversario». Cómo se hace para colmar de injurias personales a una persona a la que no se conoce era hasta ahora un misterio. Solo se puede pasar a lo personal cuando se sabe algo de la persona en cuestión. Ahora bien, el señor Brentano, hecho anónimo en interés del prestigio del periódico, le ahorró a su adversario esa molestia. Él mismo empezó a «injuriar» alegremente a diestro y siniestro, primero con el «añadir mintiendo» impreso en negrita, luego con la «mendacidad desvergonzada», el «sencillamente infame», etc. Evidentemente, el señor Brentano, el no anónimo, ha cometido aquí un lapsus de pluma. No para que el conocido Marx pudiera «colmar de injurias personales» al desconocido Brentano, sino para que el oculto Brentano pudiera «colmar de injurias personales» al conocido Marx: por eso el señor Brentano tenía, «por otra parte», «tanto menos que objetar» al anonimato que le dictaron.
¡Y eso tenía que «tener un efecto divertido»! En efecto, eso es lo que ha resultado, pero no por voluntad del señor Brentano. Marx, como después su hija y ahora yo, todos nos esforzamos por sacar a esta polémica un lado divertido. Pero el éxito que tengamos en ello, grande o pequeño, lo tenemos a costa del señor Brentano. Sus artículos son cualquier cosa menos «divertidos». Lo que de diversión se desprende de ellos se debe únicamente a los golpes que Marx deja caer sobre el lado oscuro de su «persona dejada a oscuras», y sobre los cuales el golpeado querría ahora, a posteriori, pasar de puntillas como sobre «las groserías de su polémica bufa». «Groserías de polémica bufa» llamaban los adversarios junkers, clericales, juristas y gremiales de cualquier otra especie a las cortantes polémicas de Voltaire, de Beaumarchais, de Paul-Louis Courier,20 lo cual no ha impedido que hoy esas «groserías» estén reconocidas como modelos y obras maestras. Y nosotros hemos disfrutado demasiado de aquellos y otros modelos de «polémica bufa» para que cien Brentanos consigan arrastrarnos al terreno de la polémica universitaria alemana, donde no reina más que la impotente malicia de la pálida envidia y el aburrimiento más árido.
El señor Brentano, sin embargo, cree ahora tener de nuevo a sus lectores lo bastante embaucados para servirles, con la mayor frescura, un tabaco bien fuerte:
«Y cuando se demostró que también The Times… había dado este» (de Gladstone) «discurso en un sentido coincidente con la crónica taquigráfica, él» (Marx) «hizo, como escribió la redacción de la Concordia, como la sepia, que enturbia el agua con un líquido negro para dificultar a su adversario la persecución; es decir, procuró con todas sus fuerzas oscurecer el objeto de la disputa aferrándose a cuestiones accesorias del todo indiferentes».
Si la crónica de The Times, que contiene literalmente la frase «añadida mintiendo», coincide en el sentido con la «taquigráfica» —quiere decir, con Hansard—, que la suprime literalmente, y si el señor Brentano vuelve a jactarse de haberlo demostrado, ¿qué otra cosa significa esto sino que la acusación por la frase «añadida mintiendo» se abandona por completo, aunque con vergüenza y en silencio, y que el señor Brentano, empujado de la ofensiva a la defensiva, se retira a su segunda línea de defensa? Nos limitamos a hacerlo constar; creemos haber volado en los apartados III y IV también esta segunda posición, rompiéndola por el centro y arrollándola por ambas alas.
Pero entonces aparece el auténtico polemista universitario. Cuando el audaz y victorioso Brentano hubo acorralado así a su adversario, este hizo como la sepia, ennegreciendo el agua y oscureciendo el objeto de la disputa con el realce de cuestiones accesorias del todo indiferentes.
Los jesuitas dicen: Si fecisti, nega. Si has hecho algo, niégalo. El polemista universitario alemán va más allá y dice: si has cometido una sucia triquiñuela de leguleyo, cárgasela al adversario. Apenas ha citado Marx The Theory of the Exchanges y al profesor Beesly, y solo porque citaban el pasaje discutido igual que él, la sepia Brentano «se aferra» a ellos con todas las ventosas de sus diez pies y derrama a su alrededor tal efusión de su «líquido negro» que hay que mirar con atención y agarrar con fuerza si no se quiere perder de vista y de las manos el verdadero «objeto de la disputa», a saber, la frase supuestamente añadida mintiendo. En su dúplica, exactamente el mismo método. Primero se le arma a Marx una nueva gresca a propósito del significado de la expresión classes in easy circumstances, una gresca de la que en el mejor de los casos no podía salir más que precisamente ese «oscurecimiento» deseado por el señor Brentano. Después se vuelve a derramar líquido negro con ocasión de la famosa oración de relativo que Marx habría escamoteado malévolamente y que, como hemos demostrado, podía muy bien omitirse, porque el hecho al que aludía indirectamente estaba ya dicho de forma directa, clara y nítida en una frase anterior del discurso citada por Marx. Y en tercer lugar a nuestra sepia todavía le sobra salsa negra para oscurecer de nuevo el objeto de la disputa, afirmando que Marx había vuelto a escamotear algunas frases en la cita de The Times: frases que no tenían absolutamente nada que ver con el único punto que entonces se discutía entre ambos, la frase supuestamente añadida mintiendo.
El mismo derroche de sepia en la presente autoapología. Primero, naturalmente, tiene que volver a servir de excusa The Theory of the Exchanges. Luego, de improviso, se nos opone la «ley de bronce del salario» de Lassalle,21 con la que, como es sabido, Marx tenía tanto que ver como el señor Brentano con la invención de la pólvora, y eso aunque el señor Brentano debe de saber que Marx, en el primer tomo de El capital, rechaza expresamente toda responsabilidad por cualesquiera conclusiones de Lassalle, y que en el mismo libro Marx presenta la ley del salario como una función de diversas variables y como muy elástica, es decir, como cualquier cosa menos de bronce. Y como los derrames de tinta ya están en marcha, no hay quien los pare: el Congreso de Halle,22 Liebknecht y Bebel, el discurso de Gladstone sobre el presupuesto de 1843, los sindicatos ingleses, todo lo imaginable se trae por los pelos para cubrir la defensa frente al adversario, que ha pasado ahora a la ofensiva, con una autoapología del señor Brentano y de sus nobles y filantrópicos principios, tratados con tanta sorna por los malvados socialistas. Se diría que toda una docena de sepias ayudan aquí a «encubrir».
Y todo esto porque el señor Brentano sabe él mismo que se ha empantanado sin remedio con la afirmación de la frase «añadida mintiendo» y no tiene el valor de retirar abierta y honradamente esa afirmación. Por emplear sus propias palabras:
«Si» Brentano «hubiera reconocido sencillamente que aquel libro», Hansard, «le había inducido a error…, uno se habría asombrado, desde luego, de que se hubiera fiado de semejantes fuentes» como de algo absolutamente fidedigno, «pero al menos el error habría quedado reparado. Pero en su caso no hubo nada de eso».
En lugar de eso, se derrama la tinta a litros para oscurecer, y si aquí tengo que extenderme tanto, es solo porque primero tengo que quitar de en medio todas estas cuestiones accesorias traídas por los pelos y disipar la tinta del oscurecimiento, para no perder de vista ni de las manos el verdadero objeto de la disputa.
Sin embargo, el señor Brentano todavía tiene guardada para nosotros una comunicación que, en efecto, «no puede tener sino un efecto divertido». Le han jugado una pasada tan lamentable que no halla paz ni sosiego hasta habernos contado entre lamentos toda su mala suerte. Primero la Concordia suprime su nombre en interés del prestigio de su periódico. El señor Brentano es lo bastante magnánimo para dejarse imponer este sacrificio en interés de la buena causa. Luego Marx deja caer sobre él las groserías de su polémica bufa. También esto se lo traga. Solo que quería responder a ello «con la reimpresión literal de toda la polémica». ¡Pero ay!
«Las redacciones tienen a menudo un juicio propio; la revista especializada que yo había considerado la más adecuada para ello entre todas rechazó la reimpresión, declarando que la disputa carecía de interés general».
Así le va al noble en este mundo pecador: sus mejores intenciones se estrellan contra la maldad o la indiferencia de los hombres. Y para resarcir a nuestro incomprendido hombre de bien de este infortunio inmerecido, y puesto que sin duda pasará algún tiempo hasta que dé con una redacción que no «tenga a menudo un juicio propio», le ofrecemos aquí «la reimpresión literal de toda la polémica».
VI
Además de la autoapología introductoria, el folletito del señor Brentano contiene dos apéndices. El primero contiene extractos de The Theory of the Exchanges que deben probar que este libro fue una de las fuentes principales con las que Marx compuso su Capital. No entro en este nuevo derroche de sepia. Solo me ocupo de la vieja acusación de la Concordia. En toda su vida, Marx no pudo ni quiso dar gusto al señor Brentano. Así que el señor Brentano tiene seguramente todo un saco sin fondo lleno de agravios contra Marx, y yo sería un necio si me metiera en eso. Sería jugar, para darle gusto, al cuento de nunca acabar.
Lo único ingenuo es que aquí, al final de las citas, se exige a Marx «la reproducción del verdadero discurso sobre el presupuesto». Eso es, pues, lo que el señor Brentano entiende por citar correctamente. Ciertamente, si siempre hubiera que reproducir el verdadero discurso entero, jamás se habría citado un discurso sin «falsificación».
En el segundo apéndice, el señor Brentano se me echa encima a mí. En la cuarta edición del primer tomo de El capital añadí a la cita supuestamente falsa la referencia al Morning Star. Y el señor Brentano aprovecha esto para volver a oscurecer por completo, con una efusión de sepia, el punto inicial del litigio, el pasaje del Manifiesto inaugural, y apuntar en su lugar contra el pasaje de El capital aducido ya por el señor S. Taylor. Para probar que esta indicación mía de la fuente es falsa y que Marx no pudo tomar la «cita falsa» más que de The Theory of the Exchanges, el señor Brentano imprime una junto a otra, en columnas paralelas, las crónicas de The Times y del Morning Star y la cita según El capital. Este segundo apéndice va reproducido aquí entre los Documentos, n.º 14 b.
El señor Brentano hace empezar al Morning Star su crónica con las palabras: «Yo, por mi parte», etc. (I must say for one, etc.). Con ello afirma, pues, que las frases anteriores sobre el crecimiento de la renta sujeta a impuesto de 1842 a 1852 y de 1853 a 1861 faltan en el Morning Star; de donde se sigue naturalmente que Marx no utilizó el Morning Star, sino The Theory of the Exchanges.
¡«Los lectores» de su folleto, «que son los que le importan, no pueden comprobarlo»! Pero otras personas sí pueden, y encuentran entonces que ese pasaje figura, desde luego, en el Morning Star. Lo reproducimos aquí, y al lado el pasaje de El capital, en inglés y en alemán, para edificación del señor Brentano y de sus lectores.
Morning Star, 17 de abril de 1863
«In ten years, from 1842 to 1852 the taxable income of the country increased by 6 per cent, as nearly as I can make out - a very considerable increase in ten years. But in eight years from 1853 to 1861 the income of the country again increased from the basis taken in 1853 by 20 per cent. The fact is so astonishing as to be almost incredible».
Das Kapital, tomo I, 1.ª ed., p. 639; 2.ª ed., p. 678; 3.ª ed., p. 671; 4.ª ed., p. 617, nota 103
«From 1842 to 1852 the taxable income of the country increased by 6 per cent… … In the 8 years from 1853 to 1861… … it had increased from the basis taken in 1853, 20 per cent! The fact is so astonishing as to be almost incredible».
Traducido:
«En diez años, de 1842 a 1852, la renta imponible del país aumentó un 6 por ciento, por lo que puedo calcular; un aumento muy considerable en diez años. Pero en ocho años, de 1853 a 1861, la renta del país volvió a aumentar, si tomamos como base 1853, un 20 por ciento. El hecho es tan asombroso que resulta casi increíble».
«De 1842 a 1852, la renta imponible de este país aumentó un 6 por ciento… … En los ocho años de 1853 a 1861… aumentó, si tomamos como base 1853, un 20 por ciento. El hecho es tan asombroso que resulta casi increíble».
La falta de esta frase en su cita del Morning Star es la baza principal del señor Brentano para afirmar que Marx citó de The Theory of the Exchanges y no del Morning Star. A la indicación de que la cita está hecha según el Morning Star opone esa laguna acusadora en la columna paralela. Y resulta que la frase sí está en el Morning Star, y además exactamente como en Marx, y la laguna acusadora es fabricación propia del señor Brentano. Si esto no es «escamoteo», y «falsificación» por añadidura, estas palabras no tienen sentido alguno.
Pero si al principio de la cita el señor Brentano «falsifica», y aunque ahora se guarda muy mucho de afirmar que en medio de esa misma cita Marx «añadió mintiendo» una frase, eso no le impide en absoluto seguir asegurando sin cesar que al final de la cita Marx escamotea.
En El capital la cita se interrumpe con el pasaje:
«No me atrevo a decir que los extremos de la pobreza hayan disminuido».23
Ahora bien, en la crónica de The Times y en la del Morning Star la frase no termina aquí; separadas solo por una coma, siguen las palabras:
«pero la situación media del obrero británico —tenemos la dicha de saberlo— es tan extraordinaria» (según The Times: ha mejorado en los últimos veinte años en un grado que sabemos extraordinario) «que casi podemos calificarla de sin precedentes en la historia de todos los países y de todos los tiempos».
Aquí, pues, Marx corta en mitad de la frase, «hace terminar a Gladstone en mitad de la frase», «con lo cual esta frase pierde todo sentido». Y ya en la dúplica (Documentos, n.º 7) el señor Brentano llama a esto una «lectura absolutamente carente de sentido».
La frase de Gladstone «No me atrevo a decir que los extremos de la pobreza hayan disminuido» es una afirmación muy determinada, cerrada en sí misma. Si tiene sentido, lo tiene tomada aparte, por sí sola. Si no lo tiene, no hay cola, por larga que sea, colgada de ella mediante un «pero», que pueda dárselo. Si la frase, en la cita de Marx, «pierde todo sentido», la culpa no es de Marx, que la cita, sino del señor Gladstone, que la pronunció.
Para ahondar en este importante caso, acudamos ahora a la única fuente que, según la «costumbre» del señor Brentano, se debe citar, al Hansard limpio de todo pecado original. Allí se dice, según la propia traducción del señor Brentano:
«No me atreveré a determinar si el ancho abismo que separa los extremos de la riqueza y de la pobreza se ha hecho menos ancho o más ancho que en tiempos anteriores». Punto.
Y solo después de este punto empieza la nueva frase: «Pero si consideramos la situación media del obrero británico», etc. Así pues, si Marx pone aquí también un punto, hace lo mismo que hace el Hansard de costumbres puras; y si el señor Brentano hace de este punto de Marx un nuevo crimen y afirma que Marx hace terminar a Gladstone en mitad de la frase, es que se fía precisamente «de las crónicas periodísticas, necesariamente chapuceras», y tiene que atribuirse a sí mismo las consecuencias. Con esto se viene abajo también la afirmación de que Marx dejó la frase completamente sin sentido con ese punto; el punto no es suyo, sino del señor Gladstone, y que el señor Brentano se entienda con él acerca del sentido o del sinsentido de la frase; nosotros no tenemos nada más que ver con ello.
Porque el señor Brentano, de todos modos, mantiene correspondencia con el señor Gladstone. Lo que él le escribió no llegamos a saberlo, desde luego, y de lo que el señor Gladstone le escribió a él solo llegamos a saber lo mínimo. En todo caso, el señor Brentano ha publicado de las cartas de Gladstone dos frasecitas raquíticas (Documentos, n.º 16), de las que he demostrado en mi respuesta (Documentos, n.º 17) que «este mosaico arbitrario de frases arrancadas de su contexto» no prueba nada en absoluto a favor del señor Brentano, mientras que el hecho de que se preste a este tipo de publicación fragmentaria, en lugar de hacer imprimir toda la correspondencia, habla volúmenes enteros en contra suya.
Pero supongamos por un momento que estas dos frasecitas solo admiten la interpretación más favorable al señor Brentano. ¿Qué pasa entonces?
«Usted tiene toda la razón y Marx no tiene ninguna». «No he hecho modificación alguna». Estas son las supuestas palabras del ex ministro; supuestas, porque el señor Gladstone, que yo sepa, no suele escribir en alemán.
¿Quiere decir esto: yo no pronuncié la frase «tristemente célebre» y Marx la «añadió mintiendo»? Seguro que no. Los ocho diarios matutinos de Londres del 17 de abril de 1863 desmentirían unánimes semejante afirmación. Que la frase se pronunció lo prueban sin la menor duda. Así pues, si el señor Gladstone no hizo modificación alguna en la crónica de Hansard —yo, aunque doce años más joven que él, no querría fiarme tan resueltamente de mi memoria en pequeñeces como estas, ocurridas hace veintisiete años—, entonces la falta de la frase en Hansard no prueba nada a favor del señor Brentano y prueba muchísimo en contra de Hansard.
Dejando aparte este único punto de la frase «añadida mintiendo», la opinión del señor Gladstone carece aquí de toda autoridad. Porque en cuanto dejamos de lado este punto, nos hallamos exclusivamente en el terreno de las opiniones sin autoridad, donde, tras años de disputa, cada cual se aferra a la suya. Que el señor Gladstone, si hay que citarlo, prefiera el método de citar del señor Brentano, un partidario que lo admira, al de Marx, un adversario que lo critica con dureza, es cosa que se cae de su peso y es su derecho indiscutible. Pero para nosotros, y para la cuestión de si Marx citó de buena o de mala fe, su opinión al respecto no vale siquiera lo que la del primer tercero imparcial que pase. Porque aquí el señor Gladstone ya no es testigo, sino parte.
VII
Para terminar, detengámonos todavía brevemente en lo que el señor Gladstone dijo en aquel pasaje de su discurso sobre el presupuesto de 1863, que el señor Brentano ha hecho en verdad «tristemente célebre», y en lo que Marx citó de lo dicho, o, según el caso, «añadió mintiendo» o «escamoteó». Para complacer al señor Brentano en todo lo posible, tomamos como base el inmaculado Hansard, y precisamente en la traducción del propio Brentano.
«En diez años, de 1842 a 1852 inclusive, la renta sujeta a impuesto del país, con toda la exactitud con que podemos averiguarlo, ha aumentado un 6 por ciento; pero en ocho años, de 1853 a 1861, la renta del país ha vuelto a crecer, sobre la base adoptada, un 20 por ciento. Es este un hecho tan extraordinario y asombroso que parece casi increíble».
Contra la cita que hace Marx de esta frase, el propio señor Brentano no tiene nada que objetar, salvo que supuestamente está tomada de The Theory of the Exchanges. Pero sobre la cita del señor Brentano hay que decir aquí que también él está muy lejos de dar «el verdadero discurso sobre el presupuesto». Suprime la digresión que viene a continuación del señor Gladstone sobre las causas de este asombroso aumento, sin indicar siquiera la omisión con puntos. Sigamos:
«Así está, señor presidente, la cuestión en lo que respecta al incremento general de la acumulación. Pero, en lo que a mí toca, debo decir que miraría con pena y con gran aprensión este crecimiento extraordinario y casi embriagador si tuviera que creer que se limita a la clase de personas que cabe calificar de situadas en circunstancias agradables. Las cifras que he aducido toman poco o ningún conocimiento de la situación de quienes no pagan el impuesto sobre la renta; o, en otras palabras, aunque son lo bastante exactas para conocer la verdad en general, no toman conocimiento de la propiedad de la población obrera ni del aumento de sus ingresos».
Aquí viene ahora la frase que, según el señor Brentano, Marx «añadió mintiendo», pero que, según el testimonio de los ocho diarios matutinos sin excepción del 17 de abril, pronunció sin la menor duda el señor Gladstone:
«El aumento que he descrito, y que, según pienso, se basa en estadísticas exactas, es un aumento que se limita por completo a clases que poseen propiedad» (The Times, Morning Star, Morning Advertiser, Daily Telegraph). «… se limita por entero al aumento del capital» (Morning Herald, Standard, Daily News, Morning Post).
Hansard, después de «ingresos», continúa enseguida con las palabras:
«Indirectamente, es cierto, el mero aumento del capital es de la mayor ventaja para la clase obrera, porque este aumento abarata la mercancía que en todo el proceso de producción entra en competencia directa con el trabajo».
Hansard, aunque omite la frase «tristemente célebre», dice en el fondo exactamente lo mismo que dicen los demás periódicos: que al orador le resultaría muy desagradable que este embriagador aumento se limitara a las classes in easy circumstances, pero que, por mucho que lo lamente, este aumento que ha descrito se limita a gente que no pertenece a la clase obrera y que es lo bastante rica para pagar el impuesto sobre la renta; ¡más aún, que es en verdad un «mero aumento del capital»!
Y aquí se desvela por fin el secreto de la cólera del señor Brentano. Lee la frase en el Manifiesto inaugural, encuentra en ella una concesión fatal, se procura la versión de Hansard, no encuentra en ella la fatal frase y se apresura a pregonar a los cuatro vientos: ¡Marx ha añadido mintiendo la frase, en la forma y en el fondo! Marx le señala la frase en The Times, en el Morning Star, en el Morning Advertiser. Ahora, por fin, el señor Brentano tiene que emprender, al menos en apariencia, un «cotejo detallado de los textos», y descubre, bueno, ¿qué? ¡Que The Times, el Morning Star y el Morning Advertiser «coinciden por completo en el fondo» con Hansard! Por desgracia, pasa por alto que entonces también la frase «añadida mintiendo» tiene que coincidir por completo en el fondo con Hansard, y que entonces bien podría resultar al final también la coincidencia en el fondo de Hansard con el Manifiesto inaugural.
