Carta de Karl Marx a Friedrich Engels, que vivía en Manchester, escrita en Londres el 2 de diciembre de 1856. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/2, Berlín, 1930, carta n.º 403, pp. 157-159) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.

2 de diciembre de 1856. 9, Grafton Terrace, Maitland Park, Haverstock Hill.

Querido Frederic:

Mi mujer sigue todavía con medicinas, y así sigue habiendo en casa un gran trastorno, de modo que me cuesta ponerme a escribir.

Con el Mierosławski parece haber imperado un «reparto» providencial, porque probablemente la mayor parte de los extractos destinados a ti (eran unos dos pliegos) se arrancaron del cuerpo del manuscrito para encender la pipa.1 De todos modos, no pierdes mucho. Después he leído las Considérations de Lelewel, que hay que distinguir de su historia popular.2 Él, junto con Macejowski (?) (cito el nombre de memoria), forma en realidad el material sobre el que Mierosławski ha derramado su ingenio.3 Por lo demás, lo que en mis estudios recientes de la historia de Polonia me ha decidido décidément y directamente por Polonia es el hecho histórico de que todas las revoluciones desde 1789 miden con bastante seguridad su intensidad y su vitalidad por su actitud ante Polonia. Polonia es su termómetro «exterior». Esto se puede demostrar en détail en la historia francesa. En nuestra breve época revolucionaria alemana, lo mismo que en la húngara, salta a la vista. De todos los gobiernos revolucionarios, incluido Napoleón I, el comité du salut public solo es una excepción en cuanto que rehusó la intervention no por debilidad, sino por «desconfianza».4 En 1794 hizo comparecer al employé de los insurrectos polacos y le planteó a ese «citoyen» las siguientes preguntas: «¿Cómo es que vuestro Kościuszko es un dictador popular y tolera a su lado a un rey del que además tiene que saber que lo puso en el trono Rusia?5 ¿Cómo es que vuestro dictador no se atreve a imponer el levantamiento en masa de los campesinos por miedo a los aristócratas, que no querían que se les quitaran "brazos de trabajo"? ¿Cómo es que sus proclamas pierden color revolucionario en la misma medida en que su itinerario lo aleja de Cracovia? ¿Cómo es que castigó inmediatamente con la horca la insurrección popular de Varsovia, mientras los "traîtres de la patrie" aristócratas se pasean en libertad o se ponen a cubierto tras lentas formalidades procesales?6 ¡Responded!». A lo cual el «citoyen» polaco se vio obligado a callar.

Que dites-vous de Neufchâtel et Valangin?7 Este case me ha llevado a remediar mis conocimientos sumamente deficientes de la historia prusiana.8 Indeed and indeed, la historia universal nunca ha producido nada más piojoso.9 La larga historia de cómo los reyes nominales de Francia se convierten en reyes reales está también llena de luchas mezquinas, traiciones, intrigas. Pero es la historia del nacimiento de una nación. La historia austriaca, cómo un vasallo del Imperio alemán se funda un poder dinástico, se vuelve interesante por la circunstancia de que el vasallo se estafa a sí mismo como emperador a través de los enredos con Oriente, Bohemia, Italia, Hungría, etc., y finalmente porque el poder dinástico alcanza tales dimensiones que Europa teme ver en él una monarquía universal. Nada de todo eso en Prusia. No ha subyugado a una sola nación eslava poderosa; ni siquiera consiguió en 500 años hacerse con Pomerania, hasta que al fin la obtuvo por «canje».10 En general, el margraviato de Brandeburgo, tal como lo recibieron los Hohenzollern, no ha hecho nunca verdaderas conquistas, con excepción de Silesia.11 ¡Será porque esa es su única conquista por lo que a Federico II lo llaman «el Único»! Pequeños robos de cucharas, bribery, compras directas, captaciones de herencias, etc.: a semejante miseria se reduce la historia de Prusia.12 Lo que por lo demás es interesante en la historia feudal, la lucha del señor del país con los vasallos, las trampas con las ciudades, etc., todo eso está aquí caricaturizado en enano, porque las ciudades son mezquinas y aburridas, y los feudales, groseros e insignificantes, y el propio señor del país es un minimus. En la Reforma, igual que durante la Revolución francesa, perfidia vacilante, neutralidad, paz por separado. Lanzarse a por algunos bocados que Rusia le echa durante los repartos que ella organiza: así con Suecia, Polonia, Sajonia.13 Y en la lista de los soberanos, siempre solo tres máscaras, que se suceden como la noche al día, con irregularidades que solo son alteraciones del orden, nunca la introducción de un carácter nuevo: el pietista, el suboficial y el payaso. Lo que ha mantenido en pie al Estado con todo eso es la mediocridad —aurea mediocritas—,14 la contabilidad puntual, evitar los extremos, la exactitud en el reglamento de instrucción, cierta vileza casera y la «ordenanza eclesiástica». C'est dégoutant!15

