Carta de Friedrich Engels a Karl Marx, que vivía en Londres, escrita en Manchester el 17 de abril de 1868. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/4, Berlín, 1931, carta n.º 1123, pp. 38-39) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.

Manchester, 17 de abril de 1868.

Querido Mohr:

El Horn «quedo a la espera», como dice el estilo comercial.1

Que en el agio no hay teóricamente nada interesante ni nada nuevo que exponer es seguro. Todo se reduce a estafa con falsas apariencias, y ahí lo único que puede cambiar es la manera. Por lo demás, el material secreto de la historia del Crédit Mobilier puede salir, y probablemente saldrá, a la luz por sí solo con la caída del Imperio, aunque todo ello ocurra sin intervención de los tribunales.

La gloriosa victoria de Ginebra ya la había visto el sábado por la mañana en los periódicos. La cosa es tanto más bonita cuanto que los estúpidos filisteos habían hecho de la Asociación Internacional la palanca y el sostén mismos del asunto, y ahora le cae a ella toda la gloria. Que los mediadores en el asunto fueron el señor prefecto de policía Camperio y el noble y serio Amand Goegg,2 lo habrás visto. Eso le habrá infundido al señor Amand un nuevo respeto por nuestro poder. Por lo demás, me pica la curiosidad por saber cuánto tiempo dejarán todavía en paz a la Asociación Internacional en Alemania después de este asunto.

By the bye,3 las cosas obreras van de maravilla. Primero Bélgica, luego Ginebra, ahora Bolonia;4 solo me extraña que no se lo hayan cargado todavía a la Internacional; ya no se acaba en ninguna parte.

El Schweitzer lo habrás recibido.

Mañana te mando —me los he olvidado en la oficina— 1) un nuevo periodiquillo de Wilhelm; 2) otra jeremiada más de Eichhoff,5 y 3) un trozo de declaración de la redacción de la Zukunft sobre el curioso artículo ad vocem Vogt, por el que verás qué clase de cabrones son.6

El extractar tu libro me da, con el poco tiempo que tengo, más trabajo del que pensaba, car enfin,7 si uno hace este trabajo, tiene que hacerlo como es debido y no solo para este fin especial. La semana que viene pienso tener más tiempo; hay pausa en el Commerce, y si puedo escaparme por la tarde a las 4 o las 5, eso le da a toda la noche otro carácter de trabajo.

Te devuelvo adjunto a Kugelmann. Su pólipo uterino extirpado por incisión y esponja comprimida me ha interesado mucho; ya me lo contará de palabra con más detalle a su debido tiempo. Pero el intento de convertir a Virchow al comunismo por medio de ese pólipo se parece mucho a un embarazo extrauterino.8 Aunque Virchow tuviera conocimientos e interés teórico en política, o en economía, este buen burgués está demasiado comprometido.

Por lo demás, primero vienes aquí antes de irte al continente, cela est entendu,9 y te traes a Tussy, como prometiste.

¿Se te ha calmado ya el brazo? Que Kugelmann te recomiende el arsénico te habrá quitado también algunos posibles temores. Schorlemmer lo tomó en su día en grandes dosis y nunca notó el menor perjuicio.

Saludos cordiales a las señoras.

Tuyo, F. E.

  1. El folleto de Horn que Marx le había anunciado en la carta del 11 de abril (1868-04-11 Marx a Engels). ↩

  2. Philippe Camperio, consejero de Estado de Ginebra encargado de la policía. Amand Goegg, demócrata badense de 1849, uno de los dirigentes de la Liga de la Paz y de la Libertad. ↩

  3. «Por cierto». ↩

  4. En marzo de 1868, la huelga de los mineros de la cuenca de Charleroi, en Bélgica, había sido reprimida a tiros por la tropa. ↩

  5. Wilhelm Eichhoff, periodista berlinés, miembro de la Internacional. ↩

  6. Die Zukunft, diario democrático de Berlín dirigido por Guido Weiss. Carl Vogt, el naturalista contra el que Marx había escrito Herr Vogt (1860). ↩

  7. «Porque, al fin y al cabo». ↩

  8. Rudolf Virchow, el gran médico patólogo de Berlín, diputado del Partido Progresista. ↩

  9. «Eso queda entendido». ↩