Carta de Friedrich Engels a Karl Marx, que vivía en Londres, escrita en Manchester el 25 de abril de 1852. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/1, Berlín, 1929, carta n.º 165, pp. 341-342) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.

Querido Marx:

Ayer por la tarde recibí de Hain una nota, que te devolví ayer mismo junto con mi respuesta. Creo que después de esto el señor Hain pagará.

Te adjunto los stamps; pronto seguirán más. También te devuelvo los papeles. La carta de Ewerbeck es digna pareja de su libro. «¡Ayudadme contra Ribbentrop! ¡Lo denunciaré ante la democracia como hypocrite y débaucheur!»1 El hombre ha vuelto del todo a la infancia.

Tampoco el amigo Bruno2 ha crecido en sabiduría y en conocimiento de Dios. Il valait bien la peine3 poner en movimiento desde Berlín a la prensa americana para anunciar por este largo rodeo al mundo asombrado que los ejércitos continentales están para mantener el orden interior. El señor Bruno sigue representando la dialéctica hegeliana en el estadio de su más honda empantanación. Toda la profundidad de la concepción de la historia se limita, en este estadio de desarrollo, a demostrar con prolijidad los lugares comunes más banales, con un despliegue suficiente de pathos y de desarrollo aparente, y a presentarlos luego como un resultado completamente nuevo de la diligencia investigadora. Todo esto es soportable cuando se trata de historias pasadas hace mucho, pero cuando se le mistifica a uno de este modo el presente inmediato, ya es demasiado, y cualquier burro tiene que notar que detrás no hay nada. ¡Y qué profunda verdad: los gobiernos tienen razón contra las revoluciones porque estas aún no están maduras, pero las revoluciones también tienen razón contra los gobiernos porque representan las ideas del futuro, ciertamente de modo embrionario e inmaduro, pero sustancial; vieja ocurrencia hegeliana que, sin duda, ya no es nueva ni siquiera en América! Y siempre y eternamente el «mal humor», el «fastidio», la «indiferencia radical» del «burgués». «En algunos países luchan clases contra clases, en otros naciones contra naciones.» Bien mirado, esta frase tremendamente lista es todo lo que Bruno ha aprendido de la revolución.

Al señor Tellering, por lo visto, lo han echado de Francia como miembro vagabundo y sin patria del lumpenproletariado, que ni siquiera servía para la société du 10 Décembre.4

Si no sabes con seguridad que Dronke se fue voluntariamente a Alemania, me parece más probable que, como ya lo habían expulsado antes de Francia, esta vez lo hayan llevado no a una frontera cualquiera, sino a la alemana. El necio botarate, sin embargo, había conseguido felizmente abrirse paso hasta Nassau: ¿por qué se va a Coblenza, cuando habría hecho mucho mejor en ir a Hamburgo y de allí, donde nadie lo conoce y donde se habría encontrado con Weerth y con Strohn,5 y por tanto también con dinero, a Inglaterra? Pero desde Nassau, donde estaba tan cerca, lo atrajo evidentemente a Coblenza la esperanza de dinero, y si hubiera pasado, seguro que se habría ido a Colonia. Para los de Colonia es una suerte, con todo, que ya hayan pasado por la sala de acusación; si no, la detención de Dronke daría pie a nuevas instrucciones de seis meses. Pronto lo llevarán a Colonia y quizá intenten hacerle comparecer como testigo ante el jurado. Esta vez a él le está bien empleado. El dinero que pudiera necesitar lo habría conseguido sin duda en Fráncfort o se lo habría hecho mandar por Lassalle a cualquier parte; pero no, el pequeñajo tiene que ir a toda costa a Coblenza, donde lo conocen todos los gendarmes y todos los perros de la calle. En attendant il est sûrement logé.6

Tu F. E.

Manchester, 25 de abril de 1852.

  1. «Hipócrita» y «libertino». ↩

  2. Bruno Bauer (1809-1882), filósofo joven hegeliano, blanco de La sagrada familia; escribía entonces para el New-York Daily Tribune. ↩

  3. «Valía la pena». ↩

  4. La Sociedad del 10 de Diciembre, organización bonapartista formada en buena parte por lumpenproletarios, que Marx describe en El 18 Brumario de Luis Bonaparte, cap. V. ↩

  5. Wilhelm Strohn, miembro de la Liga, amigo de Marx y Engels, comerciante en Bradford. ↩

  6. «Mientras tanto, seguro que tiene alojamiento». En realidad, la noticia de la detención de Dronke en Coblenza resultó falsa (véase la carta de Engels del 29 de abril de 1852). ↩