Escrito de Karl Marx, en nombre del editor de la Rheinische Zeitung, Jean Engelbert Renard, al presidente superior de la provincia del Rin, Justus von Schaper, en Coblenza; Colonia, 17 de noviembre de 1842.1 Se traduce el borrador original, escrito y corregido por Marx; según los editores de 1927, el escrito que firmó y presentó Renard coincide con el borrador corregido. Algunos pasajes que otra mano tachó después a lápiz se dan sin marca. El párrafo «Por lo demás, para demostrar al gobierno…» es un añadido de Marx que en el borrador está al final; se coloca, como en la edición de 1927, en el lugar que le corresponde. Traducido de la Marx-Engels-Gesamtausgabe, sección I, tomo 1, segundo semivolumen (Berlín, 1929), n.º 64, pp. 281-284, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original

¡Muy honorable señor presidente superior!

¡Ilustrísimo señor!

Vuestra Señoría me hizo presentar el día 12 del presente mes, por medio del señor presidente de gobierno von Gerlach,2 en Colonia, un rescripto del Ministerio de Censura y, además, dos disposiciones, y me hizo tomar declaración sobre ellas en acta. En consideración a la importancia de las aclaraciones que se me exigían, preferí, en lugar de pronunciarme de manera definitiva en el acta, dirigirme hoy por escrito a Vuestra Señoría.

  1. En lo que respecta al rescripto del Ministerio de Censura y, en particular, al requerimiento de que la Rh[einische] Z[eitung] cambie de tendencia y adopte una que sea grata al gobierno, solo puedo interpretar esta exigencia en relación con la forma, en cuya moderación se puede ceder en la medida en que lo permita el contenido. La tendencia de un periódico que, como la Rheinische, no es un mero amasijo sin convicciones de reseñas áridas y bajas adulaciones, sino que ilumina las relaciones e instituciones del Estado de la patria con una crítica consciente de un fin noble, aunque sea severa, solo puede ser, a nuestro parecer, según las opiniones de Su Majestad expresadas en la instrucción de censura publicada hace poco3 y a menudo también en otros lugares, una tendencia grata al gobierno. Por lo demás, al redactor responsable no se le ha dado a conocer hasta ahora ninguna desaprobación de esa tendencia. Y estando además la Rh. Z. sometida a la censura más estricta, ¿cómo podría justificarse su supresión como primera advertencia? La Rh. Z., puedo asegurárselo a Vuestra Señoría, seguirá contribuyendo en lo sucesivo, en cuanto de ella dependa, a abrir el camino del progreso, por el que Prusia precede al resto de Alemania. Pero precisamente por eso tengo que rechazar el reproche que se me hace en el rescripto, según el cual la Rh. Z. trataría de difundir en Renania simpatías e ideas francesas. La Rheinische Zeitung se ha impuesto más bien como tarea principal dirigir hacia Alemania las miradas que en tantos seguían fijas en Francia, y suscitar, en lugar de un liberalismo francés, un liberalismo alemán, que sin duda no puede ser desagradable al gobierno de Federico Guillermo IV. La Rh. Z. ha remitido siempre en esto a Prusia, de cuyo desarrollo depende el del resto de Alemania. Prueba de esta tendencia son los artículos sobre la «hegemonía prusiana», dirigidos polémicamente contra las aspiraciones antiprusianas de la Augsburger Zeitung. Lo prueban todos los artículos sobre la Unión Aduanera prusiana contra los artículos del Hamburger Korrespondent y de otros periódicos, en los que la Rh. Z. ha presentado con el mayor detalle la adhesión de Hannover, Mecklemburgo y las ciudades hanseáticas como lo único provechoso. Lo prueba sobre todo la constante referencia a la ciencia del norte de Alemania frente a la superficialidad no solo de las teorías francesas, sino también de las del sur de Alemania. La Rh. Zeitung fue el primer periódico renano, y del sur de Alemania en general, que introdujo el espíritu del norte de Alemania, el espíritu protestante, en la provincia del Rin y en el sur de Alemania; ¡y con qué podrían unirse de manera más inseparable los pueblos separados que con la unidad espiritual, que es el alma y la única garantía de la unidad política frente a todas las tormentas exteriores!