Así pues, todo el alboroto se debe solo a que el señor Brentano no había hecho el cotejo detallado de los textos que le atribuye el señor Sedley Taylor y a que, en realidad, no había entendido él mismo lo que dijo el señor Gladstone según Hansard. Verdad es que esto no era del todo fácil, pues aunque el señor Brentano afirma que este discurso «despertó la atención y la admiración de todo el mundo culto…, y en particular por… su claridad», los lectores han podido convencerse de que, según Hansard, está redactado en un lenguaje sumamente afectado, enrevesado y lleno de cláusulas y reservas, que se empantana en sus propias repeticiones. En particular, la frase de que el aumento del capital es de la mayor ventaja para los obreros porque abarata la mercancía que en el proceso de producción entra en competencia directa con el trabajo es un puro disparate. Si una mercancía entra en competencia con el trabajo y esa mercancía (por ejemplo, la maquinaria) se abarata, el resultado primero e inmediato es la caída de los salarios, ¡y eso sería, según el señor Gladstone, «de la mayor ventaja para la clase obrera»! ¡Qué filantrópicamente obraron entonces algunos diarios matutinos de Londres, por ejemplo el Morning Star, al atribuir en sus crónicas «necesariamente chapuceras» a la incomprensible frase anterior lo que el señor Gladstone probablemente había querido decir, a saber, que el aumento del capital beneficia al obrero mediante el abaratamiento de los principales artículos de consumo!
Si el señor Gladstone, al decir que tendría que mirar con pena y con gran aprensión este embriagador crecimiento si tuviera que creer que se limitaba a las clases en circunstancias desahogadas; si Gladstone, digo, pensaba entonces en otro crecimiento de la riqueza distinto de aquel del que hablaba, a saber, en la situación, a su juicio considerablemente mejorada, de la nación entera; si olvidó momentáneamente que hablaba del aumento de la renta de las clases que pagan el impuesto sobre la renta y de ningún otro, eso no lo podemos saber. A Marx se le acusa de falsificación, y entonces de lo que se trata es del tenor literal y de su sentido gramatical, de lo que el señor Gladstone dijo, no de lo que posiblemente quiso decir. Esto último tampoco lo sabe el señor Brentano, y tampoco el señor Gladstone es ya, al cabo de veintisiete años, una autoridad competente para ello. Y en ningún caso nos incumbe.
Así pues, el sentido clarísimo de las palabras es este: la renta sujeta a impuesto ha experimentado un aumento embriagador. Lamentaría mucho que este aumento que acabo de describir se limitara a las clases acomodadas; pero se limita a ellas, puesto que los obreros no tienen renta sujeta a impuesto; ¡es, pues, un mero aumento del capital! Pero también este es ventajoso para los obreros, porque, etc.
Y ahora, Marx:
«Este embriagador aumento de riqueza y de poder… se limita por completo a las clases poseedoras».
Hasta aquí llega la frase en el Manifiesto inaugural, donde dio pie a toda esta bonita disputa. Pero desde que el señor Brentano ya no se atreve a afirmar que Marx la añadió mintiendo, ya no se habla para nada del Manifiesto inaugural, y todos los ataques se dirigen contra la cita de ese pasaje en El capital. Allí Marx añade todavía la frase siguiente:
«pero… pero tiene que ser de ventaja indirecta para la población obrera, porque abarata los artículos de consumo general».
El «mosaico arbitrariamente revuelto de frases arrancadas de su contexto» de Marx dice, pues, «en el fondo», «solo en la forma más resumido», exactamente lo que el inmaculado Hansard hace decir al señor Gladstone. El único reproche que se le puede hacer a Marx es que, al utilizar el Morning Star y no Hansard, pone en boca del señor Gladstone, en la frase final, un sentido allí donde este había dicho un sinsentido.
Sigamos, según Hansard:
«Pero, además, se puede afirmar con seguridad que a la masa del pueblo le han tocado ventajas más inmediatas y mayores. Es motivo de un consuelo profundo e inestimable considerar que, mientras los ricos se han vuelto más ricos, los pobres se han vuelto menos pobres. No me atreveré a determinar si el ancho abismo que separa los extremos de la riqueza y de la pobreza se ha hecho menos ancho o más ancho que en tiempos anteriores».
En Marx:
«… mientras los ricos se han hecho más ricos, los pobres, en todo caso, se han hecho menos pobres. No me atrevo a decir que los extremos de la pobreza hayan disminuido».
Marx da solo las dos raquíticas afirmaciones positivas que en Hansard nadan en toda una sopera de frases tan vacías como untuosas. Que con ello no pierden nada, sino que más bien ganan, se puede afirmar con seguridad.
Por último, para terminar, según Hansard:
«Pero si consideramos la situación media del obrero británico, sea campesino o minero, peón o trabajador cualificado, sabemos por testimonios múltiples e indudables que en los últimos veinte años ha tenido lugar tal aumento de sus medios de vida que casi podemos declararlo sin precedentes en la historia de cualquier país y de cualquier época».
Esta frase está citada en el Manifiesto inaugural unas pocas líneas antes de la frase «tristemente célebre» de más arriba. Allí se dice:
«Tales son los datos oficiales, publicados por orden del Parlamento en 1864, durante el reino milenario del librecambio, en un momento en que el ministro de Hacienda decía a la Cámara de los Comunes:
“La situación media del obrero británico ha mejorado en un grado que sabemos extraordinario y sin precedentes en la historia de todos los países y de todos los tiempos”».
Así pues, está aducido todo lo esencial. Pero el hecho de que esto se lea en el Manifiesto inaugural, edición original, p. 4, lo escamotea obstinadamente el señor Brentano a sus lectores, que, desde luego, no pueden comprobarlo, porque nos es imposible regalar a cada uno de ellos un ejemplar del manifiesto, como se hizo con el señor Sedley Taylor.
Nota bene: en su segunda respuesta (Documentos, n.º 6), Marx solo tenía que defender el Manifiesto inaugural, porque hasta entonces el señor Brentano todavía no había incluido el pasaje de El capital en el ámbito de sus reparos. También en la dúplica que siguió (Documentos, n.º 7), el ataque del señor Brentano se dirige todavía contra el Manifiesto inaugural y contra la defensa que de él hizo Marx.
Solo después de la muerte de Marx se produce el nuevo giro, y no a cargo del señor Brentano, sino de su escudero de Cambridge. Solo ahora se descubre que Marx suprimió en El capital las altisonantes aseveraciones del señor Gladstone sobre la elevación sin precedentes de la situación de los obreros británicos y que con ello volvió del revés el sentido del señor Gladstone.
Y aquí tenemos que hacer constar que Marx se dejó escapar un brillante giro retórico. Todo el apartado en cuya introducción se cita este discurso de Gladstone tiene por objeto aportar pruebas de que la situación de la gran mayoría de la clase obrera británica, precisamente en la época de este embriagador aumento de la riqueza, era oprimida e indigna. ¡Qué contraste espléndido con estas pruebas de miseria de masas, extraídas de las publicaciones oficiales del propio Parlamento, habrían ofrecido precisamente aquellas pomposas palabras de Gladstone sobre la feliz situación de la clase obrera británica, sin precedentes en la historia de todos los países y de todos los tiempos!
Pero si Marx quería renunciar a este efecto retórico, no tenía razón alguna para citar esas palabras de Gladstone. En primer lugar, no son más que la frase de rigor que todo ministro de Hacienda británico considera de buen tono repetir en las épocas de negocios buenos o siquiera soportables; carecen, por tanto, de significado. Pero, en segundo lugar, el propio Gladstone las revocó en el plazo de un año, cuando en su siguiente discurso sobre el presupuesto, el del 7 de abril de 1864, en una época de prosperidad industrial todavía más acrecentada, habla de masas «al borde del pauperismo» y de las ramas de la industria «en las que el salario no ha subido», y exclama, según Hansard:
«Y de nuevo, y todavía más en grande, ¿qué es la vida humana, en la mayoría de los casos, sino una lucha por la existencia?».24
Ahora bien, este otro discurso de Gladstone sobre el presupuesto lo cita Marx inmediatamente después del de 1863; y si así el propio señor Gladstone declaraba el 7 de abril de 1864 inexistentes las bendiciones sin precedentes de cuya existencia tenía el 16 de abril de 1863 «testimonios múltiples e indudables», para Marx desaparecía hasta la última apariencia de razón para citar estas aseveraciones entusiastas, pero por desgracia efímeras incluso para el propio señor Gladstone. Podía contentarse con las concesiones del orador de que, mientras las rentas de 150 libras esterlinas para arriba habían aumentado de un modo embriagador, los pobres, en todo caso, se habían vuelto menos pobres, y el abismo entre la riqueza extrema y la pobreza extrema difícilmente había disminuido.
No queremos hablar siquiera de que es costumbre de los economistas oficiales alemanes citar a Marx con frases arrancadas de su contexto. Si él hubiera querido armar a cada cita así un griterío como el que arma aquí el señor Brentano, nunca habría terminado.
Pero examinemos un poco más de cerca el aumento sin precedentes de los medios de vida de que disfrutaba entonces el obrero británico, campesino o minero, trabajador cualificado o peón.
El campesino, en Inglaterra y en la mayor parte de Escocia, no es más que jornalero agrícola. En 1861 había en total 1.098.261, de ellos 204.962 que vivían como criados en la granja del arrendatario.25 De 1849 a 1859 su salario en dinero había subido 1 chelín a la semana, en algunos casos 2, pero en última instancia esto quedó casi siempre en un aumento meramente nominal. Cuál era su situación en 1863, en qué condiciones de vivienda verdaderamente perrunas vivía, lo describió el doctor Hunter (Public Health, VII. Report, 1864):26
«Los gastos que ocasiona el trabajador agrícola están fijados en la suma más baja con la que puede vivir».
Según el mismo informe, la alimentación de una parte de las familias jornaleras (sobre todo en ocho condados mencionados por su nombre) está por debajo del mínimo absolutamente necesario para evitar las enfermedades del hambre. Y el profesor Thorold Rogers, partidario político de Gladstone, declara en 1866 (History of Agriculture and Prices)27 que el jornalero del campo ha vuelto a ser un siervo, y además, como demuestra por extenso, un siervo mal alimentado y mal alojado, en mucho peor situación que su antepasado en tiempos de Arthur Young (1770 a 1780)28 e incomparablemente peor que el jornalero de los siglos XIV y XV. Con el «campesino», pues, Gladstone no tiene decididamente suerte.
¿Qué hay del «minero»? Para eso tenemos el informe parlamentario de 1866. En 1861 trabajaban en las minas del Reino Unido 565.875 personas, de ellas 246.613 en las minas de carbón. En estas últimas, el salario de los hombres había subido un poquito, y además tienen casi siempre el turno de ocho horas, mientras que los muchachos tienen que trabajar de 14 a 15 horas. La inspección de minas es una pura farsa: ¡para 3.217 minas hay 12 inspectores! La consecuencia es que la vida de los mineros se sacrifica en masa en explosiones evitables en gran parte; los propietarios de las minas se resarcen en general del poquito de aumento salarial mediante descuentos en el salario con medidas y pesos falsos. En las minas metalíferas, según el informe de la Royal Commission de 1864, la situación es todavía peor.
¿Y el obrero «cualificado»? Tomemos los obreros del metal, 396.998 en total. Entre ellos habrá de 70.000 a 80.000 mecánicos ajustadores, y su situación era en efecto buena gracias a la fuerza de resistencia de su sindicato, antiguo, fuerte y rico. También entre los demás obreros del metal, en la medida en que debían poseer fuerza física y destreza, se había producido cierta mejora, como era natural en una época de negocios que desde 1859 y 1860 había vuelto a ir mejor. En cambio, la situación de las mujeres y los niños empleados con ellos (solo en Birmingham y sus alrededores, 10.000 mujeres y 30.000 menores de dieciocho años) era bastante miserable, y la de los fabricantes de clavos (26.130) y de cadenas, sumamente miserable.
En la industria textil, los que inclinan la balanza son los 456.646 hiladores y tejedores de algodón, a los que hay que añadir 12.556 estampadores de indianas. Y estos debieron de asombrarse mucho al oír hablar de su felicidad sin precedentes: en abril de 1863, en lo más alto del hambre del algodón y de la guerra civil norteamericana,29 en la época en que (octubre de 1862) estaban parados el 60 por ciento de los husos y el 58 por ciento de los telares, y los demás solo trabajaban de dos a tres días por semana; en que más de 50.000 obreros del algodón, solos o con sus familias, recibían socorros de la administración de beneficencia o del comité de socorro, y (marzo de 1863) 135.625 estaban ocupados por ese mismo comité en obras públicas o en escuelas de costura a cambio de un salario de hambre (Watts, The Facts of the Cotton Famine, 1866, p. 211).30 A los demás obreros textiles, sobre todo de la rama de la lana y del lino, les iba relativamente bien: la falta de algodón elevó su ocupación.
Y cómo estaban las cosas en una serie de ramas industriales más pequeñas, nos lo dicen mejor que nada los informes de la Children's Employment Commission:31 géneros de punto, 120.000 obreros, de ellos solo 4.000 protegidos por la ley fabril, y entre los demás muchos niños de muy corta edad; exceso de trabajo colosal. Encajes de bolillos y aprestos, casi todo industria a domicilio: de 150.000 obreros, solo 10.000 protegidos por la ley fabril; exceso de trabajo colosal de niños y muchachas. Trenzado de paja y fabricación de sombreros de paja: 40.000, casi solo niños, vergonzosamente extenuados. Por último, la confección de ropa y calzado, que ocupaba a 370.218 obreras de ropa exterior y modas, a 380.716 ídem de ropa interior y —solo en Inglaterra y Gales— a 573.380 obreros varones, de ellos 273.223 zapateros y 146.042 sastres, de los que de ⅕ a ¼ eran menores de veinte años. De este millón y cuarto, a lo sumo el 30 por ciento de los hombres, los que trabajaban para una clientela particular, estaban en una situación soportable. El resto, como todas las ramas industriales citadas en este párrafo, estaba a merced de la explotación por intermediarios, factores, empresarios a domicilio, sweaters, como se los llama en Inglaterra,32 y esto basta para caracterizar su situación: un exceso de trabajo gigantesco con el salario más mísero.
No estaban mejor las cosas, en lo que toca a la felicidad «sin precedentes» de los obreros, en la fabricación de papel (100.000 obreros, la mitad mujeres), la alfarería (29.000), la sombrerería (15.000 solo en Inglaterra), la industria del vidrio (15.000), la imprenta (35.000), la fabricación de flores artificiales (11.000), etc., etc.
En suma, la Children's Employment Commission reclamó que no menos de 1.400.000 mujeres, jóvenes y niños ocupados en la industria fueran puestos bajo la protección de la ley fabril, para protegerlos de un exceso de trabajo en gran parte ruinoso.
Por último, el número de paupers que dependían de la asistencia pública a los pobres era en 1863 de 1.079.382.33
Según esto, podemos hacer un cálculo aproximado de los obreros a quienes en 1863 les iba sin duda muy mal: jornaleros del campo, en números redondos, 1.100.000; obreros del algodón, 469.000; costureras y modistas, 751.000; sastres y zapateros, descontado el 30 por ciento, 401.000; manufactura de encajes, 150.000; fabricación de papel, 100.000; géneros de punto, 120.000; ramas más pequeñas investigadas por la Children's Employment Commission, 189.000; por último, paupers, 1.079.000. En total, 4.549.000 obreros, a los que en muchos casos hay que añadir los miembros de sus familias.
Y el año 1863 fue un buen año para los negocios. La crisis de 1857 estaba completamente superada, la demanda crecía con rapidez y, con excepción de la industria algodonera, casi todas las ramas tenían ocupación abundante. ¿Dónde está, pues, la elevación «sin precedentes»?
La legislación fabril de los años cuarenta había mejorado decididamente la situación de los obreros sometidos a ella. Pero en 1863 esto solo beneficiaba a los obreros ocupados en la lana, el lino y la seda, en total unos 270.000, mientras que los obreros del algodón pasaban hambre. En los blanqueos y tintes la protección legal solo existía sobre el papel. Además, en las ramas en las que la plena fuerza del hombre adulto, y a veces también la destreza, son indispensables, la resistencia de los obreros organizada en sindicatos les había arrancado una participación en los frutos de la buena época de los negocios en forma de salarios más altos, y se puede decir que, en el promedio de estas ramas de trabajo masculino pesado, el nivel de vida de los obreros había mejorado decididamente, aunque siga siendo ridículo presentar esta mejora como «sin precedentes». Pero mientras la gran masa del trabajo productivo se ha descargado sobre máquinas atendidas por hombres débiles, por mujeres y por obreros que no han llegado a la madurez, los políticos siguen teniendo a bien tratar a los hombres fuertes ocupados en trabajos pesados como los únicos obreros, y juzgar por su situación la de toda la clase obrera.
Frente a los 4½ millones de obreros y paupers en mala situación tenemos ahora, en buena situación, a 270.000 obreros textiles de la lana, el lino y la seda. Además, podemos suponer que de los 376.000 obreros del metal un tercio estaba bien, otro tercio regular y solo el último tercio, en el que entran los obreros menores de dieciocho años, los fabricantes de clavos y de cadenas y las mujeres, en mala situación. La situación de los 566.000 mineros la dejaremos pasar como mediana por término medio. La de los obreros de la construcción puede suponerse buena, descontando la de los distritos algodoneros. De los ebanistas, a lo sumo ⅓ estaba en buena situación; la gran masa trabajaba para empresarios a domicilio que los exprimían (sweaters). Entre los empleados de los ferrocarriles reinaba ya entonces ese colosal exceso de trabajo que solo en los últimos veinte años ha provocado una resistencia organizada. En suma, a fin de cuentas, apenas sacaremos un millón del que podamos decir que su situación mejoró en proporción a la expansión de los negocios y de las ganancias del capitalista; el resto se encuentra en una situación intermedia, obtiene algunas ventajas, en conjunto insignificantes, de la mejor época de los negocios, o consiste en una fuerza de trabajo tan mezclada en cuanto a sexo y edad que la mejora de los hombres queda compensada por el exceso de trabajo de las mujeres y de los obreros jóvenes. Y si esto todavía no basta, compárense los «informes sobre Public Health», que se hicieron necesarios precisamente porque la elevación «sin precedentes» de la clase obrera en los veinte años anteriores a 1863 se manifestó en el tifus, el cólera y otras simpáticas epidemias que acabaron penetrando también desde los barrios obreros en las zonas distinguidas de las ciudades. En ellos se examina el «aumento de los medios de vida» sin precedentes del obrero británico en cuanto a vivienda y alimentación, y se encuentra que en innumerables casos su vivienda es un puro foco de epidemias y su alimentación está justo en el límite, o incluso por debajo del límite, por debajo del cual se producen necesariamente las enfermedades del hambre.
Esta era, pues, la situación real de la clase obrera británica a comienzos de 1863. Este era el aspecto de la elevación «sin precedentes» de la clase obrera de la que se jacta el señor Gladstone. Y si a Marx se le puede hacer un reproche, es el de haberle hecho al señor Gladstone un favor inmerecido al omitir aquella manifestación fanfarrona.
Conclusión: en primer lugar, Marx no «añadió mintiendo» nada.
En segundo lugar, no «escamoteó» nada por lo que el señor Gladstone tuviera derecho a quejarse.
Y en tercer lugar, el modo en que el señor Brentano y sus compañeros se agarran como decápodos a esta única cita entre los muchos miles de citas de los escritos de Marx prueba que saben demasiado bien «cómo cita Karl Marx»: a saber, correctamente.
Documentos
I. Las citas incriminadas
N.º 1. El Manifiesto inaugural
La edición original lleva por título: «Address and Provisional Rules of the Working Men's International Association, established Septbr. 28, 1864, at a Public Meeting held at St. Martin's Hall, Long Acre, London». Price one penny. Printed at the "Bee-Hive" Newspaper Office, 10, Bolt Court, Fleet Street, 1864.34 El Manifiesto empieza: «Es un hecho notable que la miseria de las masas trabajadoras no haya disminuido de 1848 a 1864, y, sin embargo, este período no tiene precedentes en cuanto al desarrollo de la industria y al crecimiento del comercio». En apoyo se aducen datos de los «Informes sobre Public Health» acerca de la alimentación insuficiente de diversos grupos de obreros de las ciudades y de los jornaleros del campo. Después se prosigue:
«Such are the official Statements published by order of Parliament in 1864, during the millennium of free trade, at a time when the Chancellor of the Exchequer told the House of Commons that
'the average condition of the British labourer has improved in a degree we know to be extraordinary and unexampled in the history of any country or any age',
Upon these official congratulations jars the dry remark of the official 'Public Health Report':
'The public health of a country means the health of its masses, and the masses will scarcely be healthy unless, to their very base, they be at least moderately prosperous.'
Dazzled by the 'Progress of the Nation', statistics dancing before his eyes, the Chancellor of the Exchequer exclaims in wild ecstacy:
'From 1842 to 1852 the taxable income of the country increased by 6 per cent; in the eight years from 1853 to 1861, it has increased from the basis taken in 1853, 20 per cent! The fact is so astonishing as to be almost incredible! ... This intoxicating augmentation of wealth and power', adds Mr. Gladstone, 'is entirely confined to classes of property.'»
En traducción alemana:35
«Tales son los datos oficiales, publicados por orden del Parlamento en 1864, durante el reino milenario del librecambio, en un momento en que el ministro de Hacienda decía a la Cámara de los Comunes:
"La situación media del obrero británico ha mejorado en un grado que sabemos extraordinario y sin precedentes en la historia de todos los países y de todos los tiempos".
En estas felicitaciones oficiales pone una nota estridente y discordante la seca observación del oficial Public Health Report (Informe sobre la salud pública):
"La salud pública de un país significa la salud de sus masas, y las masas difícilmente estarán sanas si no gozan, hasta su base más honda, de una prosperidad por lo menos moderada".
Deslumbrado por el "progreso de la nación", con las cifras de la estadística danzando ante sus ojos, el ministro de Hacienda exclama en un éxtasis desenfrenado:
"¡En los años 1842-1852 la renta imponible del país aumentó un 6 %; en los ocho años 1853-1861 ha aumentado un 20 % con respecto a la renta del año 1853! ¡Este hecho es tan asombroso que resulta casi increíble!… Este embriagador aumento de riqueza y de poder", añade el señor Gladstone, "se limita por completo a las clases poseedoras"».
N.º 2. El capital
Marx, El capital, tomo I, 3.ª edición, pp. 670-67236
Después de estos pocos datos se comprende el grito de triunfo del Registrador General del pueblo británico:
«Por rápidamente que haya crecido la población, no ha ido al paso del progreso de la industria y de la riqueza».37
Volvámonos ahora hacia los agentes inmediatos de esta industria, o los productores de esta riqueza: la clase obrera.
