Carta de Karl Marx a Friedrich Engels, que vivía en Manchester, escrita en Londres el 20 de enero de 1857. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/2, Berlín, 1930, carta n.º 407, pp. 163-165) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.

20 de enero de 1857.

9, Grafton Terrace, Maitland Park, Haverstock Hill.

Querido Engels:

Soy un desgraciado de pies a cabeza. Desde hace unas tres semanas el señor Dana1 me manda la Tribune diaria, por lo visto con la sola intención de enseñarme que ya no publican nada mío. Salvo unas 40 líneas sobre [...?...]2 del Banco de Francia, no han recogido ni una sola línea mía. Semana tras semana he ido aplazando el giro de letras contra la Tribune,3 porque creía que los artículos saldrían más tarde, but nothing of the sort.4 Mis artículos sobre Prusia, sobre Persia, sobre Austria: todos rejected5 por igual. Después de haber publicado esos perros durante unos cuatro años todas mis cosas (y las tuyas too) con su propio nombre,6 han conseguido así eclipsar ante los yanquis mi nombre, que iba en aumento y que me habría permitido encontrar otro periódico o amenazarlos con pasarme a otro periódico. Que faire?7 Difícil saber qué hacer in these circumstances.8 En cuanto gire una letra, aprovecharán la ocasión para despedirme definitivamente, y escribir dos veces por semana con la posibilidad de que de cada diez artículos quizá uno se publique y se pague es una práctica demasiado ruinosa para seguir con ella. ¿Y cómo voy a girar letras si no se publica nada?

A eso se suma otra desgracia. He mirado el Putnam de noviembre, diciembre y enero. El artículo de Bazancourt9 no está. O se ha perdido (aunque yo mismo lo llevé a la oficina central de correos) o saldrá más adelante. Que esos tipos lo hayan recibido, no lo quieran publicar y no me lo hayan comunicado es una suposición demasiado grosera para admitirla.

Con los urquhartistas10 todavía no he conseguido llegar a unas condiciones fijas, y además su periodiquito es minúsculo y da en un mes pedacitos de un artículo que a menudo no termina hasta cinco o seis semanas después. En el mejor de los casos solo pueden servir como pequeña fuente secundaria. La Tribune, además, en sus leaders11 miserables y aguados, sostiene más o menos la opinión contraria a todo lo que yo le escribo. La Russian influence12 es inconfundible.

Estoy, pues, completamente varado, en una casa en la que he metido mis pocos ahorros y en la que es imposible ir trampeando de un día para otro como en Dean Street;13 sin perspectivas y con gastos familiares cada vez mayores. No sé en absoluto qué hacer, y en realidad estoy en una situación más desesperada que hace cinco años. Creía haberme tragado ya la quintaesencia de la mierda. Mais non.14 Y lo peor es que esta crisis no es pasajera. No veo cómo voy a salir de esta.

El lamentable desplome de las fanfarronadas suizas era de prever. Ninguna force supérieure15 obligaba a esos tipos to eat dirt.16 Porque, como Cornelius17 pudo comprobar en persona en París, el descontento no solo entre los parisinos, sino también en el ejército, era tan grande que Bonaparte no habría podido de ningún modo permitir a los prusianos operaciones militares serias, y menos que en ningún sitio en la frontera francesa. De ahí sus efforts18 por arreglar el asunto. El ridículo de los suizos solo se ha conseguido a través del de Bonaparte, que primero dio garantías por Suiza ante los prusianos y despotricó en el Moniteur19 cuando ella rechazó su competencia, y luego dio garantías por Prusia ante Suiza y ahora se ve obligado a confesar en articulillos semioficiales que Prusia no se ha comprometido a nada con él. Ha refrendado formalmente el mentís que ha recibido de la Neue Preußische Zeitung.20 Tan bajo ha caído el tipo, mientras su medio hermano Morny21 ha tomado la precaución de asegurarse un puesto al servicio del Estado ruso.

No sé si has visto que el señor Ledru-Rollin22 ha exhortado a los «republicanos» franceses a votar en las elecciones al corps législatif23 de Boustrapa.24 Se ha rebajado, pues, tontamente a la oposición legal. Si eso muestra, por un lado, que ha renunciado a su fanfarrona posición de pretendiente, muestra también sin duda, por otro, que en la misma Francia se vuelve a tener por posible una oposición, y que los republicanos burgueses se apresuran a volver a estar, junto con los orleanistas, en la posición parlamentaria para poder escamotear la próxima revolución.

