Carta de Karl Marx a Friedrich Engels, que vivía en Manchester, escrita en Londres el 5 de marzo de 1856. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/2, Berlín, 1930, carta n.º 377, pp. 115-121) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.
5 de marzo de 1856. 28, Dean Street, Soho.
Dear Frederic:
La semana que viene someteré el Heffter a un examen más detenido. Si tiene material, lo encargo. Un libro muy miserable es el de Eichhoff: «Histoire de la langue et de la littérature des Slaves. París, 1839».1 Aparte de la parte gramatical, que no puedo juzgar (aunque me llama la atención que declare eslavos a los lituanos y los letones; ¿no es eso un nonsense?), lo demás es en su mayor parte plagio de Šafárik. El tipo da también muestras de las poesías nacionales de los eslavos en las lenguas originales, junto con una traducción francesa. Entre ellas encontré también la Expedición de Ígor. El sentido del poema es una exhortación a la unidad dirigida a los príncipes rusos, justo antes de la invasión de las verdaderas hordas mongolas. Es curioso un pasaje del poema: «He aquí que las hermosas muchachas de los godos entonan sus cantos a orillas del mar Negro». Según esto, los getas o los godos habrían celebrado la victoria de los polovtsianos turcos sobre los rusos. Todo el cantar es cristiano-heroico, aunque todavía transparentan con fuerza los elementos paganos. En cambio, el cantar heroico bohemio Záboj (¿Samo?), de la colección de poemas heroicos de los bohemios publicada en traducción alemana por Hanka y Swoboda, es enteramente polémico y fanático contra los alemanes.2 Parece dirigido contra un capitano alemán de Dagoberto al que los bohemios apalearon.3 Pero es tanto un grito de venganza contra el cristianismo como contra los alemanes, a los que, entre otras cosas, se reprocha en forma poética muy ingenua que quieran obligar a los buenos bohemios a contentarse con una sola mujer. De poesía popular —de la que los polacos no tienen ninguna, salvo la «Oración de Adalberto» a la Madre de Dios— he encontrado además:
Götze: «El príncipe Vladímir y su tabla redonda». 1819. «Voces del pueblo ruso». 1828.
Kapper (Siegfried): «Melodías eslavas». Leipzig, 1844. Del mismo, «Los cantos de los serbios». 1852. (Más completo que el de la Jakob.)4 Por último, de Vuk Stefanović, «Cantos nupciales serbios». En alemán, de E. Wesely. Pest, 1826.5
Escritos que me han llamado la atención y que quiero mirar para ti la semana que viene, además del de Cyprien y el de Desprez: «Viajes por el sur eslavo en el verano de 1850». 2 vols. Leipzig, 1851. (Traducido también al inglés.) «Consideraciones sobre el principado de Serbia». Viena, 1851. «El movimiento serbio en el sur de Hungría». 1851, Berlín. «Eslavismo y seudomagiarismo. De los amigos de todos los hombres, enemigos solo de los seudomagiares». Leipzig, 1845. «Las quejas y lamentos de los eslavos en Hungría». Leipzig, 1843.
No recuerdo si la Neue Preußische Zeitung llega a Manchester.6 Ahora es muy interesante. El gobierno prusiano, como antaño Luis XVIII, ha encontrado ahora su chambre introuvable,7 y el gobierno burocrático empieza a tener miedo de los hidalgüelos de aldea que se toman en serio su victoria. Al tratar de las relaciones municipales, judiciales y de propiedad de la tierra en el campo, donde, como dice el viejo Dolleschall, «se trata del pan», las colisiones en la Cámara prusiana se vuelven serias. Habrás visto, entre otras cosas, que el conde Pfeil reclamó para los señores el privilegio de hacer apalear a su gente, y se jactó de tales hazañas cometidas por él mismo. La izquierda ha desenterrado ahora carteles murales del año 1848 firmados por el mismo Pfeil en 1848 y escritos del todo en el tono «del año loco». Ha habido duelos entre los dos lados, y hoy la Neue Preußische Zeitung trae un leader, un artículo de fondo, en el que dice sin rodeos que en su partido hay «canallas réprobos», igual que en el partido liberal hay gente muy «noble». Predica «moderación», «reconciliación», «lucha de principios, pero no personalismos». La izquierda debería pensar que «la Montaña siempre se come a la Gironda». Debería considerar que, «haya paz o no, a Prusia le esperan grandes disturbios, interiores o exteriores», y que la «escisión de los partidos» sería en este momento un «suicidio». ¿No es delicioso? Y en Prusia ningún gallo canta por la Cámara y sus escisiones. Tanto más importante esta confesión de miedo. El padre Leo ha dado ante el rey una conferencia sobre Münzer (impresa en parte en la Neue Preußische).8 Se diría que está dirigida directamente contra tu artículo de la Revue de la Neue Rheinische Zeitung.9 La Reforma, naturalmente, tiene que quedar libre del reproche de ser la madre de la revolución. Münzer era un «iluminado», que decía: «intelligo ut credam». Lutero decía: «credo ut intelligam».10 La Spenersche ha contestado que Lutero, en sus últimos años, se arrepintió del miserable papel político que había desempeñado, etc.11 Ya ves que la fermentación irrumpe incluso en la capa oficial.