«Es uno de los rasgos más melancólicos del estado social del país», dice Gladstone, «que, a la vez que disminuye el poder de consumo del pueblo y aumentan las privaciones y la miseria de la clase trabajadora, se produzca simultáneamente una acumulación constante de riqueza en las clases altas y un crecimiento constante del capital».38
Así hablaba este untuoso ministro en la Cámara de los Comunes el 13 de febrero de 1843. El 16 de abril de 1863, veinte años después, en el discurso en que presenta su presupuesto:
«De 1842 a 1852 la renta imponible de este país creció un 6 %… En los ocho años de 1853 a 1861 creció, si partimos de la base de 1853, un 20 %. El hecho es tan asombroso que resulta casi increíble… Este embriagador aumento de riqueza y de poder… se limita por completo a las clases poseedoras, pero… pero tiene que ser de ventaja indirecta para la población trabajadora, porque abarata los artículos de consumo general; mientras los ricos se han hecho más ricos, los pobres, en todo caso, se han hecho menos pobres. No me atrevo a decir que los extremos de la pobreza hayan cambiado».39
¡Qué anticlímax tan cojo! Si la clase obrera ha seguido siendo «pobre», solo «menos pobre» en la proporción en que producía «un embriagador aumento de riqueza y de poder» para la clase poseedora, ha seguido siendo relativamente igual de pobre. Si los extremos de la pobreza no han disminuido, han aumentado, porque han aumentado los extremos de la riqueza. En cuanto al abaratamiento de los medios de subsistencia, la estadística oficial, por ejemplo los datos del London Orphan Asylum, muestra un encarecimiento del 20 % para la media de los tres años 1860-1862 en comparación con 1851-1853. En los tres años siguientes, 1863-1865, encarecimiento progresivo de la carne, la mantequilla, la leche, el azúcar, la sal, el carbón y una masa de otros medios de subsistencia necesarios.40 El siguiente discurso de Gladstone sobre el presupuesto, del 7 de abril de 1864, es un ditirambo pindárico al progreso de la producción de plusvalía41 y a la felicidad del pueblo templada por la «pobreza». Habla de masas «al borde del pauperismo», de las ramas de la industria «en las que el salario no ha subido», y resume finalmente la felicidad de la clase obrera con estas palabras:
«La vida humana es, en nueve casos de cada diez, una mera lucha por la existencia».42
El profesor Fawcett, a quien no atan, como a Gladstone, consideraciones oficiales, declara sin rodeos:43
«Por supuesto, no niego que el salario en dinero haya subido con este aumento del capital» (en los últimos decenios), «pero esta ventaja aparente se pierde de nuevo en gran medida, porque muchas cosas necesarias para la vida se encarecen constantemente» (según él, por la baja del valor de los metales preciosos)… «Los ricos se hacen rápidamente más ricos (the rich grow rapidly richer), mientras que no se percibe ningún aumento en el bienestar de las clases trabajadoras… Los obreros se convierten casi en esclavos de los tenderos, de quienes son deudores».44
II. Brentano y Marx
N.º 3. La acusación
Concordia, n.º 10, 7 de marzo de 1872
Cómo cita Karl Marx
En el Manifiesto inaugural de la Asociación Internacional de los Trabajadores redactado por Karl Marx45 se encuentra el siguiente pasaje:
«Deslumbrado por el "progreso de la nación", con las cifras de la estadística danzando ante sus ojos, el ministro de Hacienda exclama en un éxtasis desenfrenado: "En los años 1842-1852 la renta imponible del país aumentó un 6 %, en los ocho años 1853-1861 ha aumentado un 20 % con respecto a la renta del año 1853. Este hecho es tan asombroso que resulta casi increíble… Este embriagador aumento de riqueza y de poder", añade Mr. Gladstone, "se limita por completo a las clases poseedoras"».
Esta cita de Marx se ha hecho famosa. La hemos vuelto a encontrar en un gran número de escritos. Es verdad que los autores rara vez indicaban como la fuente en que bebían el Manifiesto inaugural de la Internacional. Daban a suponer que habían leído ellos mismos el discurso de Gladstone sobre el presupuesto. Hasta qué punto era así puede mostrarlo la siguiente confrontación con el discurso de Gladstone (cf. Hansard, Parliamentary Debates, 3.ª serie, vol. 170, pp. 243 y ss.):
«El impuesto sobre la renta, a 7 peniques por libra en los años 1842-1843, que regía solo para Gran Bretaña, y en Gran Bretaña solo para las rentas de 150 libras esterlinas o más, se liquidaba, en las cédulas que he mencionado,46 sobre un importe total de rentas que alcanzaba los 156.000.000 de libras esterlinas. Sobre la misma base y con las mismas limitaciones, la renta liquidada ascendía en 1860-1861 a 221.000.000 de libras esterlinas. Tampoco me consta que se haya producido cambio alguno en la organización del impuesto, ni mejora alguna en el modo de recaudarlo, que pudiera explicar de algún modo la diferencia. Al contrario: la legislación ha concedido de cuando en cuando concesiones y desgravaciones que, en la medida en que influyen, actuarían más bien en sentido opuesto. La diferencia, sin embargo, no es inferior a 65.000.000 de libras esterlinas de renta anual, o dos séptimas partes de toda la renta anual gravada del país sobre la base indicada. Es este un resultado sumamente notable; pero hay un rasgo de este resultado que, considerado con cuidado, es más notable todavía: la proporción acelerada del aumento en la última parte de este período. Vuelvo a reclamar unos instantes la atención de la comisión. Comparo dos períodos: uno de ellos anterior a 1853 y el otro posterior a 1853, el año en que se cambió la base. En diez años, de 1842 a 1852 inclusive, la renta sujeta a impuesto del país, con toda la exactitud con que podemos averiguarlo, ha aumentado un 6 por ciento; pero en ocho años, de 1853 a 1861, la renta del país ha vuelto a crecer, sobre la base adoptada, un 20 por ciento. Es este un hecho tan extraordinario y asombroso que parece casi increíble.
Así está, señor presidente, la cuestión en lo que respecta al incremento general de la acumulación. Pero, en lo que a mí toca, debo decir que miraría con pena y con gran aprensión este crecimiento extraordinario y casi embriagador si tuviera que creer que se limita a la clase de personas que cabe calificar de situadas en circunstancias agradables. Las cifras que he aducido toman poco o ningún conocimiento de la situación de quienes no pagan el impuesto sobre la renta; o, en otras palabras, aunque son lo bastante exactas para conocer la verdad en general, no toman conocimiento de la propiedad de la población obrera ni del aumento de sus ingresos. Indirectamente, es cierto, el mero aumento del capital es de la mayor ventaja para la clase obrera, porque este aumento abarata la mercancía que en todo el proceso de producción entra en competencia directa con el trabajo. Pero, además, se puede afirmar con seguridad que a la masa del pueblo le han tocado ventajas más inmediatas y mayores. Es motivo de un consuelo profundo e inestimable considerar que, mientras los ricos se han vuelto más ricos, los pobres se han vuelto menos pobres. No me atreveré a determinar si el ancho abismo que separa los extremos de la riqueza y de la pobreza se ha hecho menos ancho o más ancho que en tiempos anteriores. Pero si consideramos la situación media del obrero británico, sea campesino o minero, peón o trabajador cualificado, sabemos por testimonios múltiples e indudables que en los últimos veinte años ha tenido lugar tal aumento de sus medios de vida que casi podemos declararlo sin precedentes en la historia de cualquier país y de cualquier época».
Ahora bien, ¿qué relación guarda el contenido de este discurso con la cita de Marx? Gladstone hace constar primero que, sin duda alguna, ha tenido lugar un aumento colosal de la renta del país. Se lo prueba el impuesto sobre la renta. Pero el impuesto sobre la renta solo toma nota de las rentas de 150 libras esterlinas o más. Quienes tienen una renta menor no pagan en Inglaterra impuesto sobre la renta. El hecho de que Gladstone mencione esto simplemente para que se aprecie con justeza su criterio de medida lo aprovecha Marx para hacer decir a Gladstone: «Este embriagador aumento de riqueza y de poder se limita por completo a las clases poseedoras». Pero esta frase no se encuentra en ninguna parte del discurso de Gladstone. En él se dice justamente lo contrario. ¡Marx ha añadido mintiendo la frase, en la forma y en el fondo!
N.º 4. Respuesta de Marx
Der Volksstaat, n.º 44, sábado 1 de junio de 187247
Un amigo me envía desde Alemania el número 10 de Concordia. Zeitschrift für die Arbeiterfrage, del 7 de marzo, en el que este «órgano de la Liga de Fabricantes Alemanes» publica un editorial con el título «Cómo cita Karl Marx».
En el Manifiesto inaugural de la Asociación Internacional de los Trabajadores cito, entre otras cosas, un pasaje del discurso de Gladstone sobre el presupuesto del 16 de abril de 1863 que no se encuentra en la edición semioficial de los debates parlamentarios de Hansard. De ahí concluye sin más la bonachona lógica de fabricante de la Concordia: «Esta frase no se encuentra en ninguna parte del discurso de Gladstone», y desahoga su alma bella en alemán de fabricante, impreso en negrita y con regocijo malicioso:
«¡Marx ha añadido mintiendo la frase, en la forma y en el fondo!».
Sería en verdad sumamente extraño que el Manifiesto inaugural, impreso originalmente en inglés, en Londres y ante los ojos de Gladstone, pusiera en su boca una frase interpolada por mí que diera la vuelta a la prensa de Londres sin que nadie la impugnara durante siete años y medio, para ser descubierta por fin, por fin, por los «sabios» de la Liga de Fabricantes Alemanes en Berlín.
La frase en cuestión del Manifiesto inaugural dice así:
«This intoxicating augmentation of wealth and power is entirely confined to classes of property» (p. 6, Inaugural Address, etc.). (Literalmente: «Este embriagador aumento de riqueza y de poder se limita por completo a las clases poseedoras».)
En un artículo de la Fortnightly Review (noviembre de 1870), que causó gran sensación y fue comentado por toda la prensa de Londres, el señor Beesly, profesor de historia en la universidad de esta ciudad, cita en la p. 518:48
«An intoxicating augmentation of wealth and power, as Mr. Gladstone observed, entirely confined to classes of property». (Es decir: «Un embriagador aumento de riqueza y de poder, como observó el señor Gladstone, limitado por completo a las clases poseedoras».)
¡Pero el artículo del profesor Beesly apareció seis años después que el Manifiesto inaugural! ¡Bien! Tomemos una publicación especializada, destinada exclusivamente a la City de Londres, que apareció no solo antes del Manifiesto inaugural, sino antes incluso de la fundación de la Asociación Internacional de los Trabajadores. Se titula The Theory of Exchanges. The Bank Charter Act of 1844, Londres, 1864, editada por T. Cautley Newby, 30, Welbeck Street.49 Allí se critica por extenso el discurso de Gladstone sobre el presupuesto, y en la p. 134 se cita de él:
«This intoxicating augmentation of wealth and power is entirely confined to classes of property». (Es decir: «Este embriagador aumento de riqueza y de poder se limita por completo a las clases poseedoras».)
O sea, literalmente como lo cito yo.
¡Con esto queda ya probado de modo irrefutable que la Liga de Fabricantes Alemanes «ha mentido en la forma y en el fondo» al denunciar esta «frase» como fabricación «mía»!
Dicho sea de paso: la honrada Concordia imprime en negrita otro pasaje en el que Gladstone desbarra sobre la elevación «extraordinaria y sin precedentes en todos los países y en todos los tiempos» de la clase obrera inglesa durante los últimos veinte años. La negrita quiere dar a entender que yo he suprimido ese pasaje. ¡Al contrario! En el Manifiesto inaugural pongo precisamente el mayor énfasis en el contraste escandaloso de esa frase desvergonzada con la «estadística espantosa» («appalling statistics»), como acertadamente la llama el profesor Beesly, de los informes oficiales ingleses sobre la misma época.50
El autor de The Theory of Exchanges, como yo, no citó de Hansard, sino de un periódico de Londres que publicó el 17 de abril el discurso del presupuesto del 16. Sin embargo, he buscado en vano en mis cuadernos de extractos de 1863 el fragmento en cuestión, y por tanto el nombre del periódico del que estaba tomado. No importa. Aunque las crónicas parlamentarias de los periódicos de Londres siempre difieren unas de otras, estaba seguro de que ninguna de ellas había podido suprimir del todo una afirmación tan llamativa de Gladstone. Consulto, pues, The Times del 17 de abril de 1863 —era entonces, como ahora, órgano de Gladstone— y encuentro en él, p. 7, columna 5, en la crónica del discurso del presupuesto:
«That is the state of the case as regards the wealth of this country. I must say for one, I should look almost with apprehension and with pain upon this intoxicating augmentation of wealth and power, if it were my belief that it was confined to classes who are in easy circumstances. This takes no cognizance at all of the condition of the labouring population. The augmentation I have described, and which is founded, I think, upon accurate returns, is an augmentation entirely confined to classes of property».
Es decir:
«Así están las cosas en cuanto a la riqueza de este país. Yo, por mi parte, miraría casi con aprensión y con pena este embriagador aumento de riqueza y de poder si creyera que se limita a las clases acomodadas.51 Aquí no se tiene en cuenta para nada a la población trabajadora. El aumento que he descrito» (el que acababa de calificar de «este embriagador aumento de riqueza y de poder») «se limita por completo a las clases poseedoras».
«En la forma y en el fondo», pues, declaró el señor Gladstone el 16 de abril de 1863 en la Cámara de los Comunes, según la crónica de su propio órgano, The Times del 17 de abril de 1863, que «este embriagador aumento de riqueza y de poder se limita por completo a las clases poseedoras», y solo le causa cierto escalofrío el reparo de que haya podido beneficiar únicamente a una parte de esa clase, a su parte realmente acomodada.
Italiam, Italiam!52 Por fin hemos llegado a Hansard. En su edición, chapuceada aquí a posteriori, el señor Gladstone fue lo bastante listo para hacer desaparecer el pasaje, comprometedor desde luego en boca de un ministro de Hacienda inglés. Por lo demás, esta es una costumbre parlamentaria inglesa tradicional, y en modo alguno un invento del pequeño Lasker contra Bebel.53 Una comparación exacta entre el discurso que Gladstone pronunció realmente, tal como figura en The Times, y la forma desfigurada que le dio después el mismo Gladstone sería una aportación divertida para retratar a este héroe burgués untuoso, rezumante de frases, sutilizador de palabras, estrictamente eclesiástico, que exhibe con ansiedad su piedad y sus liberales «attitudes of mind», sus disposiciones de ánimo.
Una de las cosas más enojosas de mi obra El capital es la masa de pruebas oficiales que describen el régimen de los fabricantes, en las que ningún sabio ha sabido encontrar hasta ahora defecto alguno. Hasta los señores de la Liga de Fabricantes Alemanes se habían enterado de ello de oídas. Pero pensaron:
«Lo que no ve el entendimiento de los entendidos
lo practica en su sencillez un alma infantil».54
Dicho y hecho. Para informarse sobre la cita del Manifiesto inaugural que les parecía sospechosa, se dirigen a un amigo de negocios en Londres, a un Mundella cualquiera,55 que, fabricante él mismo, se apresura a expedirles por mar, negro sobre blanco, el extracto de los debates parlamentarios de Hansard. Ya tenían mi secreto de fabricación. No solo fabrico el texto, sino además… también las citas. Y gritaron ebrios de victoria a todo el mundo: «¡Cómo cita Karl Marx!». Así mi mercancía quedaba desacreditada de una vez para siempre, y como corresponde a fabricantes, por la vulgar vía comercial, sin gastos de erudición.
El enojoso epílogo quizá haga ver a los de la Liga de Fabricantes que, por muy entendidos que sean en falsificar mercancías, para examinar la mercancía literaria valen lo que el asno para tocar el laúd.
Londres, 23 de mayo de 1872
Karl Marx
N.º 5. Réplica del anónimo
Concordia, n.º 27, 4 de julio de 1872
Cómo se defiende Karl Marx
Nuestros lectores recordarán quizá el artículo «Cómo cita Karl Marx», en el número 10 de esta publicación, del 7 de marzo de este año. Tratábamos allí de un pasaje del Manifiesto inaugural de la Internacional redactado por Marx que ha alcanzado cierta celebridad y que, en particular, la socialdemocracia aduce a menudo como prueba contundente de la degradación sin remedio de la clase obrera si persisten las actuales condiciones políticas y sociales. En ese pasaje, en efecto, Marx cita el discurso de Gladstone sobre el presupuesto del 16 de abril de 1863. En este discurso Gladstone hace constar primero que se ha producido un «crecimiento extraordinario y casi embriagador» de la renta del país, y lo demuestra por el aumento del impuesto sobre la renta. Pero las cifras que cita con este fin «toman poco o ningún conocimiento de la situación de quienes no pagan el impuesto sobre la renta»; «no toman conocimiento de la renta de la población obrera ni del aumento de sus ingresos». Las personas con una renta inferior a 150 libras esterlinas, en efecto, no pagan en Inglaterra impuesto sobre la renta. Pues bien, el hecho de que Gladstone lo hubiera citado para apreciar correctamente su criterio de medida lo había aprovechado Marx para hacer decir a Gladstone: «Este embriagador aumento de riqueza y de poder se limita por completo a las clases poseedoras». Esta frase, sin embargo, no se encuentra en ninguna parte del discurso de Gladstone. Al contrario, Gladstone había dicho que no creía que ese aumento «se limitara a la clase de personas que cabe calificar de situadas en circunstancias agradables». E indignados por el descaro con que Marx citaba de este modo desfigurando, exclamamos: «¡Marx ha añadido mintiendo la frase, en la forma y en el fondo!».
Esta acusación era grave y, unida al contundente material probatorio que la acompañaba, francamente demoledora para la fe que cunde en nuestra socialdemocracia en la insuperada erudición profunda, la veracidad y la infalibilidad del oráculo de Londres. Por eso no podía quedar sin una refutación, o por lo menos sin algo que lo pareciera. Y, en efecto, Marx ha intentado dar una refutación en el número 44 de Der Volksstaat, del 1 de junio.56 Pero no ha sabido en modo alguno lavarse del reproche de mala fides al citar. Antes bien, si algo es apropiado para probar esa mala fides, es la forma de su defensa. Pues la osadía con que abusa de nuevo de la imposibilidad en que se encuentran los lectores de Der Volksstaat de comprobar sus afirmaciones supera todavía a su frivolidad al citar.
Naturalmente, Marx no llega al extremo de discutir la exactitud de nuestra cita de la crónica taquigráfica del Parlamento. Para él se trata ante todo de probar su bona fides al citar, y con este fin alega que otros han citado lo mismo que él. Escribe:
«En un artículo de la Fortnightly Review (número de noviembre de 1870), que causó gran sensación y fue comentado por toda la prensa de Londres, el señor Beesly, profesor de historia en la universidad de esta ciudad, cita en la p. 518: "Un embriagador aumento de riqueza y de poder, como observó el señor Gladstone, limitado por completo a las clases poseedoras". ¡Pero el artículo del profesor Beesly apareció seis años después que el Manifiesto inaugural!».
¡Muy cierto! Solo que se ha olvidado de añadir otro «pero». Ese artículo del profesor Beesly trata, en efecto, de la historia de la Internacional y está escrito, como el propio autor dice a quien se lo pregunta, a partir de material que le suministró Marx. ¡Más aún! En ese lugar no es en modo alguno Beesly quien cita a Gladstone, sino que se limita a señalar que el Manifiesto inaugural de la Internacional contiene esa cita: «De esta estadística aterradora», escribe Beesly, «el Manifiesto pasa a los datos oficiales sobre el impuesto sobre la renta, de los que resultaba que la renta imponible del país había aumentado en ocho años un 20 %, "un embriagador aumento de riqueza y de poder", como observó el señor Gladstone, "limitado por completo", etc.». ¡Magnífico procedimiento probatorio, en verdad! Se le endosa una afirmación mentirosa a alguien que no conoce la falta de honradez de uno, este la cuenta de buena fe a otros, y luego uno invoca este hecho y la honradez del que la ha repetido para probar así la exactitud de aquella afirmación y la honradez propia. Marx prosigue su defensa:
«Tomemos luego una publicación especializada, destinada exclusivamente a la City de Londres, que apareció no solo antes del Manifiesto inaugural, sino antes incluso de la fundación de la Asociación Internacional de los Trabajadores. Se titula The Theory of Exchanges. The Bank Charter Act of 1844, Londres, 1864, editada por T. Cautley Newby, 30, Welbeck Street. Allí se critica por extenso el discurso de Gladstone sobre el presupuesto, y en la p. 134 se cita de él: "Este embriagador", etc., o sea, literalmente como lo cito yo. ¡Con esto queda ya probado de modo irrefutable que la Liga de Fabricantes Alemanes "ha mentido en la forma" al denunciar esta "frase" como fabricación "mía"!… El autor de The Theory of Exchanges», escribe luego Marx, «como yo, no citó de Hansard, sino de un periódico de Londres que publicó el 17 de abril el discurso del presupuesto del 16».
En efecto, el autor de ese libro, que dicho sea de paso es un vulgar libelo, tampoco citó de Hansard, como tampoco Marx. Pero Marx, como vamos a mostrar enseguida, ni siquiera citó de un periódico de Londres. Antes, sin embargo, señalemos aquí que, al decir que Marx había añadido mintiendo al discurso de Gladstone la frase en cuestión, no hemos afirmado ni en la forma ni en el fondo que la hubiera fabricado él mismo. Ese solo sería el caso si Marx fuera él mismo el fabricante de ese libro, que ha permanecido muy oscuro, como uno estaría desde luego tentado de creer por el estilo espantoso en que está escrito. La fuente de la que Marx citó esa frase es, en efecto, ese mismo libro, y esa es también la razón por la que, según pretende, «ha buscado en vano en sus cuadernos de extractos de 1863 el fragmento en cuestión, y por tanto el nombre del periódico del que estaba tomado». Este origen de la cita de Marx se ve claramente, en efecto, comparando el pasaje de su libro El capital en el que Marx trata el discurso de Gladstone sobre el presupuesto con The Theory of the Exchanges. Allí, en la p. 639, en particular en la nota 103, se cita este discurso en la versión absolutamente absurda que da literalmente ese libro en la p. 134. También las glosas que Marx añade a su reproducción sobre la contradicción que contiene esta versión se encuentran ya en ese libro, en particular también la cita de Molière dada en la nota 105 de la p. 640 de El capital; y asimismo los datos del London Orphan Asylum citados por Marx sobre el encarecimiento de los víveres se encuentran en la p. 135 de ese libro, aunque Marx, para su exactitud, no se remite a él, sino a sus fuentes (véase El capital, p. 640, nota 104).
