Carta de Karl Marx a Friedrich Engels, que vivía en Manchester, escrita en Londres (el lugar no figura en la carta) el 10 de agosto de 1869. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/4, Berlín, 1931, carta n.º 1301, pp. 218-220) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.
10 de agosto de 1869.
Dear Freddy:
Tussy me pone en un gran apuro. Resulta que los Lafargue han escrito que llegan aquí el martes o el miércoles próximos. Si no le digo a Tussy que viene su fanáticamente adorado Fouchtra, luego me lo reprochará. Si se lo digo, caerá en una colisión trágica entre el deseo de quedarse con Mrs. Lizzy, como estaba acordado, y el deseo de ver a Fouchtra.1 Te dejo que lleves el asunto según tu propio criterio.
En el periódico policiaco francés —L’Internationale— un artículo, «La Dictature Universelle», contra la International Workingmen’s Association, provocado por las muchas strikes2 que se suceden una tras otra en Francia. Este artículo de Jerusalem termina así: «Sea como fuere, ahora se sabe que depende de la Liga hacer cesar la vida social allí donde entre en sus miras pararlo todo con una sola palabra. Si hubiera un ministro ambicioso que supiera ganarse su favor, se comprende lo que podría hacer contra los rivales que le estorbasen. Estamos perfectamente convencidos de que ese mismo ministro, una vez alcanzado su objetivo, no tendría nada más urgente que destruir la Liga con procedimientos radicales; no sabemos si lo conseguiría; pero, de momento, declaramos que la Liga internacional es verdaderamente la Dictadura universal. Esperemos el momento en que sus cajas estén llenas». Si el tipo espera hasta entonces, ya puede esperar sentado.
El fragmento del discurso de Wilhelm (pronunciado en Berlín) que se publica en el suplemento muestra, dentro de la estupidez, una astucia innegable para arreglarse las cosas a su gusto.3 ¡Por lo demás, esto es muy bonito! ¡Como el Reichstag solo se puede usar como medio de agitación, nunca se puede hacer agitación allí por nada razonable que afecte directamente a los intereses de los obreros! ¡La ilusión del buen Wilhelm de que, como a Bismarck le «gustan» las frases amables con los obreros, por eso no se opondría a verdaderas medidas en favor de los obreros, es really charming!4 ¡«Como si» —diría Bruno Bauer— el señor Wagener no se hubiera declarado en el Reichstag teóricamente a favor de las leyes fabriles, pero en la práctica en contra, «porque en las condiciones prusianas serían inútiles»!5 ¡«Como si» el señor Bismarck, si de verdad quisiera y pudiera hacer algo por los obreros, no impondría la aplicación de la legislación existente en la propia Prusia! Solo con que eso ocurriera en Prusia, la liberal «Sajonia», etc., tendría que seguir su ejemplo. Lo que Wilhelm no entiende es que los gobiernos actuales coquetean, sí, con los obreros, pero saben muy bien que su único sostén está en la burguesía, y que por eso pueden asustar a esta con frases amables con los obreros, pero nunca pueden actuar realiter6 contra ella.
¡El animal cree en el futuro «Estado de la democracia»! Bajo cuerda, eso es unas veces la Inglaterra constitucional, otras los Estados Unidos burgueses, otras la miserable Suiza. De política revolucionaria «la criatura» no tiene ni idea. Lo que da como prueba —siguiendo al Mayer suabo— de la energía democrática:7 el ferrocarril de California se ha construido porque los burgueses se regalaron a sí mismos, por medio del Congreso, una enorme masa de «tierra del pueblo», es decir, expropiaron de ella a los obreros; porque, para rebajar el salario, importaron chusma china y, por último, instituyeron un nuevo vástago, la «aristocracia financiera».
Por lo demás, me parece una desfachatez de Wilhelm sacar tu nombre y el mío a propósito de Brass.8 Yo me había pronunciado directamente en contra de su compadreo con Brass y al mismo tiempo le había declarado, de viva voz, que, si eso acababa en escándalo, lo desautorizaríamos públicamente.
Quizá te interesen los pasajes siguientes de las «Memoirs of a Cavalier» de Daniel Defoe.9
- Hablando de la revista de tropas del cardenal Richelieu en Lyon, dice:
«La infantería francesa, comparada con la que he visto después en los ejércitos alemanes y suecos, no merecía llamarse soldados. Por otro lado, si se tiene en cuenta a las tropas saboyanas e italianas, eran buenas tropas».
- Hablando del comienzo de la intervención de Gustavo Adolfo en la mierda alemana:
«Primero (los príncipes protestantes alemanes) estaban dispuestos a unirse a él; al final no tuvieron corazón para unirse al emperador, de cuyo poder tenían tan justos recelos; deseaban el éxito a los suecos y se habrían alegrado mucho de que el trabajo se hiciera a costa de otro; pero, como buenos alemanes, estaban más dispuestos a ser salvados que a salvarse a sí mismos, y por eso se quedaron atrás y pusieron condiciones».
Espero verte el lunes que viene.
Salut.
Il Moro.
No olvides la libretita que me dejé en vuestra casa. Tiene un par de notas. Ditto10 el digno Dühring.11
Fouchtra, como Schnaps en la respuesta de Engels, era el apodo del hijo pequeño de Laura y Paul Lafargue. Tussy pasaba el verano en Manchester con Engels y Lizzy Burns. ↩
«Huelgas». ↩
El discurso de Liebknecht en Berlín sobre la posición de la socialdemocracia ante el Reichstag (31 de mayo de 1869), publicado en el Demokratisches Wochenblatt de Leipzig. ↩
«Realmente encantadora». ↩
Hermann Wagener, político conservador prusiano, consejero de Bismarck. En el manuscrito, «Wagner». Bruno Bauer, el antiguo joven hegeliano. ↩
«En la realidad». ↩
Karl Mayer, demócrata suabo, dirigente del Partido Popular y redactor del Beobachter de Stuttgart. ↩
August Brass, demócrata del 48 convertido en director de la Norddeutsche Allgemeine Zeitung, órgano de Bismarck; Liebknecht había trabajado en ella en 1862. ↩
Memorias de un caballero (1720), novela de Daniel Defoe sobre la guerra de los Treinta Años y la guerra civil inglesa. ↩
«Lo mismo». ↩
Un libro de Eugen Dühring, economista y filósofo alemán, al que años después Engels dedicaría el Anti-Dühring. ↩