Escrito en inglés por Karl Marx en Londres el 17 de diciembre de 1852 para el New-York Daily Tribune, que lo publicó en su número 3659, del 7 de enero de 1853. El original inglés no tiene hoy fuente libre: se traduce de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 8 (Berlín, 1960, pp. 479-483), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.
Londres, viernes 17 de diciembre de 1852
Me apresuro a comunicarle el resultado de la sesión de anoche, que terminó con la derrota del ministerio.
A esta derrota general de los ministros la precedió un combate singular en el que el más temerario de sus paladines, Aquiles Beresford, el ministro de la Guerra, sucumbió vergonzosamente.1 La comisión de verificación de la elección de Derby presentó su informe. Este confirma todos los diversos hechos que ya había denunciado la petición de los liberales y llega a la conclusión de que las pruebas revelan un sistema de soborno a gran escala en las elecciones de Derby. La comisión se abstuvo, sin embargo, de seguir adelante con los hechos descubiertos, y en lugar de presentar una acusación directa contra el señor Beresford por intento de soborno, se limitó a censurarlo severamente por su «despreocupada indiferencia y desprecio de las posibles consecuencias». Queda por ver si el Parlamento hace suyas las opiniones de esta honorable comisión y si permite al señor Beresford conservar su escaño. Si así fuera, ratificaría con ello la memorable sentencia del señor ministro Beresford de que «el pueblo de Inglaterra es la chusma más infame con que se ha topado jamás en el mundo entero». Sea como sea, el señor Beresford no puede conservar su puesto de ministro.
Tras esta breve digresión, quiero volver a mi verdadero tema.
Cuatro noches seguidas y la mayor parte de la quinta discutieron los miembros de la Cámara de los Comunes sobre si debían deliberar sobre todo el presupuesto, sobre la resolución de conjunto, sobre principios o sobre hechos, sobre este o aquel punto. Por fin llegaron a la conclusión de que la Cámara solo tenía que ocuparse por el momento de la cuestión del aumento del impuesto sobre las casas y de la extensión de la imposición directa a nuevos ámbitos.
La Cámara rechazó esta primera propuesta presupuestaria de Disraeli por 305 votos contra 286. La mayoría contra los ministros fue de 19. Luego la Cámara se aplazó hasta el lunes próximo. La falta de tiempo me impide entrar en los detalles del debate como me gustaría. Tengo que limitarme, pues, a examinar los pasajes más importantes del discurso de Disraeli, con mucho el más importante de todos los discursos.
Sir Charles Wood, el anterior canciller del Exchequer, y sir James Graham2 habían dirigido sus principales ataques contra su propuesta de emplear el fondo de préstamos para obras públicas (400.000 libras esterlinas anuales) para compensar la pérdida de los derechos de la navegación. Sobre todo sir James Graham se había empleado con la mayor energía en favor de los benéficos efectos de este fondo. ¿Qué responde ahora Disraeli?
«Quiero exponer a la comisión3 qué abuso flagrante se ha cometido con los fondos públicos de este país, qué sumas enormes de dinero se han dilapidado prácticamente sin conocimiento ni voluntad del Parlamento, y ello exclusivamente mediante la manipulación de este fondo de préstamos para obras públicas.»
Sigue a esto una descripción detallada de la escandalosa gestión financiera del gobierno whig en lo relativo a este fondo. Después Disraeli pasa a desarrollar los principios de su presupuesto.