Ahora preguntamos: ¿miente alguien solo cuando inventa él mismo una falsedad, o no miente igualmente cuando la repite en contra de lo que sabe o debería saber? Creemos que la respuesta está por encima de toda duda. Y en segundo lugar, al repetir Marx la falsedad contenida en The Theory of the Exchanges, ¿no lo hizo en contra de lo que sabía, o al menos no debería haberlo sabido mejor? También esta respuesta es sencilla. La primera regla de toda interpretación, sin duda bien conocida del señor Marx, es interpretar los pasajes que a primera vista contienen contradicciones y que, por tanto, carecen de sentido, de modo que la contradicción desaparezca, y, si el texto disponible hace que esto parezca imposible, emprender más bien una crítica del texto antes que creer en la existencia de una contradicción. Esto era tanto más obligado tratándose de un discurso que había despertado la atención y la admiración de todo el mundo culto, y precisamente por su dominio de la materia y su claridad. Pero, en fin, era una ligereza que roza lo criminal proceder sin esa exactitud cuando uno se proponía arrancar un pasaje que forma una de las dos mitades de la contradicción que encierra aquella versión y arrojarlo como denuncia de los poseedores entre los desposeídos de todo el globo. Si Karl Marx, por razones de cultura general, de ciencia y de escrupulosidad, ya tendría que haber tropezado con aquella versión, la culpable ligereza con que hizo suya aquella cita mentirosa carece en su caso de toda excusa, muy en particular porque tenía a su alcance el texto completo del discurso de Gladstone. Por una parte, en efecto, los periódicos ingleses reprodujeron este discurso al día siguiente de pronunciarse, si no al pie de la letra, sí fielmente en cuanto al sentido. Por otra parte, inmediatamente después de pronunciarlo, Gladstone lo publicó al pie de la letra en su libro Financial Statements, Londres, 1863, que causó gran sensación, y en la p. 403 de este el discurso figura exactamente como lo citamos nosotros. Por último, Marx podía consultar la crónica taquigráfica de ese discurso en Hansard's Parliamentary Debates, y es costumbre citar un discurso parlamentario siempre por la crónica taquigráfica, aunque según las crónicas de los periódicos, necesariamente chapuceras, no contenga contradicción alguna.
Pero aquí llegamos, por supuesto, al tercer medio de defensa de Marx, que en mendacidad desvergonzada supera con mucho todo lo ofrecido hasta ahora. Marx, en efecto, no tiene reparo en invocar The Times del 17 de abril de 1863 para probar la exactitud de su cita. Pero The Times del 17 de abril de 1863, p. 7, página 5,57 líneas 17 y ss., da cuenta de ese discurso de la manera siguiente:
«Así están las cosas en cuanto a la riqueza de este país. Yo, por mi parte, miraría casi con aprensión y con pena este embriagador aumento de riqueza y de poder si creyera que se limita a las clases que se encuentran en circunstancias agradables. Aquí no se tiene en cuenta para nada la situación de la población obrera. El aumento que he descrito y cuyos datos, según creo, se basan en estadísticas exactas58 se limita únicamente a las clases que poseen propiedad». (Hasta aquí cita Marx a The Times; nosotros seguimos citándolo.) «Ahora bien, el aumento del capital es de ventaja indirecta para el obrero, porque abarata la mercancía que en el proceso de producción entra en competencia directa con el trabajo. (¡Muy bien, muy bien!) Pero tenemos el profundo y, debo decir, inestimable consuelo de que, mientras los ricos se han hecho más ricos, los pobres se han hecho menos pobres. No me atreveré a decir que la situación de la pobreza extrema haya mejorado, pero tenemos la dicha de saber que la situación media del obrero británico ha mejorado en los últimos veinte años en un grado que es extraordinario y que casi podemos declarar sin precedentes en la historia de cualquier país y de cualquier época. (Aplausos.)».
La comparación de esta crónica de The Times con la crónica según Hansard en la Concordia del 7 de marzo mostrará que ambas crónicas coinciden por completo en el fondo. La crónica de The Times no hace más que dar, en la forma, de modo más resumido lo que la crónica taquigráfica de Hansard da al pie de la letra. Pero aunque también la crónica de The Times contiene lo directamente contrario de aquel pasaje tristemente célebre del Manifiesto inaugural, aunque también según la crónica de The Times Gladstone dijo que creía que aquel embriagador aumento de riqueza y de poder no se limitaba a las clases acomodadas, Marx tiene la cara de escribir en Der Volksstaat del 1 de junio:
«"En la forma y en el fondo", pues, declaró el señor Gladstone el 16 de abril de 1863 que "este embriagador aumento de riqueza y de poder se limita por completo a las clases poseedoras"».
¡Más aún! Como ya habíamos comunicado al público el texto completo del discurso según Hansard, y ese texto excluía en absoluto toda posibilidad de tergiversación, se intenta eliminar esta circunstancia tan fatal con la frase de que «en su edición de Hansard, chapuceada a posteriori, el señor Gladstone fue lo bastante listo para hacer desaparecer el pasaje, comprometedor desde luego en boca de un ministro de Hacienda inglés». ¡Solo falta decir que Gladstone lo hizo probablemente en consideración al libelo The Theory of the Exchanges, que no apareció hasta 1864!
¿Qué decir ahora de semejante proceder? Primero se nos sirve, sobre la base de un oscuro libelo, una cita que estaba completamente falsificada y cuyo contenido contradictorio probaba esa falsificación aun sin confrontarla con el original. Luego, pedidas cuentas sobre ello, Marx dice que otros han citado lo mismo que él, e invoca para ello a gente a la que él mismo endosó antes la mentira. Más todavía, de que su fuente turbia coincide con él quiere forjar un argumento en su disculpa y en favor de la exactitud de su cita, como si ambos hubieran bebido de una tercera fuente común y correcta, cuando el uno no ha hecho más que copiar del otro. Y, por último, tiene todavía la cara de invocar crónicas de prensa que lo contradicen directamente. En verdad, para designar estas «prácticas» solo sabríamos una palabra que Marx conoce muy bien (véase El capital, p. 257): son sencillamente «infames».
«El enojoso epílogo», concluye Marx su defensa, «quizá haga ver a los de la Liga de Fabricantes que, por muy entendidos que sean en falsificar mercancías, para examinar la mercancía literaria valen lo que el asno para tocar el laúd».
Dejamos tranquilamente que el lector decida de qué lado están la falsificación y el enojo del epílogo. Pero en otro artículo queremos explicar al señor Marx qué importancia atribuimos al contenido de las palabras de Gladstone.
El segundo artículo, Concordia, n.º 28, 11 de julio de 1872, no aporta absolutamente nada a la cuestión y por eso se omite aquí.
N.º 6. Segunda respuesta de Marx
Der Volksstaat, n.º 63, 7 de agosto de 1872
En la Concordia del 4 de julio la Liga de Fabricantes Alemanes intenta demostrarme que sus «sabios» no entienden menos de examinar mercancía literaria que ella misma de falsificar mercancías.
Respecto al pasaje del discurso de Gladstone sobre el presupuesto del 16 de abril de 1863 citado en el Manifiesto inaugural de la Internacional, el órgano de los fabricantes (n.º 10) había dicho:
«Marx ha añadido mintiendo la frase, en la forma y en el fondo».
Declaraba, pues, que la frase era, en la forma y en el contenido, con pelos y señales, fabricación mía. Más aún. Sabía con toda exactitud cómo la había fabricado yo. «El hecho de que Gladstone», explicaba, «cite esto, etc., lo aprovecha Marx para hacer decir a Gladstone, etc.». Citando la misma frase de un escrito publicado antes del Manifiesto inaugural, The Theory of Exchanges, puse al desnudo la burda mentira del órgano de los fabricantes. Este pidió entonces a Londres, según él mismo cuenta, el escrito que no conocía y se convenció de los hechos. ¿Cómo salir ahora del paso con mentiras? Escuchen:
«Al decir que Marx había añadido mintiendo la frase en cuestión al discurso de Gladstone, no hemos afirmado ni en la forma ni en el fondo que la hubiera fabricado él mismo».
Aquí se produce evidentemente una confusión de conceptos propia del entendimiento de fabricante. Si un fabricante tramposo, por ejemplo, de acuerdo con sus amigos de negocios, pone en circulación rollos de cinta que dicen contener tres docenas de varas, pero en realidad solo contienen dos docenas, ha añadido mintiendo, en efecto, una docena de varas, precisamente porque «no las ha fabricado». ¿Y por qué no habría de ocurrir con las frases añadidas mintiendo lo mismo que con las varas añadidas mintiendo? «El espíritu de la gran mayoría de los hombres», dice Adam Smith, «se forma necesariamente a partir de sus ocupaciones diarias y en ellas»; y, por tanto, también el espíritu del fabricante.59
Por medio de Der Volksstaat yo había ampliado el material erudito del órgano de los fabricantes, no solo con la cita de The Theory of Exchanges, sino también con la de las páginas de mi obra El capital que tratan de los discursos de Gladstone sobre el presupuesto. Ahora intenta probar con el material que yo mismo le he suministrado que no cité el pasaje discutido de un «periódico de Londres», sino de The Theory of Exchanges. La argumentación es otra muestra de lógica de fabricante.
Yo conté al periódico de los fabricantes que The Theory of Exchanges, en su página 134, cita exactamente como cito yo, y él descubre… que yo cito exactamente como cita The Theory of Exchanges en su página 134.
¡Sigamos!
«También las glosas que Marx añade a su reproducción sobre la contradicción que contiene esta versión se encuentran ya en ese libro».
Esto es sencillamente mentira. En la página 639 de El capital añado mis glosas a las palabras del discurso de Gladstone: «Mientras los ricos se han hecho más ricos, los pobres, en todo caso, se han hecho menos pobres. No me atrevo a decir que los extremos de la pobreza hayan disminuido». Lo que observo a este respecto es: «¡Qué anticlímax tan cojo! Si la clase obrera ha seguido siendo "pobre", solo "menos pobre" en la proporción en que producía "un embriagador aumento de riqueza y de poder" para la clase poseedora, ha seguido siendo relativamente igual de pobre. Si los extremos de la pobreza no han disminuido, han aumentado, porque han aumentado los extremos de la riqueza»… Y estas «glosas» no están en ningún sitio en The Theory of Exchanges.
«También las glosas… se encuentran ya en ese libro, en particular también la cita de Molière dada en la nota 105 de la p. 640 de El capital».
¡Así que «en particular también» cito a Molière y dejo a los «sabios» de la Concordia que husmeen y revelen al público que esa cita procede de The Theory of Exchanges! En realidad, en la nota 105 de la p. 640 de El capital digo expresamente que el autor de The Theory of Exchanges «caracteriza con la siguiente cita de Molière» «las continuas y escandalosas contradicciones de los discursos de Gladstone sobre el presupuesto».
Por último:
«… asimismo, los datos del London Orphan Asylum citados por Marx sobre el encarecimiento de los víveres se encuentran en la p. 135 de ese libro, aunque Marx, para su exactitud, no se remite a él, sino a sus fuentes (véase El capital, p. 640, nota 104)».
La Concordia se guarda muy bien de decir a sus lectores que «ese libro» no indica ninguna fuente. ¿Qué quería probar? Que yo tomo del «libro» un pasaje del discurso de Gladstone sin conocer su fuente, ¿y cómo lo prueba? ¡Por el hecho de que compruebo en las fuentes originales, independientemente de él, una cita real de ese libro!
Sobre mi cita del artículo del profesor Beesly en la Fortnightly Review (número de noviembre de 1870), la Concordia observa:
«Ese artículo del profesor Beesly trata, en efecto, de la historia de la Internacional y está escrito, como el propio autor dice a quien se lo pregunta, a partir de material que le suministró el mismo Marx».
El profesor Beesly dice:
«A nadie se debe tanto el éxito de la Asociación como al doctor Karl Marx, que en su conocimiento de la historia y de la estadística del movimiento industrial en todas las partes de Europa no tiene, a mi juicio, rival. Le estoy obligado en gran medida (largely) por la información contenida en este artículo».
Todo el material que suministré al profesor Beesly se refería exclusivamente a la historia de la Internacional y ni con una palabra al contenido del Manifiesto inaugural, que él conocía desde su publicación. El contexto en que figura su observación anterior dejaba tan poco lugar a la menor duda a este respecto que la Saturday Review, en una crítica de su artículo, da a entender casi abiertamente que él mismo era el autor del Manifiesto inaugural.60
La Concordia afirma que el profesor Beesly no cita el pasaje en cuestión del discurso de Gladstone, sino que se limita a señalar «que el Manifiesto inaugural contiene esa cita». Veamos.
El profesor Beesly dice:
«El Manifiesto es probablemente la exposición más contundente y poderosa de la causa de los obreros frente a la clase media que jamás se haya comprimido en una docena de paginitas. Quisiera tener espacio para extractos abundantes».
Después de mencionar la «terrible estadística de los libros azules» en que se apoya el Manifiesto,61 prosigue:
«De esta espantosa estadística el Manifiesto pasa a los datos oficiales sobre el impuesto sobre la renta, de los que resultaba que la renta imponible del país aumentó en ocho años un 20 %, "un embriagador aumento de riqueza y de poder", como observó el señor Gladstone, "limitado por completo a las clases poseedoras"».
El profesor Beesly pone las palabras «como observó el señor Gladstone» fuera de las comillas, las dice en su propio nombre, ¡y con ello mismo demuestra a la Concordia con toda precisión que conoce el discurso de Gladstone sobre el presupuesto… solo por la cita del Manifiesto inaugural! El amigo de negocios londinense de la Liga de Fabricantes Alemanes es el único que conoce los discursos de Gladstone sobre el presupuesto, como es también el único que sabe que «las personas con una renta inferior a 150 libras esterlinas no pagan, en efecto, impuesto sobre la renta en Inglaterra». (Véanse los números 10 y 27 de la Concordia.) En cambio, los recaudadores de impuestos ingleses padecen la idea fija de que dicho impuesto no cesa hasta las rentas inferiores a 100 libras esterlinas.
Sobre el pasaje discutido del Manifiesto inaugural, el periódico de los fabricantes había dicho:
«Pero esta frase no se encuentra en ninguna parte del discurso de Gladstone». Demostré lo contrario citando la crónica de The Times del 17 de abril de 1863. Di la cita en Der Volksstaat en inglés y en alemán, porque la protesta de Gladstone de que «miraría casi con aprensión y con pena este embriagador aumento de riqueza y de poder si creyera que se limita a las classes who are in easy circumstances» necesitaba comentario. Remitiéndome a Wakefield, expliqué que las «classes who are in easy circumstances» —expresión a la que no corresponde exactamente ninguna palabra alemana— significan la parte «propiamente rica», la «parte realmente acomodada» de las clases poseedoras. Wakefield llega a llamar directamente a la clase media propiamente dicha «the uneasy class», aproximadamente: «la clase incómoda».62
El honrado órgano de los fabricantes no solo escamotea mi explicación. Al introducir el pasaje que yo cité con las palabras: «Hasta aquí cita Marx a The Times», da a entender a sus lectores que cita según mi traducción, cuando en realidad traduce «classes who are in easy circumstances», apartándose de mí, no por «clases acomodadas», sino por «clases que se encuentran en circunstancias agradables». Todavía atribuye a sus lectores entendimiento suficiente para comprender que no todos los componentes de la clase poseedora son «acomodados», mientras que para ellos siempre es una «circunstancia agradable» poseer propiedad. Pero incluso en la traducción de mi cita que da la Concordia, Gladstone califica el progreso de la riqueza capitalista que ha descrito de «este embriagador aumento de riqueza y de poder», observa que con ello «no ha tenido en cuenta para nada la situación de la población trabajadora» y concluye que ese «aumento se limita únicamente a las clases que poseen propiedad». Después de que el «sabio» de la Liga de Fabricantes Alemanes ha hecho decir así a Gladstone, en la crónica de The Times del 17 de abril de 1863, «en la forma y en el fondo» lo mismo que yo le hice decir en el Manifiesto inaugural, se golpea el pecho henchido de convicciones y truena:
«Y sin embargo… Marx tiene la cara de escribir en Der Volksstaat del 1 de junio: "En la forma y en el fondo, pues, declaró el señor Gladstone el 16 de abril de 1863 en la Cámara de los Comunes, según la crónica de su propio órgano, The Times del 17 de abril de 1863, que este embriagador aumento de riqueza y de poder se limita por completo a las clases poseedoras"».
¡El «sabio» de la Liga de Fabricantes Alemanes sabe evidentemente muy bien lo que puede ofrecer a su público lector!
Señalé en Der Volksstaat del 1 de junio que la Concordia intenta hacer creer a sus lectores que yo escamoteo en el Manifiesto inaugural las frases de Gladstone sobre la elevación de la clase obrera británica, cuando, al contrario, pongo allí precisamente el mayor énfasis en la contradicción escandalosa de esa declamación con los hechos establecidos oficialmente. En su respuesta del 4 de julio el periódico de los fabricantes repite la misma maniobra. «Hasta aquí», dice, «cita Marx a The Times; nosotros seguimos citándolo». Frente a él, en efecto, yo solo tenía que citar el pasaje discutido. Pero echemos un vistazo por un momento a «lo que sigue».
Después de entonar su himno al aumento de la riqueza capitalista, Gladstone se vuelve hacia la clase obrera. No dice en modo alguno que esta haya participado en el «embriagador aumento de riqueza y de poder». Según la crónica de The Times, prosigue más bien inmediatamente con estas palabras: «El aumento del capital es, sin embargo, de ventaja indirecta para el obrero, etc.». Se consuela además con que, «mientras los ricos se han hecho más ricos, los pobres se han hecho menos pobres». Asegura por último que él y sus enriquecidos amigos del Parlamento «tienen la dicha de saber» lo que las investigaciones parlamentarias y los datos estadísticos saben al revés, a saber,
«que la situación media del obrero británico ha mejorado durante los últimos veinte años en un grado que sabemos que es extraordinario, y que casi podemos declarar sin precedentes en la historia de todos los países y de todos los tiempos».
Antes del señor Gladstone, todos sus predecesores en el cargo tuvieron «la dicha» de completar en sus discursos sobre el presupuesto la descripción del aumento de la riqueza capitalista con frases satisfechas sobre la mejora de la situación de la clase obrera. Él, sin embargo, los desmiente a todos ellos, ya que el reino milenario no habría amanecido hasta la introducción de la legislación librecambista.63 Pero no se trata aquí de la exactitud o inexactitud de las razones de consuelo y de congratulación de Gladstone. Se trata simplemente de que, desde su punto de vista, la supuesta mejora «extraordinaria» de la situación de la clase obrera no está en absoluto en contradicción con el «embriagador aumento de riqueza y de poder, limitado por completo a las clases poseedoras». Al contrario. Es doctrina ortodoxa de los portavoces del capital —y uno de sus portavoces mejor pagados es el señor Gladstone— que el medio más probado para que los obreros se hagan bien a sí mismos consiste en… enriquecer a sus explotadores.
La desvergonzada necedad o necia desvergüenza del órgano de los fabricantes culmina en la afirmación: «La crónica de The Times no hace más que dar, en una forma más resumida, lo que la crónica taquigráfica de Hansard da al pie de la letra».64 Contemplen ahora este cuadro y aquel:
I
Del discurso de Gladstone del 16 de abril de 1863, impreso en The Times del 17 de abril de 1863.
«Así están las cosas en cuanto a la riqueza de este país. Yo, por mi parte, debo decir que miraría casi con aprensión y con pena este embriagador aumento de riqueza y de poder si creyera que se limita a las clases realmente acomodadas (classes who are in easy circumstances). Aquí no se tiene en cuenta para nada la situación de la población trabajadora. El aumento que he descrito… es un aumento limitado por completo a las clases poseedoras. Pero el aumento del capital es una ventaja indirecta para el obrero, etc.».
II
Del discurso de Gladstone del 16 de abril de 1863, impreso en Hansard, tomo 170, debates parlamentarios del 27 de marzo al 28 de mayo de 1863.
«Así están las cosas en cuanto al progreso general de la acumulación; pero yo, por mi parte, debo decir que miraría con cierto grado de pena y con mucha aprensión este extraordinario y casi embriagador crecimiento si creyera que se limita a la categoría de personas que pueden describirse como en circunstancias desahogadas (the class of persons who may be described as in easy circumstances). Las cifras que he citado tienen poco o nada en cuenta la situación de quienes no pagan impuesto sobre la renta, o, en otras palabras, con suficiente exactitud para la verdad en general (!), no tienen en cuenta la propiedad (!) de la población trabajadora ni (!) el aumento de sus ingresos. Indirectamente, en efecto, el mero aumento del capital es de la mayor ventaja para la clase obrera, etc.».
Dejo al lector que compare él mismo el estilo rebuscado, lleno de cláusulas y de enredos, de Circumlocution Office (oficina de dar rodeos al asunto),65 de la edición de Hansard con la crónica de The Times.
Aquí basta con dejar sentado el hecho de que las palabras de la crónica de The Times «Este embriagador aumento de riqueza y de poder…, el aumento que he descrito… es un aumento limitado por completo a las clases poseedoras» están en Hansard en parte mutiladas y en parte suprimidas del todo. Su enfático «texto literal» no se le escapó a ningún testigo de oídas. Por ejemplo:
Morning Star, 17 de abril de 1863 (discurso de Gladstone sobre el presupuesto del 16 de abril de 1863).66
«Yo, por mi parte, debo decir que miraría con aprensión y con pena este embriagador aumento de riqueza y de poder si creyera que se limita a las clases realmente acomodadas (classes who are in easy circumstances). Este gran incremento de riqueza (this great increase of wealth) no toma en absoluto nota de la situación de la población trabajadora. El aumento es un aumento (the augmentation is an augmentation) limitado por completo a las clases que poseen propiedad (entirely confined to the classes possessed of property). Pero este aumento (But that augmentation) tiene que ser de ventaja indirecta para la población trabajadora, etc.».
