Carta de Friedrich Engels a Karl Marx, que vivía en Londres, escrita en Manchester el 12 de abril de 1865. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/3, Berlín, 1930, carta n.º 919, pp. 260-261) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.
Manchester, 12 de abril de 1865.
Querido Mohr:
Me alegro de que hayas vuelto; espero, con todo, que esta pelea de piojos llegue pronto a su fin. Te adjunto cartas de Dronke y de Borkheim. A este último le había preguntado cómo era posible trabajar en un órgano granalemán de Kolatschek,1 en el que se defendería el dominio de Austria sobre Hungría, Polonia e Italia; con eso nos echaríamos encima en el acto a todos esos amigos de los otros países; de ahí esa respuesta poco clara.
Ya me figuraba yo que la ingenua fraternité de la International Association no iba a durar mucho. Si aquí hubiera un movimiento político activo entre los obreros, también se producirían las mismas splits.2 La cosa pasará todavía por toda clase de fases así y te costará mucho tiempo. Pero, con todo, siempre es algo completamente distinto de la asociación lassalleana.
Me reí mucho al ver por la carta de Wilhelmchen que la sección oficial de esa asociación en Berlín consta de 5 hombres, porque hace poco salió en el Social-Demokrat, muy en serio, una crónica de las deliberaciones de esa gente en la que uno felicitaba a los otros por haber acudido en tan gran número.
Ad vocem3 cotton crisis, aquí la cosa está de lo más alegre. El algodón (middling Orleans)4 estaba en julio a 31¾ peniques; el jueves pasado se cotizaba a 14¾, y hoy, si uno quiere vender, apenas vale 14 peniques. O sea, se ha depreciado más de la mitad. El 30 de diciembre aún valía 27 peniques: ¡una caída de 12½ a 13 peniques en 3 meses! A eso se suma la caída del lino, la lana, el azúcar y todos los imports generally,5 lo que supone una pérdida de 40 a 50 millones de libras esterlinas por lo menos. Ya comprenderás que el filisteo se esté cagando de miedo. En Liverpool ya no quiebra nadie. El que no puede pagar va a ver a sus acreedores (allí casi siempre se tienen solo unos pocos), se lo comunica y les ofrece tanto o cuanto, cosa que se acepta siempre enseguida, porque uno se alegra de cobrar algo y hay que evitar todo escándalo para que no se venga abajo todo el edificio podrido. Dicen que ha habido cientos de estos convenios callados, y hoy ya se dice también aquí que uno de los mayores fabricantes de Stockport, que tiene 3 grandes fábricas y que solo con la especulación en algodón ha ganado, dicen, 200 000 £ en los últimos años, acaba de llegar a un arreglo callado parecido. Pero todo esto todavía no es nada. Las letras giradas desde la India contra el algodón blanco vencen en las próximas 6 semanas, y además de Joyce caerán entonces muchos más. En Escocia también hay muchos con el agua al cuello, y una buena mañana les tocará el turno a los bancos, y entonces se acabó. Además, los hiladores y fabricantes de Austria quiebran por docenas —en toda Bohemia solo «el gran Liebieg»6 se tiene todavía en pie; todos los demás están arruinados—, y en Polonia también está empezando.
La industria misma se ve poco afectada. Los pequeños están casi todos arruinados desde hace tiempo o se han evaporado sin ruido, y los grandes, si es que les llegan pedidos, pueden volver a trabajar ahora con algún beneficio. De ellos solo se hunden los que tienen maquinaria mala o no han podido quitarle las manos de encima al cotton.7 Con sus existencias de hilados y tejidos de algodón pierde todo el mundo. También nosotros podríamos cantar una canción amarga sobre eso, y para mí en particular el doble de amarga que si me la hubieran cantado el año pasado. Eso es lo que se saca de hacerse socio.8
Gloriosa es también ahora la moralidad del comercio. Uno compra hoy mercancía, y para cuando se la entregan vale 3, 4, 5 peniques menos la libra. Eso lleva a toda clase de triquiñuelas y rechazos con tal de librarse de esos contratos ruinosos, y te da una pelea y una correspondencia de riñas sin fin. Estoy de porquería hasta el cuello. No tienes idea de lo que es tanto escribir y tanto disgusto.
¿Ha recibido tu mujer las 3 £? Te adjunto la liquidación final; los 12 chelines y 1 penique te los mando un día de estos; hoy es demasiado tarde para una post office order.
Un saludo afectuoso.
Tuyo, F. E.
Adolph Kolatschek, publicista austríaco, antiguo diputado del Parlamento de Fráncfort. ↩
«Escisiones». ↩
«A propósito de». ↩
Calidad media de algodón de Nueva Orleans, que servía de referencia en Liverpool. ↩
«Importaciones en general». ↩
Johann Liebieg (1802-1870), gran industrial textil de Reichenberg (Liberec), en Bohemia. ↩
«Algodón», la especulación en algodón. ↩
Engels había entrado como socio en la casa Ermen & Engels en 1864. ↩