Carta de Friedrich Engels a Karl Marx, que vivía en Londres, escrita en Manchester el 6 de mayo de 1851 (el lugar y la fecha los establece la edición). Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/1, Berlín, 1929, carta n.º 88, pp. 193-194) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.

Querido Marx:

Mañana o pasado recibirás el giro postal. Nuestro contable tampoco tiene hoy cash.1

¿Desde cuándo usas para tus cartas el bonito sello que te adjunto, o es que le ha pasado algo?

Il paraît donc2 que toda la Neue Rheinische Zeitung va a estar reunida este verano en Londres, moins3 quizá Freiligrath y el honorarius Bürgers.4 Me alegra mucho que Lupus venga definitivamente.5 Por lo demás, ahora sé de cierto que lo de las Alien-Offices en la frontera de aquí es todavía mucho menos riguroso que antes,6 y que por tanto todo el escándalo por la prohibición de mandar refugiados aquí es puro humbug.7

La firma de la Mandrágora al pie de la proclama de Ginebra es de lo más extraña —une bévue inconcevable—,8 nueva prueba de que hay que tener a sharp look-out after these young men9 y atarlos corto. No puede ser más que una bévue; las cartas del pequeñajo eran de un celo excesivo, y quizá creyó dar un golpe genial. Hay que interrogarlo con dureza, echarle un rapapolvo y recomendarle: surtout pas de zèle!10

Uno de estos días te comunicaré un tratado económico de Wellington, del año 1811, sobre el free trade y el monopolio en el comercio colonial.11 El asunto es curioso, y como se refiere a las colonias españolas y no a las inglesas, puede hacer de freetrader, aunque desde el principio despotrica contra los comerciantes con un fanatismo aristocrático-militar. No pensaba que más tarde tendría que ayudar a aplicar esos principios a las colonias inglesas. Pero ahí está la gracia. Por haber vencido sin merecerlo a Napoleón, el viejo irlandés tuvo que sucumbir luego ante Cobden y pasar en économie politique12 por las horcas caudinas del free trade. ¡La historia universal da pie, desde luego, a muchas consideraciones agradables!

La disolución del gobierno provisional democrático de Londres para Alemania me ha llenado de pesar. Una ocasión tan hermosa de exponerse a la risa pública no se les volverá a presentar pronto a esos asnos. En cambio, el gran Franz Raveaux reanuda en la Kölnische Zeitung su polémica de camarilla con el señor Paul Franck y otros asnos. Ya está otra vez maduro para que lo elijan a algún manicomio nacional y para decir: «¡Señores, hoy ha vivío la ciudá de Colonia un gran día!»13 El bicho está en Bruselas. Nuestro amigo, el comandante Engels, ha llegado a general y primer comandante, y los filisteos le han dado un banquete en el que «nuestro Stupp» ha brindado por su salud.14 Ya ves que se puede llegar a algo aunque uno se llame Engels. Y el viejo cerdo gordo, antiguo teniente con Napoleón, se alegra en su discurso de agradecimiento del espíritu específicamente prusiano de la fiesta y de la ciudad de Colonia.

Por lo demás, estoy moralmente convencido de que Willich y compañía están incubando un plan grandioso para revolucionar Inglaterra durante la Exposición,15 aunque es igual de seguro que no moverán un dedo. ¡No se quedará en un hecho aislado!

El segundo sello de mis cartas es para el envío tardío. Con ese sello puedo mandar la carta hora y media después del cierre del correo ordinario, y sale aún en el mismo tren. Por lo demás, eso lo paga la casa.

Tu F. E.

  1. «Efectivo». Engels trabajaba desde finales de 1850 en la casa Ermen & Engels de Manchester, y desde allí mandaba regularmente dinero a Marx. ↩

  2. «Parece, pues». ↩

  3. «Menos». ↩

  4. Ferdinand Freiligrath, poeta, y Heinrich Bürgers, publicista, ambos de la redacción de la Neue Rheinische Zeitung (1848-1849). Bürgers fue detenido ese mismo mes en Dresde y fue uno de los acusados del proceso de los comunistas de Colonia (1852). Honorarius: «honorario», con ironía. ↩

  5. Wilhelm Wolff, «Lupus», redactor de la Neue Rheinische Zeitung, emigrado entonces en Suiza, de donde pasó poco después a Inglaterra. ↩

  6. Las oficinas de extranjeros (Alien-Offices) que controlaban la llegada de refugiados a los puertos ingleses. ↩

  7. «Patraña». ↩

  8. «Una pifia inconcebible». La Mandrágora (Alraun): apodo de uno de los jóvenes miembros de la Liga de los Comunistas emigrados en Suiza. ↩

  9. «Vigilar de cerca a estos jóvenes». ↩

  10. «¡Sobre todo, nada de celo!», frase atribuida a Talleyrand. ↩

  11. Arthur Wellesley, duque de Wellington, el vencedor de Waterloo, nacido en Irlanda; como jefe del Partido Tory se opuso a la abolición de las leyes de cereales (1846), que impuso la Liga contra las Leyes de Cereales de Richard Cobden, el portavoz del librecambio. ↩

  12. «En economía política». ↩

  13. Franz Raveaux, demócrata de Colonia, diputado en la Asamblea Nacional de Fráncfort y miembro del gobierno provisional de Baden en 1849, emigrado en Bruselas. Engels parodia, en dialecto de Colonia, una frase célebre de Raveaux en Fráncfort («Meine Herren, heute hat die Stadt Köln einen großen Tag erlebt»). ↩

  14. El comandante de la plaza de Colonia, un militar prusiano sin parentesco con Engels. Hermann Joseph Stupp, jurista conservador de Colonia, diputado en la Asamblea Nacional prusiana de 1848 (véase «La enmienda Stupp»). ↩

  15. La Exposición Universal de Londres, inaugurada el 1 de mayo de 1851 en el Crystal Palace. August Willich, antiguo oficial prusiano, jefe con Karl Schapper de la fracción que se separó de la Liga de los Comunistas en septiembre de 1850. ↩