Morning Advertiser, 17 de abril de 1863 (discurso de Gladstone sobre el presupuesto del 16 de abril de 1863).
«Yo, por mi parte, debo decir que miraría casi con aprensión y con espanto (alarm) este embriagador aumento de riqueza y de poder si creyera que se limita a las clases realmente acomodadas (classes who are in easy circumstances). Este gran incremento de riqueza no toma en absoluto nota de la situación de la población trabajadora. El aumento mencionado (The augmentation stated) es un aumento limitado por completo a clases que poseen propiedad (classes possessed of property). Este aumento (This augmentation) tiene que ser de ventaja indirecta para la clase obrera, etc.».
Así pues, Gladstone escamoteó a posteriori de la edición semioficial de Hansard de su discurso las palabras que había dicho en la Cámara de los Comunes el 16 de abril de 1863: «Este embriagador aumento de riqueza y de poder… es un aumento limitado por completo a las clases poseedoras». Por eso la Concordia no las encontró en el extracto que le mandó su amigo de negocios de Londres, y tocó la trompeta:
«Pero esta frase no se encuentra en ninguna parte del discurso de Gladstone. Marx ha añadido mintiendo la frase, en la forma y en el fondo.»
No es de extrañar que ahora me venga lloriqueando que es «costumbre» crítica citar los discursos parlamentarios tal como han sido falsificados oficialmente y no tal como se pronunciaron realmente. Esa «costumbre» corresponde, en efecto, a la «cultura» «general» berlinesa y al limitado entendimiento de súbdito prusiano de la Liga de Fabricantes Alemanes. La falta de tiempo me obliga a romper de una vez para siempre mi agradable trato con ella; pero, como despedida, todavía una nuez para que la casquen sus «sabios». ¿En qué artículo, y cómo se llamaba el hombre que lanzó a un adversario por lo menos a la altura de la Concordia estas palabras llenas de sentido: «Asinus manebis in secula seculorum»?67
Londres, 28 de julio de 1872
Karl Marx
N.º 7. Dúplica del anónimo
Concordia, n.º 34, 22 de agosto de 1872
Más sobre el carácter de Karl Marx
El señor Marx ha respondido en Der Volksstaat del 7 de agosto al artículo «Cómo se defiende Karl Marx», del número 27 de la Concordia. La tenaz mendacidad con que se aferra a la cita desfigurada del discurso de Gladstone sobre el presupuesto del 16 de abril de 1863 resulta asombrosa incluso en alguien para quien ningún medio es demasiado ruin al servicio de sus planes subversivos. En realidad, solo puede explicarse por el miedo al efecto muy penoso que, dada la gran circulación del Manifiesto inaugural, tendría para su autor reconocer que aquella cita, el gran golpe de efecto del Manifiesto, es falsa.
En su primera defensa Marx había admitido, como es sabido, que la crónica taquigráfica del discurso de Gladstone en Hansard no contiene esa cita. Pero el motivo era que ¡el señor Gladstone había hecho desaparecer el pasaje, comprometedor para él! Primera prueba: el profesor Beesly había citado ese discurso en un artículo de la Fortnightly Review del mismo modo que el Manifiesto inaugural.
Esto podía despertar en el lector la idea de que el profesor Beesly había citado aquel discurso de Gladstone en un ensayo sobre algún otro tema histórico distinto de la Internacional. Por eso observamos, en primer lugar, que ese artículo trataba de la historia de la Internacional y estaba escrito a partir de material que el propio Marx había suministrado al autor. Marx no lo niega ahora. Pero asegura que el material suministrado por él no se refería ni con una palabra al contenido del Manifiesto inaugural, conocido por el profesor Beesly desde su publicación. Pero eso no lo habíamos dicho ni insinuado. Y creemos al señor Marx su aseveración al pie de la letra. Si hubiera mostrado al señor Beesly The Theory of the Exchanges como prueba de su cita, este habría tenido sin duda reparos en reproducirla. En segundo lugar replicamos, y esta es la objeción principal: no es Beesly quien había citado el pasaje en cuestión del discurso de Gladstone, sino que se limitaba a darlo en un análisis del Manifiesto inaugural. Citamos literalmente la frase correspondiente del artículo de Beesly, como puede verse en el número 27 de la Concordia. La circunstancia de que Beesly, en su análisis, pusiera las palabras «como observó el señor Gladstone» sin comillas68 la aprovecha ahora Marx para hacer creer a sus lectores que Beesly, interrumpiendo de pronto su análisis, ¡¡decía esas palabras en su propio nombre!!
Una segunda prueba de que Gladstone había hecho desaparecer a posteriori de su discurso las palabras en cuestión la buscaba luego Marx en que un escrito aparecido ya antes del Manifiesto inaugural, The Theory of the Exchanges, citaba el discurso de Gladstone sobre el presupuesto literalmente como el Manifiesto. Consultamos el libro y encontramos que eso era exacto, pero que, en cambio, todo indicaba que el propio Marx había tomado su cita de ese libro. El indicio principal era que El capital de Marx, en la p. 639, en particular en la nota 103, cita este discurso en la versión absolutamente absurda que da literalmente The Theory of the Exchanges en la p. 134. Esta indicación de The Theory of the Exchanges como fuente de la cita de Marx se apoyaba además en que Marx, en ese pasaje de su libro El capital donde cita el discurso de Gladstone igual que The Theory of the Exchanges en la p. 134, aduce otras citas que se encuentran en el mismo lugar de ese libro y añade glosas como las de este. ¿Qué responde ahora a esto el señor Marx? Por una parte, que él ha añadido además glosas que The Theory of the Exchanges no contiene. Pero eso no excluye nuestra observación. Por otra, que como autor de la cita de Molière ha nombrado expresamente al autor de The Theory of the Exchanges. Pero nosotros no hemos dicho lo contrario. Por último, en cuanto a los datos del London Orphan Asylum, que Marx cita en la p. 640 de su libro igual que The Theory of the Exchanges en la p. 135, el propio Marx admite que los tomó literalmente de ese libro y que luego comprobó su exactitud en las fuentes originales. Marx atestigua, pues, él mismo que una parte de las glosas con que acompaña la cita del discurso de Gladstone procede de The Theory of the Exchanges. Él mismo atestigua, por tanto, la exactitud de los puntos con que apoyábamos nuestro argumento principal de que también había tomado de The Theory of the Exchanges la cita del discurso de Gladstone. Pero contra este argumento principal, a saber, contra la observación de que él, como The Theory of the Exchanges, cita el discurso de Gladstone en la misma versión absolutamente absurda, no aduce nada.
Por último, en tercer lugar, Marx intentaba probar su afirmación de que Gladstone había falsificado a posteriori su propio discurso sobre el presupuesto en la crónica taquigráfica de Hansard invocando la crónica de ese discurso en The Times del 17 de abril de 1863. Pero esa crónica muestra exactamente lo contrario, ya que The Times y Hansard coinciden por completo en el fondo. Para oscurecer a sus lectores el conocimiento de ello, Marx había empleado diversos medios. El primer medio, que debía al mismo tiempo sumir a los lectores de Der Volksstaat en nueva admiración por la erudición de su oráculo, fue un excurso filológico. También según la crónica de The Times, en la parte que Marx citó, Gladstone había dicho expresamente que creía que el embriagador aumento de riqueza y de poder del que había hablado no se limitaba «to the classes who are in easy circumstances», es decir, a las clases que se encuentran en circunstancias agradables. Invocando a Wakefield, que había escrito un libro The middle or uneasy class,69 Marx afirmó entonces que Gladstone había dicho que no creía que ese aumento se limitara a la parte «propiamente rica», a la «parte realmente acomodada» de las clases poseedoras, y como no tomamos nota de toda esta exposición, ahora nos acusa de escamoteo. Pero si callamos sobre este nuevo intento de falsificación, fue solo porque era realmente demasiado burdo. Pues, fuera lo que fuera lo que tuviera en mente Wakefield cuando llamó a la clase media the uneasy class, todo el contexto del discurso de Gladstone, también tal como lo da la crónica de The Times, muestra que Gladstone, en ese lugar, entendía por «classes who are in easy circumstances» las clases que no pertenecen a la población trabajadora, puesto que contrapone esta a aquellas.
El segundo medio de oscurecer la crónica de The Times consistió en que Marx, en una traducción alemana de esa crónica, escamoteó sencillamente la oración de relativo de la que se desprendía que Gladstone solo había dicho que el aumento de la riqueza que se deducía de las estadísticas del impuesto sobre la renta se limitaba a las clases poseedoras, porque las clases trabajadoras no estaban sujetas al impuesto sobre la renta, y que por tanto de las estadísticas del impuesto sobre la renta no se podía sacar nada sobre el aumento del bienestar de las clases obreras; pero no que las clases trabajadoras hubieran quedado en realidad excluidas del extraordinario aumento de la riqueza nacional. Marx, que, como acabamos de ver, ha acusado de escamoteo a la Concordia de forma muy innecesaria, escamotea de nuevo tranquilamente esa oración de relativo, aunque le hemos echado en cara su desfiguración. Más aún. Como habíamos dicho, ajustándonos a la verdad, que la crónica de The Times no hacía más que dar, en una forma más resumida, lo que la crónica taquigráfica de Hansard da al pie de la letra, él lo niega y se atreve a imprimir lado a lado la crónica según The Times y la crónica según Hansard, en lo que omite naturalmente de nuevo aquella oración de relativo. Pero ¿qué más da? ¡Los lectores de Der Volksstaat, que son los que le importan, no pueden comprobarlo!
En tercer lugar, por último, Marx intentó ocultar la coincidencia de la crónica de The Times con la crónica de Hansard no citando las frases en las que, también según The Times, Gladstone atestiguaba directa y expresamente la elevación de la clase obrera británica. Hicimos una observación al respecto y citamos completo el pasaje en cuestión de la crónica de The Times. ¡¡Y aun así Marx miente a sus lectores diciéndoles que quisimos dar a entender que citábamos The Times según su traducción!! En cambio, escamotea naturalmente nuestra demostración (en el número 28) de que la escandalosa contradicción en que, según Marx, se encontrarían las afirmaciones de Gladstone sobre la elevación de la clase obrera británica con los hechos establecidos oficialmente no existe en realidad, y repite, en cambio, esta acusación de nuevo.
Además, en su respuesta en Der Volksstaat del 7 de agosto, Marx presenta todavía dos nuevos testigos de la exactitud de su versión del discurso de Gladstone sobre el presupuesto: el Morning Star y el Morning Advertiser del 17 de abril de 1863. Pero no necesitamos en absoluto comprobar si Marx ha citado ambos periódicos sin nueva falsificación.70 Pues esos periódicos, aun tal como él los da, hablan en favor nuestro. Después de que, según ambos periódicos, Gladstone dijera que no creía que este embriagador aumento de riqueza y de poder se limitara a las clases que se encuentran en circunstancias agradables, prosigue: «Este gran incremento de riqueza no toma en absoluto nota de la situación de la población obrera. El aumento mencionado es un aumento que se limita por completo a clases que poseen propiedad». El contexto y el uso de la expresión «tomar nota» muestran claramente que por este incremento y por el aumento mencionado se entienden el incremento y la mención que se desprenden de las estadísticas del impuesto sobre la renta.
Pero la presentación de estos nuevos supuestos testigos no es más que una manifestación de la fanfarronería de rigor con la que se quiere conservar la fe de los lectores de Der Volksstaat en su oráculo. El artículo de Marx en Der Volksstaat del 7 de agosto es un modelo de ella, y merece que nuestros lectores lo vean por sí mismos. Solo un ejemplo más tenemos que aducir, para quitarle al señor Marx el reproche de que queremos ocultar a nuestros lectores que nos ha corregido en un punto secundario. Habíamos dicho que las personas con una renta inferior a 150 libras esterlinas no pagaban en Inglaterra impuesto sobre la renta. El señor Marx se burla de nosotros porque no sabíamos que ese impuesto no cesa hasta las rentas inferiores a 100 libras esterlinas. Ahora bien, la ley de 1842 dejaba realmente exentas por completo todas las rentas inferiores a 150 libras esterlinas; en cambio, en 1853 el impuesto se extendió hacia abajo hasta las 100 libras esterlinas, si bien las rentas incorporadas entonces se trataron con más benignidad, en el sentido de que se les impuso un porcentaje más bajo que a las de 150 libras esterlinas o más. En 1863 se amplió luego la clase favorecida hacia arriba hasta las 200 libras esterlinas exclusive, y la desgravación se concedió de modo que en toda renta desde esa cifra hacia abajo hasta las 100 libras esterlinas inclusive pueden deducirse siempre 60 libras esterlinas como exentas.
El señor Marx concluye su artículo diciéndonos que la falta de tiempo le obliga a romper de una vez para siempre su agradable trato con nosotros. Comprendemos que no le venga mal al señor Marx la ocasión de evitar a alguien que le demuestra sus falsificaciones. Si el señor Marx prorrumpe finalmente en insultos, podemos asegurarle que nada puede ser más grato a sus adversarios que la confesión de haber sido convicto que eso encierra. La injuria es el arma de aquel cuyos demás medios de defensa se han agotado.
III. Sedley Taylor y Eleanor Marx (en traducción alemana)
N.º 8. El ataque de S. Taylor
The Times, 29 de noviembre de 188371
Al director de The Times
Permítame señalar en The Times que el origen de la cita engañosa del discurso del señor Gladstone sobre el presupuesto del 16 de abril de 1863, que un publicista tan eminente como el profesor Émile de Laveleye se ha visto inducido a reproducir fiándose de fuentes alemanas, y sobre la cual inserta una rectificación en The Times de hoy, data ya de 1864 y se encuentra en un manifiesto publicado por el Consejo de la famosa Asociación Internacional de los Trabajadores.
Lo que parece sumamente extraño es que estuviera reservado al profesor Brentano (entonces en Breslau, ahora en Estrasburgo) revelar ocho años después, en una revista alemana, la mala fides que evidentemente había dictado la cita del discurso de Gladstone en el Manifiesto.
El señor Karl Marx, que, como autor reconocido del Manifiesto, intentó defender la cita, tuvo la osadía, en las convulsiones de agonía a que le redujeron rápidamente los ataques magistralmente conducidos de Brentano, de afirmar que el señor Gladstone había amañado la crónica de su discurso en The Times del 17 de abril de 1863 antes de que apareciera en Hansard, para hacer desaparecer un pasaje que, desde luego, era comprometedor para un ministro de Hacienda inglés. ¡Cuando Brentano demostró, mediante una cotejo detallado de los textos, que las crónicas de The Times y de Hansard coincidían en excluir de manera absoluta el sentido que una cita astutamente aislada había atribuido a las palabras de Gladstone, Marx se retiró con el pretexto de la «falta de tiempo»!
Toda la correspondencia entre Brentano y Marx merece en grado sumo ser desenterrada de las colecciones de periódicos que la sepultan y publicada de nuevo en forma inglesa, pues arroja sobre el nivel de honradez literaria del último de los dos contendientes una luz de la que difícilmente se puede prescindir en una época en que se nos presenta su obra principal como nada menos que un nuevo evangelio de regeneración social.
Quedo, señor,
su seguro servidor,
Sedley Taylor
Trinity College, Cambridge, 26 de noviembre (de 1883)
El artículo anterior apareció en The Times del 29 de noviembre de 1883. El 30, la hija menor de Marx, Eleanor, envió su respuesta a The Times. La respuesta no se publicó. Una segunda carta al director tuvo el mismo resultado. E. Marx se dirigió entonces al Daily News, de nuevo en vano. Publicó entonces tanto la acusación del señor Sedley Taylor como su respuesta en el número de febrero de 1884 de la revista mensual socialista To-Day.72 A continuación sigue la respuesta.
N.º 9. Respuesta de Eleanor Marx
To-Day, febrero de 1884
Al director de The Times
En The Times del 29 de noviembre el señor Sedley Taylor menciona cierta cita de un discurso de Gladstone que
«data ya de 1864 y se encuentra en un manifiesto publicado por el Consejo de la famosa Asociación Internacional de los Trabajadores».
Continúa después (cito aquí la carta del señor Taylor desde «Lo que parece sumamente extraño» hasta «falta de tiempo»).
Los hechos, en pocas palabras, son estos. La cita mencionada consiste en algunas frases del discurso del señor Gladstone sobre el presupuesto del 16 de abril de 1863. Después de que el señor Gladstone describe el enorme aumento de la riqueza que se había producido en este país entre 1853 y 1861, se ponen en su boca estas palabras:
«Este embriagador aumento de riqueza y de poder se limita enteramente a clases que poseen propiedad».
Un escritor anónimo, que ahora resulta ser el profesor Brentano, publicó en una revista alemana, la Concordia, del 7 de marzo de 1872, una respuesta en la que se decía:
«Esta frase no se encuentra en ninguna parte del discurso de Gladstone. Marx ha añadido mintiendo la frase, en la forma y en el fondo».
Este era el único punto en litigio entre mi padre y su adversario anónimo.
En sus respuestas en Der Volksstaat de Leipzig del 1 de junio y del 7 de agosto de 1872, Marx cita las siguientes crónicas del discurso de Gladstone.
The Times, 17 de abril:
«El aumento que he descrito más arriba y que, según creo, se basa en datos exactos, es un aumento limitado enteramente a clases que poseen propiedad».
Morning Star, 17 de abril:
«Este aumento es un aumento que se limita enteramente a clases poseedoras de propiedad».
Morning Advertiser, 17 de abril:
«El aumento mencionado se limita por completo a clases poseedoras de propiedad».
El anónimo Brentano, «en las convulsiones de agonía a que» sus «ataques magistralmente conducidos le habían reducido rápidamente», buscó entonces refugio en la afirmación habitual en tales circunstancias de que, si la cita no era una falsificación, era en todo caso «engañosa», hecha «in mala fides», «astutamente aislada», etc. Me temo que usted no me concedería el espacio para responder a esta acusación de Brentano, repetida ahora por el señor Taylor al cabo de once años. Quizá tampoco sea necesario, puesto que el señor Taylor dice:
«Toda la correspondencia entre Brentano y Marx merece en grado sumo ser desenterrada de las colecciones de periódicos que la sepultan y publicada de nuevo en forma inglesa».
Estoy completamente de acuerdo. La memoria de mi padre no podría sino ganar con ello. En cuanto a las discrepancias de las crónicas periodísticas del discurso en cuestión con la crónica de Hansard, debo dejar su solución a quienes están más interesados en ello.
De los miles y miles de citas que hay en los escritos de mi padre, esta es la única cuya exactitud se ha discutido jamás. El hecho de que este ejemplo aislado, y no precisamente afortunado, lo saquen una y otra vez a relucir los economistas profesorales es bastante significativo. Por decirlo con el señor Taylor,
«arroja sobre el nivel de honradez literaria del último de los dos contendientes» (Marx) «una luz de la que difícilmente se puede prescindir en una época en que se nos presenta su obra principal como nada menos que un nuevo evangelio de regeneración social».
Quedo, señor, su segura servidora,
Eleanor Marx
Londres, 30 de noviembre de 1883
N.º 10. Réplica de S. Taylor
To-Day, marzo de 1884
A la redacción de To-Day
Señores: nadie puede lamentar más que yo que se haya negado a la señorita Marx la publicidad a la que tenía un derecho tan evidente. Estoy, sin embargo, muy lejos de compartir su opinión de que «el único punto en litigio» entre el doctor Marx y el profesor Brentano fuera el de si cierta frase figuraba o no en el discurso de Gladstone. A mi juicio, esta cuestión fue de importancia muy secundaria comparada con la de si la cita en cuestión se hizo con la intención de exponer el sentido del señor Gladstone o de desfigurarlo.
Por supuesto, sería imposible discutir en esta carta el contenido de la extensa controversia entre Brentano y Marx sin ocupar su espacio de un modo inadmisible. Pero como la señorita Marx ha calificado en sus columnas de «calumnia» y de «libelo» una opinión expresada públicamente por mí,73 me veo obligado a rogarles que impriman, en columnas paralelas, las dos citas siguientes, por las que sus lectores podrán juzgar por sí mismos si el doctor Marx citó honrada o deshonradamente en su gran obra El capital el discurso del presupuesto de 1863. Por qué utilizo la crónica de The Times en lugar de la de Hansard les resultará evidente a los lectores de las cartas de Marx en su correspondencia con Brentano.
The Times, 17 de abril de 1863
«En diez años, de 1842 a 1852 inclusive, la renta imponible del país, con la exactitud con que podemos determinarla, ha crecido un 6 %; pero en ocho años, de 1853 a 1861, la renta del país ha crecido de nuevo un 20 % sobre la base adoptada. Es este un hecho tan extraño que resulta casi increíble…
… Yo, por mi parte, debo decir que miraría casi con temor y con dolor este embriagador aumento de riqueza y de poder si fuera mi opinión que se limita a las clases que se encuentran en circunstancias desahogadas. Esto no tiene en cuenta en absoluto la situación de la población trabajadora. El aumento que he descrito, y que, creo, se basa en datos exactos, es un aumento limitado por completo a las clases poseedoras. Ahora bien, el aumento del capital es de ventaja indirecta para el obrero, porque abarata la mercancía que en el negocio de la producción entra en competencia directa con el trabajo. Pero tenemos este profundo y, debo decir, inestimable consuelo de que, mientras los ricos se han hecho más ricos, los pobres se han hecho menos pobres. No me atrevo a decir si los extremos de la pobreza son menos extremos de lo que eran, pero la situación media del obrero británico, como tenemos la dicha de saber, ha mejorado durante los últimos veinte años en un grado que sabemos que es extraordinario, y que casi podemos decir que no tiene precedentes en la historia de ningún país ni de ninguna época».