¿Cómo van ahora los negocios en Manchester? ¿Puedes darme algunos detalles sobre el estado de los business en los manufacturing districts?16

Todavía no te he contado que papá Heise estuvo aquí de paso, viniendo de Utrecht.17 Ahora está otra vez con Imandt.18 Tiene mejor aspecto y está más lleno que nunca.

Götz también apareció de pronto por aquí. Y desapareció igual de pronto. Freiligrath, muy contento con su negocio y consigo mismo. De visita aquí, Valdenaire, de Tréveris: el malogrado «pactista».19 Sobre lo que pretende, en la próxima.

Por último, tengo que hacerte todavía una pregunta de conciencia. A finales de diciembre tengo que hacer pagos bastante considerables. ¿Te es posible conseguir algo para entonces? El dinero de mi mujer se ha ido en su mayor parte en la instalación de la casa y en cubrir las grandísimas mermas de los ingresos.

¿Cuándo vienes por aquí? ¿Qué hace Lupus?20

Tu K. M.

  1. Juego con el «reparto» de Polonia. Véanse las cartas de Marx del 16 de octubre y del 30 de octubre de 1856, sobre el libro de Ludwik Mierosławski De la nationalité polonaise dans l'équilibre européen. ↩

  2. Joachim Lelewel, historiador y demócrata polaco, emigrado en Bruselas, autor de Considérations sur l'état politique de l'ancienne Pologne et sur l'histoire de son peuple (1844). ↩

  3. Wacław Aleksander Maciejowski, historiador polaco del derecho eslavo. ↩

  4. El Comité de Salvación Pública, gobierno de la Convención francesa en 1793-1794. ↩

  5. Tadeusz Kościuszko, jefe de la insurrección polaca de 1794. El rey es Estanislao Augusto Poniatowski, elegido en 1764 con el apoyo de Catalina II de Rusia. ↩

  6. «Traidores a la patria». ↩

  7. «¿Qué dice usted de Neuchâtel y Valangin?». El principado de Neuchâtel y el condado de Valangin, cantón suizo cuyo príncipe nominal seguía siendo el rey de Prusia; en septiembre de 1856 los monárquicos intentaron allí un golpe, que abrió un conflicto entre Prusia y Suiza. ↩

  8. «Caso». ↩

  9. «De verdad, de verdad». ↩

  10. La Pomerania sueca pasó a Prusia en 1815 por un canje. ↩

  11. Conquistada por Federico II en las guerras de 1740-1742. ↩

  12. «Soborno». ↩

  13. Los repartos de Polonia (1772, 1793 y 1795) y las ganancias territoriales de Prusia a costa de Suecia y de Sajonia. ↩

  14. «Dorada medianía», de Horacio. ↩

  15. «¡Es asqueroso!». ↩

  16. «Negocios»; «distritos manufactureros». ↩

  17. Hermann Heise, periodista demócrata de Kassel, emigrado. ↩

  18. Peter Imandt, emigrado alemán, profesor en Escocia. ↩

  19. Viktor Valdenaire, de Tréveris, diputado en 1848 de la Asamblea Nacional prusiana, que Marx llamaba la «Asamblea de los Pactos» porque se había reunido para pactar la Constitución con la Corona. ↩

  20. Wilhelm Wolff. ↩