Carta de Friedrich Engels a Jenny Marx, que vivía en Londres, escrita en Manchester el 22 de diciembre de 1859. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/2, Berlín, 1930, carta n.º 636, pp. 450-451) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.
Manchester, 22 de diciembre de 1859.
Querida señora Marx:
Esta noche me tomo la libertad de mandarle una docena de botellas de vino para las fiestas, y espero que le gusten y contribuyan a alegrar a la family.
El champán y el burdeos (Château d'Arcins) se podrán beber enseguida; el oporto, en cambio, tendrá que reposar un poco y no estará en condiciones hasta hacia Año Nuevo.
Con el asunto Freiligrath he tenido aquí mi buen disgusto. Siempre es la misma vieja historia con esta chusma de literatos: siempre quieren que los incensen en los periódicos, siempre tener su nombre ante el público, y el versito más miserable que fabrican les importa más que el acontecimiento histórico más colosal. Como todo esto no se puede conseguir sin una organización de camarilla, se entiende que esta se convierta en la primera necesidad, y por desgracia nosotros, desdichados comunistas, somos completamente inútiles para ello; peor aún, conocemos toda esa engañifa, nos burlamos de la organisation du succès1 y tenemos incluso una aversión casi criminal a convertirnos en personajes populares. Ahora bien, ya demuestra gran estrechez de miras que un poeta así se sienta incómodo por eso en un partido como este, porque aquí no tiene absolutamente ninguna competencia, que en cualquier otra parte tiene asegurada; y demuestra una estrechez de miras aún mayor que se eche en brazos de una gente donde de entrada le hace frente la competencia de Kinkel. Mais que voulez-vous?2 El poeta necesita para existir incienso, muchísimo incienso, y la señora del poeta consume todavía más; competencia o no, la señora del poeta siempre se entusiasmará por el lado en que a su noble y genial Ferdinand, a ella misma, a sus interesantes retoños, sus gatos, perros, conejos, canarios y demás bichos se les presenta a diario al público, y además regados con fuegos de bengala, sentimentalismo y mentiras románticas. Y lo que quiere la señora del poeta tendrá que quererlo también el señor poeta, tanto más cuanto que madame le habla, en efecto, desde lo más hondo del alma. ¡Das Volk, indeed! Ahí la Gartenlaube3 es un periódico muy distinto, y el untuoso Bettziech,4 un hombre muy distinto de los comunistas. En la Gartenlaube, por lo menos, nos tratan como a una familia de poetas, y se habla de nosotros cada ocho días, y el torcido Bettziech no deja pasar ninguna ocasión de meter un cumplidito o un reclamo. Claro que a Kinkel, por su poesía, que está muy por debajo de la nuestra, se le alaba mucho más, y vienen también muchas más anécdotas de él, pero el hombre es también brother de Bettziech, y con el tiempo ya se arreglará. ¡Y luego la fiesta de Schiller! Esos comunistas desprecian y se burlan de Schiller; ¿cómo va uno a celebrar con ellos una fiesta de Schiller? Pero la fiesta de Schiller es más importante que todo el resto de la historia universal, y ¿para qué habría nacido Schiller hace cien años, si no para que hoy le hagamos una cantata?
A esto se añade que el noble Ferdinand está desde hace años bastante seco con su poesía, y lo poco que todavía exprime de la sesera es ignominiosamente malo. Así que hay que hacer dodges5 con obras completas, etc., y eso tampoco se puede hacer todos los días. Así que, para que no le olviden, el reclamo es una necesidad cada día mayor. In fact, ¿quién habló de Freiligrath de 1849 a 1858? Nadie. Solo Bettziech ha redescubierto a este clásico, que ya estaba tan olvidado que solo se usaba para regalos de Navidad y de cumpleaños, y que ya figuraba en la historia de la literatura, no en la literatura. De todo eso, naturalmente, no tiene la culpa nadie más que Karl Marx con su «aliento».6 ¡Pero cuando a F. F. le haya vuelto a calentar el incienso de la Gartenlaube, ya veréis cuánta poesía vuelve a brotar de él!
¡Qué mezquino, miserable y lamentable tinglado el de estos poetas! Para eso prefiero a Siebel,7 que es un poeta pésimo, pero que también sabe que es un humbug8 de pies a cabeza y que solo pide que se le permita el oficio del reclamo como un procédé9 hoy necesario, porque sin él no sería nada.
No se tome usted demasiado a pecho todas estas reyertas. El «carácter» Freiligrath ya dará tales muestras de flaqueza que se le podrá agarrar en el momento oportuno. Por ahora, a ser posible, nada de ruptura.
Siento mucho no poder ir el viernes, pero aquí se están produciendo tales cambios que ayer, entre otras cosas, tuve que trabajar como un burro hasta las diez menos cuarto de la noche, y no hay que pensar en escaparse. Así que salude muy cordialmente al Mohr y a las young ladies de parte de su
F. Engels.
«Organización del éxito». ↩
«Pero ¿qué quiere usted?». ↩
Die Gartenlaube, semanario ilustrado familiar de Leipzig, que había publicado un artículo elogioso sobre Freiligrath con ataques a Marx. ↩
Heinrich Beta (Johann Heinrich Bettziech), periodista del círculo de Kinkel, autor de aquel artículo. ↩
«Trucos». ↩
Alusión al artículo de Beta, según el cual el «aliento» de Marx había agostado la poesía de Freiligrath; véase Marx a Engels, 19 de noviembre de 1859. ↩
Carl Siebel (1836-1868), poeta, pariente lejano de Engels. ↩
«Farsante». ↩
«Procedimiento». ↩