Carta de Karl Marx a Ferdinand Freiligrath, en Londres, escrita en Manchester el 29 de febrero de 1860. Publicada por primera vez por Franz Mehring en Freiligrath und Marx in ihrem Briefwechsel (suplemento n.º 12 de Die Neue Zeit, Stuttgart, 1912, pp. 42-46), de donde se traduce. Mehring la reproduce literalmente salvo una frase, que sustituye por puntos suspensivos, con una grave acusación contra la vida privada de Klapka que no podía comprobarse; añade además entre paréntesis la traducción de las palabras extranjeras, y esas glosas suyas se suprimen. La carta de Marx a Engels del 19 de noviembre de 1852 que Marx copia en ella no se repite aquí: se remite a su traducción. Traducción de la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original
¡Querido Freiligrath! Tu carta me ha alegrado mucho, porque solo hago amistad con muy pocas personas, pero entonces la mantengo. Mis amigos de 1844 lo siguen siendo hoy. Pero en cuanto a la parte propiamente oficial de tu carta,1 se basa en grandes malentendidos. Por eso, para aclararlo, lo que sigue:
1. El proceso Eichhoff-Stieber
El «material» que entregué a Juch2 (y además le expliqué que él y Eichhoff no merecían mi apoyo por dos razones: primero, por la manera en que se mencionaba el proceso de Colonia en el Hermann; segundo, porque estoy convencido de que Eichhoff es un mero instrumento del ex consejero de policía Duncker, que trata de vengarse de Stieber, igual que antes Vidocq de Gisquet en París; pero que yo, sin embargo, contribuiría con todo lo que pudiera a la caída y al castigo de Stieber, aunque solo fuera para vengar la muerte de mi amigo Daniels),3 ese «material» se reduce a lo siguiente:
Di a Juch un ejemplar de las Revelaciones sobre el proceso de los comunistas en Colonia,4 notabene mi folleto publicado primero en Suiza y luego en Boston, citado por Vogt como libro conocido; en modo alguno «algo secreto».
Dije a Juch que en él estaba todo lo que yo sabía.
Por último, le advertí que Lehwald (el defensor de Eichhoff) tenía que hacer declarar como testigo «a Hirsch, que estaba en Hamburgo». Esto último se hizo. Hirsch ha reconocido ahora bajo juramento que el «libro de actas» era una fabricación prusiana, y todo lo demás que era jurídicamente perseguible.5
Así pues, las «revelaciones» que este proceso trae gracias a mi «material» liberan a los antiguos miembros de la Liga incluso de la apariencia de una culpa jurídica y «revelan» el sistema policial prusiano, que, instalado de una vez por el «proceso de Colonia» y por la infame cobardía de los jurados de Colonia, se convirtió en Prusia en un poder que ahora por fin les resulta insoportable a los propios burgueses e incluso al ministerio Auerswald. Voilà tout.6
Por lo demás, me asombra la mera idea que tienes de que yo pueda ofrecer algo a la policía en bandeja. Te recuerdo cartas de Colonia (de 1849 a 1850) que conoces, en las que se me reprochaba directamente que (lo que yo hacía entonces por muy buenas razones, no por consideración a mí mismo) dejara dormir demasiado la agitación de la Liga.
2. Mi proceso contra la «National-Zeitung»
Hago notar d'abord7 que, desde que la «Liga» se disolvió a propuesta mía en noviembre de 1852, nunca más he pertenecido ni pertenezco a ninguna sociedad secreta ni pública, y que, por tanto, el partido en este sentido completamente efímero dejó de existir para mí hace ocho años. Las lecciones de economía política que, desde la aparición de mi obra (desde el otoño de 1859),8 he dado a unos cuantos obreros escogidos, entre ellos también antiguos miembros de la Liga, no tenían nada en común con las sociedades cerradas, menos incluso que, pongamos por caso, las conferencias del señor Gerstenberg en el comité Schiller.9
Recordarás que de los dirigentes de la bastante [palabra ilegible] asociación comunista de Nueva York (entre ellos Albr. Komp, manager de la General Bank, 44 Exchange Place, Nueva York) me llegó una carta, que pasó por tus manos, en la que se me pedía, en cierto modo, que reorganizara la antigua Liga. Pasó un año entero antes de que contestara, y entonces contesté que desde 1852 no estaba en relación con ninguna asociación y que estaba firmemente convencido de que mis trabajos teóricos eran más útiles para la clase obrera que meterme en asociaciones cuyo tiempo había pasado en el continente. En la Neue Zeit del señor Scherzer, en Londres,10 se me atacó luego repetidas veces, si no con mi nombre, sí de forma inteligible, por esa «inactividad».
