Carta de Friedrich Engels a Karl Marx, que vivía en Londres, escrita en Manchester el 14 de octubre de 1868. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/4, Berlín, 1931, carta n.º 1194, pp. 111-112) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.

Manchester, 14 de octubre de 1868.

Querido Mohr:

La Kölnische Zeitung dice hoy que los obreros (colliers) de Essen, que acaban de terminar con éxito la huelga, se han rebelado contra los schweitzerianos y sus partidarios, los notables locales, y exigen una estricta rendición de cuentas de los fondos de la huelga.1 Por sospechosa que sea la fuente, el síntoma es significativo. En la cuestión del dinero se va a pique toda esta agitación; los chefs lassalleanos son demasiado sinvergüenzas en este punto.

Además, que en Gladbach los fabricantes de algodón han comprendido que la jornada es demasiado larga y forman una asociación entre ellos para reducirla, de entrada, de 13 horas a 12 (número del 12 de octubre).2 Ya ves cómo tu libro actúa en la práctica también sobre la burguesía.

¡Qué número tan tonto otra vez el del periodiquillo de Wilhelm de esta semana! Interrumpe tus cosas sobre Hirsch para meter en su lugar un artículo de pacotilla que viene a decir que la sociedad burguesa o, como él dice, «lo social», está determinada por «lo político», y no al revés.3 Naturam si furca expellas, etc.4 Casi todos los artículos están plagados de memeces.

El zorro de Ernest parece ahora seguro aquí, si uno puede fiarse de los hurras con que lo reciben en todas partes, precisamente a él con preferencia entre los 3 candidatos liberales.5 Si la cosa va bien, no lo sacará adelante su astucia, ni tampoco su straightforwardness, sino solo el instinto de las masas.6 Los tories no encuentran a nadie; dicen que quieren presentar aquí a uno de los Hoare (banqueros de Londres); pero el hombre tiene que tener mucho dinero que tirar a cambio de nada si se mete en eso.

En Berlín, a causa del gran calor del verano pasado, en varias escuelas secundarias se suprimieron del todo las clases de la tarde y se alargaron una hora las de la mañana. Las consecuencias fueron completamente inesperadas: los chicos avanzaron con enorme rapidez, y ahora la cosa se va a ensayar a mayor escala.

En España el dominio de los generales parece desgastarse deprisa. La supresión de los jesuitas y, en parte, de los conventos se ha hecho esperar mucho y parece haber sido impuesta en parte por la penuria financiera; en cambio, las recompensas a los señores oficiales y suboficiales por pasarse al lado insurrecto llegaron bastante deprisa. También el desarme del pueblo parece ser ya solo cuestión de tiempo. Sin embargo, en un movimiento como este no bastan los pequeños trucos con los que un general, después de un golpe, podía salir del paso como ministro de Isabel.

Con los mejores saludos.

Tuyo, F. E.

  1. Colliers: «mineros del carbón». Los mineros de Essen, en el Ruhr, habían ido a la huelga en el otoño de 1868. ↩

  2. Mönchengladbach, centro textil de la provincia del Rin. El número citado es el de la Kölnische Zeitung. ↩

  3. El Demokratisches Wochenblatt de Liebknecht. Las «cosas sobre Hirsch» son la nota de Marx contra Max Hirsch; véase 1868-10-04 Marx a Engels. ↩

  4. Naturam expellas furca, tamen usque recurret: «Aunque eches a la naturaleza a horquillazos, siempre volverá» (Horacio, Epístolas, I, 10, 24). ↩

  5. Ernest Jones (1819-1869), antiguo dirigente cartista, abogado en Manchester, candidato liberal por esa ciudad en las elecciones generales de noviembre de 1868. ↩

  6. Straightforwardness: «franqueza». ↩