Carta de Karl Marx a Ferdinand Lassalle, que vivía en Berlín, escrita en Manchester el 3 de marzo de 1860. Se conserva completa. Traducida de la edición de Gustav Mayer, Ferdinand Lassalle. Nachgelassene Briefe und Schriften, t. III: Der Briefwechsel zwischen Lassalle und Marx (Stuttgart y Berlín, 1922), carta n.º 98, pp. 279-283, que la imprime según el original, por la Escuela de marxismo, 2026. Lo que Mayer imprime espaciado va en cursiva. Las notas son nuestras. Texto original.

3 de marzo de 1860. 6 Thorncliffe Grove, Oxfordroad, Manchester.

Querido Lassalle:

Te contesto a vuelta de correo, pero brevemente (aunque espero que con claridad), porque estoy hasta las orejas de trabajo con dos procesos.

1. Ad vocem:1 Mi proceso contra la National-Zeitung. Sobre el éxito del proceso no puedes juzgar, porque no sabes qué papeles tengo en la mano, por un lado, y lo completamente inventadas que están las mentiras de Vogt, por otro. Pero tenías que estar desde el principio a favor del ataque. El segundo proceso es contra el Daily Telegraph de Londres por amplificar y reproducir los artículos de la National-Zeitung. El Telegraph es el diario más vil de Londres, lo que ya es decir, pero desde luego no pequeño. Tiene la mayor tirada de todos los diarios de Londres. Subvencionado especialmente por Palmerston. Esa es la razón de que haya acogido por extenso la porquería contra mí. Con esta recibirás el Caballero de la noble conciencia.

2. El superbe gestus2 solo existe en tu imaginación. Que, en cambio, en tus dos cartas a mí, que he dado a conocer a Engels, a Wolff y a mi mujer, hay, según su juicio unánime, una especie de ofuscación bajo el efecto del libelo de Vogt, parece seguro, si tres facient collegium.3

Te mandé el papelucho, etc.,4 para demostrarte ad oculos5 cómo te encresparías tú ante una inmundicia que ni está impresa ni se acerca a las infamias de Vogt.

Vogt ha aducido contra mí hechos correccionales.6 En tus cartas no vi indignación alguna contra el buen hombre, al que encima yo tendría que dar ante el público una amende honorable.7 Si Vogt hubiera conocido tu relación conmigo y hubiera tenido el papelucho de Wiss, lo habría impreso como documento auténtico para la historia de la «banda del azufre».8 Que yo haya mencionado hasta ahora en alguna parte, públicamente, las cosas de Blind contra Vogt (salvo en una carta a ti) es una suposición ligera por tu parte. Que Vogt es agente bonapartista me ha quedado del todo claro por su libro. Cuando Willich (Techow no hizo más que escribir lo que Willich le sopló en 1850) me echó en 1853 en los United States9 un lodo parecido, Weydemeyer, el doctor Jacoby y Cluss10 declararon públicamente, de forma espontánea y antes de que yo pudiera tener noticia de ello, que todo era una infame calumnia. En Alemania, ante este ataque desmedido, ninguno de mis amigos de allí dijo una palabra de protesta: en su lugar, cartas en las que me reprendían paternalmente.

Era, pues, muy pertinente que con el papelucho, etc., te pusiera en mi situación, o más bien en una concepción justa de ella, algo más apasionada y menos doctrinaria.

No te mandé ninguna copia de la carta del doctor Wiss, sino el original, es decir, la copia que me enviaron de América. Dronke11 no sabe nada del papelucho. De hoja de conducta no hay nada. En una carta privada al destinatario de la carta de Wiss, yo te había nombrado como uno de los hombres más capaces de nuestro partido y como amigo íntimo mío y de Engels. Parece que el destinatario, al que no nombro sin preguntarle antes, comunicó a Wiss esta carta mía, o al menos su contenido. Hinc die lacrimae de Wiss.12 Ni estoy ni he estado nunca en relación con Wiss. Este se había ofrecido en otro tiempo a la Neue Rheinische Zeitung y le había mandado una correspondencia que yo tiré a la papelera sin contestarle. En Nueva York ha publicado (en la Republik der Arbeiter de Weitling)13 media docena de artículos estúpidos contra mí.

La palabra acusaciones «oficiales» la usé solo por oposición a la carta «confidencial» de Wiss. Ahora a mí mismo me parece —escribí con prisa— comiquísima.

Quiénes eran los de Düsseldorf, no podría decirlo sin abuso de confianza. Pero bastará con señalar que yo no entré en relación con ellos. En cuanto a la ingratitud de los obreros, la que has sufrido tú es un juego de niños al lado de la que he experimentado yo en mi propia piel. Pero Levy no es ni la persona ni las personas. Becker, Bermbach, Erhardt, Uhlendorff14 (este último nombre me es desconocido) nunca me han escrito una línea contra ti ni sobre ti.

Yo no me «alié» con Becker. La autoridad central de la Liga se había trasladado a Colonia. Allí había que decidir con plena autoridad. [Esa «Liga», como todo lo relacionado con ella, pertenece desde hace mucho al pasado. Sus papeles están en América, salvo dos o tres.] Allí admitieron a Becker. Así entró él en liaison conmigo.

Si comparas ahora los hechos mencionados con tu interpretación de ellos, verás claro tu talento específico para la «desconfianza».