A propósito de la Reforma, Austria sentó desde el principio las bases de la peligrosidad de los eslavos, cuando todas sus tribus, salvo los rusos, se inclinaban por la Reforma. Con la Reforma, la traducción de la Biblia a todos los dialectos populares eslavos. Con ello, desde luego, el despertar de la nacionalidad. Por otro lado, una profunda alianza con el Norte alemán protestante. Si Austria no hubiera aplastado ese movimiento, en el protestantismo se habrían levantado tanto la base del predominio del espíritu alemán como otros tantos baluartes contra la Rusia ortodoxa. Austria ha metido a los alemanes en todos los fangos y ha preparado el terreno a los rusos tanto en Alemania como en Oriente.
¿Has leído la sesión del Parlamento del viernes pasado, en la que Evans reprocha a Palmerston que él le había advertido hace tres meses y medio sobre lo de Kars y que este se había hecho el incrédulo; en la que cuenta que Panmure, en el despacho en que escribe a Simpson: «Ha sido nombrado sucesor de Raglan», añade: «Take care of Dowb!», y que el desgraciado Simpson contesta: «Repita su despacho», y entonces Panmure, «Lord Carnot», como lo llama Evans, «take care of Dowbiggin», uno de sus primos;12 en la que, por último, Lord Hamilton acusa a Evans de haber aconsejado a Raglan, después de la batalla de Inkerman, que abandonara los cañones y las trincheras y embarcara al ejército inglés? Anteayer el pobre Evans hizo amende honorable.13 La traición en Kars parece desprenderse con bastante claridad del escrito de un tal Swan, que acaba de volver de Oriente: traición no durante los últimos días, sino antes, para provocar la situación.
Vamos con Seiler. El susodicho embarcó hace unas tres semanas en el vapor de Southampton para América, porque el sheriff empezaba a perseguirle, con el firme propósito de telegrafiar desde Halifax a la Staatszeitung de Nueva York, en la que antes escribía: «Sebastian Seiler, el famoso autor del Kaspar Hauser, ha desembarcado felizmente en la orilla occidental del océano Atlántico».14 El gran hombre ha dejado aquí su Alejandro II, 55 páginas, en su mayoría extractos de la Augsburger Allgemeine Zeitung, del que hubo que mandarle enseguida una copia. Porque ha de aparecer a los dos lados del océano. Con este fregado ha hecho mucha comedia; ha puesto a copiarlo a su mujer, a su cuñada, etc., de modo que todas estaban y están bewildered15 por la laboriosidad «de hierro» del poor Sebastian. Las negociaciones con los libreros de Londres sobre este Alejandro II le servían para disimular con erudición sus «recados de negocios» a Londres, donde examinaba a diario con todo cuidado la calidad de la langosta y de otros seres, entre ellos también la «Ommelette» francesa. Además de este Alejandro ha dejado otras pestilencias. Recordarás que Liebknecht le firmó una letra, cebado por la necia ilusión de que Seiler le cedería algunas libras de lo descontado. La letra venció, pero no fue presentada. Seiler fanfarroneó de haberla pagado. Solo la había renovado. Dos días después de su marcha, Liebknecht recibe carta de un abogado de la City: que pague la letra. Pieper, al que la cuñada de Seiler, la de las gafas verdes, quiere por sus ojos de cristal, fue enviado al verdulero. Espanto en la family. Resulta que Sebastian ya había recibido el dinero para pagar la letra, pero se lo había bebido. Sin embargo, el amor todo lo vence, y su mujer está convencida de que solo puede exigir amor una vez, y solo de Sebastian. Así que trata de arreglarlo. Pero el verdulero, serio y sombrío, cada día más ilustrado sobre los whereabouts of his dear son in law.16 La cosa sigue pendiente. Entretanto, llegan cada día nuevas letras, supuestamente pagadas.
