Carta de Friedrich Engels a Karl Marx, que vivía en Londres, escrita en Manchester el 31 de julio de 1870. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/4, Berlín, 1931, carta n.º 1386, pp. 348-350) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.

Manchester, 31 de julio de 1870.

Querido Mohr:

Te adjunto el plan de campaña prusiano. Te ruego que cojas enseguida un cab1 y lo lleves a la Pall Mall Gazette, para que salga el lunes por la tarde. Nos dará a la Pall Mall Gazette y a mí una reputación enorme; el martes las cosas pueden haber avanzado ya tanto que cualquier asno pueda explicarse la historia. No sé si mi n.º II salió el sábado, porque la Pall Mall Gazette no ha llegado hoy aquí a los clubes. Estoy un poco orgulloso de esta historia, porque de verdad no era fácil adivinar este plan. El momento decisivo fue la noticia de que un primo de Gumpert, jefe de compañía en el 77.º regimiento, vanguardia del 7.º cuerpo de ejército, salió el 27 de julio de Aquisgrán hacia Tréveris. Entonces lo vi todo claro.2

Además, es necesario que acuerdes con Greenwood que yo le mande los artículos directamente, para que puedan salir el mismo día. Perder tiempo es ahora mortal para esta clase de artículos. Pienso mandarle un artículo 2 veces por semana: de media; en casos urgentes, más a menudo, y cuando los acontecimientos estén en calma, menos. Entre medias, quizá breves noticias cuando haya ocasión, que puede usar como quiera.

Desde luego, es cada vez más bochornoso para nosotros hacer la guerra a las órdenes de Guillermo. Pero no deja de estar bien que haga un ridículo tan espantoso con su misión divina y con su Stieber, sin el cual, al parecer, la unidad alemana no puede terminarse. El manifiesto de la Internacional salió el sábado aquí, en el Courier, periódico tory;3 si hubiera sido otro día de la semana, también lo habrían publicado los demás periódicos, pero los anuncios del sábado lo impidieron. El manifiesto enseñará al populus de todas las clases que ahora solo los obreros tienen una verdadera foreign policy.4 Es muy bueno, y el Times no lo ha aceptado seguramente solo por los rusos. Los gobiernos y la burguesía se asombrarán enormemente cuando, después de la guerra, los obreros reanuden tranquilamente su acción interrumpida como si no hubiera pasado nada.

Mi confianza en la capacidad militar de los alemanes crece cada día. Así que el primer combate serio lo habríamos ganado efectivamente. Los franceses no parecen saber todavía qué cosa les han puesto en las manos con el fusil de retrocarga.

El juego de Moltke es muy arriesgado. Según mis cálculos, no habrá terminado su concentración antes del martes o el miércoles. De Aquisgrán a la frontera hay unas veinte millas alemanas,5 4 o 5 marchas duras, sobre todo con este calor. Así que el 7.º cuerpo difícilmente estará completo en el Sarre antes de mañana, y hoy puede que se dé ya la batalla principal. En todo caso, está tan finely cut6 que 24 horas más o menos van a pesar muchísimo. La batalla propiamente dicha tendrá lugar seguramente en el Sarre, entre Merzig y Saarbrücken.

Está bien que los franceses hayan atacado primero en territorio alemán. Si los alemanes persiguen de cerca una invasión rechazada, eso no causará en Francia, seguramente, el mismo efecto que si entraran en Francia sin invasión previa. Así, por el lado francés, la guerra sigue siendo más bonapartista.

El éxito final —que al final venzan los alemanes— no me ofrece la menor duda, pero el plan de Moltke delata la certeza absoluta de poder presentarse en la primera batalla con una superioridad aplastante. Probablemente el martes por la tarde sabremos si no se ha equivocado en sus cálculos. Moltke echa a menudo sus cuentas sin su Guillermo.

Cuanto más se arrastra el filisteo alemán ante su Guillermo, que confía en Dios y se arrastra ante Dios, más insolente se vuelve con Francia. El viejo aullido de Alsacia y Lorena vuelve a estar en pleno apogeo, con la de Augsburgo7 a la cabeza. Pero ya les harán entender los campesinos loreneses a los prusianos que la cosa no es tan sencilla.

Sobre el tratado tienes toda la razón. La gente no es tan tonta como se figura Bismarck. Lo único bueno que tiene el asunto es que ahora toda la porquería tiene que salir a la luz y que, además, se han acabado las trampas entre Bismarck y Bonaparte.

En toda la historia de la neutralidad, carbón incluido, los alemanes se comportan, conforme a su historia, como niños. Son cuestiones que nunca se le han presentado a este pueblo. ¿Quién le ha preguntado nunca por ellas?

Te devuelvo adjuntos los rusos. Ruso es ruso. ¡Qué comadreo de Michel es ese, seis rusos peleándose entre sí como si del resultado dependiera el dominio del mundo! Y todavía sin los cargos contra Bakunin, solo las lamentaciones sobre el compadreo en Suiza. En todo caso, los nuestros parecen honrados, en la medida en que eso es posible para un ruso, pero yo tendría cuidado con ellos.8 Entretanto, está muy bien conocer todos esos chismes; forman parte, qué le vamos a hacer, de la diplomacia del proletariado.

El Volksstaat me llega de manera muy irregular por culpa del correo. El número del 23 venía con una faja con matasellos del 19: así manipulan esos tipos. Faltan muchos números. En los dos últimos, Wilhelm no ha estado muy activamente tonto: se había parapetado detrás de la fraternización de los obreros alemanes y franceses.

Schorlemmer9 tiene 2 hermanos en la división de Hesse, suboficiales voluntarios de un año.

De Smith no he sabido nada más. Muchas gracias por la molestia. Si no sé nada esta semana, le escribo a Smith algo grueso. ¡Qué ocurrencia la de semejante aristócrata, querer pedir informes aquí él mismo! Si se lo hubiera dejado a su banker,10 habría tenido todos los informes en 3 días. Pero el hombre debe de creerse un businessman. ¡Animal!

Muchos saludos a todos. Lizzie va mejorando mucho de la rodilla.

Dupont, seguramente por medio de Mothet, se había dejado endosar una casa en el barrio más insalubre de todos, pegada al río apestoso, pero me he ocupado de que tome otra. Pero no le digas nada a él: está arreglado. A Mothet, en cambio, no me lo ha vuelto a traer; Serraillier le habrá escrito por eso, y Dupont parece sentir él mismo alivio por no tener ya al tipo colgado del cuello día y noche.

Tuyo, F. E.

  1. «Coche de alquiler». ↩

  2. Uno de los artículos de Engels «Notes on the War» para la Pall Mall Gazette. ↩

  3. El Manchester Courier, periódico conservador. Véase el Primer manifiesto del Consejo General de la Asociación Internacional de los Trabajadores sobre la guerra franco-prusiana. ↩

  4. «Política exterior». Populus: «pueblo» (latín). ↩

  5. La milla alemana equivalía a unos 7,5 kilómetros. ↩

  6. «Tan justo». ↩

  7. La Allgemeine Zeitung de Augsburgo. ↩

  8. Utin y sus amigos de la sección rusa de Ginebra; véase 1870-07-28 Marx a Engels. ↩

  9. Carl Schorlemmer (1834-1892), químico alemán, profesor en Manchester, amigo íntimo de Engels y de Marx. ↩

  10. «Banquero». ↩