En cuanto a mi desconfianza, yo sé (y me obligarás si me citas otros casos) de solo dos casos, en los dieciocho años que llevo actuando en público, en que podría acusárseme con alguna apariencia de esa enfermedad mental:

a) En la Neue Rheinische Zeitung acogí una denuncia contra Bakunin15 procedente de París, que venía de dos fuentes del todo ajenas entre sí. Una de ellas era un polaco conocido mío. La otra era la Correspondencia litografiada de París, que ponía, pues, la denuncia en manos de todas las redacciones de periódicos, aunque yo no la imprimiera. La acusación pública convenía al interés de la causa y al interés de Bakunin. La contradeclaración de Bakunin en la Neue Oder-Zeitung la reproduje en seguida. Koscielski, al que mandó a Colonia como padrino para retarme, tras examinar las cartas de París quedó tan convencido de que mi deber como redactor era imprimir la denuncia (que yo había publicado como correspondencia sin comentario) que escribió inmediatamente a Bakunin que ya no podía seguir actuando como su padrino. Koscielski se convirtió en uno de los mejores y más útiles amigos de la Neue Rheinische Zeitung. A Bakunin le di una satisfacción pública en la Neue Rheinische Zeitung, me reconcilié personalmente con él en Berlín (agosto de 1848) y más tarde rompí una lanza por él en la Tribune (1851).

b) En las «Revelaciones sobre el proceso de los comunistas»16 se trata injustamente a algunas personas, sobre todo a Schapper,17 a O. Dietz18 y en menor grado a Willich; pero el propio Schapper (y Dietz en una carta a Schapper) ha reconocido que yo tenía razón en principio frente a ellos; que se habían metido en bêtises19 en las que, sin un milagro, apenas era posible verlos libres de sospecha; que Willich estaba entonces loco y era capaz de cualquier paso contra mí; y que, en efecto, cometió pasos infames contra mí y contra mis amigos.

Por último:

La frase «En cuanto a mi desconfianza, al menos tú no puedes quejarte de ella», fue la justa réplica a tu frase (la cito de memoria): «A quien te conozca, el folleto de Vogt no te hará daño, etc.». A esta tranquilizadora seguridad repliqué yo.

En cuanto a la «mucha verdad», tendré que mirar más adelante tu carta en Londres.

Espero que ahora estén zanjados todos los puntos.

Tuyo, K. M.

Una cosa más. Me aconsejabas que esperara para la «querella» a haber leído yo mismo el libro de Vogt. ¿No bastaban los extractos de la National-Zeitung? ¿Podía alguien que es integer vitae scelerisque purus20 esperar todavía?

Adolf Stahr,21 ¿no conocerá ese al corresponsal del Telegraph? Al menos este último publicó, a la muerte de la señora Kinkel,22 cosas que olían a Fanny Lewald.

  1. «A propósito de». ↩

  2. «Gesto soberbio». Expresión de la carta de Lassalle de finales de febrero o del 1 de marzo de 1860. ↩

  3. «Tres hacen colegio»: máxima del derecho romano (tres faciunt collegium) según la cual tres personas bastan para formar una corporación. ↩

  4. La copia de la carta de Wiss contra Lassalle que Marx le había mandado con la suya del 23 de febrero. ↩

  5. «A la vista». ↩

  6. Korrektionelle facts: hechos propios de la jurisdicción correccional, es decir, delitos. ↩

  7. «Retractación pública». ↩

  8. Schwefelbande, nombre de un círculo de jóvenes emigrados alemanes en Ginebra en 1849-1850, que Vogt aplicó a Marx y sus amigos. ↩

  9. «Estados Unidos». ↩

  10. Joseph Weydemeyer, Abraham Jacoby y Adolf Cluss, amigos de Marx emigrados en Estados Unidos. ↩

  11. Ernst Dronke, antiguo redactor de la Neue Rheinische Zeitung. ↩

  12. «De ahí las lágrimas» (Terencio: hinc illae lacrimae); Marx pone el artículo alemán die en lugar de illae. ↩

  13. El periódico que Wilhelm Weitling publicaba en Nueva York desde 1850. ↩

  14. Personas de Düsseldorf nombradas por Lassalle en su carta. Gustav Levy, obrero de Düsseldorf, había llevado en 1856 a Marx, en Londres, las quejas de los obreros de aquella ciudad contra Lassalle; Mayer anota que aquí Marx no dice la verdad. ↩

  15. La noticia, publicada en la Neue Rheinische Zeitung el 6 de julio de 1848, según la cual Mijaíl Bakunin sería un agente ruso. ↩

  16. Revelaciones sobre el proceso de los comunistas en Colonia (1853). ↩

  17. Karl Schapper, con Willich jefe de la fracción que se separó de la Liga de los Comunistas en 1850. ↩

  18. Oswald Dietz, arquitecto de Wiesbaden, miembro de la autoridad central de la Liga y, tras la escisión, partidario de Willich. ↩

  19. «Tonterías». ↩

  20. «Íntegro de vida y limpio de culpa» (Horacio, Odas, I, 22). ↩

  21. Adolf Stahr, escritor de Berlín, marido de la novelista Fanny Lewald. ↩

  22. Johanna Kinkel, mujer de Gottfried Kinkel, murió en Londres en noviembre de 1858. ↩