Carta de Friedrich Engels a Karl Marx, que vivía en Bruselas, escrita en Barmen el 17 de marzo de 1845. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/1, Berlín, 1929, carta n.º 5, pp. 17-21) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.

Querido Marx:

Ayer me dio Hess tu carta.1 En cuanto a las traducciones, la cosa no está organizada todavía en absoluto. En Bonn quería hacer traducir a Fourier por unos cuantos de allí, bajo mi vigilancia y mi dirección, dejando fuera, naturalmente, el disparate cosmogónico, y, si el editor estaba conforme, sacar la cosa como primera sección de una biblioteca de ese tipo.2 Hablé de ello de pasada con Bädeker, el editor del Gesellschaftsspiegel,3 y parecía tener bastantes ganas, aunque no tiene fondos para una biblioteca más grande. Pero si damos la cosa en esa forma, será desde luego mejor dársela a Leske4 o a cualquier otro que pueda invertir algo en ella. Para traducir yo mismo esas cosas no tengo tiempo ninguno este verano, porque tengo que terminar lo de Inglaterra. El primer libro salió esta semana para Wigand,5 y como he estipulado con él que me pague 100 táleros al recibir el manuscrito, cuento con tener dinero dentro de ocho o doce días y poder mandártelo. Entretanto van 122,22 francos en una letra sobre Bruselas con vencimiento el 26 de marzo.

Va adjunto el resto de las suscripciones;6 si los de Elberfeld no hubieran retrasado la cosa de esa manera tan asquerosa, porque todavía podían haber reunido por lo menos veinte táleros de sus amis-bourgeois,7 habría llegado antes y en mayor cantidad.

Volviendo a la biblioteca, no sé si el orden histórico de las obras sería el mejor. Como franceses e ingleses tendrían que alternarse, el hilo del desarrollo se cortaría continuamente. Creo además que aquí sería mejor sacrificar el interés teórico a la eficacia práctica y empezar por las cosas que más materia dan a los alemanes y que más cerca están de nuestros principios; o sea, lo mejor de Fourier, de Owen, de los sansimonianos, etc. Morelly8 también podría ir bastante adelante. El desarrollo histórico podría darse muy brevemente en la introducción al conjunto, y así, con esa ordenación, cualquiera se orientaría fácilmente. La introducción podríamos hacerla juntos —tú te encargas de Francia y yo de Inglaterra—; quizá podría hacerse ya si, como pienso, voy dentro de tres semanas —por lo menos podríamos discutir la cosa—; en todo caso me parece absolutamente necesario empezar desde el principio con cosas que tengan un efecto práctico, contundente, sobre los alemanes y nos ahorren repetir lo que otros han dicho antes que nosotros. Si quisiéramos dar una colección de fuentes para la historia del socialismo, o más bien la historia en y a través de las fuentes, me temo que no acabaríamos en mucho tiempo y encima resultaríamos aburridos. Por eso soy partidario de que demos solo cosas cuyo contenido positivo sirva todavía hoy, al menos en su mayor parte. La Political Justice de Godwin,9 como crítica de la política desde el punto de vista político y de la sociedad burguesa, quedaría fuera, pese a las muchas cosas magníficas en que Godwin roza el comunismo, puesto que tú vas a dar la crítica completa de la política.10 Tanto más cuanto que Godwin, al final de su obra, llega a la conclusión de que el hombre debe emanciparse en lo posible de la sociedad y servirse de ella solo como de un artículo de lujo (Political Justice, II, libro 8, apéndice al capítulo 8), y en sus resultados es, en general, tan decididamente antisocial. Por lo demás, yo extracté el libro hace muchísimo tiempo, cuando todavía tenía las ideas muy poco claras, y de todos modos tengo que repasarlo; es muy posible, pues, que haya en él más de lo que entonces encontré. Pero si tomamos a Godwin, tampoco podemos dejar fuera a Bentham, su complemento, por más que el tipo sea terriblemente aburrido y teórico. Escríbeme sobre esto y luego veremos qué se puede hacer. Puesto que la idea se nos ha ocurrido a los dos, hay que llevarla a cabo como sea; me refiero a la biblioteca. Hess participará sin duda con mucho gusto, y yo también en cuanto tenga algo de tiempo; Hess lo tiene, porque ahora mismo, aparte de la redacción del Gesellschaftsspiegel, no se trae nada entre manos. Si estamos de acuerdo en lo fundamental, cuando vaya allí, cosa que con este motivo apresuraré todavía más, podremos dejarlo todo en claro y poner manos a la obra en seguida.

