Carta de Karl Marx a Friedrich Engels, que vivía en Manchester, escrita en Londres el 23 de enero de 1857. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/2, Berlín, 1930, carta n.º 409, pp. 166-168) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.
23 de enero de 1857.
9, Grafton Terrace, Maitland Park, Haverstock Hill.
Querido Engels:
D’abord, mi más sincero agradecimiento por la amabilidad de tu carta.1
Al Olmsted2 le escribí hace unos diez días; espero, pues, respuesta. Me da la impresión de que el enfado de Dana3 porque Freiligrath4 fue contando su secreto tiene algo que ver con la conducta de la Tribune, o más bien con que Dana no haya interpuesto su influencia.
Trabajar para el New York Herald es imposible; con el New York Times5 hay que intentarlo. Pienso tantear allí bajo mano por medio del doctor Abraham Jacobi,6 que por lo menos es discreto y parece imponer respeto a los yanquis generally con su manera de ser callada. Le escribiré el martes que viene, pero al mismo tiempo escribiré a Dana de un modo que lo ponga, en todo caso, en un aprieto más desagradable de lo que se figura. Me vendría bien que para el martes —después del martes probablemente suspenderé la correspondencia para la Tribune hasta tener noticias de Nueva York— me pudieras mandar un artículo militar sobre Persia.7 Esta vez no hace falta que sea a fondo. Solo unas cuantas views8 estratégicas generales. La Tribune se imagina probablemente que yo —expulsado por ella— me resignaré a abandonar del todo el campo americano. La perspectiva de ver pasar a otro periódico su monopolio «militar» y «financiero» difícilmente le hará gracia. Por eso le he mandado hoy un artículo «financiero». Una Introduction in the Persian war,9 por somera que sea, sería importante, porque así se le da a entender que todavía hay una «war» con la que se puede ayudar a otros periódicos a lucirse. Las posibilidades (militares) de los rusos y de los ingleses bastaría, naturalmente, con apuntarlas.
La ruptura directa, pues, yo la aplazaría hasta saber si hay manera de colocarse en otro sitio de Nueva York. Si no es así, y la Tribune por su parte no cambia, naturalmente habrá que romper de todos modos. Pero creo que en una pelea tan piojosa como esta ganar tiempo es importante. Me parece que la Tribune ha llegado a la conclusión de que, desde el «gran giro» de las cosas en América, puede ahorrarse todos los gastos extraordinarios (al menos los europeos). Es realmente asqueroso estar condenado a considerar una suerte que un papelucho así le admita a uno en su barca. Machacar huesos, molerlos y hacer sopa con ellos, como los paupers en el workhouse:10 a eso se reduce el trabajo político al que uno está condenado con creces en semejante concern.11 Al mismo tiempo, burro de mí, soy consciente de haber dado a esos muchachos demasiado por su dinero, no precisamente en estos últimos tiempos, pero sí durante años.
Pieper12 acepta un puesto de maestro de escuela somewhere13 entre Portsmouth y Brighton; llevaba ya meses detrás de algo así.
¿Qué hay de la adventure14 de Lupus?15 Te has olvidado de decirme una palabra sobre eso.
Tu K. M.
P. S. Envidio a los tipos que saben dar volteretas. Debe de ser un remedio estupendo para quitarse de la cabeza los disgustos y la porquería burguesa.
En el M[orning] Advertiser16 vi un extracto de los Grenzboten,17 de contenido estratégico, sobre la mierda persa.
Engels a Marx, hacia el 22 de enero de 1857, en la que Engels le aconsejaba buscar otro periódico en Nueva York y le prometía 5 libras al mes. ↩
Frederick Law Olmsted, escritor y paisajista norteamericano, socio entonces de la editorial que publicaba la revista Putnam’s Monthly, a la que Marx y Engels mandaban artículos. ↩
Charles A. Dana, director adjunto de la New-York Daily Tribune. ↩
Ferdinand Freiligrath, el poeta, antiguo redactor de la Neue Rheinische Zeitung, emigrado en Londres, donde trabajaba de empleado de banca. ↩
El New York Herald, de James Gordon Bennett, y el New-York Daily Times, los otros grandes diarios de Nueva York. ↩
Abraham Jacobi, médico, uno de los acusados del proceso de los comunistas de Colonia (1852); absuelto, emigró a Estados Unidos y ejercía la medicina en Nueva York. ↩
La guerra anglo-persa (1856-1857), provocada por la ocupación persa de Herat. ↩
«Puntos de vista». ↩
«Una introducción a la guerra persa». ↩
Los paupers eran los pobres socorridos por la beneficencia pública; en los workhouses (asilos de trabajo) creados por la ley de pobres de 1834 se les ponía, entre otras faenas, a machacar huesos para abono. ↩
«Empresa», «negocio». ↩
Wilhelm Pieper, emigrado alemán en Londres, amigo de Marx y a ratos su secretario. ↩
«En algún lugar». ↩
«Aventura». ↩
Wilhelm Wolff, «Lupus», emigrado en Manchester. Véase la carta de Marx del 10 de enero de 1857 (Marx a Engels, 10 de enero de 1857). ↩
The Morning Advertiser, diario londinense. ↩
Die Grenzboten, revista semanal liberal publicada en Leipzig. ↩