Cuando Levi vino (la primera vez) de Düsseldorf,11 el mismo que también te frecuentaba entonces a ti, llegó a ofrecerme en bandeja una insurrección de obreros fabriles en Iserlohn, Solingen, etc. Me pronuncié con dureza contra semejante locura inútil y peligrosa. Le expliqué además que ya no pertenecía a ninguna «Liga» y que, también por los peligros que una asociación así suponía para la gente de Alemania, de ningún modo podía meterme en ella. Levi volvió a D., y allí, según me escribieron poco después, habló muy bien de ti, mientras denunciaba mi indiferencia «doctrinaria».
Así pues, de «partido» en el sentido de tu carta no sé nada desde 1852. Si tú eres poeta, yo soy crítico, y tenía de sobra con las experiencias de 1849 a 1852. La «Liga», como la Société des saisons de París12 y como otras cien sociedades, no fue más que un episodio en la historia del partido, que nace espontáneamente del suelo de la sociedad moderna.
Lo que tengo que probar en Berlín (me refiero a esta vieja y anticuada historia de la Liga) es doble:
Primero, que desde 1852 no existe ninguna sociedad de la que yo sea miembro;
segundo, que el señor Vogt es un calumniador infame y perruno cuando arroja sobre la sociedad comunista que existió hasta 1852 más porquería que la de Tellering.13
Para este último punto tú eres, desde luego, testigo, y tu carta a Ruge (verano de 1851)14 prueba que, durante el periodo del que aquí únicamente se trata, consideraste que tales ataques iban dirigidos también contra ti.
Las declaraciones en el Morning Advertiser, el Spectator, el Examiner y el People's Paper15 las firmaste tú también. Una copia de ellas se encuentra en los autos judiciales de Colonia.
Tampoco te molestó lo más mínimo que este asunto se volviera a mencionar en mis Revelaciones (p. 47 de la edición de Boston).
Asimismo, tu nombre figuraba como el del tesorero en nuestro llamamiento impreso para reunir dinero para los condenados.
Con todo, apenas hace falta refrescar todo esto.
Pero es indispensable que mi abogado de Berlín reciba la siguiente carta mía a Engels, que, por el hecho de no ir en sobre y de llevar los dos matasellos de Londres y de Manchester, es un documento judicial:
[Sigue la carta de Marx a Engels del 19 de noviembre de 1852, ya publicada: véase 1852-11-19 Marx a Engels.]16
En un documento así no puedo, naturalmente, borrar ningún nombre. Es lo único en que, para dejar constancia de un hecho, a saber, la disolución de la Liga, uso tu nombre, y solo en la medida en que figura por casualidad en una carta mía de 1852. No veo qué puede haber en ello de comprometedor para ti.
Una carta tuya de 1851 quiero usarla para el folleto que aparecerá después del proceso.17 No contiene absolutamente nada jurídicamente comprometedor. Pero como esto todavía tardará muchas semanas, ya lo hablaremos de palabra.
De lo anterior se sigue:
Las «reuniones, acuerdos y acciones» del partido desde 1852 pertenecen al reino de los sueños, cosa que, por lo demás, podías saber aun sin mi garantía y que, a juzgar por muchísimas cartas tuyas a mí, parecías saber.
La única acción que continué después de 1852, mientras fue necesario, es decir, hasta finales de 1853, con algunos correligionarios del otro lado del océano, fue el system of mockery and contempt,18 como lo bautizó el señor Ludwig Simon en 1851 en la Tribune,19 contra la estafa democrática de la emigración y su fabricación de revoluciones. Tu poema contra Kinkel, como tu correspondencia conmigo durante aquella época, prueban que ibas completamente d'accord20 conmigo.
Esto, por lo demás, no tiene nada que ver con los procesos.