La Crítica crítica11 —creo que ya te escribí que había llegado— es estupenda. Lo que desarrollas sobre la cuestión judía, la historia del materialismo y los Mystères12 es magnífico y causará un efecto excelente. Pero, con todo, la cosa es demasiado gorda. El soberano desprecio con que los dos tratamos a la Literatur-Zeitung13 contrasta fuertemente con los veintidós pliegos que le dedicamos. Además, la mayor parte de la crítica de la especulación y del ser abstracto en general seguirá siendo incomprensible para el gran público, y tampoco le interesará en general. Por lo demás, todo el libro está escrito de maravilla y es para morirse de risa. Los Bauer14 no podrán decir ni una palabra. Bürgers,15 por cierto, si lo reseña en el primer cuaderno de Püttmann,16 podría mencionar de paso la razón por la que yo solo he trabajado poco, y solo lo que podía escribirse sin entrar a fondo en el asunto: mi corta estancia de diez días en París. De todos modos resulta cómico que yo tenga ahí dentro quizá pliego y medio y tú más de veinte. Lo de las «relaciones de putas» mejor lo habrías tachado. Es demasiado poco y demasiado absolutamente insignificante.

Es curioso que, además de en lo de la biblioteca, hayamos coincidido en otro plan. También yo quería escribir para Püttmann una crítica de List;17 por suerte me enteré a tiempo de tu intención por Püttmann. Como yo quería tomar a List desde el lado práctico, desarrollar las consecuencias prácticas de su sistema, elaboraré algo más uno de mis discursos de Elberfeld18 (las actas se imprimirán en la cosa de Püttmann), en el que lo hice brevemente, entre otras cosas; de todos modos supongo, por la carta de Bürgers a Hess y por tu manera de ser, que tú te meterás más con sus premisas que con sus consecuencias.

Llevo ahora una auténtica vida de perro. Con lo de las reuniones y la «disipación» de varios de nuestros comunistas de aquí, con los que naturalmente me trato, se ha vuelto a despertar todo el fanatismo religioso de mi viejo, que mi declaración de dejar definitivamente el chalaneo ha exacerbado; y como encima me presento abiertamente como comunista, se le ha desarrollado de paso un espléndido fanatismo burgués. Imagínate ahora mi situación. Como me voy dentro de quince días o así, no quiero armar camorra; lo aguanto todo, y como no están acostumbrados a eso, se van envalentonando. Si me llega una carta, la husmean por todos lados antes de que yo la reciba. Como saben que todas son cartas de comunistas, cada vez ponen una cara de lástima tan beata que es para volverse loco. Salgo: la misma cara. Me siento en mi cuarto a trabajar —en el comunismo, naturalmente, eso ya se sabe—: la misma cara. No puedo comer, beber, dormir ni soltar un pedo sin tener delante de las narices la misma maldita cara de niño de Dios. Ya salga o me quede en casa, me calle o hable, lea o escriba, me ría o no, haga lo que haga, mi viejo pone en seguida esa mueca infame. Y para colmo mi viejo es tan tonto que mete en el mismo saco el comunismo y el liberalismo como «revolucionarios», y, por ejemplo, me hace responsable sin cesar, a pesar de todo lo que le replico, de las infamias de la burguesía inglesa en el Parlamento. Y ahora, además, en casa es la temporada piadosa. Hace ocho días confirmaron a dos hermanos míos; hoy toda la parentela va en tropel a comulgar; el cuerpo del Señor ha hecho su efecto, las caras de lástima de esta mañana superaban todo lo visto. Pour comble de malheur,19 ayer por la noche estuve con Hess en Elberfeld, donde estuvimos predicando el comunismo hasta las dos. Naturalmente, hoy, caras largas porque volví tarde, insinuaciones de que a lo mejor había estado en el calabozo. Al fin se arman de valor para preguntar dónde había estado. «En casa de Hess.» «¡En casa de Hess! ¡Dios mío!» Pausa, aumento de la desesperación cristiana en el semblante. «¡Qué compañías te has buscado!» Suspiros, etc. Es como para rabiar. No tienes idea de la malicia de esta cacería cristiana tras mi «alma». Y para colmo basta con que mi viejo descubra que existe la «crítica crítica» para que sea capaz de ponerme de patitas en la calle. Y luego el disgusto continuo de ver que con esta gente no sirve absolutamente de nada, que se empeñan sin más en atormentarse y mortificarse con sus fantasías del infierno, que no hay modo de inculcarles ni los principios más elementales de la equidad. Si no fuera por mi madre, que tiene un fondo humano muy hermoso y que solo frente a mi padre carece por completo de independencia, y a la que de verdad quiero, no se me ocurriría ni por un momento hacer a mi fanático y despótico viejo ni la más miserable concesión. Pero así las cosas, mi madre se pone enferma de pena a cada momento y, cada vez que se disgusta especialmente por mí, se pasa ocho días con dolor de cabeza; esto ya no hay quien lo aguante, tengo que irme, y no sé cómo voy a aguantar todavía las pocas semanas que me quedan aquí. Pero también eso pasará.

