Carta de Friedrich Engels a Karl Marx, que vivía en Londres, escrita en Manchester el 27 de enero de 1865. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/3, Berlín, 1930, carta n.º 890, pp. 218-219) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.
Manchester, 27 de enero de 1865.
Querido Mohr:
Las cartas te las devuelvo mañana o el domingo,1 porque estas letras espantosas y estas tintas desvaídas tengo que leerlas por fuerza a la luz del día; anoche solo pude echarles un vistazo.
La falta de tacto de Moses2 (en la que seguro que hay también un poco de malicia por parte del jefe del partido), pero sobre todo la de Liebknecht, son realmente grandes. Por lo demás, me extraña que este último no haya metido ya más la pata de esta manera; siempre fue su forte.3
A los tipos les mando la cancioncilla popular danesa del Tidmann, al que el viejo mata en el thing4 porque impone nuevos tributos a los campesinos. Es revolucionaria y sin embargo no es delito, y sobre todo va contra la nobleza feudal, contra la que el periódico tiene que salir sin falta. Le añado un par de observaciones al respecto.5 El artículo sobre la organización del ejército probablemente podré hacerlo en cuanto tenga el nuevo proyecto de ley militar, etc.; les escribo que me lo manden, y también que me pondré tanto contra el gobierno —past and present—6 como contra los progresistas,7 y que el artículo tiene que quedarse sin imprimir si no pueden publicar lo primero. En cuanto a la guerra norteamericana, quizá más adelante se pueda hacer algo, después de todo. Ahora no hay ninguna etapa cerrada; la calma es, por hablar como J. Grimm, «inorgánica».8
El bueno de Lassalle va resultando, poco a poco, un sinvergüenza de lo más vulgar. Nosotros nunca hemos juzgado a la gente por lo que se imaginaba, sino por lo que era, y no veo por qué tendríamos que hacer una excepción con el difunto Itzig.9 Subjetivamente, puede que su vanidad le presentara la cosa como plausible; objetivamente, era una canallada, una traición de todo el movimiento obrero a los prusianos. Y encima el tonto del pisaverde no parece haberle exigido a Bismarck ni la menor contrapartida, nada concreto, y menos aún garantías; parece haberse fiado sin más de que no podía dejar de engañar a Bismarck, igual que no podía dejar de matar a tiros a Racowitza.10 El barón Itzig de cuerpo entero.
Por lo demás, no tardará en llegar el momento en que publicar todo este asunto no solo sea deseable, sino necesario. A nosotros solo puede favorecernos, y si lo de la Asociación y el periódico se sostiene en Alemania, hasta habrá que hacerlo pronto para echar a los legatarios del tipo. Entretanto, el proletariado de Alemania verá pronto lo que tiene en Bismarck.
Muchos recuerdos a las ladies.11
Tu F. E.
Tarjetas solo sé colocar, más o menos, ½ docena; por eso quiero ver a Jones; ahora tengo muchísimo trabajo.12
Las cartas de Weydemeyer, Schily, Liebknecht y Schweitzer que Marx le había mandado con la carta del 25 de enero. ↩
Moses Hess. ↩
«Fuerte». ↩
La asamblea de los hombres libres en la antigua Escandinavia. ↩
Engels tradujo la canción, Herr Tidmann, y la publicó con una nota suya en el Social-Demokrat de febrero de 1865. ↩
«Pasado y presente». ↩
El Partido Progresista (Fortschrittspartei), el partido liberal prusiano, enfrentado desde 1862 a Bismarck por la reforma del ejército. ↩
Jacob Grimm (1785-1863), el filólogo. ↩
Lassalle, muerto el 31 de agosto de 1864. Marx y Engels lo llamaban en sus cartas «barón Itzig». ↩
Janko von Racowitza, que mató a Lassalle en duelo en Ginebra en agosto de 1864. ↩
«Señoras»: Jenny Marx y sus hijas. ↩
Las tarjetas de socio de la Asociación Internacional de los Trabajadores; Jones es Ernest Jones, el antiguo dirigente cartista, abogado en Manchester. ↩