Carta de Friedrich Engels a Karl Marx, que vivía en Londres, escrita en Manchester el 29 de enero de 1869. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/4, Berlín, 1931, carta n.º 1236, pp. 152-153) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.

Manchester, 29 de enero de 1869.

Querido Mohr:

Por fin encuentro tiempo para escribirte más extensamente.

El susodicho Gimborn no ha dado señales de vida. Por lo que me cuentas, el tipo evidentemente no quiere más que husmear secretos industriales.1

El grupo de Bakunin, de sexo masculino y femenino (cuya diferencia, la de los sexos, también quiere abolir Bakunin),2 habrá fallecido, pues, en silencio. La cosa estaba planteada con astucia rusa, sí, pero con torpeza: se le veía demasiado el plumero, y precisamente a los obreros no se los pesca de esa manera. El viejo Becker no puede dejar de «organizar», qué se le va a hacer, y era el hombre indicado para caer en la trampa. Que también haga otras tonterías me lo creo, solo quisiera que tuviéramos sobre eso una fuente mejor que Wilhelm, que no hay manera de que vea los facts tal como son. A propósito, Wilhelm no me manda su periodiquillo desde año nuevo; si cree que me lo voy a «comprar», va listo.3 Estoy francamente contento de no tener que tragarme cada semana la lección de que no podemos hacer ninguna revolución mientras no se hayan restaurado la Dieta federal, el güelfo ciego y el buen príncipe elector de Hesse y no se haya tomado una cruel y legítima venganza del impío Bismarck.4

Lo de Basilea está muy bien. En general, las cosas marchan bien en Suiza. Claro que eso solo significa que allí sale a la plena luz del día todo lo que en el resto del continente está más o menos sofocado. Pero eso ya es muy bueno. También la legislación directa por el pueblo tiene allí el sentido de oponerse al dominio directo o indirecto de los burgueses en los consejos legislativos.5 Como los obreros suizos, hasta la huelga de Ginebra, apenas existían como partido político propio y no eran más que la cola de la burguesía radical, solo elegían para los consejos a burgueses radicales, mientras que, por otro lado, los campesinos elegidos se dejaban manejar fácilmente también por los burgueses instruidos. Para cantones pequeños eso puede estar muy bien; naturalmente, se vuelve enseguida superfluo y un estorbo en cuanto el proletariado entra en masa en el movimiento y empieza a dominarlo.

Son bonitas, en la huelga de Basilea, las aportaciones de Austria, hasta de Temesvar.6 Es imperdonable cómo el viejo Becker ha echado a perder este asunto con sus declamaciones desaforadas.

Al folleto de Vogt solo le he echado una ojeada y he visto que hace descender los caballos de las pulgas.7 Si así fuera, ¿de quién desciende el asno que ha escrito ese folleto?

Hoy te devuelvo los Social-Demokrat, etc., con algunos números de la Zukunft.

Muy bien que todavía queden 50 ejemplares de Herr Vogt en casa de Kugelmann. Si Vogt vuelve a dar conferencias en Berlín, Kugelmann debe mandar allí una parte y hacerlos anunciar en los periódicos. Apuesto a que eso lo echa de allí.

Sam Moore estudia ahora con ahínco tu primer cuaderno de Duncker, y lo entiende bastante bien.8 Las cosas dialécticas de la teoría del dinero, etc., las domina por completo y declara que son lo mejor de todo el libro, theoretically speaking.9

Con mi buen Gottfried el asunto todavía se alarga mucho.10 Pero si de alguna manera puedo, el jueves que viene por la noche voy a Londres y me quedo hasta el domingo por la noche.

La fotografía ha gustado mucho.

El Büchner lo tiene Gumpert; voy a recogerlo uno de estos días; me da reparo su señora, que cada vez es más filistea.

Hay que reconocerles a los lassalleanos que entienden la agitación de una manera muy distinta que nuestro buen Wilhelm con sus búfalos del Partido Popular.11 Es muy desagradable, porque parecen estar dejando muy atrás a Wilhelm y a Bebel, y las masas son tan horriblemente tontas y los dirigentes, todos unos canallas.

Mañana entierran a Jones, con una enorme procesión, en el mismo cementerio donde yace Lupus.12 Es una verdadera lástima por ese hombre. Sus frases burguesas no eran más que hipocresía, y aquí en Manchester no hay nadie que pueda sustituirlo ante los obreros. La gente vuelve a caer en la plena disolución y más aún a remolque de los burgueses. Además, era, entre los políticos, el único inglés culto que au fond estaba completamente de nuestro lado.13

A propósito de Beesly. ¿Qué hay del artículo para la Westminster?14 Bate el hierro mientras está caliente.

Yo también tengo un poco de catarro. Con este tiempo uno no sale nunca de él. Espero que tú ya estés también mejor.

Muchos saludos a tu mujer y a las chicas. How is Mrs. Lafargue and baby?15

Tuyo, F. E.

Que el ruso anuncie enseguida «Marx, K., Obras, tomo I» también está bien.

  1. Sobre el joven fabricante Th. von Gimborn, véase 1869-01-13 Marx a Engels. ↩

  2. El programa de la Alianza Internacional de la Democracia Socialista pedía la igualación política, económica y social de las clases y de los individuos de ambos sexos. ↩

  3. El Demokratisches Wochenblatt de Leipzig, que dirigía Wilhelm Liebknecht. ↩

  4. La Dieta de la Confederación Germánica, disuelta en 1866; Jorge V de Hannover, el «güelfo ciego», y el príncipe elector Federico Guillermo de Hesse-Kassel, destronados por Prusia ese mismo año. Engels se burla de la hostilidad particularista de Liebknecht hacia la Prusia de Bismarck. ↩

  5. El referéndum y la iniciativa popular, introducidos en esos años en varios cantones suizos. ↩

  6. Temesvar (hoy Timișoara, en Rumanía), entonces en la parte húngara del Imperio austriaco. ↩

  7. Carl Vogt (1817-1895), naturalista y demócrata de 1848, divulgador del darwinismo, contra quien Marx había escrito Herr Vogt (1860). ↩

  8. Samuel Moore (hacia 1838-1911), jurista de Manchester, amigo de Engels, que traduciría más tarde El capital al inglés. El «cuaderno de Duncker» es la Contribución a la crítica de la economía política (Berlín, Franz Duncker, 1859); véase su prólogo. ↩

  9. «Desde el punto de vista teórico». ↩

  10. Gottfried Ermen, el socio de Engels, con el que negociaba su salida del negocio. ↩

  11. La Asociación General de Obreros Alemanes, lassalleana, dirigida por Schweitzer. El Partido Popular (Volkspartei) era el partido demócrata pequeñoburgués, sobre todo del sur de Alemania, al que estaban entonces aliados Liebknecht y Bebel. ↩

  12. Ernest Jones, muerto el 26 de enero. Lupus es Wilhelm Wolff (1809-1864), amigo de Marx y Engels, enterrado en Manchester, a quien Marx dedicó el primer tomo de El capital. ↩

  13. Au fond: «en el fondo». ↩

  14. The Westminster Review, revista liberal de Londres. Edward Spencer Beesly, el historiador positivista amigo de Marx. ↩

  15. «¿Cómo están la señora Lafargue y el bebé?». ↩