Carta de Friedrich Engels a Karl Marx, que vivía en París, escrita en Barmen hacia el 8-10 de octubre de 1844: el manuscrito no lleva fecha, y la de los editores de la MEGA¹ es aproximada. Es la carta más antigua de Engels a Marx que se conserva, y se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/1, Berlín, 1929, carta n.º 1, pp. 1-4) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.
Querido Marx:
Te extrañará que no te haya dado noticias antes, y tienes derecho a extrañarte; pero tampoco ahora puedo decirte nada todavía sobre mi vuelta ahí. Llevo tres semanas metido aquí en Barmen y me divierto como puedo, con pocos amigos y mucha familia, entre la que por suerte hay media docena de mujeres encantadoras. De trabajar aquí ni hablar, y menos aún desde que mi hermana se ha prometido con el comunista londinense Emil Blank, al que conoce Ewerbeck,1 y en casa, naturalmente, no hay más que un maldito ir y venir. Por lo demás, ya veo que a mi vuelta a París le van a poner todavía obstáculos considerables y que probablemente tendré que andar dando tumbos por Alemania medio año o un año entero; haré todo lo posible por evitarlo, claro, pero no te imaginas qué miramientos mezquinos y qué temores supersticiosos me salen al paso.
Estuve tres días en Colonia y me quedé asombrado de la enorme propaganda que hemos hecho allí. La gente es muy activa, pero se nota mucho la falta de un respaldo como es debido. Mientras los principios no estén desarrollados en un par de escritos, lógica e históricamente, a partir del modo de pensar y de la historia anteriores y como su continuación necesaria, todo seguirá siendo un medio dormitar y, en la mayoría, un tantear a ciegas. Luego estuve en Düsseldorf, donde también tenemos algunos tipos de valía. Pero los que más me gustan son, con todo, mis elberfeldenses, en quienes el modo humano de ver las cosas se ha hecho de verdad carne y sangre; estos tipos han empezado de veras a revolucionar la economía de sus casas y les cantan las cuarenta a sus viejos cada vez que se atreven a tratar con aires aristocráticos a los criados o a los obreros, y eso ya es mucho en el patriarcal Elberfeld. Además de esta camarilla, existe en Elberfeld otra, también muy buena, aunque algo más confusa. En Barmen el comisario de policía es comunista. Anteayer vino a verme un antiguo compañero de escuela, profesor de instituto, que también está muy contagiado sin haber tenido el menor contacto con comunistas. Si pudiéramos actuar directamente sobre el pueblo, pronto tendríamos la sartén por el mango, pero eso es casi imposible, sobre todo porque los que escribimos tenemos que estarnos quietos para que no nos echen el guante. Por lo demás, aquí se está muy seguro; mientras estemos quietos, nadie se ocupa mucho de nosotros, y creo que Hess,2 con sus temores, ve un poco fantasmas. Aquí no me han molestado en lo más mínimo, y solo el fiscal general preguntó una vez con mucho interés por mí a uno de los nuestros; eso es todo lo que ha llegado a mis oídos hasta ahora.
Aquí ha salido en el periódico que nuestro Gobierno ha hecho procesar ahí a Bernays3 y que lo han llevado a juicio. Escríbeme si es verdad, y también cómo va el folleto;4 ya estará terminado, supongo. De los Bauer5 aquí no se oye nada, nadie sabe nada de ellos. En cambio, los Anales6 todavía hoy se los quitan de las manos. Mi artículo sobre Carlyle7 me ha dado una fama enorme entre la «masa», cosa ridícula, mientras que el de economía8 lo ha leído muy poca gente. Es natural.
También en Elberfeld los señores pastores, por lo menos Krummacher,9 han predicado contra nosotros; por ahora solo contra el ateísmo de los jóvenes, pero espero que pronto venga detrás una filípica contra el comunismo. El verano pasado todo Elberfeld no hablaba más que de esos tipos sin Dios. En general, aquí hay un movimiento notable. Desde que me fui,10 el Wuppertal ha progresado en todos los sentidos más que en los últimos cincuenta años. El tono social se ha vuelto más civilizado; la participación en la política y el hacer oposición están a la orden del día; la industria ha hecho progresos rapidísimos; se han construido barrios nuevos y se han talado bosques enteros, y el conjunto está ahora más bien por encima que por debajo del nivel de la civilización alemana, cuando hace solo cuatro años estaba muy por debajo. En una palabra, aquí se prepara un terreno magnífico para nuestro principio, y cuando consigamos poner en movimiento a nuestros tintoreros y blanqueadores, salvajes y de sangre caliente, ya verás lo que es el Wuppertal. Los obreros han llegado ya hace un par de años al último peldaño de la vieja civilización; protestan contra la vieja organización social con un aumento vertiginoso de los delitos, los robos y los asesinatos. De noche las calles son muy inseguras; a la burguesía se la apalea, se la apuñala y se la roba; y si los proletarios de aquí se desarrollan según las mismas leyes que los ingleses, pronto comprenderán que esa manera de protestar contra el orden social como individuos y con violencia no sirve de nada, y protestarán como hombres, en su condición general, por medio del comunismo. ¡Si se les pudiera enseñar el camino a estos tipos! Pero es imposible.
Mi hermano11 está ahora de soldado en Colonia y, mientras no resulte sospechoso, será una buena dirección para enviar cartas para Hess, etc. Pero de momento ni yo mismo sé su dirección exacta, así que tampoco puedo dártela.
