Carta de Friedrich Engels a Karl Marx, que vivía en Londres, escrita en Manchester hacia el 21 de agosto de 1852 (la carta no lleva lugar ni fecha; la fecha la establece la edición). Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/1, Berlín, 1929, carta n.º 194, pp. 383-384) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.

Querido Marx:

Esta noche se traduce el final de tu artículo,1 y mañana o el jueves se hace el artículo Germany.2 Charles3 se ha ido de viaje unos días y tengo mucho que hacer en el Comptoir,4 de modo que muchas noches acabo con la cabeza hecha un lío.

Gracias por lo de historia militar. ¿Podrías mirar alguna vez, cuando tengas ocasión, si en el British Museum están: 1.º la revista militar austriaca desde 1848, 2.º el Militär-Wochenblatt prusiano, la Wehrzeitung de Berlín, 3.º otras revistas militares, sobre todo Revuen, también francesas, de 1848 en adelante? Y también una colección de la Augsburger Allgemeine Zeitung, sobre todo desde 1850.5 Me hacen mucha falta estas cosas y, si de alguna manera es posible, intentaría sacar tiempo para empollármelas allí, cuando llegue el momento.

El extracto de la carta de Cluss nos muestra al père Weydemeyer bajo una luz todavía más westfaliana de lo que nunca hubiéramos esperado. Bielefeld tout pur.6 Eso lo supera todo.

El final de Johann Gottfried es muy agradable. Al noble varón ya solo le queda la desconsoladora conciencia de haber cumplido con su deber y de hacer crecer el stock of bullion7 del Banco de Inglaterra. ¡Y encima resulta falso el documento del Morning Chronicle8 sobre el que había fundado su nueva fecha de la liberación del mundo, no ya en inciertas crisis comerciales, sino en un hecho seguro, inevitable!

La farsa Willich-Schily debe de haber acabado en risas. Pauvre9 Willich, ¡cuántas veces, entre los hombres de bien que lo acosan, echará de menos la compañía del Wolff rojo!10

¿Así que el astro de la libertad de Harney se ha extinguido?11

La crisis, desde luego, parece que quiere venir, aunque las quiebras recientes no han sido más que precursoras. Por desgracia, la cosecha en el nordeste de Alemania, en Polonia y en Rusia parece que va a ser pasable, y en algunos sitios buena. Aquí también le ha sentado bien a la cosecha el buen tiempo de estos días. Pero Francia sigue en el atolladero, y eso ya es mucho. El pequeño panic12 del mercado de dinero parece que ha pasado, los consolidados13 y las railway shares vuelven a subir con brío, money is easier, y la especulación sigue muy repartida entre el grano, el cotton, los steamboats, las mining operations, etc. En el cotton, sin embargo, ya se arriesga mucho: pese a que la cosecha se presenta hasta ahora excelente, los precios no dejan de subir, solo por el gran consumo y por la posibilidad de que haya una breve escasez de algodón antes de que lleguen los nuevos suministros. Por lo demás, no creo que esta vez la crisis vaya precedida de un furor especulativo en toda regla, y si las demás circunstancias son favorables, un par de malas partidas de las Indias Orientales, un panic en Nueva York, etc., demostrarán muy pronto que más de un virtuoso burgués ha montado calladamente toda clase de estafas. Y esas malas noticias decisivas de mercados saturados tienen que llegar pronto. A China y a las Indias Orientales se envía sin parar en masa, y sin embargo las noticias no son buenas; es más, Calcuta está decidedly overstocked y aquí y allá quiebran native dealers. No creo en una prosperity que dure más allá de octubre o noviembre; hasta Peter Ermen14 empieza a preocuparse.

De todos modos, depende mucho de la intensidad de la crisis que produzca enseguida una revolución; enseguida, es decir, en seis u ocho meses. La mala cosecha en Francia tiene todo el air de que allí va a pasar algo; pero si la crisis se vuelve crónica y la cosecha resulta al final algo mejor de lo esperado, la cosa todavía puede durar hasta 1854. Confieso que me gustaría tener todavía un año para empollar; aún me queda mucho por estudiar.

Australia también hace daño. Primero, directamente, por el oro y por el cese de todas sus demás exportaciones, así como por el consiguiente aumento de la importación de todas las commodities; luego, por la salida de la surplus population de aquí, at the rate of 5000 a week.15 California y Australia son dos casos que no estaban previstos en el Manifiesto:16 la creación de grandes mercados nuevos de la nada. Todavía hay que incorporarlos.

Tuyo, F. E.

  1. Marx escribía todavía en alemán sus artículos para el New-York Daily Tribune, y Engels los traducía al inglés. ↩

  2. Una nueva entrega de la serie de Engels Revolución y contrarrevolución en Alemania, que salía en la Tribune con la firma de Marx. ↩

  3. Charles Roesgen, empleado de la firma Ermen & Engels en Manchester. ↩

  4. «Oficina», «escritorio». ↩

  5. Engels reunía material para su escrito sobre la guerra de Hungría de 1848-1849. Revuen: revistas; la Augsburger Allgemeine Zeitung era el principal diario alemán de la época. ↩

  6. «Bielefeld en estado puro». Weydemeyer era westfaliano, y en Bielefeld vivía Rudolf Rempel, uno de los westfalianos que en 1846 dejaron colgados a Marx y Engels con La ideología alemana (véase la carta de Marx del 19 de agosto). Père: «padre», aquí «el bueno de». ↩

  7. «Las reservas de metálico». ↩

  8. Diario liberal de Londres. ↩

  9. «Pobre». ↩

  10. Ferdinand Wolff (1812-1895), antiguo redactor de la Neue Rheinische Zeitung, llamado «el Wolff rojo» para distinguirlo de Wilhelm Wolff, «Lupus». ↩

  11. Alusión al Star of Freedom, el periódico de George Julian Harney. ↩

  12. «Pánico». ↩

  13. Los títulos de la deuda pública británica. Railway shares: acciones de ferrocarriles; money is easier: el dinero está más barato; cotton: algodón; steamboats: vapores; mining operations: negocios mineros; decidedly overstocked: decididamente saturada de existencias; native dealers: comerciantes indígenas; prosperity: prosperidad; air: aire; commodities: mercancías. ↩

  14. Uno de los hermanos Ermen, socios del padre de Engels en Ermen & Engels. ↩

  15. «La población sobrante», «a razón de 5000 por semana». En 1851 se había descubierto oro en Australia, como en 1848 en California, y la emigración a las minas era masiva. ↩

  16. El Manifiesto del Partido Comunista (1848). ↩