«Antes de que pudiéramos ponernos de acuerdo sobre el primero de los pasos que había que dar, era preciso resolver una cuestión de la mayor importancia: hasta qué punto debíamos influir en el país para que determinara la suma de impuestos directos que necesita todo ministerio que intente acometer una reforma financiera.» (¡Muy bien!) «El diputado por Halifax» (sir Charles Wood) «me acusa de una propuesta que aumenta a la ligera la imposición directa del país.» (¡Muy bien! ¡Muy bien!) «El diputado por Carlisle» (sir James Graham) «me acusa de llevar irreflexivamente la imposición directa al extremo. Pero, en primer lugar, la propuesta que he hecho en nombre del gobierno, si se aprueba, no aumenta en modo alguno a la ligera el importe del impuesto directo, sino que conduce a una imposición directa más baja que bajo la administración financiera del honorable caballero, el diputado por Halifax, que disfrutaba no solo de los ingresos del impuesto sobre la renta y el patrimonio, sino también de los del impuesto sobre las ventanas, que en el último año de su existencia le rindió casi dos millones de libras esterlinas.» (Aplausos.) «El honorable caballero que nos exhorta a no aumentar a la ligera la imposición directa redujo en su último año de gobierno los ingresos del impuesto sobre las ventanas y se contentó con la modesta sumita de 700.000 libras que todavía le rendía el impuesto sobre las ventanas después de la rebaja. No puedo olvidar que el honorable caballero que con tanta ligereza me acusa de aumentar el importe de los impuestos directos propuso primero una transformación completa con la que su impuesto sobre las casas habría sido aún más alto que el que yo propongo.» (Fuertes aplausos.) «Pero eso no es todo. ¿No ha hecho nada más el honorable caballero que me acusa de aumentar a la ligera los impuestos directos del país? Ved aquí al ministro bajo cuyo régimen se cobró un impuesto sobre el patrimonio cuya cuantía completa solo ahora se muestra, bajo cuyo régimen hubo un impuesto sobre las ventanas de casi dos millones anuales; y este ministro se presentó un buen día ante la Cámara de los Comunes y propuso a la Cámara alarmada casi duplicar el impuesto sobre el patrimonio y la renta.» (Fuertes aplausos.) «Veo en semejante proceder el desprecio más irreflexivo de todas las consecuencias... Oímos hablar mucho de la duplicación del impuesto sobre las casas, un importe del todo inofensivo; pero si el honorable caballero hubiera conseguido duplicar el impuesto sobre el patrimonio y la renta, entonces, a mi juicio, se le habría podido acusar con toda razón de aumentar a la ligera los impuestos directos del país.» (Fuertes aplausos.) «¡Él habla de ligereza! Pero ¿qué hay en toda la historia de las finanzas que iguale a la ligereza con que procedió este honorable caballero?» (Fuertes aplausos.) «¿Y cómo justificó esta propuesta inaudita y monstruosa? Una propuesta como solo debería hacerse cuando está en juego el destino del país. Después de haber sido derrotado y de haber tenido que humillarse, después de frustrado su plan, declaró de repente que tenía rentas suficientes y que podía arreglárselas también sin su propuesta.» (Grandes y prolongados aplausos.) «Nadie querrá creer a un futuro historiador cuando cuente que el ministro que quería casi duplicar el impuesto sobre la renta declaró ya al día siguiente que sus ingresos y sus medios bastaban de sobra.» (Nuevos aplausos.)
Después de parar así el ataque de sir Charles Wood, Disraeli prosiguió:
«Teníamos que mostrar que entre la propiedad y la renta hay una diferencia, una diferencia entre la renta insegura y la renta segura. Teníamos también que defender ante todo un principio que considerábamos y seguimos considerando justo, y que, si no ahora, al final habrá de reconocerse y aceptarse como justo: a saber, que hay que ampliar la base de la imposición directa.» (Aplausos de los ministeriales.) ... «Si se pretendiera crear, como parte fija de nuestro sistema social, clases que ejercieran su poder político cargando a los más ricos del país con impuestos directos excesivos y a las clases trabajadoras con impuestos indirectos excesivos, no podría imaginar medida más funesta para este país ni que trajera peores consecuencias.» (Aplausos.) «Pero de una cosa estoy convencido: la clase privilegiada sería la primera en sentir esas consecuencias funestas.»
Disraeli se volvió luego hacia los librecambistas y prosiguió:
«Vemos cómo los grandes adversarios de los aranceles sobre los productos coloniales abogan aquí todos por la alta imposición de la producción, los vemos aquí lanzarnos pullas operando con todas las falacias que nosotros por lo menos tenemos el honroso valor de abandonar.» (Aplausos enormes.) «¡¿El proteccionismo ha muerto, su partido ha desaparecido?! Yo afirmo que se extiende y que está muy presente.» (Señala los escaños de la oposición.) «Con nuestros escaños se han apropiado de nuestros principios, y creo que tendrán tan poco éxito como nosotros.» (Aplausos.)
Al benévolo consejo de sir Charles Wood de que retirara su presupuesto, Disraeli responde para terminar lo siguiente.
