Carta de Karl Marx a Ferdinand Lassalle, que vivía en Berlín, escrita en Londres el 6 de noviembre de 1859. Se conserva completa. Publicada por primera vez por Gustav Mayer en Ferdinand Lassalle. Nachgelassene Briefe und Schriften, t. III: Der Briefwechsel zwischen Lassalle und Marx (Stuttgart y Berlín, 1922, carta n.º 82, pp. 228-232), según el original, de donde se traduce, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original

Londres, 6 de noviembre de 1859.

¡Querido Lassalle!

Habrías recibido antes respuesta mía si un montón de odiosos asuntos domésticos no me hubieran ocupado por completo el tiempo libre.

  1. Te agradezco tus gestiones ante Duncker.1 Por lo demás, te equivocas si crees que yo esperaba elogios de la prensa alemana o que me importan un comino. Esperaba ataques o críticas, pero no que me ignorasen por completo, cosa que además tiene que perjudicar mucho a la venta. Después de lo mucho que la gente había despotricado en distintas ocasiones contra mi comunismo, era de esperar que soltaran su sabiduría sobre su fundamentación teórica. También hay en Alemania revistas especializadas de economía.

En América, el primer cuaderno ha sido comentado por extenso por toda la prensa alemana, de Nueva York a Nueva Orleans. Solo temo que sea demasiado teórico para el público obrero de allí.

  1. Ad vocem Vogt.

Te habrán extrañado las noticias de la Augsburger Allgemeine Zeitung sobre el proceso Vogt y la extraña compañía en que aparezco en ella.2

La cosa es, en pocas palabras, esta:

Junto al Hermann existía aquí un llamado «periódico obrero», Die Neue Zeit, dirigido últimamente por Edgar Bauer.3 En el periódico colaboraba Biskamp,4 que tenía un puesto de maestro de escuela en el campo. El periódico estaba en la llamada oposición de principio al Hermann. Es que Edgar Bauer creyó llegado el momento de hacer de comunista. Yo, naturalmente, no tenía nada que ver con ello. Para quitarse de en medio a un competidor —así se lo escribió Bauer a Biskamp—, Kinkel había encargado su periódico al impresor de Die Neue Zeit, y esta dependía del crédito de ese impresor y estaba por completo en su poder. Biskamp, al recibir esa carta, se precipita a Londres y se encuentra no solo con que Kinkel ha acabado con Die Neue Zeit al encargar la impresión de la suya, sino también con que Edgar Bauer, el redactor del llamado «periódico obrero», ha entrado en la redacción del Hermann y se ha pasado a Kinkel. Sobre ese Biskamp, brevemente: había sido coeditor de la Hornisse.5 Dirigió la Bremer Tageschronik junto con Dulon6 y Ruge.7 En Suiza entró en la Liga de los Comunistas. Su relación con Ruge hizo que, durante su estancia en Londres, no nos viéramos nunca. Yo no le hice ningún caso, pero él sí se había ocupado alguna vez de mí en tono polémico. Este hombre es un curioso compuesto de instintos nobles, debilidad natural (también física), ascetismo y holgazanería, conciencia moral kantiana y humor sin tacto. Con su irritabilidad nerviosa es capaz de sacrificar cualquier posición «por principio», de lanzarse de golpe a la situación más desamparada, de aguantar en ella durante un tiempo, pasivo y casto, y luego de cometer de golpe tonterías que rayan en la vileza. Naturalmente, yo no conocía al hombre tal como te lo describo aquí. Te lo describo tal como su imagen se me ha ido componiendo poco a poco por la experiencia. Volvamos, pues, al relato. Biskamp deja enseguida su puesto de maestro y, para emprender «la lucha del trabajo contra el capital» (i. e.8 Kinkel), funda [él] Das Volk,9 sin más medios que las aportaciones de una asociación obrera, etc. Mientras duró la cosa, naturalmente, pasó hambre. Las pocas corresponsalías de periódicos que se había procurado en Alemania las perdió en cuanto se supo de su nueva función. Unas cuantas clases particulares le permitían arrastrar a duras penas una vida de bohemio.

Antes tengo que advertir que desde 1851 no estoy en relación alguna con ninguna de las asociaciones obreras públicas, tampoco con la llamada comunista. Los únicos obreros con los que me reúno son veinte o treinta hombres escogidos a los que doy en privado lecciones de economía política. Pero Liebknecht10 es el presidente de la asociación obrera con cuya ayuda fundó Biskamp Das Volk.

