Carta de Karl Marx a Ferdinand Lassalle, que tomaba las aguas en Aquisgrán, escrita en Londres el 7 de septiembre de 1860. Se conserva completa. Traducida de la edición de Gustav Mayer, Ferdinand Lassalle. Nachgelassene Briefe und Schriften, t. III: Der Briefwechsel zwischen Lassalle und Marx (Stuttgart y Berlín, 1922), carta n.º 106, pp. 315-317, que la imprime según el original, por la Escuela de marxismo, 2026. Lo que Mayer imprime espaciado va en cursiva. Las notas son nuestras. Texto original.

7 de septiembre de 1860. 9 Grafton Terrace, Maitland Park, Haverstock Hill, Londres.

Querido Lassalle:

Me ha alegrado recibir por fin señales de vida tuyas, aunque lamento que no puedas darme noticias mejores de tu salud. Yo mismo sigo padeciendo del hígado; no es tan doloroso como la gota (ni tan distinguido, al menos según las ideas inglesas), pero para el trabajo intelectual quizá todavía más molesto.

El retraso en la aparición de mi escrito contra Vogt1 tiene, además de la necesaria ocupación en trabajos más urgentes, dos causas principales:

1. Quería esperar el final del proceso contra la National-Zeitung, a lo que ahora, sin embargo, he renunciado.

El proceso ha pasado por las siguientes fases: el fiscal y luego el fiscal general rechazaron la querella porque no había «ningún interés público» para intervenir de officio.2 Luego vino la querella civil. El tribunal municipal dictó una «resolución» según la cual la querella debía rechazarse porque los pasajes injuriosos solo se «citaban» (lo cual, notabene, es falso). El Tribunal de Apelación3 declaró errónea la motivación del tribunal municipal, pero llegó al mismo resultado, porque los pasajes calumniosos no se referían ni podían referirse a mí (lo que se demuestra con «citas falseadas» por parte del tribunal) y la National-Zeitung no tenía intención de ofender, etc. El estilo de la «resolución» basta para demostrar el apuro de los tipos. Ahora estamos ante el Tribunal Supremo. Así que he enriquecido mis conocimientos de la justicia prusiana hasta el punto de saber ahora que depende de los funcionarios judiciales que un particular pueda siquiera llegar a un proceso público. Porque todas estas resoluciones no son más que «algo provisional» para impedirme de entrada comparecer en público ante un tribunal con la National-Zeitung. El consejero de justicia Weber, que no parecía saber nada de mis amistosas relaciones con el Gobierno prusiano, se lleva las manos a la cabeza en sus cartas ante estas resoluciones «inexplicables».

Ya sabes que interpuse el proceso contra la National-Zeitung antes de tener en mi poder el libro de Vogt. Pero había acertado, porque la National-Zeitung, con un tacto digno de reconocimiento, había resumido del mamarracho de Vogt todas, absolutamente todas las calumnias perseguibles judicialmente (hablo aquí de calomnies en el sentido del code:4 las meras injurias de los tipos no quería atacarlas judicialmente) y en algunos lugares hasta las había aguzado más. Pues bien, yo estaba en situación, en cada uno de los puntos, de no exigir al adversario la prueba de la verdad, sino de aportar yo la prueba de la falsedad. Única excepción: los cientos de cartas amenazadoras enviadas a Alemania con fines de extorsión. Aquí, naturalmente, le correspondía a la National-Zeitung hacerse enviar por su amigo Vogt una sola de esas cartas amenazadoras. — Los tribunales ven, pues, que, en cuanto el asunto llegara a la vista pública, la National-Zeitung tendría que ser condenada, y esto, y más aún una victoria judicial mía, sería «contrario al interés público». El «Tribunal Supremo» encontrará una nueva finta. Pero en todo caso los prusianos me ponen en la mano un material cuyas agradables consecuencias notarán pronto en la prensa de Londres.

2. Esta es la dificultad en que ahora se atasca el asunto: — el librero. — En Prusia la cosa no puede salir bien, porque ciertos pasajes relativos a Stieber, etc., le echarían encima un proceso al librero. En Hamburgo, etc., he negociado hasta ahora en vano. O los tipos no quieren entrar en nada, o se permiten condiciones sobre el tono y el contenido del escrito que yo, naturalmente, no puedo aceptar. O. Meissner5 habría aceptado la cosa si antes no hubiera publicado los «Estudios democráticos»,6 en los que, además de ti y de Grün, han colaborado Vogt con toda su parentela, Bamberger, Simon,7 etc.

Lo mejor sería imprimir la cosa aquí y hacerla distribuir por el continente por medio de un librero alemán de aquí (como hizo Vogt desde Ginebra). Pero yo no tengo, como Vogt, subsidios bonapartistas para hacer imprimir aquí el folleto, de 12 a 15 pliegos.

Así están las cosas. Ya comprendes que yo no salgo contra Vogt con la mansedumbre que los libreros alemanes desean frente al señor profesor. Lo trato en canaille8 y como figura cómica, es decir, conforme a su naturaleza.

También de Suiza y de América he recibido montones de preguntas sobre la aparición del papelucho.

Mi mujer te manda muchos saludos. Desde hace muchos meses evito ver a Freiligrath, porque no quiero tener con él un encuentro desagradable, y por otra parte su cobarde miramiento (a causa de su relación de negocios con James Fazy,9 que es su principal) no podría convenirme en un momento decisivo. [Pero sobre todo me pareció improcedente que siguiera tratando íntimamente a Blind después de que yo le demostrara con documentos judiciales que Blind había obtenido un falso testimonio del cajista Wiehe en circunstancias agravantes para su publicación en la Allgemeine Zeitung (sobre la hoja volante «Zur Warnung»).]10 Sin embargo, nosotros seguimos siendo, como antes, «amigos» ante el mundo. Pero el trato de las familias se ha roto del todo. Mi mujer, como sabes, es de naturaleza enérgica.11

Espero que pronto me des mejores noticias de ti.

Salut

Tuyo, K. M.

  1. El señor Vogt, que salió en Londres el 1 de diciembre de 1860. ↩

  2. «De oficio». ↩

  3. El Kammergericht de Berlín. ↩

  4. El Código Penal francés, vigente en la provincia del Rin. ↩

  5. Otto Meissner, editor de Hamburgo, que publicaría en 1867 el primer tomo de El capital. ↩

  6. Demokratische Studien, editados por Ludwig Walesrode (Hamburgo, Meissner, 1860). ↩

  7. Karl Grün, Ludwig Bamberger y Ludwig Simon, de Tréveris, demócratas de 1848. ↩

  8. «Como a un canalla». ↩

  9. James Fazy (1794-1878), jefe del Gobierno radical de Ginebra, protector de Vogt y fundador de la Banque générale suisse, cuya sucursal de Londres dirigía Freiligrath. ↩

  10. Karl Blind había conseguido del cajista Wiehe una declaración, publicada en la Allgemeine Zeitung, según la cual la hoja volante contra Vogt no se había compuesto en la imprenta de Hollinger, en Londres; Wiehe declaró luego bajo juramento lo contrario, y Marx publicó esa declaración en El señor Vogt. ↩

  11. Sobre este distanciamiento véase F. Mehring, Freiligrath und Marx in ihrem Briefwechsel (1912), pp. 22 y ss. ↩