En lo que respecta a la tendencia supuestamente irreligiosa de la Rh. Z., las más altas autoridades no pueden ignorar que toda Alemania, y Prusia en especial, está dividida en dos campos sobre el contenido de una determinada fe positiva —y solo de esta se trata, no de la religión, que nunca hemos atacado ni atacaremos—, dos campos que cuentan entre sus defensores a hombres de alta posición en la ciencia y en el Estado. ¿Debe un periódico, en una lucha de la época todavía sin decidir, no tomar partido o tomar solo el partido que se le prescriba por vía oficial? Si no se le reprocha a Lutero haber atacado, contra el emperador y el Imperio, la única forma de existencia que tenía entonces el cristianismo, la Iglesia católica, y además en una forma desenfrenada que sobrepasaba toda medida, ¿ha de estar prohibido en un Estado protestante defender una opinión contraria al dogma actual, no con salidas frívolas aisladas, sino mediante exposiciones consecuentes de una ciencia seria y eminentemente alemana? Además, nunca hemos sobrepasado el terreno del periódico, sino que solo hemos tocado los dogmas, así como las doctrinas y situaciones eclesiásticas en general, en la medida en que otros periódicos querían convertir la religión en derecho del Estado y trasladarla de su propia esfera a la esfera de la política. Incluso nos será fácil respaldar cada una de nuestras afirmaciones con afirmaciones semejantes y más fuertes de un rey prusiano, Federico el Grande, y tenemos esa autoridad por una autoridad a la que los publicistas prusianos bien pueden apelar.

La Rheinische Zeitung puede creer, pues, que ha realizado de manera eminente el deseo de Su Majestad, expresado en la instrucción de censura, de una prensa independiente y liberal, y que con ello ha contribuido no poco a las bendiciones con que toda Alemania acompaña actualmente a Su Majestad nuestro rey en su ascendente carrera.

La Rh. Z., Vuestra Señoría, no se fundó por especulación de librero ni en espera de ganancia alguna. Un gran número de los hombres más respetados de Colonia y de la provincia del Rin, en justa indignación por el lamentable estado de la prensa alemana, creyeron que no podían honrar mejor la voluntad de Su Majestad el rey que fundando en la Rheinische Zeitung un monumento nacional, un periódico que hablara con carácter y sin temor el lenguaje de los hombres libres y que, cosa ciertamente rara, hiciera oír al rey la verdadera voz del pueblo. La difusión, rápida como ninguna, de este periódico demuestra hasta qué punto ha comprendido los deseos del pueblo. Para este fin aportaron aquellos hombres sus capitales, para este fin no escatimaron ningún sacrificio; y ahora decida Vuestra Señoría si yo, como órgano de esos hombres, puedo y debo declarar que la Rheinische Zeitung cambiará de tendencia, y si su supresión haría violencia a una persona privada y no más bien a la provincia del Rin y al espíritu alemán en general.

Por lo demás, para demostrar al gobierno hasta qué punto estoy dispuesto a satisfacer sus deseos en la medida en que sean compatibles con la vocación de un periódico independiente, prescindiré en lo posible, como ya viene ocurriendo desde hace algún tiempo, de todos los asuntos eclesiásticos y religiosos, salvo cuando otros periódicos y las propias circunstancias políticas hagan necesario referirse a ellos.

  1. En lo que respecta, en segundo lugar, a la exigencia de Vuestra Señoría de despedir inmediatamente al Dr. Rutenberg,4 ya el 14 de febrero declaré al presidente de gobierno von Gerlach que este no es en modo alguno redactor de la Rheinische Zeitung, sino que trabaja en ella solo como traductor. Ante la amenaza, que me comunicó el señor presidente von Gerlach, de suprimir inmediatamente el periódico si no se despedía de inmediato a Rutenberg, lo he apartado provisionalmente, cediendo a la fuerza, de toda participación en el periódico. Pero como no conozco ninguna disposición legal por la que pudiera justificarse este punto del rescripto, ruego a Vuestra Señoría que me indique tal disposición o, en su defecto, que decida con urgencia si se mantiene o no la resolución adoptada, a fin de que yo pueda reclamar mi derecho legal por la vía de las instancias correspondientes.

  2. En lo que respecta al tercer punto, la presentación de un nuevo redactor, según la ley de censura del 18 de octubre de 1819 solo las autoridades supremas de censura están autorizadas a exigir la presentación de otro redactor. No conozco ninguna disposición que transfiera esta facultad a los presidentes superiores. Ruego, por tanto, que se me indique, o en su defecto que se dicte una disposición del Ministerio de Censura que así lo ordene. Muy gustosamente, pero solo en ese caso, presentaré un redactor para su aprobación.

  1. Jean Engelbert Renard figuraba como editor y redactor responsable de la Rheinische Zeitung; Marx la dirigía de hecho desde octubre de 1842. El presidente superior (Oberpräsident) era la máxima autoridad de la provincia y residía en Coblenza. ↩

  2. Von Gerlach era el presidente del distrito de gobierno (Regierungsbezirk) de Colonia. ↩

  3. La instrucción de censura prusiana del 24 de diciembre de 1841; véanse las Observaciones sobre la reciente instrucción prusiana de censura de Marx. ↩

  4. Adolf Rutenberg (1808-1869), joven hegeliano de Berlín, cuñado de Bruno Bauer, había sido redactor de la sección alemana de la Rheinische Zeitung; el gobierno lo consideraba el inspirador de su tendencia. ↩