Carta de Friedrich Engels, de dieciocho años, a su hermana Marie, en Barmen, escrita en Bremen el 28 de septiembre de 1839. Traducida de Marx/Engels, Gesamtausgabe (MEGA¹), sección I, tomo 2 (Berlín, 1930), pp. 588-589, por la Escuela de marxismo, 2026. Se conserva completa. Las notas son nuestras. Texto original.
Br[emen], 28 de septiembre de 1839.
¡Querida Marie!
¡Ya era hora de que vuestra merced me escribiera, que bastante se ha hecho esperar, señorita!1 Pero quiero perdonarte tus graves delitos y contarte algo. Mañana hará quince días que fuimos a caballo a Delmenhorst. Es un pueblecito de Oldemburgo con un Tiergarten, un jardín de fieras, que se llama así porque los de Bremen y los de Oldemburgo siempre se meten en él;2 y cuando ya habíamos estado allí, dimos la vuelta… y llegamos a casa, ¿te crees? Pues sí, pero después de no pocas aventuras. Primero hice la mitad del camino en el cabriolé, y cuando llegamos al sitio donde tenían que devolverme el caballo, los jinetes aún no habían llegado, y tuvimos que entrar en una venta, beber cerveza mala y fumar puros malos. Por fin llegaron los jinetes; eran ya las ocho y estaba oscuro como boca de lobo. Cuando encontré mi caballo seguimos adelante, pagamos el portazgo y cruzamos la Neustadt.3 Allí, por la esquina, nos vienen derechos, en fila, ocho tambores tocando retreta, y los caballos empiezan a saltar de acá para allá, los tambores redoblan cada vez más fuerte, la generosa chiquillería de las calles de Bremen se pone a gritar, de modo que pronto nos vimos separados. R. Roth4 y yo fuimos los primeros en reunirnos y seguimos cabalgando hasta salir por el otro extremo de la ciudad, donde tuvimos que volver a pagar portazgo, porque el filisteo de los caballos vive fuera de la puerta. En su casa encontramos a los demás, a los que se les habían desbocado los caballos; desde allí nos fuimos a pie a casa y tuvimos que pagar el portazgo por tercera vez. ¿No es una historia interesante? No podrás negarlo, y menos aún cuando sepas que después, como era ya tarde para cenar en casa, me fui a la Union,5 comí un bistec con huevos y escuché una conversación muy entretenida que tenían a mi lado sobre cachorros y gatos muertos. Indeed, very interesting! very amusing!6 Es que ahora soy socio de la Union, que es lo mismo que en Barmen la Concordia o el reformatorio.7 Lo mejor que hay allí son los muchos periódicos, holandeses, ingleses, americanos, franceses, alemanes, turcos y japoneses. Con ese motivo he aprendido turco y japonés, y así entiendo ya veinticinco lenguas. Esto vuelve a ser interesantísimo de saber para una señorita que quiere ir a un pensionado de Mannheim.8 También estuvo aquí Jacob Schmitt;9 volverá la semana que viene y vendrá conmigo a la bodega del vino.10 Es, sin discusión, la mejor institución de Bremen. También tenemos otra vez teatro, pero todavía no he ido.
Farewell, my dear, yours for ever11
Friedrich.
Marie Engels (1824-1901), la hermana a la que Engels estuvo más unido; en 1845 se casó con el fabricante de Barmen Karl Emil Blank, también amigo político de Engels. «Vuestra merced» traduce Ew. Gnaden, tratamiento ceremonioso de broma; «señorita», Mamsell. ↩
Tiergarten: parque cercado, originalmente coto de caza; Engels juega con la palabra Tier, «animal, bestia». ↩
El barrio de Bremen a la orilla izquierda del Weser, camino de Delmenhorst. ↩
Richard Roth (1821-1858), amigo de juventud de Engels, de Barmen, que estaba también en Bremen; luego fue fabricante en Düsseldorf. ↩
Sociedad o casino de los comerciantes de Bremen, con sala de lectura y restaurante. ↩
«Por cierto, ¡muy interesante!, ¡muy divertido!». ↩
La Concordia era la sociedad recreativa de los burgueses de Barmen. Engels añade, en broma, Verbesserungsanstalt, «casa de corrección». ↩
Marie iba a entrar en el instituto de señoritas de la señorita Jung en Mannheim, donde le escribe Engels las cartas siguientes. ↩
Un conocido de la familia Engels. ↩
Weinkeller: seguramente la bodega del ayuntamiento de Bremen (Ratskeller), famosa por sus vinos del Rin, que Engels nombra en cartas posteriores. ↩
«Adiós, querida, tuyo para siempre». ↩