Levy. Enviado por los obreros de Düsseldorf con un doble encargo: 1, denunciar a Lassalle. Y creo, después de un examen muy riguroso, que tienen razón. Lassalle, desde que la condesa recibió sus 300 000 táleros, está completamente cambiado; rechaza deliberadamente a los obreros, es un sibarita, coquetea con los azules.17 Le reprochan además que ha explotado constantemente al partido para sus porquerías privadas y que quería utilizar a los propios obreros para crímenes privados en interés del proceso. El proceso terminó así: el administrador del conde Hatzfeldt, Stockum, del que sabes que más tarde fue condenado por el tribunal de jurados a cinco años de presidio, se había peleado con el conde. Hizo saber a Lassalle que poseía documentos que llevarían al conde a la cárcel por perjurio, falsificación, etc. Lassalle le promete 10 000 táleros. Por otro lado, Lassalle convence al fiscal Kösteritz (al que este asunto obligó a pedir el retiro) de que haga saber al conde Hatzfeldt que hay una acusación contra él. Hatzfeldt ya está huyendo a París cuando Lassalle le entrega los papeles comprometedores a cambio de la firma del convenio con la condesa y retira la acusación. (Kösteritz, naturalmente, actúa como puro instrument suyo.) Así que no fue su agudeza jurídica, sino una intriga de lo más vulgar, lo que provocó el súbito final del proceso. Los 10 000 táleros a Stockum Lassalle no los pagó, y los obreros dicen con razón que una deslealtad así solo sería disculpable si hubiera entregado el dinero al partido en lugar de escamoteárselo para la condesa. Cuentan una masa de bajezas privadas que no puedo reproducir, porque se me olvida una con otra. Entre otras: Lassalle jugaba con títulos de deuda extranjeros con el Scheuer de Düsseldorf, que le adelantaba el dinero para ello. Perdieron. Scheuer, entretanto, quebró. Lassalle gana el proceso. Scheuer le reclama el dinero que le adelantó. Este le remite con sorna a un § 6 del Código en el que se prohíbe jugar en bolsas extranjeras. Los obreros dicen que se lo habían pasado todo a Lassalle con el pretexto de que, por honor, estaba metido en el proceso. Ahora que lo ha ganado, en lugar de hacerse pagar su trabajo por la condesa y hacerse independiente, vive vergonzosamente bajo su yugo como homme entretenu,18 without any pretext whatever.19 Siempre había fanfarroneado de lo que haría en cuanto ganara el proceso. Ahora los aparta a un lado, deliberadamente y en tono provocador, como instrumentos superfluos. Todavía asistió a un mitin (privado), el día de Año Nuevo, porque estaba presente un coronel francés. Para asombro de todos, ante 60 obreros no habló más que de la «lucha de la civilización contra la barbarie», a la manera de las potencias occidentales, contra Rusia. Su plan era ir a Berlín, hacer allí de gran señor y abrir un salón. A su vuelta de allí, en presencia de Levy, prometió a la condesa «crearle una corte de literatos». Delante de Levy también, expresaba constantemente sus «ansias de dictador», etc., etc. (parece que se toma a sí mismo de muy distinta manera de como lo tomamos nosotros; se cree capaz de conquistar el mundo porque fue implacable en una intriga privada, como si un hombre de verdad importante fuera a sacrificar diez años a semejante bagatela). Lo peligroso que es, por lo demás: para colar a un hombre del partido obrero en la policía como falso espía, le dio una de mis cartas, de la que debía decir que se la había robado, para acreditarse así. Los obreros dicen además: con su manera diplomática no se habría puesto tan duro con ellos si no se propusiera directamente pasarse al partido burgués. Pero se cree con influencia suficiente para, en el momento de una insurrección, embaucarlos subiéndose a la mesa, arengando a las masas, etc. Tan grande es el odio contra él, dice Levy, que, decidiéramos lo que decidiéramos, los obreros lo matarían si en el momento del movimiento estuviera en Düsseldorf. Por lo demás, están convencidos de que, a su debido tiempo, si se entera de algo sospechoso, se pondrá a buen recaudo en otra parte.
Todo esto son solo detalles, oídos y fijados a trechos. El conjunto nos ha causado a Freiligrath y a mí una impresión definitiva, por mucho que yo estuviera a favor de Lassalle y por desconfiado que sea con los chismes obreros. Le he dicho a Levy que, naturalmente, era imposible llegar a una conclusión por el informe de una sola parte; que la sospecha era útil en todo caso; que siguieran vigilando al hombre, pero que evitaran de momento todo escándalo público; que quizá encontraríamos ocasión de obligar a Lassalle a tomar una posición clara, etc., etc.
Qu'en pensez-vous?20 También me gustaría saber la opinión de Lupus.