Unos días después de fundado el periódico, vino Biskamp con Liebknecht a mi casa y me pidió que colaborara. Me negué entonces decididamente, en parte por falta de tiempo y en parte porque estaba a punto de salir de Londres para una temporada larga. Solo prometí procurarles algunas aportaciones de dinero de amigos de Inglaterra, cosa que también hice. Ese mismo día les conté a los dos lo que Blind me había comunicado sobre Vogt la víspera, con la más alta indignación moral, y les dije al mismo tiempo cuál era mi fuente. Biskamp hizo con eso [sic!] un artículo, según vi después. Durante mi ausencia reprodujo en Das Volk la hoja volante anónima de Blind, que se compuso en la misma imprenta que Das Volk. Al mismo tiempo, Liebknecht envió una copia de la hoja a la Augsburger Allgemeine Zeitung, para la que se encarga de la correspondencia inglesa. (Sobre esta última circunstancia advierto que los refugiados de aquí escriben en todos los periódicos sin distinción. Creo que soy el único que constituye una excepción, al no escribir en ningún periódico alemán. Advierto, por lo demás, que Palmerston, por medio de la legación prusiana, que a su vez se sirvió como órgano del librero inglés Williams, intenta echar a Liebknecht de la Augsburger Allgemeine Zeitung por su tendencia antigovernmental.11)

A mi regreso a Londres, Das Volk recibió algunas colaboraciones mías y de Engels sin relación alguna con el asunto Vogt. Aparte de algunos ataques contra las circulares diplomáticas de Schleinitz,12 no di más que unas glosas marginales en broma —desde el punto de vista gramatical— sobre los sermones estéticos de Kinkel en el Hermann. La vida aquí en Londres es demasiado dura para no poder permitirse una distracción así una vez cada ocho años.

El periódico dejó de salir de repente, sobre todo por falta de dinero. Biskamp, sin ningún medio de subsistencia, contrajo además una enfermedad dolorosa y tuvo que ingresar en el hospital alemán. Cuando salió, se habría muerto literalmente de hambre si yo no me hubiera ocupado de él. Durante ese tiempo escribió a varios periódicos alemanes pidiendo una corresponsalía, pero en vano. Entonces le llegó una carta de la redacción de la Augsburger Allgemeine Zeitung, a la que él envió aquella epístola vergonzosamente ridícula, naturalmente a espaldas de sus amigos. Creía, por supuesto, que escribía una carta privada. El asno está ahora en la más profunda contrición y desde hace un par de días no come ni duerme. No sé qué será de él. Te he contado todo esto con tanto detalle no para justificar el comportamiento del hombre, sino para explicarlo. Si fuera un tipo tan venal como la mayoría de los «demócratas» de aquí, no se habría metido en una situación que era demasiado débil para aguantar.

En cuanto a mi declaración en la Augsburger Allgemeine Zeitung,13 la cosa es como sigue:

Sabes que Blind hizo imprimir la denuncia contra Vogt. Al mismo tiempo apareció de él un article14 anónimo en la London Free Press (el Urquhart paper)15 esencialmente del mismo contenido —te adjunto el artículo en esta carta—, aunque omitiendo el nombre de Vogt y algunos detalles. Cuando Vogt presentó su querella contra la Augsburger Allgemeine Zeitung y esta recurrió a Liebknecht, este, que respondía ante la Augsburger Allgemeine Zeitung, recurrió naturalmente a mí, y yo a Blind. Este no quiso responder de sus afirmaciones. Todo se debía a malentendidos. Todo el asunto no le concernía. Llegó a dar su palabra de honor de que no tenía nada que ver con la hoja anónima. Los requerimientos repetidos no sirvieron de nada. Este comportamiento era tanto más infame cuanto que el buen hombre sabía que Vogt, en privado en Londres y públicamente en Suiza, me presentaba a mí como fuente de la denuncia, para hacer pasar todo el asunto por fruto de la envidia rencorosa del comunista contra el «gran demócrata» y «ex regente del Imperio». Por eso me dirigí primero a Collet,16 que declaró sin más que Blind había escrito el artículo de la Free Press. En segunda instancia me procuré la declaración del cajista que había compuesto la hoja.17 La falta de palabra de Blind merecía un castigo. No quería en absoluto sacar las castañas del fuego a este «republicano». Además, solo obligando a Vogt y a él a atacarse saldrá a la luz la verdad. Por último, la Augsburger Allgemeine Zeitung, como todo periódico que acoge una denuncia así, merecía que se le hiciera llegar toda aclaración posible sobre los hechos.

