Carta de Karl Marx a Joseph Weydemeyer, en Milwaukee, escrita [en Londres] el 1 de febrero de 1859. Fragmento: Franz Mehring la citó en extracto en «Neue Beiträge zur Biographie von Karl Marx und Friedrich Engels», en Die Neue Zeit, año 25, t. II (Stuttgart, 1907), pp. 180-181, de donde se traduce sin los comentarios de Mehring; el texto completo solo está en ediciones con derechos. Según el resumen de Mehring, Marx empezaba disculpándose por su larga enfermedad del hígado y por el exceso de trabajo. Mehring omite también el plan de los seis libros, «que se conoce por el libro impreso». Traducción de la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original

[…]

Ante todo, mis más cordiales saludos para ti y los tuyos de parte de todos los miembros de la familia, y también de Engels, de Lupus y de Freiligrath. Me encomiendo además especialmente a tu mujer. Engels sigue en Manchester; Lupus, en la misma ciudad, da clases y va tirando bastante bien. Freiligrath es en Londres gerente de una sucursal del Crédit Mobilier suizo;1 Dronke es agente comisionista en Glasgow; Imandt (no sé si lo conoces) es profesor en Dundee; nuestro querido amigo Weerth ha muerto por desgracia en Haití, una pérdida irreparable.2

A mí me ha ido más bien mal que bien en los dos últimos años, porque, por una parte, la buena Tribune me redujo los ingresos a la mitad con ocasión de la crisis, aunque en tiempos de prosperidad nunca me subió ni un céntimo, y, por otra, el tiempo que necesitaba para mi estudio de la economía política (enseguida te cuento más) me obligó a rechazar ofertas muy lucrativas que se me hicieron en Londres y en Viena (aunque con el corazón encogido). Pero tengo que perseguir mi objetivo contra viento y marea y no puedo permitir que la sociedad burguesa me convierta en una money-making machine.3

He renunciado a las relaciones, a las organizadas. Para los amigos alemanes me parecían comprometedoras. Y aquí, después de las vilezas que he sufrido por parte de los Knoten,4 que se habían dejado utilizar contra mí como meros instrumentos de un Kinkel y de otros farsantes, me he retirado por completo a mi cuarto de estudio desde el proceso de Colonia. Mi tiempo era demasiado valioso para malgastarlo en esfuerzos inútiles y en riñas mezquinas.

¡Y ahora a lo principal! Mi Crítica de la economía política aparecerá por cuadernos (los primeros dentro de ocho a diez días a partir de hoy) en la editorial de Franz Duncker, en Berlín.5 Solo gracias al extraordinario celo y al talento persuasivo de Lassalle se ha conseguido que Duncker dé este paso. Sin embargo, se ha dejado abierta una puerta trasera. El contrato definitivo depende de la venta de los primeros cuadernos.

Divido toda la economía política en seis libros […]6

En estos dos capítulos queda al mismo tiempo destruido en su base el socialismo proudhoniano, ahora fashionable7 en Francia, que quiere dejar subsistir la producción privada pero organizar el intercambio de los productos privados, que quiere la mercancía pero no quiere el dinero. El comunismo tiene que deshacerse ante todo de este «falso hermano». Pero, prescindiendo de toda polémica, ya sabes que el análisis de la forma simple del dinero es la parte más difícil de la economía política, por ser la más abstracta.

Espero conquistar para nuestro partido una victoria científica. Pero ahora el propio partido tiene que demostrar si es lo bastante numeroso para comprar suficientes ejemplares y tranquilizar al librero en sus «escrúpulos de conciencia». De la venta de los primeros cuadernos depende la continuación de la empresa. Cuando tenga el contrato definitivo, todo irá all right.8 […]

  1. Ferdinand Freiligrath (1810-1876), el poeta, dirigía desde 1856 la sucursal londinense de un banco suizo, la Banque Générale Suisse. ↩

  2. Ernst Dronke (1822-1891) y Peter Imandt (1823-1897), antiguos miembros de la Liga de los Comunistas; Wilhelm Wolff, «Lupus» (1809-1864), daba clases particulares en Manchester. Georg Weerth (1822-1856), el poeta, había muerto en realidad en La Habana, el 30 de julio de 1856. ↩

  3. En inglés, «máquina de hacer dinero». ↩

  4. Palabra de la jerga de los oficiales artesanos alemanes; Marx y Engels la usaban para los artesanos de mentalidad estrecha, aquí los de la emigración de Londres. ↩

  5. La Contribución a la crítica de la economía política salió en junio de 1859; no apareció más que ese primer cuaderno. ↩

  6. Mehring omite aquí el plan («sigue el resumen, que se conoce por el libro impreso»): el capital, la propiedad de la tierra, el trabajo asalariado, el Estado, el comercio exterior y el mercado mundial, como en el Prólogo de 1859. Los «dos capítulos» de que se habla a continuación son los de la mercancía y el dinero, que forman el primer cuaderno. ↩

  7. En inglés, «de moda». ↩

  8. En inglés, «bien». ↩