- El segundo propósito de la misión de Levy era informarme sobre la situación obrera en la provincia del Rin. Los obreros de Düsseldorf siguen en contacto con los de Colonia, entre los que ya «no hay señores». Pero la propaganda principal se hace ahora entre los obreros fabriles de Solingen, Iserlohn y alrededores, Elberfeld y la zona de Berg y Westfalia. En los distritos del hierro los tipos quieren lanzarse a la fuerza, y solo se les puede contener con la perspectiva de una revolución francesa y con que «los de Londres creen que todavía no ha llegado el momento». Si la cosa se alarga mucho, Levy cree que difícilmente se podrá impedir un motín. En todo caso, una insurrección en París daría la señal. La gente parece firmemente convencida de que nosotros y nuestros amigos acudiremos a ellos desde el primer momento. Sienten, naturalmente, la necesidad de jefes políticos y militares. Eso no se le puede reprochar a la gente en absoluto. Pero me temo que, con sus planes sumamente primitivos, los habrán aplastado cuatro veces antes de que nosotros hayamos salido siquiera de Inglaterra. En todo caso, uno les debe exponer con exactitud, desde el punto de vista militar, lo que es factible y lo que no lo es. Les he declarado, of course, que, si las circunstancias lo permitían, nos presentaríamos con los obreros renanos; que todo motín por su cuenta, sin iniciativa en París, Viena o Berlín, sería una estupidez; que, si París daba la señal, convendría arriesgarlo todo en cualquier caso, porque entonces incluso una derrota momentánea solo podría tener malas consecuencias momentáneas; que yo consultaría seriamente con mis amigos la cuestión de qué se podía hacer en la provincia del Rin directamente a partir de la población obrera, y que dentro de algún tiempo volvieran a mandar a alguien a Londres, pero que no hicieran nada sin ponerse antes de acuerdo.
Los curtidores de Elberfeld (¿o de Barmen?), que en 1848 y 1849 fueron completamente reaccionarios, están ahora especialmente deseosos de revolución. Levy me ha asegurado que entre los obreros del Wupper se te considera a ti personalmente «su» hombre.21 En el Rin, por lo demás, parece bastante extendida la fe en una revolución en Francia, y hasta los filisteos dicen: esta vez irá de otra manera que en 1848. Esta vez vendrá gente como Robespierre, etc., en lugar de los charlatanes de 1848. El prestigio de la democracia, por lo menos en el Rin, ha caído muy low.22
Salut.
Tu K. M.
Frédéric-Gustave Eichhoff, filólogo francés. ↩
Záboj forma parte del manuscrito de Králové Dvůr (Königinhof), que Václav Hanka dijo haber descubierto en 1817 y que más tarde se demostró que era una falsificación. ↩
Dagoberto I, rey de los francos, combatió en el siglo VII contra el reino eslavo de Samo. ↩
Talvj (Therese Albertine Luise von Jakob), traductora de los Volkslieder der Serben (1825-1826). ↩
Vuk Stefanović Karadžić, el reformador de la lengua serbia y recopilador de sus cantos populares. ↩
El diario conservador de Berlín, llamado Kreuzzeitung por la cruz de su cabecera. ↩
«Cámara inencontrable»: la cámara de diputados ultrarrealista de 1815, más realista que el rey. ↩
Heinrich Leo, historiador conservador de Halle. El rey de Prusia era Federico Guillermo IV. ↩
La guerra campesina en Alemania, de Engels, publicada en la Neue Rheinische Zeitung. Politisch-ökonomische Revue en 1850. ↩
«Comprendo para creer»; «creo para comprender». ↩
La Spenersche Zeitung, diario de Berlín. ↩
El general Sir George de Lacy Evans; Lord Panmure, ministro de la Guerra; el general James Simpson, que sucedió a Lord Raglan, muerto en junio de 1855, en el mando del ejército británico en Crimea. Lazare Carnot organizó los ejércitos de la Revolución francesa. ↩
«Pública retractación». ↩
La New-Yorker Staats-Zeitung, diario alemán de Nueva York. Véase la carta del 13 de febrero de 1856. ↩
«Desconcertadas». ↩
«El paradero de su querido yerno». ↩
Ferdinand Lassalle había llevado durante años los pleitos de la condesa Sophie von Hatzfeldt contra su marido, que terminaron en 1854 con un convenio favorable a ella. ↩
«Hombre mantenido». ↩
«Sin pretexto alguno». Marx escribe wathever. ↩
«¿Qué os parece?». ↩
El valle del Wupper, con Elberfeld y Barmen, donde había nacido Engels. ↩
«Bajo». ↩