Toda la democracia vulgar de Alemania se me echará ahora encima, cosa que le facilita la idiotez de Biskamp. Naturalmente, no se me ocurre andar a la greña con todos estos perrillos en periodiquillos. Sin embargo, considero necesario dar un escarmiento. Al señor Eduard Meyen,18 del Freischütz, pour encourager les autres.19 Mando una copia a la Augsburger Allgemeine Zeitung, otra a la Reform de Hamburgo,20 y me gustaría que la copia que te envío a ti pudiera aparecer en un periódico de Berlín.

Para mi próxima carta (que será pronto) tengo que reservar mi exposición sobre la guerra de Italia, y en este asunto no he cambiado de opinión en absoluto.

Salut

Tu K. M.

P.S. Por fastidioso que me resulte hablar de este punto: mi situación financiera está en una crisis muy peligrosa, hasta el punto de que apenas encuentro tiempo para mi artículo de la Tribune, y mucho menos para la «Economía política». Es verdad que dentro de ocho a diez semanas tengo que cobrar más de 40 libras esterlinas. Pero el punto importante, el decisivo para mí, es anticipar ese ingreso. ¿Puedes ayudarme a hacer una operación con letras en este asunto? Dentro de ocho a diez semanas como máximo respondo por 40 libras esterlinas.

  1. Lassalle había preguntado a Duncker, a petición de Marx, si publicaría la continuación de la Contribución a la crítica de la economía política. ↩

  2. La Allgemeine Zeitung de Augsburgo informó del proceso de Vogt contra ella y publicó cartas de Biskamp y de Liebknecht. ↩

  3. Edgar Bauer (1820-1886), publicista, antiguo joven hegeliano, hermano de Bruno Bauer; emigrado en Londres. Die Neue Zeit salió en Londres en 1858 y 1859. ↩

  4. Elard Biskamp, periodista demócrata de Hesse, emigrado en Londres. ↩

  5. Die Hornisse («El avispón»), periódico democrático que Biskamp publicó en Kassel con Heinrich Heise en 1848-1849. ↩

  6. Rudolf Dulon (1807-1870), predicador de Bremen, teólogo radical y demócrata. ↩

  7. Arnold Ruge (1802-1880), publicista joven hegeliano, con quien Marx había editado los Anales franco-alemanes en 1844; en el exilio, uno de los «grandes hombres» de la emigración. ↩

  8. Id est, «es decir». ↩

  9. Das Volk, semanario de la Asociación Cultural de los Obreros Alemanes de Londres, que salió de mayo a agosto de 1859. Marx colaboró en él desde junio y se ocupó de su financiación. ↩

  10. Wilhelm Liebknecht (1826-1900), miembro de la Liga de los Comunistas, emigrado en Londres hasta 1862; más tarde, dirigente de la socialdemocracia alemana. ↩

  11. En inglés, «antigubernamental». ↩

  12. Alexander von Schleinitz (1807-1885), ministro de Asuntos Exteriores de Prusia de 1858 a 1861. ↩

  13. La carta de Marx del 19 de octubre de 1859 a la redacción de la Allgemeine Zeitung, que acompañaba la declaración del cajista sobre el origen de la hoja Zur Warnung: véase Carta al director de la Allgemeine Zeitung. ↩

  14. En inglés, «artículo». ↩

  15. La Free Press de Londres, el periódico de David Urquhart (1805-1877), diplomático y publicista conservador, enemigo de Palmerston y de Rusia. ↩

  16. Collet Dobson Collet, redactor de la Free Press. ↩

  17. El cajista August Vögele. ↩

  18. Eduard Meyen (1812-1870), publicista, antiguo miembro del grupo berlinés de los «Libres» y colaborador del Freischütz de Hamburgo. La respuesta de Marx es Sobre el proceso de Karl Vogt contra la Allgemeine Zeitung de Augsburgo. ↩

  19. En francés, «para animar a los demás»: la frase irónica de Voltaire en Cándido sobre el fusilamiento del almirante Byng. ↩

  20. La declaración apareció en Die Reform de Hamburgo el 19 de noviembre de 1859. ↩