Escrita en italiano por Friedrich Engels en Londres el 27 de octubre de 1894 y publicada en la Critica Sociale (Milán), n.º 21, 1 de noviembre de 1894. El original italiano no está disponible en una edición libre; traducimos de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 22 (Berlín, 1963, pp. 478-479), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.

A la redacción de la Critica Sociale1

En el momento en que el joven partido socialista italiano recibe los golpes de la más violenta reacción gubernamental, nosotros, los socialistas del otro lado de los Alpes, debemos intentar prestarle ayuda. Contra la disolución de las secciones y sociedades no podemos hacer nada,2 pero quizá nuestro testimonio no sea del todo inútil frente a las calumnias rencorosas y desvergonzadas de una prensa oficiosa y corrompida.

Esa prensa reprocha a los socialistas italianos que aparentan hacer propaganda marxista3 para ocultar bajo esa máscara una política completamente distinta, una política que proclama la «lucha de clases» (que «nos haría volver a la Edad Media») y que persigue la formación de un partido político cuyo objetivo es la «conquista del poder del Estado», mientras que los partidos socialistas de otros países, y en particular los socialistas alemanes, «no se ocupan de política, no atacan la forma de gobierno existente» y, en fin, no serían más que unos buenos diablos inofensivos con los que se puede uno permitir una bromita.

Si en esta cuestión alguien gasta bromas, es desde luego con el público italiano. No se atreverían a servirle semejantes burradas si no le supusieran una ignorancia completa de lo que sucede en el mundo. Cuando los socialistas italianos proclaman la «lucha de clases» como el factor dominante en la sociedad en que vivimos, cuando se constituyen en «un partido político que se propone conquistar el poder del Estado y dirigir los asuntos nacionales», hacen sin duda propaganda marxista en el verdadero sentido de la palabra, siguen exactamente la línea trazada en el Manifiesto del Partido Comunista que Marx y yo publicamos en 1848;4 hacen entonces exactamente lo mismo que hacen los partidos socialistas en Francia, en Bélgica, en Suiza, en España y, sobre todo, en Alemania. No hay uno solo de estos partidos que no aspire a la conquista del poder político, como lo hacen, por lo demás, los otros partidos: los conservadores, los liberales, los republicanos, etc., etc.

En cuanto a la «lucha de clases», no solo nos hace volver a la «Edad Media», sino también a los conflictos internos de las repúblicas de la Antigüedad: Atenas, Esparta, Roma. Todos esos conflictos fueron luchas de clases. Desde la disolución de la comunidad primitiva, la lucha entre las diversas clases de que se compone toda sociedad ha sido siempre la gran fuerza motriz del progreso histórico. Esa lucha solo desaparecerá con esas mismas clases, es decir, después de la victoria del socialismo. Hasta ese día, las clases enfrentadas, el proletariado, la burguesía y la nobleza terrateniente,5 seguirán combatiéndose entre sí, diga lo que diga la prensa oficiosa italiana.

Por lo demás, Italia tiene que pasar ahora la misma prueba que tuvo que pasar Alemania durante los doce años de la legislación de excepción.6 Alemania venció a Bismarck; la Italia socialista acabará con Crispi.7

Londres, 27 de octubre de 1894

Federico Engels

  1. Revista quincenal del socialismo italiano, fundada en Milán en 1891 y dirigida por Filippo Turati. ↩

  2. El 22 de octubre de 1894, en aplicación de las leyes de excepción de julio, el gobierno de Crispi disolvió el Partido Socialista de los Trabajadores Italianos y centenares de secciones, círculos y asociaciones obreras. ↩

  3. En el manuscrito se añade aquí: «según el modelo de los socialistas alemanes». ↩

  4. Véase el Manifiesto del Partido Comunista. ↩

  5. «El proletariado, la burguesía y la nobleza terrateniente» falta en el manuscrito, que tampoco nombra a Suiza en la enumeración anterior. ↩

  6. La ley contra los socialistas (Sozialistengesetz) estuvo en vigor en Alemania de octubre de 1878 a septiembre de 1890. ↩

  7. En el manuscrito esta frase dice: «Los alemanes vencieron a Bismarck; los italianos acabarán con Crispi». ↩