Carta de Friedrich Engels a Karl Marx, que vivía en Londres, escrita en Manchester el 4 de septiembre de 1864. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/3, Berlín, 1930, carta n.º 872, pp. 188-190) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.
Manchester, 86 Mornington Street, Stockport Road, 4 de septiembre de 1864.
Querido Mohr:
Tu telegrama llegó ayer, antes incluso de que abriera tu carta, porque me absorbieron enseguida toda clase de asuntos.1 Puedes imaginarte cómo me sorprendió la noticia. Lassalle habrá sido por lo demás, en lo personal, en lo literario y en lo científico, lo que fuera, pero políticamente era sin duda uno de los tipos más importantes de Alemania. Para nosotros era en el presente un amigo muy poco seguro y en el futuro un enemigo bastante seguro, pero da igual: a uno le duele de todos modos ver cómo Alemania liquida a todos los hombres un poco capaces del partido extremo. ¡Qué júbilo reinará entre los fabricantes y entre esos cerdos progresistas!2 Lassalle era, al fin y al cabo, el único tipo dentro de la propia Alemania al que tenían miedo.
Pero ¡qué manera más rara de perder la vida!: enamorarse en serio de la hija de un enviado bávaro —este would-be3 don Juan—, querer casarse con ella, chocar con un rival despechado que encima es un estafador valaco y dejarse matar de un tiro por él. Eso solo le podía pasar a Lassalle, con esa extraña mezcla de frivolidad y sentimentalismo, de judaísmo y caballerosidad impostada, que era solo suya. ¡Cómo puede un hombre político como él batirse a tiros con un aventurero valaco!
Por cierto, lo deprisa que viajó la noticia lo ves en que su muerte ya venía el jueves por la noche en la Kölnische Zeitung, que llegó aquí ayer a mediodía, cuatro horas después de tu telegrama.
¿Qué piensas de las cosas de América? Lee utiliza de manera magistral su campo atrincherado de Richmond; no es de extrañar, porque esta es ya la tercera campaña que gira en torno a él. Inmoviliza a las masas de Grant con relativamente pocas tropas y emplea la mayor parte de su gente en la ofensiva en Virginia Occidental y para amenazar Washington y Pensilvania.4 Un modelo excelente de estudio para los prusianos, que podrían aprender de ahí hasta el detalle cómo se ha de llevar una campaña en torno al campo atrincherado de Coblenza,5 pero que, naturalmente, son demasiado soberbios para aprender nada de esos generales improvisados. Grant —hace seis años un teniente expulsado del ejército por la bebida y luego un ingeniero borrachín en St. Louis—6 tiene mucha unity of purpose7 y un gran desprecio por la vida de su carne de cañón, y parece tener también muchos recursos como estratega menor (es decir, para movimientos de hoy para mañana), pero busco en vano señales de que tenga visión de conjunto suficiente para abarcar la campaña como un todo. La campaña contra Richmond me parece que está fracasando; la impaciencia con que Grant ataca ahora aquí, ahora allá, sin avanzar con tenacidad en ningún punto mediante zapa y mina, es una mala señal. La ingeniería militar parece estar en general mal parada entre los yankees; además de los conocimientos teóricos, requiere una práctica tradicional que no se improvisa tan fácilmente. Que Sherman acabe con Atlanta es dudoso, aunque creo que tiene más posibilidades.8 Las correrías de guerrilleros y de caballería a su espalda difícilmente le harán mucho daño. La caída de Atlanta sería muy dura para el Sur: con ella caería enseguida Rome, donde están sus fundiciones de cañones, etc., y además se perdería la comunicación ferroviaria entre Atlanta y Carolina del Sur. Farragut sigue siendo el mismo. El tipo sabe lo que hace. Pero es muy dudoso que caiga la propia Mobile.9 La ciudad está muy fortificada y, por lo que sé, solo puede tomarse desde tierra, porque los barcos de gran calado no pueden acercarse lo suficiente. ¡Pero qué disparate esta dispersión de las fuerzas de ataque en la costa, donde se ataca a la vez Charleston y Mobile en lugar de una detrás de otra, pero cada vez con todas las fuerzas!
No doy mucho crédito a la monserga de la paz, que ahora se extiende tanto. Ni siquiera a las supuestas negociaciones directas de Lincoln. Todo eso lo tengo por maniobras electorales. Tal como están las cosas hasta ahora, la reelección de Lincoln me parece bastante segura.10
Mi madre está en Ostende y el sábado vuelve a casa; con esa noticia he cambiado mis planes de viaje y el jueves por la noche salgo para Ostende. Me temo que no llegaré a Londres más que con el tren nocturno, que llega allí antes de las seis de la mañana. Pero si me es posible, saldré a las 4.15, de modo que estaré a las 9.15 en Euston Station, y o bien sigo directamente hasta Dover (s'il y a moyen)11 o duermo en el hotel de la estación de London Bridge. En este último caso te lo escribiré antes, para que podamos vernos si es posible. Mientras tanto, escríbeme qué piensas de América.
Muchos recuerdos a las girls.12
Tu
F. E.
Lassalle había muerto en Ginebra el 31 de agosto de 1864, a consecuencia de las heridas recibidas el 28 en su duelo con Janko von Racowitza por Helene von Dönniges. La carta de Marx es la del 2 de septiembre. ↩
Los del Partido Progresista alemán (Deutsche Fortschrittspartei), el partido liberal prusiano fundado en 1861. ↩
«Aspirante a», «que se las daba de». ↩
En julio de 1864 las tropas confederadas de Jubal Early, enviadas por Lee desde el valle del Shenandoah, llegaron hasta las afueras de Washington. ↩
Coblenza, en el Rin, era una de las grandes plazas fuertes prusianas. ↩
Los datos de Engels son inexactos: Ulysses S. Grant dejó el ejército en 1854, con fama de bebedor, y vivió luego de diversos oficios en Misuri hasta la guerra civil. ↩
«Firmeza de propósito». ↩
William T. Sherman tomó Atlanta el 2 de septiembre de 1864, dos días antes de esta carta; la noticia aún no había llegado a Europa. ↩
El almirante David Farragut había forzado la entrada de la bahía de Mobile, en Alabama, el 5 de agosto de 1864; la ciudad no cayó hasta abril de 1865. ↩
Las elecciones presidenciales norteamericanas de noviembre de 1864, que Lincoln ganó. ↩
«Si hay manera». ↩
«Chicas». ↩