Tellering y Fleury21 nunca pertenecieron a la Liga. Que en las tormentas se levanta porquería, que ninguna época revolucionaria huele a esencia de rosas, que aquí y allá a uno se le pega incluso toda clase de inmundicia, es seguro. Aut, aut.22 Por lo demás, si se piensa en los enormes esfuerzos de todo el mundo oficial contra nosotros, que, para arruinarnos, no es que rozaran el Code pénal, sino que lo vadearon hasta el fondo; si se piensa en la lengua viperina de la «democracia de la estupidez», que nunca pudo perdonar a nuestro partido que tuviera más inteligencia y más carácter que ella misma; si se conoce la historia contemporánea de todos los demás partidos, y si uno se pregunta, por último, qué es lo que de hecho puede alegarse contra todo el partido (no infamias refutables ante un tribunal, como las de un Vogt y un Tellering), se llega a la conclusión de que el partido se distingue en este siglo XIX por su pureza.
¿Se puede escapar a la porquería en el trato burgués o en el trade?23 Solo que en este último está en su lugar natural. Ejemplo: sir R. Carden, vide24 el Parliamentary Blue Book sobre la compra de votos;25 ejemplo: el señor Klapka,26 de cuyas circunstancias personales estoy ahora exactamente informado. Klapka…
La honrada infamia o la infame honradez de la moral solvente (y aun esta, como muestra cada crisis comercial, solo con cláusulas muy equívocas) no vale para mí ni un ochavo más que la infamia irrespetable de la que no pudieron librarse del todo ni las primeras comunidades cristianas, ni el club de los jacobinos, ni nuestra difunta «Liga». Solo que en el trato burgués uno se acostumbra a perder el sentido de la infamia respetable o de la respetabilidad infame.
3. El asunto Vogt-Blind en particular
Después de las affidavits27 de Vögele y de Wiehe (las affidavits falsas, como es sabido, se castigan con la deportación) y de las declaraciones de Blind en la Allgemeine Zeitung de Augsburgo y de Schaible (Daily Telegraph del 15 de febrero), arrancadas por ellas, el asunto está tan zanjado que ahora tu testimonio sobre este punto se ha vuelto del todo superfluo. En el asunto Blind solo me molesta un embarras de richesse.28
Me dirigí en este asunto a Ernest Jones,29 con quien no tenía trato desde hacía dos años por su necia actitud, ahora abandonada públicamente, hacia Bright, Gilpin, etc. Me dirigí a él, primero, porque por propia iniciativa, como muchos otros, entre ellos personas que yo no conocía en absoluto, me manifestó, nada más salir el Telegraph del 6 de febrero, su más profunda indignación por la infamia de Vogt, que tiene la desvergüenza de afirmar que la Liga de los Comunistas se fundó y actuó en ese sentido de 1849 a 1852 para extorsionar dinero, con la amenaza de la denuncia, a los comprometidos en Alemania, y que deduce de mi «parentesco político» con v. Westphalen30 mi relación con la Neue Preussische Zeitung, etc. (esta manifestación me fue grata por mi mujer, ya que a las damas no se les puede pedir que les crezca el callo político, y ellas suelen medir precisamente en las catástrofes la seriedad o la broma de la amistad); segundo, porque, sobre el caso de Blind, jurídicamente muy comprometido, no quería consultar a ningún jurista genuinamente inglés, no por consideración a él, sino a su mujer y a sus hijos. Por la misma consideración no envié la circular inglesa al Morning Advertiser ni, aparte del Telegraph, a ningún diario inglés.
Lo que Jones me dijo fue esto: «Puedes, y yo mismo iré contigo al magistrado, obtener enseguida un warrant de detención31 por conspiracy32 contra Blind sobre la base de la affidavit de Wiehe. Solo piensa que la acción es criminal y que, una vez denunciada, ya no está en tu mano echarla atrás».
Pregunté entonces a Jones (que te lo puede volver a contar todo; vive en 5 Cambridge Place, Kensington W.) si no sería posible que él advirtiera a Blind y lo llevara así a declarar todo lo que sabía de Vogt y a reconocer la falsedad de los testimonios que había presentado en la Allgemeine Zeitung de Augsburgo.
Jones respondió: «En conspiracy cases33 cualquier intento del abogado de compound or bring about a compromise34 sería él mismo punible penalmente». Jones actuará como council35 mío en el asunto del Telegraph.
