Alarme, n.º 43-46, enero-diciembre de 1989 (págs. 14-16). PDF del número completo · Texto original en francés

Queremos señalar la aparición en las ediciones Spartacus de un libro titulado Pologne: Chroniques d'une société clandestine (Polonia: crónicas de una sociedad clandestina), que fue objeto de una reunión pública de un centenar de personas, el 20 de enero en París, por iniciativa de la editorial susodicha. La obra, prologada y anotada por Frédéric Goldbronn, presenta esencialmente extractos de la prensa de Solidaridad Combatiente desde su constitución en junio del 82 hasta enero del 85. Contiene también un cuestionario a los militantes de esta organización y una entrevista con Józef Pinior, el líder del Partido Socialista Polaco-Revolución Democrática (PPS-RD), emanación izquierdista-trotskista del heteróclito Partido Socialista Polaco (PPS). Este último dato explica la presencia, notada y protestada, de trotskistas en la tribuna de la reunión del 20 de enero, cuyo nivel fue, por lo demás, sumamente mediocre. El moderador de los debates, del colectivo «Les amis de Spartacus», F. Goldbronn y sus invitados hicieron todo lo posible por censurar la expresión de posiciones políticas radicales o revolucionarias. Peor aún, ese vivero de «demócratas» no dejó de ocultar la lucha de clases en Polonia. Así, el público recogió informaciones «de primera mano»: la sociedad polaca padece hoy de esquizofrenia, las mujeres se manifiestan en ella ¡y la división entre ciudad y campo parece de lo más preocupante! Lamentamos tener que interrogarnos sobre la ética y la voluntad de independencia que hasta ahora distinguían a las ediciones Spartacus, una «editorial no como las demás».

Pero ¿no daba ya el tono el prólogo de F. Goldbronn? Fíjense en este remate:

  • «Entonces podría ver la luz el proyecto que renace sin cesar de sus cenizas, desde la Asociación Internacional de los Trabajadores en 1864 hasta el congreso de Solidarnosc en 1981: la construcción de una vida liberada de la pobreza, de la explotación, del miedo y de la mentira».

¡¿Cómo atreverse a comparar la AIT y Solidarnosc?! La primera consagra plenamente la independencia de clase del proletariado y exalta el internacionalismo, amplificando el famoso «¡Proletarios de todos los países, uníos!» del Manifiesto comunista. La segunda, patriotera a más no poder, impide desde sus orígenes al proletariado utilizar sus armas de clase, empezando por la huelga, y pesa con todas sus fuerzas para encadenar a los obreros polacos al salvamento de la economía nacional. Ya en octubre del 80, ¿no declaraba Walesa?:

  • «No debería haber nunca huelga alguna. Tenemos que aprender a resolver todos los problemas en torno a una mesa de conferencias». (La Libre Belgique del 21-10-80)

Y esto en Gdansk, cuando una de las reivindicaciones de la gran huelga del verano del 80 había sido la reducción de los ritmos:

  • «El MKS pide a los obreros que son miembros suyos que emprendan —tras el fin de la huelga y en cooperación con la dirección de las empresas y fábricas— acciones encaminadas a un aumento del rendimiento del trabajo, al ahorro de materias primas y de energía y a una mayor disciplina en el trabajo».

(Le Monde del 03-09-80)1

Falsificar los acontecimientos y ensalzar a Solidarnosc en 80-81, por un lado; bordar sobre las sordas batallas que enfrentan a los «expertos» de la cúpula con la base del sindicato, por otro: tal es el procedimiento manido de F. Goldbronn para presentar a Solidaridad Combatiente y a algún que otro disidente como «rebeldes». Se comprende entonces que el anarquista que pretende ser haga coro con los fósiles de la IV Internacional degenerada, siempre en busca de las más bufas vanguardias «revolucionarias». Para pasmar las imaginaciones, el anarquista y sus compadres ahogan los criterios ideológicos de pertenencia a una organización en un montón de hechos e impresiones, un poco a la manera de los turistas que creen desvelarlo todo de los países que han visitado. Pero, quiéranlo o no, Solidarnosc y su brazo armado durante el estado de guerra, Solidaridad Combatiente, son organizaciones reaccionarias. Las divagaciones de la segunda sobre una «República Solidaria», como cualquiera puede juzgar por las respuestas al cuestionario, ¿no encubren la propaganda del neofascista, del liberal y del católico alternativo? Y el anarquista Goldbronn explica en su prólogo que Solidaridad Combatiente es «rebelde a las etiquetas».