El capital, 2.ª ed., p. 678, nota 103
«De 1842 a 1852 la renta imponible de este país creció un 6 %…
… En los ocho años de 1853 a 1861 creció, si partimos de la base de 1853, un 20 %. El hecho es tan asombroso que resulta casi increíble…
… Este embriagador aumento de riqueza y de poder…
… se limita por completo a las clases poseedoras, pero… pero tiene que ser de ventaja indirecta para la población trabajadora, porque abarata los artículos de consumo general…
… mientras los ricos se han hecho más ricos, los pobres, en todo caso, se han hecho menos pobres. No me atrevo a decir que los extremos de la pobreza hayan cambiado». «Gladstone en la Cámara de los Comunes, 16 de abril de 1863».74
Ruego que se preste especial atención al sentido de los pasajes de la crónica de The Times que he subrayado. La frase «Yo, por mi parte… en circunstancias desahogadas» nos comunica la opinión del orador de que el embriagador aumento de riqueza y de poder que acaba de describir no se limita a las personas en circunstancias desahogadas. Hay aquí, es verdad, una contradicción en las palabras con respecto a la frase posterior: «El aumento… de la propiedad», pero las palabras intermedias «esto no tiene… población» muestran, sin que quepa error posible, lo que quería decir el señor Gladstone, a saber, que las cifras que había dado, por basarse en los datos del impuesto sobre la renta, solo comprendían las rentas no exentas75 y, por tanto, no indicaban en modo alguno en qué medida habían aumentado las ganancias totales de la población trabajadora durante el período examinado. La frase final, desde «pero la situación media» hasta el final, declara en el lenguaje más tajante que, sobre la base de pruebas independientes de los datos del impuesto sobre la renta, el señor Gladstone reconocía como indudable una mejora extraordinaria y casi sin precedentes en la situación media del obrero británico.
¿Con qué fin se tacharon casi por completo estos pasajes esenciales en el procedimiento por el que la crónica periodística quedó reducida a la notable forma en que aparece en la obra del doctor Marx? Claramente, a mi juicio, para que el mosaico construido arbitrariamente, remendado con las palabras del señor Gladstone que aún quedaban, se entendiera en el sentido de que se afirmaba que las ganancias de la población trabajadora solo habían hecho progresos insignificantes, mientras que las rentas de las clases poseedoras habían aumentado enormemente, opinión que los pasajes omitidos rechazan expresamente en favor de una afirmación muy distinta.
Tampoco puedo dejar de señalar el hecho de que a la traducción alemana de esta cita mutilada sigue inmediatamente, en el texto de El capital, la expresión del desdeñoso asombro de Marx ante el «anticlímax tan cojo» que forman las palabras que figuran aquí como final de la frase de Gladstone, comparadas con su descripción anterior del incremento de la riqueza entre las clases poseedoras.
Quedo, señores, sinceramente
Trinity College, Cambridge, 8 de febrero de 1884
suyo,
Sedley Taylor
N.º 11. Segunda respuesta de Eleanor Marx
To-Day, marzo de 1884
A la redacción de To-Day
Señores:
El señor Sedley Taylor discute mi afirmación de que, cuando el calumniador anónimo cayó sobre el doctor Marx, el único punto en litigio era si el señor Gladstone había empleado o no ciertas palabras. Según él, la verdadera cuestión era
«si la cita en cuestión se hizo con la intención de exponer el sentido del señor Gladstone o de desfigurarlo».
Tengo ante mí el artículo de la Concordia (n.º 10, 7 de marzo de 1872) «Cómo cita Karl Marx». En él el autor anónimo cita primero el Manifiesto inaugural de la Internacional; después el pasaje del discurso del señor Gladstone, con el texto completo según Hansard; después resume el pasaje a su manera y a su propia satisfacción; y por último concluye:
«El hecho de que Gladstone mencione esto simplemente para que se aprecie con justeza su criterio de medida lo aprovecha Marx para hacer decir a Gladstone: "Este embriagador aumento de riqueza y de poder se limita por completo a las clases poseedoras". Pero esta frase no se encuentra en ninguna parte del discurso de Gladstone. En él se dice justamente lo contrario. ¡Marx ha añadido mintiendo la frase, en la forma y en el fondo!».
Esta es la acusación, y la única acusación, que se hace a Marx. Se le acusa, en efecto, de tergiversar el sentido de Gladstone «añadiendo mintiendo» una frase entera. Ni una palabra de citas «engañosas» o «astutamente aisladas». La cuestión es sencillamente la de «si cierta frase figuraba o no en el discurso de Gladstone».
Una de dos. O el señor Taylor ha leído los ataques de Brentano y las respuestas de mi padre, y entonces su afirmación está en contradicción directa con lo que no puede dejar de saber que es la verdad. O no los ha leído. ¿Y entonces? He aquí un hombre que fecha sus cartas en el Trinity College de Cambridge; que, sin motivo alguno, se toma especial empeño en atacar la honradez literaria de mi difunto padre de un modo que necesariamente equivale a una «calumnia», a menos que pueda probarla; que formula esta acusación basándose en una controversia literaria del año 1872 entre un escritor anónimo (que según el señor Taylor era el profesor Brentano) y mi padre; que describe con lenguaje encendido la «magistral conducción» del ataque por san Jorge Brentano y las «convulsiones de agonía» a que este redujo rápidamente al dragón Marx; que puede comunicarnos con todo detalle los éxitos aplastantes que dicho san Jorge alcanzó «mediante una cotejo detallado de los textos»; y que, después de todo esto, me pone en la delicada situación de tener que suponer, en interés del amor general al prójimo, que nunca ha leído una línea de aquello de que habla.
Si el señor Taylor hubiera leído los «magistrales» artículos de su amigo anónimo, habría encontrado en ellos lo siguiente:
«Ahora preguntamos: ¿miente alguien solo cuando inventa él mismo una falsedad, o no miente igualmente cuando la repite en contra de lo que sabe o debería saber?».
Así habla el «magistral» Brentano, tan severo en la virtud como anónimo, en su réplica a la primera respuesta de mi padre (Concordia, n.º 27, 4 de julio de 1872, p. 210). Y en la misma página afirma, sin embargo, a la faz del mundo que
«también según la crónica de The Times Gladstone dijo que creía que aquel embriagador aumento de riqueza y de poder no se limitaba a las clases acomodadas».
Si Brentano parece así no saber en absoluto cuál era el verdadero punto en litigio, ¿está acaso mejor el señor Sedley Taylor? En su carta a The Times se trataba de una cita hecha en el Manifiesto inaugural de la Internacional. En su carta a To-Day se trata de una cita de El capital. Se cambia de nuevo de terreno, pero no me quejo de ello. El señor Taylor nos da ahora el pasaje de Gladstone tal como se cita en las páginas 678 y 679 de El capital, en paralelo con el mismo pasaje según la crónica, no de Hansard, sino de The Times.
«Por qué utilizo la crónica de The Times en lugar de la de Hansard les resultará evidente a los lectores de las cartas de Marx en su correspondencia con Brentano».
Pero hemos visto que el señor Taylor no pertenece a esos «lectores». Por qué procede así puede resultar, pues, evidente a otros, pero difícilmente a él mismo, si hemos de dar crédito a su propia argumentación.
En todo caso, de Hansard, el infalible, hemos descendido ahora a la misma crónica por cuyo uso el anónimo Brentano (Concordia, la misma página 210) reprocha a mi padre que utilice «crónicas periodísticas necesariamente chapuceras». Una cosa es segura: el «porqué» del señor Taylor tiene que resultar «evidente» a su amigo Brentano.
Para mí, en verdad, el porqué resulta muy evidente. Las palabras que se acusaba a mi padre de haber añadido mintiendo («un aumento limitado por completo a las clases poseedoras») figuran en la crónica de The Times, como en la de los demás diarios, mientras que en Hansard no solo están «amañadas», sino que «se las ha hecho desaparecer» del todo. Marx dejó sentado este hecho; el señor Taylor, que en su carta a The Times todavía se horrorizaba ante semejante «osadía» imperdonable, se ve ahora obligado él mismo a abandonar a Hansard, incapaz de todo pecado, y a buscar refugio en la crónica de The Times, «necesariamente chapucera» según Brentano.
Vamos ahora a la cita misma. El señor Taylor llama nuestra especial atención sobre dos pasajes destacados por él. En el primero admite:
«Hay aquí, es verdad, una contradicción en las palabras con respecto a la frase posterior:
"El aumento… de la propiedad", pero las palabras intermedias "esto no tiene… población" muestran, sin que quepa error posible, lo que quería decir el señor Gladstone», etc.
Y aquí estamos evidentemente en terreno teológico. Es el conocido estilo de la exégesis bíblica ortodoxa. El pasaje, en efecto, se contradice a sí mismo; pero si se interpreta de acuerdo con la verdadera fe del cristiano, se encontrará que su sentido no está en contradicción con esa verdadera fe. Si el señor Taylor interpreta al señor Gladstone del mismo modo que el señor Gladstone interpreta la Biblia, no puede contar con partidarios fuera de los ortodoxos.
Ahora bien, en aquella ocasión concreta el señor Gladstone habló en inglés o no. Si no, no hay cita ni interpretación que nos sirva. Si habló en inglés, dijo que lamentaría mucho que aquel embriagador aumento de poder y de riqueza se limitara a las clases que se encuentran en circunstancias desahogadas, pero que se limitaba por completo a las clases poseedoras. Y eso es lo que citó Marx. El segundo pasaje es una de esas frases de rigor que se repiten con ligeras variaciones en todo discurso británico sobre el presupuesto, salvo únicamente en las épocas de malos negocios. Lo que Marx pensaba de él y de todo el discurso lo muestra el siguiente extracto de su segunda respuesta al calumniador anónimo: «Después de entonar su himno al aumento de la riqueza capitalista, Gladstone se vuelve hacia la clase obrera. No dice en modo alguno que esta haya participado en el "embriagador aumento de riqueza y de poder". Según la crónica de The Times, prosigue más bien inmediatamente con estas palabras: "El aumento del capital es, sin embargo, de ventaja indirecta para el obrero, etc.". Se consuela además con que, "mientras los ricos se han hecho más ricos, los pobres se han hecho menos pobres". Asegura por último que él y sus enriquecidos amigos del Parlamento "tienen la dicha de saber" lo que las investigaciones parlamentarias y los datos estadísticos saben al revés, a saber,
"que la situación media del obrero británico ha mejorado durante los últimos veinte años en un grado que sabemos que es extraordinario, y que casi podemos declarar sin precedentes en la historia de todos los países y de todos los tiempos".
Antes del señor Gladstone, todos sus predecesores en el cargo tuvieron "la dicha" de completar en sus discursos sobre el presupuesto la descripción del aumento de la riqueza capitalista con frases satisfechas sobre la mejora de la situación de la clase obrera. Él, sin embargo, los desmiente a todos ellos, ya que el reino milenario no habría amanecido hasta la introducción de la legislación librecambista. Pero no se trata aquí de la exactitud o inexactitud de las razones de consuelo y de congratulación de Gladstone. Se trata simplemente de que, desde su punto de vista, la supuesta mejora "extraordinaria" de la situación de la clase obrera no está en absoluto en contradicción con el "embriagador aumento de riqueza y de poder, limitado por completo a las clases poseedoras". Es doctrina ortodoxa de los portavoces del capital —y uno de sus portavoces mejor pagados es el señor Gladstone— que el medio más probado para que los obreros se hagan bien a sí mismos consiste en… enriquecer a sus explotadores» (Der Volksstaat, n.º 63, 7 de agosto de 1872).
Además, para complacer al señor Taylor, el pasaje mencionado del discurso del señor Gladstone está citado completo en el Manifiesto inaugural, página 5, inmediatamente antes de la cita discutida. ¿Y qué otra cosa que este Manifiesto acusó originalmente el señor Taylor? ¿Es tan imposible sacarle una referencia a las fuentes originales como sacarle razones a Dogberry?76
«Las continuas y escandalosas contradicciones de los discursos de Gladstone sobre el presupuesto» son el objeto de la nota 105 de la misma página (679) de El capital a la que nos remite el señor Taylor. ¡Es en verdad muy probable que Marx se tomara la molestia expresa de suprimir por mala fides una de esas contradicciones! Todo lo contrario. Marx no ha suprimido nada digno de citarse ni ha añadido mintiendo lo más mínimo. Pero ha restituido y sacado del olvido cierta frase de un discurso de Gladstone que indudablemente se pronunció, pero que, de un modo u otro, ha encontrado su camino… fuera de Hansard.
Eleanor Marx
IV. Engels y Brentano
N.º 12. Del prólogo de Engels a la 4.ª edición del tomo I de El capital de Marx
Una revisión completa de las numerosas citas se había hecho necesaria por la edición inglesa aparecida entretanto.77 Para esta, la hija menor de Marx, Eleanor, se había tomado el trabajo de cotejar con los originales todos los pasajes citados, de modo que en las citas de fuentes inglesas, que son con mucho las más numerosas, no aparece allí una retraducción del alemán, sino el propio texto original inglés. Me correspondía, pues, consultar este texto para la cuarta edición. Se encontraron en él diversas pequeñas inexactitudes. Referencias a números de página equivocados, en parte por errores al copiar de los cuadernos, en parte erratas acumuladas a lo largo de tres ediciones. Comillas o puntos suspensivos mal colocados, cosa inevitable cuando se cita masivamente de cuadernos de extractos. Aquí y allá, una palabra de traducción elegida con menos fortuna. Algunos pasajes citados de los viejos cuadernos de París de 1843-1845, cuando Marx todavía no sabía inglés y leía a los economistas ingleses en traducción francesa, de modo que a la doble traducción correspondía un ligero cambio de matiz, por ejemplo en Steuart, Ure y otros, donde ahora había que utilizar el texto inglés. Y otras pequeñas inexactitudes y descuidos por el estilo. Si se compara ahora la cuarta edición con las anteriores, uno se convencerá de que todo este laborioso proceso de corrección no ha cambiado en el libro absolutamente nada que merezca mención. Solo una cita no ha podido encontrarse, la de Richard Jones (4.ª ed., p. 562, nota 47); Marx probablemente se equivocó al escribir el título del libro. Todas las demás conservan su plena fuerza probatoria o la refuerzan en su forma exacta actual.
Pero aquí me veo obligado a volver sobre una vieja historia.
Solo conozco, en efecto, un caso en que se haya puesto en duda la exactitud de una cita de Marx. Pero como este se ha prolongado hasta después de la muerte de Marx, no puedo pasarlo por alto aquí.
En la Concordia de Berlín, el órgano de la Liga de Fabricantes Alemanes, apareció el 7 de marzo de 1872 un artículo anónimo: «Cómo cita Karl Marx». En él se afirmaba, con un derroche desbordante de indignación moral y de expresiones antiparlamentarias, que la cita del discurso de Gladstone sobre el presupuesto del 16 de abril de 1863 (en el Manifiesto inaugural de la Asociación Internacional de los Trabajadores de 1864, y repetida en El capital, I, p. 617 de la cuarta edición, p. 671 de la tercera) estaba falsificada. La frase «Este embriagador aumento de riqueza y de poder… se limita por completo a las clases poseedoras» no figuraba ni con una palabra en la crónica taquigráfica (casi oficial) de Hansard. «Pero esta frase no se encuentra en ninguna parte del discurso de Gladstone. En él se dice precisamente lo contrario». (En negrita:) «¡Marx ha añadido mintiendo la frase, en la forma y en el fondo!»
Marx, a quien se envió este número de la Concordia en el mes de mayo siguiente, respondió al anónimo en Der Volksstaat del 1 de junio. Como ya no recordaba por qué crónica periodística había citado, se limitó a mostrar primero la misma cita, con idéntico texto, en dos escritos ingleses, y luego a citar la crónica de The Times, según la cual Gladstone dice:
«That is the state of the case as regards the wealth of this country. I must say for one, I should look almost with apprehension and with pain upon this intoxicating augmentation of wealth and power, if it were my belief that it was confined to classes who are in easy circumstances. This takes no cognizance at all of the condition of the labouring population. The augmentation I have described and which is founded. I think, upon accurate returns, is an augmentation entirely confined to classes of property».78
Así pues, Gladstone dice aquí que lamentaría que así fuera, pero que así es: este embriagador aumento de poder y de riqueza se limita por completo a las clases poseedoras. Y en cuanto al casi oficial Hansard, Marx dice además: «En su edición, chapuceada aquí a posteriori, el señor Gladstone fue lo bastante listo para hacer desaparecer el pasaje, comprometedor desde luego en boca de un ministro de Hacienda inglés. Por lo demás, esta es una costumbre parlamentaria inglesa tradicional, y en modo alguno un invento del pequeño Lasker contra Bebel».
El anónimo se enfurece cada vez más. Apartando a un lado, en su respuesta en la Concordia del 4 de julio, las fuentes de segunda mano, insinúa pudorosamente que es «costumbre» citar los discursos parlamentarios por la crónica taquigráfica; pero que también la crónica de The Times (en la que figura la frase «añadida mintiendo») y la de Hansard (en la que falta) «coinciden por completo en el fondo», y que asimismo la crónica de The Times contiene «lo directamente contrario de aquel pasaje tristemente célebre del Manifiesto inaugural», ¡y el hombre calla cuidadosamente que, junto a ese supuesto «contrario», contiene expresamente precisamente «aquel pasaje tristemente célebre»! A pesar de todo, el anónimo siente que está atascado y que solo un nuevo subterfugio puede salvarlo. Así, mientras salpica su artículo, que, como acabamos de demostrar, rebosa de «mendacidad desvergonzada», de edificantes improperios tales como «mala fides», «falta de honradez», «afirmación mentirosa», «aquella cita mentirosa», «mendacidad desvergonzada», «una cita que estaba completamente falsificada», «esta falsificación», «sencillamente infame», etc., considera necesario desviar la cuestión litigiosa a otro terreno y promete, por eso, «explicar en un segundo artículo qué importancia atribuimos» (el anónimo no «mentiroso») «al contenido de las palabras de Gladstone». ¡Como si su opinión sin autoridad tuviera lo más mínimo que ver con el asunto! Este segundo artículo figura en la Concordia del 11 de julio.
Marx respondió una vez más en Der Volksstaat del 7 de agosto, aportando ahora también las crónicas del pasaje en cuestión del Morning Star y del Morning Advertiser del 17 de abril de 1863. Según ambos, Gladstone dice que miraría con aprensión, etc., este embriagador aumento de riqueza y de poder si creyera que se limitaba a las clases realmente acomodadas (classes in easy circumstances). Pero que ese aumento se limitaba a clases que poseen propiedad (entirely confined to classes possessed of property). Así pues, también estas crónicas traen literalmente la frase supuestamente «añadida mintiendo». Además, comparando los textos de The Times y de Hansard, volvió a dejar sentado que la frase, cuya pronunciación real constataban tres crónicas periodísticas aparecidas a la mañana siguiente, independientes entre sí y de idéntico tenor, falta en la crónica de Hansard, revisada según la conocida «costumbre»; que Gladstone, con palabras de Marx, «la escamoteó a posteriori»; y declaró por último que no tenía tiempo para seguir tratando con el anónimo. Este también parece haber tenido bastante; por lo menos, a Marx no se le enviaron más números de la Concordia.
Con esto el asunto parecía muerto y enterrado. Es cierto que desde entonces nos llegaron una o dos veces, de gente relacionada con la Universidad de Cambridge, rumores misteriosos sobre un indecible crimen literario que Marx habría cometido en El capital; pero, a pesar de todas las averiguaciones, no había modo de saber absolutamente nada más concreto. Hasta que el 29 de noviembre de 1883, ocho meses después de la muerte de Marx, apareció en The Times una carta, fechada en el Trinity College de Cambridge y firmada por Sedley Taylor, en la que, con ocasión de un pretexto traído por los pelos, este hombrecillo, que hace cooperativismo de lo más manso, nos proporcionaba por fin aclaración, no solo sobre los cuchicheos de Cambridge, sino también sobre el anónimo de la Concordia.79
«Lo que parece sumamente extraño», dice el hombrecillo del Trinity College, «es que estuviera reservado al profesor Brentano (entonces en Breslau, ahora en Estrasburgo)… revelar la mala fides que evidentemente había dictado la cita del discurso de Gladstone en el Manifiesto» (inaugural). «El señor Karl Marx, que… intentó defender la cita, tuvo la osadía, en las convulsiones de agonía (deadly shifts) a que le redujeron rápidamente los ataques magistralmente conducidos de Brentano, de afirmar que el señor Gladstone había amañado la crónica de su discurso en The Times del 17 de abril de 1863 antes de que apareciera en Hansard, para hacer desaparecer un pasaje que, desde luego, era comprometedor para un ministro de Hacienda inglés. ¡Cuando Brentano demostró, mediante una cotejo detallado de los textos, que las crónicas de The Times y de Hansard coincidían en excluir de manera absoluta el sentido que una cita astutamente aislada había atribuido a las palabras de Gladstone, Marx se retiró con el pretexto de la falta de tiempo!».
¡Así que ese era el meollo del asunto!80 ¡Y así de gloriosamente se reflejaba en la fantasía cooperativista de producción de Cambridge la campaña anónima del señor Brentano en la Concordia! Así estaba él, y así blandía su espada,81 en «ataque magistralmente conducido», este san Jorge de la Liga de Fabricantes Alemanes, ¡mientras el dragón infernal Marx agoniza a sus pies «rápidamente en convulsiones de agonía»!
Sin embargo, toda esta descripción ariostesca del combate82 solo sirve para encubrir los subterfugios de nuestro san Jorge. Aquí ya no se habla de «añadir mintiendo», de «falsificación», sino de «cita astutamente aislada» (craftily isolated quotation). Toda la cuestión se había desplazado, y san Jorge y su escudero de Cambridge sabían muy bien por qué.
Eleanor Marx respondió, como The Times se negó a publicarla, en la revista mensual To-Day, en febrero de 1884, reduciendo el debate al único punto del que se había tratado: ¿ha «añadido mintiendo» Marx aquella frase, o no? A lo cual replica el señor Sedley Taylor:
«La cuestión de si cierta frase figuraba o no en el discurso del señor Gladstone» fue, en su opinión, «de importancia muy secundaria» en la disputa entre Marx y Brentano, «comparada con la de si la cita se hizo con la intención de reproducir el sentido de Gladstone o de desfigurarlo».
