Carta de Karl Marx a Friedrich Engels, que estaba en Londres, escrita en Ventnor el 12 de enero de 1882. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/4, Berlín, 1931, carta n.º 1513, pp. 520-522) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.

12 de enero de 1882. 1 St. Boniface Gardens, Ventnor.

Querido Engels:

Me quedaré aquí, a modo de prueba, otra semana (la tercera a partir de hoy); hasta ahora ningún cambio del tiempo a mejor, sino más bien lo contrario. Tussy va el lunes a Londres para una función de teatro en la que participa, y luego vuelve aquí.

Cuando salí de Londres, de las 40 £ que me diste tenía que gastar somewhat less than 20 en lo inevitable.1 Aquí el alojamiento me cuesta 2 guineas por semana, y con carbón y gas, aparte de otros extras, about 2 £ 15 sh.; el resto del gasto semanal, about 4 guineas. Es un sitio caro para lo que da el clima de este nido. Con los gastos de viaje me he gastado about 17 £ y me quedan 5. Eso no basta para la última semana (incluido el incidental London trip de Tussy y nuestra probable vuelta juntos la semana que viene). Así que te agradecería que me mandaras para el lunes next some £, si es factible.

En cuanto a lo de después, ante todo hay que descartar, en esas condiciones, que Tussy haga de acompañante mía (en general, cuando vuelva a interrumpir, me arreglaré sin compañía). La niña está bajo una mental pressure que mina por completo su salud. Neither viajes nor change of climate, nor physicians can do anything in this case.2 Lo único que se puede hacer por ella es darle gusto y dejar que siga sus lessons de teatro con madame Jung.3 Arde en deseos de abrirse así, según cree, una carrera artística independiente y activa, y, admitido esto, tiene en todo caso razón en que a su edad no hay más tiempo que perder. Por nada del mundo querría que la niña se imaginara que la sacrifican en el altar familiar en forma de «enfermera» de un viejo. En efecto, estoy convencido de que madame Jung puede ser pro nunc su único médico. Ella no es abierta; lo que digo se funda en la observación, no en sus propias manifestaciones. Lo dicho no contradice que los síntomas más inquietantes de momento —que, según me dijo miss Maitland (estuvo aquí dos días), son alarmantes sobre todo de noche— sean de naturaleza histérica. Pero tampoco contra eso hay de momento otro remedio que una actividad que le agrade y la absorba. Tengo algunas conjeturas sobre sus asuntos «del corazón»; pero el tema es demasiado delicado para tratarlo por escrito.

He recibido una carta de la familia Sorge, escrita por el viejo, refrendada por la señora Sorge y por Sorge hijo, en la que me proponen to turn over a new leaf, es decir, establecerme en Nueva York con ellos.4 ¡En todo caso, bienintencionado!

En la Arbeiterstimme, donde C. Schramm cayó sobre Carl Bürkli apoyándose en mí, ahora Bürkli cae sobre Schramm, demostrándole que todo lo que aduce no tiene nada que ver con el asunto, porque yo no me he ocupado en ninguna parte de la clase de dinero que él, Bürkli, propone, a saber, «billetes de banco hipotecario con interés».5 Pero Bürkli se asombra de que yo no mencione en ninguna parte al polaco August Cieszkowski (Du crédit et de la circulation, París, 1839), aunque el «rudo Proudhon», en el Système des contradictions économiques, polemiza mucho, pero con respeto, contra Cieszkowski (el «preinventor» de los billetes de banco de Bürkli).6 Este Cieszkowski —conde, como observa el suizo native Bürkli, y into the bargain «doctor en filosofía» y «hegeliano» e incluso «paisano de Marx», a saber, como «diputado por Posen» en la Asamblea Nacional «prusiana»—, este conde, etc., me visitó en efecto una vez en París (en tiempos de los Anales franco-alemanes) y me causó tal impresión que no quise ni pude leer absolutamente nada de lo que había perpetrado. Lo curioso es que los inventores del dinero de crédito «real», que debe servir a la vez como medio de circulación, en contraste con lo que llaman dinero de crédito «personal» (como los billetes de banco actuales), ya probaron suerte —en interés y por encargo de la aristocracia terrateniente—, aunque en vano, en tiempos de la fundación del Banco de Inglaterra. ¡Bürkli, en todo caso, en pleno error sobre la fecha de nacimiento «histórica» de su «idea» de Cieszkowski, reinventada por él por su cuenta!

Lo que me ha llamado la atención desde el primer momento en el manifiesto de Guillermo hecho por Bismarck es la confusión entre el rey de Prusia y el emperador de Alemania. En esta última calidad, el mozo no tiene ningún pasado histórico, ni tradiciones de los Hohenzollern (entre las que ahora figura a la cabeza el viaje —¡el viaje de estudios constitucional del «príncipe de Prusia» a Inglaterra!).7 Que Bismarck —aunque de manera torpe— haya jugado esa carta es delicioso, después de las protestas nauseabundas, desfallecidas de amor de súbdito, de los Mommsen, Richter, Hänel et tutti quanti.8 Ojalá veamos todavía algo.

Tuyo, K. M.

  1. «Algo menos de». Más abajo: incidental London trip, «viaje ocasional a Londres»; next some, «próximo unas». ↩

  2. «Presión mental». «Ni los viajes, ni el cambio de clima, ni los médicos pueden hacer nada en este caso». ↩

  3. Madame Jung, profesora de declamación de Eleanor Marx en Londres. Lessons: «clases». ↩

  4. «Pasar página», empezar una vida nueva. Friedrich Adolph Sorge vivía en Hoboken, junto a Nueva York. ↩

  5. La Arbeiterstimme, periódico socialdemócrata de Zúrich. Carl Bürkli (1823-1901), socialista suizo, partidario del crédito hipotecario barato; Carl August Schramm, colaborador de Höchberg. ↩

  6. August Cieszkowski (1814-1894), filósofo hegeliano y economista polaco. Pierre-Joseph Proudhon, Système des contradictions économiques ou philosophie de la misère (1846). ↩

  7. Sobre el rescripto de Guillermo I del 4 de enero de 1882, véase la carta de Engels del 8 de enero. En 1848 el entonces príncipe de Prusia, el futuro Guillermo I, huyó a Inglaterra ante la revolución. ↩

  8. Theodor Mommsen, Eugen Richter y Albert Hänel, diputados liberales y progresistas. ↩