Después de lo que me dijo, me encontré en el más penoso de los apuros, porque, por una parte, le debía a mi familia obligar al Telegraph a retractarse y, por otra, no quería dar ningún paso que pudiera perjudicar jurídicamente a la familia de Blind. Como salida, envié a Louis Blanc,36 amigo de Blind, una copia de las dos affidavits junto con una carta en la que, entre otras cosas, se dice literalmente: «Not for Mr. Blind who has richly deserved it, but for his family, I should regret being forced to lodge a criminal action against him».37 Este último paso provocó la declaración de Schaible (poor dear!),38 igual que mi circular impresa, que envié a Blind nada más salir, había provocado el mismo día su declaración contra Vogt en la Allgemeine Zeitung de Augsburgo. Blind, con su astucia badense de trastienda, había olvidado que tenía enfrente a alguien que es implacable en cuanto está en juego su propio honor o el de su partido.
Las cosas están ahora así: el proceso contra el Daily Telegraph está iniciado, pero mi solicitor39 lo hará esperar hasta la sentencia del proceso contra la National-Zeitung. Si Schaible me hubiera comunicado abiertamente lo que sabe contra Vogt (Schaible es, naturalmente, el tame elephant40 de Blind), después de su declaración en el Telegraph del 15 de febrero habría sido del todo superfluo para mí presentar las affidavits a los autos en Londres. En Berlín, donde no tiene ninguna consecuencia judicial para Blind, es naturalmente inevitable. Que Schaible sea o no el verdadero autor (literario) de la hoja volante no cambia nada los hechos establecidos por las affidavits: que los testimonios aportados por Blind en la Allgemeine Zeitung de Augsburgo eran falsos, que se habían obtenido mediante una conspiracy, que la hoja volante se compuso en la imprenta de Hollinger, que la escribió Blind de su puño y letra y que él mismo la entregó a Hollinger para imprimirla.
Repugnantes son estas cosas, sin duda, pero no más repugnantes que toda la historia europea desde 1851, con todos sus desarrollos diplomáticos, militares, literarios y crediticios.
«A pesar de todo y de todo»,41 los filisteos sobre mí será siempre para nosotros una divisa mejor que bajo el filisteo.42
Te he dicho abiertamente mi opinión, que espero que compartas en lo esencial. He intentado además deshacer el malentendido de que yo entendiera por «partido» una «Liga» muerta hace ocho años o una redacción de periódico disuelta hace doce. Por partido entendía el partido en el gran sentido histórico.
Con la amistad más sincera,
Tu K. Marx.
Freiligrath había contestado el 28 de febrero a la carta de Marx del 23. Le aseguraba su amistad, pero se negaba a hacer suya la querella con Vogt, Blind, la National-Zeitung y el Daily Telegraph, y le explicaba que desde la disolución de la Liga, a finales de 1852, se había mantenido lejos del partido, de cuyas «reuniones, acuerdos y acciones» no sabía nada: «También el partido es una jaula, y se canta mejor fuera que dentro, incluso para el partido». Añadía que su «sentido de la limpieza» le hacía alegrarse de no pertenecer a una organización que lo pusiera en contacto con gentes como Tellering o Fleury. Preguntaba, por último, si con la frase sobre la «autoridad central de Colonia» Marx quería dar a entender que los procesos de Berlín —el suyo y el proceso Eichhoff-Stieber, para el que Marx proporcionaba material al redactor del Hermann— traerían revelaciones sobre el proceso de Colonia de 1852, que podían perjudicar a gente que vivía en Alemania. ↩
Juch, redactor del semanario londinense Hermann, fundado por Gottfried Kinkel en 1859, en el que el joven Wilhelm Eichhoff publicaba sus ataques contra la corrupción policial de Stieber. ↩
Roland Daniels (1819-1855), médico de Colonia, acusado en el proceso de los comunistas de 1852; absuelto, murió en 1855 a consecuencia de la prisión preventiva. Duncker había sido consejero de la policía de Berlín; Eugène-François Vidocq (1775-1857), jefe de la Sûreté de París, y Henri Gisquet (1792-1866), prefecto de policía de París. ↩