Creo que ya te escribí que La Nation de Bruselas ha desaparecido, sustituida ahora por su competidor, el National,25 una bazofia belga imbécil y sin interés. También ha fallecido el noble L’Homme.26 En su lugar salió un Journal des Proscrits,27 que no supo prolongar su existencia más de dos semanas. De vez en cuando salen todavía unos folletitos diminutos —al estilo de los avemarías de Pyat—28 por parte de los refugiados franceses: hinchados, huecos, palabrería, crinolinas impresas, solo que cuestan menos de producir y se venden peor.

La Tribune ha descubierto que Francia se ha enriquecido en los últimos treinta años (hasta 1851) mucho más que Inglaterra y que por eso ahora también la supera en política. Prueba: la propiedad territorial francesa ha duplicado su valor (i. e., nominalmente),29 mientras que la inglesa solo ha subido en una proporción pequeña. Es verdad que los franceses contaban también las casas y los ingleses no; pero como la población inglesa solo ha crecido un 33 % en el período indicado, probablemente también solo el número de casas (que para la Tribune parece ser lo mismo que su precio).

Erich30 ha conseguido aquí sus fines sin necesitar más referencias.

Tu K. M.

Tu exposición militar was beautiful.31 En la Augsburger32 salía un artículo en el que el paso por Constanza se describía como muy difícil. Solo lo he leído por encima.

  1. Charles A. Dana, director adjunto de la New-York Daily Tribune, de la que Marx era corresponsal en Londres desde 1852. ↩

  2. Laguna del texto, así señalada por los editores de la MEGA. ↩

  3. Marx cobraba sus artículos girando letras de cambio contra la Tribune, que descontaba en Londres. ↩

  4. «Pero nada de eso». ↩

  5. «Rechazados». ↩

  6. La Tribune publicaba a menudo como editoriales, sin firma, los artículos de Marx y de Engels. ↩

  7. «¿Qué hacer?». ↩

  8. «En estas circunstancias». ↩

  9. Un artículo sobre el libro del barón César de Bazancourt acerca de la expedición de Crimea, destinado a la revista neoyorquina Putnam’s Monthly, en la que Engels ya había publicado artículos militares. Según los editores de la MEGA, Marx escribió por error «el artículo de Bazancourt» en lugar de «sobre Bazancourt». ↩

  10. Los partidarios de David Urquhart, diplomático y publicista conservador británico, enemigo declarado de Rusia y de Palmerston. En su Free Press publicó Marx en 1856-1857 las Revelaciones sobre la historia diplomática del siglo XVIII. ↩

  11. «Artículos de fondo». ↩

  12. «Influencia rusa». ↩

  13. Marx y su familia vivieron de 1850 a 1856 en Dean Street, en el Soho, en una gran miseria; en octubre de 1856, gracias a una herencia de la familia de Jenny Marx, se mudaron a Grafton Terrace. ↩

  14. «Pues no». ↩

  15. «Fuerza mayor». ↩

  16. «A tragar barro», a humillarse. ↩

  17. Wilhelm Cornelius, emigrado alemán en Londres, amigo de Marx. ↩

  18. «Esfuerzos». ↩

  19. Le Moniteur universel, el diario oficial del Gobierno francés. ↩

  20. El diario conservador de Berlín, llamado Kreuzzeitung por la cruz de hierro de su cabecera. ↩

  21. Charles de Morny, hijo de la reina Hortensia y por tanto medio hermano de Napoleón III, uno de los organizadores del golpe de Estado de 1851; en 1856-1857 fue embajador extraordinario en San Petersburgo, donde se casó con una princesa rusa. ↩

  22. Alexandre Ledru-Rollin, jefe de los demócratas pequeñoburgueses franceses en 1848-1849, emigrado en Londres desde 1849. ↩

  23. «Cuerpo legislativo», la cámara del Segundo Imperio. Las elecciones se celebraron en junio de 1857. ↩

  24. Mote de Luis Bonaparte, formado con las primeras sílabas de Boulogne, Estrasburgo y París, escenarios de sus dos intentonas y de su golpe de Estado. ↩

  25. La Nation y Le National, periódicos de Bruselas. ↩

  26. L’Homme, semanario de los emigrados republicanos franceses, publicado en Jersey y después en Londres. ↩

  27. «Diario de los proscritos». ↩

  28. Félix Pyat, escritor y demócrata francés, emigrado en Londres, autor de cartas y manifiestos ampulosos. ↩

  29. Id est, «es decir»: en su valor nominal, no real. ↩

  30. El comerciante de Nueva York recomendado por Edgar von Westphalen; véase la carta de Marx del 14 de enero de 1857 (Marx a Engels, 14 de enero de 1857). ↩

  31. «Era espléndida». Se refiere probablemente a un análisis de Engels sobre una posible campaña prusiana contra Suiza. ↩

  32. La Allgemeine Zeitung de Augsburgo. ↩