Carta de Karl Marx a Friedrich Engels, que estaba en Ramsgate, escrita en Londres el 25 de mayo de 1876 (el lugar no figura en la carta). Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/4, Berlín, 1931, carta n.º 1449, pp. 434-436) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.
25 de mayo de 1876.
Querido Fred:
Junto con esta carta echo al correo el manuscrito de Most que ha llegado, en su propio envoltorio.1 El papelucho de Wilhelm que va dentro lo he abierto, porque pensé que también se refería a lo de Most. Además me había llevado de tu casa, para meterlo en el envío, un sobre de la Great Northern Railway, porque creí que era algo de negocios, pero ahora veo que es un simple programa of Tourist Arrangements.2
Mi opinión es que la «posición vis-à-vis de estos señores» solo se puede tomar criticando a Dühring sin miramiento alguno. Es evidente que ha andado revolviendo entre los trepas Knoten3 literarios que le son afectos para impedir esa crítica; ellos, por su parte, contaban con la debilidad de Liebknecht, que conocen bien. Liebknecht tenía, by the by,4 y hay que decírselo, la obligación de explicar a esos individuos que él había pedido repetidas veces esa crítica y que nosotros, durante años (porque la historia empieza desde mi primer viaje de vuelta de Karlsbad), la habíamos rechazado por ser un trabajo demasiado subalterno. El asunto, como él sabe y como prueban sus cartas, solo nos pareció que valía la pena cuando, al mandarnos repetidamente cartas de Knoten, nos llamó la atención sobre el peligro de una propaganda de chabacanería dentro del partido.
En cuanto al señor Most in specie,5 es natural que tenga a Dühring por un pensador sólido, porque este no solo en conferencias ante obreros de Berlín, sino luego también en letra impresa, ha difundido el descubrimiento de que fue Most el primero en hacer algo razonable de El capital. Dühring halaga sistemáticamente a estos Knoten, cosa de la que ellos no tienen que quejarse por nuestra parte. El enfado de Most y compañía por la manera en que dejaste sin habla al proudhoniano suabo6 es característico. Es un escarmiento que les da pavor, y quieren hacer imposible de una vez por todas ese proceder por la vía del chismorreo, de la bonhomie de buenos sentimientos y del amor fraterno indignado.
Con todo, la raíz es y sigue siendo la falta de manuscritos de Liebknecht, en la que parece concentrarse en general su talento de redactor. Pero la mezquindad con la que evita reconocer aunque sea con una palabra la historia de la Comuna francesa de Becker, o al menos dar algunos extractos, demuestra que tampoco la falta de manuscritos lo vence todo.
Recordarás que hace poco, cuando hablábamos de Turquía, te señalé la posibilidad de un partido puritano (apoyado en el Corán) entre los turcos. Ya se ha producido. Según una correspondencia de Constantinopla en la Frankfurter Zeitung, se pretende, si las cosas siguen así, quitar de en medio al sultán y poner en su lugar a su hermano.7 El corresponsal, que habla turco y trata personalmente mucho con los turcos en Constantinopla, destaca entre otras cosas que conocen perfectamente el juego de Ignátiev,8 de quien parten todos los rumores inquietantes entre los cristianos de Constantinopla. Una cosa es segura: a los turcos no se los puede quitar de en medio without harness on their back,9 y los rusos, que no se atrevieron (o tampoco fueron capaces, por falta de dinero) a coger por los pelos el momento oportuno con una acción rápida, quizá contribuyan con la presente adventure10 más a la ruptura de su régimen en casa que a la del de los turcos en Europa.
Jennychen está bien, pero el pequeño anda algo malito; aunque, según el médico, no es nada de importancia. Le ponen de nombre Jean (el nombre del padre de Longuet), Laurent (nickname of Laura)11 y Frederick (en tu honor).
La gente de Copenhague me ha invitado a un congreso obrero (a principios de junio) por telegrama y por carta a Pio12 (que se fue el lunes). Es una idea fantástica que yo pueda dar ahora funciones de ese tipo como artista invitado. Nuestro parque está hoy cerrado con tablas. Es cómico cómo en Inglaterra perduran como curiosidades las costumbres germánicas antiguas. Se trata de conservar el «auténtico dominio libre» mediante el cercado y, por tanto, la separación de la marca común.13
Pumps ha escrito largas cartas a mi mujer y a Tussy. Aunque la ortografía cojea aquí y allá, ha hecho, lo que es mucho más importante, progresos verdaderamente asombrosos en el estilo y en la soltura de la expresión.
Muchos saludos a madame Lizzy.
Tuyo, Karl Marx.
¡En qué asno se ha convertido Dizzy!14 ¡En este momento, en que Inglaterra está completamente aislada, se empeña en quedarse con algo más de una docena de fenianos!15
En cuanto al «Richter», Liebknecht no debería limitarse a simples hints16 en advertencias de ese tipo. Existe la posibilidad de que mi libreta de direcciones se haya marchado con Richter; pero de momento no lo creo.
Que Eichhoff17 trabaja para Arnim18 lo sabíamos desde mucho antes que Liebknecht, y con el odio de Eichhoff a Bismarck y a Stieber19 no tiene nada de extraño. Notabene, en la Frankfurter Zeitung sale una orden de busca y captura prusiana contra Arnim según la cual se le debe quitar su dinero y entregarlo a la policía de Berlín, ¡asegurando a las autoridades extranjeras el reembolso de los gastos y reciprocidad en los favores! (Esto por su ya juzgada sustracción de documentos.)
Véase la carta de Engels del día anterior. ↩
«De viajes organizados». ↩
«Knoten» era la palabra con que Marx y Engels designaban despectivamente a los oficiales artesanos de cultura estrecha y pretensiones de saberlo todo. ↩
«Dicho sea de paso». ↩
«En particular» (latín). ↩
Arthur Mülberger, médico de Württemberg, proudhoniano, al que Engels había respondido en Sobre la cuestión de la vivienda. ↩
El sultán Abdülaziz fue depuesto el 30 de mayo de 1876; le sucedió su sobrino Murad V. ↩
Nikolái Ignátiev, embajador ruso en Constantinopla. ↩
«Sin arnés a la espalda». ↩
«Aventura». ↩
«Apodo de Laura». ↩
Louis Pio, fundador del movimiento socialista danés. ↩
«Echtes freies Eigen», la propiedad libre plena de los antiguos germanos, frente a la «gemeine Mark», la tierra comunal. ↩
Benjamin Disraeli, primer ministro británico. ↩
Los presos fenianos, nacionalistas revolucionarios irlandeses, cuya amnistía se reclamaba entonces en Inglaterra y en Irlanda. ↩
«Insinuaciones». ↩
Wilhelm Eichhoff, periodista, autor de una historia de la Internacional (1868) escrita con ayuda de Marx. ↩
Harry von Arnim, antiguo embajador alemán en París, enemistado con Bismarck, condenado en 1874 por sustraer documentos de la embajada y huido al extranjero. ↩
Wilhelm Stieber, jefe de la policía política prusiana, el urdidor del proceso de los comunistas de Colonia (1852). ↩