Revelaciones sobre el proceso de los comunistas en Colonia (Basilea, 1853; Boston, 1853). ↩
Wilhelm Hirsch, agente de la policía prusiana, había fabricado el supuesto «libro de actas» de la Liga que Stieber presentó en el proceso de Colonia. Lehwald era el abogado de Eichhoff. ↩
En francés, «Eso es todo». ↩
En francés, «en primer lugar». ↩
Contribución a la crítica de la economía política, publicada en junio de 1859. ↩
Gerstenberg, banquero alemán de Londres, miembro del comité de la fiesta de Schiller de 1859. ↩
Die Neue Zeit, semanario de los emigrados alemanes en Londres (1858-1859), editado por el sastre Andreas Scherzer. ↩
Gustav Levi, comerciante de Düsseldorf, vino a Londres en 1856 en nombre de los obreros de la región. ↩
La Sociedad de las Estaciones, sociedad secreta republicana dirigida por Blanqui y Barbès, que intentó la insurrección de mayo de 1839 en París. ↩
Eduard von Müller-Tellering, antiguo corresponsal de la Neue Rheinische Zeitung en Viena, que en la emigración publicó un libelo contra Marx y Engels (1850). ↩
Arnold Ruge (1802-1880), demócrata, emigrado en Inglaterra desde 1849. ↩
Entre ellas, la Declaración a las redacciones de los periódicos ingleses del 28 de octubre de 1852, firmada por Engels, Freiligrath, Marx y Wilhelm Wolff. ↩
Marx copia la carta entera, desde la dirección «28 Deanstreet, Soho, London» hasta la firma, con dos incisos entre paréntesis añadidos en 1860: tras «una correspondencia litografiada», «(statt dessen machte ich die Broschüre bei Schabelitz)», es decir, «(en lugar de ello hice el folleto en casa de Schabelitz)», y tras «Firmado por toda nuestra gente», «(die paar Zeilen irrelevant)», «(las pocas líneas que siguen no tienen importancia)». Jakob Schabelitz (1827-1899), editor de Basilea, publicó las Revelaciones en 1853. ↩
El que sería El señor Vogt (Londres, diciembre de 1860). ↩
En inglés, «sistema de burla y desprecio». ↩
Ludwig Simon (1819-1872), diputado de Tréveris en la Asamblea de Fráncfort, emigrado en Suiza. ↩
En francés, «de acuerdo». ↩
Charles Fleury (Carl Krause), comerciante de Londres que en el proceso de Colonia resultó ser espía de la policía prusiana. ↩
En latín, «O lo uno o lo otro». ↩
En inglés, «comercio, negocios». ↩
En latín, «véase». ↩
Sir Robert Carden (1801-1888), banquero y alcalde de Londres, cuya elección como diputado por Gloucester fue anulada por compra de votos; el Libro azul del Parlamento recogía la investigación. ↩
György Klapka (1820-1892), general húngaro de 1848-1849, emigrado, que en 1859 negoció con Napoleón III una legión húngara; era amigo de Freiligrath. ↩
En inglés, «declaraciones juradas». ↩
En francés, «la abundancia que estorba». ↩
Ernest Jones (1819-1869), dirigente cartista y abogado. ↩
Ferdinand von Westphalen (1799-1876), hermanastro de Jenny Marx, ministro del Interior prusiano de 1850 a 1858. La Neue Preussische Zeitung (la Kreuzzeitung) era el periódico de la extrema derecha prusiana. ↩
En inglés, «orden de detención». ↩
En inglés, «conspiración». ↩
En inglés, «causas por conspiración». ↩
En inglés, «transigir o llegar a un acuerdo». ↩
En inglés, «abogado» (counsel). ↩
Louis Blanc (1811-1882), socialista francés, miembro del Gobierno provisional de 1848, emigrado en Londres. ↩
En inglés, «No por el señor Blind, que se lo tiene bien merecido, sino por su familia, lamentaría verme obligado a presentar una acción criminal contra él». ↩
En inglés, «¡pobrecito!». ↩
En inglés, «procurador». ↩
En inglés, «elefante domesticado». ↩
Verso de Freiligrath, «Trotz alledem!» (1848), sobre la canción de Robert Burns. ↩
Juego con las palabras de Dalila a Sansón en la Biblia de Lutero, «Philister über dir, Simson!» («¡Sansón, los filisteos sobre ti!», Jueces 16, 9): mejor tener encima a los filisteos, atacándonos, que estar por debajo de ellos. ↩