«Una de dos: o los antiautoritarios no saben lo que dicen, y en ese caso no hacen más que sembrar confusión; o lo saben, y en ese caso traicionan el movimiento del proletariado. En uno y otro caso sirven a la reacción». (Engels)2

Nos queda ahora poner de relieve algunos aspectos de las Crónicas que nos parecen útiles o instructivos:

  1. La terrible desinformación que reina en nuestras tierras no pasa del todo inadvertida en Polonia y, por ende, en los demás países del Este:
  • «Ciertamente, llegan a todas esas naciones (las del Este, N. de la R.) informaciones sobre Polonia, pero truncadas, parciales o alteradas por la prensa y las radios occidentales». (Réplika n.º 8, nov. 82)
  1. Ídem la política de hambreadores de «nuestros» Estados por medio del FMI.

  2. Hace poco, el semanario Le Point presentaba en portada a Lenin como «el muerto del año». Solidaridad Combatiente, que bien podría soltar semejantes estupideces, se vio sin embargo obligada, para contradecir al poder enfeudado a Moscú, a distinguir la política exterior rusa bajo Lenin y bajo Stalin. Mientras los enterradores capitalistas se ponen de acuerdo, apostemos a que la clase obrera polaca no se habrá perdido ni una migaja.

  3. Solidaridad Combatiente, que se quiere organización descentralizada cuyas estructuras, en opinión de su dirigente, nunca han estado verdaderamente fijadas, ha dejado escapar expresiones típicamente proletarias en el correo de los lectores de su prensa. Júzguese:

  • «Debemos disponer de una milicia obrera armada, capaz de rechazar a los destacamentos de zomos3 en el terreno de las empresas».

En otro lugar de la obra, y en respuesta al estado de guerra:

  • «¿Por qué, al militarizar el trabajo, no se dieron armas a los obreros?»

Si se añade a esto la costumbre de los obreros de tomar rehenes entre las fuerzas de represión, cabe imaginar, como hemos dicho y repetido, que la espontaneidad del proletariado polaco en 1980 no tendía en absoluto a la creación de un sindicato, sino a la constitución de órganos comparables a los sóviets rusos de 1905.

  1. Es de lo más importante advertir aquí y allá en las Crónicas los signos evidentes de una desmitificación ideológica de los regímenes stalinistas, regímenes anticomunistas como los que más.

  2. Por último, y para acabar esta enumeración, la atracción de los jóvenes obreros hacia las ideas anarquistas, más instintiva que otra cosa, y la presencia de grupos libertarios principalmente en los grandes centros industriales revelan, no puede dudarse, la fuerza de atracción que conserva pese a todo entre el proletariado la idea de un mundo sin clases y sin Estado.

Las distintas observaciones que acabamos de hacer merecen proyectarse sobre el presente. No hay que exagerar el mito que representarían las «democracias» occidentales en el Este, ni tampoco la fuerza de las ilusiones democráticas. El resurgir de partidos políticos de extrema derecha comprometidos ayer con el nazismo casi podría probar lo contrario. Pero eso no es todo. Los odios nacionalistas que invaden allí la vida pública, y que pueden provocar intentonas de golpes militares, la penuria generalizada, la condición de los obreros obligados, como en Polonia, a trabajar 14 horas al día: todo ello no puede sino exacerbar al máximo tensiones que vuelven de lo más empalagoso el discurso democrático capitalista. Dicho sea de paso, hay que ser rematadamente cretino para imaginar que la democracia parlamentaria, en putrefacción en el Oeste, vaya a darse un baño de juventud en el Este. Y de todos modos nada, salvo la falta de convicción del proletariado en sus luchas, puede enmascarar la salvaje y mundial dictadura del Capital sobre el Trabajo. Que la tradición de lucha de los obreros polacos, en sus aspectos más subversivos, se convierta en ejemplo para los enfrentamientos de clase, y nuestros engalanados «demócratas» reconocerán pronto lo que más temen: la dictadura del proletariado.

Hay que expresar su necesidad, bajo la forma que le es propia de una total libertad de expresión para los obreros revolucionarios. Conviene precisar además su base social, la supresión del trabajo asalariado que conduce a la extinción del Estado, si no queremos renunciar a llamarnos comunistas.

  1. El MKS era el Comité Interempresas de Huelga de Gdansk, nacido de la huelga de agosto de 1980. Traducimos del francés esta cita y las demás de la prensa y del libro. ↩

  2. Engels, «De la autoridad» (1872-1873), según la traducción de la Escuela. ↩

  3. Unidades antidisturbios de la milicia polaca. ↩