Y luego admite que la crónica de The Times «contiene, en efecto, una contradicción en las palabras», pero, pero, que el resto del contexto, interpretado correctamente, es decir, en el sentido liberal-gladstoniano, indica lo que el señor Gladstone quiso decir (To-Day, marzo de 1884). Lo más cómico del caso es que nuestro hombrecillo de Cambridge insiste ahora en citar el discurso no según Hansard, como es «costumbre» según el anónimo Brentano, sino según la crónica de The Times, calificada por el mismo Brentano de «necesariamente chapucera». ¡Naturalmente, la frase fatal falta en Hansard!
A Eleanor Marx le fue fácil disolver en humo esta argumentación en el mismo número de To-Day. O bien el señor Taylor había leído la controversia de 1872. Entonces ahora había «mentido», no solo «añadiendo», sino también «quitando». O bien no la había leído. Entonces estaba obligado a callarse. En todo caso, quedaba sentado que no se atrevía ni por un instante a sostener la acusación de su amigo Brentano de que Marx había «añadido mintiendo». Al contrario: ahora Marx no habría añadido mintiendo, sino escamoteado una frase importante. Pero esa misma frase está citada en la p. 5 del Manifiesto inaugural, pocas líneas antes de la supuestamente «añadida mintiendo». Y en cuanto a la «contradicción» en el discurso de Gladstone, ¡no es precisamente Marx quien en El capital, p. 618 (3.ª ed., p. 672), nota 105, habla de «las continuas y escandalosas contradicciones de los discursos de Gladstone sobre el presupuesto de 1863 y 1864»! Solo que no se atreve, a lo Sedley Taylor, a disolverlas en complacencia liberal. Y el resumen final de la respuesta de E. Marx dice así: «Al contrario, Marx no ha suprimido nada digno de citarse ni ha añadido mintiendo lo más mínimo. Pero ha restituido y sacado del olvido cierta frase de un discurso de Gladstone que indudablemente se pronunció, pero que, de un modo u otro, ha encontrado su camino… fuera de Hansard».
Con esto también el señor Sedley Taylor tuvo bastante, y el resultado de todo este enredo de profesores, prolongado a lo largo de dos decenios y a través de dos grandes países, fue que ya nadie se ha atrevido a tocar la escrupulosidad literaria de Marx, pero que desde entonces el señor Sedley Taylor pondrá probablemente tan poca confianza en los partes de batalla literarios del señor Brentano como el señor Brentano en la infalibilidad papal de Hansard.
Londres, 25 de junio de 1890
F. Engels
N.º 13. Respuesta de Brentano
Meine Polemik mit Karl Marx, Berlín, 1890, pp. 3-5
El 28 de septiembre de 1864 se celebró en St. Martin's Hall, Long Acre, Londres, una asamblea pública en la que estaban representados ingleses, alemanes, franceses, polacos e italianos. Karl Marx presentó a esta asamblea los Estatutos provisionales de una organización obrera internacional que había que fundar, así como el Manifiesto inaugural de esta, redactado por él. Ambos fueron aprobados por unanimidad, y el Manifiesto inaugural dio la vuelta al mundo. En él figuraba una cita del discurso de Gladstone sobre el presupuesto del 16 de abril de 1863 que causó más sensación que todos los demás datos contenidos en él: «Deslumbrado por el "progreso de la nación", con las cifras de la estadística danzando ante sus ojos, el ministro de Hacienda exclama en un éxtasis desenfrenado: "En los años 1842-1852 la renta imponible del país aumentó un 6 %, en los ocho años 1853-1861 ha aumentado un 20 % con respecto a la renta del año 1853. Este hecho es tan asombroso que resulta casi increíble… Este embriagador aumento de riqueza y de poder", añade Mr. Gladstone, "se limita por completo a las clases poseedoras"».
En el invierno de 1871-1872, ocupado en la redacción del segundo tomo de mis Arbeitergilden der Gegenwart,83 tuve que examinar (cf. allí, II, 241) en qué medida respondía a los hechos la objeción, todavía hoy tan oída, de que una subida de salarios reduce la demanda futura de trabajo. En los decenios precedentes se había hecho valer una y otra vez contra las trade-unions inglesas cada vez que habían pedido una subida de salarios. Entonces me acordé de aquella cita del discurso de Gladstone sobre el presupuesto. Pero me pareció improcedente remitirme por ella, como muchos otros, al Manifiesto de la Internacional y al pasaje correspondiente de El capital de Marx, I, 1867, p. 639; consulté la crónica taquigráfica del discurso de Gladstone sobre el presupuesto y encontré que esta mostraba, sí, que las subidas de salarios en el período 1842-1861 no habían frenado lo más mínimo el aumento de la renta de los poseedores de un modo que perjudicara su demanda de trabajo, pero que, en cambio, Gladstone había dicho, en oposición directa a lo afirmado por Karl Marx: «Las cifras que he aducido toman poco o ningún conocimiento de la situación de quienes no pagan el impuesto sobre la renta… de la propiedad de la población obrera y del aumento de sus ingresos… Pero si consideramos la situación media del obrero británico, sea campesino o minero, peón o trabajador cualificado, sabemos por testimonios múltiples e indudables que en los últimos veinte años ha tenido lugar tal aumento de sus medios de vida que casi podemos declararlo sin precedentes en la historia de cualquier país y de cualquier época».
Dada la gran importancia que la cita de Gladstone tenía para la afirmación socialdemócrata de que, dentro del orden político y social existente, los ricos se harían necesariamente cada vez más ricos y los pobres necesariamente cada vez más pobres, llamé la atención de la redacción de la Concordia, Zeitschrift für die Arbeiterfrage, que entonces se publicaba en Berlín, sobre la falsificación que aquí se había producido. Esta me invitó a escribir sobre ello un artículo, que apareció en la Concordia del 7 de marzo de 1872. El artículo no lo firmé yo; esto se hizo, por una parte, a deseo de la redacción, en interés del prestigio de su periódico; por otra, yo tenía tanto menos que objetar cuanto que, después de las disputas literarias que Marx había sostenido anteriormente, era de esperar que también esta vez colmara a su adversario de injurias personales, y por eso no podía tener sino un efecto divertido dejarle a oscuras sobre la persona de su adversario.
Al cabo de un trimestre, Marx respondió en Der Volksstaat. De la polémica, tal como se desarrolló luego, resultó que Marx no había llevado a cabo él mismo la falsificación, sino que había tomado la cita falsificada de un libelo aparecido anónimamente en 1864. Este, titulado The Theory of the Exchanges. The Bank Charter Act of 1844. The abuse of the metallic principle to depreciation. Parliament mirrored in Debate, supplemental to "The Stock Exchange and the Repeal of Sir J. Barnard's Act", Londres, T. Cautley Newby, 30, Welbeck Street, 1864, es obra de un Tersites atravesado84 y consiste en gran parte en citas mutiladas de escritos y discursos de economía política, entre las que van intercalados versos latinos, ingleses y franceses y otras glosas destinadas al escarnio. Siendo así el libro, se comprende que haya permanecido completamente en la oscuridad.
Si Marx hubiera reconocido sencillamente que aquel libro le había inducido a error y a partir de entonces hubiera reproducido la cita correctamente, uno se habría asombrado, desde luego, de que se hubiera fiado de semejantes fuentes, pero al menos el error habría quedado reparado. Pero en su caso no hubo nada de eso. Además, dada la gran difusión que había alcanzado el Manifiesto inaugural, la supresión de esta pieza brillante del mismo por vía de rectificación habría resultado muy penosa para la agitación. Pues uno de los principales medios de agitación de la socialdemocracia consiste en que sus representantes se presentan como únicos poseedores de la verdadera ciencia, y, como ha mostrado el congreso del partido en Halle, antes se acusan de haber utilizado la ley de bronce de los salarios con falta consciente de veracidad, como mero medio de agitación, que reconocer que se les ha demostrado un error. En lugar de retractarse, Marx se esforzó, pues, por demostrar que Gladstone había amañado a posteriori la crónica taquigráfica de su discurso sobre el presupuesto; las groserías de su polémica bufa se dirigían ahora contra el supuesto fabricante que, con ayuda de un amigo de negocios inglés, habría querido buscarle las cosquillas, y cuando se demostró que también The Times, en el número aparecido la mañana siguiente a la noche en que Gladstone pronunció su discurso, había dado ese discurso en un sentido coincidente con la crónica taquigráfica, hizo, como escribió la redacción de la Concordia, «como la sepia, que enturbia el agua con un líquido negro para dificultar a su adversario la persecución; es decir, procuró con todas sus fuerzas oscurecer el objeto de la disputa aferrándose a cuestiones accesorias del todo indiferentes; y al final se puso a salvo con la declaración de que por "falta de tiempo" no podía entrar en nada más». Y quedó siempre debiendo la respuesta a mi examen de su dúplica publicado en la Concordia del 22 de agosto de 1872.
El hecho de que yo fuera el autor de los artículos de la Concordia del 7 de marzo, del 4 y 11 de julio y del 22 de agosto de 1872 era conocido de muchos, y en la segunda edición de la Geschichte der Sozialdemokratie de Mehring, que apareció todavía en vida de Marx, se me nombró públicamente como tal.85 Advertido por ello, el señor Sedley Taylor, del Trinity College de Cambridge, estudió la polémica y escribió sobre ella una carta a The Times. Esta hizo salir a la palestra a la hija del entretanto fallecido Marx, Miss Eleanor Marx, que en la revista mensual socialista To-Day de marzo de 1884 no solo defendió la lealtad de su padre, sino que concluyó con la observación de que su padre había restituido y arrancado al olvido una frase particular de uno de los discursos de Gladstone, una frase que indudablemente se había pronunciado, pero que de un modo u otro había encontrado su camino fuera de la crónica taquigráfica de Hansard.
Ya entonces pensé en responder a esta obstinada insistencia en la cita falsa con la reimpresión literal de toda la polémica. Pero las redacciones tienen a menudo un juicio propio; la revista especializada que yo había considerado la más adecuada para ello entre todas rechazó la reimpresión, declarando que la disputa carecía de interés general. Otra opinión tenía evidentemente Engels. En el prólogo a la 4.ª edición del primer tomo de El capital, preparada por él, volvió sobre la polémica, pero dio cuenta de ella de un modo en que, como se comprende, no queda clara la falta de veracidad con que Marx la llevó; además, mantuvo sin cambios el pasaje de El capital, I, 4.ª ed., p. 617, donde Marx hace decir a Gladstone lo contrario de lo que realmente dijo; más aún, mientras que Marx, en la primera edición, se remitía para su cita sencillamente a «Gladstone en la Cámara de los Comunes, 16 de abril de 1863», la cuarta edición ha añadido a esta referencia «Morning Star, 17 de abril de 1863», ¡como si la crónica de este periódico contuviera la cita tal como la reproduce Marx! Pero también la crónica del Morning Star contiene todas aquellas frases omitidas por The Theory of the Exchanges y, siguiéndola, por Marx, que muestran que Gladstone, allí donde en su discurso sobre el presupuesto habla de los resultados del impuesto sobre la renta, se limita a contraponer a la renta de quienes pagan ese impuesto la de quienes, por tener una renta menor, están exentos de él; que de las listas del impuesto sobre la renta constata un embriagador aumento de riqueza y de poder y observa al mismo tiempo que el aumento de la renta constatado en esas listas solo se refiere a los acomodados —con toda naturalidad, puesto que la renta de los demás no figura en esas listas—; pero que no cree que ese aumento se limite a esas clases, ya que se sabe por otras fuentes que al mismo tiempo la situación del obrero británico ha mejorado en una medida como nunca en ningún otro país ni en ninguna época anterior…
(El resto no tiene nada que ver con la acusación y es mera «contribución a la cuestión», etc. F. Engels.)
N.º 14. De los apéndices a la respuesta de Brentano
a) De The Theory of the Exchanges, Londres, 1864, p. 134. «From 1842 to 1852, the taxable income of the country increased by 6 per cent ... in the eight years from 1853 to 1861, it had increased from the basis taken in 1853, 20 per cent! My honourable friend says, it is owing to Australian gold. I am sorry to see that he is lost in the depths of heresy upon the subject of gold. This intoxicating augmentation of wealth and power is entirely confined to classes of property, but must be of indirect benefit to the labouring population, because it cheapens the commodities of general consumption - while the rich have been growing richer, the poor have been growing less poor! at any rate, whether the extremes of poverty are less, I do not presume to say».86
«Voilà l'homme en effet. Il va du blanc au noir.
Il condamne au matin ses sentiments du soir.
Importun à tout autre, à lui même incommode,
Il change à tous moments d'esprit comme de mode».87
«The average condition of the British labourer, has improved during the last twenty years in a degree we know to be extraordinary and unexampled in the history of any country or any age, a matter of the greatest thankfulness, because, etc. ... hardly have earnings given a sufficiency of prime necessaries; ...».88
Es digno de notarse también lo siguiente en cuanto a la relación entre The Theory of the Exchanges y las consideraciones de Marx examinadas aquí, en El capital, I, 1.ª ed., p. 639. Después de que Marx, en este pasaje, ha hecho valer los datos del London Orphan Asylum reproducidos aquí de The Theory of the Exchanges contra la frase de Gladstone: «whether the extremes of poverty are less extreme than they were, I do not presume to say»,89 se vuelve contra el discurso de Gladstone sobre el presupuesto del 7 de abril de 1864; The Theory of the Exchanges tiene un appendix en el que, como anexo a las páginas que acabamos de reproducir aquí, se glosa igualmente el presupuesto de 1864. El estilo en que se hace es el mismo que ya es bastante conocido por lo anterior. En este excurso se encuentra el siguiente pasaje (p. 234):
«But the Chancellor is eloquent upon 'poverty' ... 'Think of those who are on the border of that region ...', upon 'wages ... in others it is true not increased ... human life is, but, in nine cases out of ten, a struggle for existence'».90
Compárese ahora con ello Marx, I, 1.ª ed., p. 640; 4.ª ed., p. 618. También aquí, en lugar de la reproducción del verdadero discurso sobre el presupuesto, literalmente el mismo mosaico de frases arrancadas de su contexto que en The Theory of the Exchanges. También aquí se remite, de nuevo, no a este libro como fuente, sino sencillamente a Gladstone, Cámara de los Comunes, 7 de abril de 1864. Pero luego se dice además: «Las continuas y escandalosas contradicciones de los discursos de Gladstone sobre el presupuesto de 1863 y 1864 las caracteriza un escritor inglés con la siguiente cita de Molière» (y aquí viene el verso de Molière que acabamos de reproducir).
Está claro que Marx tomó de su libro no solo esta cita de Molière, sino también las «continuas y escandalosas contradicciones de los discursos de Gladstone sobre el presupuesto» inventadas por el autor de The Theory of the Exchanges.
b) Engels, como ya se dijo en la introducción a esta reimpresión, ha añadido en la cuarta edición del primer tomo de El capital de Marx, p. 617, a la cita del discurso de Gladstone sobre el presupuesto, reproducida tan falsamente como antes, la referencia «Morning Star, 11 de abril de 1863».91 El pasaje en cuestión de este discurso ya se ha reproducido más arriba, en las pp. 8 y 9, según la crónica taquigráfica de Hansard. Aunque en la p. 13 ya se ha hecho lo mismo con la crónica de The Times, que coincide exactamente con su sentido y solo está resumida en su tenor a la manera de los periódicos, pongamos aquí una vez más lado a lado esta crónica, la del Morning Star citado por Engels y el texto de la cita en Marx:92
The Times, April 17, 1863
«In ten years, from 1842 to 1852 inclusive, the taxable income of the country, as nearly as we can make out, increased by 6 per cent; but in eight years, from 1853 to 1861, the income of the country again increased from the basis taken by 20 per cent. That is a fact so strange as to be almost incredible ... I must say for one, I should look almost with apprehension and with pain upon this intoxicating augmentation of wealth and power, if it were my belief that it was confined to the classes who are in easy circumstances. This takes no cognizance at all of the condition of the labouring population. The augmentation I have described, and which is founded, I think upon accurate returns, is an augmentation entirely confined to classes of property. Now, the augmentation of capital is of indirect benefit to the labourer, because it cheapens the commodity which in the business of production comes into direct competition with labour. (Hear, hear.) But we have this profound, and, I must say, inestimable consolation, that while the rich have been growing richer the poor have been growing less poor. Whether the extremes of poverty are less extreme than they were I do not presume to say, but the average condition of the British labourer, we have the happiness to know, has improved during the last twenty years in a degree which we know to be extra-ordinary, and which we may almost pronounce to be unexampled in the history of any country and of any age. (Cheers.)»
The Morning Star, April 17, 1863
«I must say, for one, I should look with apprehension and with pain upon this intoxicating augmentation of wealth and power, if it were my belief that it was confined to the classes who are in easy circumstances. This great increase of wealth takes no cognizance at all of the condition of the labouring population. The augmentation is an augmentation entirely confined to classes of property. But that augmentation must be of indirect benefit to the labouring population, because it cheapens the commodities which go to the general consumption. So that we have this profound, and I almost say, inestimable consolation - - while the rich have been growing richer, the poor have been growing less poor. (Hear, hear.) At any rate, whether the extremes are less extreme than they were I do not presume to say, but the average condition of the British labourer, we have the happiness to know to be extraordinary, and that we may almost pronounce it to unexampled in the history of any country or any age. (Cheers.)»
Das Kapital, I, 1.ª ed., p. 639, nota 103
«From 1842 to 1852 the taxable income of the country increased by 6 per cent. In the eight years from 1853 to 1861 it had increased from the basis taken in 1853, 20 per cent! The fact is so astonishing as to be almost incredible ...
This intoxicating augmentation of wealth and power
is entirely confined to classes of property,
but must be of indirect benefit to the labouring population, because it cheapens the commodities of general consumption -
while the rich have been growing richer, the poor have been growing less poor! At any rate, whether the extremes of poverty are less, I do not presume to say».
Aquí, en mitad de una frase, como muestra la reproducción anterior, se interrumpe The Theory of the Exchanges para intercalar una cita de Molière; Marx, que, como muestra la confrontación precedente, no tomó la cita en modo alguno del Morning Star, sino —omitiendo un pasaje marcado por él con puntos— literalmente de The Theory of Exchanges, hace terminar a Gladstone en mitad de la frase…
De la comparación anterior se desprende que el mosaico arbitrariamente revuelto de frases arrancadas de su contexto que Marx da como discurso de Gladstone sobre el presupuesto, no se encuentra en el Morning Star, como tampoco en The Times ni en Hansard; en cambio, se encuentra única y exclusivamente en The Theory of the Exchanges. Las frases reproducidas en lo que precede en espaciado son las que Henry Roy y —compárese la última frase— todavía más Karl Marx omitieron para hacer afirmar a Gladstone lo contrario de lo que dijo.93
N.º 15. De las crónicas parlamentarias de la prensa de Londres del 17 de abril de 1863
Morning Herald.94 I may say that I for one would look with fear and apprehension at this intoxicating increase of wealth if I were of opinion that it is confined to the classes in easy circumstances. This great increase of wealth which I have described, and which is founded on accurate returns is confined entirely to the augmentation of Capital, and takes no account of the poorer classes.
Morning Post. I may say, I for one, would look with fear and apprehension when I consider this great increase of wealth if I believed that its benefits were confined to the classes in easy circumstances. This augmentation of wealth which I have described, and which is founded on accurate returns is confined entirely to the augmentation of capital, and takes no account of the augmentation of wealth of the poorer classes.
Daily Telegraph. I may say for one, that I should look almost with apprehension and alarm on this intoxicating augmentation of wealth and power if it were my belief that it was confined to the masses who are in easy circumstances. This question to wealth takes no cognisanze at all of the condition of the labouring population. The augmentation stated is an augmentation entirely confined to the classes possessed of property.
Daily News. I may say that I for one would look with fear and apprehension when I consider this great increase of wealth if I believed that its benefits were confined to the classes in easy circumstances. This augmentation of wealth which I have described, and which is founded upon accurate returns, is confined entirely to the augmentation of capital, and takes no account of the augmentation of wealth of the poorer classes.
Standard. I may say that I for one would look with fear and apprehension at this intoxicating increase of wealth if I were of the opinion that it was confined to the classes in easy circumstances. This great increase of wealth which I have described, and which is founded on the accurate returns is confined entirely to the augmentation of capital, and takes no account of the poorer classes.
N.º 16. Gladstone a Brentano
Deutsches Wochenblatt, n.º 49, 4 de diciembre de 189095
Comunicación
En el número 45 del Deutsches Wochenblatt el profesor doctor Lujo Brentano ha publicado un ensayo, «Meine Polemik mit Karl Marx», que sirvió al mismo tiempo de introducción a una reimpresión de esa polémica en folleto. En esta polémica se trata principalmente de un discurso parlamentario que Gladstone pronunció en 1863 y que Marx reprodujo en forma desfigurada en su Manifiesto inaugural, al fundarse la organización obrera internacional.
Evidentemente, nadie tiene más autoridad para zanjar esta disputa sobre el texto del discurso de Gladstone que el propio Gladstone. Por eso tiene especial interés que Gladstone, a raíz de la reimpresión de la polémica de Brentano con Marx, haya dirigido dos cartas a Brentano. El 22 de noviembre Gladstone escribe a Brentano:
«Usted tiene toda la razón y Marx no tiene ninguna», y el 28 de noviembre: «No he hecho modificación alguna». Con esto, el asunto, que arroja una luz característica sobre la argumentación socialdemócrata, debería quedar zanjado definitivamente en contra de la concepción socialdemócrata.
Brentano ha contraído un mérito al descubrir el engaño, y era muy oportuno que refrescara el recuerdo de esta disputa precisamente ahora.
O. A.96
N.º 17. Respuesta de Engels al n.º 16
Die Neue Zeit, n.º 13, 1891, p. 425
En la causa Brentano contra Marx
En mi prólogo a la cuarta edición del tomo I de El capital de Marx me vi obligado a relatar el curso de la campaña anónima contra Marx a la que el señor Lujo Brentano tuvo a bien entregarse en su momento, una campaña basada en la acusación de que Marx había falsificado una cita de un discurso de Gladstone.
El señor Brentano ha respondido a ello en un folleto: «Meine Polemik mit Karl Marx». Von Lujo Brentano. Berlín, Walter und Apolant, 1890. No dejaré de darle la respuesta.