Desde que escribí lo anterior he estado en Elberfeld y he vuelto a toparme con un par de comunistas que antes no conocía de nada. Te vuelvas hacia donde te vuelvas, vayas adonde vayas, tropiezas con comunistas. Un comunista furibundo, caricaturista y aspirante a pintor de historia, llamado Seel,12 se va dentro de dos meses a París; os lo mandaré; el tipo os gustará por su entusiasmo, su pintura y su afición a la música, y como caricaturista puede servir mucho. Quizá para entonces ya esté yo mismo ahí, pero eso es todavía muy dudoso.
El Vorwärts!13 llega aquí en unos pocos ejemplares; me he ocupado de que otros se suscriban; di a la administración que mande ejemplares de muestra: a Elberfeld, a Richard Roth, a Wilhelm Blank-Hauptmann junior, a J. W. Strücker y al tabernero bávaro Meyer, de la Funkenstrasse (taberna comunista), y todo ello a través del librero comunista Bädeker,14 de allí mismo, y en sobre cerrado. Cuando los tipos vean que llegan ejemplares, también se suscribirán. A Düsseldorf, a W. Müller, doctor en medicina;15 a Colonia, si te parece, al doctor en medicina D’Ester,16 al tabernero Lölgen17 y a tu cuñado,18 etc. Todo, naturalmente, por medio de las librerías y en sobre cerrado.
Y ahora procura que los materiales que has reunido salgan pronto a la luz del mundo.19 Ya va siendo hora, diablos. Yo también me voy a poner a trabajar en serio y hoy mismo vuelvo a empezar. Los germanos están todavía muy a oscuras sobre si el comunismo se puede llevar a la práctica; para acabar con esa miseria voy a escribir un folleto que demuestre que la cosa ya está llevada a la práctica, y a describir de manera popular la práctica del comunismo que existe en Inglaterra y en América.20 El asunto me llevará tres días o así y les tiene que abrir mucho los ojos a estos tipos. Ya lo he visto en mis conversaciones con la gente de aquí.
Así que ¡a trabajar de firme y a imprimir deprisa! Saluda a Ewerbeck, a Bakunin, a Guerrier y a los demás, sin olvidar a tu mujer, y escríbeme muy pronto contándomelo todo. Si esta carta llega bien y sin abrir, escríbeme en sobre cerrado a «J. W. Strücker und Comp., Elberfeld», con la letra más comercial posible en la dirección; si no, a cualquiera de las otras direcciones que le di a Ewerbeck. Tengo curiosidad por ver si los sabuesos de Correos se dejan engañar por el aspecto de señorita que tiene esta carta.
Adiós, querido amigo, y escribe muy pronto. Desde entonces no he vuelto a estar de tan buen humor ni tan humanamente dispuesto como los diez días que pasé contigo. En cuanto al establecimiento que hay que establecer, todavía no he tenido ocasión de dar pasos en serio.
Emil Blank, comerciante alemán establecido en Londres, se casó en 1845 con Marie Engels, hermana de Friedrich. August Hermann Ewerbeck (1816-1860), médico, dirigía en París las comunidades de la Liga de los Justos. ↩
Moses Hess (1812-1875), escritor socialista, con quien Engels trabajaba entonces en la propaganda comunista de Renania. ↩
Karl Ludwig Bernays (1815-1879), redactor del Vorwärts! de París. Procesado a instancias del Gobierno prusiano, fue condenado en diciembre de 1844 a dos meses de cárcel y una multa. ↩
La sagrada familia, el primer libro común de Marx y Engels, dirigido contra Bruno Bauer y su círculo; véase nuestra traducción: La sagrada familia. ↩
Los hermanos Bruno, Edgar y Egbert Bauer, de Berlín. ↩
Los Anales franco-alemanes (Deutsch-Französische Jahrbücher), que Marx y Arnold Ruge publicaron en París en febrero de 1844; solo salió un cuaderno doble. ↩
«La situación de Inglaterra. Past and Present, de Thomas Carlyle», publicado en los Anales franco-alemanes. ↩
El «Esbozo de una crítica de la economía política», publicado en el mismo cuaderno. ↩
Friedrich Wilhelm Krummacher (1796-1868), predicador pietista de Elberfeld, del que Engels ya se había burlado en sus Cartas desde el Wuppertal. ↩
Engels se había marchado a Inglaterra en noviembre de 1842 para trabajar en Manchester, en la casa de comercio en la que su padre era socio; volvió a Barmen a comienzos de septiembre de 1844, después de pasar diez días con Marx en París. ↩
Hermann Engels. ↩
Richard Seel, pintor y caricaturista de Elberfeld. ↩
Vorwärts! («¡Adelante!»), periódico alemán que se publicaba dos veces por semana en París en 1844, en el que escribían Marx, Engels, Heine y otros. ↩
Julius Bädeker, librero y editor de Elberfeld. ↩
Probablemente Wolfgang Müller von Königswinter, médico y poeta de Düsseldorf. ↩
Karl Ludwig d’Ester (1813-1859), médico en Colonia, comunista, más tarde diputado en la Asamblea Nacional prusiana de 1848. ↩
En el manuscrito, «Löllchen»; los editores de la MEGA¹ corrigen el apellido. ↩
Edgar von Westphalen, hermano de Jenny Marx. ↩
La crítica de la política y de la economía política que Marx preparaba desde 1843-1844 y que no llegó a publicar en esa forma. ↩
No salió como folleto: Engels publicó el trabajo como artículo, la «Descripción de las colonias comunistas fundadas en los últimos tiempos y todavía existentes», publicada en el Deutsches Bürgerbuch für 1845. ↩