Por lo demás, aquí no hay nada nuevo. La burguesía hace política y va a la iglesia; el proletariado hace no sabemos qué, y apenas podemos saberlo. La dirección a la que fue vuestra última carta sigue siendo segura de momento. Esta noche espero recibir el dinero; Köttgen20 me asegura ahora mismo que, en cuanto tenga un poco más de tiempo —dentro de un par de días—, podrá reunir algo más. Pero no me fío mucho; Köttgen está siempre dispuesto cuando puede lucirse, pero por lo demás ni sirve ni hace nada. Adiós. Tuyo, E.

Barmen, 17 de marzo de 1845.

  1. Moses Hess (1812-1875), publicista, entonces el principal propagandista del «socialismo filosófico» en Renania; en 1844-1845 colaboraba con Engels en la agitación comunista de Elberfeld. ↩

  2. Marx y Engels proyectaban una «Biblioteca de los mejores escritores socialistas extranjeros» en traducción alemana; el plan no llegó a realizarse. El «disparate cosmogónico» son las especulaciones de Charles Fourier sobre el universo y los astros. ↩

  3. Julius Bädeker, librero y editor de Elberfeld. El Gesellschaftsspiegel (Elberfeld, 1845-1846), revista mensual dirigida por Hess. ↩

  4. Carl Wilhelm Leske, editor de Darmstadt, con el que Marx había firmado en febrero de 1845 un contrato para una obra en dos tomos, Crítica de la política y de la economía política. ↩

  5. El manuscrito de La situación de la clase obrera en Inglaterra, que Otto Wigand publicó en Leipzig en 1845. ↩

  6. El dinero que Engels y sus amigos renanos reunían para Marx, expulsado de París a comienzos de febrero de 1845 y sin ingresos en Bruselas. ↩

  7. «Amigos burgueses». ↩

  8. Morelly, autor francés del siglo XVIII, conocido sobre todo por el Code de la nature (1755), uno de los textos clásicos del comunismo utópico. ↩

  9. William Godwin, An Enquiry concerning Political Justice (Londres, 1793). ↩

  10. Alusión a la obra prometida a Leske; véase la nota 4. ↩

  11. La Sagrada Familia, o Crítica de la crítica crítica. Contra Bruno Bauer y consortes, de Marx y Engels, publicada en Fráncfort del Meno en febrero de 1845. Véase nuestra traducción: La sagrada familia. ↩

  12. Los capítulos de Marx sobre Les Mystères de Paris, la novela de Eugène Sue, y la «crítica crítica» que de ella hizo Szeliga. ↩

  13. La Allgemeine Literatur-Zeitung, revista mensual de Bruno Bauer (Charlottenburg, 1843-1844), contra la que se escribió el libro. ↩

  14. Bruno Bauer y sus hermanos Edgar y Egbert. ↩

  15. Heinrich Bürgers (1820-1878), publicista renano, amigo de Marx. ↩

  16. Hermann Püttmann (1811-1874), publicista, editor de los Rheinische Jahrbücher zur gesellschaftlichen Reform, cuyo primer tomo salió en Darmstadt en 1845. ↩

  17. Friedrich List, Das nationale System der politischen Ökonomie (1841), teórico del proteccionismo alemán. ↩

  18. Los discursos que Engels pronunció en las reuniones comunistas de Elberfeld de febrero de 1845, publicados en el primer tomo de los Rheinische Jahrbücher. Véase nuestra traducción: Dos discursos en Elberfeld. ↩

  19. «Para colmo de desgracias». ↩

  20. Gustav Adolph Köttgen, pintor y poeta de Elberfeld, del círculo comunista de la ciudad. ↩