«Se me aconseja retirar mi presupuesto. Pitt retiró su presupuesto, y también otros» (los whigs, y en particular sir Wood) «lo hicieron después de él.» (Risas.) «No aspiro a la gloria de Pitt, pero tampoco me someto a la degradación que otros aceptaron.» (Fuertes aplausos.) «No, señores. He visto las consecuencias que tiene para un gobierno no ser capaz de sacar adelante sus medidas; esas consecuencias no fueron ni honrosas para el gobierno, ni ventajosas para el país, ni, a mi juicio, compatibles con el honor de esta Cámara, que me importa mucho.» (Fuertes aplausos.) «Recuerdo un presupuesto en el año 1848 que fue retirado, presentado de nuevo y retirado otra vez.» (Risas.) «¿Qué fue de aquel gobierno, que solo era tolerado? ¿Qué fue de las finanzas de este país? Pues bien, se llegó a aquella vergonzosa transacción, a la rebaja del impuesto sobre las ventanas y del impuesto sobre las casas, que ahora tengo que esforzarme por enderezar.» (Aplausos.) «El mal es más profundo, aquí no se trata solo de consideraciones de partido... Sí, sé muy bien a quién tengo que hacer frente. ¡A una coalición» (aplausos), «posiblemente a una coalición victoriosa! Ha habido ya más de una coalición que ha tenido éxito. Pero también las coaliciones victoriosas han tenido que comprobar una y otra vez que el tiempo de su triunfo es breve. Y sé también que Inglaterra no ha amado nunca las coaliciones.» (Aplausos.) «Frente a la coalición, apelo a esa opinión pública que gobierna el país, a esa opinión pública que con su sabiduría y su influencia irresistible puede dirigir incluso las resoluciones del Parlamento, y sin cuyo apoyo hasta las instituciones más excelsas y más antiguas se convierten en "la fábrica sin cimientos de una visión".»4 (En medio de aplausos interminables y ensordecedores, el muy honorable caballero vuelve a ocupar su escaño.)
¿Qué dice ahora la prensa diaria sobre las consecuencias de la derrota de los ministros?
El Morning Chronicle (órgano de los peelistas) y el Morning Advertiser (radical) dan por segura la dimisión del ministerio. El Times es de la misma opinión, aunque duda de que la oposición pueda formar un nuevo ministerio tan deprisa como ha destruido el antiguo. El Daily News (órgano de la escuela de Manchester) supone que el ministerio derribado podría restablecerse, y precisamente en una combinación con lord Palmerston. El Morning Post (Palmerston) considera evidente ese restablecimiento. El Morning Herald (tendencia Derby-Disraeli), por último, declara que, si los ministros presentan hoy su dimisión, la reina se verá obligada a llamarlos de nuevo a su lado al día siguiente.
Una cosa es segura: los ministros han sido derribados a causa de una resolución librecambista que preveía una imposición directa ampliada. En cualquier caso les queda la satisfacción de que, si solo pudieron rechazar con éxito el primer ataque parlamentario renegando de sus propios principios, la oposición solo pudo vencerlos en la segunda batalla porque también ella abandonó sus principios.
En este debate se ha confirmado, pues, plenamente lo que ya dije antes sobre la posición de los partidos parlamentarios.5 La oposición coaligada, frente a la cifra compacta de los 286 tories, solo cuenta con una mayoría de 19 votos. Si forman un nuevo gobierno, este caerá a la primera ocasión. Si entonces el gobierno de la oposición disuelve la Cámara de los Comunes, las nuevas elecciones se celebrarán en las viejas condiciones y darán de nuevo el mismo resultado, es decir, una nueva Cámara de los Comunes en la que los distintos partidos volverán a paralizarse mutuamente, en la que el viejo juego tendrá que empezar desde el principio, de modo que la política de Inglaterra volverá a moverse en un cercle vicieux.
Tengo que insistir, por tanto, en el viejo dilema: o sigue habiendo un gobierno tory, o se llega a una reforma del Parlamento.
Karl Marx
William Beresford (1797-1883), diputado tory por Essex North, secretario de la Guerra (Secretary at War) en el gobierno de Derby; Marx lo llama irónicamente Aquiles. La investigación se refería a su intervención en las elecciones de la ciudad de Derby en 1852. ↩
Sir Charles Wood (1800-1885), canciller del Exchequer (ministro de Hacienda) en el gobierno whig de Russell de 1846 a 1852, diputado por Halifax. Sir James Graham (1792-1861), peelista, diputado por Carlisle. ↩
La Cámara deliberaba sobre el presupuesto constituida en comisión (committee of ways and means). ↩
Cita de Shakespeare, La tempestad, acto IV, escena 1: «the baseless fabric of this vision». ↩
Véanse «Los partidos políticos y las perspectivas» y «Crónica parlamentaria - La votación del 26 de noviembre - El presupuesto de Disraeli». ↩