Entretanto, el número 49 del Deutsches Wochenblatt, del 4 de diciembre de 1890, trae una nueva nota sobre este asunto, en la que se dice:
«Evidentemente, nadie tiene más autoridad para zanjar esta disputa sobre el texto del discurso de Gladstone que el propio Gladstone. Por eso tiene especial interés que Gladstone, a raíz de la reimpresión de la polémica de Brentano con Marx, haya dirigido dos cartas a Brentano. El 22 de noviembre Gladstone escribe a Brentano: "Usted tiene toda la razón y Marx no tiene ninguna", y el 28 de noviembre: "No he hecho modificación alguna"».
¿Qué quiere decir esto? ¿En qué «tiene usted toda la razón» y en qué «Marx no tiene ninguna»? ¿En qué «no he hecho modificación alguna»? Tal como está, puede significarlo todo o también nada. ¿Por qué se limita la comunicación del señor Brentano a estas dos frases breves?
O bien el señor Gladstone no le ha permitido publicar las cartas completas. Entonces esa es prueba suficiente de que no prueban nada.
O bien el señor Gladstone escribió las cartas desde el principio para el público y permitió al señor Brentano hacer de ellas el uso que quisiera. Entonces la publicación de solo esos extractos insignificantes prueba con mayor razón que la declaración del señor Gladstone en su conjunto no le sirve al señor Brentano, y precisamente por eso ha sido «amañada» como se ve más arriba.
Para saber lo que valen esas dos frasecitas tenemos que tener delante no solo las dos cartas del señor Gladstone, sino también las correspondientes del señor Brentano. Y mientras no se publique en la lengua original toda la correspondencia mantenida entre ambos sobre este asunto, los fragmentos citados carecen en absoluto de significado para la cuestión litigiosa y no valen el papel en que están impresos.
F. Engels
Prólogo de Engels fechado el 25 de junio de 1890; el pasaje sobre esta polémica va reproducido en los Documentos, n.º 12. ↩
Sedley Taylor (1834-1920), miembro del Trinity College de Cambridge, defensor de la participación de los obreros en los beneficios de las empresas. ↩
Lujo Brentano (1844-1931), economista alemán, uno de los principales «socialistas de cátedra» y defensor de los sindicatos de tipo inglés como medio de conciliar a los obreros con el orden existente. ↩
Véase el Manifiesto inaugural de la Asociación Internacional de los Trabajadores. La Concordia. Zeitschrift für die Arbeiterfrage era un semanario de los fabricantes alemanes publicado en Berlín de 1871 a 1876. ↩
William Ewart Gladstone (1809-1898), político liberal británico, ministro de Hacienda (Chancellor of the Exchequer) de 1859 a 1866 y después varias veces primer ministro. ↩
Hansard's Parliamentary Debates, la recopilación de los debates del Parlamento británico, en la que los oradores podían revisar el texto de sus discursos. ↩
«Este embriagador aumento de riqueza y de poder se limita por completo a las clases poseedoras». ↩
«El aumento allí descrito». ↩
«Este embriagador aumento de riqueza y de poder». ↩
«Y que se basa, según creo, en estadísticas exactas, es un aumento que se limita por completo a las clases poseedoras». ↩
Die Stirne haben, «tener la frente», es en alemán «tener el descaro»; lo traducimos por «tener la cara», que permite conservar el juego de palabras de Engels. ↩
«Clases que se hallan en circunstancias desahogadas». ↩
Página de la edición original de 1891; se refiere al pasaje de la dúplica de Brentano citado en el apartado II («El segundo medio para oscurecer la crónica de The Times…»). ↩
Haupt- und Staatsaktion: nombre de las piezas de asunto histórico y político, ampulosas y efectistas, que representaban las compañías ambulantes alemanas de los siglos XVII y XVIII; en sentido figurado, un asunto inflado sin motivo. ↩
Juego de palabras entre geheimnisvoll, «misterioso», y geheimrätlich, «de consejero secreto» (Geheimrat), título honorífico que se concedía en Alemania a altos funcionarios y catedráticos. ↩
Émile de Laveleye (1822-1892), economista belga, profesor en Lieja. ↩
«Sobre gustos no hay disputa». ↩
Alusión a las tres negaciones de Pedro (Mateo 26, 69-75). ↩
Juego de palabras con Sitte, «costumbre», y sittlich, «moral, morigerado». ↩
Voltaire (1694-1778); Pierre-Augustin Caron de Beaumarchais (1732-1799), cuyas memorias judiciales contra el consejero Goëzman fueron célebres por su sarcasmo; Paul-Louis Courier (1772-1825), helenista y panfletista francés, adversario de la Restauración. ↩
Ferdinand Lassalle (1825-1864), fundador de la Asociación General de Trabajadores Alemanes; según su «ley de bronce del salario», el salario medio queda siempre reducido al mínimo necesario para la subsistencia del obrero. ↩
Congreso del Partido Socialdemócrata alemán celebrado en Halle en octubre de 1890, el primero tras la derogación de la ley de excepción contra los socialistas. Wilhelm Liebknecht (1826-1900) y August Bebel (1840-1913), sus principales dirigentes. ↩
Aquí y en el párrafo siguiente el texto de la MEW dice verändert, «cambiado», en lugar de vermindert, «disminuido», que es lo que dicen el inglés de Gladstone citado en El capital («whether the extremes of poverty are less, I do not presume to say») y la versión de Marx en su segunda respuesta a Brentano (Documentos, n.º 6). Traducimos según este sentido. ↩
(Nota de Engels.) He aquí algo más de este discurso según Hansard: el número de paupers había bajado a 840.000. «Esto no incluye a los que dependen de instituciones benéficas ni a los que reciben limosnas privadas… Además de todo esto, piensen ustedes en los que se hallan en el límite de esa región, y en cuántos obreros luchan con valor viril, pero también con dificultad, por mantenerse por encima de la condición de paupers». En la parroquia de un clérigo del East End de Londres, de 13.000 almas, 12.000 estaban siempre al borde de la penuria en sentido literal; un conocido filántropo declaraba que había barrios enteros del East End donde nunca se veía un ómnibus ni un coche de alquiler, nunca música callejera, ni siquiera un mendigo… Los medios para librar la lucha por la existencia eran, ciertamente, algo mejores que antes (!)… En muchos lugares habían subido los salarios, pero en otros muchos no, etc. ¡Y esta jeremiada, un año después del pomposo anuncio de la elevación «sin precedentes»! ↩
(Nota de Engels.) Las cifras están tomadas en parte del censo de 1861 y en parte de los informes de la Children's Employment Commission de 1863-1867. ↩
Henry Julian Hunter, médico encargado de las investigaciones sobre la vivienda y la alimentación de los jornaleros agrícolas para los informes sobre la salud pública del Consejo Privado. ↩
James Edwin Thorold Rogers (1823-1890), economista e historiador inglés, diputado liberal, autor de A History of Agriculture and Prices in England, cuyos primeros tomos aparecieron en 1866. ↩
Arthur Young (1741-1820), agrónomo inglés, autor de relatos de viaje por la Inglaterra rural de su tiempo. ↩
El «hambre del algodón» (Cotton Famine): la crisis de la industria algodonera de Lancashire de 1861-1865, provocada por el bloqueo de los puertos de los estados del Sur durante la guerra civil norteamericana. ↩
John Watts (1818-1887), publicista de Manchester. ↩
Comisión sobre el empleo de los niños, creada en 1862, que publicó seis informes entre 1863 y 1867. ↩
De to sweat, «sudar»: intermediarios que hacían trabajar a destajo a domicilio o en talleres miserables (sweating system). ↩
En Inglaterra, paupers eran los pobres que recibían socorro de la beneficencia pública según la ley de pobres. ↩
«Manifiesto y Estatutos provisionales de la Asociación Internacional de los Trabajadores, fundada el 28 de septiembre de 1864 en un mitin público celebrado en St. Martin's Hall, Long Acre, Londres». Precio: un penique. Impreso en la redacción del periódico Bee-Hive, 10, Bolt Court, Fleet Street, 1864. The Bee-Hive era un semanario de las trade-unions de Londres. Véase el Manifiesto inaugural de la Asociación Internacional de los Trabajadores. ↩
Engels da a continuación su propia traducción alemana del pasaje inglés; la traducimos al español. ↩
Pasaje del capítulo XXIII del tomo I de El capital («La ley general de la acumulación capitalista»), apartado 5, en la tercera edición alemana (Hamburgo, 1883). Las notas de Marx, que allí llevan los números 101 a 106, van aquí numeradas con las demás. La última frase de la cita de Gladstone dice en esta edición verändert, «cambiado»; la primera edición decía vermindert, «disminuido», que corresponde al inglés de Gladstone (véase la nota del apartado VI sobre la misma variante). ↩
(Nota de Marx en El capital.) «Census etc.», l. c., p. 11. ↩
(Nota de Marx en El capital.) Gladstone en la Cámara de los Comunes, 13 de febrero de 1843: «It is one of the most melancholy features in the social state of the country, that while there was a decrease in the consuming power of the people, and an increase in the privations and distress of the labouring class and operatives, there was at the same time a constant accumulation of wealth in the upper classes and a constant increase of capital». ↩
(Nota de Marx en El capital.) «From 1842 to 1852 the taxable income of the country increased by 6 per cent ... In the 8 years from 1853 to 1861, it had increased from the basis taken in 1853, 20 per cent! The fact is so astonishing as to be almost incredible ... this intoxicating augmentation of wealth and power ... entirely confined to classes of property ... must be of indirect benefit to the labouring population, because it cheapens the commodities of general consumption - while the rich have been growing richer, the poor have been growing less poor! at any rate, whether the extremes of poverty are less, I do not presume to say» (Gladstone en la Cámara de los Comunes, 16 de abril de 1863). ↩
(Nota de Marx en El capital.) Véanse los datos oficiales en el libro azul Miscellaneous Statistics of the Un. Kingdom. Part VI, Londres, 1866, pp. 260-273 passim.
Adición a la 2.ª edición. En lugar de la estadística de los orfanatos, etc., podrían servir igualmente de prueba las declamaciones de los periódicos ministeriales para recomendar la dote de los hijos de la casa real. En ellas nunca se olvida la carestía de los víveres. ↩
Plusmacherei: término burlón de Marx para el afán de «hacer plus», de producir plusvalía. ↩
(Nota de Marx en El capital.) «Think of those who are on the border of that region» (pauperism), «wages ... in others not increased ... human life is but, in nine cases out of ten, a struggle for existence» (Gladstone, Cámara de los Comunes, 7 de abril de 1864). Las continuas y escandalosas contradicciones de los discursos de Gladstone sobre el presupuesto de 1863-1864 las caracteriza un escritor inglés con la siguiente cita de Molière:
«Voilà l'homme en effet. Il va du blanc au noir.
Il condamne au matin ses sentiments du soir.
Importun à tout autre, à soi même incommode,
Il change à tous moments d'esprit comme de mode».(The Theory of the Exchanges etc., Londres, 1864, p. 135.) [«Pensad en los que están al borde de esa región» (el pauperismo), «salarios… en otras [ramas] no han subido… la vida humana no es, en nueve casos de cada diez, más que una lucha por la existencia». Los versos dicen: «Así es el hombre, en efecto: pasa del blanco al negro, / condena por la mañana sus sentimientos de la víspera; / importuno para todos, molesto para sí mismo, / cambia a cada momento de opinión como de moda». Son en realidad de Boileau, Sátiras, VIII. Nota de la Escuela.] ↩
Henry Fawcett (1833-1884), economista, profesor en Cambridge y diputado liberal. Marx cita su libro The Economic Position of the British Labourer (Cambridge y Londres, 1865). ↩
(Nota de Marx en El capital.) H. Fawcett, l. c., pp. 67 y 82. En cuanto a la creciente dependencia de los obreros respecto del tendero, es consecuencia de las crecientes oscilaciones e interrupciones de su ocupación. ↩
(Nota de Brentano en la Concordia.) Reproducido en Der Volksstaat, n.º 5, del 17 de enero de 1872. ↩
Las cédulas (schedules) en que se dividía el impuesto británico sobre la renta según el origen de los ingresos. ↩
Der Volksstaat, órgano central del Partido Obrero Socialdemócrata, Leipzig, 1869-1876. Las dos respuestas de Marx (n.º 4 y n.º 6) se publican también aparte: Respuesta al primer artículo de Brentano y Respuesta al segundo artículo de Brentano. ↩
Edward Spencer Beesly (1831-1915), historiador positivista, profesor en el University College de Londres y amigo de la Internacional. ↩
El autor del folleto, publicado anónimo, era Henry Roy. ↩
(Nota de Marx.) Otras patrañas apologéticas del mismo discurso quedan despachadas en mi obra El capital (pp. 638 y 639). ↩
(Nota de Marx.) Las expresiones «easy classes», «classes in easy circumstances» las introdujo probablemente por primera vez Wakefield para la parte realmente rica de la clase poseedora. ↩
«¡Italia, Italia!»: el grito de los compañeros de Eneas al divisar por fin la costa italiana (Virgilio, Eneida, III, 523). ↩
Eduard Lasker (1829-1884), uno de los jefes del Partido Nacional Liberal en el Reichstag; August Bebel (1840-1913), dirigente del Partido Obrero Socialdemócrata. Marx alude a un incidente entre ambos en el Reichstag. ↩
Versos de Schiller, «Las palabras de la fe». ↩
Anthony John Mundella (1825-1897), fabricante de géneros de punto de Nottingham y diputado liberal. ↩
Es decir, casi un trimestre entero después de la aparición del artículo en la Concordia. Sin embargo, Der Volksstaat tuvo la desvergüenza, apenas catorce días después de publicar la réplica de Marx, de echarnos en cara que la habíamos «silenciado heroicamente». Creemos que Der Volksstaat no tiene motivo para estar tan impaciente por el segundo y más severo correctivo a su señor y maestro. Por lo demás, la causa del retraso de nuestra réplica estuvo, en parte, en que una de las fuentes citadas por M. no se encontraba aquí y hubo que hacerla venir de Inglaterra, y, en parte, en que para aclarar precisamente estas citas eran necesarios extractos bastante largos de las fuentes en cuestión, y, en consecuencia, el artículo anterior resultó de una extensión desacostumbrada, de modo que por razones de espacio nos vimos obligados a aplazarlo varias veces. La redacción de la Concordia. ↩
Así en el texto (Seite, «página»); Marx había indicado en su respuesta «p. 7, columna 5». ↩
Marx omite en su cita alemana en Der Volksstaat la última oración de relativo e intercala en su lugar: «el que» (Gladstone) «acababa de calificar de "este embriagador aumento de riqueza y de poder"». También en esta omisión e intercalación está de nuevo la intención de engañar al lector sobre el sentido de las palabras de Gladstone. Como prueban la oración de relativo omitida y, además, el contexto general, el sentido del discurso es el siguiente: el aumento de la riqueza que se desprende de las estadísticas del impuesto sobre la renta se limita, sí, solo a las clases poseedoras (porque a este impuesto solo están sujetas las personas que tienen una renta de 150 libras esterlinas o más), pero también en lo que se refiere a las clases trabajadoras sabemos, etc. [Nota de Brentano.] ↩
Adam Smith, La riqueza de las naciones, libro V, capítulo I. ↩
(Nota de Marx.) El profesor Beesly me llamó la atención por escrito sobre este quid pro quo. ↩
Los «libros azules» (Blue Books), publicaciones oficiales de documentos e informes del Parlamento británico, así llamadas por el color de sus cubiertas. ↩
(Nota de Marx.) «The middle or uneasy class» (England and America, Londres, 1833, t. I, p. 185). ↩
La derogación de las leyes de cereales en 1846 y la legislación librecambista que la siguió. ↩
(Nota de Marx.) El periódico de los fabricantes parece creer de verdad que los grandes periódicos de Londres no emplean taquígrafos para sus crónicas parlamentarias. ↩
Circumlocution Office, la oficina de la burocracia inútil satirizada por Dickens en La pequeña Dorrit (1855-1857). ↩
The Morning Star, diario de Londres (1856-1869), órgano de los librecambistas; The Morning Advertiser, diario de Londres, órgano de los taberneros y cerveceros. ↩
(Nota de Marx.) «Asno seguirás siendo por los siglos de los siglos». ↩
Nota añadida en la reedición: el profesor Beesly copió el pasaje que citaba del Manifiesto inaugural exactamente como figura en este. Y en este, naturalmente, el inciso figura sin comillas. [Nota de Brentano.] ↩
Edward Gibbon Wakefield (1796-1862), economista y teórico de la colonización. «The middle or uneasy class» no es el título de un libro, sino una expresión de su obra England and America (1833), como indica la nota de Marx citada más arriba. ↩
Nota añadida en la reedición: también aquí escamotea Marx las mismas frases que escamoteó al reproducir la crónica de The Times. Véanse las dos crónicas al principio. [Nota de Brentano.] ↩
Las cartas de Sedley Taylor y de Eleanor Marx (n.º 8 a 11) se escribieron en inglés; traducimos la versión alemana que da Engels. ↩
To-Day, revista mensual socialista publicada en Londres de 1883 a 1889. ↩
(Nota de Engels.) En la carta de acompañamiento a la redacción de To-Day, que no se reproduce aquí. ↩
Taylor da el pasaje de El capital según la traducción inglesa de la cita alemana; traducimos la versión alemana que da Engels, que reproduce el texto de El capital (véase el n.º 2). ↩
Estaban exentas del impuesto de 1842 a 1853 las rentas de hasta 150 libras esterlinas, y desde 1853 las de hasta 100 libras esterlinas. [Nota de la redacción de To-Day.] ↩
Dogberry, el alguacil necio de Mucho ruido y pocas nueces, de Shakespeare. ↩
La traducción inglesa del tomo I de El capital, hecha por Samuel Moore y Edward Aveling y revisada por Engels, apareció en Londres en 1887. La cuarta edición alemana, preparada por Engels, apareció en Hamburgo en 1890; su prólogo está fechado el 25 de junio de 1890. ↩
El pasaje, que Engels da en inglés, es el mismo que Marx cita y traduce en su respuesta del 1 de junio de 1872 (véase el n.º 4). ↩
En el original, «dies in zahmster Genossenschafterei machende Männlein»: alusión burlona a la propaganda de Taylor en favor de las cooperativas y de la participación en los beneficios. ↩
«Das also war des Pudels Kern!», palabras de Fausto cuando el perro de aguas se transforma en Mefistófeles (Goethe, Fausto, primera parte, «Gabinete de estudio»). ↩
Palabras de Falstaff cuando cuenta sus hazañas imaginarias (Shakespeare, Enrique IV, primera parte, acto II, escena 4), según la traducción alemana de Schlegel. ↩
Al modo de los combates caballerescos del Orlando furioso de Ludovico Ariosto. ↩
Lujo Brentano, Die Arbeitergilden der Gegenwart (Los gremios obreros del presente), 2 tomos, Leipzig, 1871-1872. ↩
Tersites, el soldado deslenguado y contrahecho que injuria a los jefes aqueos en la Ilíada (canto II). ↩
Franz Mehring (1846-1919), Die deutsche Socialdemokratie. Ihre Geschichte und ihre Lehre (Bremen, 1877), escrita cuando Mehring era todavía adversario de la socialdemocracia, a la que se unió en 1891. ↩
«De 1842 a 1852 la renta imponible del país aumentó un 6 %… ¡en los ocho años de 1853 a 1861 había aumentado, partiendo de la base de 1853, un 20 %! Mi honorable amigo dice que se debe al oro australiano. Siento ver que se ha perdido en los abismos de la herejía en la cuestión del oro. Este embriagador aumento de riqueza y de poder se limita por completo a las clases poseedoras, pero tiene que ser de ventaja indirecta para la población trabajadora, porque abarata los artículos de consumo general; ¡mientras los ricos se han hecho más ricos, los pobres se han hecho menos pobres! En todo caso, no me atrevo a decir si los extremos de la pobreza son menores». ↩
«Así es el hombre, en efecto: pasa del blanco al negro, / condena por la mañana sus sentimientos de la víspera; / importuno para todos, molesto para sí mismo, / cambia a cada momento de opinión como de moda». Los versos, que The Theory of the Exchanges y, siguiéndola, Marx atribuyen a Molière, son de Boileau (Sátiras, VIII). ↩
«La situación media del obrero británico ha mejorado durante los últimos veinte años en un grado que sabemos que es extraordinario y sin precedentes en la historia de cualquier país y de cualquier época, motivo del mayor agradecimiento, porque, etc.… las ganancias apenas han bastado para lo más necesario…». ↩
«No me atrevo a decir si los extremos de la pobreza son menos extremos de lo que eran». ↩
«Pero el ministro de Hacienda se muestra elocuente sobre la "pobreza"… "Pensad en los que están al borde de esa región…", sobre "salarios… en otras [ramas], es verdad, no han subido… la vida humana no es, en nueve casos de cada diez, más que una lucha por la existencia"». ↩
Así en el texto; en el n.º 13, Brentano da la fecha del 17 de abril de 1863. ↩
Las páginas que cita Brentano son las de su folleto Meine Polemik mit Karl Marx. Las tres crónicas, que en el original van en tres columnas paralelas, se dan aquí una tras otra; el texto de El capital va fragmentado como en Brentano, frente a los pasajes correspondientes de The Times. ↩
Las frases destacadas por Brentano en espaciado van en cursiva en esta edición. ↩
Las cinco crónicas dicen, con pequeñas variantes: «Puedo decir que yo, por mi parte, miraría con temor y aprensión este embriagador aumento de riqueza [y de poder] si creyera que se limita a las clases que se encuentran en circunstancias desahogadas. Este gran incremento de riqueza que he descrito, y que se basa en datos exactos, se limita por completo al aumento del capital y no tiene en cuenta a las clases más pobres» (Morning Herald, Morning Post, Daily News, Standard); el Daily Telegraph dice: «… si creyera que se limita a las masas que se encuentran en circunstancias desahogadas. Este incremento de riqueza no tiene en cuenta en absoluto la situación de la población trabajadora. El aumento mencionado es un aumento limitado por completo a las clases que poseen propiedad». ↩
Deutsches Wochenblatt, semanario publicado en Berlín de 1888 a 1900. ↩
Probablemente Otto Arendt (1854-1936), economista y político conservador, director del Deutsches Wochenblatt. ↩